lunes, 1 de octubre de 2012

LAS TORTAS FRITAS

Suculentos manjares dorados
Las tormentas de los últimos días han llevado a  mi alma de gorda a acordarse  de las gloriosas tortas fritas-emblema de los días lluviosos-
Cuando tenía nueve años, mi padre “me reclamó”-como decían mis tíos- y allá fui a dar con unos pocos bártulos  a una casa con colchonería- el “negocio” que mi padre había montado para sobrevivir él con su familia en “la villa La Paz”-. Ahí fui  perdiendo  poco a poco mis empaques de falsa burguesita: las  lecciones de piano, de inglés, de ballet,  y el colegio de monjas, fueron abruptamente cambiados por obligaciones como secar la losa al mediodía y a la noche; lavar y planchar mi ropa, limpiar el dormitorio y  sacar al perro Cacique a dar sus paseos de evacuación. Obviamente que la escuela privada también fue “suprimida” y fui  a la escuela pública y mixta de cabeza.
 Pocas cosas dulcificaban mi horrorosa amargura por la pérdida de mi madre y el cambio de  mi placentera vida en Montevideo. Una de ellas eran las exquisitas tortas fritas que hacía La Mangacha. Las hacía tan bien  que más de una vecina aparecía bajo el influjo del olorcito característico que  salía  en las tardes lluviosas por el garaje de la colchonería y se desparramaba por todo el barrio. Al menor amago de lluvia, La Mangacha sacaba su preciado instrumental: una olla renegrida de freír que se limpiaba únicamente con papel de estraza, el palote de amasar, la grasa, la sal y la harina. Con esos pocos elementos obraba las maravillas doradas. El negro Pinela nos había fabricado “un lujo”-como llamaba  a cualquier cosa que no fuera absolutamente necesaria- se trataba de un palito de ceibo que servía para enganchar del correspondiente agujerito a la torta frita recién sacada de la grasa humeante. Cada miembro de la familia tenía el suyo. Así se podía comer el manjar crujiente sin ningún peligro de achicharrarse los dedos.
Los tortafriteros de Punta Carretas URUGUAY- no quedan dudas-¿no?

Yo no sé si  las tortas fritas son uruguayas o argentinas, porque  todos somos conscientes de que cada vez que nos hacemos un nudo con las “pertenencias” empleamos el adjetivo: “rioplatense” para solucionarlo y lo aplicamos a diestra y siniestra: Florencio Sánchez y Horacio Quiroga-por poner dos ejemplos contundentes- eran “rioplatenses” porque nacieron en Uruguay, pero lograron fama cuando “cruzaron el charco”. Incluso hace un tiempo en fútbol, circulaba una especie de chiste que decía que “los mejores jugadores argentinos eran uruguayos”. En fin, no es de la nacionalidad de lo que quiero escribir, sino de las tortas fritas y de  los tortafriteros-sus  expertos hacedores- Ya recordé a la “tortafritera” de mi infancia,  -Mangacha de “Villa La Paz”-,  que las hacía tan   exquisitas que tuvieron el don inigualable de reconciliarme con la vida.  
En Punta Carretas hay varias formas y lugares para adquirirlas porque hay “tortafriteros” ambulantes y  también establecidos. Sí, leyeron bien: “establecidos”, es decir que  tienen local, están adheridos -incluso- a un sindicato. El cartel anunciador da como una  especie de garantía de la calidad del producto que venden. ¿Cómo los encontré? Obviamente, todos los que hayan probado estas delicias, saben que  las tortas fritas despiden un olorcito inconfundible y en los días lluviosos-no como el temporal del 19 de septiembre, sino esas tardecitas que comienzan con una tímida llovizna que permite desplazarse sin mayores problemas- es suficiente dejarse guiar por la nariz.  La mía, experta desde la infancia en olfatear aromas “rioplatenses” inconfundibles como los de las  tortas fritas, los de los  “pan con grasa” recién horneados,  el asado, las morcillitas y los choricitos a las brasas, me llevó solita, un día  que andaba caminando por el barrio. Y no vayan a creer que soy la única. Vienen muchas personas tanto a pie como en auto que esperan con increíble paciencia su turno para llevarse a mordiscón limpio  los deleites crujientes.
La que amasa las delicias

El local está a la vuelta de mi casa, en la calle Joaquín Nuñez entre Ellauri y Miñones. Les recomiendo que  de vez en cuando se olviden del colesterol y de la maldad de la grasa. La vida es muy poca cosa y no tiene sentido si no nos damos un gusto de vez en cuando. Acérquense y pruébenlas. Son delis, delis y saben hacer “crunch, crunch, crunch”.
Debajo de la bandera uruguaya: "El Sindi"..... ¿Qué tal?

