sábado, 26 de julio de 2014

UN LUGAR CON ENCANTO Y BUEN HUMOR

Restauración  del antiguo hotel Cervantes, hoy día LA CASA DEL HUMOR Y LA COMEDIA



A Petrone le gustó el hotel Cervantes por razones que hubieran desagradado a otros. Era un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto. Un conocido del momento se lo recomendó cuando cruzaba el río en el vapor de la carrera, diciéndole que estaba en la zona céntrica de Montevideo. Petrone aceptó una habitación con baño en el segundo piso, que daba directamente a la sala de recepción. Por el tablero de llaves en la portería supo que había poca gente en el hotel; las llaves estaban unidas a unos pesados discos de bronce con el número de habitación, inocente recurso de la gerencia para impedir que los clientes se las echaran al bolsillo”. (La puerta condenada Julio Cortázar.)


Anoche fui con un par de amigos, por primera vez a “LA CASA DEL HUMOR Y LA COMEDIA”.
A pocas cuadras de la plaza Independencia -a partir del año 2010-,  empezó a denominarse: “nuevo Barrio de las Artes”.
 Allí, en la calle Soriano 868, se encuentra LA CASA DEL HUMOR Y LA COMEDIA- (tan “novedosa” que cuando fui a comprar las entradas a ABITAB, la empleada me hizo repetir el nombre varias veces, y, de paso, se equivocó y en lugar de darme entradas para la primera función me dio para la segunda-).
 Antiguamente allí se ubicaba el mítico HOTEL CERVANTES, el mismo donde Cortázar desarrolló su inquietante historia de “LA PUERTA CONDENADA”. Sin embargo, después de una cuidadosa restauración, la  sala no tiene el aspecto sombrío y tétrico que se pone de manifiesto en la narración de Cortázar, sino una iluminación acorde, que  exhibe una rehabilitación muy digna del  techo, lámparas, paredes y entorno general que hace muy agradable el lugar. Yo saqué algunas fotos pero mi máquina no es profesional por lo cual no se nota el trabajo de la recreación de las escenas del Quijote de Cervantes.
La sala tiene una atención humana espectacular. Desde la puerta hasta el último momento del espectáculo, un personal bien dispuesto, guía, aconseja, acomoda, soluciona inconvenientes, ubica. En nuestro caso, que teníamos entradas para la segunda función, pero habíamos ido con la idea de asistir a la primera, fuimos invitados gentilmente a quedarnos a verla en otra mesa y, nos quedamos también a la segunda, en la mesa que nos correspondía. La solución se nos dio de inmediato, sin generar conflicto alguno. El servicio gastronómico también fue impecable.
Las dos obras son reideras, pero en la segunda, “Swingers”,  nos faltó poco para que la risa nos tirara al piso. Como dice el propio programa: “La realidad supera todas sus fantasías.” Y así fue.

No se pierdan este lugar memorable y estas obras sensacionales. Lo recomiendo efusivamente. 

Otro ángulo del lugar 

domingo, 20 de julio de 2014

MÁS NEGATIVAS: "EL NO VA MÁS"

Gioconda Belli en todo su esplendor 
Sigo con el tema, pero voy a tomar otro ángulo: El abandono. Es decir, el momento en que se le dice “no va más” a una relación.  Cada cual  “carga” con algún “no”-alguien alguna vez nos dejó  y fue para nosotros una de las experiencias más negativas, porque generalmente es inesperada-. Veamos cómo recibió un “no va más”, Gioconda Belli. Esa bellísima mujer con apariencia de Sofía Loren-como  decía el poeta Efraín Huerta- también fue dejada por “Marcos” - en la realidad el comandante Eduardo Contreras abatido en noviembre de 1976-. Pero cuando la abandona, está-aún- pletórico de vida, tanto, que  hasta tiene otra relación. Cuando Gioconda le  manda una carta reclamándole que  no lo ve casi nunca, que no sabe cuándo va a llegar, que  no soporta su ausencia, que  intuye que  algo anda mal, él le da como noticia ese “no va más”:

