Ayer en mi blog, escribí "Hasta el próximo carnaval" - sobre el tema de la melancolía otoñal con el final de carnaval-. Una manera de combatir la negatividad es a través del baile, que agrupa personas con la misma dinámica y -sobre todo- las divierte. Si le ponemos "onda", se puede.¡Consigan una buena música-si es cubana mejor- y anímense!
El "viejucín" soy yo. Es mi primer blog personal.En él iré escribiendo divagues o reflexiones- según se quieran entender-. Al fin y al cabo, ¿qué le hace una mancha más al tigre?
lunes, 17 de marzo de 2014
Zumba en la tercera edad Otro ejemplo para divertirse: ¡No importa la edad!
Ayer en mi blog, escribí "Hasta el próximo carnaval" - sobre el tema de la melancolía otoñal con el final de carnaval-. Una manera de combatir la negatividad es a través del baile, que agrupa personas con la misma dinámica y -sobre todo- las divierte. Si le ponemos "onda", se puede.¡Consigan una buena música-si es cubana mejor- y anímense!
domingo, 16 de marzo de 2014
¡HASTA EL PRÓXIMO CARNAVAL!
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| La mochila carnavalera |
Según la segunda acepción
de diccionario la palabra “nostalgia” hace referencia a una “tristeza
melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”. Ese es el
significado que rescato para esta sensación que
tengo ahora que terminó el carnaval. Si bien por la televisión aún
siguen pasando a los grupos ganadores, ya no
hay más espectáculos en los tablados y el teatro de verano quedó poblado
de los fantasmas del parque Rodó.
Tristes fantasmas que ya no tienen ni voluntad para rondar por las cercanías.
No todo fue estupendo este
año; la lluvia impidió varias veces la actuación de los conjuntos y más de una
vez llegué empapada hasta el alma. Pero al otro día renacía la esperanza de ver
otro espectáculo y aguardar para ver –en otra oportunidad- al que había sido
suspendido. Como todos los años, hubo alegrías por los ganadores y tristezas
por los que no llegaron a posiciones destacadas. En mi caso, estuve en total
desacuerdo con el juicio que dejó a la revista Madame Gótica fuera de la
liguilla. El primer premio de murgas se lo llevó “Don Timoteo” que con la
presencia de Diego Bello y de Rafael Cotello-que hicieron una buena dupla-
divirtieron al público. Pero ese primer premio estuvo peleado por otras murgas
que estaban muy bien también. Me disgustó que “Los Diablos Verdes” y “Los
Curtidores de Hongos” quedaran tan abajo en la tabla de posiciones. A mí me parecieron
espectáculos muy dignos, pero es evidente que los jurados y la puntuación con
tantos rubros para calificar dan sorpresas de todo tipo.
Sin embargo el tema de
esta crónica no está relacionado con los premios-merecidos o no- . El tema de
hoy, es este vacío, esta sensación
melancólica de que ya empezó el otoño con sus días grises y lluviosos- aunque
así fue también el verano- y los árboles están –otra vez- en ese ciclo de “desnudarse”
para volver a ponerse la ropa en la primavera.
El 8 de marzo fue el
último día de mi abono. Fue también el día de la despedida de mis compañeros-ahora ya más conocidos que al principio-
del Teatro de Verano. Hubo promesas de volvernos a reencontrar a la brevedad,
pero lo más probable es que no nos reencontremos hasta el próximo carnaval. En la vida actual son
raros y muy espaciados los encuentros persona a persona. Los modernos
dispositivos han sustituido las relaciones que permiten mirarse a los ojos,
charlar de “bueyes perdidos”-sin que ningún aparatejo “arroje” su chillido
característico para avisar que hay mensajito- Los modernos dispositivos no nos
permiten tampoco reírnos de tal o cual
ocurrencia que se recuerde. El facebook y
el twitter, ya incorporados a
nuestros celulares, nos acercan a nombres ficticios- una gran mayoría usa
nombres de fantasía- y fotos trucadas. Yo veo a mis parientes y amigos, “armados”
de su celular. Conversan distraídos,
porque a cada rato atienden los chillidos o vibraciones. Eso los hace perder
concentración temática y los “hunde” en una maraña de diferentes aspectos para
atender simultáneamente. Y aunque me digan que los más jóvenes son “multifocales”,
sé fehacientemente que la atención que
se concentra en varias cosas a la vez no es demasiado eficaz. “De a uno por el
pasillo”-como decían los guardas antiguos- es la mejor manera de focalizarse. Por
otra parte, si no hemos visto antes a la persona, no sabemos cómo son sus rasgos
porque pocas veces aparecen las verdaderas caras de nuestros supuestos “amigos”.
Últimamente, hay una especial dedicación
a “envolver” a la verdadera persona en el anonimato. En cambio, en el Teatro de
Verano, los “abonados” somos casi siempre los mismos. Algunos lo son hace más
de veinte años. Y es una pasión de familia. Otros somos más “nuevos”, en mi
caso, este es mi segundo año- pero después de mi viaje a Cuba comprobé
increíblemente que se habían preocupado y preguntado entre ellos si estaría
enferma, o si me habría pasado algo. Mi retorno dio lugar a esos intercambios
de teléfonos para comunicarnos las novedades. Y me gustó. No hay nada que
sustituya la comunicación persona a persona. Felizmente.
Para no hundirme en la
depresión post-carnaval, me dediqué desde el viernes 14 a “desarmarme y armarme”
de nuevo. Habitualmente me da resultado y me saca del bajón. Lavé mi
almohadón, mi gabán- que tenía el característico “olor de tablado”-esa mezcla
indescriptible de cigarrillo con el olor de los chorizos, las papas fritas, las tortas
fritas y el humo-, archivé los Momodiarios
por fecha, y, de paso, archivé cuanto papel suelto andaba por mi escritorio.
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| Almohadón carnavalero ya lavado para guardar |
El
orden siempre me da tranquilidad y me inspira para buscar otras alternativas.
¿Abono del SODRE? ¿Dar o tomar más clases? Algo de eso.
Por ahora agregué algo
nuevo en el SPA: una clase de ZUMBA. (“A
la vejez, viruela”). ¿Se animan?
miércoles, 12 de marzo de 2014
VIAJE A CUBA -3- ¡ALBRICIAS! ¡TODOS CANTAN Y BAILAN!
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| En "La Casa de la música"-simplemente se baila al son de la orquesta- |
En el grupo había personas
de todas las edades. La gran mayoría éramos “grandes”-como dicen los
argentinos- . Con la palabra “grandes” se refieren a las que ya salimos de la
treintena o cuarentena y entramos en la ignominia de ser catalogadas en la “tercera
o cuarta edad” o “adultas mayores”- todas son expresiones que detesto, pero son
las que se usan-. Me gusten o no me gusten.
Como ya relaté, cuando
logramos tener una habitación limpia y ordenada en el hotel Acuario- que no
era- vuelvo a repetir- ninguno de los prometidos y estaba ubicado muy lejos de
los lugares donde se llevaban a cabo las actividades de interés- hubo varias
personas, de las más jóvenes, que de todas maneras emprendieron esa misma noche
una especie de “excursión” a la Habana, con la finalidad-de “escuchar música y
bailar”. Y –si “pintaba” también “salir” con lugareños-que es desde todo punto
de vista, una de las mejores formas de conocer un país-. Yo, en cambio, esa noche,
después del baño con agua fría, y de la cena buffet donde elegí meticulosamente
lo que me resultó más o menos conocido, me acosté a dormir.
