jueves, 6 de diciembre de 2012

PELI DISFRUTABLE "EL EXÓTICO HOTEL MARIGOLD"

Cartel de la peli con  el estupendo elenco que la potencia como un buen entretenimiento
Como los programas de TV son tipo plomo, alquilo pelis. Mi “sistema” de elección es de lo más bobito: leo lo que dicen las cajitas portadoras de los devedés, me fijo quiénes actúan,  quién dirige, y no mucho más. No soy experta en cine,  pero sí una espectadora atenta.
Hoy saqué la peli “El exótico hotel Marigold”, una comedia inglesa.  Cuando leí el argumento me pareció que podía ser entretenida. Lógicamente no esperaba una obra de arte, sino más bien una comedia liviana, sin mayores pretensiones.  Unos cuantos veteranos se van a  la India- Jaipur- al hotel del título-. Cada uno con su historia a cuestas. El personaje  que más me gustó es Evelyn, interpretado por  la actriz Judi Dench- una mujer entrada en años y en canas-,  un ama de casa viuda que se enfrenta por primera vez a la soledad.  Rápidamente se nota que confió tanto en su esposo que dejó que él decidiera e hiciera todo. Eso la decide a realizar un cambio radical en su existencia. El viaje a la India lo es. Lógicamente no cuenta con la aprobación familiar. Sus vástagos creen que debe vender el apartamento e irse  a vivir con ellos. - Clásica salida de los hijos-. Como no es eso lo que quiere hacer, emprende este viaje al “exótico y mejor hotel Marigold especial para personas mayores y hermosas”.
En la comedia aparecen “toques” dramáticos bien situados y administrados desde el principio. Por ejemplo, la peli empieza con una machacona voz en off donde reconocemos una grabación donde se pide que se aguarde para ser atendido- es  el momento en que Evelyn  logra ser atendida por un “ser humano de carne y hueso y no una máquina”, y se comunica con la empresa de cable cuya telefonista “le exige” que se ponga el titular en la línea y ella le contesta que el titular se murió. La completa y fría deshumanización en el tratamiento, acentúa la angustia de la que lo está padeciendo y la precipita a la decisión de irse a la India.
Quizás “le sobren metros de película” –como dice una crítica que leí- acaso la podamos ver –“si disponemos de un par de horas(es cierto: la ficha técnica dice 118 minutos)  y no pretendemos mucho”, -creo que también dice algo así-. Lo cierto es que a mí me resultó  entretenida y probablemente a otros también porque  podría haber una “segunda parte”. Es una historia simple,  pero el tema reviste interés. Un grupo de personas de “la tercera edad” (en inglés la expresión es más amable: Golden Age: Edad Dorada)  intenta dejar de ser ignorado en un mundo cada vez más hostil y programado únicamente para y por  los jóvenes que cada vez se preocupan menos por los adultos mayores. El Director es John Madden y no es Bergman ni necesita serlo tampoco.  No siempre vamos  al cine  para horrorizarnos con secuencias violentas o a  llorar a moco tendido en las butacas. A veces, algo liviano, que en lugar de sangre coagulada nos deje un mensaje más optimista o  esperanzador  pero no  demasiado tonto, viene bien.  

jueves, 29 de noviembre de 2012

LOS ESCRACHADOS DE SIEMPRE

A punto para "el escrache"



