lunes, 28 de noviembre de 2011

¿SOMOS TRANSGRESORES LOS URUGUAYOS?


Grupos en bici sobre las veredas de la rambla

Cartelito inútil en el Shopping Punta Carretas
Esta es una pregunta como para plantear en el programa “Esta boca es mía”- ya lo sé- De todos modos,  los invito a reflexionar conmigo sobre este tema.
Ya nos hemos dado cuenta de que la falta de respeto campea en todos los ámbitos sociales porque  no se respeta a  nadie,  ni en ninguna circunstancia; no importa que usted tenga ciento veinte años, y trate-penosamente- de subirse a un ómnibus montevideano; tampoco importa que usted esgrima un bastón u otro aparato con el que en forma lamentable se arrastra hasta llegar a la escalerilla del susodicho. No. No importa. El conductor apretará el acelerador con ímpetu y usted deberá aferrarse con uñas y dientes de los pasamanos o de otros pasajeros, mientras una manada de inadaptados le pasará por encima, logrará sacar el boleto de la jodida maquinita, llegará a un asiento vacío y posará sus asentaderas, mucho antes que usted logre con la inseguridad de sus movimientos reumáticos, poner un piecito en el último escalón.  Después de lograr la hazaña de hacer todos esos movimientos que para los jóvenes es algo simple, mirará desolado para ver si alguien le cede un asiento que su edad y condición demandan. Verá que todos miran distraída y empecinadamente por la ventanilla y no habrá ninguna circunstancia que los saque del embelesamiento que les produce el hermoso paisaje ciudadano. Quizás algún guarda-mujer u hombre que los hay ahora de ambos sexos- se apiade y le indique en forma perentoria a alguno de estos distraídos que libere los  sitios que se destinan a los discapacitados o a las mujeres embarazadas. Quizás. Ojalá que tenga suerte. Usted ya  sabe que cada vez que sale a la calle-generalmente para ir al médico o para hacerse análisis- tendrá que enfrentar todos los peligros de la jungla mancomunados en las actitudes de nuestros conciudadanos- conste de que empleo el masculino en forma genérica-, tal cual se aconseja  hasta el hartazgo en las gramáticas actualizadas- que no le darán tregua y contra los cuales se tendrá que medir en las diarias refriegas del “sálvese quien pueda”.
No se descorazone, no está todo perdido. En cualquier momento, la IMM-que no importa qué partido la haya ganado, porque todos proceden de la misma manera –le inventará unas propagandas muy hermosas-,  y, sin duda,  sacará alguna campaña para ayudarlo a que usted pueda usar con eficacia  el transporte capitalino. Reforzará el uso de los bonitos ómnibus con escalerillas hasta el cordón de la vereda-yo solo vi uno en televisión- para que no tenga que hacer acrobacias elevando su pierna como si fuera Julio Bocca.  Hasta es posible, ¿por qué no? que usted  pueda aparecer en el aviso correspondiente, con su mejor sonrisa-Corega, con el bastón en alto, como bandera de su triunfo sobre la edad y sobre la maldad humana. No me va a negar que la propaganda con esa imagen podría ser eficaz. Soy una publicitaria frustrada por eso no le cobro la idea. Úsela, llévela a la IMM a Cutsa a Copsa y a las otras cooperativas. Todo puede suceder.
De la IMM recuerdo una de esas bonitas convocatorias que pagamos todos los montevideanos. Todavía queda algún cartelito sobre el enjardinado del Shopping Punta Carretas- perdone que siempre lo nombre, pero es el de mi barrio- El cartelito dice lo siguiente y tal cual lo transcribo: “SI TU PERRO TAMBIÉN ES DE HISTORIETA, ZAFASTE, SINO (SIC) LIMPIÁ”  ¡Qué poesía!
Yo no sé si los ciudadanos encuentran que el mensaje es muy críptico, porque hay que ir mirando siempre para abajo para no pisar lo que ya se sabe de los perros, y,  en mi caso,- que les tengo terror-  tengo que cruzar de una vereda a la otra porque circulan sueltos unos enormes mastodontes por los lugares que son para caminar: por ejemplo, la vereda del Club de Golf o la rambla, y por todos los otros lugares de la ciudad que NO SON PARA CIRCULAR CON ANIMALES SUELTOS. Hay una disposición –también municipal- que “exige”- es un decir- que los dueños lleven a sus perros con cadena y bozal. Ayer, en mi diaria caminata a pedido médico, crucé varias veces la vereda evitando unos enormes perros-policía que andaban sin ningún tipo de seguridad y  que se acercaban peligrosamente a los caminantes. Cuando quedé-de golpe- parada frente a uno de estos enormísimos animales con cara de pocos amigos, un señor muy paquete, que venía corriendo con suma elegancia me comentó: “No se preocupe, no hace nada”. Yo, quedé tan paralizada,  que ni siquiera pude sacar  mi ímpetu habitual  para contestarle. Eso sí, hice ejercicio. Cruzar veredas de un lado a otro también es hacer ejercicio.
Otro ejercicio es, -dentro de lo que vengo comentando-, esquivar las bicicletas. Increíblemente, ¿Increíblemente? también les ha dado a ciertos ciudadanos montevideanos por andar en sofisticadas máquinas, a  velocidades increíbles- con equipos también especiales, incluidos cascos, rodilleras, coderas y toda la parafernalia moderna- SOBRE LAS VEREDAS. ¡FALTABA MÁS!  Y no es un ciclista. Son grupos. TODOS SOBRE LAS VEREDAS.  Así que si usted siente un vientito que le sopla mientras camina y no proviene del mar- ¡No ose “salirse” de su línea por nada del mundo! ¡Por  favor! Haga como el personaje  Melvin Udall (Jack Nicholson) de “Mejor… imposible”  y desarrolle su pequeño trastorno compulsivo obsesivo propio: camine pisando las baldosas sin salirse de las líneas porque  “la embestida baguala” de una  o varias de estas bicis puede resultar fatal. A usted. A ellos no. Ellos andan protegidos. Muy protegidos.  Si quiere verlos, tanto a los mastodontes perros, como a sus desaprensivos dueños e inconscientes ciclistas. Dese una vuelta por mi barrio.
Para terminar: ¿SOMOS TRANSGRESORES LOS URUGUAYOS?  Si quiere, contésteme,  y si no,(separados los dos términos porque no estoy usando la conjunción adversativa "sino" jejejejeje)  por lo  menos, piénselo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

"FALSEDADES"