viernes, 21 de septiembre de 2012

¿No tiene más chico? Comprar-si se puede- es Divino

La mesita que no pudo ser mía
Hace años que llevo una lista de aspiraciones que se llama como un viejo programa de televisión: “Venga y atrévase a soñar”. Mi marido llevaba otra que se llamaba “La cajita de los sueños”. La mía-que aún sigo escribiendo- se relaciona con objetos para la casa, y la de Carlos era más que nada una lista de lugares para conocer.
Mi lista nunca fue ni es excesivamente ambiciosa, según lo que veo en el mercado anoto y voy adquiriendo en la medida de mis posibilidades. Este año compré dos cosas: un perchero y un revistero rojo. Nada del otro mundo. Lo cierto es que en los últimos tiempos noté que tengo dificultades para acceder a lo que quiero. No sé si a todos les pasa lo mismo. Hoy fui al Shopping Punta Carretas, más específicamente al Palacio de la Música donde funciona Red UTS. Mi intención era comprar una entrada para ir a ver este próximo jueves en el Teatro el Galpón a las cantantes Teresa Parodi y Ana Prada.  Me atendió una muchacha desganada a la cual tuve que repetirle dos veces de qué espectáculo se trataba y dónde se realizaba. Cuando apareció en la pantalla la disponibilidad, señalé una de la punta en la fila 10 y le extendí un billete de mil pesos. El  corto diálogo que siguió fue este:
-“¿No tiene más chico?”
-“No, no tengo más chico”- le contesté.
-“Entonces, no le puedo cobrar.”- Y me devolvió el billete de mil pesos.  
-“Bueno, muchas gracias”. Y me di vuelta sin más trámite.
Perdonen Teresa Parodi y Ana Prada, a mí me hubiera gustado muchísimo verlas cantar en ese espectáculo al que le pusieron un título tan atractivo: “Cosido a mano y a medida”. Estoy segura de que será estupendo, pero con esta “desatención al público” entenderán que me desmoralicé y quedé de capa caída. No me dio la nafta para seguir insistiendo. Sería bueno que la RED UTS pusiera robots expendedores de entradas –tipo cajeros automáticos, con cambio, claro- o que en su defecto, enseñara a sus empleadas a procurárselo si no lo tienen consigo y también buenos modales para ofrecer alguna solución al que va con la sana intención de comprar como por ejemplo, decir  con  un poquito de amabilidad: "-¿No trajo ninguna tarjeta de pago, Sra? Cambio no tengo pero igual puede pagar con tarjeta". Algo así. Quizás esa opción  sea dificilísima porque la mayoría de los espectáculos se cobran al contado, tacataca-no con tarjeta de crédito- ¿Ir a buscar cambio? ¡Eso lo puede hacer sin problemas! En primer lugar RED UTS funciona en el Palacio de la Música donde hay un cajero que casi con seguridad tiene cambio. Además, a pocos pasos funciona un cambio , y a otros pocos pasos hay varios bancos. ¿?  ¡Ah! Otro detalle: RED UTS trabaja con el horario de 12.00 a 20 p.m. Hora "uruguaya": No vayan muy cerca de las 12.00 porque no hay nadie, y tampoco alrededor de las 20.oo porque ya se fueron ¿ta?
No suelo tomar de inmediato la resolución de comprar cosas. Me gusta tomar nota en mi lista, y después ver si realmente me sirve lo que pretendo. Doy más vueltas que galleta en boca de vieja, lo sé,  pero tengo que hacerlo porque tampoco nado en la abundancia. Durante un tiempo anduve acariciando la idea de comprar una mesita de cocina roja, redonda, de tres patas. Entré un par de veces a verle los detalles sin molestar para nada  la entretenida charla de los vendedores y la cajera. El local tiene unos enormes letreros en colores rojo y blanco  que anuncian alegremente:
"¡AHORA O NUNCA! 40% OFF".
Hace unos días me decidí. Llevé la tarjeta OCA-que supuestamente era la más ventajosa- y logré interrumpir la animada charla de los vendedores que estaban todos-como corresponde- al santo botón. Uno de ellos le dijo a otro: “te toca atender a vos, William”. Y el tal William con una sonrisa de compromiso, me hizo la clásica pregunta de cajón:
-“¿En qué la puedo servir? “Señalé la mesita roja, le pedí las medidas que de mala gana tomó –el precio y las condiciones las conocía- y me dispuse con una enorme fuerza de voluntad a realizar la compra.
-“Bueno. Me la llevo.”
- “No, señora. Me dijo muy sonriente. Esta mesa es  de muestra, no está a la venta”.-“Vienen desarmadas”- me aclaró para desalentarme aún más.
-“Está bien” insistí como vieja porfiada que soy-. –“·Tráigame una desarmada, ya conseguiré quien la tornille”.
- “¡Ah no! No tenemos ninguna desarmada. Esto no es un depósito. La tiene que encargar y más o menos en una o dos semanas la podemos tener acá.”
Yo-empecinada- seguí insistiendo: -“¿Las tienen en Avenida Italia?”
“-No. Están en un depósito en otro lugar, señora. Hacemos el Voucher de OCA, y yo la llamo cuando llegue.”
Me salieron todos los traumas juntos: "Vengo del SPA; ¿estaré tan horrorosamente vestida? ¿Me están atendiendo tan mal porque además de estar de championes, calzas y campera, estoy vieja?"  Si pago con OCA y la mesa demora un par de semanas en llegar, resulta que ya estoy  pagando algo que NO TENGO EN MI CASA... ¿VOY A SER TAN PERO TAN PELOTUDA?
Finalmente reaccioné. No voy a ver a Teresa Parodi y Ana Prada, y tampoco tendré la mesita roja.
Hice lo que los “anti vendedores” querían.  No les compré nada.
 ¿Les ha pasado alguna vez algún episodio similar?

domingo, 16 de septiembre de 2012

"RADIO CICUTA"