Pero no estaba dispuesta a
pasar todas las noches con la misma
actitud monjil. Así que a la noche siguiente, “armamos” una salida a “La Casa
de La Música”- lugar recomendado por Daniel Mazzarovich para apreciar verdadera
música cubana y cuando terminó ese espectáculo donde todo el mundo bailaba, nos
fuimos arriba, a “El Diablito Tun Tun” donde todo era “pura música y baile”-. La verdad es que las recomendaciones de
Mazzarovich tenían sus “que sí y sus que no”, porque los lugares nocturnos, sea
donde sea que se vaya, son sitios de de “caza y de pesca”. De caza y de pesca
de incautos. Obviamente no son lugares recomendables ni para Nicolás Cotugno ni
para su sucesor Monseñor Daniel Sturla
que aunque es más joven y goza de fama de “moderado” nos habría condenado-
irremediablemente- a las llamas del infierno. Ni cortas ni perezosas,- éramos tres o cuatro
mujeres-, nos llevamos un muy efectivo “talismán” masculino que no nos dejó ni
a sol ni a sombra. ¡Gracias, Dieguito! Las otras eran-obviamente- más jóvenes que yo, pero no estuve dispuesta de ninguna manera a
perderme la diversión del baile por “peinar canas”. En la “Casa de la Música”
tuvimos la gracia de un espectáculo excelente.
Los shows cambian día a día, y
no todos son de la misma calidad. En “El
Diablito Tun Tun”, apenas llegamos el cantante quiso saber de dónde éramos.
Dicho sea de paso, es una pregunta muy
común en los centros nocturnos donde reciben turistas. A mí, -“a la señora
mayor”- de vuelta la palabreja- me
preguntó el nombre. Durante todo el viaje “cargué”-contrariada- con mi segundo
nombre. No sé porqué en todos los hoteles omitieron el primero y me anotaron con el segundo. Directamente fue
el que le di, y le resultó muy gracioso-
parece que nunca había encontrado una persona que se llamara así-. Acto seguido,
siempre cantando, entró a buscar rimas
para incluirlo en su canción- le costó bastante, pero- riéndose- finalmente
encontró dos posibilidades: “difusa” y “confusa”. Así que nos bamboleamos/ me bamboleé con mucho
gusto al ritmo de la más bailable música
cubana rimada a tono con mi segundo nombre.
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| Dieguito, el ganador del grupo, bailando con una cubanita |
Felizmente, nadie resultó
remilgado y disfrutamos de los mojitos y del baile. Los cubanos llevan
el ritmo en la sangre. Bailan por pura expresión del cuerpo. Hacen caso omiso
de los kilos de más, de la edad y de cualquier cosa que les impida disfrutar.
Simplemente bailan porque les divierte. Nos
gustó bailar en un ambiente tan distendido; ninguno se quedó sentado. Regresamos en un almendrón-custodiadas por
Diegui- al lejanísimo hotel Acuario. Nos despedimos con alegría, con la plena
seguridad de que habíamos pasado momentos inolvidables. De los pocos que vale
la pena recordar.
Con el calor de los mojitos y el del baile, encontré por primera vez- directamente- el pasadizo que me condujo sin extraviarme, pese a la poca luz reinante, a mi habitación, la número 3810. ¡Les aseguro que dormí como un angelito!
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| ¡El yorugua también se lució! |
Con el calor de los mojitos y el del baile, encontré por primera vez- directamente- el pasadizo que me condujo sin extraviarme, pese a la poca luz reinante, a mi habitación, la número 3810. ¡Les aseguro que dormí como un angelito!
viernes, 7 de marzo de 2014
VIAJE A CUBA: PASEOS
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| Frente de la Casa de las Américas |
La primera de las visitas
estaba programada por la agencia. Se nos había prometido un “paseo
cultural” y - nos llevaron a “Casa de las Américas”-.
Nos recibió un cubano
simpatiquísimo- como la mayoría de ellos- Gerardo Hernández- que nos asesoró
sobre todos los tesoros que allí se albergan. Fue muy emocionante transitar por
los mismos lugares que tantos compatriotas pisaron anteriormente. Nos consta
la simpatía que les profesan por los comentarios que nos hicieron. También
tienen en sitial superior a personajes que hicieron historia. Uno de ellos,-
indudablemente- es el Che. Mientras
esperábamos a que todos los compañeros se nos unieran Gerardo nos contó un
episodio. Un uruguayo fue a dar una conferencia- no recuerdo el nombre, pero lo
que interesa es la confusión que
originó- que en su alocución, manifestó que el Che había sido “un mojón” para
toda Latinoamérica. Parece ser que varias personas acudieron a Gerardo para
preguntarle “qué tal era ese uruguayo del discurso” hasta que se enteró de lo
que había dicho. En el coloquio cubano, “mojón” significa lo mismo que para
nosotros, “sorete” en el rioplatense.
¡Nada más alejado de lo que él había querido significar! –Concluyó Gerardo con
una sonrisa- ¡Si habrá que tener cuidado con el uso del lenguaje cuando se sale
de la comarca habitual!
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| El Che en Casa de las Américas. Visión parcial de un trabajo artístico |
Otro personaje por el cual manifiestan gran
simpatía es José Mujica. También
recibieron a la murga “Agarrate Catalina”, y escucharon-pasmados- las gruesas
bromas que se hacían sobre él- absolutamente inadmisibles para ellos que no
juegan de ninguna manera con los que quieren y admiran-. Nada más alejado de nuestra
realidad, porque los conjuntos de carnaval- y en especial, las murgas- sacan
partido de las características más salientes de las personalidades de la realidad
nacional. Hubo – y hay -políticos que se
enojan cuando forman parte de un cuplé sardónico, pero si eso ocurre, las murgas se ensañan aún más con ellos, por
lo cual lo más aconsejable parece ser lo
que hacen Mujica y su señora- se sientan en la primera fila del teatro de
verano y se ríen a mandíbula batiente de las ocurrencias-
Las obras de arte que se
exhiben en Casa de las Américas son maravillosas: “Para que la libertad no se
convierta en estatua”, allí están deleitando los ojos de los maravillados
espectadores.
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| "El árbol de la vida" en Casa de las Américas |
VISITA A “EL VIGÍA”- LA
CASA DE ERNEST HEMINGWAY-
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| El frente de la casa "El Vigía" de Ernest Hemingway |
“El Vigía” fue-desde el
principio- uno de mis objetivos.
