viernes, 10 de julio de 2015

APUNTES SOBRE "EL DESFILE SALVAJE"

Tapa de la novela "El desfile salvaje" 

Contratapa de la novela "El desfile salvaje" 
“El Desfile salvaje”,  novela del escritor uruguayo  Hugo Burel, según se expresa en su contratapa,  es  una historia del mejor cuño de la novela negra, un   inquietante thriller psicológico.
Confieso que no le di mucha  importancia  a esta definición, porque no es el tipo de novelas que más me atrae.  Sin embargo, he seguido la trayectoria narrativa de Burel con sumo  interés desde sus primeros años y  he leído bastante de lo que publicó. Por lo tanto, si bien no soy una experta en novela negra,  soy en cambio, una lectora pertinaz. Por eso, creo que puedo atreverme con algunas aseveraciones, pero con sumo cuidado para  no presentar  ninguna de las características  que marcó  la profesora Mercedes  Ramírez en su “Sintomatología de un profesor asustado”   Por ejemplo, la que  dice que ese sujeto julepeado:

“Usa la jerga teórica del último libro que leyó”.

Trataré, entonces, por lo menos,  de no incurrir en ese error.

Las novelas burelianas,  no son para leerlas en forma paulatina. Atrapan desde el principio y más vale tener tiempo para leerlas de un tirón.
Lo primero que llama la atención cuando se observa  El desfile salvaje, sin intención aún de leerlo, es la tapa.  Hay  una imagen que me  resulta conocida y  que me  parece haber visto alguna vez: ¿dónde? Después viene el  enigmático título: “El desfile salvaje”, ¿Leí antes esa frase?
 Apenas, abro el libro veo en la solapa,  una foto de Hugo Burel, tomada por Amílcar Persichetti.  También me llama la atención. Ya no es -obviamente- el joven compañero del Instituto de Filosofía Ciencias y Letras, de la época en que cursábamos  la Licenciatura.  En esta foto, tiene  el cabello blanco y corto, no usa barba,  el gesto es  serio,  y uno de los ojos, el izquierdo,   está casi anulado por la penumbra. Como   un fotógrafo profesional no puede  cometer errores como los míos,  cuando las fotos me quedan oscuras o semi-veladas, pienso que debe haber algún motivo para este sombreado.  Miro el año de nacimiento y saco cálculos.
Después leo  los epígrafes.
La lectura del primero me devela el misterio de la tapa y del título. Ahora ya sé de quién es la imagen que me resultó conocida,   y la del segundo me ubica en lo  del “inquietante thriller psicológico”.

No voy  a “cuadricular el texto, o a compartimentarlo en “momentos”,- según otro síntoma del docente medroso-, pero no puedo dejar de señalar que las posibilidades de estudio que ofrece  esta obra son múltiples. Menciono al pasar,  por ejemplo: el tema del doble con  los parecidos físicos que se dan entre  personas que no están unidas por lazos genéticos, el papel del azar o la casualidad en las vidas, la confusión entre realidad y sueño o ficción, el paso inexorable del tiempo, los engaños de la vida, las trampas que uno se tiende a sí mismo,  las distancias-no siempre físicas- que terminan separando  a los seres humanos; la incomunicación o sensación de vacío, cuando se comprueba –como dice el narrador- que no conocemos a nadie.  Quizás, una de las líneas más importantes sea:
la búsqueda de la redención por medio de la escritura.
 En fin. Son tantas que resulta imposible abarcarlas en su totalidad, por lo cual, señalaré simplemente,   algunas de las que más  me interesaron.

En una ponencia sobre la primera novela de Burel: “Matías no baja”, Alicia Brandou y Myriam Maristán afirman:

“Se dirige a un lector informado ya que son varias y constantes las referencias musicales, literarias, cinematográficas, pictóricas y políticas”.

 Es cierto. Y si eso ya era notorio  en  su  primera novela,  en esta que es  un  producto de su plena  madurez, las referencias al mundo cultural abundan. No son gratuitas, no están puestas porque sí, y marcan- indudablemente-, uno de sus rasgos de estilo.

Por ejemplo, para la descripción del personaje Adriana,  en  su juventud, de quien antes  se adelantó  que  “era una mezcla de intelectual y geisha” se agrega   lo siguiente:

“chica que era una versión vitaminizada de la Jean Seberg de “Sin aliento”.

No creo que los lectores que no sean  cinéfilos y que no tengan cierta edad,  puedan recordar el rostro de inocente apariencia y la nuca de   cabellos cortos de la actriz de esa película de la Nouvelle Vague. Mi memoria asociativa,  vincula  su imagen  junto a la de Jean Paul Belmondo.

Jean Paul Belmondo- inolvidable para mí- y Jean Seberg (Imagen tomada de Internet) 

La  narración en primera persona, asumida por   el personaje Marcelo,  es muy útil para escamotear o dosificar  la información que irá  apareciendo sabiamente manejada, a medida que se avanza en la lectura. El punto de partida es la muerte del integrante de un grupo  que motiva el reencuentro  de sus  amigos de la adolescencia.

Marcelo, el narrador/escritor del thriller bureliano.