Pago una TV cable  de tipo “básico”. Me convencí de que por más que pagara lo único que iba a lograr era “más de lo mismo”. En esta época del año, las promociones para adherir a incautos en las “estupendas” ofertas de diferentes cables son “belicosas”: por mail, por teléfono, por la puerta. Hay que hacer un enormísimo esfuerzo de voluntad para evadirse de los “call centers” y sus “fantásticas” ofertas. Si es por teléfono, lo primero que observo es la hora, porque mis  familiares y amistades  se abstienen de llamarme  medio temprano ya que saben que constituye un violento  atentado a mis neuronas. Los llamados agresivos empiezan alrededor de las nueve de la mañana. Entonces me preparo. Levanto el tubo y recibo la primera perorata:
-“Buenos días, me llamo Fabiana, o Viviana o Julieta- o alguno de los              otros nombres usuales en gente menor de treinta- ¿usted es la “señora de la casa”? Acto seguido, esta  “señora de la casa” –que ya está preparada-contesta que sí, que es eso, pero que no le interesa ningún “producto” que le puedan ofrecer de ningún modo y a ningún precio. En la casa, ya hay y es más que  suficiente para lo que se usa. No se necesita ninguna “expansión del “producto”. La niña insiste, porque se ha preparado para  pesetear- que como indica el diccionario  del español del Uruguay, en cierta forma es “prepotear”: -“¿No le interesa conocer nuestra oferta?” ¡NO! ¡NO ME INTERESA! ¡GRACIAS!  (Las mayúsculas en este caso, tratan de trasmitir la firmeza de  mi  contestación.) Este episodio no es único,  ya que recibo  muchos día y noche, con “ofertas”,  “pedidos” o “mangas” de todo tipo, y, sobre todo,  después de las 20 horas, -supuestamente- una hora propicia  para molestar más y mejor a la pobre “señora de la casa” que llega  con la “guardia baja”, fundida del laburo. ¡No hay que “bajar la guardia” nunca!
Al fin y al cabo, como  he podido comprobar que  no es mucho lo que me atrae de la programación y  me gusta  mucho cocinar, miro asiduamente los programas culinarios. Si es algo que nunca vi preparar lo sigo con interés, porque siempre se aprende algo, aunque las más de las veces termino riéndome a mandíbula batiente porque lo que me muestran es lo que hacían mi nona, mi vieja  o  mi tití Estela,  todas expertas en aprovechar   lo que había quedado en la heladera o en el canasto de la verdura. Se convirtió en una  “astucia culinaria” de los famosos, usar todo lo que quedó. Así veo a Narda, a Máximo, a Ariel-por nombrar a tres conocidos de la pantalla chica-,  por esas cocinas de Dios, conociendo y aprovechando los requeches  a los que les suman ingredientes exóticos del lugar.
Una de estas noches, seguí con interés a Francis Mallmann. Es ameno, y con frecuencia hace alusión a sus incursiones en París. En Argentina, en cambio, lo veo cocinar en hermosos lugares desolados. Me han comentado-los que han ido con gran novelería a degustar sus platos- que lo que sí se trajo de París-sin lugar a dudas- son los altísimos precios.  Esta vez no estaba en Pueblo Garzón, en Uruguay,  sino en Bahía Bustamante, un pueblo alguero de-  la Patagonia. Suele utilizar como toque personal, antiguos utensilios que yo conocí acá en el campo de Treinta y Tres-los pagos de mi viejo-: cocina económica, fuego a leña, ollas y sartenes de hierro ennegrecidas por el uso  y productos lugareños. ¿Qué hacía de rico esta vez, en ese lugar helado? Algo muy sencillo y que en mi casa se hacía de noche con lo que quedaba en la heladera y en el canasto verdulero-como ya comenté- unos “huevos escrachados”. No un revuelto de huevos, -porque en ese caso los huevos se rompen y a veces se baten para amalgamarlos con los otros ingredientes, sino “escrachados”. ¿Qué significa esto? En el diccionario del español del Uruguay, encontré esta definición para “escrachar/se” (del italiano scaracchiare gargajear,tr. esp.”hacerse bolsa”) 2) golpear con violencia//3) Fotografiar a una persona.
También hallé “escrache” -con la definición de “Manifestación pública y airada de denuncia”-, y “escracho”,- con el significado de “Persona muy fea”-(muy usual para referirse a mujeres feas como rodada en bajada.)
En el diccionario  del lenguaje rioplatense de Juan Carlos Guarnieri las acepciones son similares aunque la palabra que citan como de origen italiano es: schiacciare  en español: romper, aplastar, destrozar, chocar con gran violencia y estrépito. (Una acepción muy usada para referirse a persona y/ o auto que sufrió daños en un accidente.)
En cuanto a la acepción de “fotografiar a una persona”  yo habría agregado  que es una expresión habitual en los prontuarios policiales. El “escrachado” es el delincuente de la foto. No es una expresión que –salvo con intención jocosa- se emplee para una pareja de novios que contrae enlace, porque no sería adecuada o apropiada para la ocasión.  Salvo, vuelvo a repetir, que hubiera una  intención bromista se podría poner a pie de foto: Miguel y Lucía,  “escrachados” el día de su boda por Estudio La Foto Sincera.
Algo  de “golpear o reventar o hacer bolsa” tiene  la sencilla comida que hizo Mallmann en su  ennegrecida plancha de hierro. Los ingredientes que utilizó fueron: manteca, panceta, zucchini, arvejas, huevos y, en la ensalada,-  el touch oriundo del lugar- una especie de “pasto salado” que se llama “salicornia”. En su comida, los huevitos permanecen enteros, hasta que cuajan, haciéndose en la gordura que se le puso  a la plancha o sartén-en su caso unos socotrocos-pedazos grandes, dice el mencionado diccionario-  de panceta ahumada y manteca-. Al final, se “escrachan” los huevos, es decir se “golpean” o “se rompen”  o “se hacen bolsa”-para que se extiendan  sobre los otros ingredientes-.

Otra variedad a punto del escrache

Mencioné que esta comida se hacía en mi casa sin tanta alharaca-y sin cobrar los fabulosos precios de Mallmann- con los “requeches”, es decir con las sobras. Mi familia tenía quintas, por eso no faltaba nunca alguna cebollita gustosa, ají morrón, papas, boniatos, arvejas, berenjenas, brócoli-si intervenía la nona, con seguridad que le ponía  ajo, y  unos buenos socotrocos de tocino, en lugar de panceta. Los huevos eran caseros ¡faltaba más! Y la nona, le  ponía uno o dos a cada comensal. Mallmann  puso 7 para él solito,-yo no vi a nadie más salvo una perra muy obediente que tiene cama propia y responde al nombre de “Luna”-. Para mí y para todas las mujeres que me enseñaron a cocinar 7 huevos para una sola persona es un verdadero disparate. Con 2, alcanza perfectamente bien. Lo cierto es que con estos ricos platos muchos cocineros profesionales “curran” de lo lindo, escriben libros, -otro “curro” más -y han amasado grandes fortunas. ¡Nona, viviste en el siglo equivocado! ¡Si cocinaras en este siglo XXI habrías adquirido fama y fortuna!  ¡Recuerdo con verdadero deleite tus comidas caseras!  ¡Sabrosísimos los escrachados de siempre!

