lunes, 14 de mayo de 2012

ALREDEDOR DEL LENGUAJE 1

¿Los recién nacidos son superdotados que ya piden recuperación salarial?
La expresión oral y escrita, debería enseñarse durante toda la vida. Se nota cada vez más la falta de precisión, la pobreza en los diálogos, las frases entrecortadas, el uso de expresiones fuera de tono y los errores. En una telenovela argentina de la noche, uno de los personajes y -no  precisamente el “paseaperros” -en el colmo del romanticismo- le dijo a su conquista: “Me perfumé las pelotitas para vos”. Les juro que a mí se me atragantó la milanesa. Además  de este lenguaje desfachatado, es posible apreciar en nuestros comunicadores el uso de las innecesarias muletillas: este, ehh, bueno, etc. En un programa televisivo de la tarde, se ha instaurado la muletilla “como sí”. No sé si se la debemos-como tantas otras cosas- a nuestros hermanitos argentinos o, si una de las divas de chispeantes ojos la puso de moda. Lo cierto es que la conversación chismográfica- se encuentra salpicada de esos “como sí”:
 -“Yo no sé si fulanito sigue saliendo con sultanita, pero es “como si” todavía la siguiera viendo, ¿viste?”
-“¡Claro!- le contestan- parece que es como si todavía le picase el bichito del amor, aunque se dijeron de todo en público”.
-“Bueno, pero la cosa no pasa por ahí. Es como si pasara por otro lado”.
Y así siguen. No sé si toda la tarde porque me llegan a pudrir tanto, pero tanto tanto, que termino apagando  el bobero, lo cual  me viene muy bien  para salir a caminar, que buena falta me hace.
Sin embargo, me parece más importante, más destacado, y de más cuidado,  cuando los “percances” se dan en el lenguaje escrito, porque –como todos sabemos- allí no tenemos los gestos, ni las miradas, ni el tono de la voz para dar más indicaciones.
En alguna ocasión hice un “concurso” que tuvo mucho éxito. Su nombre: “La caza del gazapo”. (Gazapo significa “conejo” y  “error”). El procedimiento era sencillo, los alumnos buscaban en la calle, sobre todo en la cartelería, algún posible error, lo fotografiaban y lo traían a clase. Los viernes, hacíamos la exposición fotográfica en la cartelera. Pongo un ejemplo: en el cartel de un taller encontraron: SE REPARAN CORTINAS DE ENRROLLAR”. Además de la exposición, comentábamos qué era lo que estaba mal expresado, y se sugerían posibilidades para la corrección. Obviamente, en este caso, se trataba de la “rr” que no se necesita cuando la precede una N (enrollar). De paso, se repasaban las reglas.
Ahora, con las modernas camaritas y teléfonos celulares, se “apresan” verdaderas joyas expresivas, como esta que fotografié en el Hospital Pereira Rossell. ¿Qué entenderá alguien que no esté familiarizado con el entorno de esta situación? Lo más probable es que piense que los niños recién nacidos –superdotados obviamente- han entablado a pocos días de nacer una demanda por el  aumento salarial que se merecen por haber tenido la osadía de venir al mundo. ¿Verdad? ¿Se podría haber mejorado la expresión para no dar lugar a esa interpretación? Sí. Por  supuesto. Simplemente basta con colocarle a la expresión recién nacidos, unas comillas al principio y al fin, pues este signo ortográfico, sirve-entre otras cosas- para poner de relieve una palabra o expresión:
“Recién nacidos” en conflicto por recuperación salarial.
Ese destaque o relieve, indica al lector que  los “niños” no son superdotados  ni revolucionarios, -pobres angelitos inocentes- y aunque sí han tenido la valentía de venir a este mundo actual tan complicado, no son ellos sino el personal  del sector de  “Recién nacidos” los que reclaman el aumento.
De vez en cuando voy a seguir alrededor del lenguaje.
Les deseo que hablen bien y que escriban mejor.
Hasta pronto


domingo, 6 de mayo de 2012

HONGOS EXQUISITOS

Los Honguitos desparramando alegría

"Claquetito" con el número CIEN
Algunos conceptos, ya los expresé en  el blog colectivo Internet y Lectura. -Modificados- me sirven de introducción para  contarles sobre un extraordinario espectáculo que dio la murga “Curtidores de Hongos” en el cine Plaza, el viernes 4 de mayo de 2012.
Existe una idea generalizada de que “la murga viene de Cádiz”. Según cuenta una de las historias-aclaro que no es la única-, en el año 1909, llegó al Uruguay un grupo español de zarzuela cuyos componentes formaron una especie de “chirigota”- a la cual llamaron “La Gaditana”- para cantar por las calles a cambio de dinero porque no habían tenido suficiente público en sus actuaciones. Al año siguiente se creó-localmente- una agrupación de carnaval que se llamó “La gaditana que se va” que parodiaba lo ocurrido a los españoles.
Otras fuentes populares aseguran que ya había “murgas” a fines del siglo XIX; pero todos los expertos aceptan que comenzaron a popularizarse a comienzos del siglo XX.
Cada uno de los nombres humorísticos de las murgas tiene alguna anécdota que lo justifica, explica o describe. Algunos se pierden confusos, allá lejos en el tiempo. Por ejemplo, sobre el nombre “Curtidores de Hongos” esto es lo que ellos mismos rescatan en su página web:

“A veces se escucha difusa en la memoria, "que una murga de obreros  canta en un baldío cerca de una curtiembre donde los cueros amontonados, juntan sus hongos".”
Lo cierto es que en la actualidad, la murga, en general, - como espectáculo teatral absoluto, completo-, desafiando a sus detractores, nos representa a nivel mundial.
Y no lo digo yo, sino que lo señala la propia Intendencia Municipal de Montevideo:“El espectáculo preferido del público es el de las murgas. Se distingue por su canto coral y su ritmo, único en el mundo, conocido como “Marcha camión” que fuera declarado como Patrimonio Intangible en el año 2005. (…)
“La murga es la más elocuente expresión del folklore uruguayo. Ésta tiene como característica esencial criticar, satirizar y divertir, con un lenguaje popular y con un coro que, además o por encima de sus atributos técnicos sea claramente entendible para el espectador. El coro deberá tener un rendimiento grupal que esté por encima de los rendimientos individuales, claridad y afinación”. (Los subrayados son míos.)