Es el encargado de llevar al lector hasta el desenlace del acertijo, y  para eso, señala con  piedritas el camino  como Hansel y Gretel, para volver a casa.
¿Cómo es Marcelo? ¿Tiene similitudes con Philip Marlowe el detective que inmortalizó Raymond Chandler?
 Veamos algunos aspectos:
 Hace   una inteligente introducción sobre sí mismo: se ocupa de “escritos legales” y escribe  para rescatar la historia que, de otra manera, “estaba condenada a perderse”, y también para “intentar desentrañar su sentido oculto”.  Fue aconsejado por el editor para agregar las citas  que “acaso sean meros intelectualismos”. Empiezan a aparecer más piedritas para señalar: no quiere que el lector lo considere un intelectual. Cuando se avanza en la lectura se encuentran otros datos: es- si le queremos creer-: “un abogaducho mediocre”  perezoso, disponible, (divorciado), que escucha jazz,  toma whisky y otras bebidas espirituosas  y hace frecuentes “estudios-incluso seminarios- alcohólicos”, que le provocan resaca y dolor de cabeza.
Tiene un “esforzado Chevette” y trabaja en una “sórdida – mugrosa-vetusta- oficina”. Y tampoco  deja  pasar la oportunidad para calificarse como “sentimental”.  Esta imagen de perdedor, tiene algunas semejanzas con Philip Marlowe: la oficinita pobre, el gusto por el  jazz y el alcohol, las resacas, el uso de la primera persona para narrar  y quizás algunas ironías. Sin  embargo,   Marcelo está concebido desde una visión uruguaya: dice  ser sentimental y se tira a menos, pero,  conduce y dosifica la narración, descifra el enigma e incluso, un anagrama vital en el desenlace. Es sí, como Philip, o más que Philip, un héroe de un tiempo convulso, despiadado,  cínico y descreído. Un importante punto a su favor: pondrá su tenacidad a prueba para descifrar el acertijo, ya que eso le permitirá “zafar de otros asuntos y de ese gran expediente inmovilizado que era su propia vida”. Esta búsqueda  le permitirá “ser otro”. Marlowe tiene otras características: Es  un “private eye” solterito, al menos en las novelas concluidas,  sin amor y sin sexo. Las mujeres le gustan, pero tiene la firme  convicción de que no debe mezclar el amor y el sexo con un caso a descifrar. El mismo Raymond Chandler afirmaba de su personaje:
“I think he might seduce a duchess and I am quite sure he would not spoil a virgin.”   (Pienso que podría seducir a una duquesa, pero estoy casi seguro de que no echaría a perder a una virgen.)
Marcelo, en cambio,  no es un detective privado sino un abogado. No sé si podría seducir a una duquesa pero me parece que no rechazaría  a una virgencita si  se le diera la ocasión. Tiene otra escala de valores: dice y no dice y lo que dice hay que tomarlo con pinzas.
 En la novela,  va introduciendo aspectos psicológicos y filosóficos: el misterio de los cambios en las personalidades, los lados ocultos, y los iluminados, (¿quizás por eso la foto de su autor con una parte del rostro en  penumbras?)  Se subrayan  los cambios de los compañeros del grupo de la adolescencia a través del tiempo  y se expresa la idea de que el conocimiento del otro es una total utopía porque: cada uno de nosotros había cambiado demasiado” (pág.119) (...) “los que habíamos sobrevivido éramos extraños” (pág.284).
 Hay una imagen que sintetiza magistralmente el dolor de esa soledad o sentimiento de “otredad” irremediable:
“(...) el sueño había terminado y estábamos todos dispersos y distantes, alejándonos como masas de hielo que derivan en un mar helado”. (pág.371)
En cuanto a  la confusión de la vida y   lo radical de los cambios,  lo más conmovedor es  que Esteban, “el coronado de laurel”, -si se atiende al significado de su nombre-,  el triunfador total, el que todo lo tuvo, el que logró el éxito, la estabilidad económica,  y, el primer premio de la mujer virgen,- de alguna oscura manera, la liebre abatida con la escopeta-, se despeñó en la persecución del vano espejismo de un amor no correspondido.  Marcelo, en cambio,  el perdedor nato, el pobre, el alcohólico, el que fracasó en su matrimonio, el que  quizás tampoco logró  ser un buen padre,  termina siendo una especie de triunfador, -  aunque  solitario-  porque  dice que no sabe escribir y que lo suyo son las leyes, pero  recupera una  historia y a través de ella, una memoria, por medio de la escritura. Además, sobrevive y sale airoso.
¿Seguirá siendo protagonista de otras novelas? Condiciones no le faltan.

Las mujeres del thriller

Ya me referí anteriormente a la imagen intelectualizada de Adriana, “la musa”  a través de la mención a la actriz Jean Seberg. Es la  “pincelada” más notoria, pero no es la única.
Sobre Mónica, la esposa de Esteban, el lector encuentra estos datos:

(...) “poseía ese tipo de belleza moderna y a la vez exótica que la cultura de masas imponía desde el norte. Parecía una chica salida de la revista Elle” (pág.96)

Rosalía, la madre de Esteban, el muerto, se  evoca joven y tentadora para los  adolescentes. El narrador la trae al relato,  por medio de una  sensación auditiva; cantaba en la cocina, mientras hacía la tarea: “su voz es profunda y a la vez tersa” (...) y olfativa: “Al moverse, un perfume inconfundible se desprende de ella: las cremas que usa para suavizar su piel la envuelven en ese aroma fresco y a la vez íntimo que flota en su baño. Jamás huele a verduras o a condimentos y menos a detergentes de limpieza”. (pág.51)

Es un recuerdo sublime-como  muchos  recuerdos-; no hay mujer que tenga que cocinar para cinco varones, que se pueda sustraer al olor a milanesas en el pelo o al de ajo y perejil en las manos. Pero, aceptémoslo.  Rosalía es el primer objeto de deseo: la mujer madura, que se recuerda  joven y apetecible,  con  sus hijos llamándola por el  nombre, y que dejó en la memoria olfativa de Marcelo el  perfume de sus cremas, impregnando el lugar íntimo del baño,  como parte del halo de su atractivo sexual.

Algunas expresiones le pararían los pelos de punta a cualquier feminista: las mujeres -si se presenta  la ocasión, – se aprovechan- se toman- (pág. 105) –se sirven- (pág.106) y se tiran (pág. 270)

 Ariel cuando recuerda a Rosalía dice:

