jueves, 25 de enero de 2018

POR LA CIUDAD

Por la ciudad, calle Chaná



Hoy de mañana, después de unos desagradables análisis clínicos, necesitaba respirar aire puro y dar una vuelta para calmar alma y cuerpo. Desde la calle Canelones, llegué a Bvar. Artigas y a mi aire, caminé hasta Chaná, pensando que, si no estaba muy lejos el Mercado Ferrando, podría tomarme un café con leche, y comerme un par de esponjosas medialunas, de esas que le vuelven el alma al cuerpo a cualquier desgraciado. Así lo hice. Para mi asombro, a la primera  cuadra de Chaná,  empecé a sentir esos olores característicos de mi infancia-  no se trataba de la magdalena de Proust pero casi- olía a sopas caseras, a tucos, a panadería con bizcochos recién horneados, y a recónditas madreselvas barriales.

Encontré una carnicería “a la antigua”- que me despertó recuerdos también, porque viví parte de mi infancia y adolescencia en un pueblo que se caracterizó durante muchos años por estar repleto de carnicerías-.
Quedan pocas carnicerías de barrio 

 Comprobé también que la viveza criolla sigue funcionando: como abrió el Mercado Ferrando muy cerca de ahí, ya hay algún local grande que se ofrece en alquiler,  y, con seguridad que si el emprendimiento progresa tendrá en algún momento algún candidato a inquilino que pueda sacar buen partido de él.
El local para alquilar, cerquita del Mercado Ferrando


Casi sin notarlo llegué al mercado.

Llegué así. 

 Encontré las deliciosas medialunas, y el capuchino humeante.

Delicias del Mercado Ferrando 

 Y, como no podía ser de otra manera, también me compré un libro de crónicas.  Muchas ya  fueron publicadas en periódicos y revistas:- una de las formas más amenas  de difundir conocimiento-. Cuando el autor, que más que nada se reconoce como periodista,  es responsable, informa, y antes de informar, investiga. Creo que este el caso. 

Mis primeras lecturas de este autor

A veces, si las rodillas me responden, emprendo alguna breve caminata para curiosear alrededores de la ciudad que no pude explorar antes.
Nadie me asaltó, ni me tiró al piso para sacarme el monedero, así que por lo menos esta vez, bien valió la pena.  

Librería surtida y con atención amable



sábado, 20 de enero de 2018

BUENOS DÍAS, ME LLAMO FULANITA

Estrés, dolor de cabeza( imagen tomada de Internet) 

Yo tengo un seguro médico que contraté hace años.
En su momento, muchas empresas pagaban parte de ese gasto a sus empleados (sí, aunque no lo crean, hubo  épocas de  vacas gordas)  y se aseguraban  una buena asistencia laboral. Cada uno optaba por la que le parecía más conveniente. Después, como todas las cosas de la vida, hubo deterioro, las empresas que pagaban,  se fundieron con la crisis,  vino la jubilación, la vejez, y ya no fue-ni es-  posible hacer  ningún cambio.
Actualmente,  pago una mensualidad altísima-porque después de la crisis con la consabida  jubilación, recortadísima por impuestos-  no tuvimos más derecho a nada-  y, sin embargo, pese a que incorporaron algo tan moderno como la “video consulta”, no recibo la atención merecida. Les cuento. Ayer, solicité la repetición de  un medicamento que tomo para la hipertensión. No es nuevo, está en mi ficha médica. Se me venció la receta de  tratamiento prolongado, y como gran solución me daban la opción de ir a buscarla-yo o algún familiar-  a los Consultorios del Puerto, es decir que me tenía que desplazar desde mi casa para que un  médico me la extendiera, para luego, pedirla a FARMASUMMUM.
¿Para qué sirve la “video-consulta” si un médico no puede recetar aunque así figure en el boletín que envían a domicilio? ¿Servicio “personalizado”? ¿Cuál? En la realidad, es un seguro de salud con unos servicios burocratizados-como todos- y prestaciones inexistentes.
No fue el único caso, pero sí el más flagrante.
En el mes de enero, es muy común  para mí, recibir llamadas con propuestas inverosímiles, desde las que quieren asegurarme la vida, hasta las que me proponen una multitud de  auxilios inexistentes. Casi todas las llamadas empiezan con un “Buenos días, me llamo Fulanita”. Ya se sabe que después de eso, viene la propuesta. Habitualmente, les digo que no desde el principio, pero las han preparado tanto  para la insistencia que  resulta muy difícil sacárselas de encima. Por eso, hay que mantenerse en el molde a rajatabla para insistir en  la negativa. Tengo los servicios,- o por lo menos,  creía tenerlos como les conté anteriormente-,  que considero precarios, porque  ninguno cumple con las expectativas-  pero  a mi edad, ya no puedo prescindir de ellos porque no los puedo cambiar. Lamentablemente.  Tampoco  quiero añadir ningún otro de la misma índole.

¿Razones? Me sobran. ¿No les parece?