Llegó a los pocos días. Me sentó sobre sus piernas. Tomó una larga bocanada de aire y me confesó que había otra persona en su vida, una mujer muy buena que lo quería mucho y que recién se había reunido con él en México. Su tono parecía sugerirme que su dedicación a ella, su decisión de dejarme por ella, era casi un acto compasivo de su parte, como si de las dos yo fuera la más capaz de vivir sin él. “Vos sabés que siempre te voy a querer” me dijo con una sonrisa apesadumbrada, pidiéndome con la mirada que lo comprendiera, que siguiera siendo su amiga- la camaradería sobre todas las cosas.- “vos sos fuerte”, me dijo, “Vos podés superarlo”. Le seguí el hilo. Lo abracé, puse mi cabeza en su pecho y le agradecí su confianza. Sí que podría vivir con eso, le dije. Prefería que me dijera la verdad, a continuar conjeturando y esperándolo en vano. Y claro que sería su amiga, siempre sería su amiga.” (Página 162)

Sufre por el alejamiento, pero lo acepta con dignidad, sin rebajarse, sin insistirle, con toda la calidad humana de la que es capaz. No  muestra su  sufrimiento lo oculta, lo disimula, lo envuelve y no hay-en ningún momento- ningún reproche al-sin lugar a dudas- mujeriego  y enigmático camarada.
El último de pie, a mano derecha , es "Marcos" - Eduardo Contreras-


“La confesión de Marcos me sumió en una profunda tristeza. La obsesión de ese amor me duró largo tiempo. Todavía hoy, evocar su figura trae lágrimas a mis ojos. El aura dorada e ideal de los héroes lo envuelve en mi memoria y tiende a soterrar su lado más humano y falible. Creo que nunca pude alcanzar a saber quién era realmente. Se quedó siempre en su cenote, en las profundidades de un mundo submarino que sólo él habitaba. Su amor por la revolución lo absorbía todo. Apenas podía uno meterse por algún resquicio, ocuparle la atención más allá  de un instante. Creo que eso nos sucedió a todas las mujeres que lo amamos. Fuimos varias, como lo descubrí más tarde.” (Página 163/ 164)

La tristeza no fue el único sentimiento que le provocó el alejamiento de Marcos, porque supo  sacar fuerzas de flaquezas y afrontar, con enorme dignidad, el episodio negativo para seguir adelante, para manejar de manera eficiente su poder de seducción,  y para volver a enamorarse muchas veces más:

“Por esa época, probando antiguas estrategias de seducción, intenté recuperar la noción de mi misma, de mi poder de mujer conmocionado por el abandono de Marcos.
Se despertó en mí un instinto casi masculino de conquista. Los hombres dejaron de sorprenderme. Comprobé que bastaban ciertos gestos, cierta tibieza de ojos abiertos, liberar la sensualidad con la adecuada dosis de atrevimiento o delicadeza para que me siguieran tal como si fuera el flautista de Hamelin. Aprendí qué costuras sutiles penetrar para que se tornaran dúctiles y dóciles. Decidí descifrar las mitologías que atribuían a mi género el caos, el fin de la racionalidad, la capacidad de provocar guerras y cataclismos universales con el mordisco a una manzana o el desatar de una sandalia.”

Con buen ánimo y  nuevos bríos Gioconda volvió   a vivir otra(s) historia(s) con más de uno bien dispuesto-incluso los tuvo de a dos-algo bastante  difícil de confesar por  ser una mujer-.
Comandante Henry Ruiz, "Modesto"
 Uno de los que supo tener de a dos y que le  exigió que se decidiera entre uno u otro


 Los otros supieron apreciar sus múltiples recovecos femeninos. No sólo los físicos- que aparecen en su poesía-,  sino los espirituales. Porque una mujer que se precie es un ser redondo, complejo, completo, dispuesto para el sexo, pero también para la ternura, para  el compañerismo, para "compartir las rarezas"- como dice Rosa Montero-  para el juego, para  el buen humor.
 A  Gioconda Belli  un brujo  de su Nicaragua natal le dijo: “Mal de varón, sólo con varón se quita.”

El libro autobiográfico de Gioconda Belli: amor y guerra.