“-Más que guapa, estaba buena-

Con respecto a Mónica, el narrador comunica:
(...) “sabía que en el fondo de mis afanes podía encontrar un asomo de deseo, de ganas de manosearla, y de recogerla-en todos los sentidos, el figurado y el literal-como otro de los despojos que  Esteban había dejado tras de sí”. (pág.198)
¿Sentimentales? No lo creo. Los “oscuros” (para mí- al menos-más bien clarísimos) objetos del deseo, tienen una  innegable connotación machista.
En  el caso de la enigmática fotógrafa, la aproximación se hace, en una primera instancia,  por  medio de una foto, que da la oportunidad de describir la ropa, la actitud, la posición frente a la cámara, cálculo aproximado de la edad, y un juicio de valor: era muy atractiva. (pág.148)
Casi todas ellas son atractivas.
Con respecto   a Rosalía,  se la recuerda en su plenitud, no en su vejez. Y las que pasan los cuarenta, aún se mantienen, con algunas arruguitas pero potables a los ojos masculinos. No hay ninguna mención sobre obesidad,  várices, glaucoma crónico, celulitis, diálisis, demencia senil,  bastones canadienses, pañales geriátricos o  similares   miserias humanas que se dan en la “vejentud divino tesoro.”  Sí está presente el cáncer. El cangrejo que destruye plenitudes; pero  es muy  ágil  y completa en forma  meteórica su labor destructiva. Irene es, quizás por eso,  la más “desdibujada”. Apenas se hace mención a que en algún momento recobra “aquella antigua mirada de adolescente avispada y reconcentrada a la vez” (pág.18) y al vacío de su lado izquierdo llenándose de angustia.  Es la cancerosa que no fue musa de ninguno. Profesional, divorciada dos veces, con un  hijo de cada matrimonio,  ningún integrante del grupo,- en su mejor momento-, “la aprovechó”  “ni la tomó, ni “la sirvió” ni “la recogió”.  Todas las palmas se las llevó Adriana.
Marcelo dice  que es la antítesis de Adriana.
A mí el  significado de los nombres siempre me interesó porque estoy segura de que “marcan” la existencia- sea en la realidad  o sea en la ficción-: no sé si es una casualidad, pero  el nombre  Irene significa: “paz”   y el de  Adriana: “oscura”.
Otro detalle iluminador: Adriana y la fotógrafa tienen parejas más jóvenes. (¡Bien por ellas!)
Las descripciones que hace Marcelo de ambos hombres, son estupendos ejemplos de envidioso humor corrosivo.

A modo de conclusión de estos apuntes

Marcelo trabaja pacientemente en el armado del rompecabezas; y el lector también hace lo que puede para seguirlo, porque desde la lectura de los epígrafes hasta el final, todas las piedritas que se encuentran en el camino son intelectuales.
El primer epígrafe es de Arthur Rimbaud:
“J’ai seul la clef de cette parade sauvage”
“Yo  solo tengo la clave de este desfile salvaje”

Y el segundo, citado en español, es de Raymond Chandler:

“No hay trampa tan mortífera como la que uno se prepara a sí mismo”

Un  comentario del filósofo  Gustav Radbruch colabora eficientemente también, porque señala que todo enigma puede tener la solución pensada por el inventor, y, además, alguna otra posible,   incluso con un sentido distinto al que le confirió su creador.
 Por eso, quizás,  en  las pertenencias del muerto, aparece el tomo subrayado o marcado de Las Iluminaciones de Arthur Rimbaud,  y un ejemplar de La tierra baldía de Eliot. Dos  textos que  son  herméticos y por lo tanto,  con múltiples posibilidades interpretativas, incluidas las esotéricas.
Este comentario de Rops (supongo que es Felicien Rops,) conduce hacia el mismo perfil de interpretación:

“A la mayor parte de los textos de Rimbaud es posible hacerle decir aproximadamente lo que uno quiera, porque las palabras corresponden a realidades con las que estuvieron identificados sólo por un momento y en disposición de ánimo preciso que a la sazón se encontraba el autor”. (Pág.232)

Al fin y al cabo, no es ni más ni menos que lo que  ocurre con todos los textos: cada lector construye, “arma”  el suyo propio; de acuerdo a su real saber y entender. El significado de lo que leemos se “nutre” de nuestro bagaje cultural.

La  lectura de esta obra deja  diversas sensaciones: por ejemplo, que  el pasado es irreversible o irrecuperable; en palabras de Esteban:
“Entonces tocábamos la eternidad pero no lo sabíamos” (pág. 345).
Cualquier intento por reanudar los lazos de amistad, con pacto de sangre incluido, o de reinventar la magia del deseo o del amor, son  absolutamente vanos. No hay, tampoco, una visión gozosa de las relaciones carnales: no es suficiente con  que  Adriana se descalce y se suelte el moño; lo único que logra es una gimnasia sexual, a la que le sigue un vacío  aún más profundo.

Como dice Neruda en su poema 20:
“Nosotros los de entonces ya no somos los mismos”

Deliberadamente dejé para el final a la fotógrafa, a la mujer  del nombre más connotativo: Moira. La hermosa fascinante, desnuda, debajo de un vestido transparente, de color  amarillo-simbólicamente: esplendor, luz, y locura-.
 La que sacó de quicio  a Esteban, y dejó alelado a Marcelo.
Si se atiende al  concepto griego,  moira,  es “la parte que toca”.  La moira o el destino, de cuyo designio nadie puede escapar, porque lleva implícito el concepto de fatalidad. Ese destino, arbitrario, caprichoso, dispone  a su antojo los amores y los desamores, las vidas y las muertes, y por último, la separación definitiva -otra forma de morir-  de los amigos de la  infancia.

En el gigantesco juego paradojal  de la existencia,  queda  sin lugar a dudas, la soledad  de los témpanos de hielo, deslizándose, silenciosos,  en sus diferentes caminos de una circularidad inexplicable.

Considero a “El desfile salvaje”, por todo lo anteriormente señalado, como una especie de “novela-palimpsesto”,  porque cada lector, de acuerdo a la interpretación que haga,  borrará y trazará sus propias marcas, hasta obtener al final, su propia versión. Esta nota que escribí- por ejemplo-  es parte de mi versión.

 La escritura – en ese sentido- redime y  su contrapartida,  la lectura, también.