Maravillosa escultura de Kyuin Shim: "Compartir" 

La   maravillosa escultura del coreano Kyuin Shim, se llama “Compartir”. Eso es lo que hice: compartí mis desazones, para quitarles peso y no llevarlas  en completa soledad: La verdad es que estamos pagando servicios despersonalizados que se reducen a simples y vulgares trámites burocráticos, llenos de lucecitas de colores, pero obsoletos,  inservibles, inefectivos, inexistentes.



sábado, 6 de enero de 2018

LA RUEDA DE WOODY

Woody Allen por  Alan Bielawski ( tomada de Internet) 

Ya saben que soy fan de Woody, así que no pongo ninguna excusa: hoy, seis de enero, día de los Reyes Magos, me fui a ver “Wonder Wheel”- su “Rueda de la maravilla”.

No es nada difícil ubicar estos:

Leitmotivs:

·         Música. Un ejemplo: You belong to me Jo Stafford 

   

·         Una época del pasado que le atrae

·         Personajes soñadores e infelices o insatisfechos




·         

 
Otro leitmotiv: los muelles de madera. Debajo de los cuales se dan escenas de amor 



·         Lugar de ensueño: Bora Bora

La vida está concebida como  un amargo laberinto.Ninguna de las protagonistas vive con el hombre de sus sueños. El príncipe azul aparece en la figura de un atractivo salvavidas (una función que no creo que esté puesta porque sí, sino al servicio de la trama); que no tardará en ser motivo de disputa entre las dos mujeres: la esposa y la hija del  operador de la Wonder Wheel.
Todos los personajes tienen sueños insastifechos: Ginny, habría deseado ser una afamada actriz dramática; en cambio le tocó ser una camarera que trabaja por necesidad. Por celos, se puede convertir en un ser siniestro.  Su hijo (de su primera pareja,) es un pirómano incorregible. Angustiado, solitario, cinéfilo. Vaya a saber qué caos interno tiene ese muchachito que no deja de prender fuegos en todos lados, y se queda absorto en su contemplación.
El salvavidas, desea ser un escrito reconocido (como su amado Eugene O’Neill), y de hecho lo lee y lo recomienda, pero trabaja en la playa, procurando salvar la vida de las personas que se arriesgan.
La hija del operador de la rueda; que aparece en Coney Island, buscó la felicidad tratando de huir de la mediocridad, eligió a su  marido por amor, pero   es un gánster que la hará buscar para matarla por haber revelado secretos de la banda a las autoridades policiales.
Humpty, el marido de Ginny, tampoco es feliz. Es un hombre violento, alcohólico, que lucha por salir a flote,- se han ayudado mutuamente con la mujer-que también tiene problemas con la bebida, pero aún así no está satisfecho. Vive únicamente para una actividad: ir a pescar. Invita a  su mujer, pero  ella manifiesta una y otra vez que no le gusta.
El ambiente de Coney Island, es dominado por la “rueda de la maravilla”, o “la rueda de la fortuna”.  (Porque hace lo que quiere y como quiere).

La rueda de la maravilla dominante desde el principio 


El destino, como en casi todas las películas de Allen, es absolutamente imprevisible. El ser humano, sueña, trabaja,  plantea, filosofa, planifica, elabora, pero el destino da un zarpazo y manda todo a cualquier lugar jamás pensado ni concebido.





jueves, 14 de diciembre de 2017

MADRID, MADRID, MADRID,


Para ir a de París a  Madrid, me vino a recoger un transferista peruano radicado en París. Su trabajo consiste en transportar gente de los aeropuertos a los hoteles y viceversa.
Efectivamente, las compañías tercerizaron ese servicio. Así se diluyen las responsabilidades. Como preguntando se llega a Roma, al final llegué a la compañía local Air Europa,  me dieron un boleto electrónico, y volví a deambular por los pasillos buscando el “gate 10”. También pregunté y llegué. Pero no se crean que es un único “ gate 10”. No señor. Son varios, pero, para ubicar el que me llevaría a Madrid, simplemente, miré la pantalla. Era el “10H”. Y otra vez a buscarlo para sentarme enseguida lo más cerca posible de la salida. El  avión salió  en hora. Me tocó- como era de esperar- un asiento en la ventanilla; -aunque le había rogado a la agencia de viajes de Uruguay que no me colocaran en ventanilla, sino en pasillo- Hay tres asientos de cada lado. Recé a todos los santos para que no me vinieran ganas de hacer pipí ni nada por el estilo. El tiempo estimado de vuelo fue de una hora y dieciocho minutos. Bien. La tripulación dio indicaciones bien precisas para los que hacían conexiones pero para los desgraciados que nos quedábamos en Madrid, no. Le pregunté a una empleada de la compañía dónde recogería mi valija  y me farfulló: “Sala seis”. La ubiqué, allá a lo lejos.  Quedaba a miles de cuadras de donde yo estaba.  Por lo cual, peregriné un rato largo para llegar  y, encontrar mi maleta, solitaria y abandonada la pobrecita. Otra odisea encontrar la salida. Vi una cara conocida, era un tejano con el cual habíamos coincidido en el hotel de París, y, que también había venido a Madrid. Me estaba buscando porque esta vez, sí, el señor transferista estaba en tiempo y forma con un cartel con mi nombre. De paso, como era un conductor locuaz aproveché para hacer más preguntas. Efectivamente, el sistema es tal cual yo lo pensé. A Leonel, que así se llamaba este portugués, lo tomaron porque además del español, hablaba francés y, por supuesto, portugués. Con estos tres idiomas más unas pocas palabras en inglés venía trabajando desde hacía tres años. Al llegar al hotel, después de lograr la clave del wifi,  me comuniqué con mi sobrina Ana Clara. Nos fuimos a cenar  a Casa Mingo, uno de esos pollitos a la sidra-regado con un buen vino tinto-,  que saben preparar  como los dioses. Y con tan delicioso plato,  el alma me  volvió al cuerpo.
El delicioso pollito a la Sidra de "Mingo" 


