domingo, 18 de agosto de 2013

ENCRUCIJADAS

Hoy leí un artículo conmovedor de Rosa Montero. UN TRIUNFO CON SUFRIMIENTO AL FONDO, que me trajo a la memoria un borrador que  estaba esperando concretarse en esta crónica. Más de una vez, pensé en eso que ella afirma en más de una ocasión: “en una vida hay varias vidas” y según sus vericuetos somos y hacemos.
Cuando me casé a finales de los sesenta del siglo pasado, habíamos dejado de estudiar pero apenas pudimos organizarnos volvimos al ataque. Con mi esposo teníamos la firme convicción de que teníamos que concluir nuestras carreras profesionales. En el Uruguay, corría la nefasta década del setenta  pero éramos jóvenes y pese a todas las contrariedades que pasábamos,  estábamos llenos de ilusiones. En 1975, conseguí un empleo en una casa de venta y reparación de máquinas de oficina. El sueldo que me ofrecieron no era mejor que el que tenía anteriormente,  pero, en cambio, me ofrecían una comisión por ventas de salón, que según el contador me iba a resultar muy beneficiosa.  La empresa –una S.R.L.-tenía tres dueños que eran socios. Concreté mis condiciones con uno de ellos. Le informé que era estudiante y que necesitaba hacer un horario especial que me permitiera llegar al Instituto a las seis de la tarde. Obviamente me preguntó que estudiaba esperando que le contestara algo así como “Ciencias Económicas” y quedó estupefacto cuando le contesté que estudiaba “Letras”. ¿Letras? –Me preguntó mirándome como si fuera una  marciana- y “eso” ¿Para qué sirve?  
Después de mi explicación, aceptó sin problemas y comencé a trabajar de inmediato. El oficinista que se retiraba fue el encargado de prepararme. El trabajo  no era difícil, simplemente había que darle ritmo, porque además de la facturación, había que atender  el salón de ventas,  los teléfonos, y- además- tenía que salir a la calle a cobrar y a “hacer los bancos”. Gracias a las tareas de exterior, caminaba muchísimo, y como si hiciera un adiestramiento especial,  había adelgazado varios kilos sin proponérmelo.  En el mismo local funcionaban dos empresas: La S.R.L. –que era el taller de reparación  donde yo trabajaba- y una S.A. que era la que importaba las máquinas de oficina. Tenía un fabuloso compañero de salón con el que me llevaba de maravillas. En realidad, me llevaba de maravillas con todos  porque  estaba  habituada a trabajar con varones y me llevé siempre mejor con ellos que con las mujeres. La fórmula es sencilla: si una los trata con naturalidad, sin hacerse “la estrecha” no hay problema, después de un tiempo, la confianza se afianza.
-Me gusta verte pasar para el fondo, porque tenés un buen culo- me dijo un día uno de los mecánicos.
– Ya me lo han alabado en otras ocasiones. Mucho mejor que el de tu mujer, ¿verdad? Le contesté.  La carcajada de los compañeros y mi rápida y agresiva respuesta lo descolocó.
En 1979 apareció un nuevo socio. Según los otros dueños,  era para “poner más capital”, pero el señor entró con mano muy enérgica a imponer sus criterios. Lo primero fue despedir a dos empleados  de medio tiempo que “pasaban los libros”.  Yo me fui un día con permiso especial para preparar un examen de Literatura Universal. Como ya lo he comentado en otras oportunidades los exámenes eran kilométricos. Había unidades de análisis de textos y otras de información general, tan interesantes como leer la guía  de teléfonos, pero había que prepararlas. Tres días no me bastaron y me pedí otro más. Cuando regresé me esperaba mi compañero de salón con cara de preocupación.
- Fulanito quiere hablar con vos antes de que empieces a trabajar- me dijo.  Fulanito parecía estar esperando mi llegada porque apareció de inmediato con su cara de pocos amigos y me espetó lo siguiente:
-Le quiero comunicar que no le permito más hacer horario corrido. Si quiere mantener el empleo, tendrá que trabajar con horario cortado. Además tendrá que tomar la licencia con el resto del personal.
-Pero Fulanito, le dije- yo estoy prácticamente terminando mi carrera, me falta apenas un año y las prácticas docentes para recibirme.
- Y bueno. Me dijo. Trabaje o estudie. Usted decide.
Y puesta en la encrucijada,  decidí.
-Voy a seguir estudiando, Señor- le dije.
-Queda despedida. Agarre sus cosas y váyase.
Fue lo que hice. Cuando salí a la calle, las piernas me temblaban. No hacía frío, era a principios de diciembre, pero yo estaba congelada. Cuando reaccioné había caminado sin darme cuenta, y me encontré cerca de  El Prado-donde vivía- prácticamente a pocas cuadras de mi casa. Llegué demudada. Mi esposo ya estaba saliendo para su trabajo. Cuando me vio, sin que le dijera nada,  me preguntó.
-¿Te despidieron?
Recién ahí me eché desconsoladamente a llorar en sus brazos. El mundo se me vino abajo. Con mi sueldo y mis comisiones-que eran buenas- pagábamos la cuota del primer apartamentito que compramos por medio del Banco Hipotecario. La cuota era altísima y se ajustaba anualmente. Con el sueldo de mi esposo, comíamos y nos mal vestíamos. Tener que prescindir de mi ingreso era  realmente una  verdadera catástrofe.
-No te preocupes,  me dijo Carlos:- “Dios aprieta pero no ahorca”.  Te tienen que pagar seis meses de despido y tendrás otros seis meses de Seguro de Paro. ¡Vamos! ¡A sacar al Perrito Extra! *
Dios no me ahorcó. Conseguí otro empleo, paliamos la situación hasta que terminé la Licenciatura y me convertí en Profesora.
Otro “triunfo con sufrimiento en el fondo”.
El taller y la empresa de importaciones se fundieron. La foto que ilustra esta crónica es de los locales abandonados.
Como muy bien dice Rosa: “en una vida hay varias vidas”.
Hoy les conté una de las tantas  mías.