Pasta con una "falsa" salsa-una más entre tantas-putanesca
La TV cable que tengo es básica;  dos por tres me mandan “paquetes” para tratar de convencerme de que si pago más me van a dar programas de más calidad. Ya estoy muy vieja para creer en ese tipo de cuentos. Sé que me darán “más de lo mismo” y que en lugar de X número de canales voy a tener XX número de canales con   pavadas similares.  Por esa razón,  debido a la escasez de programas de TV más o menos potables, a veces,  me engancho con algún programa de preguntas y respuestas.
He visto alguno en el canal oficial 5 donde estudiantes liceales de distintos institutos exhiben su total ignorancia acerca de los temas que deberían ser  habituales  para sus edades. Me pregunto qué habrá pasado para que nuestra enseñanza que se vanaglorió de ser una de las mejores de la zona, esté tan hundida. La mayoría de las preguntas son básicas y absolutamente escolares. Me da tanta pena que usualmente no lo termino de ver.
Otro programa de preguntas y respuestas o propuestas o como quiera llamársele,  es el que conduce  la argentina Susana Giménez: “Salven el millón”.
 En este caso, acudo a la certera reflexión de Woody Allen en su película “Match Point”-que en algunos países apareció con el título de “El punto decisivo”:
 Aquel que dijo “más vale tener suerte que talento” conocía la  esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control.
En un partido hay momentos en que la pelota golpea con el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir hacia delante o hacia detrás. Con un poco de suerte sigue hacia delante y ganas o no lo hace y pierdes.”
Así es este juego de “Salven el millón”, donde se presentan “dos títulos motivadores” en cada una de las propuestas  y los participantes tienen que elegir y acertar. Lo apasionante del juego-como buen retozo del azar- es que no tiene lógica. La propuesta puede “disparar” para cualquier lado y los participantes también. La emoción crece  a medida que las consignas reducen su número hasta que queda la última que es “cara o cruz”. Susana dice que cuando quedan menos posibilidades es más fácil, pero-realmente- no es así, quedan menos, sí, pero… ¡hay que acertar  la correcta!  
En un  libro de cartas de mi queridísimo Julio Cortázar,  editado por Aurora Bernárdez- su primera esposa- y Carles Álvarez Garriga con el título de “Cartas a los Jonquieres”, encontré a ese Cortázar esquivo, que muchos de los que lo han tratado no  pudieron apreciar porque se envolvía en su timidez y en la salvaguarda a ultranza  de su vida privada-algo que siempre me pareció muy acertado-. De todos modos, la taimada que habita en mí,  lee con enormísimo placer estas cartas privadas que lo aproximan en una verdadera dimensión humana que siempre supe que tenía. Allí está el verdadero Julito pobre ,  reclamando pagos que demoran en llegar, paseando con Aurora- “Glop”- por París o por Italia, viviendo precariamente en piezas alquiladas, lavándose con esponja, comiendo “salteado” en modestísimas cantinas, deplorando ser traductor y no poder vivir –totalmente- de sus ingresos como escritor. Cuando estaba leyendo entusiasmadísima, esas jugosas cartas, de pronto di un respingo porque encontré en una, fechada en París el 8 de septiembre de 1954,  una idea que ya me han manifestado varios amigos porteños- grandes socarrones- y que, a juzgar por las posesiones que tienen ellos del lado de acá, y que  ya hay  uruguayos allá participando en programas como  el muy vilipendiado “Gran Hermano”,  se podría concretar en cualquier momento- Cortázar le pregunta  a su amigo,  en la carta que comento- quejándose de las vueltas que hay que dar para viajar de una orilla a la otra-:
“¿Por qué la Argentina no anexa de una vez por todas al Uruguay y se acaban todos los problemas?” 
 De inmediato me pregunté: ¿Seremos ciudadanos de un “falso” país? Los mordaces amigos de la vecina orilla  me aseguran que en cualquier momento somos una provincia  argentina más, nos "anexan"-como dice Julito- y yo recuerdo muy bien las clases de Historia Nacional y Americana que nos daba Vivían Trías en el legendario liceo Manuel Rosé de las Piedras. ¡Dios Santo!  ¿Se saldrán con la suya los argentinos?
 Algo bueno sería que  Susana Giménez nos convocara para participar. ¡No estaría mal! ¿No? Entre tantas faltas “pistas”, quizás podamos conquistar el ansiado y verdadero milloncito de pesitos argentinos.
La cierto es que en estos juegos, en los cuales como  en la vida, las propuestas inducen a falsas encrucijadas -se cree que es una cosa, pero es otra-,  cuenta indudablemente  en forma preponderante, la suerte de los participantes para elegir la respuesta correcta y llevarse el millón o parte de él. Y más en  la última que es el “match point”: o sea  “cara o cruz”.
Ocurre con frecuencia que la vida nos ponga en situaciones similares. Dramáticas y no tanto. O sí. Quién sabe. Por ejemplo, en la cocina. Es un giro chiflado, ya sé, pero yo ya les  advertí en mi perfil  que en este blog escribo divagues y reflexiones. ¿De acuerdo?
Actualmente, hay mujeres que “sólo entran a la cocina si les queda de paso para el baño”- decía un personaje de una muy popular murga uruguaya, en uno de sus monólogos- Es cierto, porque  cocinar lleva tiempo y trabajo y cada receta es una creación. El mundo actual ofrece muchas soluciones de “delivery” y propuestas gastronómicas económicas para no esclavizarse. Pero cuando se anduvo “entreverada” en la cocina desde pequeña, con toda la familia legítima y postiza cocinando, incluso papá,  el negro Pinela,  que era tradicional y conservador,  pero cocinaba como los dioses, es muy difícil que una no termine -sumisa- de delantalito, con el Manual Crandon de modelo.  A todos los integrantes familiares les daba de vez en cuando por preparar alguna receta que saliera de la rutina. Era  un ritual. Una pasta casera con salsa putanesca, por ejemplo. Me enseñaron  a sustituir ingredientes caros o difícilmente disponibles, falseando un poco la receta, pero sin perder el buen gusto. ¿Qué se hace en esos casos? ¡Se sustituye por alguno similar! ¿Cómo queda? ¡Parecido!  ¿Y cómo se le llama al nuevo engendro que “es pero no es”? – ¡”Falsa” salsa putanesca! Lleva cebolla,  ají colorado, pimentón picante, hojas de laurel, tomates licuados, sin semillas y sin piel, alcaparras, aceitunas, negras…. Pero… ¡No anchoas sino  atún!  Queda gustosa y menos tóxica. ¡Por suerte, -el otro factor que tiene siempre su importancia- los comensales   que tuve hoy, se chuparon los dedos!
"Falsas-engañosas- propuestas, falso país, falsas recetas”. Lo de “falso país” es preocupante. Ya nos han tildado de “paraíso fiscal”, lo cual tampoco es nada meritorio que digamos.
¿Se animan con el millón?  ¿Intentamos que Su nos “anexe”?














sábado, 12 de noviembre de 2011

" LAS TRADICIONALES"


El árbol de "El Jardín encantado"
2011

Los "sobri" en la Nevada del Shoppping 1995

Duende 2011: ¿podrás frenar el consumismo?