 ¡Había llegado a mi querido Madrid! Hacía diez años que no lo veía; la última vez, fue con mi esposo cuando celebrábamos con un viaje, los  cuarenta años de casados: año 2007.
Al día siguiente salimos a hacer un paseo de compras y de reconocimiento. En una librería que había ubicado Ana Clara,  compré el libro “China para hipocondríacos” de José Ovejero, que ella había dejado reservado.
Otra delicia:  un exquisito  libro de viajes  de José Ovejero que ya comentaré 


 Anduvimos en metro, fuimos a la plaza del sol, nos sacamos fotos con el “oso madroño”, tomamos aperitivo con aceitunas, almorzamos un pincho de tortillas con un jamón ibérico que estaba de muerte. Las dos felices con el reencuentro y la charla.
Otra delicia madrileña: jamón ibérico con pincho de tortilla 

Esperé a mis amigos madrileños. La primera en llegar fue, Rita, después María, Miguel y Luis. Eva, vino de noche al Ñeru- uno de los preciosos lugares donde se encuentran a menudo- En el anochecer, me llevaron a ver Madrid desde lo alto. Comimos, bebimos, conversamos hasta por los codos. Después de varios años de ser “amigos virtuales” del Club de Libros de Rosa Montero, me llegó el turno de verlos y abrazarlos. Y lo hicimos con muchas ganas. A cada paso, nos abrazábamos y besábamos.  Era la primera vez que nos veíamos personalmente. Una verdadera delicia.
Quedamos de encontrarnos al día siguiente en el “Reina Sofía”.
De mañana, me despertó  la limpiadora,  pero yo todavía no estaba ni remotamente pronta, porque tenía  que bañarme con sumo cuidado en una bañera peligrosísima, alta y resbalosa. Después de desayunar, fui  al Reina Sofía, donde habíamos quedado de encontrarnos. Almorcé en “El Brillante”. Me pedí un delicioso bocadillo de calamares con una cerveza. Más o menos, después de una hora, vi que no había ningún movimiento en el Reina Sofía. No. No había porque estaba cerrado. Era martes. En la calle no tenía wifi, así que desde un Mac Donald avisé a mis amigos que  los iba a esperar en el mismo lugar, pero me iba a dar una vuelta por el Museo del Prado. (El Prado cierra los lunes, el Reina Sofía, los martes.) Antes, decidí pasar por  el baño. ¡Sorpresa! ¡Baño codificado! En la puerta, tenía  un tablerito digital. Había que introducir una contraseña para que se abriera la mágica puerta. Le pregunté a una de las cajeras que me informó que el código estaba en la boleta de compra (menos mal que no la había tirado.) Después de digitar correctamente la clave, pude ingresar al reino.
Pero después, acompañada por los amigos españoles, ya  no tuve más sorpresas  o  inconvenientes, yo les entregué mis presentes de Montevideo, y ellos   me hicieron unos preciosos  regalos: chalina, pulsera, libros, y salimos a callejear, a  comer tapas, a beber tragos, y a conversar de todo, con gran algarabía y regocijo.
 Me llevaron al templo de Debod- un antiguo templo egipcio-regalo de gobierno a gobierno- Un lugar emplazado en un hermoso parque donde Miguel, sacó magníficas fotos en claro-oscuro.