*En Montevideo, se editaba un diario que se llamaba “Extra”. En su primera página tenía un perrito que mostraba sus dientes.

Etiquetas: encrucijadas vidas varias, estudio, despido, empresas, sufrimiento, triunfo, Rosa Montero,


domingo, 11 de agosto de 2013

NUEVA MODALIDAD: AMISTADES VIRTUALES

En este mes de la nostalgia en  Uruguay empecé a pensar sobre cuántos aspectos se puede sentir ese sentimiento tan especial y encontré éste sobre el cual hace tiempo que quiero escribir: la amistad.
Vengo de  una época en la cual todas las amistades se construían “persona a persona”, y los  vínculos se establecían según los lugares que frecuentábamos. De niños, la vereda era un lugar especial para hacer amiguitos. Digo amiguitos porque –al menos a mí- me gustaba mucho jugar con varones. Felizmente, los primeros años de niñez los pasé con mi madre que me permitía las amistades del sexo que quisiera. Lo único que no quería era que me trepara a los árboles-jugando a Tarzán o “los cowboys” que decíamos “cobois”- pero no por considerarme una “machona”-como se les decía a las niñas que renunciaban a la cocinita y a  los juegos de té para jugar a los vaqueros con unos pistolones que merced a unos papelitos con pólvora hacían “pum”-, sino porque temía que me rompiera la crisma en una caída. Mi mejor amigo de la  infancia se llamaba Jorgito. Y digo “se llamaba” porque nunca más lo vi.  Vivía en la misma cuadra de la calle Cerro Largo entre Magallanes y Minas.  Usaba pantalones cortos, camisa, buzo, zapatos-no se estilaban aún los championes- y la mamá lo peinaba “a la gomina” con un jopo que le quedaba muy bien. Era un niño  buenísimo que me prestaba con naturalidad un hermoso revólver que le habían dejado los Reyes Magos. Éramos novios y todo, lo cual consistía en sentarnos en el escalón, después de jugar en la vereda, y agarrarnos de las manos.
Otro lugar de vinculación era la escuela, mientras vivió mi madre, me mandó  a una escuela de monjas donde sólo íbamos niñas. Ahí tuve varias amigas que tampoco volví a ver  más cuando me llevaron para la Paz. La más bonita de todas se llamaba Guillermina. Tenía un año más que yo, y la mamá la dejaba usar medias de nylon- a mí no, porque las habría hecho trizas jugando a “los cobois”.
En la Escuela Pública hice muchas amistades. Algunas las he recuperado por Facebook.  Recuerdo especialmente a  un compañero de 6to. año con el cual nos dábamos unos besos cinematográficos a la hora del recreo, mientras otros dos  vigilaban que no apareciera ni la Directora ni la maestra.  Se llamaba Héctor. No  era “aplicado”- para los besos sí, pero no para estudiar-. Como ven, las relaciones eran absolutamente “persona a persona”.
Sin embargo, en la actualidad, con el avance tecnológico, las amistades se cultivan de otra manera. Tanto es así, que  cuando las uruguayas que integramos el Club de Libros de Rosa Montero, decidimos ir a la Feria del Libro de Buenos Aires, a conocerla,  tuvimos que reunirnos en un bar para vernos por primera vez, y con la argentina, nos encontramos y nos reconocimos en la misma Feria.
El grupo del Club de libros de Rosa Montero y el grupo Magenta, lo integramos personas de distintos lugares con intereses afines: la literatura de Rosa y la literatura en general.  Somos “amigos” por facebook, nos damos abrazos y besos virtuales y nos queremos montones-también virtualmente-
Sin embargo,  la afinidad se ha dado de tal manera que estamos experimentando lo hermoso  que va a ser poder reunirnos, conocernos, “en vivo y en directo”, y charlar sin parar durante horas y horas. Los españoles ya lo han hecho y están planificando otro espectacular encuentro.  Del lado de acá, va una de nosotras. Indudablemente, llegará el día en que nos podamos encontrar todos.  ¿Por qué no?
Yo no niego que la virtualidad sea una ventaja. Al contrario. Nos permite comunicarnos, intercambiar opiniones, fotos, canciones y sentimientos. Ya no necesitamos mandar cartas o telegramas, podemos chatear, mandarnos mensajitos y hasta hablarnos y vernos por Skype. Pero… ¿Qué quieren que les diga?
Cuando Rosa Montero nos reconoció en la Feria del Libro de Buenos Aires,  y dijo: “¡Mis chicas!”,  y  se abalanzó a abrazarnos y besarnos, mientras  nosotras nos derretíamos de emoción, todas entendimos de una vez  y para siempre que nada sustituye el mirarse a los ojos, sonreírse, besarse y abrazarse efusivamente “de verdad”.