Hace mucho tiempo que siento que las fiestas tradicionales se han convertido en  una manifestación más del vacío existencial. Es probable que este año, debido a mis circunstancias personales este sentimiento esté más acentuado. Lo más grave que me ocurre es que no sé dónde meterme, dónde ir, porque lo he intentado todo. Desde quedarme en el loquero de la ciudad, hasta irme  de viaje. No siempre fui así- lógicamente- pero a medida que van transcurriendo los años y voy perdiendo a los seres que quiero, amigos y familiares que supieron mantener ese espíritu navideño vivo en la familia, el sentimiento de desconsuelo es infinito. Sé que no soy la única que lo experimento porque varias personas me han dicho que no les gustan las fiestas tradicionales y que están deseando que se terminen lo más rápidamente posible.
En mi(s) familia(s), los que sabían  mantener el espíritu de unión  por sobre todas las diferencias, lograban trasmitirlo a toda la parentela. Las celebraciones eran interminables. Siempre en torno a la mesa bien servida, presidida por las nonas en primer término. Una de las nonas, bailaba y batía palmas como la mejor, la otra sonreía cándidamente, sentada, con las manos en el regazo, siempre coronada con su pañuelito en la cabeza. Todavía las veo a las dos. Se comía, se bebía, se hacía música, se bailaba. La algarabía era general y la preparación para las celebraciones llevaba varios días de trabajo. Pero al irse yendo los seres “unificadores”, los que quedamos, empezamos a vivir en células más pequeñas y menos propensas a las celebraciones.
En las  festicholas de antaño,  es cierto, no todo era “dulzura”,  a veces, aparecía la risa “untada” con humor negro.
Me viene a la memoria un episodio puntual. Uno de mis tíos, cuando  habían pasado las doce, y ya había escanciado unas cuanta copejas,  solía acordarse de manera peculiar de un cuñado suyo-fallecido- que  le había arruinado en vida la posibilidad de tener la casa propia. La casa era de la nona, y el tío con su esposa- que era una de las hijas de la nona-,  la acompañaban y la cuidaban; pero los hermanos eran muchos. Cuando la nona falleció, la casa se vendió al mejor postor al  que pudo pagarles “la parte” a los otros. Y eso lo determinó el cuñado recordado en las navidades. El relato,- repetido hasta el hartazgo, siempre igual en el rencoroso recuerdo-  comenzaba así: “-Porque el finado Jorge- la puta que lo parió, que en paz descanse”-…… y después de esa especial “rociada” continuaba quejándose porque no pudo tener –en esa oportunidad- la casa propia pese a todos sus esfuerzos.
 Cuando me mudé a Punta Carretas, en 1995, la modalidad de  célula liliputiense ya estaba en pleno auge. Cada pequeña “casilla”, -llámese grupito de parientes o amigos íntimos- celebraba en su minúscula cápsula de la mejor manera posible. Pero siempre había un dejo de desolación  al sonar las doce, ya que  indefectiblemente, alguien se acordaba de un ser querido ausente  y rompía a sollozar, acongojando a los otros que se quedaban sin saber qué hacer.
 La cárcel, transformada en moderno Shopping,  se encargó desde sus inicios  de “comandar” el comienzo de un  bullicio extraordinario que se empieza a gestar apenas “se abre” la exhibición correspondiente en el centro del piso inferior. En esa  celebración de 1995,-recién mudada al barrio- el “motivo” había sido una “Navidad nevada” y cada una hora caían unos supuestos copos algodonosos que simulaban una nieve que nunca vimos por acá. Las caras de mis sobrinos –que eran chicos en esa época- documentan fielmente la  diversión.
Este año 2011,  a principios de noviembre, el escenario ya estaba pronto. Se llama “El jardín encantado”.  Lograron, con muñecos móviles, unos simpáticos duendes o gnomos, hadas encantadoras alrededor del árbol y casitas luminosas, que  todos-grandes y chicos- miran embelesados. Está todo el día repleto de personas que vienen a verlo especialmente. Muchos son turistas. Los villancicos, siempre me hicieron llorar, y este año-más que nunca- me causan una enorme pesadumbre. No es  un sentimiento religioso. Quizás se  une a esa sensación de que no siento alegría sincera-ni en mí ni en los otros-.  El jolgorio dura hasta fin de año y va “in crescendo”. La gente viene a no sé qué, y compra no sé qué, para llevarle a no sé quién. Por eso, hablé del “vacío”. Los regalos tienen la dificilísima misión de cubrir la falta de  afecto sincero. Antes dábamos compañía, abrazos, besos, salíamos a las doce a saludar a los vecinos  ahora, se dan regalitos para paliar las ausencias de visitas frecuentes. Se hacen listas: “esto es para fulanita, esto para sultanita”… Consumismo, mucho consumismo, más consumismo, dinero de plástico, ¡Vamos que hay un  25% más de descuento con X tarjeta!
”Hay que comprarle algo a tu madre”- decía hoy una señora con cara resignada  en la caja del Disco-“no sé qué se le puede llevar”, seguía con la misma cara- “No sé”, contestaba el distraído interpelado,- mirándole los senos a la cajera que tenía un pronunciadísimo escote - “Después vemos”. –Nunca sé qué comprarle a tu madre ¡Siempre es tan complicada! ¡Le compres lo que le compres, nunca queda contenta! -Argumentaba la mujer con la cara cada vez más agria.
Escucho a diario, conversaciones de este tipo. Muchas se realizan modernamente por celular,-lo cual me obliga a imaginarme las respuestas- con unos seres que transitan con paso rápido de un lado a otro, infatigablemente, en Mc Donald’s o en los pasillos del Disco, o  en dónde sea,-porque no conciben hablar por celular sin caminar- llevándose por delante a todo el mundo, absortos, hablando de los regalos que hay que llevar aquí o allá :reuniones de celebración en el trabajo, el amigo invisible, la suegra invisible, todo en el mismo saco sin un mínimo sentimiento afectuoso compartido. Únicamente el maldito compromiso.
Honestamente: ¡Me quedo con los muñecos del jardín encantado! ¡Por lo menos sonríen como ángeles,  y mientras se mueven armoniosamente, tienen una expresión tan beatífica!






jueves, 3 de noviembre de 2011

"EL ESTONE"

Il sorpasso y sus dos bellos intérpretes
Hace unos días mi sobrinito me comentó el asombro que le causó, por su tamaño,  un cine de Buenos Aires. Eso trajo a mi memoria los enormes y lujosos cines que supimos también  tener  de este lado del río. Además de tener una capacidad estupenda, los asientos eran mullidos-“pullman, se les decía-, y contaban con una estupenda iluminación  que se iba apagando paulatinamente cuando iba a empezar “la cinta” (vieja denominación para película). En realidad, también la palabra “cine” sufrió un acortamiento, pues en sus comienzos fue “el cinematógrafo”. Como las palabras extensas no prosperan por mucho tiempo, ésta también se acortó y quedó “cine”, así como película quedó- en forma coloquial en -“la peli”.