No fue nada fácil hacer
coincidir voluntades porque todo el mundo decía que “quedaba lejos” y que había
que pagar una camioneta que me/nos llevara hasta allá y me/nos esperara durante
el rato que durara la visita. Pero como yo ya tengo bastante experiencia en
viajes, sé que hay que insistir para lograr lo que se quiere. El viejo dicho:
“el que se quema con leche, ve una vaca y llora” es pura verdad. En uno de mis
viajes a Europa, en Barcelona, me quedé sin conocer el parque Güel- diseñado por Antoni Gaudi-
porque el maldito guía catalán se empeñó en que “quedaba lejos” y “no estaba
dentro del itinerario”. Yo ya no creo
que pueda volver otra vez a Barcelona,-realmente- por lo cual, me quedé sin
conocer ese lugar tan especial. A fuerza de golpes, se aprende. ¿Queda lejos,
no está en el itinerario? Santo y muy bueno. Si “queda lejos y no está dentro
del itinerario”- el que diseñan para apurados turistas- hay que pagar más y agregarlo por las de uno. Así de simple. Con
mi habitual tozudez: insistí, insistí, e insistí. Insistí tanto que –incluso-
dije que pagaba yo solita la excursión si no conseguía suficientes personas
interesadas. No fue así. Felizmente, fuimos nueve. Todas mujeres- con un
paciente y amable guía-. Creo que fue una de las mejores tardes porque no
anduvimos a los apurones- las visitas “por la ciudad” y similares son a vuelo
de pájaro y no dejan tiempo ni para respirar-. Esa tarde, en cambio, paseamos a
nuestro gusto por los amplios jardines de la casa, sacamos y nos sacamos fotos
de todo tipo y disfrutamos a más no
poder de un entorno de privilegio. Tanto fue así que hubo algunos
instantes en que pensé-locamente- que en cualquier momento, se nos iba a aparecer
Hemingway-con sus pantalones de explorador-cazador y su sonrisa más amplia- con
uno de sus daiquiris en la mano-
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| Una ternura: la máquina Corona, instrumento de trabajo de Ernest Hemingway |
Aunque no dejan entrar a
la casa, desde las ventanas pudimos ver todo el interior. No es una casa
lujosa, tampoco la calificaría como una “mansión”. Sí es una casa cómoda, con
ambientes grandes y libros por todos lados-incluso en el baño-. Hay recuerdos de
su vida de cazador- grandes cabezas colgadas de animales disecados- A mí no me no
me causó ninguna impresión negativa. Leo a Hemingway desde la niñez, porque sus
libros estaban en la biblioteca de mi madre. ¡Ya sabía que era cazador y que
había tenido una vida aventurera! Tuvo cuatro esposas, y quién sabe cuántas
aventuras más. Sé también que fue alcohólico, que se enfermó y se suicidó. No
en la casa de Cuba, sino en la otra que
tenía en Ketchum-Idaho- ¿Vamos a
juzgarlo por eso? Yo no. A mí me importa su magnífica obra narrativa y su insuperable
calidad para trasmitirla. ¿Lo demás? ¡Es puro cuento!
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| En "El Vigía" hay libros hasta en el baño |
OTRA VISITA SOÑADA: EL
DELFINARIO
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| Un delfín nadando tranquilamente en la laguna antes de la actuación |
El agente de SIUR que nos recibió en Varadero dio una
información somera sobre los posibles paseos. Yo tenía “otra idea fija”: ir al
delfinario. No me dio casi nada de información y además trató de disuadirme
diciendo que “no había espectáculo con los delfines” que simplemente "se
pagaba una entrada para entrar a la
laguna con ellos”. Mentira. Hubo espectáculos. Se daba uno de mañana y otro de
tarde. El agente lo que más promocionó fue una excursión a Cayo
Blanco que ofrecía ir en barco, y pasar un buen tiempo en el Cayo. La “estupenda
atracción” de ese paseo era ese viaje,-supongo que en un catamarán- a mitad de camino la visita a un delfinario en el mar,-donde si el clima lo ameritaba, se podía hacer “snorkel”-, almorzar y disfrutar del aire
libre. A mí no me interesó. En el enorme hotel de Varadero teníamos todo incluido-incluso hubo
algunas entradas reservadas para los que querían ir a los restaurantes
especiales en lugar del buffet-. Por otra parte, tengo experiencia en esos
promocionados “paseos en barco”. Ya fui a uno en Brasil y al regreso hubo una
tormenta tan brutal que prácticamente puso al barquito de punta. En este caso,
en Varadero, no fui muy afortunada con la información brindada por el hotel, por lo cual gasté más dinero del que
hubiera empleado si me hubieran brindado la correcta información pertinente.
Pero de todas maneras, con la compañera Kily, nos alquilamos un taxi y fuimos
por las nuestras- únicamente ella y yo-. Fue una delicia y ninguna de las dos
se arrepintió ni mucho menos. Yo no quise meterme en la laguna porque aunque
tenía chaleco salvavidas me producía
terror la idea de no hacer pie, pero de todas maneras, siguiendo las
instrucciones del entrenador los delfines se aproximaron, acercaron sus hocicos
a mis mejillas, se pusieron “panza arriba” para que los acariciara y yo quedé
contentísima. Kily sí, se tiró al agua
con destreza y la foto en la que aparece con los delfines es prueba contundente
de su alegría. Indudablemente, otro logro efectivo. Contagiamos el entusiasmo a
otro grupito que fue al día siguiente y
experimentó la misma felicidad que
nosotras. ¿Qué más se puede pedir?
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| Antes de la actuación pasan niños a recibir caricias de los delfines |
Las agencias de viaje tienen criterios“estándar”, por
esa razón, es aconsejable trazarse un
“plan propio” de paseos o lugares a visitar y no ceder ante ningún intento
disuasivo. ¡Vale la pena hacer lo que se
quiere, cuando se quiere y donde se quiere! ¡Se los aseguro!
lunes, 24 de febrero de 2014
VIAJE A CUBA
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| Pabellón Cuba de la Feria del libro en la Habana |
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| Auto estacionado en el Hotel Acuario |
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| Belleza arquitectónica de la Habana |
Me comuniqué por mail con Fabián Severo-uno de los coordinadores- y
me dijo que podía ir al viaje aunque no perteneciera al grupo. Asistí a un
par de reuniones, calibré el precio, el itinerario, lo que se ofrecía y como
uno de mis sueños era conocer el Caribe,
me gustó la idea de comenzar por Cuba.
No tengo dotes destacadas de sociabilidad pero procuro adaptarme -como
puedo- a las circunstancias. En las
reuniones me di cuenta de que no era la única “cuentapropista” que viajaba. Durante
el viaje, como siempre me pasa, hice amistades con las otras cuentapropistas y
también con las que iban del taller El Rincón y otro Taller de apreciación literaria Misterio coordinado por Raquel
Larrama. Fuimos de “cada pueblo, un paisano”-como decía mi
padre. Aún así, se conformó un grupo
solidario que hizo frente a las dificultades.
El viaje fue con escala en
Lima. No hubo demoras. Todo fue dentro de la rutina prevista. Sin embargo al
llegar a la Habana tropezamos con el primer inconveniente: nos recibió Daniel
Mazzarovich con una mala noticia: el hotel asignado no tenía lugar. Al parecer
fue un error de fecha de la agencia SIUR
que en lugar de “febrero” adjudicó “marzo” a la fecha del viaje. Difícil de
creer porque íbamos a la feria del libro que era en febrero. ¿Error de empleados? ¿Falta de supervisión?
Está por verse. Lo cierto es que fuimos trasladados a un hotel en las afueras
de la Habana: Acuario. El otro que creíamos asignado estaba enfrente al
pabellón Cuba de la Feria del Libro.
Hubo protestas de todo
tipo y colores. En el grupo había unos cuantos cronopios- que como sabemos se
ne fregan de todo- pero también había varios famas que querían las etiquetas en
su sitio y que armaron una batahola sí y otra también. El hotel Acuario es una
belleza de varios edificios con falta de
mantenimiento en algunos sectores. A mí me tocó una habitación extrema. Cuando
llegué después de la caminata, encontré que la habitación había sido ocupada
anteriormente y aún estaba sin hacer. Volví otra vez a la recepción donde me atendieron
con cara de culo pero mandaron una camarera que me dejó la habitación impecable. Conversé con
ella y le di propina. Al día siguiente hasta me dejó una botella grande de agua
mineral.
Hubo un grupito que agarró
para la Habana.
Yo decidí que lo más
prudente para mí era darme un buen baño, cenar y descansar. El buen baño me lo
di con agua fría. Minga de agua caliente. Me hizo acordar a las vacaciones en los pagos de mi viejo
cuando me bañaba en el bebedero de las vacas. Entre pitos y flautas no sabía dónde iba a cenar
así que volví a la recepción donde la misma recepcionista con cara de culo-más
de culo que nunca- me dijo marcando las sílabas que e-lla- ha-bí-a da-do to-
das- las in-di-ca-cio-nes- al in-gre-so. Entonces yo también puse mi mejor cara
de orto y le contesté con mi clásica voz
metálica y también separando las sílabas que yo- es-ta-ba a-ten-dien-do- el
pro-ble-ma de la ha-bi-ta-ción su-cia- y que me
hi-cie-ra el -gran –dí-si- mo fa-vor de a-se-so-rar-me.