Lo paradojal es que aunque se afirma que  la murga  es la más clara manifestación artística popular, se eligió- para la celebración del Bicentenario del Uruguay-, a una payadora que cantó desafinando en las alturas de la Plaza Independencia- no sé si por el julepe o qué- en lugar de  una genuina murga que hubiera cantado bien desde esas alturas o desde cualquier lugar. Sobre todo, una como Curtidores de Hongos, que tiene unas voces privilegiadas y cuyos componentes manifiestan un innegable entusiasmo cuando cantan, actúan, saltan, bailan, y hasta cuando se olvidan de la letra, porque saben resolverlo  con una enormísima y contagiosa dosis de buen humor.
El título del espectáculo parece una “venganza humorística”: “DOCUMENTAL AL MEDIO BICENTENARIO”-recordemos lo que destaca la propia Intendencia, como característica principal: “criticar, satirizar y divertir-“. ¡Y vaya si lo logran!
 En este año 2012, los Honguitos celebran sus primeros cien años. Así lo manifiestan retorciendo el lenguaje jocosa e inteligentemente para lograr  que aparezca la palabra “cien”, al mismo tiempo que el personaje “Claquetito”, camina por el escenario mientras actúa “claqueando” el número 100 a cada  manifestación de la letra:
CIENto el ruido de la calle
que sigue haCIENdo el camino de CIENpre
 
CIEN, CIEN, CIEN, Hay una murga que cumple CIEN
Con bombitas  amarillas de CIEN
El año pasado, 99 pero hoy cumple CIEN
Realmente lograron que el documental abarque los CIEN años- hasta yo me contagio- con recuerdos, fotografías, vídeo, música, actuación. Un vasto y entretenido recorrido por los aspectos más destacados que llevamos impresos en la memoria, tan fidedignos como la marcha “Mi bandera”. Por ejemplo: “El ensayo de la murga de la Intendencia”, que sigue haciendo reír-o llorar según nos haya ido con los trámites en dicha institución; a mí por lo menos, me ha hecho llorar lágrimas negras-, o la despedida del año 1951 que todo el cine coreó:
Cuando termine la fiesta
y se marchen los gitanos
juntemos fuerte las manos
en un saludo cordial
esta canción al carnaval
Y prometemos que nunca
habrá pena ni dolor
donde estén los Curtidores
cantándole al carnaval
Salud, salud,
pueblo oriental
hay que reír
hay que llorar
que mientras reine
la algarabía
habrá alegría y buen humor

O la del año 2012, la estupenda  del  “Medio bicentenario”:
Despacito y lentamente,
la canción ya se termina
y la murga criticando
enfila pa’ la cantina,
demostrando a los presentes,
no hay mal que dure cien años,
no hay mal que dure cien años,
que dure cien años,
salvo los Curtidores

Finalmente, es cierto que el espectáculo estuvo basado en el que presentaron en el año 2012, pero fue ampliado y presentado con maestría en todos los aspectos. Supieron hacernos felices hasta cuando se equivocaron o se olvidaron de la letra, porque como todos son excelentes profesionales, los espectadores no logramos saber  si lo hacían adrede, -porque constituía parte del show-, o si eran errores nomás. Nos fueron contagiando con su energía, con su buen humor, nos pusieron tristes con “Los menores” pero nos levantaron el ánimo con su estupenda recorrida por los hitos sobresalientes de su historia.
Mi camarita de fotos se “despiló”, quizás influenciada por la energía positiva  que se expandió en el recinto. La maldita-por decirlo en culto- no me quiso sacar nada más que unas pocas fotos, muchas de ellas con más cabezas del público que de Hongos. Como la camarita “se me desmayó”  me porté bien y no me tiré a la salida  arriba de ningún Hongo- sobre todo me hubiera encantado hacerlo arriba de alguno de esos que hace CIEN años que no se cortan en el pelo, por lo fácil y práctico que hubiera resultado manotearlo de las mechas- para agradecerle la felicidad del estupendo espectáculo y sacarme/le una foto “en vivo y en directo”. No  sé tampoco si me hubiera atrevido. Lo que sí sé es que valió la pena acompañarlos.
 ¡Sigan Honguitos, a “marcha camión” por el país y por el mundo!







martes, 1 de mayo de 2012

El manual de Tessa García

Esta clase jamás emplea la expresión "baño social"-según Tessa- le dicen "toilette"