Volviendo a los cines, los de las ciudades del interior donde pasé parte de mi infancia y adolescencia no eran tan magníficos pero sí espaciosos. En La Paz, había dos: el Victory y el Lux. En Las Piedras, creo que llegamos a tener cuatro. Los que más recuerdo son el  "Avenida" y el    “18 de mayo” en clara alusión a la Batalla de Las Piedras que tan orgullosamente celebrábamos.  Yo vivía en La Paz, por lo tanto, era asidua  concurrente a los cines de mi ciudad, pero cuando empecé cuarto año de liceo, también ahorraba parte de mi mesada para ir a las matinés-más prestigiosas- de los cines de Las Piedras. Eran interminables. Se comenzaba a primera hora de la tarde y se terminaba al anochecer después de haber visto cuatro o cinco pelis. Dos personajes típicos de  esa época eran “el acomodador” que con su linterna nos acompañaba cuando la sala ya había apagado sus luces y el “caramelero”.  Este último entraba al cine portando una gran bandeja con chocolatines, pororó, pop,  caramelos, bombones, pastillas y-de acuerdo a lo que hubiera en nuestros bolsillos- era la compra que hacíamos para pasar la dulcísima tarde de cine. Ambos personajes vestían  de riguroso uniforme. Nada de chancletas ni gorritos ni bermudas.
Como el dinero no abundaba, la mayoría de nosotros llevaba una buena bolsa de bizcochos de las panaderías locales- que eran todas excelentes-. Un recuerdo agradecido a las mantequillas  que desbordaban de crema o dulce de leche y eran de una ternura inigualable. Nada de bizcochos congelados. Se hacían a diario, como el pan. Nuestras ciudades, en las horas tempranas de la mañana olían a pan caliente y a bizcochos recién horneados. El aroma era inconfundible. Íbamos guiados por él.
Había otro cine al que curiosamente, le quisieron poner “Cine Las Piedras”, pero, como ya empezaba el prestigio del idioma inglés,  a los patrocinadores se les ocurrió ponerle: “Stone City”, con lo cual cometieron una barbaridad, porque lo que quiere decir “Stone City” es “Ciudad de Piedra”. En realidad,  los nombres no necesariamente  deberían traducirse, sino adaptarse.  Así tenemos “Nueva York” por “New York” –fácil fórmula para que el nombre no se modifique demasiado-. Pero las modas, muchas veces, ejercen un extraño poder. Hace poco, anduvo diciendo todo el mundo que se preciara;” Beijin” en lugar de “Pekín” que era la fórmula ya adaptada al español.
Los que aprendíamos inglés éramos pocos. En el liceo, el idioma de prestigio era el francés, que estudiábamos durante cuatro años. Los  profesores que teníamos no eran nativos  por lo cual nuestra pronunciación estaba “teñida” por esa carencia. Ingenuamente, pensábamos que hablábamos inglés o francés. Nada más alejado de la realidad. Cuando entré a trabajar al UAS tuve que tomar cursos acelerados en la Alianza Uruguay Estados Unidos, porque no entendía nada de lo que hablaban los profesores americanos entre ellos, y tampoco entendía un pepino  en las reuniones que siempre se hacían en inglés. Fueron muchos años de estudiar inglés en libros, cuando en realidad, los idiomas  se aprenden en la práctica  diaria, primordialmente escuchando y hablando.
 En esos cines de La Paz y Las Piedras, a los catorce o quince años empecé a ver “películas prohibidas para menores de dieciocho”. Mi tamaño baño siempre me sirvió para pasar por “más  edad” cosa que en esa época me fascinaba y ahora ya no. A veces mi altura tenía sus ventajas, a veces no. Si salía con algún muchacho un poco mayor, al poco rato, mi bobalicona guaranguez adolescente quedaba a la vista sin ningún problema y el supuesto conquistador se daba cuenta de que era una nenota envasada en un tamaño baño. Nada más.  A esa edad ya medía el metro setenta que dominó mi juventud, flaca y todo como era igual pasaba bien por dieciocho-siempre que no abriera demasiado la boca, claro-. Eso me permitió ver esas tan promocionadas "películas prohibidas" que en la época actual son tan inocentes como  Caperucita Roja.
 Habían venido a nuestras carteleras una serie de películas  que hicieron época, una fue la Dolce Vita, con Marcello Mastroianni y otra, - inolvidable  para mí: “Il sorpasso”, con dos grandes actores Vittorio Gassman y Jean Louis Trintignant. A veces, distraída,  me encuentro tarareando una de las canciones más famosas del filme, el twist: “Guarda come dondolo”.  
Finalmente, en cuanto al nombre del cine: el pomposo “Stone City” al poco  tiempo, por esa capacidad que tenemos de abreviar y adaptar quedó convertido en “El Estone”.
¡De qué otra manera le íbamos a decir!
¿A qué cine vas el próximo domingo?
¡Al “Estone”!
¿Nos vemos?
¡Nos vemos!
Les dejo el enlace para que disfruten un poco de "Guarda come dondolo"
¡Les aseguro que supe zangolotearme lindo con este twist!


viernes, 28 de octubre de 2011

¿Bicentenario patrimonial?

Los ansiados baños químicos atrás del edificio Antel


ONG ¡Basta de demoler Montevideo!

