sábado, 5 de abril de 2014

EL AMOR Y EL DESAMOR

Escena de la película "Ana Karenina"
 Keira Knightley y Aaron Taylor Johnson como Ana y Wronsky

Me pareció más adecuado empezar  por la palabra “amor” y sus   significados-siempre discutibles-, de diccionario. La primera acepción dice: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.”
De acuerdo a ella, es nuestra “insuficiencia” la que nos precipita al encuentro con “otro ser”- necesariamente, entonces, el amor comprende a dos seres.
La segunda acepción dice: “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir.”
Es una acepción que intenta ser más completa que la primera. Sigue la idea de que es un sentimiento hacia otro, pero en este caso, añade-por lo menos- otro aspecto: la búsqueda de la reciprocidad. 
La tercera, “refuerza” las concepciones anteriores: “sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.”
Y, por último,  la cuarta- no es la última pero sí lo será para este artículo- indica: “tendencia a la unión sexual”.
La última acepción es la que me parece más  ambiguamente interesante: “tendencia a la unión sexual” –la verdad es que “esa tendencia” la compartimos con los otros animales y según  hacia donde nos lleven nuestros instintos y-también- nuestra crianza, viviremos con mayor o menor culpa ese “precipitarse” en los brazos de otro ser con la única y placentera intención de lograr  satisfacción.
En  los “pecados capitales” hay primordialmente uno que está relacionado con este aspecto: la lujuria, cuya definición de diccionario nos dice: “Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales.”
La literatura universal abunda en ejemplos. Para el amor voy a referirme a dos  de diferentes épocas: Paolo y Francesca-  canto V de la “Commedia” –lo de “divina” vino después-  de Dante Alighieri( siglo XIV) ;  y Ana Karenina y  Alexey Wronsky de la novela Ana Karenina de Tolstoi, (1877). Para  el desamor, me voy a referir  a personajes y situaciones   de “Crónica del desamor”,  (1979) la primera novela de Rosa Montero.
No  voy a hacer un   análisis literario sino un comentario  personal de cómo incidieron en mí  estos textos  a través de los años.  

PAOLO Y FRANCESCA  (INFIERNO: Canto V de la Divina Comedia -Siglo XIV-Dante Alighieri)

(..) "Y desde aquel día ya no leímos más"


A estos amantes los conocí en el liceo, de la mano de la profesora que me impulsó a seguir la carrera de Letras: Isobel Rubbo.
Con infinita paciencia, me hizo gustar de los versos –porque la Divina Comedia está, originalmente escrita en versos- leídos en italiano, con una entonación envidiable para mayor deleite de los sentidos. En ese viaje iniciático que Dante inicia con Virgilio, se interesa por la historia de esta pareja que está en el segundo círculo del infierno, el destinado al castigo eterno de los lujuriosos.  Francesca contesta  a los requerimientos de Dante sobre su dolor como una dama gentil:
“... Nessun maggior dolore che ricordarsi del tempo felice nella miseria”  “No hay mayor dolor que  acordarse del tiempo feliz en la miseria”.
Esta famosa declaración de Francesca condensa la esencia  de su  dolor. Condenada por una pasión prohibida. Condenada por querer a su cuñado, no a su marido. Ella y Paolo son  asesinados por el marido burlado, que ciego de ira les quitó la vida, pero no pudo-en la versión de Dante- quitarles el amor. Por eso hasta en el infierno, permanecen juntos. El castigo es la furia del vendaval. Un claro símbolo de la pasión que los perdió. La escena posee una gran delicadeza. Tanta, que hasta el huracán se calla para permitir el diálogo entre Francesca  y Dante. Mientras tanto, Paolo, silencioso, llora. Algo a destacar es que la pasión es provocada por la escena de un texto que leen juntos, cuando en la ficción los dos amantes se besan, ellos (también ficción, no hay que olvidarlo) sucumben. Por lo cual podemos inferir que la literatura tiene su parte de culpa en la caída.  Dante, conmovido por  la tragedia, al final,  se desmaya.
Estas son las emotivas palabras-con especiales reticencias- de Francesca:
“Noi leggiavamo un giorno per diletto
di Lancialotto come amor lo strinse;
soli eravamo e sanza alcun sospetto.
Per più fïate li occhi ci sospinse
quella lettura, e scolorocci il viso;
ma solo un punto fu quel che ci vinse.
Quando leggemmo il disïato riso
esser basciato da cotanto amante,
questi, che mai da me non fia diviso,
la bocca mi basciò tutto tremante.
Galeotto fu ’l libro e chi lo scrisse:
quel giorno più non vi leggemmo avante».
Mentre che l’uno spirto questo disse,
l’altro piangëa; sì che di pietade140
io venni men così com’ io morisse.
E caddi come corpo morto cade.”
A través del tiempo, esta pareja- la creada por Dante- se ha despegado de la sórdida crónica policial para alzarse a través de los siglos como símbolo de amor,  amor literario, amor adúltero, pero amor al fin.
  
ANA KARENINA Y ALEXEY   WRONSKY  (Ana Karenina (1877)  León Tolstoi)

Keira Knightley y  el jovencísimo y atractivo Aaron  Taylor Johnson como Ana y Wronksy 
A Ana Karenina y a Alexey Vronsky, los conocí también en la época liceal. “Ana Karenina” no era novela de lectura obligatoria en  los programas de literatura, pero Isobel Rubbo no sólo comentaba los textos ineludibles sino que nos indicaba qué otros podíamos leer para comparar  y   por ese motivo, también la leí  por primera vez en la  adolescencia. Recuerdo que me dio mucha pena el dolor de esa mujer ciegamente enredada-también como Francesca- en una pasión prohibida. La  “esencia” de Wronsky se manifiesta desde su aparición en el relato: joven, hermoso, y como todos los “bombones” habidos y por haber, únicamente preocupado por sí mismo. Desde su meticulosa apariencia-que cuida con sumo esmero- hasta la conquista de Ana, deseada y llevada a cabo con singular maestría desde los primeros momentos.
 Invencibles las palabras que dominan la voluntad de Ana y la dejan a merced de lo que vendrá:
“- Usted quiere saber por qué estoy aquí ¿verdad?-dijo Wronsky  mirándola fijamente-. Pues bien, eso lo sabe usted tan bien como yo: estoy aquí porque está usted. No he tenido más remedio que venir.”
La  novela no lleva muchas páginas cuando nos encontramos con la contundencia de esta afirmación: “estoy aquí porque está usted.” Absolutamente irresistible para la pobre Ana. Vendrá después la lucha contra el marido, contra la sociedad pacata y- lo peor de todo, lo que la llevará al suicidio: la lucha consigo misma; porque esa mujer que tuvo el atrevimiento de  irse a vivir con su amante,  celará terriblemente a todas las jóvenes casaderas que  lo asedien. El amor se manifestó en una de sus formas más trágicas: la pasión  avasallante, la que apareció como un   torbellino prohibido y  recibió el peso de  toda la hipócrita censura social. Digo hipócrita porque no  es que no hubiera “amantes” en la época, sí que los había, pero se portaban “civilizadamente”. Todos traicionaban a cual más y mejor, tanto hombres como mujeres, pero nadie dejaba de lado las apariencias de los lazos conyugales. Eran sagrados. Había que sobrellevarlos, aunque los maridos tuvieran las orejas grandes y feas como  Alexey- el mismo nombre de pila que Wronsky-,  también llamado en alguna otra versión Alejo Karenin.
Tanto Francesca, como Ana sucumben al arrebato de una pasión que no pueden dominar y que  las conduce a la muerte violenta, la primera asesinada junto con su amante por el marido engañado, y la segunda precipitándose, desesperada, a un inevitable suicidio. El ejecutor es el tren- ese tren que aparece fatídicamente desde el comienzo con la muerte de un operario- No hay ninguna otra salida para las  atrevidas mujeres adúlteras que se atrevieron a desafiar las conveniencias sociales imperantes. El amor-pasión las perdió irremediablemente. Únicamente se puede decir que la Francesca que Dante concibió tiene la especial recompensa de haber sido condenada junto con su amante y hasta  es posible detectar en sus palabras una especie de llamémosle orgullo por este hecho:
“questi, che mai da me non fia diviso, /la bocca mi basciò tutto tremante”. (Éste, que nunca más se separó de mí, la boca me besó, temblando.)  (El texto pierde  muchísima expresividad con la traducción. ¡uff!)

Yo vi la película en la que Ana y Wronsky fueron los actores  Keira Knightley y Aaroon Taylor Johnson. Leí críticas negativas, pero a mí me gustó. Por eso, tomé fotos de  Internet para la ilustración de esta parte.