"Pinchaglobos, anticipador de desgracias, "radio cicuta"
Sri Sri Ravi Shankar, el fundador de la ONG “El arte de vivir” vino a Uruguay.
Como ya saben la mayoría de mis lectores, el año pasado hice el cursillo y escribí algunas  impresiones en mi blog. Vuelvo a repetir algunos conceptos en forma breve: ningún cursillo nos devuelve al ser querido que perdimos, ni nos quita el pesar, ni nos devuelve la felicidad. En mi caso, se trató de mi querido esposo, mi compañero de ruta, mi  “todoterreno”, el sol de mi vida, mi otra mitad, con quien llevábamos más de cuarenta y cuatro años de matrimonio. En los tiempos que corren, no es poca cosa una  unión tan duradera. Por otra parte, los que nos conocieron, saben que éramos el uno para el otro. No es una mera frase. Es la verdad.
El  cursillo tuvo la virtud de vincularme con personas que estaban buscando lo mismo que yo: alguna alternativa para combatir la tentación de abrir la llave del gas para pasar lisa y llanamente para “el otro lado”, y, -en cambio-  volver a encontrarle sentido a la vida. A través de los ejercicios de respiración de los cuales  varios (y varias porque las tenemos a ellas también) periodistas del país se han burlado hasta el infinito, y con  prácticas estratégicas, yo logré  una especie de “mejoría” o, por lo menos,  una visión diferente a la que llevaba antes de empezar. Además, desde ese momento, tengo  un “angelito”. (Un vínculo nuevo con una persona desconocida que se establece para hacer las prácticas). Nos convertimos en amigas, nos acordamos del cursillo y nos seguimos comunicando.
Una de las prácticas de convivencia  que me pareció más efectiva para lograr un entorno armónico es-indudablemente- “no pincharle el globo a los demás”. ¿Es nueva? NO. NO ES NUEVA.  Pilar Sordo, la psicóloga chilena cuyo libro ¡Viva la diferencia!   la catapultó a la fama, publicó  el libro largamente anunciado: Bienvenido dolor donde  después de una investigación sobre la felicidad, brinda ideas para aprender a situarse frente a las circunstancias dolorosas.  “La llegada del dolor es inevitable-manifiesta- pero la elección por el sufrimiento depende enteramente de nosotros.”
En ese libro, nos describe  a este  personaje del cual tenemos que huir despavoridos. Ella le llama: “el anticipador de desgracias”. En el cursillo El arte de vivir,  lo llamaban el “pinchaglobos”; y el consejo que había que poner en práctica era: “No le pinches el globo a nadie, porque  apoyar el entusiasmo es apoyar la vida.” “El pinchaglobos”, o el “anticipador de desgracias”, es esa  infaltable “persona” que cuando le planteamos algo que vamos a hacer, o algo que nos hace ilusión, o simplemente le comentamos una noticia o una situación, no encuentra mejor cosa que  mortificarnos:
“Extrañamente, cuando una mujer está embarazada es cuando peores noticias recibe sobre embarazos malos y partos complicados. Nunca falta una “amiga” que en forma cariñosa empieza a contarnos que “la Gloria tuvo el bebé con el cordón umbilical enrollado, casi se muere, la presión la tuvo en veinticinco, el bebé nació porque Dios es grande, pero tú te has sentido bien, ¿cierto?”
Este ejemplo que “la Pili” plantea con su gracejo chileno, nos lleva al  meollo del tema que hoy voy a tratar.
No voy a hablar de las “bondades” de “El arte de vivir” ni voy a discutir si el Guruji es un “chanta” o un charlatán. Que cada cual juzgue según su real saber y entender, si es un santón  aprovechador y  o si  será-como también lo fueron los profetas bíblicos-, algún ser más adelantado que otros que propone un “modo” de vida un poco mejor que el que tenemos en Occidente. Tengo a medio escribir una crónica más extensa sobre el dolor y las posibilidades para sobrellevarlo, pero no lo voy a hacer en este momento. Ahora quiero referirme a estos “pinchaglobos” o “anticipadores de desgracias”.
Yo les elegí otro nombre: “RADIO CICUTA”, porque cada vez que hablan escupen veneno. Son “mala onda”, y profundamente negativos. Hay variantes de estos personajes, como algunos que la superstición popular asegura que  atraen  a la “yeta”-palabra coloquial rioplatense que significa “mala suerte”-. Esta idea no se ha desarrollado únicamente en el Río de la Plata.  En un interesante libro de conversaciones entre Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez, aparece el calificativo “pavoso”. (En Venezuela- el lugar donde lo aprendieron- llaman “la pava” al efecto maléfico que pueden tener actitudes, cosas y seres.) Y como Gabriel García Márquez lo  cree  a pies juntillas les huye como a la peste cuando los reconoce:
Le pregunta Plinio: ¿Qué haces cuando encuentras a una persona así?”
Y Gabriel García Márquez le contesta: “La evito. Sobre todo no duermo en el mismo lugar que ella. Hace algunos años, recuerdo, alquilamos con Mercedes un apartamento en un pueblo de la Costa Brava. Descubrimos de pronto que una vecina- una señora que vino a saludarnos- tenía “pava”. Yo me negué a dormir en aquel sitio. De día estaba allí, pero no de noche. De noche me iba a dormir al apartamento de un amigo, Mercedes llegó a molestarse por eso, pero yo no podía hacer otra cosa.” (El olor de la guayaba Editorial Oveja Negra 1983)
Lo  malo es que las personalidades negativas nos  quitan el buen humor  y nos producen malestar. En sus versiones más “livianas” son esos conocidos que nos encontramos en la calle y que nos cuentan con pelos y señales episodios que han tenido que ver con su salud, con la salud de sus allegados o con la de su mascota y nos cuentan todas sus peripecias. En sus versiones “pesadas” son como los que describe  Pilar Sordo. Todos conocemos alguno.
Saquémosle el cuerpo a los pinchaglobos, a los anticipadores de desgracias, a los seres pavosos.  Busquémosle  un sentido positivo a la vida. No nos vinculemos ni nos enredemos con seres negativos, busquemos-en cambio- a los que nos alientan a seguir adelante en el camino.  ¡Afuera los “radio cicuta”!




domingo, 2 de septiembre de 2012

STROGANOV, STROGONOFF, STROGANOFF


LIBRO:¡VAMOS A COMER!