En el templo de Debod: María, Rita y yo 



 Felicísimos  por la experiencia de habernos conocido personalmente, y con planes de futuro para volver a vernos “del lado de aquí, o del lado de allá”, porque todo puede suceder de aquí en más.
Gracias, madrileños, por los buenos momentos que me depararon en mi corta estadía. Me hubiera quedado más días, también  habría viajado al Sur, - a ver a Juan Pedro- al Norte, a ver a Sonia, y a otros lados, para ver a tantos otros que quisieron pero no pudieron acercarse a Madrid. Pero no importa, no nos faltarán oportunidades porque el cariño sincero tiende puentes, y nosotros, volveremos a cruzarlos  con gusto para encontrarnos muchísimas más veces.



martes, 5 de diciembre de 2017

TIERRA DE LUZ, UNA EXPERIENCIA SINGULAR

El refugio de luz 
En un lugar paradisíaco, después de Minas, cerca de Aiguá, se encuentra “Tierra de luz”, fundado hace más de veinte años. Un grupo de amigos decidió que era un enclave estupendo para actividades de retiro espiritual, meditación y  reposo. Así lo formaron los socios: poco a poco. Al principio no había luz. La trajeron. Ahora tienen heladeras, cocina, (económica y de las otras), horno a leña, y agua caliente.
 Una  de  las socias de este emprendimiento y que participa en  el grupo de biodanza, decidió invitarnos para pasar un fin de semana. No fuimos todas. Por hache o por be, hubo unas cuantas que no pudieron o no quisieron ir. Yo sé que no es fácil “arrancar” para  un territorio desconocido,  donde no se sabía exactamente qué nos iba a esperar y qué íbamos a hacer. A mí también me costó. Pero la compañera hasta me consiguió conductor preparado, avezado y dispuesto a  quedarse a participar.
Salimos temprano, alrededor de las ocho de la mañana de un sábado,  Por causas que desconozco, mi conductor tomó por otra ruta- no por la que ella señalaba- pero celular mediante,  en Minas nos encontramos ambos  vehículos en la estación de servicio. De allí seguimos juntos. Llegamos más o menos a la hora prevista.
Apenas me bajé del auto vi  un perro. Y como no me gustan,  lo primero que dije fue: “¡Uf! Hay un perro”. Extendí la mano al socio que estaba en la puerta, que me dijo sonriente: “acá, nos saludamos con un abrazo”. Además de él, también había ido  otra socia  para adelantar trabajo y preparar comida. (Debo decir que hace un pan casero de ensueño.)
Shiva 


 “El refugio de Luz”, tiene arriba,  un amplio  dormitorio colectivo. Hay que subir por una estrecha escalera caracol. (Un inconveniente a  sortear con empeño y buen humor.) Abajo,  están los baños, la cocina, el comedor, los porches con mesas, hamacas, perezosos y cómodas sillas. El entorno es un paraíso terrenal. A pocos metros, donde están las ermitas, hay hasta una corriente de agua cristalina, que no es muy profunda, donde me dijeron que se bañan sin ningún peligro. Para pasar de un lado a otro, hicieron un hermoso puente. Hay cómodos bancos de plaza para sentarse a mirar el campo, la corriente, o, el lago, que también fue planeado y hecho como querían.
La rumorosa corriente cercana

Los socios que nos recibieron habían preparado todo con muchísimo esmero: desde las comidas hasta las actividades. Una de ellas, fue visitar las ermitas recordatorias de personalidades célebres o de socios fundadores que ya no están en forma física. Se trata de montículos de piedra con imágenes o símbolos que los representan. En el lugar reinaba una gran paz. Cuando regresamos al refugio, sentimos un sonido agradable producido por las hojas de los árboles. No sé cuáles son, pero sí sé que fueron elegidos y plantados especialmente para poder oír el encantador rumor que producen.
Entorno con árboles rumorosos y hamaca 

Después del aperitivo vino el almuerzo. Siempre en abundancia.  Las actividades se fueron sucediendo  y todos participamos con entusiasmo. Al anochecer nos vimos una película que nos hizo reír mucho: “El regalo”. ¡Y tuvimos hasta “pop”!- como si estuviéramos en el cine-.A a la noche, dormimos cada uno en su camita, como verdaderos angelitos.
En cada ocasión  en el living o alrededor de la mesa, nos daban para leer cartas y tarjetas. Cada uno leía las suyas y se hacían  comentarios. El ambiente distendido contribuyó para que todo lo que hiciéramos fuera encantadoramente placentero.
El segundo día, después de un desayuno- que como ya expresé era abundante- hicimos otras actividades guiadas.
Hubo una sesión de sanación por medio de la música producida por cuencos. Para mí, toda una atrayente novedad.
Cuencos e instrumentos para sanación. El tambor del centro, reproduce el sonido del océano


Finalmente, no pudimos ir a las ermitas porque la lluvia había dejado todo embarrado, pero Gusti, lo solucionó con una pensada y elaborada tarea de interior. María y él, prepararon una canasta con piedras elegidas. Nos dieron una a cada uno. Y mientras, evocaban y nos contaban la primera impresión que habíamos causado. A mí  me tocó una piedra grande, densa, dura. La primera impresión que causé no fue buena. Entré protestando por la presencia del perro (que para colmo de males era de Gusti), extendí la mano (influencia de añares trabajando con norteamericanos que no tienen por costumbre besar o abrazar). No me sorprendió el juicio. Sé que no soy simpática, y tengo muy bajo el nivel de tolerancia. Es una verdad absoluta. Pero después me avine a la presencia del perrito que fue más flexible que yo; no me avanzó ni me hizo fiestas de ningún tipo. Sabio el tipo.
Otro exterior encantador 