domingo, 5 de julio de 2015

"INOLVIDABLES" DE RAFAEL PENCE Y NACHO CARDOZO

Nacho Cardozo y elenco al final del musical

Programa y entrada al espectáculo

No es la primera vez que voy a ver una obra dirigida, actuada, bailada por Nacho Cardozo. Todos los que algunas vez hemos visto sus espectáculos-incluidos los de carnaval-  sabemos que es riguroso en su presentación, y perfeccionista al máximo. Esta obra, “Inolvidables” tiene todo eso. Incluso, como hubo una demora-involuntaria- en la presentación del show, pidió las correspondientes disculpas en los primeros momentos de la actuación.
Son realmente “inolvidables” todas las canciones elegidas, las voces que las entonan, y  los genios del espectáculo a los cuales se les rinde homenaje. Hubo de todo, desde los inolvidables universales, reconocibles para los más veteranos-y no tanto- si simplemente se ha  ido alguna vez al cine a ver maravillas de la actuación, el canto y el baile- hasta los inolvidables nuestros. Al final, el público no dejaba de aplaudir a medida que se sucedían en la pantalla tantos rostros queridos que supimos apreciar y que ya no están más “del lado de acá”, pero sí en nuestro recuerdo de espectadores agradecidos.
Por supuesto que también hubo recuerdos para las antiguas y enormes  tiendas que desaparecieron de Montevideo, como Aliverti, Yafeé, Introzzi, Angenscheidth y tantas más, así como también se recordó a las antiguas “fonoplateas”- teatros que tenían las radios más prestigiosas para presentar “en vivo” a los artistas del momento-. (Yo tengo recuerdos de una que hubo en 18 de Julio, a los fondos de la también prestigiosa y desaparecida joyería “La Lira”).
Libertad Lamarque en la fonoplatea de Radio Carve
(Imagen tomada de Internet)

Fonoplatea de CX 14 ((Imagen tomada de Internet) 
De la hermosa colección de Nacho Cardozo que se puede apreciar en el hall del Teatro del Notariado 


  Mientras se van sucediendo en el escenario, las sucesivas canciones, muchos boleros enganchados cantan el dolor del amor perdido, y muchas otras sensaciones añoradas  de una juventud que se diluyó rápidamente  en el fragor de la lejanía. Demás está decir que el público asistente, rondaba la sesentena o más. Y mientras se acomodaban se oía el sonido de los bastones en el piso. Pero después que empezó la magia del espectáculo, no hubo ni siquiera murmullos, porque permanecimos embelesados mirando y disfrutando.
Inolvidable también el vestuario, el maquillaje, la puesta en escena, las luces. Todo. Incluso hasta hubo un desfile de trajes de novia que le donaron a Nacho Cardozo, y que él supo realzar en sus bailarinas con una gracia insuperable, y con la correspondiente comicidad para presentarlas. Aparecieron, luciéndolos, por los pasillos de entrada. Hermosísimas beldades enfundadas en diferentes atuendos con la música “La Novia” de Antonio Prieto.  Dignos de verse y apreciarse los objetos –que también le fueron donados- que se exhiben en el hall del Teatro el Notariado. Indudablemente, recordé a mi madre luciendo algunos atuendos parecidos, allá en la lejanía de los años 50 del siglo pasado.
Verdaderamente, un espectáculo para ver, apreciar y recordar.

(El enlace de abajo lo conducirá a escuchar  a Antonio Prieto cantando "La Novia") 





https://www.youtube.com/watch?v=PUfIsPkON_8











domingo, 21 de junio de 2015

COMEDIAS: OCHO APELLIDOS VASCOS





Los protagonistas estelares: "el andaluz y la vasca"(Imagen tomada de Internet) 

( Si quiere ver el trailer haga "clic" en la imagen)


Una “comedia” es una obra liviana  con  una tendencia a la comicidad y sobre todo con un final feliz. Fueron comunes y frecuentes las llamadas “de enredos” y casi todos hemos visto alguna de las clásicas que, según el autor y quienes  la representen pueden aún hacernos sonreír.

Esta película española tiene un poco de todos  esos aliños: manifiesta sobre todo las diferencias entre vascos y andaluces, pero en una forma que resulta bastante trivial: personalidades, idiosincrasias,  pronunciación, nombres y –por supuesto- “apellidos”- puesto que lleva por título:

“Ocho apellidos vascos”.

 Hay situaciones inverosímiles: como que una pareja de jóvenes duerma él al lado de  ella  plácidamente durante toda una noche; o, que de nuevo con -nueva oportunidad-, él-desnudo- duerma en el piso, aunque lo pueda hacer en la misma cama. Sobre todo, tratándose de un andaluz (ya sé que es un estereotipo, pero también hay muchos presentes y explotados.) Al final, aparecen los del Río, cantando: "Sevilla tiene un color especial". Yo agregaría que los andaluces también tienen "un color especial". (Sí, sí, ya sé; otro estereotipo.) 

Resultado:
Comedia, sí, reidera, sí, entretenida, sí. Pero no esperen nada del otro mundo. No sé cómo se la habrán tomado los vascos. ( Y no pongo nada de ellos porque no conozco tanto de vascos como de andaluces.)

 Ustedes véanla, y después me cuentan  sus opiniones como siempre hacen por facebook.


sábado, 13 de junio de 2015

DEDICATORIAS

Dedicatoria de Rosa Montero en el libro "La ridícula idea de no volver a verte"



Tuve la idea de darle un toque de modernidad al dilatado universo de mis libros,  y en una liquidación del Shopping, me compré un Kindle Paper White. Para los que no comprendan o no sepan qué es, aclaro que  también se llama e-reader   o e-book- expresiones en inglés que en español se traducirían o adaptarían a algo así como un “libro-lector”. Por ahora, gracias al auxilio de un profesor que da clases domiciliarias, a “personas mayores, inteligentes y encantadoras”, -como las que alojaba  el dueño del Hotel Marigold en las películas del mismo nombre- pude guardar unos cuantos que ya tenía archivados.
 Miro mi antigua biblioteca de papel con nostalgia porque ya no tengo más espacio en mi pequeño apartamento para albergar más ejemplares. Por eso, con bastante pena, empecé a hacer paulatinamente una “purga” de libros para donar. Al fin y al cabo, lo primero que sale cuando una se muere –no me cabe duda- son los libros, que a nadie interesan demasiado. La mayoría se venderán como papel y nadie reparará demasiado en las  notas que haya en ellos. Lo lamento mucho porque nada es comparable al olor del papel, a pasar las páginas, a hacerles alguna muesca o anotación cuando lo que se lee lo merece. Pero más que nada la melancolía me la causó empezar la limpieza y encontrarme con libros  con dedicatorias. No sé cuántos tengo dedicados por autores reconocidos y premiados, pero los que tengo son para mí, preciados valores porque tímida como he sido siempre, me ha costado bastante  pedir la firma.
La firma de Rosa Montero la obtuve en la Feria del Libro de Buenos Aires 2013, donde viajé con una compañera del Club de Lectura- nos conocimos para viajar en esa ocasión, y ya lo relaté-.