El miércoles 25 de abril, asistí a la presentación del libro “Manual ilustrado de la gente bien” de la periodista y bloguera Tessa García en el Carrasco Lawn Tennis Club. Sus lectores fuimos  convocados con una frase sumamente tentadora: “Vengan todos que hay champagne”. Como podrán suponer, la concurrencia fue masiva y variopinta. Había gente bien-de la que ella describe en el libro- y de la otra, la prueba es que fui yo, tratando de adaptarme de la mejor manera posible a la situación. Pude apreciar que la mayoría de los concurrentes eran conocidos  entre sí; me pasaban por arriba para saludarse con sonoras voces y me miraban-lógicamente- como sapo de otro pozo. Aguanté estoicamente los pisotones, pero no me cambié de lugar. Llegar temprano brinda el privilegio de la ubicación adecuada.  Eso me lo enseñó la madrina que me terminó de criar y los veinte años que trabajé en el UAS. Gracias a esa precaución, me senté  en un buen lugar, y después me quedé allí como atada, porque moverme significaba hacer efectivo el dicho: “el que fue a Sevilla perdió su silla”. Desde mi envidiada posición en tercera fila,  observé señoras paquetas, con bufandones, sombreros, guantes, en fin,  con sus mejores atuendos, y, por supuesto como era de esperar, ninguna de vaqueros- salvo yo que soy una despistada total-. Ellos también lucían atuendos acordes a la ocasión con sus mejores entretejidos capilares del color más similar al pelo propio. Pero qué querés que te diga; si observás durante una hora-porque eso fue lo que se demoró en empezar- lo notás. En edades había de todo también: jóvenes, medianos y  “seniors”. Los sexalentes-increíblemente- eran los más movedizos,  los que más se cambiaban de lugar, los que más me molestaban, los que más me atropellaban y me tomaban de los hombros-no por amor sino para no caerse- los que más  me pisaban, no sé si por la angustia de no haber logrado mi preciosa ubicación o por la falta de reflejos característica de la edad.  Aguanté estoicamente. Cuando llegó Tessa, Mónica Bottero, directora de la revista Galería y de la editorial “PalabraSanta”, dijo unas palabras de introducción y la presentación estuvo a cargo de: Verónica García Mancilla y Antonio Mercader. La primera –lo pude comprobar en sus propias palabras y lo corroboré después de leer el libro de Tessa- exhibió las clásicas características de los bienudos,  y Mercader hizo  gala con hidalguía de la habilidad del político de años, simpático y de palabra fácil. No es ningún guiso.
Todos los que hayan pasado por el blog de Tessa   http://laoriental.com.uy saben que posee un estilo humorístico incisivo. Mordaz. A veces no se sabe si reír o llorar. Nadie se salva. Como muestra podrían leer “Buscando trabajo en un cóctel” o “Carta para la Colchonería Divino”. Y, sobre todo, también se van a divertir con los comentarios de lectores que se toman los textos al pie de la letra  y no  perciben ningún  “mensaje críptico”. El libro está estupendamente ilustrado por Florencia Parada. El estilo de Tessa en el libro no es tan cáustico como en el blog, pero luce su misma inteligente manera de decir lo que quiere. Desconozco la modalidad que adoptaron con Florencia para ponerse de acuerdo, pero la labor de coordinación es excelente.
Para mí fue una experiencia muy agradable leer este libro. Me trajo a la memoria a más de una conocida. Se me presentó-como si la estuviera viendo- una compañera de trabajo con sus gestos, con sus actitudes, con su don de gentes, con sus expresiones. Si íbamos a pasar por una misma puerta, gentilmente me cedía el paso, con gesto y frase: “Tú primero”, y si yo insistía para que pasara ella,  me contestaba: “¡De ninguna manera, mi madre me mataría si supiera que yo pasé antes que una persona mayor!” y me dejaba compungidísima, -por lo de “persona mayor”-, pero sin argumento.  Empecinada y cordialmente me quería “ubicar” en alguna de las familias “Segovia” que su padre había conocido en Treinta y Tres. Tuve que desilusionarla; mi padre en su infancia fue uno de los tantos negritos que desde tierna edad, trabajaban en los arrozales. Además, era un hijo natural que  llevaba   un único  apellido: el materno. Yo nunca me atreví a preguntarle si sabía quién había sido  el padre. De “esas cosas” cincuenta años atrás, no se hablaba.  Nunca tuvo ninguna estancia, ni mis parientes tampoco. Fueron todos pobres por unanimidad.  En su  cabecita de niña bien “no entraba” la idea de que  yo no tuviera pedigrí, pero como tenía clase, eso no impidió que fuéramos compañeras de trabajo durante más de seis años y nos lleváramos de maravillas. La distinción también se nota en esas actitudes.
Es de  esa gente refinada, pero sencilla y parca al mismo tiempo, cuyos hábitos, léxico y hasta comidas con recetas secretas trasmitidas de generación en generación, nos cuenta Tessa.
Por lo tanto, recomiendo la lectura de “Manual ilustrado de la gente bien”  y su expansión a los libros que oficiaron de fuente y que están mencionados al final en la bibliografía. En la lista de agradecimientos están los nombres  de las personas que colaboraron con aliento, apuntes, entrevistas e ideas. Uno  es el escritor Enrique Estrázulas y su famoso libro “Pepe Corvina”. Gracias Tessa; me llevaste directamente a releerlo. No. No me quedé a tomar champagne, pero fui, te saludé y leí tu libro. ¿Viste? Para tu próxima publicación te prometo no ir de vaqueros y llevar acompañante para compartir los pisotones y una copa de champagne.
Te deseo el mejor de los éxitos y un futuro insuperable en tu –ya innegable- carrera literaria.













lunes, 16 de abril de 2012

VINO PAUL A URUGUAY NOMÁS, NO ERA “DE MENTIRA”!