Volvimos a Montevideo, a nuestro aire, sin apremios, por la ruta 8, pasando por Minas, Solís de Mataojo. Fue una experiencia singular.





jueves, 30 de noviembre de 2017

V E R S A L L E S


Los jardines versallescos tienen estatuas como esta 


Esta fue la más masiva de las visitas que hice en París. En el bondi íbamos cuarenta y seis personas- de cada pueblo un paisano- Nos largaron en el jardín enormísimo, y nos indicaron cómo hacer para salir, “siguiendo la valla blanca” y cada uno a su aire. Había una enormidad para recorrer porque los jardines son- precisamente- “versallescos”: enormes, majestuosos, con magníficas estatuas, caminos, lagos, en fin, un verdadero jardín francés.  (Que no es ni inglés, ni chino). Recorrí y tomé fotos, pero hacía un frío descomunal, por lo cual me decidí-antes de enfermarme- a recorrer la valla blanca, encontrar un baño y  la cafetería para mandarme a bodega un buen “chocolat”.

Algún día te veré con menos frío, Versalles 

Después se haría la visita al palacio. Como la guía fue la misma chiquitina maldita que nos llevó el día anterior, no me hice ninguna ilusión sobre la visita palaciega. Además, el buen gusto del chocolate y un mantecado me devolvieron el alma al cuerpo. Me perdí un rato en mis propios pensamientos- cosa que el genial Cortázar recomendaba hacer lo más frecuentemente posible- y, mientras, bebí con verdadero deleite la delicia caliente. No me acordé de ninguna manera si la visita iba a comenzar a las dos, o, a las dos y cuarto.  Decidí que no estaría  mal ir a la puerta B-como recomendó la de las gárgaras- para hacer el recorrido. Cuando llegué a la puerta B, el guía general, Antonio, el español, estaba desalado esperándome. Ya habían entrado. Por lo cual, me asignó a otra guía, un poco más amable,  que de inmediato me aclaró  que si revisaban el número de visitantes, ella tendría veintiuno- uno más- por lo cual  yo debería indicar que no la conocía- Todo esto con una sonrisa de oreja a oreja. Y yo esbocé otra, pero me quedé pensando para qué mierda había pagado todo lo que pagué si prácticamente iba a estar de incógnito. Me enteré entonces, -no antes-,  que Special  Tour, lleva varias “excursiones”, en múltiples ómnibus,  de más de cuarenta personas cada una y, las  divide entre  guías locales en grupos de veinte. De más está decir que veinte personas es un número copioso, por lo cual aunque nos pusieron microfonitos para escuchar lo que decían, no entendí ni capté un pepino.  Me quedó una vaga idea de que fue Luis XIV el que mandó construir el palacete, con una  “sala de espejos” famosa- que la hizo para alardear entre la nobleza que se  ponía verde de envidia-, y, que los majestuosos jardines eran recorridos asiduamente por su majestad en compañía de los nobles invitados, aunque quedaran morados de frío porque el rey no lo sufría y, por lo tanto, no le importaba. Además, daba conciertos, y danzaba- en los jardines- sin importarle en absoluto  la helada temperatura. Se preguntarán por qué hago tanto hincapié en el frío. Pues bien, porque hacía un frío  tan considerable que me impidió disfrutar enteramente del paseo. Por lo cual pude ponerme en la piel de los cortesanos que habrían sufrido lo mismo o más.
Otro paseo para volver a hacer con otro ritmo, otro guía-personalizado-, y tiempo suficiente para recorrer y ver.

Más jardín 


También hice un paseo en el “bateu mouche”. Sencillamente, olvidable. El frío era tan intenso al anochecer que dando diente con diente, lo único que deseaba intensamente era volver al abrigo del hotel. 

domingo, 26 de noviembre de 2017

TRIBULACIONES CON WORD


En el eurotunel- el ómnibus entra  "entero" y después se puede bajar. Hay baños y café-
No le hagan caso al guía. Es cierto. Están a muchos metros abajo del agua, pero es totalmente hermético.
 Se pueden morir tranquilamente. 

Los ingleses no tiran nada. Reconstruyen todo. Acá tienen una casa que está siendo reciclada. El estilo se mantiene.
Es probable que el interior se modernice absolutamente, pero la fachada permanece tal cual como era. 
Puse  alguna foto que quedé debiendo de la anterior entrega.


Esta es la segunda vez que escribo este texto porque el otro, por misterios del Word, resultó perdido irremediablemente. Me da pena porque me había quedado bastante bien, pero ta, voy de nuevo.

PARÍS

“Bien vale una misa”, dijo la guía que indicó el rey  protestante que quería reinar en el  París católico. Y yo afirmo lo mismo, y le agrego que también vale unos cuantos perifarflex para poder recorrerlo con velocidad similar a las de las guías locales.  La que me tocó en el París diurno, era una pequeñita- y no es discriminación sino la pura realidad- ya que no se veía en la maraña de personas que íbamos en los paseos. Además de pequeñina, llevaba un paragüitas- acorde a su tamaño, también diminuto, pegado a su cuerpo-, por lo cual, no se veía ni ella ni el adminículo que supuestamente tenía que indicar su locación.