  Ella lo tuvo en cuenta con creces, hasta que encontró a su último marido: Carlos, "el puerto de sus tempestades".  Y  si no me creen, lean el libro. Después me cuentan. 








jueves, 10 de julio de 2014

NEGATIVAS FEMENINAS

Peinado "con nido" al estilo de la década del 60 
Como tengo que estar a quietud por unos cuantos días con las piernas en alto,  y una colega está preparando una unidad sobre “la mujer” me dediqué a buscarle material adecuado en mi biblioteca. El tema de las “negativas femeninas” me pareció de interés y empecé a rastrearlo.  
Cuándo una mujer dice que no ¿es “no” o es “puede ser”? ¿Cómo se da cuenta un tipo de que el “no” es un “no” rotundo y no tiene que insistir más?
Hay variedades de respuestas.
Voy a contar  una experiencia de mi vida personal- allá lejos y hace tiempo- nunca la escribí y creo que ya es hora de que lo haga- y transcribiré otras de autobiografías de escritoras. Una,  de la uruguaya  Idea Vilariño del: “Diario de juventud”-según dicen las editoras/recopiladoras/anotadoras Ana Inés Larre Borge y Alicia Torres, contaron con la autorización expresa de su autora, para su publicación-.
La otra anécdota    es de la nicaragüense Gioconda Belli narrada en su libro: “El país bajo mi piel. Memorias de amor y guerra.”
En realidad, muchos recuerdos femeninos pueden ser considerados  “memorias de amor y de guerra”. Sobre todo de guerra.
Aquí va mi episodio.
En  mi adolescencia, cursé en el liceo de Las Piedras Manuel Rosé, el primer año de lo  que en ese entonces se llamaba “Preparatorios”. Allá por la década del sesenta del siglo pasado se habían inaugurado los cursos nocturnos que me vinieron muy bien para poder trabajar durante el día y continuar con los cursos en la noche. A veces, usaba como transporte el tren, pero a la salida, para ahorrar tiempo, me tomaba un ómnibus. El trayecto de Las Piedras a La Paz,  es corto. En unos pocos minutos llegaba a mi casa. La noche en que me ocurrió lo que voy a contar, no recuerdo si iba a ir al cine,  o al teatro o a bailar, pero sí tengo muy presente que fui a clases, totalmente emperifollada. No se concebía que las jóvenes saliéramos de pantalones y mucho menos de vaqueros. Esa noche, estrenaba una preciosa    blusa blanca de organdí, una pollera justa negra, un blazer también negro, y zapatos de tacones altos. Sobre mi cabeza, un “nido” muy enhiesto por el “laquené” – fijador que dejaba el pelo “quieto” y durísimo-me hacía sentir que estaba al último grito de la moda.  (Hay que tener en cuenta que la modelo número uno de mi generación  era la francesa Brigitte Bardot.) Estaba en la parada del ómnibus cuando pasó en su auto un amigo de mi padre. Como podrán suponer se trataba de un “señor mayor”- considerablemente “mayor” para mis pocos años- o sea que rondaba  la cincuentena.  
– ¿Vas para casa, colchonerita?  Sí querés te llevo, justamente voy para tus pagos -me dijo amablemente-. Y me subí.
Cuando quise acordar vi que había tomado un camino vecinal que no  estaba asfaltado y era mucho más oscuro que  la carretera.
Este es el  “Camino de las Tropas”-le dije- ¿Por qué agarró por acá? 
-Es más cómodo y más cerca, hay menos tránsito.
A los pocos minutos, en medio de una oscuridad absoluta,  paró el auto y entró a manotearme desaforadamente. Me defendí con uñas y dientes, pero el hijo de puta que  era un gordo con fuerza y empecinamiento, al poco tiempo logró destrozarme la blusa nueva, me deshizo el nido del pelo, mientras me pellizcaba los senos con una mano e intentaba meterme la otra en la vagina. Además me decía un montón de disparates juntos. –Dale puta -me decía- si se la chupás a tu novio ¿por qué no me vas a  chupar la mía, eh ?-Dame la concha, dame el culote ese que tenés,  putona de mierda.  No sé cómo, pero en uno de los forcejeos le di con todas mis fuerzas, un  puñetazo en los genitales y mientras se retorcía de dolor me tiré del auto.  Furioso, lo prendió y me dejó en el medio de la oscuridad. Me levanté como pude dolorida y temblando,  empecé a caminar, pero como tenía miedo de que volviera me metí por el costado del camino en medio de las quintas y las bodegas. Me saqué los tacones y caminé descalza. No tengo noción del tiempo que me llevó llegar a la zona poblada. Cuando divisé la estación de ferrocarril de La Paz, supe que me había salvado, pero todavía tenía que llegar y dar una explicación plausible. Llevaba las llaves de mi  casa en uno de los bolsillos de mi blazer. Milagrosamente aún estaban allí. Y llegué. Me metí por la puerta del garaje para pasar desapercibida, pero “de dónde yerba si es puro palo”. Ahí estaba mi padre con su severa mirada – ¿Estas son horas de llegar? –me increpó.
-Se me hizo tarde contesté. Además me caí del ómnibus, por eso estoy  así. Era una mentira absolutamente increíble porque  mi aspecto delataba por lo menos, haber pasado por  un terremoto, no por  una caída.
-Esta no va a parar hasta que le llenen el buche- acotó mi madrastra que me odiaba-
No les  contesté  más nada, porque sabía que dijera lo que dijera no me iban a creer. Así que  me fui a mi  dormitorio, me saqué toda la ropa, tiritando de dolor- con  moretones que se iban poniendo violáceos,  rasguños por todos lados y una sensación de espantoso bochorno-,  me cambié, me armé como pude el destrozado  nido, y me compuse también  como pude.   No terminaron ahí mis peripecias. Pero por ahora dejémoslas aquí. El gordo hijo de mil puta-  no quiso de ninguna manera  entender mi negativa. Obviamente,  no le pude decir  la verdad a mi padre y mucho menos a su mujer, porque siempre pensaba mal de mí, y –seguramente-sostendría que “yo lo había provocado” y por eso me había llevado la carga con tanta ferocidad. De esto hace más de cincuenta años, y aún hoy, con la edad que tengo, no me entra en la cabeza el ensañamiento  que desplegó un tipo que aparentaba ser un tranquilo padre de familia. Ahí empecé a aprender, a los golpes,  a decir que no, a sostener lo que se quiere y lo que no se quiere. Cuesta muchísimo. Esa vez me sentí más sola que nunca- no tenía madre hacía años y aunque me había enseñado mucho no estaba ahí para abrirme más los ojos para evitar los ataques de los buitres que sin duda me seguirían cayendo-. No hablé nunca de la fiereza del ataque, no se lo conté a nadie, ni siquiera  a mis mejores amigas. Lo más insufrible no fueron las heridas físicas, sino el bochorno del alma que no estaba preparada ni remotamente para tanta brutalidad.
Lo que me pasó  a mí. ¿Es un hecho aislado? No. No lo es.
Algo por el estilo cuenta Idea Vilariño en su diario de juventud. En Florida,  Tito Farolini, “un enamorado de la estancia vecina”, trató de violarla.  Vamos a leer el episodio narrado delicadamente  por ella misma en su diario, el día 4 o 5 de diciembre de 1937- a sus dieciséis años-
En el centro Idea y Tito Farolini- el del ataque- ( página 103 de Diario de juventud)