EL DESAMOR – en “Crónica del desamor” (1979) de Rosa Montero

Rosa Montero en la Feria del Libro de Buenos Aires año 2013, cuando fuimos a conocerla personalmente 


Esta novela fue comentada en el Club de Libros de Rosa Montero y  coincidimos en que al ser su primera novela,  no exhibe aún la maestría que se desarrollará con los años de escritura.  La misma  Rosa Montero bajo su perfil de Salamandra Madrid, comentó que la escribió muy joven, a los veintiséis o veintisiete años, que el libro tuvo un  pie forzado porque tenía que hablar de la situación de la mujer en España, y  que  escribió la novela en lugar de un libro de entrevistas feministas que había prometido.
Sin embargo, sus lectores también consideramos que en esta novela ya están-en germen-  sus grandes ejes temáticos: la soledad,  el pánico a la decrepitud y a la muerte, lo efímero de la vida,   y-más que nada, además del desamor, aparece  el desencanto que persistirá y se desarrollará en  muchas de sus obras posteriores-  Por supuesto que es una novela hija de su época,  final de los setenta del siglo pasado, cuando  la mujer  en España, empezaba ejercer la  llamada “liberación femenina”,  pero al mismo tiempo,  tenía que luchar contra un mundo dominado por una visión patriarcal que -pese a que ya estamos en el siglo XXI- perdura  de una manera u otra en la psiquis de muchas personas de la actualidad.
El desencanto,  el desamor y la falta de ternura-tan necesaria para la psiquis femenina- recorren toda la novela. Es una novela de mujeres infelices-Ana Antón y sus amigas-  que luchan por lograr una compañía que no sea únicamente para la cama. O que sí que sea para la cama pero que brinde algo más. Casi se podría decir con letra de tango que las mujeres quieren: “un pecho fraterno para morir abrazao”. También hay adulterios. Los  hombres llevan la peor parte en esta visión desencantada de una realidad que parece que cambió pero no tanto. Los personajes creados por Montero  no son tan trágicos  como los de Paolo y Francesca o Ana y Wronsky, pero aún delineados  o, “retratados al bleque”- como diría el Cuque Sclavo- son seres sufrientes  con muchas condicionantes de época. Quizás una de las más esperpénticas- por lo grotesca- sea esta que transcribo, de Elena, - una de las amigas de Ana Antón-  cuando, superados los naturales temores, estaba dispuesta a tener su primera relación sexual:
“Pese a su ingenuo aire de gran mundo Miguel Ángel la sobrepasa en dos años. Son jóvenes, hermosos  sanos, y Elena se alegra de quererle mucho, y se dice que Miguel Ángel ha llegado en el momento oportuno: hoy tras un largo camino-era tan estrecha antes, el primer beso lo dio a los diecisiete y sintió asco, fue educada como tantas otras en el desconocimiento y la repugnancia del sexo- se siente preparada para perder el virgo. (..)
Pero cuando ya están desnudos en la cama del chalet de la sierra, Miguel Ángel se niega a desvirgarla y se visten para emprender el regreso.  Elena  quedó absolutamente aturullada por la negativa. Sin embargo, le sigue este episodio, que exhibe sin lugar a dudas un egoísta punto de vista masculino:
(…) Repentinamente Miguel Ángel tuerce el volante, se mete en un oscuro campo de rastrojos quemados por el hielo, para el coche.
-¿Qué haces?
Sin contestar se vuelve hacia ella, le acaricia el pelo levemente, pone un ligero beso en su mejilla, ahora sí que Elena está a punto de llorar, se sentía tan sola antes y tan lejos, se creía desdeñada sin saber por qué- era la incomprensión lo que hacía todo más doloroso- y ese beso vuelve a poner las cosas en su orden. Todo está bien, pues, ahora se explicará el absurdo. Quiere recostarse en su hombro, sentirse querida  y abrazada, pero Miguel Ángel la detiene suavemente:
-Por favor…- su voz es implorante, tenue- Por favor…acaríciame.
Se desabrocha la bragueta, está empalmado, duro, es la primera vez que Elena se atreve a mirar el sexo de un hombre.
--Tócame, por favor, tócame…
Elena no sabe qué hacer, está angustiada. El coge su mano, la dirige despacio hacia su sexo, la coloca encima, es una carne suave y muy cálida. Ella no está excitada en absoluto, se encuentra a sí misma vacía, abandonada y sin respuestas. Le toca inhábilmente, con reparo y algo de repugnancia, “chúpamela”, dice él muy quedo, en un murmullo, “chúpamela”, insiste, Elena duda, le da asco, Miguel Ángel empuja suave pero con firmeza su cabeza, ella opone al principio alguna resistencia pero al fin consiente, se encuentra torpe, tan culpable por no saber, desea que Miguel Ángel vuelva a ser de nuevo cariñoso y no entiende muy bien qué es lo que espera de ella. Al fin abre la boca, le chupa, su sexo está caliente y sabe algo salado, intenta no pensar en ello, entre las piernas de él ve el freno, el acelerador, los pedales del coche, irrealmente iluminados con la escasa luz de la lámpara interior, se concentra en esas formas y mantiene la mente en blanco, de repente siente algo cálido y viscoso que le quema la garganta, se sorprende: en su estupor de inexperta no había pensado tan siquiera que él eyaculase, es eso, pues, ha eyaculado en su boca, siente unas náuseas violentas, se incorpora, abre la ventanilla empañada, el frío le golpea las mejillas y resbala por su cuello, Elena escupe furiosamente una y otra vez a la tierra reseca, se frota los labios y la lengua con el dorso de la mano, él la mira como desde muy lejos, musita un “perdón” muy bajito, saca un pañuelo, se limpia, cierra la bragueta, pone en marcha el coche.” 

El sexo oral  practicado de forma compulsiva e inexperta descrito  a través de  sensaciones táctiles, térmicas, gustativas y visuales  llega a  producir repulsa  y lástima en el lector. ¿Un aporte desde el punto de vista feminista? (Te faltaron las sensaciones olfativas, Rosita, tan importantes en este acto- ¿a qué olía el miembro  de Miguel Ángel? No creo que haya tenido el agradable olor del chocolate, porque lo que procuraste- y lograste pese a tu juventud-  fue que la escena resultara nauseabunda.)
Hay muchos episodios chocantes, voy a transcribir y a comentar otro más. En este caso, el personaje es Candela- otra amiga de Ana Antón-. Candela  es una psicóloga soltera y tiene dos hijos de distintos padres: Daniel y Jara. El padre de Jara, Vicente, es un hombre casado. ¿Otro adulterio como el de Paolo y Francesca,  o como el de Ana y Wronsky?  No. Estamos en la(s) crónica(s) del desamor de Rosa Montero. En el caso de Candela, se distingue que  la peor parte  la lleva  ella porque es la segundona. La mujer “oficial” tiene derechos adquiridos sobre su hombre. La segundona no. La segundona espera ansiosamente  un llamado o una visita y tiene que conformarse con “visitas de médico” –descritas con las premuras del caso- Eso es lo único que tiene Candela. No pueden viajar, no pueden andar  juntos tomados de la mano por la calle, no puede hacerle mimitos en público, no es dueña de hablarle de sí misma, de sus gustos,  de sus preocupaciones, de sus ideales, ni de nada. Vicente no tiene tiempo ni interés. En esas visitas esporádicas, Candela tampoco tiene derecho a disfrutar de  un prolongado abrazo, o  de dormir “cucharita”, o –simplemente- “compartirle su mundo”. La ternura brilla por su ausencia. Se va estableciendo una rutina que lleva a Candela a ser “el reposo del guerrero” o “una cajita de sorpresas”, -para agradarle-  como dice el propio texto, sin que sus  sentimientos sean tenidos en cuenta jamás:
“En fin, Jara es hija de Vicente. Un economista en apariencia marxista. Un hombre convencional embotado por sus miedos. Casado y con dos hijos, cosa que él no olvidaba ni dejaba de olvidar. (Un día Vicente le dijo:-“¿Tú crees en Dios, verdad?” Gritaba alegremente desde el otro lado de las cortinas de la ducha, eran las dos de la madrugada y había que borrar las huellas de ese amor adúltero, “no”, contestó Candela, “vamos no digas que no”, insistía él, reidor, “un poquito, al menos creerás un poquito”, “que no”, “bueno, pues aun así”, añadió él, “apelando a esas creencias infantiles que alguna vez tuviste, ¡por favor!”  y Vicente asomaba una cara mojada entre el plástico de la cortina, con expresión cómicamente desesperada, “reza a tu santo predilecto para que mi mujer no esté despierta cuando llegue y no me obligue a hacer el amor, buff, sería incapaz de soportarlo…” y Candela puso un rictus de sonrisa ante la broma, pero notó el escozor por dentro, escozor por recordar que ella mantenía una relación precaria, escozor también por la otra, por esa mujer legal a la que él denigraba en esa frase, fue sentir una hermandad de sexo y de injurias.) Un matrimonio que duraba  ya diez años y ante el que Vicente asumía un papel de marido ortodoxo, pespunteado de engaños.”