FIRMAS DE LAS MADRES AGRADECIDAS
Una foto que colgué en facebook de una comida de origen ruso, suscitó la curiosidad. Me gustaría aprovechar la oportunidad para contarles un poco de cómo llegué a conocerla y a aprender a elaborarla y a modificarla. Hace unos cuantos años,  un grupo de madres del American Women’s Club de Montevideo, me pidió colaboración para editar un libro de cocina bilingüe. Aclaro-por las dudas- de que no fui la única que colaboró, pero sí sé que "metí mi cuchara" y que, aunque el libro no quedó perfecto-debería haber llevado más  revisión porque se deslizaron errorcitos-, contiene unas recetas deliciosas. En español se llamó “Vamos a comer” y en inglés se usó ese  verbo comodín de tanta utilidad: “Let” y se llamó “Let’s eat”. Había varias madres que hablaban español. Yo colaboré en todo lo que pude para ponerlo en “uruguayo”-de eso se trataba porque debía ser una especie de auxiliar para las familias que llegaran al país y no conocieran el vocabulario de la zona-. Mientras ayudé, tirándome bastante de los pelos para poder cumplir, aprendí muchísimo, porque estuve en contacto con amables personas que traían su español aprendido en diferentes regiones. Así me enteré-por ejemplo-  de que “mi palote de amasar” en otras zonas era “un uslero”, y que "mi pomelo", en México, era una toronja. Pude afianzar también algo que se me está “desgajando” en la actualidad por falta de uso que es el vocabulario en inglés, y –por añadidura, mientras “uruguayizaba” el vocabulario- accedí a las ricas recetas que contiene el libro. Entre ellas: dos versiones de “strogonoff o “stroganoff”. Al parecer su inventor fue un chef ruso del General Stroganov- de ahí  su nombre.  El libro tiene dos versiones: una que se llama "Strogonoff de carne" y otra que se llama "Strogonoff de lomo Lori" (por el nombre de una de las señoras: Lori Krell). Obviamente, las recetas no son originales, pero son las favoritas de esas damas. A todas las personas que cocinamos, nos gusta ampliar, sacar, poner o sea ¡modificar! ! ¡Sí!
Así que aquí tienen  "mi versión"  Rinde para cuatro personas.
INGREDIENTES:
Un kilo de carne tierna (yo uso bola de lomo pero puede ser otro corte)
4 cucharadas de harina o maicena
3 cebollines
100 gramos de manteca
Una taza de pulpa de tomate (yo uso sin sal) 
Una taza de crema doble
25 gramos de hongos secos “Boletus Leteus” (Marca: “La Abundancia”)
Una taza de vino tinto
Sazón: sal, pimienta, y pimentón picante (a gusto)
PROCEDIMIENTO:
La carne se corta en tiras o fajitas. Se pasan  por la harina o la maicena. La “originalidad” de mi receta-si es que la tiene- es que utilizo un wok  grande, cuyo origen no es ruso sino chino. El mío está totalmente “curtido”- no se le pega nada y yo estoy habituada a usarlo-. Lo mejor es calentarlo previamente y derretir la manteca removiéndola con movimientos circulares para que se impregne bien por todos lados. (Si no tienen un wok también puede servir una sartén o una cacerola grande y honda, pero apenas puedan cómprense uno, porque es un  utensilio sumamente útil  de  la milenaria cocina china).
Se derrite la manteca,  se doran-sin quemar- los cebollines cortados en medios aros y luego las fajitas de carne. Acto seguido se agrega la pulpa de tomate, la crema doble, y la sazón. Se cocina a “fuego corona” (bajo) hasta que la carne esté tierna. Ahora es el momento de agregarle los hongos cortados en pequeños trozos,- previamente hidratados en agua caliente-. Por último va la taza de vino tinto. Es aconsejable revolver en forma constante -si es con una espátula de madera, mejor-  para que no se pegue ni queme nada. Si quedara muy espeso se puede “alivianar” con el agua que quedó de los hongos hidratados. Se sirve bien caliente acompañado de timbal de arroz blanco o pasta. ¡Que lo disfruten!  Enjoy it!

"Strogonoff" o "stroganoff" terminado, listo para degustar
¿Qué diferencia al mío de las recetas de Let's it?
Lo hago con menos ingredientes y utilizo mi "wok"


lunes, 27 de agosto de 2012

ALTURAS DE MACHU PICCHU VIAJE DE DOS AMIGAS AL PERÚ

(…)
A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga noche
como si yo estuviera con vosotros anclado,
contadme todo, cadena a cadena,
eslabón a eslabón, y paso a paso,
afilad los cuchillos que guardasteis,
ponedlos en mi pecho y en mi mano,
como un río de rayos amarillos,
como un río de tigres enterrados,
y dejadme llorar, horas, días, años,
edades ciegas, siglos estelares.
Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
Apegadme los cuerpos como imanes.
Acudid a mis venas y a mi boca.
Hablad por mis palabras y mi sangre.
Pablo Neruda
  
Paisaje de Machu Picchu tomado por mi amiga
  

Empecé esta crónica con el final del poema que Pablo Neruda tituló “Alturas de Machu Picchu”, porque se puede apreciar muy claramente un llamado a los enigmáticos seres que habitaron este espacio para que  conviertan al poeta en su confidente para poder unirse a ellos a través de llanto, las palabras y la sangre.
Mi amiga y yo también queríamos llegar a Machu Picchu. Quizás no teníamos  tanto fervor como Neruda, pero sí nos alentaba el deseo de observar las huellas que quedaban de esta civilización que fue tan magnífica y soberana.
 En una primera instancia  pensamos en uno de esos célebres “viajes acompañados” que promocionan algunas agencias turísticas, entre ellas  Cisplatina- la agencia del conocido conductor de “Los viajes del 12”: Julio Alonso-. Evidentemente, pensamos que sería mucho mejor ir acompañadas porque sabíamos que eran parajes altos y posiblemente inhóspitos para nuestras edades que  no eran precisamente las ideales para tamaña aventura. Lamentablemente no pudo ser porque no  hubo suficientes personas para armar un grupo. En cambio, la agencia nos ofreció un paquete más sencillo que el que originalmente promocionaban y nos aseguraron que tendríamos el respaldo y los servicios necesarios para movilizarnos. La compañía Pacífico Viajes, se encargaría de irnos a buscar a los aeropuertos, nos llevarían a los hoteles asignados y, además, nos transportarían a los paseos pautados en un itinerario.
La compañía de aviación no sería Lan Chile-como se promocionaba en el “viaje acompañado”- sino TACA. Nos volvimos a consultar mutua y modernamente por skype y decidimos tirarnos al agua. Valientemente y sin dilaciones.
Al llegar a Lima la incógnita se despejó: nos estaban esperando con un cartel con nuestro nombre y nos llevaron al hotel asignado. Nos sorprendió que no hubiera toallas de mano,  cuando las reclamamos nos ofrecieron otra toalla grande. Parece ser que están en plan de cuidado ambiental y “ahorran” de esa manera. Cada loco con su tema. Fue el único hotel que tuvimos con esa modalidad.
Después de descansar un rato vinieron a buscarnos para el paseo por Lima. Al tratar de mandar mensajes a familiares y amigos, comprobé que pese a la hora de espera y consulta  que pasé en Antel Punta Carretas,  y de las promesas efectuadas, el celular no funcionó de ninguna manera.