La  preciada dedicatoria de Eduardo Galeano 

 La firma de Galeano la obtuve  en un homenaje que le hicieron en la Biblioteca Nacional donde me pude sentar en las primeras filas y extenderle mi libro para que me lo firmara. Me quedó su letra manuscrita, -atesoro ese libro con profunda gratitud- recuerdo con cariño  su simpatía, al atender la demanda de tantas manos extendidas con ejemplares, y muchos de sus libros con tantas enseñanzas.


El último libro de Arturo-Pérez Reverte: “Hombres buenos”,  me lo regalaron unos queridos amigos con una simpática dedicatoria-con previa consulta por si lo  tenía o no, ya que una vez me regalaron un manual de cocina y ya lo tenía por partida doble: uno más antiguo, manchado, roto, descosido, y otro más nuevo y menos cascoteado. (Como consecuencia tengo ahora tres manuales iguales, pero de diferentes épocas). Dicho sea de paso, este libro último de Pérez-Reverte me está costando bastante leerlo. Al hombre se le ocurrió, ir “novelando”- es decir contar la historia, al mismo tiempo que alternadamente, narra sus peripecias-en primera persona- para hacerse de los materiales para documentar fehacientemente su argumento. Al principio, me resultó novedoso, pero ahora, que voy por más de la mitad de libro me tiene medio podrida. No me interesa saber si él en su biblioteca particular tiene tal o cual texto del siglo de María Castaña, y-además- consiguió otro de la Edad de Piedra, escrito en jeroglíficos. La verdad.

La dedicatoria de los amigos que me regalaron "Hombres buenos" 

Hay personas que sueñan con colores, yo sueño con olores queridos, y a veces,  puede percibir  hasta el tacto de la piel. Pero al despertar compruebo con dolor y horror el espejismo: el olor era parte de ese sueño, y la persona que lo poseía también. Ya no está más. Ya no es más de carne y hueso, o si aún lo es, está lejos o es ajena. No me pertenece. No la puedo tener en estas frías noches de invierno, ni en verano, cuando su piel debe tener aún más exquisitas  emanaciones  para gozar. La sensación al despertar es pavorosa. Ese territorio desconocido me deja siempre alelada. La misma sensación de extrañamiento me ha provocado encontrarme con olvidadas dedicatorias de seres que ya no viven más. Reconozco  la letra inconfundible y la contemplo con estupor. Por ejemplo, este pequeño libro de Julio César Puppo, El Hachero, que tanto busqué por librerías de viejo, fue encontrado por mi esposo, y me lo regaló con una convocante dedicatoria  para que siguiera con un proyecto que cumplí escasamente: escribí apenas  un artículo que fue publicado, pero no el ensayo más enjundioso sobre la literatura costumbrista que proyectaba en aquellas  ya lejanas épocas.

La convocante dedicatoria de mi esposo Carlos Stanley traspasando la barrera del tiempo de la vida

Es  una de las dedicatorias que más me impactó en el día de hoy porque no la recordaba, además, encontrar la letra de mi esposo, me emocionó- y me emociona siempre-.  La dedicatoria está fechada en 1984, pasaron más de treinta años y mucha agua bajo el puente. Tengo que ponerme las pilas y volver al proyecto de:

 RECOBRANDO A LOS NUESTROS.

La dedicatoria -ahora desde el más allá-,  me llama a persistir;  no me deja más rezago posible. 


lunes, 8 de junio de 2015

THE WATER DIVINER: EL RABDOMANTE

Russell Crowe: el festejo del agua -vida encontrada ( Imagen tomada de Internet)
( Si quiere ver el trailer haga clic en la imagen) 
Es increíble la cantidad de confusiones que se pueden crear al tratar de dar un nombre “comercial” a una película. No es la primera vez que esto ocurre, pero, en este caso, como se trata del estreno como director de Russell Crowe voy a quebrar una lanza para defender el título original del filme: The Water Diviner- en inglés-.
 Para traducir correctamente este título, hay posibilidades. Una es “zahorí”- que es más o menos sinónimo de “adivino”, pero la más apropiada posiblemente sea: “rabdomante”. Lógicamente, no sería un título atractivo, por el desconocimiento del significado de la palabra, -aunque podría haberse explicado-. El título de “Camino a Estambul”, le dio más posibilidades taquilleras por la fama que tiene la telenovela turca “Las mil y una noches” por  estas latitudes. (Dicho sea de paso, “Las mil y una noches” es el libro que les leía a sus hijos-)  Pero, realmente, la película gira en torno a la habilidad del protagonista para encontrar agua en las profundidades de la tierra,  merced a un conocimiento especial, que no poseen todas las personas. Los rabdomantes son los que dominan ese arte, tan antiguo como el mundo. Y lo llamo arte porque en zonas áridas, la vida depende de lograr que de esa tierra aparentemente sin nada de vegetación, surja un hilo de agua que dé la posibilidad de sobrevivencia. Algunos descreídos, señalan que los rabdomantes son unos cuenteros. Yo creo en ellos, porque conocí uno en Treinta y Tres. La apariencia era la de un gaucho más, delgado, de alpargatas, apareció un día por la chacra de  la tía Elena, con sus varitas. Era un verano de una sequía inusual y el pozo habitual estaba casi seco. La tía lo mandó llamar para encontrar otro lugar para cavar y hacer un pozo nuevo.  El agua, es primordial para la vida. Sin ella, no sobrevive nada ni nadie. El hombre llegó, y se puso a la tarea,  y, con sus milagrosas varillas, la encontró. Por eso, hay que creer o reventar.
Desde el principio, en el filme, se ve al protagonista en su búsqueda, con unos palitos en sus manos, hasta que una inclinación que percibe, le anuncia que ahí es el lugar correcto para cavar.  También va a buscar a los hijos que le llevó la guerra. Ahí sí, va a Estambul, porque los hijos se perdieron en la batalla de Gallipoli, Turquía en 1915. Esa es la situación espacio-temporal-, pero “el hombre del agua”, o “el hijo del agua”, -así también se les llama a los rabdomantes- el que fabrica molinos,  inicia su peregrinaje,  cuatro años después. La idea de la búsqueda de la vida, recorre toda la película. Véanla bajo esta óptica que les comento. Después me dicen.