"Recuerdos" de la visita de Paul
Me cansé de pasar por ABITAB para ver si “quedaban entradas”. Se vendieron en tandas y-como es habitual en mí- siempre llegaba tarde. Al final, me harté y dije: “está bien, vendrá a Uruguay, pero no lo voy a ver”.
Sin embargo, cuando las cosas están para darse se dan. Renové contrato con ANTEL por un cel, y ahí gané la “posibilidad de ganar una entrada para ver a Paul Mc Cartney”. Como nunca gano nada, ni siquiera a la quiniela, descarté la idea. Pero ¡oh sorpresa! la semana pasada recibí un mensajito con la noticia bomba de que –efectivamente- ¡había ganado una entrada! Ni corta ni perezosa  avisé a los más próximos de la buena nueva, y crucé- lo más de prisa posible, antes de que hubiera algún arrepentimiento- a ABITAB. Obviamente que la entrada que gané era “para la cancha”-es decir la más económica, pero como mi padre decía siempre: “a caballo regalado no se le mira el pelo”; yo lo tomé al pie de la letra, y- contenta como perro con dos colas- miraba la entrada embelesada. En un principio, iba a ir sola, pero mi hermana me comentó que una compañera de ella también iba sola y como teníamos la misma ubicación fuimos juntas. Alrededor de las cuatro de la tarde, ya estábamos en la fila para entrar al Estadio. Supuestamente, el show empezaría a las 20.30 pero la organización y los medios de comunicación habían recomendado que fuéramos temprano.  No fuimos ni las únicas ni las primeras que hicimos cola desde esa hora. Conversando en la fila, supe que había personas  que estaban desde mucho antes que nosotras.  La fila era variopinta. Contrariamente a lo que yo esperaba, Paul Mc Cartney convocó  a varias generaciones. Por supuesto que había muchos “sexalescentes” como yo, que fuimos los  privilegiados que bailábamos y saltábamos al son de Los Beatles en la década del sesenta del siglo pasado. Pero también los había muy jóvenes y fanáticos de la actualidad más reciente. Realmente emocionante.
Yo no sabía que la famosa entrada ganada era para asistir al espectáculo “de pie”. Me enteré cuando después de unas cuantas horas ingresamos a la cancha. Inocentemente, pensé que nos “acomodarían” en sillitas plegables sin numerar, y que por esa razón se nos convocaba temprano.  Pero no. Evidentemente, de esa manera ganaron espacio para meter más gente. Ya en la cancha, vi que alguien se había llevado una simpática sillita de pescador  plegable con respaldo y todo. Se sentaba y sonreía felicísimo a todos los que lo miraban con un dejo de envidia. Y no la prestaba a las señoras que lo acompañaban. Había cargado con ella, para él.  Después de unas horas de pie, no aguantamos más y nos sentamos en el piso. No fue muy plausible porque de esa manera se nos adelantaron unos cuantos muchachos con físicos de jugadores de rugby  que nos quitaron toda la posible visión. Al incorporarnos teníamos las piernas acalambradas, una muralla “armada” por físicos imponentes, más un considerable aroma a marihuana. Vimos que en las escaleras de entrada había gente sentada y nos dirigimos al lugar con la ilusión de encontrar el escaloncito salvador. En el mismo momento que llegábamos, los guardias estaban desalojando a los sentados, pero quizás por las protestas que les llovían, abrieron la puerta del talud y ahí ingresamos también nosotras. Seguíamos de pie, pero en los pequeños escalones del talud, podíamos sentarnos mejor que en la cancha, mientras no empezara el espectáculo y, además, tuvimos una visión estupenda.
El show no empezó a las 20.30 sino más tarde, pero después  siguió sin ninguna pausa. Paul, otro sexalescente, lució jovencísimo. ¡Cáiganse de espaldas! ¡El hombre hasta tiene todo el pelo! Se manejaron varias hipótesis: que está así porque la  genética lo ayuda, porque  es vegetariano, porque tiene mujer joven, porque “se cuida”. Yo que sé. Lo que si sé es que cantó estupendamente bien y en forma ininterrumpida las canciones seleccionadas; dijo algunas palabras en español que tenía escritas, manifestó que había tomado clases cuando era niño en Inglaterra y-de memoria- repitió los versitos aprendidos de “los tres conejos”. Causó mucha gracia.  Simpático y extrovertido, declaró con alegría que era la primera vez que venía a Uruguay,  agradeció la calidez del público, se preocupó por saber si los “del back” –y yo me incluyo- disfrutábamos del espectáculo, preguntó en inglés varias veces si “queríamos más”.  Todos contestábamos: ¡YES!   Además, coreábamos las canciones conocidas como si estuviéramos en Inglaterra.
¿Se podrá aspirar a que el país recobre el sitial que tuvo antes de la década del cincuenta del siglo pasado cuando venían espectáculos internacionales de renombre y se elegía Montevideo como una capital atractiva? Es probable.
El espectáculo fue sensacional y muy emocionante. La banda impecable. Lo único que podría objetar es que - para mi gusto- el sonido era excesivamente intenso; las vibraciones se percibían en el piso del talud y retumbaban en los oídos, pero después me enteré de que había personas afuera escuchando; eran las que no había conseguido o no habían podido pagar entradas; finalmente,  los guardias los dejaron pasar a ver el final. Aplausos para ellos.
¿Se puede mejorar la organización? Sí, por supuesto. Se puede y se debe.
Nos resta esperar que se repitan acontecimientos tan memorables como éste, y –de mi parte- agradezco a ANTEL la posibilidad que me dio de ver, en vivo, a uno de los ídolos más queribles de mi juventud.



miércoles, 28 de marzo de 2012

DOS PAJARRACOS EN SU SALSA

El pajarraco "Martínez" Sabina

El pajarraco Joancito en acción

 El 27 de marzo de noche, en el estadio Charrúa, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina presentaron su show “Dos pájaros contraatacan”. Y lo hicieron contra viento y marea. Los que me leen ya saben que yo no salgo a pasear sin contratiempos. Fui con mi familia, me vinieron a buscar a casa con el auto recién arreglado. Pero… ¡Oh, sorpresa! en la rambla entró a recalentarse-al mismo tiempo que su conductor- y, en la calle Concepción del Uruguay, hubo que hacer una parada de emergencia. Íbamos bien, pero ese inconveniente nos retrasó. Al mismo tiempo, para colmo de males,  cayó un chaparrón desalentador.  Después de otra obligatoria  parada más, ya cerca del estadio, finalmente llegamos. Hubo que buscar la puerta y localizar los lugares. Nada fácil. Finalmente nos asignaron unos –que no eran los que teníamos, porque de VIP no tenían nada- pero desde allí cantamos, aplaudimos, bailamos y nos reímos de los dos desfachatados que estaban totalmente a sus anchas junto a su público. Saqué unas fotos malas, pero ahí las tienen como prueba.
El show comenzó con la intervención de dos  pajarracos propiamente dichos,  que aparecen al  principio en la pantalla, -muy parecidos a Tuco y Tico, las urracas parlanchinas-,  seguida  alternadamente de diálogos, monólogos y canciones.  Todo “regado” con una sarta de palabrotas dichas con una frescura extraordinaria. “¡Pero ustedes están cagados de frío”! dijeron.  Y sí. La pura verdad, sí. El frío era de cagarse nomás. El que haya ido sabe que no es ninguna mentira. Sin embargo, el show fue de tanta calidad, que  todos aguantamos felices mientras el dúo desgranaba simpatía a raudales. Apenas se notó  que estaban programadas hasta  las canciones finales que todos pedíamos a gritos como yapa.
Fue un show muy disfrutable.
¡Vuelvan pajarracos, pero vuelvan en verano, carajo! (¡Ups! ¡Me contagié! )






viernes, 23 de marzo de 2012

LOS PROBLEMAS DE LA SALUD

Mi madre, la partera Tabárez, es la morocha sonriente que está primera a la derecha en la segunda fila. Si alguien conoce el nombre de los otros profesionales, me encantaría  agregarlos porque yo no los recuerdo.