Desde hace unos años en el Uruguay se ha instaurado el Día del Patrimonio. En realidad es  un fin de semana, y se pueden visitar lugares que-normalmente- no están habilitados para visitas. Este año, aproveché el boleto patrimonial que CUTSA y las cooperativas de ómnibus brindaron con un itinerario por Ciudad Vieja, Aguada, Cordón y Barrio Sur al módico precio de un boleto de 18 pesos  que duraba todo el día.  Subí en la plaza Independencia, y bajé en  las paradas  con carteles numerados. Decidí visitar la torre de Antel para sacar algunas fotos de Montevideo desde el piso 26.
El sábado 22 fue un día frío y con amenaza de lluvia. No permitían  usar los baños del establecimiento. Habían puesto a esos efectos una serie de baños químicos atrás del edificio de Antel. Simplemente con dar la vuelta al mundo y hacer cola durante un buen  rato, apoyándose primero en un pie y después en otro, -en ese gesto característico y desesperado del infinito apuro-, se podían usar esos servicios que no eran-como siempre- suficientes para la cantidad de público que se congregó. Acto seguido, esperé unos diez minutos uno de los ómnibus de  las Cooperativas para seguir el recorrido. De pronto,  empecé a estornudar enloquecidamente. ¿Qué rayos-por decirlo en culto- pasaba? Miré para arriba y los vi.   ¡Ahí estaban al acecho mis enemigos naturales: los plátanos!  Resultaron favorecidos por una ventolina considerable que desparramaba la famosa pelusilla que me produce una alergia implacable.  A los estornudos los sigue   un lagrimeo constante hasta que logro alejarme del peligro. Cuando subí al ómnibus, llorando desconsoladamente, los pasajeros deben haber pensado que en la torre de Antel había visto algún espectáculo sumamente conmovedor.
Desde el piso 26, que es panorámico, se pueden contemplar unas hermosísimas vistas de la ciudad de Montevideo, que aún sucia, descolorida, y con los edificios chorreteados de mugre,  guarda  -milagrosamente- vestigios de su belleza original. Otro lugar que visité  fue el Cabildo en la Ciudad Vieja, porque en alguna de las enormes salas, exhibían muebles de época.  Quise hacer lo mismo con el club Uruguay, pero únicamente lo habían abierto de mañana. Los horarios de visitas tienen sus caprichos. Finalmente, completé el paseo circular con una vuelta por las plazas donde había variados espectáculos. Lamentablemente, estaba bastante fresco y no se podía disfrutar  tanto como se habría podido hacer en un día más cálido y soleado. En la Plaza Independencia, encontré a un grupo de jóvenes que portaban carteles con la leyenda “Basta de demoler Montevideo”. Me encantó que sacaran sus pancartas-justamente- el Día del Patrimonio. Prácticamente se puede decir que ya no quedan casonas, y que lo único que les interesa construir a los voraces inversores es: locales comerciales-que después quedan vacíos - y hoteles. Vencí mi timidez habitual y pedí para sacarles una foto. Accedieron de muy buena gana y hasta sonrieron. Sé que lo que piden es una utopía, pero me gustó que –al menos- la emprendiera gente joven. Ya lo dijo Galeano en su memorable “Ventana sobre la utopía”:
"Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar".
En casa, para escribir esta nota,  acudí a San Google y vi que este grupo de jóvenes tiene una hermosísima página web con el mismo nombre: ¡Basta de demoler Montevideo! Son artistas, fotógrafos, arquitectos,  preocupados por la destrucción masiva de una pobre ciudad desmemoriada.  En la web, se pueden apreciar  fotos de casonas que fueron destruidas y otras de las que lo serán próximamente.  Me acongoja muchísimo la demolición  de la hermosísima finca  que está en la rambla de Pocitos. Yo también la fotografié,  así como he fotografiado-cuando llego a tiempo,  porque las máquinas son rapidísimas- muchas demoliciones de fincas de mi barrio.
 Lamentablemente,  pese a los esfuerzos de esta juventud consciente, como no se defiende la riqueza patrimonial,  Montevideo será en breve una ciudad devorada por el Alzheimer. Y sus ciudadanos  también.
-Che, ¿vos te acordás qué había acá antes?
-Pah, me parece que había un cine ¿no?
-¿Acá estaba  la casa de Montero?
-¿Qué Montero, el de la calle?
- ¡No me acuerdo!

sábado, 22 de octubre de 2011

"El arte de vivir"

Voluntarios de "El arte de vivir"  de Uruguay
Convocada por amistades y familiares cercanos, que son los que saben que sufrí  recientemente la pérdida del sol de mi vida,  me anoté en un  taller de “El arte de vivir”.
Hice-cuidadosamente- todas las averiguaciones posibles: el instituto quedaba cerca de mi casa, podía pagar el precio, y a cada consulta que hacía por mail, me contestaban con una amabilidad inusual en estos tiempos que corren. Un par de días antes del comienzo me avisaron que cambiaban el lugar. El taller se iba a llevar a cabo en el Hotel Sheraton. Otra buena noticia: me quedaba más cerca aún que la sede.
Primera sorpresa: la convocatoria fue masiva. Nos anotamos 200 personas. Segunda sorpresa: éramos de diferentes edades y de diferentes lugares del país. Había venido-incluso- gente del interior.
Una amiga  me había dicho: “te enseñan técnicas respiratorias y salís bárbara” otra: “son ejercicios parecidos a los de Osho, pero los inventó el fundador después de una iluminación”. Por último, una tercera –la que me conoce más- afirmó: “mirá, si no te hace bien, mal tampoco te va a hacer”.
Durante el taller fui de sorpresa en sorpresa. Fue impresionante el  entorno que se fue generando entre las doscientas personas que concurrimos. Se creó la conciencia de la fugacidad de la vida, en un sentido que podríamos llamar manriqueño,  con su célebre “ubit sun”:
¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los infantes de Aragón
¿Qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán,
Qué fue de tanta invención
como trajeron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?
¿qué fueron sino verduras
de las eras?
También hay textos antiguos que portan la misma idea. Sin ir más lejos, en la Biblia, en el libro de Job, (14.1, 2) aparece este concepto:
“El hombre nacido de mujer, /corto de días y harto de sinsabores/que sale como una flor y es cortado/ y huye como una sombra  y no permanece”
¡Cuántos ejemplos más-literarios y no literarios- podríamos traer a colación! Y sin embargo: ¿No detenemos a pensar en este pasaje fugaz que hacemos por la vida, como para darnos cuenta de que –precisamente por eso- deberíamos vivir más conscientemente en el presente?
 El amor mueve al mundo, dice el  fundador de esta ONG  y sus seguidores también lo afirman. Si Ud. se encuentra con  los voluntarios  y  le piden en la calle que sonría, hágalo. Aunque le parezca extraño, algo se empieza a modificar con la sonrisa y si puede, conciba y lleve a cabo una buena obra diaria también,  esto favorecerá la transformación de su existencia en forma positiva.
Les dejo la página web por si les interesa ampliar la información. Algo importante-al menos para mí lo es-: no se trata de un movimiento religioso; tiene consignas que hay que seguir durante los días que dura el encuentro y que siguen colaborando con el bienestar si se continúan, pero no es una catequesis. En la concurrencia hubo personas de todas las creencias, incluso sin ellas firmes, como yo. Antes de concurrir me aseguré de que no fuera un estudio de fenomenología de la religión o teología. La página es la siguiente:

 Vale la pena saber que uno de los más famosos conductores televisivos de la Argentina hizo el taller y habló en una entrevista con Viviana Canosa sobre su experiencia. Es una gran pena que esta conductora sea tan verborrágica. (¡Qué bien le vendría este taller a ella!, y el otro que se llama “El arte del silencio”, ¡le caería como anillo al dedo!) Parece mentira que este presentador tan popular, que entretiene a su público cortándoles las polleritas a las bailarinas, pueda hablar de este descubrimiento espiritual que  tuvo en uno de los talleres. Cuesta oírlo porque Canosa lo interrumpe a cada momento, pero aún así, de todas maneras, Tinelli, cuando puede, dice lo que quiere decir. Lamento no haber podido colgar directamente la presentación de youtube. Me falló algo técnico que no sé qué es y no tengo a mi sobrinito a mano para que me auxilie. De todas maneras, "si pinchan" en la dirección, lo podrán apreciar. Haciendo el esfuerzo de obviar a la Canosa, presten atención a lo que afirma Tinelli.
 ¿Se anotarán para el próximo taller  que den en su país?

http://youtu.be/PhAVWtSmhaA

martes, 18 de octubre de 2011

"A SEGURO LO LLEVARON PRESO"