Parece que la sorprendí
porque me dijo donde era el restaurante Kilimanjaro, aunque el odio de su
mirada no se atenuó. Yo por las dudas salí haciendo las señas correspondientes
para evitar las malas vibras de sus ojitos.
Al día siguiente fuimos a
la Feria del Libro y compramos libros a precios irrisorios. Hubo lectores
talleristas y no talleristas. De todo un poco como en botica.
El almuerzo demoró una
vida, pero todo es así en Cuba. Si se protesta el cubano le dice: “¡Esto es Cuba!” Con una
sonrisa de oreja a oreja que desarma al más malhumorado. Otra respuesta posible
es: “ahorita viene”- y ese “ahorita” pueden ser diez minutos, veinte o media hora. Y siempre con la misma
sonrisa. Imposible resistirse.
La Visita Cultural a la
Casa de las Américas la dejo para otro entrega.
Creo que les va a gustar.
(Continuará)
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| Después de múltiples extravíos encontré el pasadizo para llegar a mi habitación 3810 |
sábado, 1 de febrero de 2014
DE LA DOCENCIA: LA MALDITA EVALUACIÓN
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| Instrucciones para corregir exámenes internacionales de español y literatura |
EXÁMENES
Pedro Miguel Obligado
Siempre sueño que
estoy por dar exámenes
y se va a descubrir
mi insuficiencia
que acosado por
preguntas sin clemencia
no sabré contestar
cuando me llamen.
Sufro como un
artista en su certamen
como un preso que
espera su sentencia
como todos, durante
la existencia
pendientes de una
prueba y un dictamen
Quizás siento al
soñar, que está en mi mismo
la sombra de la
noche circundante,
y temo cual luz
sobre el abismo.
Luego cuando
despierto cada día
veo que sigo siendo
un estudiante
y debo dar examen,
todavía.
Hay muchas tareas que tenemos que hacer durante nuestro ejercicio docente. Una de las más difíciles es EVALUAR. Sea con el sistema que sea, la evaluación es
siempre una tarea compleja. No importa si usamos números, letras o juicios. Queremos “ser
justos”, pero no siempre lo logramos. En
el sistema americano, hay números que equivalen a letras, y –además- el alumno
y sus padres o tutores tienen bastante a menudo una idea de cómo van sus
calificaciones. Cada poco tiempo hay lo que se llama en inglés un “progres
report”, que no es la calificación “oficial”, la que va a ir al supuesto
“carné” que tampoco es un carné sino una
hoja de evaluación periódica-. El “PR”
es una idea aproximada de cómo “va el aprendizaje”, es decir cómo “rinde” el estudiante. Para la evaluación hay que tomar en cuenta todas las actividades, los escritos, los orales, los
proyectos y todo lo que se haya
“marcado” para ser evaluado con su correspondiente porcentaje. Las notas van
desde la mínima -que se señala con la letra “D” y numéricamente va del 60 al 69-. Es nota de pase pero nadie se
alegra porque es la calificación más pobre. Le sigue la “C”-del 70 al 79,
también considerada “pobre”, y luego viene la “B” y la ansiada “A”. Los planos intermedios se señalan con el
signo de menos o el signo de más. Por
ejemplo: si un alumno tiene 85 es una “B” –sin más y sin menos- pero si tiene
88 es una “B+” y si tiene 82 es una “B-“. Lo más difícil son esos pasajes de la
B+ a la ansiada “A, que también puede ser “más o menos”.
Corregir pruebas escritas
es –quizás- lo más complejo. A mí siempre me pareció una broma de mal gusto que
digan que los profesores trabajamos menos horas y tenemos cantidad de días de
vacaciones, porque no únicamente estamos en clase las horas reglamentarias,
sino que tenemos que prepararlas y corregir
pilas- y aquí me refiero literalmente a los “montones” de escritos que
se nos vienen encima cuando tenemos grupos numerosos- Además tenemos que seguir
preparándonos para cumplir en forma eficiente nuestra labor, por aquello de que “camarón
que se duerme se lo lleva la corriente”. En las pruebas del programa Advanced Placement
(que quiere decir Posición Adelantada,) se evalúa según criterios establecidos
por especialistas. Yo fui varias veces a corregir exámenes de Español y de
Literatura a Estados Unidos. Allí-además de haber enseñado durante mis veinte
años de permanencia en el UAS, esos cursos- recibía/mos un “training” (entrenamiento)
especial. Esos exámenes no son corregidos por un único evaluador, sino que se
dividen en “partes” y cada evaluador corrige la suya. Finalmente –reunidas las
partes que corresponden a un mismo examen- una mesa especial –“jefa” asigna la calificación final. “La posición
adelantada” significa que según la calificación que obtenga cada estudiante en
las distintas materias, puede “adelantar” sus estudios universitarios por medio
del sistema de “créditos”. Un estudiante que haya logrado buenas
calificaciones en varias áreas, puede “saltar” un año de estudios universitarios
y comenzar a cursar el segundo año, en lugar del primero. ¿Difícil? Quizás. Pero no es imposible. Hubo varios
estudiantes que lo lograron.
Mientras el estudiante se
prepara para su futuro universitario y va dando los exámenes que le darán más
posibilidades de acuerdo a sus inclinaciones, hay que evaluarlo con firmeza. Si
se le evalúa así, comprende que ya no
está en la escuela donde una maestra le
daba todas las materias y le ponía en los cuadernos: “¡Adelante!” En la
Secundaria el “impulso” principal para progresar es la perseverancia. No se necesita ser un genio
para concluir un bachillerato, pero hay que poner esfuerzo. Si está preparándose
para los exámenes internacionales, hay que calificarlo acorde a ese régimen
para que no reciba “sorpresas” cuando
venga de Estados Unidos la calificación final.
Yo hice todos los cursos
de evaluación que me propusieron y además procuré no ser agresiva. Una quiere
que el estudiante aprenda, por lo cual de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia
se le debe humillar o censurar. Corregir escritos me llevaba mucho tiempo. Me pasaba fines de semana enteros sin
asomarme al exterior leyendo y anotando en una hoja los distintos errores o
enmiendas para presentarlos como ejemplos.
Apenas me veían llegar me
salían al encuentro preguntándome “¿Qué saqué?” Pero fueron comprendiendo que
además de la calificación tenían que aprender a lidiar con la evaluación en
otras “asignaturas” vitales. Esa instancia no iba a ser la única. Somos “evaluados” durante toda la vida, -como lo señala el poema de Pedro Miguel Obligado que solía llevar a clase para que lo tuvieran en cuenta-. Hay que
preparar/se para ser "evaluados" constantemente, en todas las áreas de la existencia.
Procuré ser lo más cuidadosa posible a la hora de plantear las mejoras en
la expresión escrita. Nunca le dije a un
estudiante: “mirá que estupidez lo que escribiste”. En uno de los tantos cursos que me mandaron a
hacer, aprendí a hacer “presentaciones
colectivas”. Planteaba los errores en clase, -sin decir en qué escrito los
había encontrado-, y cuando eran garrafales los presentaba con el nombre de
“perlas” al final de la corrección. Con
esas “perlas”, les aseguro que si
hubiera querido podría haber escrito varios libros como los del maestro Firpo.
Ninguno me llegó a
escribir que “los indios eran muy penetrantes” ni “qué porquería es el
glóbulo”, pero sí tuve alguno
que al final del escrito me puso:
“Profesora hice lo que
pude; después de “sexudos” estudios, aquí tiene el resultado.”