Candela se embarazará de Jara, y  después de saberlo, se armará de valor y dejará su relación con Vicente y será eso: una madre soltera, orgullosa de haber tenido dos hijos sanos.
¿Y Ana Antón, la protagonista principal? Tendrá su  ansiada aventura con “Ramsés” Soto Amón-  con niveles más bajos de los que su frondosa imaginación creó- pero intentará una salida para el  desamor: escribirá un libro que ya  no será el “rencoroso libro de las Anas, sino un apunte, una crónica del desamor cotidiano” (…)
Como conclusión de esta tercera parte, se puede  afirmar que “Crónica del desamor” cargó todas sus tintas oscuras sobre las peripecias de la ignorancia de la mujer del siglo pasado. Anoto las que más me impactaron: la primera menstruación, la primera relación sexual, los  métodos anticonceptivos anticuados que fallaban estrepitosamente  y llevaban a los embarazos no deseados,  los  frustrados amores adúlteros, las amas de casa que no tuvieron  un orgasmo en toda su vida de casadas y lo lograron-solas- después de enviudar y  de leer un manual sexual. No son las únicas, pero creo que son suficientes para trazar un panorama desolador.
Volvamos ahora al principio: El amor de  Paolo y Francesca, el de Ana y Wronsky… ¿Acaso no son creaciones de  ficción, productos de la imaginación de Dante y Tolstoi? Pues sí. Lo son.  Ana Antón, Elena, Candela y los demás personajes son también entes de ficción concebidos por “la loca de la casa”  de Rosa Montero.
El  oscuro laberinto de la realidad, la que  no nos ofrece ninguna tregua ni esperanza,  encuentra salidas luminosas a través del arte  porque como afirma Rosa en otro de sus libros:

 “En la pequeña noche de la vida humana, la loca de la casa enciende velas.”


                             







lunes, 17 de marzo de 2014

Zumba en la tercera edad Otro ejemplo para divertirse: ¡No importa la edad!



Ayer en mi blog, escribí "Hasta el próximo carnaval" - sobre el tema de la melancolía otoñal con el final de carnaval-. Una manera de combatir la negatividad es a través del baile, que agrupa  personas con la misma dinámica y -sobre todo- las divierte. Si le ponemos "onda", se puede.¡Consigan una buena música-si es cubana mejor- y anímense!

domingo, 16 de marzo de 2014

Zumba Primer Flash Mob en Chile cancion: "Sube las manos pa`arriba"

¡HASTA EL PRÓXIMO CARNAVAL!

La mochila carnavalera 
Según la segunda acepción de diccionario la palabra “nostalgia” hace referencia a una “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”. Ese es el significado que rescato para esta sensación que  tengo ahora que terminó el carnaval. Si bien por la televisión aún siguen pasando a los grupos ganadores, ya no  hay más espectáculos en los tablados y el teatro de verano quedó poblado de  los fantasmas del parque Rodó. Tristes fantasmas que ya no tienen ni voluntad para rondar por  las cercanías.
No todo fue estupendo este año; la lluvia impidió varias veces la actuación de los conjuntos y más de una vez llegué empapada hasta el alma. Pero al otro día renacía la esperanza de ver otro espectáculo y aguardar para ver –en otra oportunidad- al que había sido suspendido. Como todos los años, hubo alegrías por los ganadores y tristezas por los que no llegaron a posiciones destacadas. En mi caso, estuve en total desacuerdo con el juicio que dejó a la revista Madame Gótica fuera de la liguilla. El primer premio de murgas se lo llevó “Don Timoteo” que con la presencia de Diego Bello y de Rafael Cotello-que hicieron una buena dupla- divirtieron al público. Pero ese primer premio estuvo peleado por otras murgas que estaban muy bien también. Me disgustó que “Los Diablos Verdes” y “Los Curtidores de Hongos” quedaran tan abajo en la tabla de posiciones. A mí me parecieron espectáculos muy dignos, pero es evidente que los jurados y la puntuación con tantos rubros para calificar dan sorpresas de todo tipo.
Sin embargo el tema de esta crónica no está relacionado con los premios-merecidos o no- . El tema de hoy,  es este vacío, esta sensación melancólica de que ya empezó el otoño con sus días grises y lluviosos- aunque así fue también el verano- y los árboles están –otra vez- en ese ciclo de “desnudarse” para volver a ponerse la ropa en la primavera.
El 8 de marzo fue el último día de mi abono. Fue también el día de la despedida de mis  compañeros-ahora ya más conocidos que al principio- del Teatro de Verano. Hubo promesas de volvernos a reencontrar a la brevedad, pero  lo más probable es que no  nos reencontremos hasta  el próximo carnaval. En la vida actual son raros y muy espaciados los encuentros persona a persona. Los modernos dispositivos han sustituido las relaciones que permiten mirarse a los ojos, charlar de “bueyes perdidos”-sin que ningún aparatejo “arroje” su chillido característico para avisar que hay mensajito- Los modernos dispositivos no nos permiten tampoco reírnos  de tal o cual ocurrencia que se recuerde. El facebook y el twitter, ya incorporados a nuestros celulares, nos acercan a nombres ficticios- una gran mayoría usa nombres de fantasía- y fotos trucadas. Yo veo a mis parientes y amigos, “armados” de su celular.  Conversan distraídos, porque a cada rato atienden los chillidos o vibraciones. Eso los hace perder concentración temática y los “hunde” en una maraña de diferentes aspectos para atender simultáneamente. Y aunque me digan que los más jóvenes son “multifocales”,  sé fehacientemente que la atención que se concentra en varias cosas a la vez no es demasiado eficaz. “De a uno por el pasillo”-como decían los guardas antiguos- es la mejor manera de focalizarse.   Por otra parte, si no hemos visto antes a la persona, no sabemos cómo son sus rasgos porque pocas veces aparecen las verdaderas caras de nuestros supuestos “amigos”. Últimamente, hay  una especial dedicación a “envolver” a la verdadera persona en el anonimato. En cambio, en el Teatro de Verano, los “abonados” somos casi siempre los mismos. Algunos lo son hace más de veinte años. Y es una pasión de familia. Otros somos más “nuevos”, en mi caso, este es mi segundo año- pero después de mi viaje a Cuba comprobé increíblemente que se habían preocupado y preguntado entre ellos si estaría enferma, o si me habría pasado algo. Mi retorno dio lugar a esos intercambios de teléfonos para comunicarnos las novedades. Y me gustó. No hay nada que sustituya la comunicación persona a persona. Felizmente.
Para no hundirme en la depresión post-carnaval, me dediqué desde el viernes 14 a “desarmarme  y armarme”  de nuevo. Habitualmente me da resultado y me saca del bajón. Lavé mi almohadón, mi gabán- que tenía el característico “olor de tablado”-esa mezcla indescriptible de cigarrillo con el olor  de los chorizos, las papas fritas, las tortas fritas y  el humo-, archivé los Momodiarios por fecha, y, de paso, archivé cuanto papel suelto andaba por mi escritorio.

Almohadón carnavalero  ya lavado para guardar 


 El orden siempre me da tranquilidad y me inspira para buscar otras alternativas. ¿Abono del SODRE? ¿Dar o tomar más clases? Algo de eso.
Por ahora agregué algo nuevo  en el SPA: una clase de ZUMBA. (“A la vejez, viruela”).  ¿Se animan?



miércoles, 12 de marzo de 2014

VIAJE A CUBA -3- ¡ALBRICIAS! ¡TODOS CANTAN Y BAILAN!