Anoche vi de nuevo el filme que fue conocido en español como “El milagro de Lorenzo, o  “El aceite de Lorenzo” o “El aceite de la vida”.  Al verlo por segunda vez después de veinte años,  me volvió a conmover. La película es  de 1992 y está basada en una historia real.  El argumento presenta la batalla  de los padres de Lorenzo Odone, -contra la enfermedad denominada adrenoleucodistrofia- (ADL). Los Odone llevaron a cabo una empecinada investigación-sin tener ninguno de los dos conocimientos científicos-, golpeando puertas que indefectiblemente se les cerraban. Solos contra el mundo, libraron  una  guerra personal y  tenaz  contra los convencionalismos, la burocracia y el descreimiento de muchos diplomados. Lo hicieron movidos por el amor. Y vencieron.  El verdadero Lorenzo vivió hasta el año 2008, a pesar de todos los pronósticos negativos.
En el comienzo de la película aparece escrito este fragmento de una canción guerrera swahili:
La vida sólo significa algo en la lucha. El triunfo o la derrota están en manos de los dioses. Entonces celebremos la lucha.
 Para los que sabemos  lo que es enfrentarse  con la enfermedad terminal de un ser querido es un inicio muy significativo. Hay   que batallar simultáneamente  en varios frentes: contra la enfermedad siniestramente destructora; contra la burocracia; contra los funcionarios negligentes, contra los médicos insensibles, contra los enfermeros y licenciados ídem y  contra los carísimos servicios que pagamos inocente y religiosamente, para   que después-llegado el caso- no nos brinden lo que esperábamos de acuerdo a lo que pensábamos que teníamos asegurado: una atención humana y digna.
El problema no es únicamente en los hospitales públicos sino  en todo lo que concierne a la salud,  porque  el entramado burocrático de la asistencia médica privada, impide la necesaria eficiencia. Nadie es responsable de nada. Cada uno tiene su pequeña chacrita o parcela y la atiende cuando quiere y como quiere. Lograr una ligazón cordial entre los diferentes médicos es totalmente utópico, porque no se comunican entre sí. “Llame a fulano que es el médico de zona”, “el médico tratante está de licencia, va a ir un  suplente”, “consulte con el oncólogo”, “su esposo no es el único paciente, señora” me dijo un administrativo, cuando yo insistía desesperadamente para que recibiera la debida- y carísima- atención. Yo  contesté que sí que para mí era el único y  también debía serlo para ellos, de acuerdo a lo que le  cobraban y al conocido eslogan marketinero.
Lo cierto es que, en pleno goce de la salud, como suele ocurrir, la letra chica se nos escapa. Esta  espantosa telaraña  sólo  se empieza a conocer cuando estamos inmersos en  la impotencia del dolor.
Otro servicio esencial en los tiempos que corren es el de compañía y cuidados. El eslogan puede ser sumamente atractivo: “Somos tu segunda familia”. ¿De qué “segunda familia” me están hablando cuando el que necesita cuidados domiciliarios tiene que pagar una cobertura extra para adquirir los derechos-no más de treinta días por año que es lo que dan- en forma progresiva?  ¡Cuando requerimos estos servicios para un paciente, siempre son de urgencia! También es un negocio y como tal tiene que rendir. ¿Importa el paciente que necesita cuidados? No. Lo que importa es cuánto más se puede lucrar con la situación.
En estos días explotó en Uruguay el horror  de enfermeros asesinos  y de un equipo médico negligente, imprudente o descuidado. Los enfermeros mataban a pacientes internados en el CTI.  El equipo médico dejó en estado vegetal a una joven de 25 años que fue  sometida a una intervención quirúrgica que no revestía peligro inminente de muerte.  ¿Por qué este último caso salió a luz? Porque la paciente que quedó en estado de coma, tiene un hermano neurólogo- que trabaja en la misma institución-. Él hizo la denuncia. Por lo tanto, es lógico suponer que los que no tengan a nadie de la salud que bregue por ellos quedan expuestos a que cualquier inescrupuloso los liquide, ya que los  debidos controles en los Centros de Tratamiento Intensivo, y en las salas de operaciones son  ineficientes o inexistentes. 
 La mayor parte de los ciudadanos conoce este tema porque de una u otra forma lo ha sufrido. Los múltiples especialistas suelen hablar de que "faltan las destrezas no técnicas": esto es establecer  una real comunicación con los pacientes y familiares; trabajar en equipo-que no es agrupar una persona al lado de otra, sino  aprender a trabajar CON otras; desterrar el "narcisismo" en la medicina contemporánea- el término no es mío se lo escuché a un doctor- y, en resumidas cuentas, hacer un nuevo contrato social que garantice la debida atención humanitaria. ¿Será posible o no?
Cabe preguntarse:
¿Qué fue de los antiguos profesionales  responsables y competentes?
¿Por qué hay tanto personal de la salud-tanto en los  centros asistenciales como en los servicios de compañía- sin vocación para la tarea?
¿Por qué los médicos actuales no pueden diagnosticar una enfermedad sin análisis clínicos, como sí lo hacían en el siglo pasado los médicos de familia?
¿Por qué no hay   más médicos pediatras como mi  Dr. Puppo que me hacía dibujos de pajaritos para vacunarme o darme inyectables? (La excusa era que había que darle de comer al pajarito y ahí venía el pinchazo; no recuerdo haber llorado jamás.)
¿Qué se hicieron las antiguas parteras vocacionales-como mi madre - que celebraba con alegría cada nacimiento y  exhibía  al bebé recién nacido con un orgullo tan manifiesto que parecía que la madre era ella?
¿Hasta cuándo seguiremos siendo víctimas de  este actual  sistema  de salud  tan ineficaz, descontrolado y tortuoso que ha permitido que se llegue a  situaciones  sin parangón?