Estatua "El Beso" en Lima

 Lima nos pareció una ciudad hermosa y sorprendente. El hotel “sin toallas de mano” estaba muy bien ubicado, lo que nos permitió ir caminando al mercado Inca, que resultó ser una serie de negocios, uno al lado del otro donde venden de todo.  Almorzamos frente al mar  en Mango’s un precioso restaurante recomendado por la guía que nos paseó. Está en un Shopping frente al mar. Después de las dos de la tarde nos vinieron a buscar para llevarnos al aeropuerto con rumbo a Cusco. El hotel de Cusco también estaba bien ubicado, descansamos un par de horas para aclimatarnos y salimos a recorrer los alrededores por nuestra cuenta. Enfrente teníamos un hermosísimo mercado artesanal donde pasamos alrededor de 3 horas. Después de las dos de la tarde nos vinieron a buscar para pasearnos por Cusco. También fue una ciudad que nos sorprendió gratamente. El mercado de San Pedro nos pareció impresionante, abastece a toda la ciudad y hay de todo. Frutas deliciosas, panes espectaculares, y, por supuesto, muchas clases de papas.
Al día siguiente fuimos desde  Cusco a Machu Picchu en el tren Vista Dome. Es un tren panorámico con servicio a bordo. El trayecto dura alrededor de tres horas y el paisaje es realmente espectacular.
Rafael, "el guía bueno" dándonos explicaciones

EN MACHU PICCHU
Machu Picchu tiene  una magia especial, pero esa magia se me perdió  con el horror del “turismo estándar”. Lamentablemente, el guía que nos tocó no tuvo ni paciencia ni tolerancia. Si le preguntábamos algo  para corroborar información, nos contestaba algo así como: “como ya les dije anteriormente…..”(Lo cual en criollo significa: “ya te lo dije, no me molestes más”.) Se paraba en alguno de los lugares, daba una breve explicación y corría hacia otro lo más  rápidamente posible. Quería “cumplir” pero no sentía ningún placer ni estaba orgulloso  de hacerlo. A mí me costó muchísimo seguirlo porque obviamente Machu Picchu es “en subida”, con unos escalones muy altos y empinados. Hubo algunos momentos en los cuales subí gateando, aterrorizada porque sentía que me separaba del grupo y me  podía perder. El lugar es muy vasto y estaba colmado de  grupos y más grupos con diferentes guías. Incluso pensé en desistir porque tuve taquicardia y experimenté un  cansancio atroz. Felizmente, un joven tejano que apareció como un angel guardían, se dio cuenta de mi  zozobra, me ofreció ayuda en inglés. La acepté, porque aunque trataba de ascender por mis propios medios, no me daba el resuello. En cambio, con el remolque del fornido chiquilín, todo fue mucho más fácil. El guía seguía corriendo por allá arriba, y mi amiga, más ágil que yo aunque también con la lengua de afuera había logrado subir y estaba tomando fotos. En un recodo del camino, le grité al guía que fuera más despacio. Ni siquiera me contestó. Una lástima porque era el lugar que más me interesaba. Después me enteré de que en la entrada a Machu Picchu vendían bastones para aquellas personas que los necesitaran para subir con más facilidad. Él no nos informó de nada. Esa información me la dio una señora mayor de otra excursión. Siempre afirmo- y ahora más que nunca- que en  este  masivo turismo estándar dependemos absolutamente  de la buena voluntad de los que nos llevan.
Allá abajo: Cusco

  El único almuerzo bufé que llevábamos en el itinerario, en Machu Picchu, no  fue para nada placentero. Estábamos excesivamente  cansadas y preocupadas ya  que el guía-que estaba ansioso por volver a Cusco con el resto del grupo- nos dejó solas con unas pocas explicaciones dadas de cualquier modo y con un mapita para ubicar el hotel en Aguas Calientes. Estaba tan exhausta y me llegaba tan poco oxígeno, que quedé más bobeta de lo que soy habitualmente,-lo cual ya es decir- por lo cual, dejé  en una silla del restaurante Tinkuy  la cámara de fotos Canon Power Shot A 480 -último regalo de mi esposo- con todas las fotos que había tomado. Realmente: no le  recomiendo a nadie ni que  almuerce en las  pésimas condiciones físicas y anímicas que yo tenía en ese momento, ni que lo haga después del ascenso y el descenso. No es de ninguna manera recomendable para personas de nuestra edad.
El guía, sin ninguna contemplación y muy suelto de cuerpo, me dijo que si no estaba conforme que me quejara en el formulario de evaluación. Yo ya sé que no  sirve de nada quejarse de la prestación de un servicio que no se cumplió según lo pautado y que nos quitó el placer de disfrutar del lugar que más nos interesaba conocer. Lo mal hecho, mal hecho queda.  Para colmo de males, para volver de Machu Picchu a Aguas Calientes, totalmente exhaustas, tuvimos que hacer cola y discutir para subir a uno de los ómnibus. Los turistas que estaban amparados por sus guías, subían “en grupo” antes que nosotras que estábamos solas. Discutí con más de un guía para que respetara nuestro derecho en la fila. Al final, a grito pelado,  lo logré. Fue en el ómnibus que me di cuenta de que me faltaba la cámara, que debía estar –y no estaba-colgada de mi cuello junto con el morral y los lentes. Cuando llegamos a Aguas Calientes, no sabíamos dónde quedaba el hotel Taypicala. Preguntamos a una vendedora  y nos dijo que lo encontraríamos al final de la cuesta. La remontamos penosamente dobladas por el cansancio haciendo constantes paradas para respirar hondo. Finalmente, llegamos.
  Allí llamé de inmediato a la compañía Pacífico Viajes. Me atendió con cordialidad un señor llamado Dante que me dijo que iría personalmente hasta el restaurante. Obviamente la camarita no apareció. Dejé mis ruegos a los dioses  para que maldigan al que la encontró y no la devolvió. ¿Cumplirán? ¡Veremos! La vida da muchísimas vueltas y nunca se sabe con certeza por dónde nos llevan los laberintos de sus caminos.
En Aguas Calientes, había muchos restaurantes, pero estábamos “harto cansadas” como decía una simpática viajera chilena y nos quedamos a cenar en el hotel. Pese a que en la puerta tenían el anuncio de VISA no me aceptaron la tarjeta de crédito. Yo no tenía suficientes soles y le di dólares. El joven-gentilmente- fue al cambio y me trajo 250 soles por 100 dólares. Le di 140 soles para saldar la cena, con la correspondiente propina. Es más que probable que en algún restaurante hubiera podido pagar bastante menos, pero el cansancio pudo más que la cordura.
El hotel Taypicala  de Aguas Calientes es agradable pero le falta mantenimiento. El agua de la bañera no desagotaba, las paredes mostraban indicios de humedad-probablemente por problemas con los caños- Sin embargo, el personal fue  amable y eso nos reconfortó.
Frente al hotel  Taypicala

Un detalle importante:
La salida del hotel Taypicala de Aguas Calientes, estaba pautada para las 9 de la mañana, demasiado temprano- porque la vuelta en el tren panorámico era a las 14.50-. Pregunté si podía pagar un adicional para quedarnos hasta las 12 y me contestaron que sí. Me cobraron 30 dólares.
Es importante que  la agencia de viajes tenga en cuenta la posibilidad de un late check in  como se hace en otras partes del mundo. El viajero que no lo quiera o no lo necesite, santo y muy bueno, pero el que sí lo requiera que lo tenga a su disposición. Sobre todo porque  para las  personas mayores es muy difícil quedarse sin habitación desde tan temprano. Al menos ese fue mi caso. Asegurado el adicional, compré otra cámara, paseamos por el pueblo, saqué varias fotos y después de remontar nuevamente la cuesta, dejamos el hotel  para ir a la  estación de trenes, cruzando de nuevo el tentador mercado artesanal.