“Cuando todos duermen la siesta, salgo a caminar- Cuidado con las víboras! (Sic) Me dicen. Cuando voy a cruzar el monte de las cotorras veo que Tito se apea del otro lado del alambrado. Parece que estuvo escudriñando. Desde muy lejos se ve cualquier punto que se mueva. Está enardecido. Me quiere, no puede vivir sin mí. De pronto me abraza. Lo rechazo. Se pone enloquecido y quiere forzarme. Dice cosas horribles. Me vuelca, nos revolcamos, le pego con las manos, con los pies, lo araño. Es terrible. Increíblemente consigo deshacerme de él sin que consiga más que humillarme y babearme. Quedamos respirando como perros exhaustos, al pie de un arbolito. Tengo miedo de irme porque debo atravesar el montecito de talas que nos separa de las casas. No me animo a meterme en el monte. No sé cómo empezamos a hablar. En algún momento le pregunto si acaso es tan maravilloso como para que haya sido tan bestia conmigo. – Dice que sí. Pide disculpas y aduce que yo le había contado que, antes de venirme, mi madre me había encontrado mi diario íntimo donde yo hablaba abiertamente de citas que ella desaprobaba y desconocía. No sé que entendió. Era una historia vieja, de la calle Inca. Eran mis citas inocentes con Ruben, pero él creyó que yo…. Me pide en todos los tonos que no lo sepan Esther y Pedro, se disculpa abochornado. Es un hombre de unos veinticinco años, fuerte, acostumbrado a los trabajos del campo y yo una flaquita de nada. Quedo convencida, y lo repetiré siempre, de que, si uno no quiere, nadie puede violarlo.” ( (Idea Vilariño  Diario de Juventud página 102 Editorial Cal y Canto)