                           




martes, 13 de marzo de 2012

¿HABLAMOS ESPAÑOL O QUÉ ?

¡Me encantaría poder tener signos icónicos como estos para corregir los errores!
De mañana mientras desayuno-no muy temprano, ya madrugué durante más de cincuenta años- intento ver un poco de televisión matutina. Me cuesta bastante encontrar algo “potable” en cualquiera de los canales  de aire o de cable. Aclaro, por las dudas, que el cable que pago es el más económico. Y no quiero pagar más nada. Frecuentemente me llaman por teléfono para ofrecerme el oro y el moro para que pague más pero hasta el momento no me he dejado engatusar. No quiero “más de lo mismo”. No quiero tener más canales con las tonterías que circulan por acá. En un canal, las locutoras tienen voces de pito y-además- hacen comentarios anodinos. En otro,  una señora intenta dar recetas acompañada  por  otro “comunicador” que la interrumpe  y molesta constantemente. Mientras la pobre  lucha denodadamente tratando de  dar las explicaciones que-lógicamente, son propaganda de la firma auspiciante-, el otro se mete los calditos  y los sobres de puré instantáneo en los bolsillos. Hay otro canal que  tiene un cocinero que hace “cocina de autor”-como la cocina me gusta y no encuentro nada para ver, a veces trato de “seguirlo” intentando apreciar  qué es lo que  está preparando- pero, lamentablemente, sus acompañantes también utilizan “la cháchara insulsa” y es imposible seguir al esforzado cocinero y su receta.  En otro par de canales-no más de eso- y si Dios está de mi parte, a veces, encuentro algo de interés.
Al prestar atención al  vocabulario de los comunicadores noté el uso frecuente  del “spanglish”. Cuando yo daba clases de español a extranjeros, lo “combatí” todo lo que pude, incluso hasta con juegos para erradicarlo. El spanglish es una curiosa  mezcla de términos en español y en inglés. Es  usual entre los estudiantes  que tienen el inglés como primer idioma, o, que siendo de origen latino, están viviendo en comunidades donde el inglés es el primer idioma y por lo tanto, lo  deben usar para estudiar. En cambio, en Uruguay, el primer idioma es el español-al estilo uruguayo, pero español al fin- y no encuentro ningún motivo para que usen –mal pronunciadas además-, palabras en inglés.
Por ejemplo:
-¡Que “heavy” que está, che!
La palabra “heavy” en inglés significa: pesado, pero por el contexto en que fue empleada me pareció que el comunicador,  quiso decir algo así como: “extraordinario, o fuera de serie” o genial”. No sé. Me dio la impresión de que esa fue la intención.
También noté el abuso de palabras coloquiales que antes  empleaban más nuestros hermanos mayores: los argentinos. Ahora ya no se trata únicamente de los comunicadores jóvenes que tienen su propio léxico y lo propagan-como una peste- entre los de su generación, sino que la emplean también los veteranos. Pongo como ejemplo: “laburo”. Entiéndanme, por favor, no es una crítica sino una comprobación de “contagio”. Las modelos- sobre todo,- dicen “Los argentinos me quieren en pila, me va muy bien en el laburo”.
Además de esta “extensión o propagación coloquial” también se cometen  errores al hablar.
Por ejemplo: se extendió el uso del plural del verbo “haber” cuando su forma impersonal indica-al menos por ahora- que debe usarse  en singular. Me refiero al vilipendiado “hubieron”.
Yo no estoy muy segura de que todos los  comunicadores estudien para serlo, y tampoco sé si en los cursos de comunicación y periodismo se les enseña  lo que los expertos  llaman” gramática de uso”, pero sí sé que no conocer lo que es adecuado, tiene consecuencias negativas  en el habla y en la escritura. Además-agrego- la gramática no se estudia “de una vez y para siempre”, sino que hay que actualizarla muy a menudo y  cada vez más, porque la famosa globalización nos está llevando  a mal traer debido a que no le prestamos atención.
El pobrecito verbo “  HABER”, -inocente de Dios, que se usa de cualquier mala  manera- tiene fundamentalmente dos usos bien definidos. El primero es cuando “trabaja” de “auxiliar” de “asistente”, “de ayudante”  de los otros verbos que son los que realmente se conjugan. Esto ocurre en los tiempos compuestos. Ahí sí hay que usarlo en singular y en plural según corresponda.
Pongo un ejemplo de la actualidad uruguaya de carnaval:
“Si los Curtidores de Hongos no se HUBIERAN DEMORADO, en la bajada de la segunda vuelta, NO HABRÍAN RECIBIDO, ninguna sanción”.
De paso, después del ejemplo, declaro al margen: “Los Hongos” cuya murga cumple cien años este año, están dando uno de los  mejores espectáculos de carnaval y  me dio mucha pena que les sacaran puntos.
Vuelvo al tema: en este caso, el verbo HABER,  está ayudando a conjugar los tiempos compuestos de los verbos DEMORAR Y RECIBIR. Por eso, se pluralizan para ponerse de acuerdo con el sujeto: “Los Curtidores de Hongos.” Así de fácil.
En otros casos, el verbo HABER, “se tira por cuenta propia”. Y, como “cuentapropista” que es, le gusta que lo traten como  un tipo  independiente e impersonal. (Impersonal: sin sujeto.)
En esos casos, su presente es HAY.
(Con “hache” y con “y griega”-yo la sigo denominando así y chau-)
Voy a los ejemplos  “de actualidad”:
En el concurso de carnaval HAY  una calificación por rubro.
En el concurso de carnaval HAY  diferentes calificaciones.
Aquí comprobamos que HAY NO SE MODIFICA CON EL PLURAL.
POR LO TANTO, TAMPOCO SE DEBE MODIFICAR CUANDO SE EMPLEA EN OTROS TIEMPOS:
En el concurso de carnaval HUBO  una calificación por rubro.
En el concurso de carnaval HUBO diferentes calificaciones.
(Si en  el presente, este “cuentapropista” independiente,  no tiene plural, ¿por qué le inventamos un plural al pasado o al futuro o a cualquier otro tiempo en que se use? ¿Ehhhhh?)
¡Señores comunicadores, pongan las barbas a remojar!

miércoles, 7 de marzo de 2012

"Y Dios me hizo mujer" ¡ A mí, también, Gioconda, a mí también!