En "La Casa de la música"-simplemente se baila al son de la orquesta-


En el grupo había personas de todas las edades. La gran mayoría éramos “grandes”-como dicen los argentinos- . Con la palabra “grandes” se refieren a las que ya salimos de la treintena o cuarentena y entramos en la ignominia de ser catalogadas en la “tercera o cuarta edad” o “adultas mayores”- todas son expresiones que detesto, pero son las que se usan-. Me gusten o no me gusten.
Como ya relaté, cuando logramos tener una habitación limpia y ordenada en el hotel Acuario- que no era- vuelvo a repetir- ninguno de los prometidos y estaba ubicado muy lejos de los lugares donde se llevaban a cabo las actividades de interés- hubo varias personas, de las más jóvenes, que de todas maneras emprendieron esa misma noche una especie de “excursión” a la Habana, con la finalidad-de “escuchar música y bailar”. Y –si “pintaba” también “salir” con lugareños-que es desde todo punto de vista, una de las mejores formas de  conocer un país-. Yo, en cambio, esa noche, después del baño con agua fría, y de la cena buffet donde elegí meticulosamente lo que me resultó más o menos conocido, me acosté a dormir.
Pero no estaba dispuesta a pasar todas las noches con  la misma actitud monjil. Así que a la noche siguiente, “armamos” una salida a “La Casa de La Música”- lugar recomendado por Daniel Mazzarovich para apreciar verdadera música cubana y cuando terminó ese espectáculo donde todo el mundo bailaba, nos fuimos arriba, a “El Diablito Tun Tun”  donde todo era “pura música y baile”-.  La verdad es que las recomendaciones de Mazzarovich  tenían sus “que sí y  sus que no”, porque los lugares nocturnos, sea donde sea que se vaya, son sitios de de “caza y de pesca”. De caza y de pesca de incautos. Obviamente no son lugares recomendables ni para Nicolás Cotugno ni para  su sucesor Monseñor Daniel Sturla que aunque es más joven y goza de fama de “moderado” nos habría condenado- irremediablemente- a las llamas del infierno.  Ni cortas ni perezosas,- éramos tres o cuatro mujeres-, nos llevamos un muy efectivo “talismán” masculino que no nos dejó ni a sol ni a sombra. ¡Gracias, Dieguito! Las otras eran-obviamente- más  jóvenes que yo,  pero no estuve dispuesta de ninguna manera a perderme la diversión del baile por “peinar canas”. En la “Casa de la Música” tuvimos la gracia de un espectáculo excelente.  Los shows  cambian día a día, y no  todos son de la misma calidad. En “El Diablito Tun Tun”, apenas llegamos el cantante quiso saber de dónde éramos. Dicho sea de paso,  es una pregunta muy común en los centros nocturnos donde reciben turistas. A mí, -“a la señora mayor”- de vuelta la palabreja-  me preguntó el nombre. Durante todo el viaje “cargué”-contrariada- con mi segundo nombre. No sé porqué en todos los hoteles omitieron el primero  y me anotaron con el segundo. Directamente fue el que le di,  y le resultó muy gracioso- parece que nunca había encontrado una persona que se llamara así-. Acto seguido, siempre cantando,  entró a buscar rimas para incluirlo en su canción- le costó bastante, pero- riéndose- finalmente encontró dos posibilidades: “difusa” y “confusa”.  Así que nos bamboleamos/ me bamboleé con mucho gusto al  ritmo de la más bailable música cubana rimada a tono con mi segundo nombre.

Dieguito, el ganador del grupo, bailando con una cubanita 


 Felizmente,  nadie  resultó  remilgado y disfrutamos de los mojitos y del baile. Los cubanos llevan el ritmo en la sangre. Bailan por pura expresión del cuerpo. Hacen caso omiso de los kilos de más, de la edad y de cualquier cosa que les impida disfrutar. Simplemente bailan porque les divierte. Nos  gustó bailar en un ambiente tan distendido; ninguno se quedó sentado.  Regresamos en un almendrón-custodiadas por Diegui- al lejanísimo hotel Acuario. Nos despedimos con alegría, con la plena seguridad de que habíamos pasado momentos inolvidables. De los pocos que vale la pena recordar.
¡El yorugua también se lució! 


 Con   el calor de los mojitos y el del baile, encontré por primera vez- directamente- el pasadizo que me condujo sin extraviarme,  pese a la poca luz reinante, a mi  habitación, la número 3810. ¡Les aseguro que dormí como un angelito!




viernes, 7 de marzo de 2014

VIAJE A CUBA: PASEOS

Frente de la Casa de las Américas 



La primera de las visitas estaba programada por la agencia. Se nos había prometido un “paseo cultural” y - nos llevaron a “Casa de las Américas”-.
Nos recibió un cubano simpatiquísimo- como la mayoría de ellos- Gerardo Hernández- que nos asesoró sobre todos los tesoros que allí se albergan. Fue muy emocionante transitar por los mismos lugares que tantos  compatriotas pisaron anteriormente. Nos consta la simpatía que les profesan por los comentarios que nos hicieron. También tienen en sitial superior a personajes que hicieron historia. Uno de ellos,- indudablemente- es el Che.  Mientras esperábamos a que todos los compañeros se nos unieran Gerardo nos contó un episodio. Un uruguayo fue a dar una conferencia- no recuerdo el nombre, pero lo que interesa es  la confusión que originó- que en su alocución, manifestó que el Che había sido “un mojón” para toda Latinoamérica. Parece ser que varias personas acudieron a Gerardo para preguntarle “qué tal era ese uruguayo del discurso” hasta que se enteró de lo que había dicho. En el coloquio cubano, “mojón” significa lo mismo que para nosotros, “sorete” en el  rioplatense. ¡Nada más alejado de lo que él había querido significar! –Concluyó Gerardo con una sonrisa- ¡Si habrá que tener cuidado con el uso del lenguaje cuando se sale de la comarca habitual!
El Che en Casa de las Américas. Visión parcial de un trabajo artístico


 Otro personaje por el cual manifiestan gran simpatía es  José Mujica. También recibieron a la murga “Agarrate Catalina”, y escucharon-pasmados- las gruesas bromas que se hacían sobre él- absolutamente inadmisibles para ellos que no juegan de ninguna manera con los que quieren y admiran-. Nada más alejado de nuestra realidad, porque los conjuntos de carnaval- y en especial, las murgas- sacan partido de las características más salientes de las personalidades de la realidad nacional.  Hubo – y hay -políticos que se enojan cuando forman parte de un cuplé sardónico, pero si eso ocurre,  las murgas se ensañan aún más con ellos, por lo cual lo más aconsejable  parece ser lo que hacen Mujica y su señora- se sientan en la primera fila del teatro de verano y se ríen a mandíbula batiente de las ocurrencias-
Las obras de arte que se exhiben en Casa de las Américas son maravillosas: “Para que la libertad no se convierta en estatua”, allí están deleitando los ojos de los maravillados espectadores.
"El árbol de la vida" en Casa de las Américas 

VISITA A “EL VIGÍA”- LA CASA DE ERNEST HEMINGWAY-

El frente de la casa "El Vigía" de Ernest Hemingway 


“El Vigía” fue-desde el principio- uno de mis objetivos.
No fue nada fácil hacer coincidir voluntades porque todo el mundo decía que “quedaba lejos” y que había que pagar una camioneta que me/nos llevara hasta allá y me/nos esperara durante el rato que durara la visita. Pero como yo ya tengo bastante experiencia en viajes, sé que hay que insistir para lograr lo que se quiere. El viejo dicho: “el que se quema con leche, ve una vaca y llora” es pura verdad. En uno de mis viajes a Europa, en Barcelona, me quedé sin conocer  el parque Güel- diseñado por Antoni Gaudi- porque el maldito guía catalán se empeñó en que “quedaba lejos” y “no estaba dentro del itinerario”. Yo ya  no creo que pueda volver otra vez a Barcelona,-realmente- por lo cual, me quedé sin conocer ese lugar tan especial. A fuerza de golpes, se aprende. ¿Queda lejos, no está en el itinerario? Santo y muy bueno. Si “queda lejos y no está dentro del itinerario”- el que diseñan para apurados turistas- hay que pagar más  y agregarlo por las de uno. Así de simple. Con mi habitual tozudez: insistí, insistí, e insistí. Insistí tanto que –incluso- dije que pagaba yo solita la excursión si no conseguía suficientes personas interesadas. No fue así. Felizmente, fuimos nueve. Todas mujeres- con un paciente y amable guía-. Creo que fue una de las mejores tardes porque no anduvimos a los apurones- las visitas “por la ciudad” y similares son a vuelo de pájaro y no dejan tiempo ni para respirar-. Esa tarde, en cambio, paseamos a nuestro gusto por los amplios jardines de la casa, sacamos y nos sacamos fotos de todo tipo y disfrutamos  a más no poder de un entorno de privilegio. Tanto fue así que hubo algunos instantes en que pensé-locamente- que en cualquier momento, se nos iba a aparecer Hemingway-con sus pantalones de explorador-cazador y su sonrisa más amplia- con uno de sus daiquiris en la mano-
Una ternura: la máquina Corona,  instrumento de trabajo de Ernest Hemingway 

Aunque no dejan entrar a la casa, desde las ventanas pudimos ver todo el interior. No es una casa lujosa, tampoco la calificaría como una “mansión”. Sí es una casa cómoda, con ambientes grandes y libros por todos lados-incluso en el baño-. Hay recuerdos de su vida de cazador- grandes cabezas colgadas de animales disecados- A mí no me no me causó ninguna impresión negativa. Leo a Hemingway desde la niñez, porque sus libros estaban en la biblioteca de mi madre. ¡Ya sabía que era cazador y que había tenido una vida aventurera! Tuvo cuatro esposas, y quién sabe cuántas aventuras más. Sé también que fue alcohólico, que se enfermó y se suicidó. No en la casa de Cuba, sino en  la otra que tenía en Ketchum-Idaho-  ¿Vamos a juzgarlo por eso? Yo no. A mí me importa  su magnífica obra narrativa y su insuperable calidad para trasmitirla. ¿Lo demás? ¡Es puro cuento!
En "El Vigía" hay  libros hasta en el baño 