martes, 6 de agosto de 2013

DE LA NOSTALGIA Y OTRAS YERBAS

A raíz de las  “alertas” de mi hermana menor en Facebook sobre la “Noche de la Nostalgia”, empecé a concebir la idea de escribir sobre el tema.
La etimología de la palabra nostalgia tiene implícita la idea de sufrimiento, porque significa “deseo doloroso de regresar”. La RAE  menciona como  primera definición: “pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos”, y en segunda acepción: “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”.
La Noche de la Nostalgia del Uruguay, tiene algo de eso. La creó Pablo Lecueder el 24 de agosto de 1978.  Se trata de recordar, de volver atrás, pero acompañados por la música.  Tuvo tanta repercusión al cabo de los años, que se convirtió en una de nuestras tradiciones. Hay festejos por todas partes y de todo tipo, desde boliches que pasan música de los 60 hasta los que “nostalgian” con temas de la década del 90. Hay para todos los gustos y edades.
Yo colgué  una foto en Facebook para que  mi hermana tuviera un poco de  nostalgia familiar. Ahí estamos las dos, ella con sus tres  añitos recién estrenados y yo con mis 18. Volvamos un poco atrás. ¿Cómo era la vida para nosotras en  1964? Sin lugar a dudas, nos sonreía prometedora.  Yo trabajaba,  estudiaba y tenía novio. Había obtenido el permiso paterno para tener la llave de la casa y entrar y salir cuando quisiera. El Negro Pinela, mi padre, no fue  un hueso fácil de roer. Sin embargo, después de grandes discusiones no tuvo más remedio que aceptar el hecho de que no iba a poder domar a la   rubia, de ojos azules-él era negro y no creo que hubiera aceptado lo de “afrodescendiente” porque se decía a sí mismo: “el negro Pinela”- a esta beligerante hija grande, -de su primer matrimonio- “jurguillo”, “sanforizada”- palabras que empleaba para describirme y que pude ver felizmente recuperadas en el Diccionario del español  del Uruguay-.
Aclaro los significados por las dudas:
El “jurguillo” es una  pícara criatura, una especie de diablillo simpático pero travieso.
El  “sanforizado” era un proceso que se les hacía a las telas para que no encogieran con el lavado. Cuando mi padre aplicaba  este adjetivo a una persona, equivalía  a describirla como aguerrida. No la empleaba con el significado de  mala o putona- porque para eso tenía otra expresión  del “turf”: “liviana de cascos” –sino que significaba de  naturaleza guerrera. Tenía razón, no sé si por temperamento o por las circunstancias negativas que tuve  que sortear pero sé que  entré tempranamente en  “la lucha que es cruel y es mucha” –como bien dice el tango de Discépolo-. Mi padre a esas alturas, ya había entendido el carácter de su hija mayor y la aceptó así.  Al año de esta foto en la que lucimos tan felices con Juanita, se enfermó y murió. Aún menor de edad, tuve que venirme a  Montevideo a vivir a la casa de mis padrinos. Otra enorme vuelta en la rueda de mi vida.
Vuelvo a mirar la foto. Se nota el cariño entre Juanita y yo por la calidad  distendida de  nuestro abrazo, ella, con una de sus manos  sobre mi hombro y yo agarrando  una de las suyas con la misma actitud afectuosa.
 Observo y recuerdo detalles. Tengo puestos anillo, pulsera y reloj. Este último era un “Milus” de oro, regalo de un  novio que a la fecha ya me había dejado- ¿Por qué? ¿Era  demasiado “liberal” en mis actitudes y no iba  a ser una buena esposa? Quizás. Recuerdo que Juanita empezó a caminar con él. Yo la  tenía en los brazos,  él venía a visitarme y la beba largó tiernamente sus primeros  pasitos tambaleantes para alcanzarlo. Pero para esta fecha, 9 de febrero de 1964, yo ya   tenía otro novio, bueno, afectuoso, un sol que “me amó y me contuvo”-como dicen las argentinas- y para quien fui siempre su “gurisa divina”-aunque me levantara de mañana con los remolinos alborotados-. Fue  mi  amante esposo, mi compañero de ruta durante  cuarenta y cuatro años y siete meses, hasta que lamentablemente se enfermó y se me murió.  Y otra vez, la tremenda vuelta en la rueda de mi vida.
Juanita: ¡Qué lejos estábamos en esta foto de estas vicisitudes!