jueves, 4 de junio de 2015

ANTEL LA EMPRESA DE LOS URUGUAYOS

El Samsung Galaxy ace 4 de mis desvelos- imagen tomada de Internet- 
¿Usted tiene celular? ¿Es de Antel? ¿Cómo le fue con el contrato?
Por el contrato del año pasado, accedí a un celular SAMSUNG con un teclado minúsculo que me costó mucho digitar. Yo no nací con esta tecnología, trato de adaptarme de puro guapa que soy nomás. Pero me cuesta. El celular se me “trancaba” una vez sí y otra también. No lo podía atender, así que opté por usarlo mudo. No atendía llamadas, porque se trancaba- y tampoco mensajes de voz- por la misma razón- Muchas veces,-aunque lo expliqué hasta el cansancio- tuve que reiterar que recepciono: mensajes escritos y whatsapp. Más de una vez, alguna boluda  me preguntó: ¿Y se puede saber para que usás el celular?- con tono de para qué mierda lo tenés- y tuve que contestarle airadamente, porque a las buenas no entendía.
Ayer, me cambiaron el celular. Vino un mensajero que no sabía de la misa la mitad. Con el casco puesto, me dijo que entrara a la página de ANTEL y leyera las instrucciones. ¿Alguna vez entraron a la página de ANTEL? Es más caótica que la de la Intendencia. Y con eso está todo dicho. Cuando fui a accionar mi viejo celular, me lo habían cancelado. Pero ¡oh sorpresa! El nuevo no tenía servicio. Esta mañana empecé la peregrinación. Primero al Shopping Punta Carretas: al TELE SHOP de ANTEL- no pudieron bajar los datos. Más tarde opté por ir a la Sucursal de ANTEL Punta Carretas. Allí-después de la consiguiente espera- me atendió una especie de técnico de hablar vertiginoso. Se dice que los muy inteligentes hablan así. Yo me pregunto: ¿por qué no les dan mejores destinos que la atención de público? Yo no le entendí casi nada. En su barboteo pude vislumbrar que no me podía ni siquiera “tocar” los datos. Estaba prohibido. Lo tenía que hacer yo. ¿Cómo? Entrando a la web de SAMSUNG y aprendiendo a hacerlo. Bien. Evidentemente, en lugar de mejorar el servicio malo que me habían dado lo re-cagué (vamos a emplear el re- que es tan juvenil-) aún más.
Volví a mi casa, seguí pensando y me acordé que en el paseo al cliente hay un “POWER SHOP”- ahora es todo así-. Fui. Me atendió uno que hablaba con coherencia. Cuatrocientos pesos por la farra.  No me dio boleta. Embolsó nomás los 400. Con la emoción no le reclamé nada. Volví  a mi casa con el celular semiandando, porque no tiene ni facebook, ni mail, ni un carajo. De a poco, le fui bajando alguna aplicación.
Hágame caso. Si usted no es técnico. NO cambie de celular. Y si es posible, no lo cambie por uno de ANTEL salvo, que le aseguren que le hacen TODO. Usted contrata un SERVICIO; NO UNA COMPLICACIÓN. ¿TA?

¡BUENA SUERTE! 

miércoles, 27 de mayo de 2015

"EL EXÓTICO HOTEL MARIGOLD PARA PERSONAS MAYORES Y ENCANTADORAS-DOS- "

Lillete Dubey como la Sra. Kapur y Richard Gere como Guy Chambers

Otro filme para regocijo de veteranos

“Es la clase de película que te da la respuesta perfecta para cuando tu madre o tu abuela te llaman y te preguntan ¿Qué podría ir a ver con las chicas después de nuestra partida semanal de canasta?”  Chris Nashawaty  Entertainment Weekly.


El 6 de diciembre de 2012 comenté la película “El exótico hotel Marigold”-  que había alquilado en el finado “Blockbuster”-. Fui  a ver la segunda, esta vez en el cine.  Fiel a mi consigna de siempre, no leí ninguna crítica. Simplemente confié-como hago habitualmente- en mi propio gusto. Si la primera había sido entretenida,-como ya comenté - suponía que la segunda no tendría motivo para no serlo. Por supuesto que no esperaba una película del estilo de Bergman- ni  la buscaba tampoco- En  esta etapa de la vida prefiero cine liviano; tanto como un amigovio libre,-condición indispensable- con todas las cualidades que ya enumeré en mi artículo anterior.  También, si es posible con la apariencia de Keanu Reeves, o,  puede ser ¿Por qué no? la de Richard Gere. Y si no es así: “A otra cosa, mariposa.”   La verdad, es que para sufrir, basta  la propia vida y  sus circunstancias. En lo posible, procuro   la felicidad, no las torturas psicológicas- que por otra parte acuden solas, sin que las convoque para nada-.
Fui al cine en una hora temprana que es más cómoda porque es menos concurrida. Cuando me habitué a la penumbra vi que  la mayoría éramos mujeres de edad provecta, algunas solas,  otras con amigas. Incluso, ya empezados los comerciales, “cayeron” unas cuantas más con bastones y mucha torpeza para ubicarse. Por supuesto que no me extrañó porque las de la tercera o cuarta edad, también tenemos derecho a que haya películas para disfrutar como gorrinos en un charco (la expresión la leí en algún artículo de Pérez-Reverte y me encantó-aclaro que los gorrinos son cerditos-). En esta nueva versión tenemos a  Sonny (Dev Patel)  llevando a cabo su sueño de expandir su hotel para “personas mayores y encantadoras”. Entre esas “personas mayores y encantadoras” está  el elegante y buen mozo  Richard Gere, encarnando al inspector Guy Chambers y, comiéndose la película.
Sobre su soberbia apariencia, puse un comentario en facebook que suscitó urticaria.  No era para tanto el alboroto. No me vengan con que no actúa como en otras películas, con que lo pusieron  para que llevara público de nuestra edad y que tal y cual. La película con él no precisa nada más. Se deja  ver-completa-, mientras se come  un buen envase grande o mediano, -según con quién vayas-  de pochoclo, pororó palomitas o pop corn- que  sustituyó a la docena de bizcochos de la panadería de la esquina del cine de barrio-,  mientras una disfruta la vista con el panorama- de la India y sus alrededores-
¿John Madeen no es Ingmar Bergman? ¡No! ¡Claro que no! ¡No necesita serlo! Yo ya  no veo más películas, ni hago nada que me provoque sufrimiento. Las pelis, las elijo- si me resulta posible- livianas,  solo de vez en cuando, me animo con algún drama, siempre y cuando tenga ganas de verlo, pero, en general, en los últimos tiempos me inclino por lo intrascendente. Y si es de mi edad y para mi edad, ¡mejor! Las ácidas- aunque risueñas- palabras de Chris Nashawaty,  con las que di comienzo a esta entrega- indican una visión estrecha de una persona que piensa que la vejez no le va a llegar nunca, y que si llega hay que consultar con alguien más joven para pedir  consejo sobre algún filme adecuado para ver con las “chicas”-(todas ellas “mayores” porque son las madres o las abuelas)  como que no hubiera criterio formado, o  derecho a seleccionar por una misma, a pensar, a desear,  a  jugar. No estoy de acuerdo. Envejecer es un arte. Se puede envejecer convirtiéndose en  una ácida persona imbancable, cargada de arrugas y de mal humor, o se puede envejecer como Richard Gere-que mantiene su figura, su porte y su encanto, hasta en el tono de la voz-.
Es una elección personal, que debe comenzar en primer lugar,  tomando distancia de los que nos dañan, esos torpes seres cuyas ondas negativas perturban cualquier buen espíritu, y sobre todo, tratando de mantener el buen humor, un propósito de vida, rodeados  de seres positivos, luminosos, jóvenes, cuya energía se nos contagie. Lo demás vendrá por añadidura.
Y a la película “El exótico Hotel Marigold -Dos-“si pasaron la cincuentena, mantienen el buen humor y les gusta Richard Gere,  vayan a verla. Si son jóvenes, absténganse. Hay otras especiales, de “rompe y raja” en cartelera  para ustedes.
       