OTRA VISITA SOÑADA: EL DELFINARIO

Un delfín nadando tranquilamente en la laguna antes de la actuación


El agente de SIUR que nos recibió en Varadero dio una información somera sobre los posibles paseos. Yo tenía “otra idea fija”: ir al delfinario. No me dio casi nada de información y además trató de disuadirme diciendo que “no había espectáculo con los delfines” que simplemente "se pagaba  una entrada para entrar a la laguna con ellos”. Mentira. Hubo espectáculos. Se daba uno de mañana y otro de tarde.  El agente lo  que más promocionó fue una excursión a Cayo Blanco que ofrecía ir en barco, y pasar un buen tiempo en el Cayo. La “estupenda atracción” de ese paseo era ese viaje,-supongo que en un catamarán-  a mitad de camino la visita a  un delfinario  en el mar,-donde  si el clima lo ameritaba, se podía hacer “snorkel”-, almorzar y disfrutar del aire libre. A mí no me interesó. En el enorme hotel de  Varadero teníamos todo incluido-incluso hubo algunas entradas reservadas para los que querían ir a los restaurantes especiales en lugar del buffet-. Por otra parte, tengo experiencia en esos promocionados “paseos en barco”. Ya fui a uno en Brasil y al regreso hubo una tormenta tan brutal que prácticamente puso al barquito de punta. En este caso, en Varadero, no fui muy afortunada con la información brindada por  el hotel, por lo cual gasté más dinero del que hubiera empleado si me hubieran brindado la correcta información pertinente. Pero de todas maneras, con la compañera Kily, nos alquilamos un taxi y fuimos por las nuestras- únicamente ella y yo-. Fue una delicia y ninguna de las dos se arrepintió ni mucho menos. Yo no quise meterme en la laguna porque aunque tenía  chaleco salvavidas me producía terror la idea de no hacer pie, pero de todas maneras, siguiendo las instrucciones del entrenador los delfines se aproximaron, acercaron sus hocicos a mis mejillas, se pusieron “panza arriba” para que los acariciara y yo quedé contentísima.  Kily sí, se tiró al agua con destreza y la foto en la que aparece con los delfines es prueba contundente de su alegría. Indudablemente, otro logro efectivo. Contagiamos el entusiasmo a otro grupito que fue al día siguiente  y experimentó la misma felicidad  que nosotras. ¿Qué más se puede pedir?  
Antes de la actuación pasan niños a recibir caricias  de los delfines 

Las agencias de viaje tienen criterios“estándar”, por esa razón,  es aconsejable trazarse un “plan propio” de paseos o lugares a visitar y no ceder ante ningún intento disuasivo. ¡Vale la pena hacer lo que  se quiere, cuando se quiere y donde se quiere!  ¡Se los aseguro!








lunes, 24 de febrero de 2014

VIAJE A CUBA

Pabellón Cuba de la Feria del libro en la Habana 

Auto estacionado en el Hotel Acuario 

Belleza arquitectónica de la Habana 
 El pretexto  número uno fue la Feria del libro. El viaje fue convocado por el taller de escritura El Rincón y yo recibí el comunicado por medio de la APLU: Asociación de Profesores del Literatura del Uruguay.
Me comuniqué por mail  con Fabián Severo-uno de los coordinadores- y me dijo que podía ir al  viaje  aunque no perteneciera al grupo. Asistí a un par de reuniones, calibré el precio, el itinerario, lo que se ofrecía y como uno de mis sueños era  conocer el Caribe, me gustó la idea de comenzar por Cuba.
No tengo dotes destacadas  de sociabilidad pero procuro adaptarme -como puedo- a las circunstancias.  En las reuniones me di cuenta de que no era la única “cuentapropista” que viajaba. Durante el viaje, como siempre me pasa, hice amistades con las otras cuentapropistas y también con las que iban del taller El Rincón y otro Taller de apreciación  literaria Misterio coordinado por Raquel Larrama.  Fuimos  de “cada pueblo, un paisano”-como decía mi padre.  Aún así, se conformó un grupo solidario que hizo frente a las dificultades.
El viaje fue con escala en Lima. No hubo demoras. Todo fue dentro de la rutina prevista. Sin embargo al llegar a la Habana tropezamos con el primer inconveniente: nos recibió Daniel Mazzarovich con una mala noticia: el hotel asignado no tenía lugar. Al parecer fue  un error de fecha de la agencia SIUR que en lugar de “febrero” adjudicó “marzo” a la fecha del viaje. Difícil de creer porque íbamos a la feria del libro que era en febrero.  ¿Error de empleados? ¿Falta de supervisión? Está por verse. Lo cierto es que fuimos trasladados a un hotel en las afueras de la Habana: Acuario. El otro que creíamos asignado estaba enfrente al pabellón Cuba de la Feria del Libro.
Hubo protestas de todo tipo y colores. En el grupo había unos cuantos cronopios- que como sabemos se ne fregan de todo- pero también había varios famas que querían las etiquetas en su sitio y que armaron una batahola sí y otra también. El hotel Acuario es una belleza  de varios edificios con falta de mantenimiento en algunos sectores. A mí me tocó una habitación extrema. Cuando llegué después de la caminata, encontré que la habitación había sido ocupada anteriormente y aún estaba sin hacer. Volví otra vez a la recepción donde me atendieron con cara de culo pero mandaron una camarera que me  dejó la habitación impecable. Conversé con ella y le di propina. Al día siguiente hasta me dejó una botella grande de agua mineral.
Hubo un grupito que agarró para la Habana.
Yo decidí que lo más prudente para mí era darme un buen baño, cenar y descansar. El buen baño me lo di con agua fría. Minga de agua caliente. Me hizo acordar a  las vacaciones en los pagos de mi viejo cuando me bañaba en el bebedero de las vacas.  Entre pitos y flautas no sabía dónde iba a cenar así que volví a la recepción donde la misma recepcionista con cara de culo-más de culo que nunca- me dijo marcando las sílabas que e-lla- ha-bí-a da-do to- das- las in-di-ca-cio-nes- al in-gre-so. Entonces yo también puse mi mejor cara de orto y le contesté con  mi clásica voz metálica y también separando las sílabas que yo- es-ta-ba a-ten-dien-do- el pro-ble-ma de la ha-bi-ta-ción su-cia- y que me  hi-cie-ra el -gran –dí-si- mo fa-vor de a-se-so-rar-me.
Parece que la sorprendí porque me dijo donde era el restaurante Kilimanjaro, aunque el odio de su mirada no se atenuó. Yo por las dudas salí haciendo las señas correspondientes para evitar las malas vibras de sus ojitos.
Al día siguiente fuimos a la Feria del Libro y compramos libros a precios irrisorios. Hubo lectores talleristas y no talleristas. De todo un poco como en botica.
El almuerzo demoró una vida, pero todo es así en Cuba. Si se protesta  el cubano le dice: “¡Esto es Cuba!” Con una sonrisa de oreja a oreja que desarma al más malhumorado. Otra respuesta posible es: “ahorita viene”- y ese “ahorita” pueden ser diez minutos,  veinte o media hora. Y siempre con la misma sonrisa. Imposible resistirse.
La Visita Cultural a la Casa de las Américas la dejo para otro entrega.
Creo que les va a gustar.
(Continuará)




Después de múltiples extravíos encontré el pasadizo para llegar a mi habitación 3810

sábado, 1 de febrero de 2014

DE LA DOCENCIA: LA MALDITA EVALUACIÓN

Instrucciones  para corregir exámenes internacionales de español y literatura
EXÁMENES
Pedro Miguel Obligado
Siempre sueño que estoy por dar exámenes
y se va a descubrir mi insuficiencia
que acosado por preguntas sin clemencia
no sabré contestar cuando me llamen.

Sufro como un artista en su certamen
como un preso que espera su sentencia
como todos, durante la existencia
pendientes de una prueba y un dictamen

Quizás siento al soñar, que está en mi mismo
la sombra de la noche circundante,
y temo cual luz sobre el abismo.

Luego cuando despierto cada día
veo que sigo siendo un estudiante
y debo dar examen, todavía.