DE NUEVO EN CUSCO
El hotel Eco In de Cusco es muy bonito  y está bien mantenido.  Desde  allí hicimos otro paseo al Parque Arqueológico. Visitamos Sacsayhuaman, el adoratorio incaico de Quenco, la atalaya de Puca Pucará y Tambomachay.
El guía que nos acompañó esta vez en Cusco, Rafael, me resultó tan simpático como Claudio, el guía colla del Norte Argentino. Nos explicó todo con infinita paciencia. Nos habló del sincretismo, reconociéndose a sí mismo como un representante del pueblo quechua. Las costumbres que nos comentó son similares a las de los collas. Los quechuas también veneran a la Pacha Mama. La reconocen como la madre que da origen a la vida y “la convidan” con comida y bebida-al igual que los collas y otros pueblos originarios-. El sincretismo también se aprecia en las imágenes religiosas cuyos detalles muestran la cultura andina. Los quechuas se las ingeniaron para seguir con sus creencias y tradiciones a pesar de la represión que impusieron los españoles que trataron a toda costa de “borrar” sus creencias ancestrales. Rafael fue el mejor guía, estaba muy convencido de lo que informaba, fue por lejos el  más paciente, el que no se alteraba jamás por ninguna pregunta. Con su amabilidad natural contestó las mismas preguntas a las mismas dudas sin perder jamás su natural  y blanca sonrisa y la luminosidad de la mirada.
 ¡Gracias Rafael de “Viajes Pacífico”!
Almorzamos, por consejo de Rafael en el restaurante “La Valentina”. En la tarde libre, descansamos porque la altura de Cusco no es moco de pavo y la estábamos sintiendo.
Un detalle encantador: la campana en la estación de tren


Vista del aeropuerto ya con ansias de regreso
 El regreso
El día de la partida, nos levantamos bien temprano, nos bañamos, desayunamos, y dormimos otro rato más. Nos quedamos –esta vez- en la habitación hasta las 10.30 sin pagar ningún suplemento. Así había quedado estipulado con   el que nos dejó el mensaje el día anterior, pese a que la recepcionista también pretendía sacarnos de la habitación a las 9. Vinieron a buscarnos a las 12.50 para llevarnos al aeropuerto a las 13.15. Pude  cambiar asientos dentro de lo posible en el aeropuerto de Cusco. Los mejores nos los dieron para el viaje corto. Son los considerados asientos “privilegiados”: inmediatamente después de la primera clase; 4b y 4c.  Despegamos  a las 15.15. El capitán Jordi Paulet dijo que el vuelo llevaría una hora. El bolso de mano viajó en primera (por algo se empieza...) A las 16.30 ya estábamos “desembarcadas”, a las 17 ya habíamos encontrado un lindo lugar en el bar Del aeropuerto de Lima, con una buena vista a la entrada. Allí esperamos leyendo y tomando cafecito nuestro ya ansiadísimo regreso a Montevideo.

Líneas Aéreas TACA
 TACA, la compañía de aviación, merece un apartado especial. Los aviones en los cuales viajamos son los “ómnibus del aire”. Tienen personal muy amable y un excelente servicio de a bordo. Nos dieron un “snack” en el vuelo corto y comida en el más largo. Todo de muy buena calidad y gusto. En realidad me sorprendió el buen servicio porque yo había consultado en Internet y los comentarios que leí no eran halagüeños. En el último vuelo de Lima a Montevideo,  nos dieron a elegir entre pollo guisado y pasta con salsa huancaína. Elegimos la pasta por la curiosidad de saborear una salsa que no conocíamos. En broma, Josefina le dijo al aeromozo que después de tan rica cena, nos vendría de perlas una copa de champagne. Él le contestó muy serio que vería si la podía complacer. Al rato apareció con las dos copas de champagne. Se las agradecimos efusivamente. Después de tan fina atención, ¡hasta pudimos dormir un par de horas!
AGENCIA DE VIAJES CISPLATINA
Otro apartado especial lo merece la agencia de viajes Cisplatina que fue la que organizó todo el periplo. César de Castro estuvo atento a mis pedidos y los trató de complacer en la medida de sus posibilidades. Actuó con mucha dedicación por lo cual se puede recomendar para otros paseos. Simplemente, habrá que ajustar detalles que podrán salir mejor si se tienen en cuenta las necesidades de los viajeros.
Hasta la próxima.