Gioconda Belli en  la plenitud de su belleza
La primera publicación de este texto fue  en  el blog colectivo  Internet y Lectura el 8 de marzo de 2011- con otra foto de Gioconda Belli.Esta vez, para  publicarlo  en mi blog personal, lo modifiqué.

 Gioconda nació en Nicaragua, de buena cuna. Se casó, se descasó, se volvió a casar y a descasar.  Es una escritora de éxito, una guerrillera que luchó por lo que creyó justo para su país, pero que no  dejó de lado  la  ardua responsabilidad de ser madre. Abrazó con pasión,- como dice en su poema-  esa extraordinaria labor de ser “un taller de seres humanos”. Tuvo cuatro hijos, no siempre en las mejores condiciones. Por lo que cuenta en su libro autobiográfico-con todo lo que la “autobiografía” tiene de ficción- se deduce que nunca  fue  un ama de casa  tradicional. No parece haberse quedado  en la casa a lidiar con la limpieza, la cocina, los pañales, las mamaderas.  Ella misma confiesa –muerta de risa- que no  sabe cocinar. El partido de la Izquierda Erótica (PIE) sabe de sus desvaríos. Escribe-como todo lo que hace-  instintivamente, desde las entrañas.
 Según lo que leemos en “El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra”, no dejó títere con cabeza. Cuenta que fue cortejada por el general Torrijos y hasta sugiere la idea de que podría haberlo sido también por Fidel Castro. Es-como ella suele afirmar- una “Quijota”. En un continente en donde las mujeres se han visto tradicionalmente sometidas   al poder del  varón, me llamó mucho la atención que ella declarara que  hizo   lo que se le dio la gana   con los hombres. Aquí va una pequeña muestra de lo que cuenta en el mencionado libro que recomiendo leer:

(…) "mi vida clandestina y mi amor por Marcos eran parte de una vida paralela, aparte, que yo administraba en otra carpeta de mi cerebro, igual que lo hacían los hombres de mi país, que tenían amantes sin menoscabo  de su matrimonio, yo había  aprendido a compartimentarme magistralmente; (…)

Es muy difícil que una mujer “comunique” con tanta sinceridad sobre esas relaciones “compartimentadas” que sí suelen tener los hombres sin mayores remordimientos. ¿No? Pues bien,  ella lo confiesa a “calzón quitado”. Sin embargo,  en sus poemas no se percibe un feminismo a ultranza sino una especie de simbiosis entre su ser femenino y sus ilusiones de amor, armonía y justicia. Las fotos de su juventud nos muestran a una hermosa mujer de melena leonina, ojos cautivantes de mirada conquistadora. La dedicatoria del libro que más me gustó se la dirige  a su actual pareja y dice: “A Carlos, puerto de mis tempestades”. ¿?
Como recordatorio de la celebración del Día de la Mujer, este 8 de marzo de 2012,  comparto su poema: Y Dios me hizo mujer

Y Dios me hizo mujer
de pelo largo, ojos
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas,
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.

Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.

Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
 el instinto.

Todo lo creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días,
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Yo también soy mujer y me gusta serlo, Gioconda, aunque con otras alternativas. Sé cocinar, gracias a Dios, y a toda mi familia, y -en especial- a mi nona Lucía que siempre decía que a los hombres se les conquistaba primero por acá- y se señalaba el bajo vientre- después por acá- y se señalaba el estómago-, y después se llegaba acá- y tocaba el lugar de su corazón-. Tenía razón. Por si no lo sabés, tuve un único y felicísimo matrimonio de cuarenta y cuatro años. Sólo la muerte logró separarnos.
 No fui “un taller de seres humanos”, pero como fui docente vocacional, y desde mi puesto de Coordinadora, dediqué  alma y vida a cada muchacho para que  pudiera terminar la Secundaria, prácticamente, te puedo asegurar que  me faltaron nada más que los dolores de parto. Me parece estupendo que tú hayas tenido cuatro, y que otras también los tengan siempre y cuando los quieran. Porque los hijos para traerlos al mundo como Dios manda, deben ser queridos, siempre muy queridos.

 El cabello largo lo dejé en la juventud porque con el paso de los años no queda bien. Me parecen patéticas las extensas melenas de cabellos ralos de las sexagenarias. Parecen muñecas artificiales con cabellos de plástico.
Las curvas y las hondonadas –que dejaron de ser suaves- se  me acentuaron. Ahora tengo un cuerpo parecido al de un pollo. Bien redondo.
Con el asunto de  las hormonas anduve bastante bien hasta la menopausia, que querés que te diga, Gioco. Después lo “balanceado” pasó a la historia, y supongo que vos lo sabés porque tenés apenas cuatro años menos que yo… Ya sé lo que me vas a decir: en un poema hay que expresar belleza y  no la maldita realidad. ¿Verdad? ¡Tenés razón!
¡Sigamos soñando!

domingo, 26 de febrero de 2012

¿Qué hay de rico?