lunes, 22 de julio de 2013

PERÚ POR SIEMPRE PERÚ CONSEJITOS PRÁCTICOS PARA DISFRUTAR DEL VIAJE

La clásica posta del Machu Picchu, lo único novedoso es que la saqué yo
Anduve dando vueltas y más vueltas para ponerle título a esta crónica. En un principio me había gustado mucho: “Perú, vale un Perú” pero al “googlear” para ver si estaba o no utilizado el título, constaté que hay una página web  de lineamiento turístico que se llama así, por lo tanto, ni modo.
Al  final, no muy conforme del todo me decidí  por “Perú por siempre Perú”. La razón es que  fui por segunda vez y me he dado cuenta de que no se agota en un paseíto turístico estándar  realizado por una agencia. Perú tiene valores culturales extraordinarios y deberíamos pasar más de quince días en cada lugar para decir que  conocimos algo.
AQUÍ  VAN LOS CONSEJOS COMENTADOS:
 En primer lugar: como los aviones son  tan incómodos, hay que elegir  alguna compañía con “vuelo directo”. El año pasado fui exitosamente por TACA. Este año fui por LAN y –lamentablemente- al hacer conexión con Santiago de Chile, el viaje- sobre todo el de la vuelta- se volvió interminable. Además, es absolutamente necesario lograr los asientos más adecuados. Los “air bus” son eso: “ómnibus del aire” por lo cual se viaja como en los susodichos de tierra: apretados como sardinas en lata, con el agravante de no poder moverse ni para ir al baño porque los capitanes, con el asunto de que hay que atravesar la cordillera y los avioncitos se mueven como cocteleras,  se encargan de mantenernos atados a los asientos durante toda la travesía. Lo mejor es viajar en asientos que den al pasillo, porque en alguna distracción del capitán y/ o azafatas, se puede hacer una escapadita al baño. Los peores son los asientos que dan a las ventanillas porque como están alineados   de a tres, para salir hay que molestar a dos personas. Lo ideal  es viajar con otros- de a tres, claro- y lograr que nos complazcan y nos pongan juntos. Hay asientos “preferenciales”.  Son los que están en la puerta de emergencia, y los primeros después de la clase “A”. Es difícil conseguirlos,  pero no imposible. El arreglo tiene que hacerse   ANTES de pagar porque después no hay  remedio. Insistan. Tampoco se  dejen engatusar con la idea de que “los ponen unas horas de espera para la conexión en la sala VIP” porque la VIP de VIP no tiene nada, salvo comida y bebida, y ustedes no son seres para carnear. Además no es nada aconsejable comer como bestia antes de viajar. Vi a unos cuantos vomitando en las consabidas bolsitas de  papel por haberse atragantado desaforadamente  con todo lo que había en la VIP. Las sillas VIP son cuadradas y te dejan el queteconté  ídem, además si intentás estirarte en alguna, una empleada con cara de pocos amigos te dirá que no se permite echarse en las poltronas, que te dirijas a la sala donde  hay apoyapiés.  Cierto. Hay sala con apoyapiés, sí,  con las mismas incómodas poltronas cuadradotas  pero tan helada que cualquier ser humano sensible desiste de inmediato el placer de  poner las patitas para arriba.
Si el guía acompañante se pone   medio impertinente y se empecina en no dejarte usar el baño  en el momento apropiado- es decir cuando tenés necesidad- no le hagas caso. Andá cuando lo necesites, y, además, decile que ESO no se debe ni puede prohibir de ninguna manera. Imponete. Es cuestión de salud.
Los trámites de migración son –para variar- sumamente burocráticos. Hay que exhibir en cada uno de los hoteles el famoso papelito con el sellito de entrada  y la cédula o el pasaporte que serán  fotocopiados rigurosamente cada vez que te muevas. Entre hotel y hotel perdí el papelito. La transportista me hizo el trámite, pagué la multa y después anduve “atada”  durante todo el viaje a la documentación; reclamaba su devolución apenas era  fotocopiada. Ojito: No basta con haber entrado; en cada hotel se certifica que una es turista y que se queda durante tantos o cuantos días con X excursión.
Muchos hoteles tienen restaurante pero son “tempraneros”, así que si por alguna circunstancia después de un paseo se llega tarde, -como nos pasó a la vuelta de Machu Picchu-,  es conveniente traerse algo para comer en la habitación porque de lo contrario, habrá que salir  a buscar algo para hacer boca.
Otro interesante arreglo a realizar con respecto a los hoteles es obtener la posibilidad  de un late checking out.  De esa manera se evitará  tener que quedarse un montón de horas sin derecho al uso de la habitación. ¿Por qué?  Porque  “despachan” a las 9 de la mañana- con mucha suerte a las 10- pero vienen a buscar a las 15 horas. Un verdadero disparate. Para el que quisiera,  mediante el pago de un importe adicional, habría que asegurarle el uso de la habitación hasta-por lo menos- un par de horas antes de salir.  El año pasado lo logré. Este año, no. Por eso lo enfatizo ahora en estos consejos.
Después de llegar y tomar posesión –en todos los sentidos- de la habitación en el hotel- hay que sortear otro inconveniente: NO HAY BIDÉLcopio textual lo que dice la   RAE:
Del fr. bidet, caballito).
1. m. Recipiente ovalado instalado en el cuarto de baño que recibe el agua de un grifo y que sirve para el aseo de las partes pudendas.
 
Bidé "clásico"
¡Clarito! ¿No? Mi padrino que trabajó en la construcción, recién llegado de Italia, fue uno de los primeros en  instalarlos en Uruguay. Según él, como nadie los había visto antes, se empezaron a instalar con las canillas contra la pared, pero él, que sabía lo de “caballito”, pensó siempre que la forma de instalarlo debería haber sido al revés: con las canillas “a mano”-para manejarlas con comodidad y no desde atrás- y,  para usarlos montados-precisamente “a caballito”.  Lo cierto es que el adminículo para nosotros, los rioplatenses, es de rigor. Por algún lado leí que hay otras culturas que no lo usan porque consideran  que el chorro de agua tibia puede ser excitante para las mujeres. Yo confieso que nunca lo usé con esos torvos y malignos fines y sigo sin entender que se prescinda de ellos en sofisticados hoteles 4 o 5 estrellas. En algunos he visto que ponen una perversa ducha manual. No la adjetivo así porque pueda ser excitante-aunque quizás lo sea,  en este mundo donde Alessandra Rampolla exhibe impúdicamente  tantos   chichitos sexuales nunca se sabe-  sino porque cada vez que se la intenta usar, la muy hija de puta hace lo que quiere. Tiene y actúa con vida propia. Te moja la ropa, el pelo, el reloj, los lentes, las toallas, la ropa interior que dejaste en el perchero, el cepillo y la pasta de dientes, el secador de pelo, la jabonera, todo. Menos el culo.
¿Solución? Toallitas húmedas de bebé. Absorbentes, delicadas, perfumadas.  “No es lo mismo aserrín que pan rallado”, pero ayudan.
También pueden plantearse otros inconvenientes, como el de que la caldera del hotel se rompa y te tengas que bañar con agua helada  en la congeladísima  mañana o noche cusqueña. El guía acompañante que llevaste de Montevideo, no te dará pelota y te dirá que “las calderas se rompen”. Así nomás, por lo tanto, las mismas toallitas húmedas que solucionaron tu problema de “falta de bidé” también te auxiliarán cuando te resistas a una ducha  helada. Todo sea por Perú, que bien vale la pena.
Después de estas pequeñeces, -al fin y al cabo, a estas alturas, tenés que saber que los cronopios NO viajan sin inconvenientes-, dedicate a disfrutar de Perú, que tiene tanto para mostrarte.