Ya escrachados y listos para servir y degustar

domingo, 11 de noviembre de 2012

LA MUY HUMANA BRUNA HUSKY



Mis novelas de Rosa Montero


Hace varias noches que vengo soñando con mutantes, replicantes y bichos.
La culpa  es de Rosa Montero que escribe novelas delirantes y a mí se me da por leerlas en horas de la noche.
Ya con “La loca de la casa” me volvió medio desequilibrada y  me tuvo meses buscando los libros comentados. Los que pude encontrar y leer se relacionan con  la ficción autobiográfica o la autobiografía novelada, la memoria con su opuesto  el olvido, el amor y el desamor, la vida y la muerte. Dualidades que  están  siempre presentes en sus obras.
La chifladura con “La loca” me vino en parte porque está escrita en plan: “yo te cuento de mi vida, tú sígueme por favor”, y ahí voy yo como buena pánfila que soy, creyéndome todo lo que voy leyendo. Pero de pronto pienso: “esto ya lo leí. Y sí. Lo leí; pero es otra versión diferente de lo que leí”. ¡Albricias! ¡No hay límites precisos entre realidad y ficción! ¡Hasta me creí lo de la hermana! Es cierto que la culpa es mía, porque le pasé por arriba a la dedicatoria: “Para Martina, que es y no es. Y que no siendo me ha enseñado mucho.” Lean “La loca de la casa”  y después me cuentan.
Si  “La loca de la casa” me dejó turulata,  “Lágrimas en la lluvia” me desequilibró del todo. Ya no estoy “casi” loca-que eso significa el adverbio “medio”- sino completamente loca. Cuando era joven  veía  películas de ciencia ficción y los escritores  Julio Verne, Isaac Asimov-a quien releo con gusto después de cincuenta años-  y  Ray Bradbury fueron los amores de mi adolescencia.  Y en cine Steve Spielberg supo preocuparme bastante. Pero… ¡Rosa Montero creó un muy personal mundo alucinante  con "humanos", “replicantes”,  “mutantes” “  y “bichos”!
Si “La loca” me conminó a buscar y leer libros a más no poder, esta otra me llevó-de nuevo- a ver  la peli “Blade Runner” porque de ese filme surgió el título:”Lágrimas en la lluvia”. La peli es del año 82, es decir que ya  tiene la friolera de 30 años;  al volverla a ver se  puede  llegar a experimentar algo así como una  especie de ternura por los avances tecnológicos que ya fueron totalmente superados, como cuando se ven  en los remates las antiguas máquinas de escribir que actualmente son unos armatostes descomunales pero que en su momento fueron grandes adelantos. De todos modos, en la peli, aún se percibe  un trasfondo existencial que no pasó de moda. El título del libro se inspiró en  las palabras que un  replicante dice antes de morir:
“Todos los momentos se perderán como lágrimas en la lluvia”
En el sentido de esta frase encontramos  un pensamiento clave en la literatura de Rosa Montero: la desesperanza ante la idea de “desaparecer absolutamente” de “dejar de ser”, de “dejar de existir” al cual  se le une otro “incruste” temático dual  reiterado  y combinado: la memoria, el olvido,  el amor, el desamor, la vida y la muerte.
Pongamos texto para  sostener afirmaciones:
“De hecho, me parece que los narradores somos personas más obsesionadas por la muerte que la mayoría; creo que percibimos el paso del tiempo con especial sensibilidad o virulencia, como si los segundos nos tictaquearan de manera ensordecedora en las orejas.” (La loca de la casa” pag. 13)
“Los novelistas, escribanos incontinentes, disparamos y disparamos palabras sin cesar contra la muerte, como arqueros subidos a las almenas de un castillo en ruinas.” (Ídem pág.31)
“Lágrimas en la lluvia” comienza con estas palabras:
“Bruna despertó sobresaltada y recordó que iba a morir.
Pero no ahora.”
Primera connotación del personaje: la conciencia de la muerte “a término” y el pánico que esa idea le provoca.
Ya desde las primeras páginas podemos saber que Bruna pertenece a la especie de los replicantes o “reps”. Ha tenido un período de gestación determinado.“Nació” adulta (con 25 años) y tiene un máximo de vida de 10 años de los cuales trabaja 2.
 Tiene  una “memoria implantada”, es decir una  sucesión de recuerdos elaborados que-supuestamente- le permitirían relacionarse mejor. Físicamente es  una rep de combate: alta, atlética, de pupilas felinas, rapada y tatuada.  Mientras iba captando su descripción física empecé-mentalmente- a crear la imagen de una “mujer maravilla” pero no con la estupenda melena de la actriz Linda Carter, sino con la cabeza de la cantante –joven- Sinead O’Connor.  Bruna es una detective y vive de su trabajo, si no  anda a salto de mata.
Yo me imaginé una Bruna Husky con un físico como este

y una cara así,  como la de Sinead O'Connor
Si bien el aspecto físico de Bruna es llamativo y sorprendente, lo que más me atrapó de ella fue su psiquis. Es un personaje replicante, o tecnohumano, o androide, pero resulta sumamente “humana” en todas sus actitudes. A los pocos pasos de ir leyendo su historia nos enteramos de  que ha perdido a  su amor –Merlín-, porque  lo recuerda constantemente—por eso mencioné antes la presencia constante del tema  de la memoria- pero los   recuerdos que tiene de Merlín no son de los “implantados” porque esa intensa relación amorosa pertenece a la “vida breve” que se le ha otorgado. Merlín-otro rep- murió víctima  de la atroz enfermedad que los mata cuando les llega el plazo, denominado TTT: Tumor Total Tecno. Un detalle a tener en cuenta: en la peli, el replicante muere sin sufrimiento. En cambio,  los “reps” de Rosa Montero mueren sufriendo esa enfermedad que -por la descripción- es un horrendo e irremediable cáncer.  Bruna, -en pleno duelo- no lo puede recordar sano y feliz, sino acuciado por la dolencia que lo deformó  y lo devoró.
“A Merlín le encantaban los bocadillos de algas con piñones. El rostro del rep, un rostro deformado por la enfermedad, flotó por un instante en su memoria y Bruna sintió que el estómago se le retorcía. Respiró hondo, intentando deshacer el nudo de sus tripas y empujar de nuevo el recuerdo de Merlín a los abismos. Si por lo menos pudiera rememorarlo sano y feliz, y no siempre atrapado por el dolor. Dio un mordisco furioso al emparedado y regresó a sus problemas de trabajo.” ) ( Página 42)
También nos enteramos de que en ese mundo o entorno del año 2109, donde se mueve Bruna- la atlética y fuerte Bruna- la mayoría de los reps, se someten a cirugías estéticas-no siempre acertadas- y buscan afanosamente postergar o aplazar la muerte por medio de “curas milagrosas”. ¿No les parece-también- una actitud absolutamente humana? Todos los que hemos tenido a un ser querido que fue devastado por una cruel enfermedad hemos movido cielo y tierra buscándole una  cura, un aplazamiento de lo inevitable,  rezando a cuanto santo se nos dijo que era “milagroso” para comprobar con abatimiento que nada posterga la llegada de “la huesuda”, la “gran igualadora” que tanto se lleva a buenos como a malos, a reyes y esclavos, -sin distinción- cuando quiere y como quiere.
Otra característica que “humaniza” muchísimo a Bruna, -además de la conciencia de la muerte a término cuya cuenta lleva rigurosamente-, es precisamente esa memoria. Si bien sabe que es “implantada” y llega a enterarse de que consta de un número de escenas, tiene la “conciencia absoluta” de que la capacidad de recordar es la que nos da  identidad y nos hace ser lo que somos. Dejar de recordar significa la destrucción. El dolor que experimenta es muy profundo: no puede tener hijos, sus padres no son sus padres, ni sus amigos son sus amigos. Está sola. Todos los reps están solos. Así se comprueba en los casos que tiene que investigar como detective. Con esa atroz conciencia de la “vida breve” y la memoria como identidad, Bruna agrega a su personalidad otro rasgo humano: cuando no puede más con el dolor,  se embriaga, se droga y practica sexo desaforadamente-aunque sea con un “mendigo sideral” transparente, con órganos visibles a simple vista, y que –camaleónicamente- cambia de color según lo que siente. Al comienzo, Bruna aparece agobiada por una terrible resaca- y la vamos a “sentir”  más de una vez en esas condiciones deplorables, porque “la vida duele” y a ella más que a nadie. Más  allá de su concepción como una replicante, una tecnohumana o una androide-como se la quiera llamar-,  su compleja psiquis, sus rarezas, su gusto por lo artístico, su sexualidad a flor de piel y sus sentimientos la han convertido en la más humana  de las criaturas.
De novela o de película. Sin lugar a dudas.