PARÍS DE NOCHE

Y a vuelo de pájaro, fue lo que fue, con esa guía olvidable que, para colmo de males hacía gárgaras para hablar francés. Le entendí nada más que Francois Miterrand, porque lo nombró varias veces, y al final, me di cuenta, pero el resto no sé. Antonio,­– el español, no el italiano que se quedó después del cruce de Londres a París–, llevaba el control de los que íbamos en el tour. De todas maneras, aunque el tour no fue ni lejanamente lo prometido en catálogos y agencias, la magnificencia de París saltó desde sus monumentos emblemáticos y se impuso con su belleza. Volví a revivir los paseos que hicimos con mi esposo las dos veces que fuimos a Europa, porque también fueron así, pero, como éramos relativamente jóvenes y sin grandes dolencias, caminábamos a la par de los correcaminos que nos tocaron.

El monumento más impactante de ese paseo nocturno  –al menos para mí- fue la Torre Eiffel. A cada hora, la iluminaban con luces centelleantes. Le saqué fotos, obviamente que  de lejos. Tampoco pude entrar; no estaba prevista ninguna entrada, pero igual  resultó inolvidable. Y quedan ganas de volver para verla de cerca, subir por ascensor hasta donde se pueda, y comer en alguno de sus restaurantes. Me dijeron que hay uno inaccesible para el bolsillo del turista común, y otro más o menos que aunque sea una vez en la vida hay que conocer. Y debe ser así.
La torre y yo. Con un frío descomunal. 


PERDIDAMENTE CRONOPIO
A la vuelta del paseo diurno por el París panorámico, y ya en el hotel, tuve que solicitar ayuda para abrir la valija. Como nos dijeron que en París había muchos “carteristas”- o sea punguistas- dejé adentro, mi bolso de calle con los documentos, pasajes de avión, y demás enseres. Simplemente, llevé  la máquina de fotos y unos euros suficientes para alguna compra de ocasión. Obviamente que la cerré con el candado. Pero: ¿Dónde estaban las llaves de casa y las del candado? ¡En el bolsito de mano! En uno de los comercios compré un candadito minúsculo que parecía de juguete. De la recepción me mandaron un enorme senegalés con una pinza tan grande como él. Cortó el candado como si fuera un pastelito. Recuperé todo. Y guardé lo más importante en la caja fuerte. (Sí. Había caja fuerte en la habitación. Y con código. Por eso, afirmo que soy perdidamente cronopio.)
Nos dieron un tiempo para comer en las inmediaciones del Louvre, y me decidí por un Mc Donald, no por bueno, sino por conocido. Vuelvo al Louvre para iniciar la visita- otra a vuelo de pájaro, por supuesto-

El Louvre es enorme. Y la visita es por escaleras. Vi de lejos a la Mona Lisa- ya sabía que era una pintura pequeña, no me acerqué, y ni siquiera lo intenté porque el gentío era monumental. Me detuve más que nada a observar a “la Venus del Nilo”-dijera Cortázar en uno de sus cuentos- que es de una belleza apabullante, aunque la guía de las gárgaras  recomendaba más a la “Victoria de Samotracia” yo considero que la Venus está dotada de una fina sensualidad. Me perdí pinturas y vistas de  otros salones, pero le saqué alguna foto. Qué joder. Aquí están.
 