Otra perla-muy recordable-
fue en un escrito sobre Hamlet en uno de
los liceos públicos. Yo les había recomendado que –en lo posible- memorizaran
alguna frase para intercalar en su
comentario. (-Una manera como otra cualquier de verificar si habían
leído el texto-) El alumno-, lo recuerdo
perfectamente- intentó escribir una frase “contundente”, pero no sé si por traición de su memoria o de
sus hormonas, refiriéndose a una frase que Hamlet le dijo a Ofelia escribió:
“FRIGIDEZ, TU NOMBRE
ES DE MUJER.”
¿Cómo se puede hacer para
corregir sin herir susceptibilidades?
Como ya expresé “las perlas” las
presentaba en forma colectiva, -sin decir el nombre del que la había creado- la
escribí en el pizarrón, les dije que la frase no era la correcta, si querían corregirla
y decir realmente cuál era la
“verdadera”, la que correspondía. La mayoría sabía que la palabra era FRAGILIDAD, pero no sabían qué era FRIGIDEZ, y para eso había siempre un
“mataburros” a mano. Los más suspicaces
captaron que el significado no era el
adecuado. Hamlet no había querido decirle a Ofelia que era fría o que carecía
de deseo sexual.
Sé,- porque después de
mayor me lo encontré en algún recodo de la vida-, que el hombre adulto, no confundió nunca más en su
vida esas dos palabras. Es un médico brillante, buen lector, que se acuerda
hasta hoy de Hamlet, pero más que nada de la fragilidad / frigidez de
Ofelia.
jueves, 23 de enero de 2014
DE LA DOCENCIA: HOMEROOM TEACHER
![]() |
| Dedicatoria "sorpresa" del Anuario del año 1995-1996 |
DEDICATORIA:
“En este año el grupo del
Anuario decidió dedicar este ejemplar a
una persona muy especial que enseña en el Uruguayan American School
desde hace nueve años, la Sra. Stanley . Para los estudiantes del UAS, la Sra.
Stanley es más que una simple profesora, es una amiga que está genuinamente
interesada en las pruebas del día a día de la vida estudiantil. Innumerables
veces hemos acudido por consejo, y
siempre nos ha recibido abiertamente.
Además de enseñar Español, la Sra. Stanley ha sido la “Homeroom Teacher” de la clase de los Juniors durante muchos años. También
estuvo encargada de ayudar a los Juniors a organizar la cena de los Seniors, la
cual se convirtió en una tradición de nuestro liceo. Por todas estas razones el grupo del Anuario
se enorgullece en dedicar este 1995/1996 anuario a la Sra. Stanley.”
En estos tiempos en que se
habla tanto de educación, -más bien de la “falta” de educación- de programas, de
horarios de dedicación, del alto índice
de repetición de los estudiantes y se procura siempre con un
empecinamiento tenaz echarle la culpa al
“vecino”- que siempre es “del otro partido” - decidí escribir en mi blog sobre
mi experiencia docente. No serán artículos concatenados, sino que a medida que
se me vayan ocurriendo los temas los iré anunciando con el mismo título: “De la
docencia” seguido del tema que desarrollaré. Esta vez elegí contar sobre lo que
es ser una “Homeroom Teacher”. Como la costumbre no es uruguaya no hay ninguna
expresión que traduzca esta especial tarea docente porque al no existir tampoco
hay una denominación acorde.
Permítanme hacer una breve
introducción previa:
Los orientales tenemos presentes las frases-muy
manidas, llevadas y traídas- de José
Pedro Varela en las cuales manifiesta el principio de recibir todos- no
únicamente los de las clases privilegiadas- la misma educación en la igualdad
de derechos:
” Pobres y ricos, los
niños que se eduquen juntos en los mismos bancos de la escuela, no tendrán desprecio
ni antipatía los unos por los otros” (…)
“Los que una vez se han encontrado juntos en
los bancos de una escuela, en la que eran iguales, a la que concurrían usando
el mismo derecho, se acostumbran fácilmente a considerarse iguales, [...] así,
la escuela gratuita es el más poderoso instrumento para la práctica de la
igualdad democrática”
Fue-entre otros- este principio rector el que permitió la
inclusión y la obligatoriedad de la
asistencia escolar. Sin embargo, en los
tiempos que corren y vistas las “fallas” que se han detectado en los
rendimientos académicos,-y sobre todo- en la pérdida de los valores del respeto en la convivencia- sobre el tema, basta ver alguno de los
programas de ESTA BOCA ES MÍA, por
ejemplo, el que trató sobre los desmanes que se
llevan a cabo en el Puerto de Punta del Este, por estos y otros motivos
relacionados con el bajo rendimiento, se
piensa que necesitamos en forma urgente mirar más a los países que avanzaron en
materia educativa contemplando las nuevas exigencias del siglo XXI. (-La
reforma vareliana es del siglo XIX, fue
buena, pero nos falta “ponerla al día”. No está demás señalar que José Pedro Varela fue a Estados Unidos y pasó
seis meses aprendiendo sobre su sistema educativo.)
¿Cómo funciona el sistema americano liceal? Voy a tomar
únicamente los lineamientos generales que conocí y puse en práctica. Los
expreso “con conocimiento de causa” porque trabajé más de veinte años en ese
régimen. (Vale advertir que lo que comento fue así –al menos hasta el año 2006-
que fue el de mi jubilación):
Los estudiantes de un
grado determinado tienen materias obligatorias
y otras optativas, estas últimas
las toman según su conveniencia o gusto
personal, por eso no están juntos todo
el día. Digo “todo el día” porque el régimen es de horario completo, mañana y
tarde.
El salón de clase- en
general-, es asignado al profesor. Esto quiere decir que depende de cada
docente, la decoración, la disposición de los útiles, la asignación de los
bancos, almohadones- hubo algún año en que dispuse un rincón con almohadones
confortables para la lectura recreativa que realizábamos periódicamente-. Son
los alumnos los que se “mueven” de una clase a la otra. Así van a la “clase de
inglés”, a “la clase de español”, a la
“clase de matemáticas” a la “clase de
teatro”, a “la clase de anuario” “a la clase de arte”, o a la que sea, porque
–vuelvo a repetir- hay algunas obligatorias y otras optativas- en su salón
correspondiente. A veces, el salón se
puede “prestar” para dar alguna clase que no está registrada con muchas horas,
mientras el titular está en hora de planificación o en hora de descanso. Esto
se puede modificar, lógicamente, pero si la Dirección superior es buena,-tiene
que serlo para que no se imponga ningún criterio negativo-, les aseguro que es
una medida muy efectiva. Durante muchos años trabajé con directores sumamente
competentes que me alentaron para desarrollar mi labor.
En el sistema americano,
grado por grado, hay un profesor que se encarga de ser una especie
de “mentor”. A ese “consejero grupal” se le denomina con esa palabra
intraducible: “Homeroom Teacher”.
Mis “Juniors”
La clase
que se denomina “Homeroom” - al menos, durante mi época en el UAS- era
la primera de la jornada. Obviamente, el horario puede cambiar según las
necesidades y /o conveniencias de la distribución. Yo fui “Homeroom Teacher”
desde que ingresé a la institución en 1986. En general lo fui del quinto grado liceal- los denominados “Juniors”.