sábado, 3 de noviembre de 2012

LUCES Y SOMBRAS DE AMOS OZ

Minuciosa reconstrucción de los claroscuros de la vida
Hace poco que empecé a leer a este escritor israelí.  Comencé con “El mismo mar”  en ediciones de bolsillo. Como me gustó, busqué y leí otros libros. Finalmente, después de mucho buscar en librerías y en internet llegué a su libro  autobiográfico. Cuando una nueva personalidad me llega, leo todo lo que puedo y busco –si tiene- autobiografía. Es una forma acertada  de ir conociéndolo y reconociéndolo:-Hola Amos ¿cómo estás? ¿Por dónde me llevas a pasear “niño de palabras”’?- No me cabe duda de que sigues siendo “un niño de palabras” como tú mismo te defines- tanto como  yo sigo siendo también una niña, lectora curiosísima, que te sigue sumisa por la selva de significados castizamente trasvasados de tu hebreo- y, al mismo tiempo que te sigo, voy tratando  de  “mirar” con mis ojos lo que tú viste  con los tuyos, o-mejor expresado- lo que tú quieres que yo vea. Un juego arduamente complejo y excitante para una niña que nunca fue a Israel, que tampoco jamás de los jamases vivió en un kibbutz y que no tiene ese historial familiar que tan magistralmente has armado con tanto  recato, cautela y un admirable sentido del humor.  ”Una historia de amor y oscuridad” es un libro  singular, mejor expresado: fascinante. Ya sabemos todo lo engañoso que puede ser el término “autobiográfico”, porque por un lado, pasa por el tamiz de la subjetividad del que relata, ese pequeño dios –dueño absoluto  de la primera persona- que dice lo que quiere y como quiere, que muestra-también- lo que quiere o como quiere, y que las más de las veces nos deja con la miel en los labios y por otro lado, no nos podemos desprender de la  “veracidad” que se va creando con la palabra. Siempre encontramos frases que nos conmueven más que otras. Yo he llegado a pensar y decirme a mí misma: “¡Esto es lo que yo hubiera querido escribir desde siempre! ¿Cómo se atreve este pícaro a decir o a describir o a relatar  con estas mismas palabras que yo he pensado, estas ideas que son-a quien le cabe duda- absolutamente “mías”?

(…) “Cuando era pequeño quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro: a las personas se las puede matar como a hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reykjavik, Valladolid o Vancouver.” (Pág.36-37)
¡Yo también quería ser libro, Amos! ¡Absolutamente! ¡Cuánto soñé con transformarme en uno de esos libros con tapas duras de cartón que olían a nuevo! Para mí los libros eran objetos de culto, casi comestibles. Lo siguen siendo. Nunca  logré convertirme en uno, pero aún no he perdido  la esperanza.
Es también indudable que para leerte tengo que valerme de  esta muy castellanísima versión de Raquel García Lozano- porque por desconocimiento del hebreo  no puedo leerte en tu idioma original-, pero aún así, “trasvasado”  siento que la mayor parte de las ideas que manifiestas yo también las tuve y las sigo teniendo, y-además, te confieso que  las habría podido escribir en un español muchísimo más general-. (Por ejemplo, no hubiera utilizado jamás la palabra “follar”, te pido mil perdones, pero… ¡es horrorosísima!).
En este mismo libro aclarás muy bien tu concepto sobre “lo autobiográfico” (– ¡por supuesto  que es el mío también! ¿Cómo lo supiste? ):
“Todo es autobiográfico: si alguna vez escribiera  una historia entre la Madre Teresa y Aba Eban, por supuesto sería autobiográfica, aunque no una confesión. Todas las historias que he escrito son autobiográficas, ninguna es una confesión. El mal lector siempre quiere saber, saber al instante “qué pasó realmente”. Cuál es la historia que está detrás del relato, qué pasa, quién está en contra de quien, quién folló con quién realmente. “Profesor Nabokob” preguntó una vez una entrevistadora en directo en la televisión americana: díganos por favor, are you really so hooked on little girls?” (La expresión de lo que la entrevistadora le preguntó a Nabokob está en inglés, en español sería algo así: “¿Está usted realmente “enganchado”/enviciado con las niñas?”.) (pág.49)
 Cada vez que se le pregunta a un autor  sobre un personaje, se busca que ese personaje, sus palabras y su proceder “calcen” de alguna manera en la vida del que lo creó.  ¿Tomó como modelo a su esposa? ¿Tiene algún pariente con ese problema? ¿Quizás alguna de las hijas?  ¿Su personaje es sucio porque usted está reñido con el agua y el jabón?
Aunque Amos se refiere siempre al “mal lector”; reconozco que  hay  una tendencia mayoritaria al chusmerío: la vida de los demás ofrece filones inesperados. La nuestra es aburrida, monótona hasta la exasperación, en cambio la de los otros, está repleta de jugos de insuperable sabor. Pero  ¡cuidado! Nos- dice Amos- en esta afirmación:
“Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca: conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino entre lo que está escrito y el lector.” (La negrita y el subrayado son míos.)
¡Yo defendí esta premisa siempre, Amos! No es tan importante saber si es verdad o mentira  lo que  se cuenta, sino cómo incide lo narrado en mi psiquis;( en la psiquis de cada uno de los lectores…) ¿por qué me impacta tal o cual personaje? ¿Qué es lo que me causa esta desazón?  ¿Acaso me remueve  antiguos dolores? ¿Esa madre suicida que inmortalizaste en el texto  con tanta delicadeza,  me recuerda a algún ser querido que ya no está más conmigo? ¿Por qué me atormenta  tanto ese episodio después de la muerte  de tu madre, cuando ni tú ni tu padre limpiaban, ordenaban, ni hacían ninguna labor doméstica y terminaste diciendo que se comportaban así  para que “ella lo supiera”?  ¿Tal o cual personaje se parece a mi madre, quizás, o mi tía Stella- la más querida, la que me “reconstruyó” mientras viví en su casa, todos los cuentos de “las oscuridades” familiares  que nadie quería que se divulgaran? Tu abuela Slomith, la fanática de la limpieza, vestía a  tu padre de niña. ¡No te asustes!   ¡Mi madre intentó oscurecerme el pelo a toda costa!  “De donde yerba si es puro palo”  ¿Una niña rubia, de ojos celestes con un padre negro? ¡Dónde se vio! ¿Sentís las fibras  que tocás de mi corazón? ¿Te das cuenta porqué me perturba tanto? ¿Por qué me duele que te hayas quedado tantísimos años en silencio, si eras “un niño de palabras”? ¿Qué zonas oscuras hundiste en el silencio? ¡El cambio de apellido también es negar y callar! ¡También silenciaste tus sentimientos por lamaestraZeldadesegundo!  ¡Supiste que murió en 1984 “en medio de terribles dolores” y tú- a quien ella llamaba “niño rebosante de luz”- no le alcanzaste ni una migaja de esa fosforescencia!  ¡No fue ella la que te hundió en la oscuridad!
De todas maneras, creo que quebraste tu terco silencio-“frenético niño de palabras”   con este poema que escribiste sobre ella en “El mismo mar”:
Lo que quería y lo que sé
Aún recuerdo su habitación
calle Sofonías. Entrada por el patio.
Prosa y poesía delicadísimas
Siete * años y cuarto, frenético
niño de palabras. Pretendiente                                     
“Mi habitación no pregunta”-escribía ella
“por ortos ni ocasos. Le basta
con que el sol traiga una bandeja de oro
y la luna una bandeja de plata.” Lo recuerdo.
Uvas y una manzana me dio
en las vacaciones de verano, año 46.
Me tendí en la esterilla,
niño de mentiras. Enamorado.
De papel le hacía
flores y hojas. Una falda
llevaba ella, marrón, parecida a ella,
campana y olor a jazmín.
Mujer silenciosa. Y toqué
el borde de su vestido. De casualidad.
Lo que quería no lo sabía
y lo que sé abrasa.