Hay muchas tareas  que tenemos que hacer durante nuestro  ejercicio docente.  Una de las más difíciles es EVALUAR.  Sea con el sistema que sea, la evaluación es siempre una tarea compleja. No importa si usamos  números, letras o juicios. Queremos “ser justos”, pero no siempre lo logramos.  En el sistema americano, hay números que equivalen a letras, y –además- el alumno y sus padres o tutores tienen bastante a menudo una idea de cómo van sus calificaciones. Cada poco tiempo hay lo que se llama en inglés un “progres report”, que no es la calificación “oficial”, la que va a ir al supuesto “carné” que tampoco es  un carné sino una hoja de evaluación periódica-.  El “PR” es una idea aproximada de cómo “va el aprendizaje”, es decir  cómo “rinde” el estudiante.  Para la evaluación hay que tomar  en cuenta todas las  actividades, los escritos, los orales, los proyectos y todo lo que se  haya “marcado” para ser evaluado con su correspondiente porcentaje. Las notas van desde la mínima -que se señala con la letra “D” y numéricamente va del  60 al 69-. Es nota de pase pero nadie se alegra porque es la calificación más pobre. Le sigue la “C”-del 70 al 79, también considerada “pobre”, y luego viene la “B” y la ansiada “A”.  Los planos intermedios se señalan con el signo de menos o el signo de más.  Por ejemplo: si un alumno tiene 85 es una “B” –sin más y sin menos- pero si tiene 88 es una “B+” y si tiene 82 es una “B-“. Lo más difícil son esos pasajes de la B+ a la ansiada “A, que también puede ser “más o menos”.
Corregir pruebas escritas es –quizás- lo más complejo. A mí siempre me pareció una broma de mal gusto que digan que los profesores trabajamos menos horas y tenemos cantidad de días de vacaciones, porque no únicamente estamos en clase las horas reglamentarias, sino que tenemos que prepararlas y corregir  pilas- y aquí me refiero literalmente a los “montones” de escritos que se nos vienen encima cuando tenemos grupos numerosos- Además tenemos que seguir preparándonos para cumplir en forma eficiente nuestra labor, por aquello de que “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.  En las pruebas del programa Advanced Placement (que quiere decir Posición Adelantada,) se evalúa según criterios establecidos por especialistas. Yo fui varias veces a corregir exámenes de Español y de Literatura a Estados Unidos. Allí-además de haber enseñado durante mis veinte años de permanencia en el UAS, esos cursos- recibía/mos un “training” (entrenamiento) especial. Esos exámenes no son corregidos por un único evaluador, sino que se dividen en “partes” y cada evaluador corrige la suya. Finalmente –reunidas las partes que corresponden a un mismo examen- una mesa especial –“jefa”  asigna la calificación final. “La posición adelantada” significa que según la calificación que obtenga cada estudiante en las distintas materias, puede “adelantar” sus estudios universitarios por medio del sistema de “créditos”.  Un  estudiante que haya logrado buenas calificaciones en varias áreas, puede “saltar” un año de estudios universitarios y comenzar a cursar el segundo año, en lugar del primero. ¿Difícil?  Quizás. Pero no es imposible. Hubo varios estudiantes que lo lograron. 
Mientras el estudiante se prepara para su futuro universitario y va dando los exámenes que le darán más posibilidades de acuerdo a sus inclinaciones, hay que evaluarlo con firmeza. Si  se le evalúa así, comprende que ya no está en la escuela donde  una maestra le daba todas las materias y le ponía en los cuadernos: “¡Adelante!” En la Secundaria el “impulso” principal para progresar es  la perseverancia. No se necesita ser un genio para concluir un bachillerato, pero hay que poner esfuerzo. Si está preparándose para los exámenes internacionales, hay que calificarlo acorde a ese régimen para que no reciba “sorpresas” cuando  venga de Estados Unidos la calificación final.
Yo hice todos los cursos de evaluación que me propusieron y además procuré no ser agresiva. Una quiere que el estudiante aprenda, por lo cual de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia se le debe humillar o censurar. Corregir escritos me llevaba mucho tiempo.  Me pasaba fines de semana enteros sin asomarme al exterior leyendo y anotando en una hoja los distintos errores o enmiendas para presentarlos como ejemplos.
Apenas me veían llegar me salían al encuentro preguntándome “¿Qué saqué?” Pero fueron comprendiendo que además de la calificación tenían que aprender a lidiar con la evaluación en otras “asignaturas” vitales. Esa instancia no iba a ser la única.  Somos  “evaluados” durante toda la vida, -como lo señala el poema de Pedro Miguel Obligado que solía llevar a clase para que lo tuvieran en cuenta-.  Hay que preparar/se para ser "evaluados" constantemente, en todas las áreas de la existencia. 
Procuré ser lo  más cuidadosa  posible a la hora de plantear las mejoras en la expresión escrita. Nunca  le dije a un estudiante: “mirá que estupidez lo que escribiste”.  En uno de los tantos cursos que me mandaron a hacer,  aprendí a hacer “presentaciones colectivas”. Planteaba los errores en clase, -sin decir en qué escrito los había encontrado-, y cuando eran garrafales los presentaba con el nombre de “perlas” al final de la corrección.  Con esas “perlas”,  les aseguro que si hubiera querido podría haber escrito varios libros como los del maestro Firpo.
Ninguno me llegó a escribir que “los indios eran muy penetrantes” ni “qué porquería es el glóbulo”, pero  sí tuve  alguno  que  al final del escrito me puso:
“Profesora hice lo que pude;  después de “sexudos” estudios, aquí tiene el resultado.”
Otra perla-muy recordable- fue en un escrito sobre  Hamlet en uno de los liceos públicos. Yo les había recomendado que –en lo posible- memorizaran alguna frase para intercalar en su  comentario. (-Una manera como otra cualquier de verificar si habían leído el texto-)  El alumno-, lo recuerdo perfectamente- intentó escribir una frase “contundente”,  pero no sé si por traición de su memoria o de sus hormonas, refiriéndose a una frase que Hamlet le dijo a Ofelia escribió:

        “FRIGIDEZ, TU NOMBRE ES DE MUJER.”

¿Cómo se puede hacer para corregir sin herir susceptibilidades?  Como ya expresé “las perlas”  las presentaba en forma colectiva, -sin decir el nombre del que la había creado- la escribí en el pizarrón, les dije que la frase no era la correcta, si querían corregirla y decir realmente cuál  era la “verdadera”, la que correspondía. La mayoría sabía que la palabra era FRAGILIDAD, pero no sabían qué era FRIGIDEZ, y para eso había siempre un “mataburros” a mano.  Los más suspicaces captaron que el significado  no era el adecuado. Hamlet no había querido decirle a Ofelia que era fría o que carecía de deseo sexual.
Sé,- porque después de mayor me lo encontré en algún recodo de la vida-,  que el  hombre adulto, no confundió nunca más en su vida esas dos palabras. Es un médico brillante, buen lector, que se acuerda hasta hoy de Hamlet, pero más que nada de la fragilidad / frigidez de Ofelia.

jueves, 23 de enero de 2014

DE LA DOCENCIA: HOMEROOM TEACHER

Dedicatoria "sorpresa" del Anuario del año 1995-1996 
DEDICATORIA:

“En este año el grupo del Anuario decidió dedicar este ejemplar a  una persona muy especial que enseña en el Uruguayan American School desde hace nueve años, la Sra. Stanley . Para los estudiantes del UAS, la Sra. Stanley es más que una simple profesora, es una amiga que está genuinamente interesada en las pruebas del día a día de la vida estudiantil. Innumerables veces hemos acudido por  consejo, y siempre  nos ha recibido abiertamente. Además de enseñar Español, la Sra. Stanley ha sido la “Homeroom Teacher” de la clase de los Juniors durante muchos años. También estuvo encargada de ayudar a los Juniors a organizar la cena de los Seniors, la cual se convirtió en una tradición de nuestro liceo.  Por todas estas razones el grupo del Anuario se enorgullece en dedicar este 1995/1996 anuario a la Sra. Stanley.”


En estos tiempos en que se habla tanto de educación, -más bien de la “falta” de educación- de programas, de horarios de dedicación, del  alto índice de repetición de los estudiantes y se procura siempre  con  un empecinamiento tenaz  echarle la culpa al “vecino”- que siempre es “del otro partido” - decidí escribir en mi blog sobre mi experiencia docente. No serán artículos concatenados, sino que a medida que se me vayan ocurriendo los temas los iré anunciando con el mismo título: “De la docencia” seguido del tema que desarrollaré. Esta vez elegí contar sobre lo que es ser una “Homeroom Teacher”. Como la costumbre no es uruguaya no hay ninguna expresión que traduzca esta especial tarea docente porque al no existir tampoco hay una denominación acorde.
Permítanme hacer una breve introducción previa:
Los  orientales tenemos presentes las frases-muy manidas, llevadas y traídas-  de José Pedro Varela en las cuales manifiesta el principio de recibir todos- no únicamente los de las clases privilegiadas- la misma educación en la igualdad de derechos:
” Pobres y ricos, los niños que se eduquen juntos en los mismos bancos de la escuela, no tendrán desprecio ni antipatía los unos por los otros” (…)
 “Los que una vez se han encontrado juntos en los bancos de una escuela, en la que eran iguales, a la que concurrían usando el mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, [...] así, la escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica de la igualdad democrática”