" La Venus del Nilo"- dijera Cortázar en uno de sus cuentos-

La misma, de atrás- como se puede apreciar una belleza sensual total






viernes, 10 de noviembre de 2017

TRIBULACIONES DE VIAJE DE UNA ADULTA MAYOR

Piernas comprimidas por el asiento de adelante tirado para atrás

Asiento que me dieron a la ida-con pago previo- 
 Ya se sabe que los cronopios aunque hagamos incalculables esfuerzos, tendremos- siempre- dificultades. No hay manera de escaparse de ellas. Yo no las acepto así nomás, pero sé  que  es imposible lograr nada mejor. A la ida- viaje largo de doce horas-tengo que ir en el asiento de avión que pude comprar que es  de los estrechos, no tengo más remedio que plegarme a los caprichos de la que va adelante, pero, por una de esas casualidades vienen vacíos  dos de los codiciados asientos delanteros de emergencia y el azafato me invita a ocupar uno. El  vuelo fue irregular con muchas turbulencias en varios pasajes por lo cual fuimos atados casi todo el viaje. Al llegar a Barajas me dieron asistencia con la silla de ruedas. En tan inconmesurable extensión me podía perder y, además la artrosis de rodilla izquierda, aún con medias de descanso, y sentada en mejor posición me tiene a mal traer. Por suerte, la pedí porque la terminal para la conexión Madrid- Londres, queda en el culo del mundo. El avión de conexión es aún peor que el primero –con tres asientos de cada lado–. Al llegar a Londres, me vuelven a asistir; el interrogatorio me lo hace un paquistaní o algo parecido que tiene un inglés marcado por el acento y me resultó fácil entenderlo. La mayor contrariedad fue que a la llegada a Londres, no había venido el “transferista”. ¿Qué es un transferista, se preguntarán? Es una palabra inventada del inglés “transfer”- es decir: un conductor cuya misión es llevarme al hotel. El que me asiste con la silla de ruedas, me pide el “número de emergencia”, pero, el mismo, tiene característica de España. En las cabinas de emergencia no me dan gratis una llamada internacional. Por esa razón voy a un cambio y pido monedas para hacer el llamado. Finalmente, el hombre aparece-tarde-no habla ni español ni inglés o se hace el que no habla para no dar explicaciones-  me lleva al Novotel London West. No terminan ahí mis tribulaciones: las habitaciones no las entregan hasta las 14 horas. En todos los hoteles dan las habitaciones a partir de esa hora- no antes- Son las 11 de la mañana- hora local-. Tengo que esperar, después de  15 horas de vuelo, más la hora de tiempo perdida  en el aeropuerto, tres horas más. Logré comunicarme con la agencia de Montevideo, pero, con resultado negativo. No les faltó nada para tratarme de tarada: ¿Cómo no voy a saber que los hoteles no dan las habitaciones hasta esa hora? Insisto. ¿Por qué no me ofrecieron pagar un “early check out”? Ya lo hice en alguna otra oportunidad, y de esa manera, al llegar, molida, del viaje tengo  la habitación. No hay caso. Es inútil discutir cuando las cosas están mal hechas. Solo resta aguantarse y ver si en el futuro, se mejoran.
Después de estas tribulaciones, sucedieron otras. ¿Dónde estaba el guía de Special Tours? Esa misma noche,-según el programa-  se ofrecía un paseo por los pubs londinenses con una parada en uno de ellos y una copa. Pregunté lo mismo, a diferentes horas,  a distintas recepcionistas. Bajé y subí a los dos pisos donde había recepción de pasajeros. Nadie sabía nada de nada. Una, incluso, llegó a decirme: “It is not my business”- Así nomás. Finalmente, decidí comer y tomar algo. Una manera de calmarme y pensar. Porque a esta altura: ¿”qué mal le puede hacer una mancha más al tigre”? Me siento en el Bar, me pido una Margarita y un sándwich. Observo el entorno repleto de congresistas. Ni un puto cartel anunciador de ningún paseo, de ningún tour. Los carteles, responden únicamente a los Congresos que se llevan a cabo en el hotel.
Finalmente, a las 14 horas, me atiende otro recepcionista del turno siguiente para el “check in”. Empieza el ritual del interrogatorio en inglés y cuando me pregunta la nacionalidad, me dice ¿y por qué no hablamos mejor en español? El simpático Diego, argentino, y eficiente, me dice que Special Tours hace sus “puestas” los lunes alrededor de las 19/ 19.30. Bien. Me da el tiempo para descansar y volver a la carga. Me voy a la habitación. Pongo a cargar el celular- ¡aleluya! ¡El cargador viajero funciona! Carga lentamente, pero funciona. Descanso un  rato y vuelvo a la recepción a buscar al guía. En la recepción pido instrucciones para conectar el wifi- no hay en todos lados como en Montevideo- en el hotel hay que poner una clave para poder usarlo, lo logro y mientras espero, para ver si aparece el guía. Me pongo al día con los mensajitos. En una de las recepciones, encuentra a otra joven que lo conoce. Me lo describe como un italiano,  de coleta y cejas negras. Nada. Decepcionada, me pido una cena. Miro TV un rato, extraño el acento, pero entiendo, y finalmente, me duermo fundida por completo. Al día siguiente,-despertador mediante-, voy nuevamente abajo. Allí está el ómnibus de Special Tour con un tipo que tiene las características que me dio Evelia: tano, de coleta y cejas negras. Es el guía. ¿Qué le pasó? Llegó de París, cansado y se fue a dormir. Salió al paseo nocturno con las personas que trajo de París. No se ocupó de ver si habían venido nuevos pasajeros. Sin ningún remordimiento, confesó la verdad. A esa altura, los que estuvimos pendientes de ese paseo, éramos seis. Desconocidos entre nosotros, porque veníamos de cada pueblo un paisano.  Y nos quedamos sin nada. Salimos a hacer la panorámica que estaba incluida en el itinerario. Lo  más interesante es el palacio de Buckingham- residencia de la reina- pero ni se entra, ni se recorren sus jardines. Simplemente, se mira de afuera. No hay cambio de guardia tampoco. Sin embargo, como por “las garras  se conoce al león”, también por este palacio se puede apreciar la magnificencia del imperio inglés. En una de sus explicaciones, Antonio- el guía italiano- nos dice que el Novotel London West no permite cartelería (eso explica la ausencia de información, pero no justifica el que se haya ido a dormir dejándonos plantados sin el paseo de los pubs.) Ceno en el hotel: espagueti a la carbonara y una cerveza amarguísima y deliciosa: London Pride.
Los paseos siguientes son -como todos los paseos de este tipo- “estándar”. Por llamarlos de alguna manera. La guía Mercedes da explicaciones. A veces la atiendo, a veces no. Camina muy rápidamente- como todos los guías- y no quiero perderme.  Mi rodilla artrósica me responde más o menos. (O más “menos” que “más”). No me interesó detenerme a ver las momias. Las sacaron de su descanso eterno para convertirlas en un acto de feria barata. No debieron ser perturbadas. Sus mortajas, sus embalsamamientos, la delicadeza de una de ellas con los dedos vendados uno por uno, con sumo cuidado, me conmovieron. ¡Cuántos  esfuerzos hace el ser humano tratando de vencer a la muerte! (Totalmente inútil. Acá están en un museo, y son víctimas de la exhibición de este horroroso turismo masivo). Recorrimos el museo por escaleras, una única vez, por ascensor. Quedé molida. Decidí cenar en el hotel. Tiene buen restaurante y atención.
Me duché todas las veces con sumo cuidado. La bañera es alta;  tiene una única  agarradera o barrote  de seguridad. ¿Viaje “especialmente” adaptado  para personas mayores? ¡No me hagan reír, por favor! No hay en ningún lado de Londres, o de París, una “adaptación” para minusválidos, o para personas que pasen los setenta abriles.