¿Qué tienen de común conmigo las creaciones de este israelí, que  ni siquiera debe hablar español para que a mí-que no hablo hebreo ni por señas, y que tampoco tengo-creo- ni una gota de sangre judía, me conmuevan tanto sus dolores y me produzcan una compasión y una empatía sin igual?  Algo pasa a través de sus textos a mi alma, algo tienen que remueven en lo más profundo, vaya a saber qué   sentimientos subyacentes. También hay luces para el que las quiera ver.  El  hiperbólico y triunfante amor correspondido que  irradia destellos centelleantes es uno de los mejores ejemplos:
(…) “Ese día en Hulda las vacas pusieron huevos, de las ubres de las ovejas salió vino y de los eucaliptos fluyeron leche y miel. “(…) Y yo fui al pabellón vacío de los chicos, cerré bien la puerta, me puse frente al espejo y pregunté en voz alta: “Espejito, espejito, dime, ¿cómo ha ocurrido esto? ¿Cómo he sido merecedor de esto?”
Una última y efusiva recomendación:
 ¡Hay que leerlo!

lunes, 1 de octubre de 2012

LAS TORTAS FRITAS

Suculentos manjares dorados
Las tormentas de los últimos días han llevado a  mi alma de gorda a acordarse  de las gloriosas tortas fritas-emblema de los días lluviosos-
Cuando tenía nueve años, mi padre “me reclamó”-como decían mis tíos- y allá fui a dar con unos pocos bártulos  a una casa con colchonería- el “negocio” que mi padre había montado para sobrevivir él con su familia en “la villa La Paz”-. Ahí fui  perdiendo  poco a poco mis empaques de falsa burguesita: las  lecciones de piano, de inglés, de ballet,  y el colegio de monjas, fueron abruptamente cambiados por obligaciones como secar la losa al mediodía y a la noche; lavar y planchar mi ropa, limpiar el dormitorio y  sacar al perro Cacique a dar sus paseos de evacuación. Obviamente que la escuela privada también fue “suprimida” y fui  a la escuela pública y mixta de cabeza.
 Pocas cosas dulcificaban mi horrorosa amargura por la pérdida de mi madre y el cambio de  mi placentera vida en Montevideo. Una de ellas eran las exquisitas tortas fritas que hacía La Mangacha. Las hacía tan bien  que más de una vecina aparecía bajo el influjo del olorcito característico que  salía  en las tardes lluviosas por el garaje de la colchonería y se desparramaba por todo el barrio. Al menor amago de lluvia, La Mangacha sacaba su preciado instrumental: una olla renegrida de freír que se limpiaba únicamente con papel de estraza, el palote de amasar, la grasa, la sal y la harina. Con esos pocos elementos obraba las maravillas doradas. El negro Pinela nos había fabricado “un lujo”-como llamaba  a cualquier cosa que no fuera absolutamente necesaria- se trataba de un palito de ceibo que servía para enganchar del correspondiente agujerito a la torta frita recién sacada de la grasa humeante. Cada miembro de la familia tenía el suyo. Así se podía comer el manjar crujiente sin ningún peligro de achicharrarse los dedos.
Los tortafriteros de Punta Carretas URUGUAY- no quedan dudas-¿no?