Los city tour son todos interesantes, pero estoy segura de que el  Museo Larco Herrera  acaparará tu atención con una extraordinaria colección de objetos de  oro y plata del Perú, pero sobre todo por la apabullante colección de arte erótico. Allí verás con ojos asombrados que en materia de sexo, no hay nada nuevo bajo el sol. Los Incas lo sabían muy bien. La guía te dirá que las esculturas se refieren a la fertilidad, y tú la escucharás con mucha atención tratando de que tu semblante no exhiba ninguna muestra de incredulidad  o protesta enmascarada, como: “¡Qué fertilidad ni fertilidad eso es sexo anal!”
Otra cosa buena de  este museo es que pude usar -adecuadamente- el correspondiente gabinete higiénico femenino.  En otros lugares, me metí al baño masculino por confusión con algún sofisticado y ambiguo símbolo indicador. Acá estaban bien claritos. No me cupieron dudas.
 
Hasta un cronopio como yo pudo distinguir para dónde ir
Cuando vayas a Cusco tendrás que aclimatarte convenientemente a la altura. Lo mejor es tomar té de coca, -no en ayunas por favor- llevar agua para tomar durante los paseos, y comer liviano. Hay muchas tentaciones en las comidas y bebidas, pero la discreción y no salir en exceso de lo habitual te librará de retorcijones y otros malestares digestivos.  A la noche, en la cena, podrás pedirte el trago estrella del Perú y cenar con él: UN pisco sour. UNO SOLO. Si cometés la imprudencia de tomarte dos o  tres te irás,-lamentablemente-  gateando hasta tu habitación. Además, a cada uno de los de  la excursión que te encuentres por los pasillos le tendrás que explicar con cara de circunstancias que la exposición al sol durante el día te puso roja como un tomate. Por favor: no vayas a confesar  que son los dos o tres pisquitos  que tenés entre pecho y espalda.
De Cusco se dice que es un “museo al aire libre” y es verdad. Todas las obras que quedaron de los incas son asombrosas. El guía local te va a dar muchas explicaciones que son más bien suposiciones. Vos mirá, deleitate  con lo que ves, admirá la extraordinaria labor de inteligentes seres humanos que existieron antes que vos, y pensá por un momento en lo vano de todas nuestras estúpidas preocupaciones sin sentido.
 
En plena etapa de admiración
Para ir a Machu Picchu no te recomiendo-de ninguna manera- el tren EXPEDITION- que fue el que nos llevó a nosotros-, porque está bastante destartalado. Al punto de  que a dos compañeras se les mancharon los gabanes con grasa de máquina que había sobre las mesas y posa brazos. La verdad  es que por ese accidente, como compensación, nos dejaron volver en el tren  VISTADOME- que no está tan venido a menos-donde ofrecen una merienda presentable, bailes  y un entretenido show de modelos. Ese es el tren que tenés que elegir.  Lo mejor es que lo tomes  en la estación Poroy-que queda a unos 20 minutos del Cusco-no desde Ollantaytambo, por favor,  porque queda mucho más lejos y hay que hacer una hora y media en el incómodo  y trastabillante micrito, más otra hora y media de tren.  En el VISTADOM saliendo de Poroy,   la travesía dura tres horas, pero es cómoda,  entretenida, placentera, y con un paisaje inigualable para ir fotografiando. No te dejes engañar. Acordate: VISTADOME desde Poroy. ¿Ta?
En el VISTADOME con el Saxra o Sajra-"diablo cascarrabias"-

Como en el tren no te dejan viajar con una maleta grande y solo te permiten un pequeño bolso de viaje, tenés que seleccionar en Cusco, cuidadosamente, la ropa que vas a llevar. Yo cometí la estupidez de llevar únicamente los pantalones que tenía puestos. Como el hotel de Aguas Calientes, quedaba en un bajío, me los embarré completamente, los tuve que lavar, y pagar para que me los secaran. Como resultado, tuve que estar en paños menores en la habitación hasta que la empleada- con el connotativo nombre de Milagros- me trajo la prenda seca. Obviamente por este inconveniente me perdí el pisco sour de bienvenida y una  vuelta por el pueblo de Aguas Calientes. Cronopio, cronopio, buenas salenas, baila tregua y catala.
Machu Picchu es indescriptible. Además de la energía que se respira, es un lugar de ensueño. Bien vale la pena sufrir estos inconvenientes.   Así  se   aprende a viajar. Algún día lo haré por mi  propia cuenta,  con más  conocimiento de causa, sin más intermediarios que los necesarios, seleccionando cuidadosamente destinos, hoteles y paseos.
Perú, por siempre Perú.
  