Bañera alta y peligrosa con una única agarradera que es más bien un toallero

Se dio otro pantallazo por Windsor. También a vuelo de pájaro. Almorcé en uno de los locales, por suerte todavía farfullo  inglés y es con ese idioma que me defendí tanto en Londres como en París. La guía insistió con su prisa pero no le di pelota. Saqué fotos. Juro que si las encuentro, las pongo. 

Una novelería para mí a la mañana siguiente,  fue el “eurotunel”. Si el guía no hubiera insistido tanto con “la profundidad bajo el agua”, no me habría dado ni siquiera cuenta.

¿Curiosidades?
Las hay. Por ejemplo: el ómnibus va “entero” –adentro de una especie de “cápsula contenedora” adelante, queda un espacio, se puede bajar, caminar y usar los baños. Lo que no se debe pensar es que “arriba” hay tanta agua y que estamos a no sé cuántos metros de profundidad. Si se puede desterrar ese pensamiento maligno- que el  guía se empeña en resaltar, eso sí- es posible sobrevivir sin problemas esos treinta y cinco minutos de trayecto.
En Londres, para usar los baños, hay que pagar. A esos efectos-los ingleses no descuidan detalles- hay máquinas expendedoras de cambio. Uno le pone un billete en euros, y la máquina “escupe” monedas. Toda una novedad para mí.
"La máquina que da cambio"-toda una novedad para esta canaria cuadrada- 

En París, en Mc Donald para usar el baño, hay que digitar el código que figura en la boleta de compra. Sólo después de eso, se puede abrir la mágica puerta. No demoraremos mucho en tener esos adelantos para que el que quiera hacer pipí, pague convenientemente. 

jueves, 9 de noviembre de 2017

NUEVO DISCO PUNTA CARRETAS

Rampas para subir y bajar 
Hoy fui por primera vez. Como siempre, con mi carrito de compras.
Comprobé que me queda más lejos, que la zona está toda en construcción- el barrio sigue jodiéndose con más edificios- y, por sobre todas las cosas me pareció enormísimo. Y carísimo. No sé si la impresión sobre los precios es consecuencia del viaje a Europa donde pese a la mala atención, logré sobrevivir con pocas libras y euros.


Enormísimo 

No traje casi nada: una rúcula, quince huevos, seis pancitos de manteca, jamón etiqueta azul Centenario, un trozo de panceta y un pomo de talco.  Gasté más de seiscientos pesos. Un verdadero disparate.
Volví por la calle Francisco García Cortinas, esquivando automóviles, taxis, y camiones. No ómnibus porque no pasan por ahí, pero no hay en las veredas ningún lugar disponible para peatones. Todo está ocupado por las diversas construcciones.

Afuera: Todo en construcción 

Como ya dije el nuevo Disco es enormísimo. El otro no tenía escaleras; este tiene rampas para subir.  Me cuesta “ayeitarme”, porque  el otro era íntimo, tenía más que sabidos los lugares para las compras de lo que precisaba y casi se podría decir que iba de ojos cerrados. Acá no. En tanta enormidad me hicieron falta mis lentes de distancia para ubicar la cartelería y los productos. Me va a costar sentirme a gusto en tamaño universo de cosas. Me doy cuenta de que a medida que envejezco los cambios me cuestan mucho más. Y sigo insistiendo en que necesito un mayordomo que realice las tareas que a mí me cuestan. Los mandados, ahora, con tamaña disposición de lugar ya me cuestan también. Una lástima porque hasta hace poco me gustaba hacerlos.

 
¿ No es verdad que se extraña el otro "Disquito"?