Yo no sé si  las tortas fritas son uruguayas o argentinas, porque  todos somos conscientes de que cada vez que nos hacemos un nudo con las “pertenencias” empleamos el adjetivo: “rioplatense” para solucionarlo y lo aplicamos a diestra y siniestra: Florencio Sánchez y Horacio Quiroga-por poner dos ejemplos contundentes- eran “rioplatenses” porque nacieron en Uruguay, pero lograron fama cuando “cruzaron el charco”. Incluso hace un tiempo en fútbol, circulaba una especie de chiste que decía que “los mejores jugadores argentinos eran uruguayos”. En fin, no es de la nacionalidad de lo que quiero escribir, sino de las tortas fritas y de  los tortafriteros-sus  expertos hacedores- Ya recordé a la “tortafritera” de mi infancia,  -Mangacha de “Villa La Paz”-,  que las hacía tan   exquisitas que tuvieron el don inigualable de reconciliarme con la vida.  
En Punta Carretas hay varias formas y lugares para adquirirlas porque hay “tortafriteros” ambulantes y  también establecidos. Sí, leyeron bien: “establecidos”, es decir que  tienen local, están adheridos -incluso- a un sindicato. El cartel anunciador da como una  especie de garantía de la calidad del producto que venden. ¿Cómo los encontré? Obviamente, todos los que hayan probado estas delicias, saben que  las tortas fritas despiden un olorcito inconfundible y en los días lluviosos-no como el temporal del 19 de septiembre, sino esas tardecitas que comienzan con una tímida llovizna que permite desplazarse sin mayores problemas- es suficiente dejarse guiar por la nariz.  La mía, experta desde la infancia en olfatear aromas “rioplatenses” inconfundibles como los de las  tortas fritas, los de los  “pan con grasa” recién horneados,  el asado, las morcillitas y los choricitos a las brasas, me llevó solita, un día  que andaba caminando por el barrio. Y no vayan a creer que soy la única. Vienen muchas personas tanto a pie como en auto que esperan con increíble paciencia su turno para llevarse a mordiscón limpio  los deleites crujientes.
La que amasa las delicias

El local está a la vuelta de mi casa, en la calle Joaquín Nuñez entre Ellauri y Miñones. Les recomiendo que  de vez en cuando se olviden del colesterol y de la maldad de la grasa. La vida es muy poca cosa y no tiene sentido si no nos damos un gusto de vez en cuando. Acérquense y pruébenlas. Son delis, delis y saben hacer “crunch, crunch, crunch”.
Debajo de la bandera uruguaya: "El Sindi"..... ¿Qué tal?

viernes, 21 de septiembre de 2012

¿No tiene más chico? Comprar-si se puede- es Divino

La mesita que no pudo ser mía
Hace años que llevo una lista de aspiraciones que se llama como un viejo programa de televisión: “Venga y atrévase a soñar”. Mi marido llevaba otra que se llamaba “La cajita de los sueños”. La mía-que aún sigo escribiendo- se relaciona con objetos para la casa, y la de Carlos era más que nada una lista de lugares para conocer.
Mi lista nunca fue ni es excesivamente ambiciosa, según lo que veo en el mercado anoto y voy adquiriendo en la medida de mis posibilidades. Este año compré dos cosas: un perchero y un revistero rojo. Nada del otro mundo. Lo cierto es que en los últimos tiempos noté que tengo dificultades para acceder a lo que quiero. No sé si a todos les pasa lo mismo. Hoy fui al Shopping Punta Carretas, más específicamente al Palacio de la Música donde funciona Red UTS. Mi intención era comprar una entrada para ir a ver este próximo jueves en el Teatro el Galpón a las cantantes Teresa Parodi y Ana Prada.  Me atendió una muchacha desganada a la cual tuve que repetirle dos veces de qué espectáculo se trataba y dónde se realizaba. Cuando apareció en la pantalla la disponibilidad, señalé una de la punta en la fila 10 y le extendí un billete de mil pesos. El  corto diálogo que siguió fue este:
-“¿No tiene más chico?”
-“No, no tengo más chico”- le contesté.
-“Entonces, no le puedo cobrar.”- Y me devolvió el billete de mil pesos.  
-“Bueno, muchas gracias”. Y me di vuelta sin más trámite.
Perdonen Teresa Parodi y Ana Prada, a mí me hubiera gustado muchísimo verlas cantar en ese espectáculo al que le pusieron un título tan atractivo: “Cosido a mano y a medida”. Estoy segura de que será estupendo, pero con esta “desatención al público” entenderán que me desmoralicé y quedé de capa caída. No me dio la nafta para seguir insistiendo. Sería bueno que la RED UTS pusiera robots expendedores de entradas –tipo cajeros automáticos, con cambio, claro- o que en su defecto, enseñara a sus empleadas a procurárselo si no lo tienen consigo y también buenos modales para ofrecer alguna solución al que va con la sana intención de comprar como por ejemplo, decir  con  un poquito de amabilidad: "-¿No trajo ninguna tarjeta de pago, Sra? Cambio no tengo pero igual puede pagar con tarjeta". Algo así. Quizás esa opción  sea dificilísima porque la mayoría de los espectáculos se cobran al contado, tacataca-no con tarjeta de crédito- ¿Ir a buscar cambio? ¡Eso lo puede hacer sin problemas! En primer lugar RED UTS funciona en el Palacio de la Música donde hay un cajero que casi con seguridad tiene cambio. Además, a pocos pasos funciona un cambio , y a otros pocos pasos hay varios bancos. ¿?  ¡Ah! Otro detalle: RED UTS trabaja con el horario de 12.00 a 20 p.m. Hora "uruguaya": No vayan muy cerca de las 12.00 porque no hay nadie, y tampoco alrededor de las 20.oo porque ya se fueron ¿ta?
No suelo tomar de inmediato la resolución de comprar cosas. Me gusta tomar nota en mi lista, y después ver si realmente me sirve lo que pretendo. Doy más vueltas que galleta en boca de vieja, lo sé,  pero tengo que hacerlo porque tampoco nado en la abundancia. Durante un tiempo anduve acariciando la idea de comprar una mesita de cocina roja, redonda, de tres patas. Entré un par de veces a verle los detalles sin molestar para nada  la entretenida charla de los vendedores y la cajera. El local tiene unos enormes letreros en colores rojo y blanco  que anuncian alegremente:
"¡AHORA O NUNCA! 40% OFF".
Hace unos días me decidí. Llevé la tarjeta OCA-que supuestamente era la más ventajosa- y logré interrumpir la animada charla de los vendedores que estaban todos-como corresponde- al santo botón. Uno de ellos le dijo a otro: “te toca atender a vos, William”. Y el tal William con una sonrisa de compromiso, me hizo la clásica pregunta de cajón:
-“¿En qué la puedo servir? “Señalé la mesita roja, le pedí las medidas que de mala gana tomó –el precio y las condiciones las conocía- y me dispuse con una enorme fuerza de voluntad a realizar la compra.
-“Bueno. Me la llevo.”
- “No, señora. Me dijo muy sonriente. Esta mesa es  de muestra, no está a la venta”.-“Vienen desarmadas”- me aclaró para desalentarme aún más.
-“Está bien” insistí como vieja porfiada que soy-. –“·Tráigame una desarmada, ya conseguiré quien la tornille”.
- “¡Ah no! No tenemos ninguna desarmada. Esto no es un depósito. La tiene que encargar y más o menos en una o dos semanas la podemos tener acá.”
Yo-empecinada- seguí insistiendo: -“¿Las tienen en Avenida Italia?”
“-No. Están en un depósito en otro lugar, señora. Hacemos el Voucher de OCA, y yo la llamo cuando llegue.”
Me salieron todos los traumas juntos: "Vengo del SPA; ¿estaré tan horrorosamente vestida? ¿Me están atendiendo tan mal porque además de estar de championes, calzas y campera, estoy vieja?"  Si pago con OCA y la mesa demora un par de semanas en llegar, resulta que ya estoy  pagando algo que NO TENGO EN MI CASA... ¿VOY A SER TAN PERO TAN PELOTUDA?
Finalmente reaccioné. No voy a ver a Teresa Parodi y Ana Prada, y tampoco tendré la mesita roja.
Hice lo que los “anti vendedores” querían.  No les compré nada.
 ¿Les ha pasado alguna vez algún episodio similar?