Mujeres tejedoras en un comercio del Shopping limeño

sábado, 22 de junio de 2013

MERECIDÍSIMA DISTINCIÓN A EDUARDO GALEANO

Eduardo Galeano al comienzo de su exposición
(Sobre “El libro de los abrazos” Eduardo Galeano.)
"Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de "muchos"... Es un equívoco que ha fragmentado los lazos de solidaridad, que ha condenado a este mundo de finales de siglo a tener hambre de abrazos, a padecer de soledad, el peor tipo de soledad: la soledad en compañía. Es el mismo proceso que se manifiesta con la pobreza.”
El 21 de junio de 2013, en la Sala Julio Castro de la Biblioteca Nacional, nuestro querido Eduardo Galeano recibió una distinción de la Academia Nacional de Letras, en ocasión del Día del Libro,  por su producción como trabajador y explorador de la cultura.
En esta oportunidad, gracias a la diligencia de la Sociedad de Profesores de Idioma Español (SPEU)  y a la Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay (APLU),  que me enviaron por mail la noticia, pude asistir a tan emotivo acto.
La meritoria y vasta labor de Eduardo Galeano como explorador de la cultura-como a él le gusta más que lo llamen-   fue premiada con  una placa de bronce que fue realizada por Gustavo Serra, con un diseño de Francisco Matto.
El académico Pallares que  habló sobre la obra de Galeano,  risueñamente al pasar  dijo que tenía pocas páginas  escritas con letra grande. Yo me temía un extenso discurso estructuralista, pero fue muy  fiel a su consigna y realizó una exposición somera y muy acertada.
A Galeano siempre es un placer escucharlo. Leyendo sus propios textos o –como en esta ocasión- hablando de  su labor. Fue –como siempre- elocuente, certero, y enternecedoramente humano.
En la concurrencia, sin lugar a dudas, asistieron varias personalidades, entre ellas otro espectacular explorador de la cultura que tanto nos deleita con su música y sus programas: Daniel Viglietti.
Juntos: Dos de nuestros más prestigiosos exploradores culturales Eduardo Galeano y Daniel Viglietti

Mucha gente esperó la ocasión para saludar a Galeano que con paciencia infinita firmó libros, y con su proverbial simpatía y don de gentes repartió  besos y abrazos. Una joven  que se sentó a mi lado, me dijo que  en la Feria del Libro de Buenos Aires, había esperado seis horas para lograr acercarse. No sé si lo pudo lograr esa vez en que Galeano fue rodeado como si fuera  una rutilante  estrella de rock-  pero  en esta ocasión, sí - estábamos en la primera fila, sentadas a poquitos metros, en una ceremonia cálida y hasta si se quiere íntima-    por eso me decía-  muy contenta -  a cada momento: “nunca lo tuve tan cerca”.
Galeano firmando mi ejemplar de "Los hijos de los días"

Yo también me animé. Obtuve  su firma, y una foto en la que estoy con los pelos alborotados- me saqué el gorro- y boquiabierta como de costumbre. Felicísima-también- porque como dijo la joven-“nunca lo había tenido tan cerca”.

Querido explorador: muchísimas gracias por  habernos  entregado tu inolvidable  universo luminoso.

martes, 11 de junio de 2013

FUERA DE FOCO

"FUERA DE FOCO" pero con Rosa Montero....
En estos nuevos entornos virtuales, tenemos oportunidad de acercarnos más a los  cronopios-esos seres surrealistas que creó Cortázar hace ya muchos años, pero que siguen aún dando sus vueltas por el  mundo-. ¿Cómo son? Físicamente Cortázar no nos da muchos detalles, apenas  que son verdes y húmedos-vaya una a saber porqué- sin embargo, sabemos bastante en cuanto a sus  actitudes y andanzas.  Todo cronopio que se precie, sabe que siempre que viaja, tendrá que sortear obstáculos y dificultades. No importa cuánto se afane para que las cosas le salgan bien. Los inconvenientes están en su “mapa genético”-por llamarlo de alguna manera-
En las redes, vamos tratando/ conociendo distintas personas. Por ejemplo: en facebook, en el Club de Libros de Rosa Montero, formamos una heterogénea pandilla de “fans”. No únicamente de sus libros, porque ella- que es muy generosa-,  nos cuelga los artículos que escribe en El País, y las crónicas de los periodistas sobre sus publicaciones.  Creo que ya lo conté por algún lado, pero no acá. Yo me acerqué al Club, cuando ella pidió que subiéramos una foto –nuestra- de diez años atrás y otra de la actualidad-. Me pareció una idea simpática. A veces nos gusta ver cómo hemos cambiado según lo atestiguan las fotos. Subí  una de 1995, y otra del 2011- el año que hizo la convocatoria- Creo que fue al día siguiente que me contestó algo así como: “en la foto actual, tienes la mirada llena de vida”. ¿Quién es capaz de no derretirse ante una frase como esa? Empecé a participar. Los territorios virtuales indudablemente son diferentes a los reales. No se trata de una “segunda realidad” sino de otra forma  de interrelacionarse.
 Hay  “fans” que  estaban- y aún están- “escudados” en nombres de fantasía- seudónimos- y fotos de chirimbolos, mariposas, dibujos animados, personajes de la historia, y un sinfín de objetos que no nos muestran a la persona tal cual es. En esos casos tenemos que imaginarla, o adivinarla. ¿Rubia, morena, pelirroja, alta, baja,  gorda, flaca, de mediana edad, o jamona como yo?  Me parece que la idea es cuidar/se para que sus fotos o sus gustos no sean publicados en “vivo y en directo” y no se sepa de ellos más de lo que quieren divulgar. A mí no me preocupa que los que acepto en plan de amistad vean mis fotos, o lean lo que escribo, siempre y cuando se mantengan en un ambiente de respetuosa y mutua camaradería. Tampoco me preocupan las diferencias de edad,  porque fui profesora muchísimos años y  aprendí a relacionarme cómodamente tanto con los jóvenes como con los mayores. En este grupo-dicho sea de paso- creo que soy una de las más “grandes”- como dicen los argentinos para “alivianar” la notoriedad de la vejez-. La verdad es que no me intranquiliza  porque nos ha unido  una pasión común: la lectura. Todos somos lectores “adictos”. Los libros de Rosa, por supuesto, pero dos por tres, “saltamos”-como también lo hace ella- de un libro a otro,  de ella misma o de  otro autor. Hemos tratado-vanamente- de mantener cierta cordura. Imposible.
Conociéndonos con Mirta en "La Giralda"- con los libros de Rosa "Historias de mujeres"-