¿Serán los dedos de los cacos?
En la nota anterior me referí a las frases hechas que se dicen-muchas veces- sin ton ni son o para salir del paso en una forma lo más airosa posible.
Hoy, parto de este dicho popular para plantear otro tema que nos preocupa mucho a los habitantes de este “bendito país” como dice Sánchez Padilla.
Hace  tiempo que estamos  alarmados por la creciente inseguridad que se ha instaurado  en la sociedad sin que se vea por parte de las autoridades una actitud de búsqueda de soluciones efectivas. En la actualidad, todos podemos  ser víctimas de una rapiña, de un asalto a mano armada cuando vamos a pagar la luz, o en un viaje en ómnibus, o  de un arrebato de nuestro exiguo monedero en una esquina. No importa si hay o no hay gente presente porque los “motochorros”- nombre “modernoso” para los ladrones que usan moto para cometer sus fechorías (término probablemente “copiado" de nuestros hermanitos argentinos)- proceden con una velocidad vertiginosa a plena luz del día.
Hace unos días, al salir del Shopping Punta Carretas, vi a un par de forajidos en moto que rapiñaron a una turista que llevaba  una cartera de esas de moda, es decir con capacidad como para llevar un guardarropas completo. El procedimiento fue instantáneo: la  turista estaba esperando la luz de cruce en la esquina de Solano García y Ellauri, de inmediato apareció la moto a una velocidad increíble, con esa misma velocidad subió a la vereda y le arrebató el bolsón a la azorada mujer que únicamente atinó a gritar: My money!  My money! God, my money!  Cuando los guardias del Shopping acudieron, los ladrones- que partieron con la misma velocidad del comienzo- deberían estar – por lo menos- en Maroñas. La desgraciada mujer lloraba y gritaba como una magdalena. Yo pensé que era otra pobre a la cual le habían vendido el cuento del  “país seguro” donde no hay robos de ninguna especie. Lógicamente, los que publicitan al país como “seguro”, lo comparan con otros donde siempre hubo una delincuencia feroz, y les hacen creer a los incautos turistas que ,  el Uruguay,  sigue siendo el país de las vacas gordas, el que era nombrado como: “la tacita de Plata”, la “Suiza de América” y cuyo eslogan- positivo era-: “Como el Uruguay, no hay”. Nada más alejado de la realidad.
Las medidas que se toman son mínimas y además, no son efectivas. En los bancos no permiten el uso de celulares-pero todos sabemos que los ladrones los usan desde  afuera y avisan a otros de tal o cual cliente que comete el error de salir con dinero-; tampoco permiten entrar con cascos o lentes negros, sin embargo aún así, los robos se cometen porque la especialidad de los cacos  es-precisamente- burlar la seguridad. Hace unos días entré en un banco para hacer una gestión. Llevaba lentes con una mezcla de antirreflejos y aumento para leer: el guardia me los hizo quitar y de esa manera no veía ni la colonia, por lo cual opté por volver a casa. Busqué unos lentes de aumento que tengo para entrecasa pero no los hallé, por lo tanto, no pude realizar el trámite. Cualquiera que me conozca o me vea aún sin conocerme demasiado se puede dar cuenta  de que soy una mujer con más de sesenta años, bastantes kilos agregados a mi esbelta figura de antaño y que no puedo correr ni hasta la esquina.  Entonces, ¿por qué aplican esas medidas con personas de la tercera edad? ¿Hay ladronas sexagenarias? Al único que vi haciendo ese papel-era un experto en abrir cajas fuertes herméticas- fue a Clint Eastwood y todavía no era el  veterano de ahora sino el bombonazo que  aún  actuaba  de Harry el Sucio .
Propongamos  que dejen en paz a las veteranas-como yo- que tienen que usar lentes para ver algo, y, tomemos medidas efectivas para reprimir a los que realmente  nos asaltan a mansalva y nos dejan sin palabras ante la brutalidad que esgrimen.
 ¿Se animarán nuestras autoridades en beneficio de toda la ciudadanía  a tomar medidas en serio-porque “ a seguro lo llevaron preso”, o, –en cambio- seguirán viajando por todos los países como los blancos y los colorados que tanto criticaron?




lunes, 10 de octubre de 2011

"CUALQUIER COSA, A LAS ÓRDENES"

A medida que pasan los años se van verificando variados cambios en las  actitudes y las expresiones de los seres humanos. El lenguaje refleja lo que somos y cómo vamos adaptándonos o no a las múltiples permutas de la modernidad. También las frases hechas-esas que muchas veces se emplean sin ton ni son- se modifican.
Cuando daba clases, insistía en hacer entender que no basta decir algo para que esa frase mágica surta el efecto deseado. Si yo estoy trabajando en una tienda de ropa femenina y le digo a una persona que entra ¿en qué la puedo ayudar? o ¿qué desea?,  pero me quedo cómodamente sentada o con el celular en espera, mi actitud NO  condice con mis palabras.
Cuando, por teléfono, logramos pasar la barrera de las grabaciones automáticas que ponen la mayoría de las empresas para –supuestamente- “monitorear” al hablante, y después de múltiples peripecias logramos que otro ser humano nos atienda, pueden pasar múltiples e insólitas reacciones.
Sin ir más lejos, ayer llamé por teléfono a una compañía  de extractores de aire, que está haciendo publicidad por TV. Según el comercial, por este mes van a hacer la instalación gratis. Miré el de mi cocina-que está en estado calamitoso y que dos por tres se manda unos rugidos estentóreos- y tuve-digo tuve porque ya no tengo más- la inocente idea de solicitar información. Pasé la barrera de los disquitos grabados y después de varios minutos fui atendida por Javier. Abrevio lo esencial de la conversación que-como comprenderán- tuvo más extensión:
“Vi un comercial por TV donde anuncian que por este mes no cobran las instalaciones de los extractores. No señora, pero para saber qué extractor necesita usted me tiene que dar la medida del tamaño de su cocina. Ya tengo un extractor en la cocina, está muy sucio, muy oxidado, muy viejo, quiero cambiarlo por uno del mismo tamaño. Está empotrado en la pared en su correspondiente agujero y no estoy interesada en hacer obra para poner uno más grande. Nosotros no trabajamos así, señora. Necesito la medida del tamaño de su cocina para recomendarle el extractor que precisa de acuerdo a esas medidas. Páseme las medidas y le daré la idea y el precio del que precisa. ¿No le sirve que le pase las medidas del extractor viejo para sustituirlo por uno del mismo tamaño? No, señora, le repito, nosotros no trabajamos así. Ah bueno, muchas gracias.” Es evidente que esa compañía  por más  propaganda que haga con empleados como Javier no va a vender muchos extractores nuevos. Al menos, yo ya  llamé a un técnico  para que desempotre el  viejo mío, le haga un buen service y ¡“a otra cosa, mariposa”!  ¡Javier me aniquiló las ganas de tener un extractor nuevo!
Además de la que les cuento-que es una de las tantas anécdotas- están las mentirosas frases hechas que cualquiera que conozca el paño sabe a qué se refieren.
Una  popular firma de plaza que tiene varias casas en diferentes puntos  del país ofrece “ARTÍCULOS DISCONTINUADOS”. ¡Fíjese qué bonito  queda decir “discontinuados”!
 ¿Qué es esto de “artículos discontinuados”? En cristiano significa: “lo que nos quedó de la venta del año”; “lo que no pudimos vender porque los precios fueron estrafalarios y quedaron ahí” o –en  cristiano más criollo: “de cada pueblo, un paisano”. Si por casualidad, se pasa por una de esas casas y se ve algún “discontinuado” que pueda ser de utilidad, hay otro inconveniente serio: lo venden desarmado. Por lo tanto, después, hay que conseguir algún “sieteoficios” que lo arme en forma conveniente. Lo que genera una nueva espera, y  otro gasto que se lleva lo poquito que usted creyó  ahorrar por comprar el famoso “discontinuado”.
Hace poco tiempo tuve la enormísima desgracia de perder a un ser queridísimo. Recibí y recibo-felizmente- apoyo de familiares y amistades. Ya se sabe que en estos casos, se conocen más que nunca los que son de ley y los que no. Los de ley,- que son siempre pocos, como bien lo señalaba Martín Fierro- siguen  alrededor, me mandan mails  o se comunican por “skype”, si están lejos y no pueden venir,  me brindan afecto, se preocupan  por mi bienestar, se turnan, me llaman,vienen  y me acompañan todo lo que pueden. Después están los otros.  Los que se enteraron pero se hicieron los sotas. Indefectiblemente, en algún momento, “tropiezan” con este bulto y largan un pésame tardío con alguna excusa:- qué lástima que no te pude ver antes- me enteré pero estuve afuera- el cruce fue en el ascensor o en la salida del edificio, en la calle o en el supermercado- y sigue la consabida frase hecha: “lo lamento mucho” que- como están apurados, para terminar la conversación -la rematan con esta otra:
“Cualquier cosa a las órdenes”.
A esta altura del partido, yo ya sé que de todas las frases hechas, ésta última es una de las más hipócritas. Los que la dicen no leyeron el discurso de  Steve Jobs. Deberían hacerlo.