domingo, 16 de septiembre de 2012

"RADIO CICUTA"

"Pinchaglobos, anticipador de desgracias, "radio cicuta"
Sri Sri Ravi Shankar, el fundador de la ONG “El arte de vivir” vino a Uruguay.
Como ya saben la mayoría de mis lectores, el año pasado hice el cursillo y escribí algunas  impresiones en mi blog. Vuelvo a repetir algunos conceptos en forma breve: ningún cursillo nos devuelve al ser querido que perdimos, ni nos quita el pesar, ni nos devuelve la felicidad. En mi caso, se trató de mi querido esposo, mi compañero de ruta, mi  “todoterreno”, el sol de mi vida, mi otra mitad, con quien llevábamos más de cuarenta y cuatro años de matrimonio. En los tiempos que corren, no es poca cosa una  unión tan duradera. Por otra parte, los que nos conocieron, saben que éramos el uno para el otro. No es una mera frase. Es la verdad.
El  cursillo tuvo la virtud de vincularme con personas que estaban buscando lo mismo que yo: alguna alternativa para combatir la tentación de abrir la llave del gas para pasar lisa y llanamente para “el otro lado”, y, -en cambio-  volver a encontrarle sentido a la vida. A través de los ejercicios de respiración de los cuales  varios (y varias porque las tenemos a ellas también) periodistas del país se han burlado hasta el infinito, y con  prácticas estratégicas, yo logré  una especie de “mejoría” o, por lo menos,  una visión diferente a la que llevaba antes de empezar. Además, desde ese momento, tengo  un “angelito”. (Un vínculo nuevo con una persona desconocida que se establece para hacer las prácticas). Nos convertimos en amigas, nos acordamos del cursillo y nos seguimos comunicando.
Una de las prácticas de convivencia  que me pareció más efectiva para lograr un entorno armónico es-indudablemente- “no pincharle el globo a los demás”. ¿Es nueva? NO. NO ES NUEVA.  Pilar Sordo, la psicóloga chilena cuyo libro ¡Viva la diferencia!   la catapultó a la fama, publicó  el libro largamente anunciado: Bienvenido dolor donde  después de una investigación sobre la felicidad, brinda ideas para aprender a situarse frente a las circunstancias dolorosas.  “La llegada del dolor es inevitable-manifiesta- pero la elección por el sufrimiento depende enteramente de nosotros.”
En ese libro, nos describe  a este  personaje del cual tenemos que huir despavoridos. Ella le llama: “el anticipador de desgracias”. En el cursillo El arte de vivir,  lo llamaban el “pinchaglobos”; y el consejo que había que poner en práctica era: “No le pinches el globo a nadie, porque  apoyar el entusiasmo es apoyar la vida.” “El pinchaglobos”, o el “anticipador de desgracias”, es esa  infaltable “persona” que cuando le planteamos algo que vamos a hacer, o algo que nos hace ilusión, o simplemente le comentamos una noticia o una situación, no encuentra mejor cosa que  mortificarnos:
“Extrañamente, cuando una mujer está embarazada es cuando peores noticias recibe sobre embarazos malos y partos complicados. Nunca falta una “amiga” que en forma cariñosa empieza a contarnos que “la Gloria tuvo el bebé con el cordón umbilical enrollado, casi se muere, la presión la tuvo en veinticinco, el bebé nació porque Dios es grande, pero tú te has sentido bien, ¿cierto?”
Este ejemplo que “la Pili” plantea con su gracejo chileno, nos lleva al  meollo del tema que hoy voy a tratar.
No voy a hablar de las “bondades” de “El arte de vivir” ni voy a discutir si el Guruji es un “chanta” o un charlatán. Que cada cual juzgue según su real saber y entender, si es un santón  aprovechador y  o si  será-como también lo fueron los profetas bíblicos-, algún ser más adelantado que otros que propone un “modo” de vida un poco mejor que el que tenemos en Occidente. Tengo a medio escribir una crónica más extensa sobre el dolor y las posibilidades para sobrellevarlo, pero no lo voy a hacer en este momento. Ahora quiero referirme a estos “pinchaglobos” o “anticipadores de desgracias”.
Yo les elegí otro nombre: “RADIO CICUTA”, porque cada vez que hablan escupen veneno. Son “mala onda”, y profundamente negativos. Hay variantes de estos personajes, como algunos que la superstición popular asegura que  atraen  a la “yeta”-palabra coloquial rioplatense que significa “mala suerte”-. Esta idea no se ha desarrollado únicamente en el Río de la Plata.  En un interesante libro de conversaciones entre Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez, aparece el calificativo “pavoso”. (En Venezuela- el lugar donde lo aprendieron- llaman “la pava” al efecto maléfico que pueden tener actitudes, cosas y seres.) Y como Gabriel García Márquez lo  cree  a pies juntillas les huye como a la peste cuando los reconoce:
Le pregunta Plinio: ¿Qué haces cuando encuentras a una persona así?”
Y Gabriel García Márquez le contesta: “La evito. Sobre todo no duermo en el mismo lugar que ella. Hace algunos años, recuerdo, alquilamos con Mercedes un apartamento en un pueblo de la Costa Brava. Descubrimos de pronto que una vecina- una señora que vino a saludarnos- tenía “pava”. Yo me negué a dormir en aquel sitio. De día estaba allí, pero no de noche. De noche me iba a dormir al apartamento de un amigo, Mercedes llegó a molestarse por eso, pero yo no podía hacer otra cosa.” (El olor de la guayaba Editorial Oveja Negra 1983)
Lo  malo es que las personalidades negativas nos  quitan el buen humor  y nos producen malestar. En sus versiones más “livianas” son esos conocidos que nos encontramos en la calle y que nos cuentan con pelos y señales episodios que han tenido que ver con su salud, con la salud de sus allegados o con la de su mascota y nos cuentan todas sus peripecias. En sus versiones “pesadas” son como los que describe  Pilar Sordo. Todos conocemos alguno.
Saquémosle el cuerpo a los pinchaglobos, a los anticipadores de desgracias, a los seres pavosos.  Busquémosle  un sentido positivo a la vida. No nos vinculemos ni nos enredemos con seres negativos, busquemos-en cambio- a los que nos alientan a seguir adelante en el camino.  ¡Afuera los “radio cicuta”!