Constituimos una pandilla heterogénea. Yo creo que la mayoría somos “cronopios”. Hay- cómo no- algunos famas y esperanzas, que no  son ni malos, ni mejores. Simplemente, son distintos: ordenados, meticulosos,  cuidadosos, severos guardianes. Nos increpan, nos dan tironcitos de orejas, nos llaman al orden. Y nosotros, nos divertimos tirándoles piedritas de colores. ¿Qué quieres tú? ¿Que sea una meticulosa  con todo puesto en cada uno de los casilleritos? ¡Jajajaja! ¡No me hagas reír, por favor! ¡Los casilleritos fueron hechos para reírse, evadirlos y divertirnos!
Un buen día, nos enteramos de que se iba a celebrar la Feria Internacional de Libro en Buenos Aires. ¡El sábado 4 de mayo estaría Rosa hablando de su último libro y  firmando ejemplares!  ¿Tú fuiste alguna vez? No. ¿Y tú Laura? Yo sí. ¿Vamos Mirta?  Vamos.  ¿Cómo nos reconocimos las uruguayas? Nos dimos cita en el Bar “La Giralda”, enfrente al Hospital Pereira Rosell. Como nunca nos habíamos visto, nuestro talismán de presentación fue  el libro de Rosa “Historia de Mujeres”.  ¿Y con la argentina Laura? No vive en Buenos Aires, Capital, sino a 300 kilómetros de allí, en una localidad que se llama Lincoln. Hubo paro de micros pero ella llegó igual en uno privado. ¡Nos encontramos en la Feria! Pasamos una tarde sensacional, hicimos cola para escuchar a Rosa, hicimos otra  para verla en el stand donde nos firmó los libros y finalmente con Laura, la argentina, terminamos esa noche cenando  en “La Casa de Aníbal Troilo”.
Mirta, Laura y yo-finalmente reunidas en la Feria del Libro de Buenos Aires-

¿Por qué llamé a esta crónica “fuera de foco”?  En el comienzo escribí sobre los viajes de los cronopios y sus múltiples peripecias y en otro párrafo conté sobre la heterogénea pandilla de “fans” del Club de libros de Rosa Montero. Como buen cronopio, saqué fotos  de la feria, a mis nuevas amigas mientras Rosa les firmaba los ejemplares y también  le pedí a un vigilante que me sacara una foto mientras Rosa firmaba el mío.  ¿Mis amigas me sacaron más fotos? ¡No! Por lo tanto, la única foto que me quedó es la “fuera de foco”. Lo del título. De todas maneras, regresé feliz porque  conocí a Rosa y disfruté de la compañía de nuevas amistades. Mirta y yo no pudimos volver juntas porque el buque regresaba absolutamente colmado y no hubo manera de cambiar asientos. En el freeshop no aceptaban dinero ni argentino ni uruguayo; únicamente operaban con dólares en efectivo o con tarjeta. Compré chocolatines para mis amigos y un perfume para mí. Cuando llegué me di cuenta de que aún seguía “fuera de foco”: me faltaron la mitad de las golosinas y el perfume que compré con la tarjeta de crédito resultó ¡”masculino”!  ¡Sin palabras!

domingo, 26 de mayo de 2013

VIEJUCÍN POR VIEJUCÍN

Diario del viaje de mi vida en fotos
Al escribir sobre María  Lejárraga conté que tenía un libro de Gregorio Martínez Sierra: “Tú eres la paz”-que heredé de la biblioteca materna. Todo lo que no era de gran valor llegó a la casa paterna de La Paz-donde fui a vivir después del fallecimiento de mi madre-
 ¿Por qué traigo esto a colación? Porque hoy quiero explicar porqué mi blog se llama: “Cosas de viejucín” y para eso me tengo que remontar a  mis primeros años de  infancia. Mi madre tenía  una pareja que se llamaba Federico. Le decíamos  Fredy. No recuerdo cuándo vino a casa porque yo era muy chica, pero sí sé que fue  un padre para mí,  hasta que –de pronto- tuve que recordar que tenía otro que antes me visitaba  y que al fallecer mi madre, reclamó la tenencia.
Una amiga entrañable me regaló un “álbum de viaje” y yo fui llenándolo de fotos. Fotos de mi madre-en distintas actividades y lugares- fotos de Fredy, fotos de sus sobrinas, fotos de sus hermanas, fotos mías, fotos de mi esposo, fotos de los dos, fotos y más fotos. Cuando estudié psicología me di cuenta de que aún siendo una niña, sin saber nada científico sobre la manera de preservar  los recuerdos, esto es: sin tener ningún conocimiento fehaciente, había armado con ese álbum  un “cajón de recuerdos” que atesoraba  mis  primeras vivencias.
Fredy era un rubio grandote, alegre  y de sonrisa bondadosa. Era diseñador de joyas-por eso mi madre tenía muchas-  A mí también me diseñaba  unas primorosas pulseras con estrellitas-él decía que yo era una estrella, supongo que por el nombre- y medallas que lucían de un lado mi  nombre y del otro un sagrado corazón de Jesús o una virgencita  o una estrella que hacía juego con las de las pulseras. El último regalo que me hizo fue un corazoncito de oro que se abría y tenía posibilidades de poner una foto de cada lado. Lógicamente yo tenía una de él y otra de mi mamá. Además de las pulseras y los colgantes me traía Billiken- una revista que estuvo en boga en la década del 50 del siglo pasado y que yo me devoraba de punta a punta- y muchos libros de cuentos. Vivíamos en el Cordón.  Cuando hacía buen clima me sacaba con el triciclo a pedalear  por la calle Minas, hasta la que llamábamos “la placita de los bomberos”.  Él  me seguía a pie por todos los recovecos por donde me metía. En ese entonces, la plaza era un lugar apacible y seguro. Me acuerdo de los festejos del Mundial del  50. Yo tenía cuatro años, y me quedó la idea de que era una especie de carnaval que desfilaba por mis ojos asombrados mientras iba en los hombros de Fredy que gritaba como un energúmeno: - ¡Uruguay! ¡Uruguay! ¡Uruguay! ¡Gritá conmigo, Viejucín! ¡Uruguay! ¡Uruguay! ¡Uruguay!
Él me apodó Viejucín. Era un apodo cariñoso y a mí me gustaba. Me sonaba lindo “Viejucín”, probablemente porque me lo decía  mientras me acariciaba los rulos.  Después que me fui a vivir con la familia paterna a la Paz,  me tuve que separar de Fredy. Era la pareja de mi mamá, pero no mi papá, y el mío reclamó sus derechos. Yo tenía nueve años, por lo cual no pude decidir ni que  sí ni que  no. Lo que sí juré-con esos poquitos años- que nunca pero nunca en mi vida le iba a hacer a otro ser humano lo que me habían hecho a mí.  Nunca más supe de él.
 Vaya ahora, a su memoria, este “viejucín por viejucín” con el profundo agradecimiento  por los años dorados en su compañía.
 