Peceto vitel toné

Esta pregunta tan común me la hacen a menudo amigos y parientes que “andan en la vuelta” y saben que tengo la  manía de cocinar. Soy  “una rara avis”, lo reconozco. Las mujeres actuales son como decía el cupletero Diego Bello hace unos años en su personaje de Súperman en la murga “La Margarita”: “Pasan por la cocina únicamente si les queda de paso pa’l baño”. A mí, en cambio, me fascina cocinar. Julio  Cortázar inventaba personajes femeninos que tejían fervorosamente- por ejemplo, el personaje Irene del cuento “Casa tomada” ¿Se acuerdan?:
“Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé porqué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada, resistiéndose a perder su forma de algunas horas.”

Yo, en lugar de tejer-ya saben  que las manualidades NO son mi fuerte- en cambio, cocino compulsivamente. Por eso me llaman y me preguntan: “¿Qué hay de rico?” Y yo largo el repertorio de lo que ya preparé y está ordenado en el freezer o el plan  que tengo en mente para organizarme mejor.
La escritora nicaragüense Gioconda Belli confiesa en una novela autobiográfica o en una autobiografía novelada-como se la quiera llamar- que se titula “El país bajo mi piel” que no sabe cocinar. Así de sencillo. Al parecer su madre tampoco cocinaba. Es probable que al haber nacido en clase alta esa tarea correspondiera a las empleadas. En cambio en mi casa, cocinaban todos: mi mamá, mi tía, las abuelas-cada cual con su estilo- y cuanto ser humano anduviera en la vuelta, porque tampoco  se dejaba de lado la ayuda masculina. Cuando éramos chicos, con mi primo “armábamos” la pasta casera, sentados en la mesa de la cocina.
Lo cierto es que para mí cocinar   es una terapia. Me hace bien, es  una especie de gimnasia placentera. Mientras cocino no pienso en nada negativo, estoy concentrada en mis recetas, trabajo a conciencia y elaboro la comida con alegría y  dedicación completa.
Hoy preparé un peceto vitel toné. (Así se escribe en español.) Mis amigos argentinos dicen que la receta es de ellos, pero a mí no me importa lo que digan. Lo que yo sé es que es de origen italiano y que tanto aquí, en Uruguay, como allá en Argentina, vinieron  a vivir "tanos"  y con ellos trajeron sus costumbres y por supuesto, sus comidas. En italiano, quiere decir algo así como “ternera atunada”, porque la salsa lleva atún. Lo primero que hay que conseguir es un buen peceto-ni tan tan ni muy muy- yo conseguí uno muy bueno de un kilo trescientos gramos-. Se cuece en agua con verduras para darle gusto. Las que ustedes quieran o tengan a mano. Yo le agrego un manojo de mis hierbas aromáticas: romero, orégano, menta y laurel. El tiempo de cocción depende del tamaño del peceto. Yo lo dejé una hora y media y quedó bien tierno y cocido. Se deja enfriar en el mismo caldo. Cuando está frío se corta en finas rodajas. La salsa para bañarlo se prepara con mayonesa, un chorro de vinagre a gusto, huevo duro y atún.  Se decora con anchoas y  alcaparras.
Una de mis amigas se relamió cuando me preguntó: “¿Qué hay de rico?”  ¡Al mediodía se comió unas cuantas rodajas al pan! ¡No me dejó ni siquiera presentarle la ensalada!



miércoles, 8 de febrero de 2012

LA PASIVA QUE SE VA

¿Quién no se comió unos panchitos en esta Pasiva?

¿Ubican la clásica esquina de 18 y Ejido?

¿No les da lástima?
En algunas otras ocasiones ya escribí sobre temas similares: Montevideo se va transformando no siempre para bien, y tampoco según nuestros deseos. A mí me apenan estos cambios, y no es que esté “en contra” del “progreso” ni nada por el estilo, sino que hay lugares que forman parte de la historia de la ciudad y es una lástima que se “truequen” por otros  que no formaban parte  de nuestra idiosincrasia. Por lo menos, en mi casa,  cuando se salía –de vez en cuando- a “comer afuera” no se iba a comer hamburguesas. Lo más típico era ir a   alguna de las cervecerías  “La Pasiva” y sobre todo los menores, comíamos una buena y considerable cantidad de los famosos “panchos” – los legendarios frankfurters-  con la no menos exquisita mostaza especial-receta pura y exclusivamente de estos locales que se van perdiendo en el tiempo, vapuleados por la invasión de  negocios de otras latitudes-.
No sé ni me interesa de quién es la culpa. Lo que me apena es la pérdida de estos bulliciosos espacios que fueron tan significativos para  los montevideanos del siglo pasado. ¿Quién no se comía  unos panchitos a la salida de un cine? Todo trabajador lo podía hacer de vez en cuando. ¡Marchen 6 con dos lisos! –Era la consigna para empezar entre dos-. Hace unos días anduve por 18 de Julio y Ejido-en trámites para arriba y para abajo- y encontré quizás una de las más emblemáticas  Pasivas, con los carteles que pueden verse en las fotos. Hacía mucho calor y decidí –saliendo de las recomendaciones médicas- comerme unos ricos panchos con un  clásico “chop”. Le pregunté al mozo que me atendió porqué se iban, quién “los iba”, pero –para mi sorpresa- me contestó que a ellos  lo único que les preocupaba era que les pagaran. Aparentemente,-según este testimonio- los dueños no supieron aprovechar  la ocasión, años atrás, para comprar la esquina y quedarse con el local. Lo alquilaron por más de treinta años, pero… como ya lo dijo Quevedo en su letrilla: “Poderoso Caballero es Don Dinero”. Vino una multinacional- con “el Poderoso Caballero”-  que  ofreció un precio más alto que el que podían ofertar los antiguos inquilinos y   ¡zás! compró la esquina para poner otra hamburguesería más. A los montevideanos  veteranos nos quedará el recuerdo del sabor inigualable de los clásicos panchos de La Pasiva, con su exquisita mostaza secreta,  o, el  de los también clásicos “chivitos”- nuestra comida rápida-  a los más jóvenes, el gusto de la carne picada y las papas fritas bien saladas. Ni siquiera  se enterarán de  que se les fue un cacho más de identidad.