Hubo una vez, cuando creía
haberme librado de la responsabilidad por uno año, en que los alumnos de octavo
le pidieron al director de turno para que me pusiera a mí en lugar de otra
docente con la cual no se llevaban bien. Acepté y solicité que me dejara “crecer” con ellos, (el
“octavo” es el segundo año de liceo, lo que yo hubiera querido era seguir con
ellos como Homeroom Teacher, al noveno, décimo, undécimo y duodécimo hasta que
se graduaran. De alguna manera sentía que yo también me iba a “graduar” con
ellos. Sabía por las compañeras docentes extranjeras-que venían y trabajaban contratadas- que en otros colegios americanos se había
adoptado esa modalidad. El director no quiso. Al año siguiente me volvió a
poner de Homeroom Teacher de los Juniors. Como yo ya estaba cerca de mi retiro jubilatorio, acaté su voluntad
contra la mía. Como podrán suponer tuve otras direcciones más flexibles. No fue
este el caso. En la hora de homeroom se pasaba la lista general-que se reiteraba en
cada clase-, también era el momento
apropiado para anotarse para el
menú si el estudiante iba a almorzar en
la cafetería del colegio, y además era el horario adecuado para planificar
actividades, terminar tareas, conversar con los amigos, escuchar música, leer,
escribir, y compartir con el Homeroom Teacher las ideas para recaudar dinero
para una preocupación constante de los
que fueron “mis” Juniors”. (Estudiantes del Grado 11- es decir 5to año liceal):
preparar la cena de despedida de los Seniors
(6to año liceal). Tengo derecho
a ponerles el posesivo. Eran míos. En esa hora en que estaban todos juntos,
también se planteaban los conflictos de
todo tipo y color y yo -que había abrazado la profesión con verdadera vocación-
también aprendí a meter “mi cuchara” para sugerir posibles caminos de solución. Eso es
lo que me agradeció este grupo que me dedicó el anuario del año 1995/1996. Se
dieron cuenta de que ponía dedicación y que me gustaba lo que hacía. Trabajar
en lo que a uno le gusta es siempre un enorme privilegio y yo lo sentía como
tal.
No siempre la aceptación
que me manifestaron los estudiantes fue
unánime. Ya se sabe. Es muy difícil
complacer a todo el mundo. Más de una vez tuve a alguno de ellos reclamando”
mejor nota” – las buenas calificaciones son necesarias para aspirar a ingresar
en las mejores universidades de Estados Unidos y del mundo- y yo no las “regalaba”. Había que merecerlas.
Daba la oportunidad para obtenerlas,
pero dependía de ellos el conquistarlas. El UAS se regía-como todos los
colegios americanos- por un BOARD- (Consejo) de padres. El Director de la
institución forma parte de ese consejo, como uno más entre ellos. A mí no me
importaba si el papá de un alumno que no obtenía la ansiada “A” estaba o no, en
esa dirección. Hablaba y explicaba de la mejor manera posible que tenía o que
no tenía el estudiante según los
criterios vigentes de evaluación. Y calificaba-también- con el consentimiento
de la Dirección- la conducta.-Incidía como calificación, en el promedio
general.- Siempre sostuve que un estudiante que se precie como bueno, tiene que
tener una conducta acorde con sus pares y con los docentes. Los docentes no
debemos formar únicamente en la materia
que nos toca enseñar, sino también –y creo que es lo más importante- en valores
positivos. Es la pérdida de estos valores la que nos está llevando por rumbos
tan negativos. Y no únicamente desde el
punto de vista académico.
Siempre creí en lo que
decía mi padre: “Uno no es moneda de oro para que todos lo quieran”. Pero -en
general, creo- que la mayoría apreció que fuera condescendiente y cercana y
no una malvada bruja buscando errores para censurarlos.
En cuanto a los
conflictos, hubo de todo. Los relacionados con la convivencia, por supuesto. En
un lugar donde pasaban todo el día juntos estudiantes y profesores de distintas
partes del mundo, con diferentes culturas, maneras de pensar, religiones e
idiomas, indudablemente que surgían los conflictos provocados por el “shock”
cultural. El cambio de país, de idioma, el abandono de amigos, de “amigovios”,
de entorno, y de costumbres provocaba en muchos un rechazo al país que se
traducía en los primeros tiempos con una
negativa cerrada a aprender español. ¡Y eso era lo que yo enseñaba!
A mí me importó y mucho.
Por eso me especialicé en varias áreas: en la enseñanza de español a
extranjeros, en las dificultades de aprendizaje, en la enseñanza de valores. Me gustó hacerlo. Me gustó mi profesión y me
gusta ahora ya en el recodo final, cuando-como dice el Cuque Sclavo “no sé
cuántos cortes de pelo” me quedan- recordar etapas fructíferas de la vida docente.
miércoles, 8 de enero de 2014
DE LA CONTAMINACIÓN ACÚSTICA
![]() |
| El camastro salvador |
Este tema no es ninguna
novedad, ni en mi blog ni en la sociedad. Hace tiempo que los montevideanos venimos sufriendo
por culpa de este mal que se llama “contaminación acústica”, que viene de la
mano de otros males mayores: la burocracia y la pérdida de
referentes.
¿Alguno de ustedes ha sufrido la horrenda transformación de un barrio que era
residencial y que de golpe y porrazo- con regulaciones que son harto permisivas- de pronto, lo
convierten, en absolutamente comercial y
turístico?
Eso es lo que ha pasado-y sigue pasando- en el
barrio Punta Carretas.
Yo vivo en el barrio desde
1995 y soy una involuntaria testigo
estupefacta de su transformación negativa para los residentes-es decir para los
que no venimos a hacer compras o a
pasear, sino que vivimos-o malvivimos- acá-.
La instauración de locales
comerciales y hoteles, -en lugar de las derrumbadas casas de clase media-, ha traído –como consecuencia- más ruido.
Como se han perdido los
referentes de los valores de la convivencia y a nadie le importa nada del mal
que le pueda ocasionar a otro, y como las autoridades se pasan la pelota unos a
otros en una burocracia inútil y sin consecuencias, los vecinos vivimos en un
espantoso clima que daña más y más
nuestra calidad de vida. Los comercios, para “atraer” al público, ponen
parlantes en la calle, con algo que para ellos es música. A ese ruido musical
no deseado, tenemos que agregarle el de las alarmas –sin respuesta- que en
medio de la noche, “se disparan” sin nadie ni nada que las detenga porque en
este mes de enero, muchos locales han “cerrado por licencia”. Se van, dejando
una alarma que ni siquiera tiene en la puerta algún cartel que indique quién la
colocó, y quién se hace responsable de su programación o de su cuidado.
Por esa razón, en estos
días, me armé un camastro en la cocina- único lugar “protegido” de mi apartamento
porque el resto da para la calle-. El camastro entra apenitas-como lo pueden
ver-. De día, lo levanto-como si fuera un camping- y de noche, cuando tengo
toda la tarea terminada, lo vuelvo a “armar”. La cocina tiene una puerta de
vidrio esmerilado grueso- resistente al ruido-(hecha ex profeso); además cierro-también-
las puertas de las otras habitaciones. De esa manera, me acondicioné un
“refugio” donde conciliar el sueño sin que me despierten las intromisiones de
las alarmas destempladas, o los ruidosos camiones que levantan los
contenedores, con un barullo indescriptible, o los remiseros, taxistas, y
omnibuseros que paran en el hotel-que, para completar mi desgracia, construyeron pegado a
mi edificio-, y que hacen-por supuesto y
cómo no- todo el ruido que se les ocurre. Ya se sabe que desde hace años, acá
se habla a los gritos- como Tinelli, o como Petinatti- y todo el que se precie
grita igual o más, aunque sean las tres
de la madrugada.