domingo, 2 de octubre de 2011

Más reflexiones sobre la segunda parte de Los Altos muros de Jesús Guiral

Jesús Guiral dando clases
Reitero el epígrafe que encabeza la segunda parte de Los Altos Muros por  lo significativo en el contexto de lo que le ocurre a Séan Almagro a la salida de la cárcel de Cádiz:
 “Inferior to the vilest now become
Of man or worm; the vilest here excel me,
They creep, yet see, I dark in light exposed,
To daily fraud, contempt, abuse and wrong,
Within doors, or without, still as a fool,
In power of others, never in my own;
Scarce half I seem to live, dead more than half.”

De la misma manera que en la primera parte el lector tiene  la fecha  del nacimiento de Séan, - 12 de agosto de 1928-, aparece  también la  de su salida de la cárcel de Santa María de Cádiz,- 30 de junio de 1958-. El ritual de la entrega de nuevos documentos por parte de “Papamoscas”, forman parte de un renacer. Así también lo manifiesta Sean al recibirlos:
A pesar de que la ropa que le han dado para vestir no sea la adecuada, piensa:
“Soy un hombre otra vez”.
Y al salir de la cárcel: “Atrás, los altos muros y el mazacote rojo con las mil ventanitas cuadradas”.
 El primer contacto con la libertad es su primera conmoción: “Viejo amigo del mundo, el movimiento.”(…) Las tierras gaditanas que luchan con el mar. Movimiento.  Salta  de salina en salina. Todas corren, empujadas por el movimiento…”
Se fija un propósito de olvido: “El paréntesis no cuenta. No debe contar.”
Trata de ir absorbiendo los cambios que se han producido. Insiste para  ir a ver a un amigo antes de seguir el viaje.  Pero ese “contacto con su vida pasada” no resulta fructífero. Rafael, el antiguo compañero, el “Quimicastro” no quiere saber nada de él, porque  su vida ha tomado por otros cauces  diferentes. De todas maneras, Séan-aunque siente el rechazo de Rafael-  no se desalienta del todo, porque piensa que en Madrid le irá mejor.
Danny, dispuesto a ayudar a su hermano menor, le propone trabajar en el diario. Al principio Séan está indeciso, pero el encuentro causal con una joven que le gusta, lo impulsa a aceptar.  A la joven le miente sobre sí mismo, no le informa sobre su pasado en la cárcel
Hay  interesantes diálogos informativos de las modalidades que  se encuentran para resistir. Leyendo la que cuenta Séan, se recuerdan las que sabemos que se utilizaron en los países con regímenes dictatoriales.  
La cuñada de Séan, está caracterizada como una mujer cursi,  superficial, teñida de rubio, con cejas y ojos negros y…católica practicante. La misa, es para ella un ritual al cual no se debe faltar. Séan lo insinúa, pero recibe de su parte una mirada de espanto. Como ya expresé anteriormente, la ritualidad religiosa  se manifiesta, como una obligación ineludible pero no como una verdadera muestra de fe. Forma parte de un juego escénico.
La vida de Séan parece encaminarse: consigue hospedaje,  tiene trabajo en el diario “Ahora”,  lo cambia para dar clases de inglés, y  sale con la joven Eugenia. Pero  es la España de 1958. Los altos muros de las tenazas sociales del desprecio, del insulto, del equívoco, del poder ejercido por los otros-recuerden el epígrafe- lo van a cercar de tal manera que   le van a impedir vivir libremente en su tierra. Aniquilado, lo único que puede hacer es emigrar. Lógicamente tampoco le resultará sencillo obtener el pasaporte. Sin embargo, un amigo le dará la idea de utilizar “su otra nacionalidad”, la de su madre irlandesa y hasta le sugiere un país estable en América: Uruguay.
Y la novela concluye con este final abierto:
“Borrar. Destruir el pasado. Que sólo quede un cuerpo y una voz. De Eugenia, un recuerdo vago. No la buscaba a ella tal vez, sino a la paz. Y después de todo, yo navego hacia la paz.
“¿La paz?- me pregunto sorprendido. “¿Por qué he dicho la paz? ¿Qué es lo que espero? ¿La paz de quien? ¿La paz de qué…?”
Y no lo sé.”


lunes, 26 de septiembre de 2011

Recobrando a los nuestros: Apuntes sobre Los Altos muros de Jesús Guiral


Foto autografiada  de Jesús Guiral en el mencionado
capítulo Oriental Nº 38

En la nota anterior, les conté cómo conocí al escritor Jesús C. Guiral y a  su novela Los altos muros.
 Hoy en día, “googleando”, se encuentra muchísimo material sobre los escritores del 60,   pero  cuando yo era estudiante no circulaba   ni se encontraba nada  en ningún lado  porque estaba prohibido.  Por ejemplo, si buscan el capítulo Oriental Nº 38 que fue mi tabla de salvación para preparar la bolilla informativa,  ahora, ¡está disponible en Internet!  Yo tengo el “antigüito” impreso, con la firma del Dr. Guiral en su foto. Recuerdo que cuando se lo llevé al colegio para que me lo firmara, se divirtió mucho cuando le conté  mis zozobras en el examen oral.
 Hoy, voy a introducirme en el texto de la novela. No creo que se pueda encontrar nueva, porque no he visto reediciones, pero quizás se pueda conseguir usada. Yo la conservo, y la volví a releer con gusto para escribir estos apuntes. Como podrán apreciar, en la foto hay una imagen de una cárcel. Me parece que es la de mi barrio, Punta Carretas. La que las  paradojas del destino transformaron en uno de los Shoppings más visitados de Montevideo.