Fue-entre otros-  este principio rector el que permitió la inclusión y  la obligatoriedad de la asistencia escolar. Sin embargo,  en los tiempos que corren y vistas las “fallas” que se han detectado en los rendimientos académicos,-y sobre todo- en la pérdida de los  valores del respeto en la  convivencia-  sobre el tema, basta ver alguno de los programas de ESTA BOCA ES MÍA,  por ejemplo, el que trató sobre los desmanes que se  llevan a cabo en el Puerto de Punta del Este, por estos y otros motivos relacionados con el bajo rendimiento,  se piensa que   necesitamos en forma urgente  mirar más a los países que avanzaron en materia educativa contemplando las nuevas exigencias del siglo XXI. (-La reforma vareliana es del siglo XIX,  fue buena, pero nos falta “ponerla al día”.  No está demás señalar que  José Pedro Varela fue a Estados Unidos y pasó seis meses aprendiendo sobre su sistema educativo.)
¿Cómo funciona  el sistema americano liceal? Voy a tomar únicamente los lineamientos generales que conocí y puse en práctica. Los expreso “con conocimiento de causa” porque trabajé más de veinte años en ese régimen. (Vale advertir que lo que comento fue así –al menos hasta el año 2006- que fue el de  mi jubilación):
Los estudiantes de un grado determinado tienen materias obligatorias y otras optativas, estas últimas las  toman según su conveniencia o gusto personal, por eso no están juntos  todo el día. Digo “todo el día” porque el régimen es de horario completo, mañana y tarde.
El salón de clase- en general-, es asignado al profesor. Esto quiere decir que depende de cada docente, la decoración, la disposición de los útiles, la asignación de los bancos, almohadones- hubo algún año en que dispuse un rincón con almohadones confortables para la lectura recreativa que realizábamos periódicamente-. Son los alumnos los que se “mueven” de una clase a la otra. Así van a la “clase de inglés”,  a “la clase de español”, a la “clase de matemáticas”  a la “clase de teatro”, a “la clase de anuario” “a la clase de arte”, o a la que sea, porque –vuelvo a repetir- hay algunas obligatorias y otras optativas- en su salón correspondiente.  A veces, el salón se puede “prestar” para dar alguna clase que no está registrada con muchas horas, mientras el titular está en hora de planificación o en hora de descanso. Esto se puede modificar, lógicamente, pero si la Dirección superior es buena,-tiene que serlo para que no se imponga ningún criterio negativo-, les aseguro que es una medida muy efectiva. Durante muchos años trabajé con directores sumamente competentes que me alentaron para desarrollar mi labor.
En el sistema americano, grado por grado,  hay  un profesor que se encarga de ser una especie de “mentor”. A ese “consejero grupal” se le denomina con esa palabra intraducible: “Homeroom Teacher”.

Mis “Juniors”

  La clase que se denomina “Homeroom”  - al menos, durante mi época en el UAS- era la primera de la jornada. Obviamente, el horario puede cambiar según las necesidades y /o conveniencias de la distribución. Yo fui “Homeroom Teacher” desde que ingresé a la institución en 1986. En general lo fui  del quinto grado liceal- los denominados “Juniors”.
Hubo una vez, cuando creía haberme librado de la responsabilidad por uno año, en que los alumnos de octavo le pidieron al director de turno para que me pusiera a mí en lugar de otra docente con la cual no se llevaban bien. Acepté y  solicité que me dejara “crecer” con ellos, (el “octavo” es el segundo año de liceo, lo que yo hubiera querido era seguir con ellos como Homeroom Teacher, al noveno, décimo, undécimo y duodécimo hasta que se graduaran. De alguna manera sentía que yo también me iba a “graduar” con ellos.  Sabía por las compañeras  docentes extranjeras-que venían y trabajaban  contratadas-  que en otros colegios americanos se había adoptado esa modalidad. El director no quiso. Al año siguiente me volvió a poner de Homeroom Teacher de los Juniors. Como yo ya estaba cerca  de mi retiro jubilatorio, acaté su voluntad contra la mía. Como podrán suponer tuve otras direcciones más flexibles. No fue este el caso.  En la hora de homeroom  se pasaba la lista general-que se reiteraba en cada clase-, también era el momento  apropiado para anotarse para   el menú si el estudiante iba  a almorzar en la cafetería del colegio, y además era el horario adecuado para planificar actividades, terminar tareas, conversar con los amigos, escuchar música, leer, escribir, y compartir con el Homeroom Teacher las ideas para recaudar dinero para una preocupación constante de  los que fueron “mis” Juniors”. (Estudiantes del Grado 11- es decir 5to año liceal): preparar la cena de despedida de los Seniors (6to año liceal). Tengo derecho a ponerles el posesivo. Eran míos. En esa hora en que estaban todos juntos, también se planteaban los conflictos  de todo tipo y color y yo -que había abrazado la profesión con verdadera vocación- también aprendí a meter “mi cuchara” para  sugerir posibles caminos de solución. Eso es lo que me agradeció este grupo que me dedicó el anuario del año 1995/1996. Se dieron cuenta de que ponía dedicación y que me gustaba lo que hacía. Trabajar en lo que a uno le gusta es siempre un enorme privilegio y yo lo sentía como tal.
No siempre la aceptación que  me manifestaron los estudiantes fue unánime.  Ya se sabe. Es muy difícil complacer a todo el mundo. Más de una vez tuve a alguno de ellos reclamando” mejor nota” – las buenas calificaciones son necesarias para aspirar a ingresar en las mejores universidades de Estados Unidos y del mundo-  y yo no las “regalaba”. Había que merecerlas. Daba la  oportunidad para obtenerlas, pero dependía de ellos el conquistarlas. El UAS se regía-como todos los colegios americanos- por un BOARD- (Consejo) de padres. El Director de la institución forma parte de ese consejo, como uno más entre ellos. A mí no me importaba si el papá de un alumno que no obtenía la ansiada “A” estaba o no, en esa dirección. Hablaba y explicaba de la mejor manera posible que tenía o que no tenía el estudiante  según los criterios vigentes de evaluación. Y calificaba-también- con el consentimiento de la Dirección- la conducta.-Incidía como calificación, en el promedio general.- Siempre sostuve que un estudiante que se precie como bueno, tiene que tener una conducta acorde con sus pares y con los docentes. Los docentes no debemos formar  únicamente en la materia que nos toca enseñar, sino también –y creo que es lo más importante- en valores positivos. Es la pérdida de estos valores la que nos está llevando por rumbos tan  negativos. Y no únicamente desde el punto de vista académico.
Siempre creí en lo que decía mi padre: “Uno no es moneda de oro para que todos lo quieran”. Pero -en general,  creo- que la mayoría  apreció que fuera condescendiente y cercana y no una malvada bruja buscando errores para censurarlos.
En cuanto a los conflictos, hubo de todo. Los relacionados con la convivencia, por supuesto. En un lugar donde pasaban todo el día juntos estudiantes y profesores de distintas partes del mundo, con diferentes culturas, maneras de pensar, religiones e idiomas, indudablemente que surgían los conflictos provocados por el “shock” cultural. El cambio de país, de idioma, el abandono de amigos, de “amigovios”, de entorno, y de costumbres provocaba en muchos un rechazo al país que se traducía en los primeros tiempos con  una negativa cerrada a aprender español. ¡Y eso era lo que yo enseñaba!
A mí me importó y mucho. Por eso me especialicé en varias áreas: en la enseñanza de español a extranjeros, en las dificultades de aprendizaje, en la enseñanza de valores.   Me gustó hacerlo. Me gustó mi profesión y me gusta ahora ya en el recodo final, cuando-como dice el Cuque Sclavo “no sé cuántos cortes de pelo” me quedan- recordar etapas fructíferas de la  vida docente.




miércoles, 8 de enero de 2014

DE LA CONTAMINACIÓN ACÚSTICA

El camastro salvador


Este tema no es ninguna novedad, ni en mi blog ni en la sociedad. Hace  tiempo que los montevideanos venimos sufriendo por culpa de este mal que se llama “contaminación acústica”, que viene de la mano de  otros  males mayores: la burocracia y la pérdida de referentes.
¿Alguno de ustedes ha sufrido  la  horrenda transformación de un barrio que era residencial y que de golpe y porrazo- con regulaciones  que son harto permisivas- de pronto, lo convierten,  en absolutamente comercial y turístico?
 Eso es lo que ha pasado-y sigue pasando- en el barrio Punta Carretas.
Yo vivo en el barrio desde 1995 y soy una  involuntaria testigo estupefacta de su transformación negativa para los residentes-es decir para los que no venimos a hacer compras o a  pasear, sino que vivimos-o malvivimos- acá-.
La instauración de locales comerciales y hoteles, -en lugar de las derrumbadas  casas de clase media-,  ha traído –como consecuencia- más ruido.
Como se han perdido los referentes de los valores de la convivencia y a nadie le importa nada del mal que le pueda ocasionar a otro, y como las autoridades se pasan la pelota unos a otros en una burocracia inútil y sin consecuencias, los vecinos vivimos en un espantoso clima que daña más y  más nuestra calidad de vida. Los comercios, para “atraer” al público, ponen parlantes en la calle, con algo que para ellos es música. A ese ruido musical no deseado, tenemos que agregarle el de las alarmas –sin respuesta- que en medio de la noche, “se disparan” sin nadie ni nada que las detenga porque en este mes de enero, muchos locales han “cerrado por licencia”. Se van, dejando una alarma que ni siquiera tiene en la puerta algún cartel que indique quién la colocó, y quién se hace responsable de su programación o de su cuidado.
Por esa razón, en estos días, me armé un camastro en la cocina- único lugar “protegido” de mi apartamento porque el resto da para la calle-. El camastro entra apenitas-como lo pueden ver-. De día, lo levanto-como si fuera un camping- y de noche, cuando tengo toda la tarea terminada, lo vuelvo a “armar”. La cocina tiene una puerta de vidrio esmerilado grueso- resistente al ruido-(hecha ex profeso); además cierro-también- las puertas de las otras habitaciones. De esa manera, me acondicioné un “refugio” donde conciliar el sueño sin que me despierten las intromisiones de las alarmas destempladas, o los ruidosos camiones que levantan los contenedores, con un barullo indescriptible, o los remiseros, taxistas, y omnibuseros que paran en el hotel-que, para  completar mi desgracia, construyeron pegado a mi edificio-,  y que hacen-por supuesto y cómo no- todo el ruido que se les ocurre. Ya se sabe que desde hace años, acá se habla a los gritos- como Tinelli, o como Petinatti- y todo el que se precie grita igual  o más, aunque sean las tres de la madrugada.
La puerta de vidrio hermética 