![]() |
| La puerta de vidrio hermética |
Hay una alarma que se “dispara” constantemente
desde que el local cerró por licencia. Es el de Caro Criado. Empecé una
peregrinación para ver por dónde podía localizar a la dueña- en el local no hay
ningún cartel que indique quién es responsable por esa alarma-. Hoy le mandé un
“twit”. No sé qué éxito tendré. Con
las “autoridades” no tuve ninguna suerte. Ni con la Policía, ni con Bomberos, y
mucho menos con el Centro Comunal Zonal Nº 5 donde fui personalmente, el martes
7 de enero de 2014, día hábil-los otros días estaba cerrado-. Me atendió una
joven, pero a su vez, otro empleado que estaba en el escritorio de atrás, se
encargó de decirme que “no era el lugar para hacer la denuncia”; que tenía que
ir al piso 9no. de la Intendencia Municipal de Montevideo. Yo insistí, porque
sé que hice anteriormente otra denuncia
y la hice ahí, en ese mismo centro comunal. Sin embargo, se puso
de manifiesto que no estaban dispuestos a que llenara el formulario
correspondiente. Para esos efectos, trataron de disuadirme diciéndome que “iba
a demorar mucho más”. La joven me extendió este papelito que fotografié como
“prueba” de que fui, de que estuve, de que traté de ser atendida como una
ciudadana que paga todos sus impuestos. Pero no hubo caso. Después del papelito, me tuve que ir. Nadie me
dio más pelota. Cada uno siguió con lo suyo-que no sé lo que es- aunque la verdad es que nunca lo supe.
![]() |
| Única respuesta-inútil- del Centro Comunal Zonal Nº 5 de Punta Carretas |
¿Se pueden solucionar los
problemas? Sí. Siempre y cuando se pueda saber quién es, o será el organismo encargado de solucionarlos.
En países civilizados, hay entidades que
se hacen responsables para que unos ciudadanos no abusen de otros; las
autoridades toman medidas y hacen cumplir las reglamentaciones, se elaboran mapas de ruido, se obliga a
colocar barreras acústicas a las fuentes que lo producen, se hacen controles
periódicos-bien hechos-, se toman medidas en el entorno para que desde
determinada hora, no se produzcan excesos que impidan la conciliación del
sueño. En algunos casos hasta se eliminan las fuentes molestas. Pero acá no;
nadie se hace responsable porque la burocracia es tan brutal que no hay
responsables en esa maraña donde nadie sabe qué hace ni para quién.
Cuando sonó la alarma hace
un rato,-porque de a ratos sigue sonando- llamé al teléfono que dice “de día”. ¿Ustedes
me contestaron? El teléfono tampoco. ¿Soy
la única perjudicada? No. Consulté con el
propietario del Quiosco Ellauri, que también es despertado a media
noche, cuando la alarma se “dispara”- suena un rato y se apaga y así sucesivamente-. Por supuesto, que la oye y se despierta, pero
considera “que no se puede hacer nada”. Si no es esa alarma, es otra. La
población está como resignada a ser vapuleada sin derecho al pataleo. La
burocracia es absolutamente siniestra. Estamos perdidos en un mar de empleados
públicos cuyos sueldos pagamos todos los otros ciudadanos, pero sin ningún
efecto positivo.
Hay una ley, la 17.852 del
año 2004. Parece que le pasaron la pelota al Ministerio de Vivienda. ¿Pero, a
quién dirigirse? No se sabe.
Nadie sabe. Montevideo se
ha convertido- lamentablemente- en una ciudad
kafkiana.
domingo, 5 de enero de 2014
LOS REYES MAGOS
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| Sergio Reinaldo tan campante con sus cercanos 60 pirulos |
En los primeros años de mi
infancia, el 6 de enero, día de los Reyes Magos, era el día del niño.
No había como ahora, el
día del padre, el día de la madre, el día del abuelo, el día de la secretaria,
el día etc.
Reyes, era la festividad
para recibir los regalos que merecíamos por haber sido buenos, haber hecho los
deberes-haber ido a misa todos los domingos, y haber rezado ( mi madre me mandó
a escuela de monjas, así que los deberes religiosos iban junto con los escolares
y yo los cumplía devotamente.)
Hacía varios borradores de
la famosa cartita. Cada vez que escribía uno, mi madre me sugería alguna
modificación de tal o cual cosa porque los Reyes, siempre que andaban
cerca de mi casa, venían con menos
juguetes, ya que los camellos estaban
tan cansados que no podían con el peso de toda la carga de los exigentes
pedidos que les hacíamos.
Finalmente, de una extensa
lista, terminaba pidiendo nada más que una cosa. Pero ese juguete que pedía era
siempre algo muy deseado y caro. Un triciclo grande- los chicos no me servían
porque siempre fui alta-, un “malcriado”- así se les llamaba a unos enormes
bebotes de porcelana que tenían un dispositivo en la panza que semejaba el
llanto de un bebé-, “una muñeca que caminara y dijera mamá”. Sofisticaciones de
la época.
Pero un buen día, quedé
prendada de un pequeño malcriado que se exhibía en un comercio que se llamaba: “La Platense” en 18
de Julio y Julio Herrera y Obes. Me gustó porque tenía unos preciosos ojos
celestes y una cara de angelito bueno. Sin dudar, fue mi pedido de Reyes del
año 1955. Mi madre quedó atónita cuando
leyó mi borrador porque no era ni por
lejos el muñeco más caro. En esa juguetería se exhibían unos hermosísimos
trenes eléctricos con sus vías y sus estaciones, y unas enormes muñecas
italianas con ojos soñadores y trenzas de pelo natural. De alto costo económico.
Sin embargo, mi pedido era tan modesto que mi madre se aseguraba una y otra
vez, para verificar que- realmente - fuera esa mi solicitud. Y
sí, era esa. Así llegó el 6 de enero de 1955, mi querido Sergio Reinaldo. Llamado así porque Sergio era uno de mis
nombres predilectos, y porque el hermano mayor de mi madre, el popular tío
Negro, se llamaba Reinaldo.
Sergio Reinaldo fue y es
uno de mis muñecos más queridos. Tiene su lugar en uno de los estantes de mi
biblioteca. Con los años,-quizás- fue sustituido por otros “muñecos” de carne y hueso- no tuve hijos así que no
pateen para ese lado- me refiero a esas delicadas delicias de chocolate,
sabrosas y efímeras. Trocitos de dulzura: “nariz de azúcar, arbolito, caballito
de juguete”-como expresa sabiamente
Julio Cortázar en su “Carta de la Maga a
Rocamadour” en Rayuela-. Pero Sergio Reinaldo tiene la ventaja de no ser solo
un grato recuerdo porque aún “vive” conmigo; sigue siendo cariñoso, fiel, y
nunca me ha dicho ninguna maldad, como gorda panzona o cosas por el estilo. En
su memoria de muñeco consentido, malcriado, tengo aún la misma apariencia que
cuando llegó a mi casa cuando yo tenía nueve años.
Nunca fue llamado Sergio a
secas sino que usaba los dos nombres tanto para jugar con él, como para
rezongarlo si consideraba que se había portado mal y no había comido lo
suficiente. Como yo era “inapetente”- como decía mi madre- le “trasladaba” mi
falta de apetito a Sergio Reinaldo obligándolo-como me obligaban a mí – a tomar
su plato de sopa o su huevo batido con
azúcar y vino garnacha para que se pusiera robusto y fuerte. Es evidente que la
que me volví “robusta y fuerte” con los años fui yo. Sergio Reinaldo siguió
igual. Lo defendí tenazmente de las
niñas que tenían claras tendencias destructivas. Rosiluz, mi
muñeca con nombre de hada, y mi hermosísima muñeca Jesusa-que tenía trenzas
naturales, caminaba, movía la cabeza y decía “mamá”- sucumbieron. La pequeñez
de Sergio Reinaldo contribuyó para que
no fuera alcanzado por las brujildas y aquí lo tienen, cercano a los sesenta
pirulos, tan campante, como testimonio de mi último año de feliz niñez.
viernes, 27 de diciembre de 2013
DE LA DEPRESIÓN NAVIDEÑA
![]() |
| Jóvenes y felices, en Río de Janeiro, - 1996- |
Existir, existe. Y por
eso, los suicidios se dan con mayor
asiduidad. Explotan los dolores, el no saber qué hacer con la soledad, la
tristeza, el cansancio.