Es evidente que la negativa y la resistencia de “esa flaquita de nada” pararon los embates de Tito, y que, aclarada la situación se arrepintió y disculpó. Sin embargo, parece ser que esa “confidencia” de que la madre le había encontrado el diario íntimo donde ella narraba sus “inocentes” citas,  fue el detonante para “soltar a la bestia”. Tito pensó lo mismo que el amigo de mi padre, es decir que la idea que subyace es la misma: si lo hacía con otro, ¿por qué no lo va a hacer conmigo? Hay coincidencia-también- en que le dice “cosas horribles”. Yo escribí algunas. La época actual me permite hacerlo. Idea es más delicada en la expresión. Pero coincidimos en la defensa con uñas y dientes y en la valoración de la situación: “(….) le pego con las manos, con los pies, lo araño. Es terrible”.
La hermosa nicaragüense Gioconda Belli 


También Gioconda Belli cuenta episodios similares. Elegí el  del General Omar Torrijos,  que gobernó  a Panamá y murió en un accidente de aviación. Recordemos que Gioconda, la hermosa y enamoradiza  escritora nicaragüense que escribe novelas y  fogosos poemas feministas,  tiene un pasado de dama de la clase alta, pero también de  guerrillera de armas tomar en un mundo sumamente machista. Este episodio ocurrió en Farallones- según cuenta en su libro-  en una de las residencias del general. Transcribo una parte sustancial del episodio entre ella y Torrijos:

“- Me gustaría tener un hijo contigo- me dijo mirándome desde la hamaca.
Me reí. No pude evitarlo. Por qué me reía, preguntó serio. Un hijo de ambos sería hermoso. Aguerrido, pero sensible.
-Tú no sabes lo que es la soledad del poder- me dijo- Uno no sabe nunca a qué atenerse con las personas que lo rodean. Tú eres diferente- y se quedó pensativo.
-Pero yo no estoy disponible- le dije- Lo siento.
De ese momento en adelante todo intento por disfrazar sus intenciones de seducirme se evaporó. Me lanzó una avalancha verbal de promesas y cumplidos. Que si él me haría feliz, que si me llevaría con él a todas partes, me mostraría los secretos de Panamá, las islas San Blas, Coclecito.
Yo con los pelos de punta. No tenía ni idea de lo que Torrijos era capaz. Para todo propósito práctico era su prisionera. Podía violarme y nadie me defendería. Él era allí el soberano absoluto.
Me levanté y me dirigí al interior de la casa. Buscaba la solidaridad de las otras mujeres pero me evitaron. Me miraban con recelo, como a una rival. Le pregunté a la que constantemente consolaba al general en el avión. El general ofreció mandarme de regreso a Ciudad de Panamá esta misma noche, dije.
-El avión regresa mañana- respondió sin expresión.
Al fin, Torrijos se levantó de la hamaca ayudado por una de las jovencitas. Se metió adentro de la casa. Me quedé sola en la terraza consumida por la rabia. Odié al general y a todas sus huestes, a las mujeres aquellas empequeñecidas por la servidumbre torva hacia aquel hombre tosco, primitivo, poderoso. Desde la terraza divisaba un muro alto y un guarda. ¿Me dejaría salir? Quizás había un pueblo cerca de allí, un lugar donde pudiera llamar por teléfono.
En eso estaba urdiendo tramas de escape cuando apareció de nuevo la muchacha.
-Ven- me dijo- . Te llama el general.
Era una orden. La seguí. Pensé que Torrijos habría reflexionado. Me llamaría a su oficina. Subimos unos escalones.
Abrió una puerta y casi que me empujó hacia el interior. No lo olvidaré nunca. De sopetón, me encontré en el dormitorio de Torrijos. Vestido con un pijama naranja oscuro, estaba de pie al lado de la cama. Me señaló un colorido negligé extendido sobre las sábanas.
-Puedes dormir aquí al lado mío. Si tú no quieres, no te tocaré. Te lo juro. Puedes creer en mi palabra.
-      No gracias, general- dijo totalmente desconcertada mirando la escena con horror como un venado enfocado de pronto por los faros de los cazadores. Salí de la habitación, corriendo, dando un portazo. Bajé a toda prisa las escaleras, jadeando.
Al llegar abajo, furiosa, sin poder contenerme más, le dije a la muchacha:
-No voy a dormir con el general. ¿Está claro? Hágame el favor de indicarme algún lugar donde pueda pasar la noche. Tiene que haber alguna habitación desocupada por aquí.
Encogió los hombros. Sacó unas llaves del escritorio y me dijo que la siguiera.
Me llevó a una casa contigua. Abrió una habitación que olía a moho y polvo.
Cerré la puerta con llave. Arrastré una mesa y la puse contra la puerta para asegurar que despertaría si alguien intentaba forzar la entrada. La rabia no me dejó dormir. Me pasé la noche en vela pensando en lo estúpida que había sido. En algún momento me pregunté si acostarse con el general no sería el tipo de sacrificio que otra en mi lugar haría por la patria. Pero yo ni por la patria me acostaría con él, pensé. La sola idea me producía asco.
(…)
Aquel fue mi primer roce con esa mezcla explosiva de poder y sexo que se les sube a los hombres a la cabeza. El poder les da la seguridad que quizás no tendrían. Se entregan a esa embriagadora sensación, y con el pecho erguido, sobre el árbol más alto, jefes de la manada, descienden sobre la tribu y sus hembras. Se vengan así de cualquier triste recuerdo de infancia o adolescencia; de las niñas modosas en los patios escolares que se atrevieron a rechazarlos, del temor que alguna vez les inspiraron sus madres.” (Páginas 246/249 “El País bajo mi piel” Gioconda Belli – Seix Barral-)