Envejecer así es un arte 

      




domingo, 24 de mayo de 2015

LA COCINA


Mi delantal divertido 
En  los tiempos que corren, las mujeres se niegan cada vez más a las tareas culinarias. Aducen falta de tiempo o, el que tienen, lo dedican  a otras actividades.  Además, los hombres, quizás llevados por este nuevo tipo de mujer,  han pasado a participar  en las tareas del hogar que antes eran de exclusivo dominio de las mujeres. Y conste de que esto no me parece mal, simplemente que acuso el cambio. Por supuesto el hombre que cocina, le pone ganas y lo hace bien. Conozco algunos que son magníficos porque además de saber preparar delicias, dejan la cocina estupendamente limpia y ordenada. Las que han logrado tener hombres así a su lado,  se congratulan, por supuesto. Es realmente una bendición, sobre todo,  para las  que no pisan demasiado la cocina. Tanto es así, que ha sido tema de murga- y si la murga lo canta por algo será-.
Pongo un ejemplo:
En el año 2008, la murga uruguaya “La Margarita”, con un insuperable Diego Bello encarnando al personaje de Superman,-graciosamente agobiado por los quehaceres hogareños-  se refería a “su mujer” -Luisa Lane- de la siguiente manera:

-      “Esta es la mujer del siglo XXI, que conoce la cocina si le queda de paso pa’l baño”.

Efectivamente,  ya no es común que se considere como condición fundamental que una mujer sepa cocinar.
 Yo vengo de una familia-mejor expresado de varias familias,  porque están las biológicas y las adoptivas- donde las mujeres-todas- cocinaban y era una actividad que encaraban con alegría, porque  saber cocinar era muy bien visto. Para mi nona era una virtud insuperable. Cuando quería desprestigiar a alguna jovencita-candidata, decía poniendo cara de asco: “Es una desgraciada. No sabe hacer ni un huevo frito”. Y eso era de lo más denigrante. Podía ser una belleza, un genio en los estudios, o en el trabajo, pero si no cocinaba, la nona no la aceptaba por nada del mundo.
Esa nona es la misma que me enseñó el camino  para conquistar a un hombre: sexo, estómago, corazón. Y señalaba a las risas, las partes correspondientes. Según ella, no se llegaba al corazón, es decir no se llegaba a ser querida,- que es al fin y al cabo lo que toda mujer que se precie, desea,-  si no se cuidaba muy bien de desarrollar los dos primeros puntos. Yo me esmeré todo lo que pude. Hasta ahora. Pero, por lógica, ahora,  estoy más aplicada a  la cocina, un ámbito que se me dio siempre como natural  y exitoso, donde me siento contenta,  tanto como cuando escribo, que es-dicho sea de paso- también, otro de mis dichosos  ámbitos naturales.

Una delicia: Manjar del cielo con crema chantilly
 Mi cocina está equipada /preparada  para pasar muchas horas, ya sea escuchando música y  cocinando, comiendo, leyendo, o escribiendo. Me gusta que se sienta que  todo lo que dispuse, lo hice para agasajar. Ni más ni menos. Me moriría de tristeza con una pareja que fuera  una persona indiferente,  que no apreciara mis habilidades culinarias, que no le encantara bailar, que no le gustara la música o que no leyera. Cuando me preguntan cómo es mi  “hombre ideal” –además de contestar que ya lo tuve por muchísimos años- puedo enumerar medio entreveradas, las  cualidades que considero  imprescindibles: tierno, alegre, de buen carácter, o sea nada gruñón- con sentido del humor, buen bailarín, buen gourmet, buen espectador y viajero, buen lector, buen amante. Y si se parece a Keanu Reeves, ¡mejor! (¡Ah, sí!  Soy muy  exigente. No me conformaría con menos. Afuera se dice que “a la vaca vieja le gusta el pasto tierno”.)