martes, 21 de agosto de 2012

Otro bastión que se fue: la Conaprole de Pocitos

El último bastión cerrado : La Conaprole de Pocitos, pintarrajeada-como corresponde- por vándalos
Estuve afuera unos cuantos días, “perdí” –por decirlo de alguna manera-  mi querida camarita de fotos Canon Power Shot A 480- último regalo de mi esposo-  en un restaurante de las alturas-Invoqué a las deidades incas para que castiguen al que no la devolvió- quiérase o no, es un robo también quedarse con algo ajeno, sobre todo si está lleno de recuerdos- pero aquí estoy tecleando y preparando esta entrega para el blog con las fotos que me quedaron en el archivo.
El tema de hoy es tan melancólico como el día: el cierre de otro estupendo bastión. Ahora que estamos cerca de la tan promocionada “Noche de la nostalgia” o “Noche de los recuerdos” o como se la quiera llamar,  ¿quién no recuerda haber pasado algún buen momento en la hoy ya cerrada “Conaprole de Pocitos”? ¿Quién no festejó algún cumple o acontecimiento especial,  tomando uno de sus deliciosos tragos acompañado de una cantidad inconmensurable de platitos repletos de delicias, frías primero y calientes después? ¿Quién no almorzó o cenó o tomó el té en sus estupendas instalaciones atendido por unos mozos “a la antigua” en cuanto a buen servicio y cordialidad? ¿Quién no disfrutó de un buen “gateau”  de chocolate o de durazno o frutillas con chantilly mientras miraba la playa de Pocitos? Yo creo que cada uno de nosotros guarda algún recuerdo de este emblemático lugar. Yo no sé el motivo por el cual cerró. Tampoco hago un “juicio” sobre el particular, pero sí lamento muchísimo que estos bastiones netamente uruguayos desaparezcan en aras de otros que no son nuestros como los tantos “comipasos” de hamburguesas y coca cola que nos han inundado absolutamente. En Montevideo ya no queda ningún refugio como la Conaprole. Todo lo que existe en la actualidad son bares, restaurantes  o negocios “funcionales” donde se puede comer o beber pero sin la atención de calidad que se brindaba allí.
Interior desolado de la Conaprole de Pocitos
Recuerdo otros lugares similares también desaparecidos: “Payaso”- en la Galería Yaguarón- ;“Sokos”- en 18 y Yi,- en el mismo lugar donde era la Conaprole “original”- y ahora desapareció el último: La Conaprole de Pocitos. No queda-lo vuelvo a repetir- ningún  lugar que brinde la dedicada y cordial atención sumada a la excelencia de la mercadería siempre fresca, siempre suculenta, siempre perfectamente presentada. ¿Un Montevideo gastronómico  que se va? ¿Era únicamente “gastronómico”? ¿No formaba  parte de nosotros, los uruguayos?
Imágenes de un pasado que se fue
¡Dios mío! ¿Qué “otro” Montevideo lo sustituirá?

martes, 24 de julio de 2012

DE LA DOCENCIA: "SPIRIT WEEK"

Marta y yo en el "hippie day"
Hace unos días le comentaba a una amiga algunas de las propuestas que aprendí a implementar en el UAS. Observé que me miraba con incredulidad y-por supuesto- tenía sus motivos porque en el Uruguay no se ha dado nunca nada parecido. Enseñar en el UAS durante veinte años me obligó a  usar mucho la imaginación y  a adquirir una notoria flexibilidad, porque mis “jefes” –directores americanos- podían solicitar que para enseñar español diera por ejemplo: clases de cocina. Sí. Así como lo leen: clases de cocina. ¿Por qué? Porque el programa americano no tiene la rigidez académica de los uruguayos. El Directorio está compuesto por padres y pueden pedir  que se den clases de esto o de   lo otro y, si hay viento a favor, el profesor tiene que implementarlas. A como dé lugar. Reglamentariamente se necesitan X cantidad de créditos para graduarse,  supongamos que en español sean   3 créditos mínimos, pero después de obtener ese mínimo, desplegando habilidad se puede lograr que  el alumno se entusiasme y continúe hasta lograr un excelente dominio del segundo idioma. Algo “apetecible”, podía ser, por ejemplo,  obtener “posición adelantada” al ir al College. Para eso se daba el programa Advanced Placement, que significa precisamente “colocación avanzada”. El alumno cursaba el año, y se presentaba a los exámenes internacionales que eran corregidos por un grupo de profesores en los Estados Unidos. Si obtenía buenas calificaciones, podía “acortar” los años de estudio. Así como lo oyen. Sencillo y práctico. Por supuesto que hay materias reglamentarias y que hay que obtener los créditos suficientes en ellas, pero también existe la opción de “complementar” lo reglamentario con créditos obtenidos en diversas  “materias optativas”: fotografía, anuario, baile, o ¿por qué no?  “cocina en español”. ¿Di alguna vez clases de cocina en español? ¡Sí! ¡Por supuesto! ¿En dónde? ¡En la cafetería! También escribí el currículo, porque dentro de la flexibilidad programática se le da al  docente la posibilidad de  "presentar" su propio esquema de enseñanza.  Por eso mencioné al comienzo el uso de la imaginación y la flexibilidad. ¿Qué  texto usé para “armarlo”? En primer lugar, el utilísimo  Manual del Instituto Crandon que no solo tiene  deliciosas recetas, sino consejos útiles. No le tuve miedo a la propuesta. Yo cociné desde niña, porque  en las casas donde viví, todas las mujeres cocinaban. Se consideraba una deshonra no saber hacerlo. Mi abuela postiza, la tana Lucía, decía con sorna cuando se enteraba de que tal o cual primita no frecuentaba la cocina: “¡No sabe ni hacer un huevo frito!”. Y, agregaba: “¡Pobre el que se case con ella!”  Crecí en esa “escuela”, de mujeres cocineras. Además, como ya lo he confesado varias veces, cocinar –para mí- es una actividad terapéutica.
En el UAS, además  de la flexibilidad curricular que les estoy comentando, también realizábamos actividades que únicamente conocí  en esa institución, por ejemplo: “La semana del Espíritu” ( "Spirit Week" ). Era organizada por la asociación estudiantil y consistía en que  durante una semana-sin descuidar nada de lo académico- había que “vestirse” cada día según los requerimientos que  “marcara”el consejo estudiantil. Si durante un día “tocaba” “pijama day” había que vestirse con “ropa de dormir”: camisón, pijama, gorro de dormir y pantuflas. (Para esa ocasión recuerdo que me puse ruleros y crema en la cara.). Recuerdo  otra vez -memorable- que habían marcado “twins” –gemelos- y había que ir vestido igual a otro. Yo fui la  “gemela” de la profesora de Arte, y antes del comienzo del horario escolar, nos paseamos  por los corredores del viejo colegio, del brazo,   con la misma ropa: blusa blanca, pantalones negros y vinchas iguales en la cabeza.   Frecuentemente, las  situaciones eran divertidas y nos brindaban  la oportunidad  de acercarnos a los estudiantes, sin el “almidón del engolamiento acartonado”.  (Que espero no haber tenido nunca…)
Cuando le comentaba estas actividades a mi amiga, vi en su cara la completa incredulidad,-creo que pensó que estaba loca, porque ella es una profesora uruguaya que siempre enseñó nuestros rigidísimos programas-,  por eso , decidí escribir esta crónica y buscar alguna fotografía testimonial. La encontré y es la que ustedes pueden ver al principio. La consigna del día había sido: “Hippie”. Marta Guadalupe-bibliotecaria del UAS- y yo acatamos “la orden” y nos pusimos atuendos acordes a los requerimientos. Actualmente, estoy en contacto con ella, que está felizmente casada con un inglés, –a estas alturas ya hace tiempo que es “súbdita” británica-. Cuando le mandé la foto quedó gratamente sorprendida, porque no recordaba la ocasión. (Yo tampoco. No tuve la precaución de ponerle la fecha.) De todas maneras,  que quede como testimonio de “una época dorada”. Para mí lo fue;  y es posible que lo haya sido también  para muchas personas más.