Son épocas- también- de
pegarle un tiro al perro del vecino –ese que ladra escandalosamente durante
todo el año- o agarrar del cogote al mismo vecino. La verdad es que hace años
que le tenemos ganas. Este es un buen día para ahorcarlo. De la misma manera
que en las crónicas policiales aparece algún comentario en que se comunica que
“por cuestiones del momento” en tal o cual hogar, un cuñado le pegó un tiro al
otro o mató a su mejor amigo y cosas así de edificantes. Los conflictos
estallan ahora. Esos que se llevan soterrados durante años y años y que
“afloran” en Navidad o –a más tardar- a fin de año. No se sabe el motivo. Pero
hay que estar preparados para estas eventualidades de la vida.
En mi caso, he pasado por
todos los matices: desde el familión de
grandes mesas tendidas presididas por las dos abus adoptivas- la del Norte de
Italia- del Trieste, Teresa,- circunspecta con su pañuelo negro anudado en la
nuca, y su eterno pollerón gris-, y la nona Lucía, la del Sur, alegre y
vivaracha, la que me enseñó cómo y qué
tenía que saber y hacer para conquistar a un hombre. ¿Se acuerdan, no? Por las
dudas lo reitero. Primero había que conquistar acá-señalaba el bajo vientre-
después acá- señalaba el estómago y
después llegás acá- señalaba el corazón-. Yo, por eso, aprendí a cocinar. Lo
único que se le escapó a la nona, es cómo
había que hacer para llegar al corazón de un tipo que come por inercia, y al
cual ningún manjar le llama la atención. Que también los hay. Eso no me lo
enseñó. La nona Lucía sabía mucho pero
no todo. Teresa asistía a las reuniones en forma callada y después de las doce
se retiraba dando un beso a cada uno. La otra no se retiraba nada y bailaba
hasta el amanecer con sus hijos, con sus yernos, con nosotros, o sola, si no encontraba a nadie que le
llevara el apunte. En las navidades de mi niñez estaban todos sanos y vivos,
las madres eran jóvenes, también había
padres, - y si no estaban los padres estaban las parejas de las madres que “oficiaban” también como padres-; había tíos,
primos, vecinos. Nadie cerraba la puerta de calle con llave, y el que quería
“pasaba” a saludar y a comer un pedazo de lechón o cordero y a tomarse alguna que otra virundela más de las
que ya llevaba alegremente encima.
Después vino la etapa del
“reparto”.
Ya casada, teníamos que
“repartirnos” entre la parentela. Cada una reclamaba al suyo, por un lado, los
míos. Había que ir una de las fiestas a pasar con ellos, sí o sí. Y la Navidad
sí o sí era para pasar con mis suegros. La Navidad es tradicionalmente
considerada “El día de la familia” y por eso, hay que repartirse entre las
familias que nos han querido como si fuéramos propios. Mis suegros me adoraban.
No creo que haya habido otra nuera más querida que yo. Pero además, el
cumpleaños de mi esposo era en Navidad. Motivo más que sobrado para que pasáramos
con sus padres. Mis suegros eran un par de santos, nunca nos reclamaban nada,
pero nosotros sabíamos que les gustaba tener al hijo en ese día para agasajarlo
y darle su regalo de cumpleaños navideño. Mi suegra contaba por quincuagésima
vez que había tenido que salir de apuro para el sanatorio de Las Piedras, porque
al niño se le había ocurrido llegar –nada más y nada menos- que en ese día festivo y miraba
amorosamente al hijo que agachaba la cabeza como avergonzado por haberle
causado ese contratiempo-justamente a ellos dos que eran religiosos evangelistas-. Para salir
del paso, Carlos-hijo- decía que nunca le dieron DOS regalos: uno por la Navidad y otro por el
cumpleaños-.
Esa etapa se canceló
cuando se nos fueron los viejos. Los míos y los de él. Entonces iniciamos la etapa
de “pasar con amigos”. Durante unos cuantos años también nos repartimos porque
lógicamente teníamos distintas amistades.
Pero empezaron a irse los
amigos. Algunos a vivir a otros países, otros dejaron este mundo. Hace poco más
de dos años, mi esposo se enfermó y en unos pocos meses también se me fue.
El tema de hoy era “la depresión navideña” –pues bien- creo
que tengo motivos de sobra para estar triste y melancólica, pero me
aferro con uñas y dientes a todas las técnicas que me han enseñado para no
caer en la depresión. Por esa razón me quedo en casa y paso sola. Cocino-como
siempre lo hice- y ceno sin demasiado trámite. Felizmente, siempre hay alguien
que me manda mensajes estimulantes. Así recibí el de “mi angelito” del cursillo
de “El arte de vivir” que hice-con muy poca convicción- al poco tiempo de
fallecer mi esposo. Se llama Loreley. No nos vemos desde la época del cursillo,
pero seguimos vinculadas amistosamente. Vaya una a saber porqué nos resultamos
“queribles” la una a la otra. Y como Loreley “sabe” me acercó su abrazo
virtual. No me dijo “Feliz Navidad” sino
“me acuerdo siempre de ti”. Y me hizo mucho bien.
Cada tanto, aparece algún
texto que me reafirma en mis convicciones. Esta vez fue uno de Caetano Veloso.
Y es este. Lo copié de su facebook:
"Passei o dia e a noite pensando em minha mãe. O dia de
Natal passou a ser também o dia em que ela morreu. Nunca imaginei que fosse
achar tão difícil aceitar que ela tenha morrido. Era uma grande alegria tê-la
viva. Claro que alegra também saber que ela viveu bonito por tanto tempo e
morreu bonito num 25 de dezembro. Mas o mundo tem me parecido, desde então,
muito pior. Infelizmente não sei rezar como ela chegou a saber. Talvez tenha
aprendido (principalmente com ela) que reconhecer a
beleza da vida é uma maneira de rezar. Hoje, no dia de Natal, sinto como é
difícil reencontrar a beleza. Não temos, no entanto - e muito menos eu que sou
filho dela - o direito de abandonar a festa. A festa de tudo o que há, que é o
ue significa o jeito como ela habitou este mundo. Ela pôde dizer que a ideia de
um Natal feliz resiste a toda tristeza. O mais justo com sua memória é acertar
a ser feliz", Caetano
Veloso.
En sus palabras se percibe
el intenso dolor provocado por la muerte de su madre en la pasada Navidad, el
asombro de no tenerla más entre los vivos,-eso tan terrible de la ausencia, de saber
que no estará nunca más- y al mismo tiempo saber que “vivió bonito” y que
“murió bonito” también ese 25 de diciembre. Lo más emotivo es el reconocimiento de la belleza de la vida que,
para ella, era, una manera de rezar. Él como su digno hijo- no tiene derecho a
“abandonar la fiesta”.
A los muertos queridos los honramos siguiendo del lado
de acá como a ellos les hubiera gustado que lo hiciéramos. Yo también trato de
creer lo mismo. Quizás sea cierto eso de que “una Navidad feliz, resiste a toda
tristeza”. Por eso, él procura- en su honor,
en su memoria, como homenaje- seguir siendo feliz.
A mí me sostiene el recuerdo de navidades felices- no el de la
creencia religiosa porque no la tengo- pero sí tengo el convencimiento cada vez
más acendrado de que únicamente contamos con el presente. Hay que aprovecharlo.
No está mal tener en cuenta el “carpe
diem”. Por eso, para no hundirnos, sigamos celebrando la fiesta de la vida. Que
es al fin y al cabo, nada más que un
ratito.
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