La novela está narrada por una primera persona que alterna su  presente con su pasado, y está dividida en dos partes. Las dos, tienen significativos epígrafes.
El  que encabeza la primera parte es   del poeta Juan Ramón Jiménez, “Segundo Amor”:
“Detrás la casa está vacía.
Delante carreteras
que  llevan a otras partes, solas
yertas.
Y la lluvia que llora ojos y ojos,
cual si la hora eterna se quedase ciega.
Aunque la casa esté muda y cerrada,
yo, aunque no estoy en ella, estoy en ella. “

Los invito a reflexionar: ¿Cuál será esa “casa vacía” que se sitúa “detrás”?  ¿”Detrás” de qué? ¿Cómo es posible que en esa casa “muda y cerrada” se pueda no estar y estar?

El narrador, se presenta con su primer apellido: Almagro. Lo llama el Director “Papamoscas” de la cárcel. Le anuncia que lo va a visitar su hermano mayor: Danny “el triunfador”. A la tercera página ya sabemos que Almagro es un “preso político”, y la ubicación espacio-temporal nos sitúa en la época de la Guerra Civil española. En la alternancia surge lo que le han contado  del registro civil de su nacimiento: padre Juan Almagro, natural de Jaén, madre Sheila O’Mara natural de Dublín, Irlanda- ambos avecindados en Madrid-. Su nombre completo Juan –Sean- Almagro O’Mara, nacido el 12 de agosto de 1928. Datos precisos para el personaje narrador.
En los recuerdos de Sean aparece el  verano de 1936-recordemos que la guerra civil es desde 1936 a 1939-Los han enviado a él y a su hermano mayor Danny,  con su abuela  Eileen a pasar las vacaciones en Irlanda. Juan Sean Almagro comienza un nuevo curso en Irlanda y no vuelve a España, Danny el mayor, va a la Universidad de Dublín- “desaparece”, “se pierde”- la familia no sabe nada de él durante un tiempo.
De vuelta a la vida en la cárcel. Se interrumpen los recuerdos  con la introducción de  un personaje granadino que, utilizando el habla coloquial de su zona, informa al lector de algunos entretelones de las circunstancias. Por ejemplo, así el lector se entera de que Almagro está cerca de su salida de la cárcel y de que lo apodan “el inglés” aunque en realidad es mitad español- por su padre, y mitad irlandés, por su madre- :
“-Ecucha, Inglé: ¿pa’ que te llamaron aye? ¿Pah loh papele?”
Un aspecto muy manifiesto en esta novela es la práctica religiosa  como obligación, no como un acto de fe. Los presos asisten a misa con  muy poco interés,   y no pueden evadirse más que con el pensamiento. Mentalmente sí, son libres, porque el pensamiento no se puede encadenar.  Un ejercicio espiritual marcado por uno de los curas los hace pensar en “el proceso de los pecados” para traerlos a la memoria: La casa donde nacieron, el lugar de origen, la infancia. Naturalmente, Almagro se evade hacia  Cádiz, “la ciudad pequeña de los amigos grandes” cuando él tenía doce años: “Ante Cádiz puede hablarse del alma de una ciudad. No hace falta buscarla. Está ahí. A flor de piel. Un alma limpia, lúcida. Cuajada en cal y cristal sobre azul. La imagen-color de mi estadía gaditana es blanca, de un blanco centelleo al sol.”
Los recuerdos afloran y se van entrelazando rápidamente: su amigo más maduro,  Jorge Manfredi- que lo “instruye” sobre Cádiz,  la vida, la guerra-;en esos recuerdos que fluyen están la bomba que destruye la casa y mata a su madre,  el dolor del padre, la rápida madurez de la pequeña hermana Sheila,  con profundas  reflexiones sobre la poca atención que se le presta a la familia, mientras se la disfruta inconscientemente: “Como una fórmula matemática entendida al fin,  la madeja  externa e interna del hogar se desenvuelve ante mis ojos. Y duele saber que hasta hace un tiempo, unos días tan sólo, yo era un mecanismo inconsciente, dormido,  que presenciaba el milagro diario de mi familia, sin darle importancia.”
Vuelta al  “presente” de la misa en la capilla:Almagro se coloca en la fila para salir.
La visita de Danny “el triunfador” le acerca  la vida del exterior. El matrimonio de Danny y el del Sheila, por ejemplo. Porque Almagro, no ha tenido noticias de su familia,  la pérdida de contacto con el “afuera” significó el aislamiento más ruin; hace diez años que está preso sin noticias  porque no le permitieron recibir visitas. El padre murió. Con su hermano Danny, reconstruye-dolorosamente en la conversación, pues Danny está “del otro lado”- el enfrentamiento con los falangistas, el horror de la cárcel, purgando una  pena por un asesinato que no cometió y la incertidumbre de lo que le depara el futuro a la salida.


La segunda parte, corresponde a la etapa de la salida y a los intentos  de adaptación a la “otra realidad” que dejó de vivir en la prisión.

 Un nuevo epígrafe  de la tragedia de John  Milton “Sansón agonista”- éste en idioma inglés-   nos sitúa en otro contexto diferente y  perturbador:

“Inferior to the vilest now become
Of man or worm; the vilest here excel me,
They creep, yet seem I dark in light exposed.
To daily fraud, contempt, abuse and wrong,
Within doors, or without, still as a fool,
In power of others, never in my own;
Scarce half I seem to live, dead more than half.”

¿Qué le pudo ocurrir a la salida de la cárcel,  a Sean Almagro para que este  amargo epígrafe encabece esta segunda parte de la novela? ¿Habrá podido reinsertarse socialmente en la España dominada por los franquistas? Es cierto que contará con el apoyo de su hermano mayor Daniel, pero va a ser útil que pensemos en una prisión de diez años aislados-  y todo lo que hemos sabido por las narraciones  y videos documentales de la historia reciente-.
Los invito a que dejen sus comentarios al respecto. Gracias por leer lo que escribo. Veo que ya son unos cuantos. Hasta la próxima nota.



¿Estos Altos muros serán los de
la antigua cárcel de Punta
Carretas?