Tapa de revista tomada de Internet. Todas las jóvenes
 se querrían casar con él

Al fin de cuentas,  me hace feliz cocinar. En esta edad avanzada donde Keanu Reeves (sí; además,  soy de ideas fijas)  no puede ser más que un  imposible objeto de  deseo, cocinar es una de las actividades alternativas que encuentro más placenteras y dentro de   la búsqueda de la felicidad, que es la única tendencia humana que nos ayuda a mantenernos vitales solo  si la sondeamos incansablemente. Por eso asistí  a un taller de cocina en Philomene Cafe. La Chef Mery Bernardi, es una chica  joven,  muy agradable y con mucha “cancha” para dirigirlo. Nos entregó a cada una de las participantes,- éramos ocho, un número ideal -  una carpeta con explicaciones, consejos, recetas, sugerencias y hasta un vocabulario básico. Me gustó mucho  que  pusiera el vocabulario porque no todas las personas saben exactamente que es un “apanado a la inglesa” o que es “desglasar” o que es un “roux”.
  Los  sencillos “finger food” – tampoco todo el mundo sabe qué son, por eso lo aclaro-: son los bocadillos para agarrar con los dedos- nos quedaron exquisitos.
En el taller de cocina. Foto tomada del facebook de la Chef Mery Bernardi
- que es la tercera desde la izquierda- 
Preparamos:
·         Snacks de pollo con cereales y romero, con crema de muzarella y lima
·         Brusquetas con crema de palta, queso Philadelfia y salmón crudo.
·         Camarones apanados con panko y salsa de soja subida de tono.
·         Frutillas con ganache de chocolate, almendras y amapola.
Brusquetas con queso Philadelfia, crema de palta y salmón
Foto tomada del facebook de Mery Bernardi 


Por supuesto que, al final,  degustamos todo con un buen vino Emilia.


La  esperanza es lo último que se pierde, y es otro fanal a seguir.  Quizás algún día, pueda sorprender a Keanu Reeves con alguna de mis delicias culinarias. Y bueno. ¡Algo es algo!















sábado, 9 de mayo de 2015

ELECCIONES

Acá voté las tres veces

Muchas cosas en la vida están basadas en las elecciones. Se elige una prenda de ropa,  un perfume, un apartamento, un auto, un amigovio, o un amante. Depende de las circunstancias. Lo malo es que no siempre lo que se elige da las satisfacciones esperadas.
La prenda de ropa, después de puesta sobre nuestro cuerpo, no luce como en el maniquí que vimos en la vidriera-evidentemente el maniquí era esbelto-.
El perfume que nos encantó cuando la vendedora nos puso una gota en la mano, después de pagado a precio de oro, diluye su aroma en un abrir y cerrar de ojos.
 El apartamento tiene humedades por todos  lados-nadie de la inmobiliaria  nos lo advirtió- el auto, no rinde el kilometraje esperado, el amigovio, exhibe excesivo interés por el fútbol y por su amado celular, y el amante es casado. No se puede quedar a dormir con una. Con lo lindo que sería poder  arrimarle los pies helados ahora que ya empezó el frío. Una verdadera pena. La política también. En Uruguay nos hemos pasado más de un año con elecciones. Las ofertas fueron de todos los colores y de todos los partidos. Nos avasallaron con la propaganda-usualmente denigrándose los unos a los otros-. Los predictores le erraron como a las peras, mal de los oídos, y también mal del olfato. No olieron nada de verdad. Ahora, nos tocó la última-creo- Después de mucha propaganda por unos y por otros: las elecciones para  las Intendencias departamentales. Más o menos todos prometen de lo  lindo-como usualmente lo hacen- pero luego de llegar al poder,  “a otra cosa, mariposa”. Si te he visto no me acuerdo.
En las elecciones presidenciales anduve a la caza fotográfica por las cercanías. Es una manera divertida de “tomarle el pulso a la república”-viejo dicho que se usaba hace años-.
Lo más llamativo que encontré, fue un cartel en una casa de abajo. Evidentemente se trataba de una propiedad horizontal, con distintos dueños o inquilinos. La de arriba lucía el cartel de la 71. La de abajo, un cartel de un “No a la baja”-impreso- con una leyenda  a mano que decía “Acá no votamos a la 71”. Y ya estaba todo dicho.
Acá NO votamos a la 71 

Arriba sí  votamos a la 71 

























Uno de los grandes problemas es la inseguridad. Pese a lo que dicen los políticos que detentan el poder, es muy difícil caminar por la calle, sin que un delincuente no te tire al piso con violencia  para robarte. Lo mismo si andás en el auto. Unos  niños que no levantan ni un metro del piso, mientras parás en el semáforo,  te rompen el vidrio del acompañante  para hurgar debajo del asiento-lugar privilegiado donde las mujeres meten las carteras- Una  de las pruebas de que la inseguridad  no es moco de pavo y va en aumento cada vez más, es la cantidad de rejas que hay colocadas por todos lados. Aquí tienen el quiosquito de Ellauri, y nada más y nada menos que la Iglesia de Punta Carretas, también enrejada. En el portal de la casa de Dios, se venían a dormir muchos “sin techo”,   y el  cura será muy piadoso pero puso coto.


La casa de Dios, también enrejada 


Quioskito Ellauri enrejado 

El reclamo de la población es general. Todos prometen que van a combatir la inseguridad. Lo cierto es que vamos de mal en peor.
La propaganda ha sido –y es- variopinta. Pero también es engañosa. En un “edificio de alta gama”-como se suelen apodar ahora- apenas había un solitario y triste cartel de la 15.

En un barrio de "alta gama" cartelito de la 15-uno solito nomás- 

Por la misma zona pude observar una placita-que estuvo abandonada durante mucho tiempo- que estaba siendo refaccionada. Es como una manera de decir: “¿Ven como la Intendencia colabora con los vecinos? ¡Miren qué linda que la estamos dejando!” 

En época de elecciones la IMM arregla la placita ¿Ven cómo trabajan para dejar divina la ciudad? 

Un lindo detalle fue el carnaval que se armó en la Rambla de Pocitos. Distintos partidos, distintas consignas, distintos colores, en la lucha por ganar el primer puesto. ¿Por qué no? Al principio parecía un sueño imposible. Ya no.

Carnaval de colores y de propuestas 

Dejé para lo último un toque de humor-no todo puede ser tan negativo-En una vidriera: se venden “salceras” y “Salcera”- El que escribió estos cartelitos, no se enteró de que la “salsa” además de ser un baile y una preparación gastronómica, va con “s” y-como rasgo de familia- el resto de las palabras que la aluden, también.

Se vende "salcera" ¿qué será? 

¡Hay de todo en la viña del Señor!
Y que nos siga asistiendo para seguir viviendo en esta ciudad, sean quienes sean los gobernantes de turno elegidos.