lunes, 16 de julio de 2012

NORTE ARGENTINO REFLEXIONES SOBRE VIDA Y MUERTE

Cerro con cementerio de altura

Cardón con figura humana. Los collas creen que son sus antepasados

Cerro que los fieles escalan en peregrinación para pedirle favores a la Virgen
El frío del invierno arruga el alma y me llevó a abordar de nuevo este tema. Lo tenía en borrador, aún sin pulir, pero quizás la  prematura e imprevista muerte del  joven tecladista Marcel Curuchet de “NO TEVA GUSTAR” me trajo de nuevo al texto sobre “vida y muerte”. A  medida que pasan los años que  se van acumulando junto con las experiencias de vida,  me aferro cada vez más a la idea de que la mayoría de los seres humanos buscamos la certeza de que no vamos a desaparecer del todo, que debe haber algo, con el nombre y el aspecto que sea que está “más allá”. No hay nada más triste que pensar que después de esta vida no hay más nada. Quizás por eso, las diferentes religiones y culturas han elaborado a través del tiempo, complejos rituales para alejar la idea de la muerte “total”. Pensemos en las momias egipcias, enterradas en las tumbas-pirámides con sus majestuosos  atuendos y los enseres personales que los acompañarían y protegerían durante el viaje. También  en América hubo rituales, intentos de conexión con las divinidades. Las momias  que pude apreciar en este viaje, en el museo de Salta, me conmovieron profundamente. En primer lugar, porque eran  niños. Estas antiguas culturas creían que para ponerse en contacto con los dioses y solicitarles protección o  favores-recordemos que “religión” quiere decir eso volver a conectarse con la  divinidad-  había que realizar la “ofrenda” de un hijo que se enterraba con sus preciados  objetos en el alto pico de la montaña helada.  Según señalan los investigadores, los niños eran especialmente seleccionados entre los mejores. Se les daba “chicha”- brebaje alcohólico que los adormecía- y se les enterraba,-vivos aún- rodeados de sus objetos, en las cimas heladas de las montañas.  ¿Es terrible? ¿Es horroroso? ¿Choca con las creencias actuales? ¿De veras? No sé. Si  leemos la Biblia, - antiguo testamento- encontraremos “sacrificios” o “intentos de sacrificios rituales”. El episodio que más recuerdo-quizás porque lo leí como parte del “libro de aventuras” que era para mí la Biblia, -cuando era niña- es el del  Dios iracundo  que reclama al profeta Abraham, que mate a Isaac, su querido hijo. En esa “aventura”, aparece un ángel con un carnero para sustituir al joven, -con lo cual queda probada la fe de Abraham y se salva la vida de Isaac-. Es verdad. Pero si no hubiera ocurrido así, Abraham habría sacrificado a su  hijo para demostrar su fe absoluta en su Dios. Traigo a colación este episodio bíblico porque es evidente que casi todas las religiones han pasado- nos guste o no- por creencias similares. Ni que hablar del pobre Job que señalado por Dios como uno de sus mejores fieles es puesto a prueba-en su fe- en una  “apuesta” con el diablo, que le hace  perder todo lo más estimado: mujer, hijos, fortuna, salud. Cierto que la fe de Job es también inquebrantable y recobra todo lo perdido cuando Satanás no lo puede hacer renegar de Dios.  También se puede considerar un antiguo ritual “antropofágico” cuando Jesús les dice a sus discípulos  en la última cena: “Comed, este es mi cuerpo, y bebed, esta es mi sangre”. Por supuesto que lo que se reparte es pan-cuerpo- y vino-sangre-. Sin embargo es posible que ese  simbolismo sugiera antiguos rituales de sacrificios.
En el viaje, -que como todo viaje cultural es iniciático- pude observar la imponencia de las coloridas montañas. Al mismo tiempo pensé en el pavor que podría inspirar esa misma naturaleza en cataclismo. Debemos recordar que son zonas sísmicas, destruidas más de una vez por devastadores terremotos. El ser humano siempre teme a lo desconocido en forma de una naturaleza inhóspita que se proyecta iracunda en un  huracán,  un tsunami o un terremoto. No menos catastróficas son las tragedias humanas producidas por guerras que liquidan a poblaciones civiles indefensas, que son diezmadas, despojadas de sus  bienes, de  la seguridad de una casa o de una familia,  sometidas a una monstruosa esclavitud o a una pavorosa muerte: quemados vivos.
Calamitosa la muerte  de Marcel, en plena juventud, con su  hijo aún en el vientre de su mujer. ¿”Son los designios de Dios” o todo está escrito ya para que aprendamos que la existencia es efímera y que estamos –todos- condenados a desaparecer? ¿Es por eso que nos tratamos de aferrar desesperadamente a algo a alguien?
Felices los que tienen fe en una firme creencia religiosa que les concede resignación. En realidad, la muerte  es la que cantaba El Sabalero:”esta puta vieja y fría nos tumba sin avisar”,  esa que se viene “tan callando” como pregonaban los versos de Manrique. Es la que  nos despoja de los seres queridos, luces de nuestra existencia, sin los cuales se nos hace tan difícil seguir viviendo. Así-también- es un arrebato feroz la pérdida  de un joven en su plenitud. Es una muerte inexplicable que nos sacude violentamente para que nos percatemos-de una vez por todas-de  que la vida es  apenas un pobre soplo en el medio del Cosmos, y que todos nuestros afanes,  nuestras luchas son también “vanidad de vanidades”. No deberíamos olvidarlo.