Fotos del álbum de la vida
Mi querido Fredy, en el Prado 1953 , conmigo que tenía 7 años  y su sobrinita de mi misma edad

lunes, 6 de mayo de 2013

LA CASA DE ANÍBAL TROILO

Una de las excelentes parejas de tango
Hacerse una escapada a Buenos Aires, esa fascinante megalópolis del Sur, y no ir a un espectáculo de Cena- Tango Show es inadmisible para mí.  El tango tiene sabor a  paraíso infantil. En mi familia  había músicos, mi madre cantaba con voz cristalina y melodiosa,  y gracias a esos factores, conozco una considerable cantidad de letras. Esta vez, desde  Montevideo, me informé de varias maneras: página web de “Todo tango”-  San Google y sus informes. Elegí al azar una media docena de lugares y los   contacté por teléfono para tener una idea más cabal.
Desde esas primeras averiguaciones,  me había gustado el local que se llama “La Casa de Aníbal Troilo”, probablemente porque había visto el programa de Silvio Soldán-afamado conductor de programas tangueros- que se trasmite desde ahí-  y, además-  por la buena disposición de quien me atendió. Me dijo que era el dueño, que se llamaba Alejandro, me explicó el show, la cena, el menú fijo y sus variedades,  el precio –mucho más conveniente que todos los otros que me habían dado- con una simpatía encantadora.   Ya en Buenos Aires y sabiendo que-pese al cansancio de andar arrastrando por toda la Feria su bolso completo- Laura estaba dispuesta a ir conmigo después de una  refrescante ducha, llamé y concreté la reserva.

Brindando con la copita de bienvenida
 El local, ubicado en la calle Carlos Calvo al 2540 en el barrio San Cristóbal,  está ambientado con fotos de tangueros famosos, y tiene esa calidez que dan los lugares con alma. Los conocen ¿verdad? Son sitios donde, desde el primer instante en que uno entra a ellos, siente estremecimientos inexplicables, porque los duendecillos del lugar nos reciben con los brazos abiertos. No es tan antiguo como nuestro montevideano   Fun-Fun  pero se inscribe dentro de un estilo similar.
Cuando llegamos, nos llevaron a la excelente ubicación que nos habían reservado. Justito, frente al escenario. Por un poquito nomás no estábamos sobre él-como nos dijo el simpático “Ojitos”- como le decía al director artístico, una de las  maravillosas animadoras, que también cantaba como los dioses, -dicho sea de paso- y desde ese lugar de privilegio, disfrutamos de una rica cena y de un espectáculo como únicamente  lo hacen ellos, con alma y vida.
El Claudio Tejo Trío, compuesto por los maestros: Claudio Tejo en el piano, Sergio Gotta en el bandoneón y Pablo Rivero en el bajo, acompañaron a admirables  cantantes y nos deleitaron  con un muy disfrutable espectáculo.

Estupenda "cantora"-de magnífica voz que canta con el  alma- el maestro Gotta en el bandoneón y Rivero en bajo-
Ahora que ya estoy más canchera, disfruté más el hecho de que nos  preguntaran a los concurrentes de dónde éramos, porque así cálidamente, nos dedicaban alguna “pieza” – A los uruguayos- que éramos tres en el salón- nos dedicaron el  candombe  “Oro y Plata”, (que es argentino, con música de Charlo y Letra de Homero Manzi, pero igual quedamos “chochos” y  agradecimos  la gentileza.)
Me gustaron todos. Ellos y ellas. De diferentes edades, cada cual con su estilo y su singular timbre y color de voz. Me agradó tanto la voz de Alicia González, que me traje el cedé para escucharla en casa.
El baile-que incluyó hasta folklore- también fue alternado sabiamente con el canto.

Buen folklore
De cena elegí: matambre casero con rusa, bife de chorizo-“la estrella argentina” que brilla con luz propia- al cual  “rocié” convenientemente con un vasito de vino tinto, y ensalada de fruta.
¿El precio? 250 pesos argentinos. ¿Qué más se puede pedir para la próxima?
 Chiquilines: a ver si aprenden “Candombe de mucho palo” del uruguayo  Jorge Do Prado, que integró un grupo estupendo que supo hacer historia y que  se llamaba “Pareceres” allá por la década de los 80.  ¿Sí? Es uno de los candombes que más me gusta, de melodía  y letra muy sencillita, pero profunda. (vamos a ver si me quedó bien para que lo vean y lo escuchen.)
 ¡ Y mantengan la calidad para que se vuelva a repetir!