domingo, 2 de septiembre de 2012

STROGANOV, STROGONOFF, STROGANOFF


LIBRO:¡VAMOS A COMER!


FIRMAS DE LAS MADRES AGRADECIDAS
Una foto que colgué en facebook de una comida de origen ruso, suscitó la curiosidad. Me gustaría aprovechar la oportunidad para contarles un poco de cómo llegué a conocerla y a aprender a elaborarla y a modificarla. Hace unos cuantos años,  un grupo de madres del American Women’s Club de Montevideo, me pidió colaboración para editar un libro de cocina bilingüe. Aclaro-por las dudas- de que no fui la única que colaboró, pero sí sé que "metí mi cuchara" y que, aunque el libro no quedó perfecto-debería haber llevado más  revisión porque se deslizaron errorcitos-, contiene unas recetas deliciosas. En español se llamó “Vamos a comer” y en inglés se usó ese  verbo comodín de tanta utilidad: “Let” y se llamó “Let’s eat”. Había varias madres que hablaban español. Yo colaboré en todo lo que pude para ponerlo en “uruguayo”-de eso se trataba porque debía ser una especie de auxiliar para las familias que llegaran al país y no conocieran el vocabulario de la zona-. Mientras ayudé, tirándome bastante de los pelos para poder cumplir, aprendí muchísimo, porque estuve en contacto con amables personas que traían su español aprendido en diferentes regiones. Así me enteré-por ejemplo-  de que “mi palote de amasar” en otras zonas era “un uslero”, y que "mi pomelo", en México, era una toronja. Pude afianzar también algo que se me está “desgajando” en la actualidad por falta de uso que es el vocabulario en inglés, y –por añadidura, mientras “uruguayizaba” el vocabulario- accedí a las ricas recetas que contiene el libro. Entre ellas: dos versiones de “strogonoff o “stroganoff”. Al parecer su inventor fue un chef ruso del General Stroganov- de ahí  su nombre.  El libro tiene dos versiones: una que se llama "Strogonoff de carne" y otra que se llama "Strogonoff de lomo Lori" (por el nombre de una de las señoras: Lori Krell). Obviamente, las recetas no son originales, pero son las favoritas de esas damas. A todas las personas que cocinamos, nos gusta ampliar, sacar, poner o sea ¡modificar! ! ¡Sí!
Así que aquí tienen  "mi versión"  Rinde para cuatro personas.
INGREDIENTES:
Un kilo de carne tierna (yo uso bola de lomo pero puede ser otro corte)
4 cucharadas de harina o maicena
3 cebollines
100 gramos de manteca
Una taza de pulpa de tomate (yo uso sin sal) 
Una taza de crema doble
25 gramos de hongos secos “Boletus Leteus” (Marca: “La Abundancia”)
Una taza de vino tinto
Sazón: sal, pimienta, y pimentón picante (a gusto)
PROCEDIMIENTO:
La carne se corta en tiras o fajitas. Se pasan  por la harina o la maicena. La “originalidad” de mi receta-si es que la tiene- es que utilizo un wok  grande, cuyo origen no es ruso sino chino. El mío está totalmente “curtido”- no se le pega nada y yo estoy habituada a usarlo-. Lo mejor es calentarlo previamente y derretir la manteca removiéndola con movimientos circulares para que se impregne bien por todos lados. (Si no tienen un wok también puede servir una sartén o una cacerola grande y honda, pero apenas puedan cómprense uno, porque es un  utensilio sumamente útil  de  la milenaria cocina china).
Se derrite la manteca,  se doran-sin quemar- los cebollines cortados en medios aros y luego las fajitas de carne. Acto seguido se agrega la pulpa de tomate, la crema doble, y la sazón. Se cocina a “fuego corona” (bajo) hasta que la carne esté tierna. Ahora es el momento de agregarle los hongos cortados en pequeños trozos,- previamente hidratados en agua caliente-. Por último va la taza de vino tinto. Es aconsejable revolver en forma constante -si es con una espátula de madera, mejor-  para que no se pegue ni queme nada. Si quedara muy espeso se puede “alivianar” con el agua que quedó de los hongos hidratados. Se sirve bien caliente acompañado de timbal de arroz blanco o pasta. ¡Que lo disfruten!  Enjoy it!

"Strogonoff" o "stroganoff" terminado, listo para degustar
¿Qué diferencia al mío de las recetas de Let's it?
Lo hago con menos ingredientes y utilizo mi "wok"