Hay  una alarma que se “dispara” constantemente desde que el local cerró por licencia. Es el de Caro Criado. Empecé una peregrinación para ver por dónde podía localizar a la dueña- en el local no hay ningún cartel que indique quién es responsable por esa alarma-. Hoy le mandé un “twit”. No sé qué éxito tendré. Con las “autoridades” no tuve ninguna suerte. Ni con la Policía, ni con Bomberos, y mucho menos con el Centro Comunal Zonal Nº 5 donde fui personalmente, el martes 7 de enero de 2014, día hábil-los otros días estaba cerrado-. Me atendió una joven, pero a su vez, otro empleado que estaba en el escritorio de atrás, se encargó de decirme que “no era el lugar para hacer la denuncia”; que tenía que ir al piso 9no. de la Intendencia Municipal de Montevideo. Yo insistí, porque sé que hice anteriormente  otra denuncia y la hice ahí,  en  ese mismo centro comunal. Sin embargo, se puso de manifiesto que no estaban dispuestos a que llenara el formulario correspondiente. Para esos efectos, trataron de disuadirme diciéndome que “iba a demorar mucho más”. La joven me extendió este papelito que fotografié como “prueba” de que fui, de que estuve, de que traté de ser atendida como una ciudadana que paga todos sus impuestos. Pero no hubo caso.  Después del papelito, me tuve que ir. Nadie me dio más pelota. Cada uno siguió con lo suyo-que no sé lo que es- aunque  la verdad es que nunca lo supe.
Única respuesta-inútil- del Centro Comunal Zonal Nº 5 de Punta Carretas 

¿Se pueden solucionar los problemas? Sí. Siempre y cuando se pueda saber quién es, o  será el organismo encargado de solucionarlos. En  países civilizados, hay entidades que se hacen responsables para que unos ciudadanos no abusen de otros; las autoridades toman medidas y hacen cumplir las reglamentaciones,  se elaboran mapas de ruido, se obliga a colocar barreras acústicas a las fuentes que lo producen, se hacen controles periódicos-bien hechos-, se toman medidas en el entorno para que desde determinada hora, no se produzcan excesos que impidan la conciliación del sueño. En algunos casos hasta se eliminan las fuentes molestas. Pero acá no; nadie se hace responsable porque la burocracia es tan brutal que no hay responsables en esa maraña donde nadie sabe qué hace ni para quién.
Cuando sonó la alarma hace un rato,-porque de a ratos sigue sonando-  llamé al teléfono que dice “de día”. ¿Ustedes me contestaron?  El teléfono tampoco. ¿Soy la única perjudicada? No. Consulté con el  propietario del Quiosco Ellauri, que también es despertado a media noche, cuando la alarma se “dispara”-  suena un rato y se apaga y así sucesivamente-.  Por supuesto, que la oye y se despierta, pero considera “que no se puede hacer nada”. Si no es esa alarma, es otra. La población está como resignada a ser vapuleada sin derecho al pataleo. La burocracia es absolutamente siniestra. Estamos perdidos en un mar de empleados públicos cuyos sueldos pagamos todos los otros ciudadanos, pero sin ningún efecto positivo.
Hay una ley, la 17.852 del año 2004. Parece que le pasaron la pelota al Ministerio de Vivienda. ¿Pero, a quién dirigirse? No se sabe.
Nadie sabe. Montevideo se ha convertido- lamentablemente- en una ciudad  kafkiana.








domingo, 5 de enero de 2014

LOS REYES MAGOS

Sergio Reinaldo tan campante con sus cercanos 60 pirulos
En los primeros años de mi infancia, el 6 de enero, día de los Reyes Magos, era el día del niño.
No había como ahora, el día del padre, el día de la madre, el día del abuelo, el día de la secretaria, el día etc.
Reyes, era la festividad para recibir los regalos que merecíamos por haber sido buenos, haber hecho los deberes-haber ido a misa todos los domingos, y haber rezado ( mi madre me mandó a escuela de monjas, así que los deberes religiosos iban junto con los escolares y yo los cumplía devotamente.)
Hacía varios borradores de la famosa cartita. Cada vez que escribía uno, mi madre me sugería alguna modificación de tal o cual cosa porque los Reyes, siempre que andaban cerca  de mi casa, venían con menos juguetes, ya que   los camellos estaban tan cansados que no podían con el peso de toda la carga de los exigentes pedidos que les hacíamos.
Finalmente, de una extensa lista, terminaba pidiendo nada más que una cosa. Pero ese juguete que pedía era siempre algo muy deseado y caro. Un triciclo grande- los chicos no me servían porque siempre fui alta-, un “malcriado”- así se les llamaba a unos enormes bebotes de porcelana que tenían un dispositivo en la panza que semejaba el llanto de un bebé-, “una muñeca que caminara y dijera mamá”. Sofisticaciones de la época.
Pero un buen día, quedé prendada de un pequeño malcriado que se exhibía en un  comercio que se llamaba: “La Platense” en 18 de Julio y Julio Herrera y Obes. Me gustó porque tenía unos preciosos ojos celestes y una cara de angelito bueno. Sin dudar, fue mi pedido de Reyes del año 1955.  Mi madre quedó atónita cuando leyó mi  borrador porque no era ni por lejos el muñeco más caro. En esa juguetería se exhibían unos hermosísimos trenes eléctricos con sus vías y sus estaciones, y unas enormes muñecas italianas con ojos soñadores y trenzas de pelo natural. De alto costo económico. Sin embargo, mi pedido era tan modesto que mi madre se aseguraba una y otra vez, para verificar que-  realmente - fuera esa mi solicitud. Y sí, era esa. Así llegó el 6 de enero de 1955, mi querido Sergio Reinaldo.  Llamado así porque Sergio era uno de mis nombres predilectos, y porque el hermano mayor de mi madre, el popular tío Negro, se llamaba Reinaldo.
Sergio Reinaldo fue y es uno de mis muñecos más queridos. Tiene su lugar en uno de los estantes de mi biblioteca. Con  los años,-quizás- fue sustituido por otros “muñecos” de carne y hueso- no tuve hijos así que no pateen para ese lado- me refiero a esas delicadas delicias de chocolate, sabrosas y efímeras. Trocitos de dulzura: “nariz de azúcar, arbolito, caballito de  juguete”-como expresa sabiamente Julio Cortázar en su “Carta de la Maga  a Rocamadour” en Rayuela-. Pero Sergio Reinaldo tiene la ventaja de no ser solo un grato recuerdo porque aún “vive” conmigo; sigue siendo cariñoso, fiel, y nunca me ha dicho ninguna maldad, como gorda panzona o cosas por el estilo. En su memoria de muñeco consentido, malcriado, tengo aún la misma apariencia que cuando llegó a mi casa cuando yo tenía nueve años.
Nunca fue llamado Sergio a secas sino que usaba los dos nombres tanto para jugar con él, como para rezongarlo si consideraba que se había portado mal y no había comido lo suficiente. Como yo era “inapetente”- como decía mi madre- le “trasladaba” mi falta de apetito a Sergio Reinaldo obligándolo-como me obligaban a mí – a tomar su plato de sopa o su  huevo batido con azúcar y vino garnacha para que se pusiera robusto y fuerte. Es evidente que la que me volví “robusta y fuerte” con los años fui yo. Sergio Reinaldo siguió igual.  Lo defendí tenazmente de las niñas que  tenían  claras tendencias destructivas. Rosiluz, mi muñeca con nombre de hada, y mi hermosísima muñeca Jesusa-que tenía trenzas naturales, caminaba, movía la cabeza y decía “mamá”- sucumbieron. La pequeñez de Sergio Reinaldo  contribuyó para que no fuera alcanzado por las brujildas y aquí lo tienen, cercano a los sesenta pirulos, tan campante,  como   testimonio  de mi último año de feliz niñez.