El imperioso Omar Torrijos 


Es evidente que en el caso del episodio que cuenta Gioconda, primó en el general el sentido del poder que detentaba. Las mujeres no se le resistían ¿por qué se le iba a resistir Gioconda si a él se le había ocurrido la genial idea de tener un hijo con ella? Solo la determinación de Gioconda- que no paró ahí, porque el acoso continuó hasta que pudo volver a la ciudad- frenó sus impulsos.

En definitiva, negarse a lo que quiere empecinadamente un hombre, demanda un esfuerzo brutal. Como se pudo observar en los tres casos, hay una seguridad absoluta de reclamo que debe cumplirse, como si fuera obligatorio aceptar lo que no se quiere, sea como sea. En mi caso, el tipo no concebía que yo me negara y cada golpe que le daba lo enardecía aún más, hasta hoy no sé  cómo logré el coraje necesario para atravesar quintas y bodegas-alejada del camino- sin morirme de  miedo- y-además- cómo pude después componerme pese a los magullones, el dolor y la desazón que me produjo el ataque feroz para seguir adelante con mi vida pese a las consecuencias.
En el caso de Idea, siguió su amistad con Tito Farolini,  es decir que le perdonó el ataque, la humillación y  la ferocidad que  no tuvo mayores consecuencias, al punto que pudo permanecer convencida de que  si uno no quiere no puede ser violada nunca.
En el caso de Gioconda, el imperioso Omar Torrijos también pensó que ella se rendiría a su poder, como lo hacían todas las mujercitas que lo rodeaban con devoción. Pero tropezó con una hermosa mujer que tenía sus convicciones y que no sucumbió  a sus supuestos encantos. Logró salir indemne de la situación, volver a su vida de guerrillera, hablar con su amor de entonces,-otro guerrillero- hasta que el General Torrijos le pidió disculpas. Entendámonos: A él, no a ella. 
Lo cierto es que estas experiencias son tan traumáticas que toda mujer que las haya pasado las guarda indeleblemente en el recuerdo con diferentes sentires: con asco, con pesar, con bochorno, con humillación, con vergüenza, con profundo dolor.
Vuelvo al principio:
¿Qué hacer para que un tipo se dé cuenta de que no debe seguir insistiendo cuando un “no” es un “no” y no es- para nada - un “puede ser”?

Hay una única posibilidad: mantenerse firme. Y si hay violencia, hay que luchar para no sucumbir. Hay  “insistentes”-y son los más- casados o comprometidos. Muy  machitos para insistir con mujeres en posición de desventaja-en  mi caso, por ejemplo, perdida en la oscuridad de un campo-  sin embargo, no  se mantienen tan  prepotentes si  esos feroces ataques  llegan a oídos de sus propias mujeres. En esas circunstancias, los  sanguinarios gladiadores se convierten en tímidos conejitos acorralados. Habitualmente son machos dominados absolutamente por sus mujeres.  Su manera de vengarse  es tratar de doblegar a otras hembras. Hay que saberlo y tenerlo en cuenta para la defensa. Y sobre todo, hay que tener las suficientes agallas como para mantener el “no” en un “no” rotundo cueste lo que cueste.
Hay que saber decirles lo mismo que Gioconda:

 - “Yo no estoy disponible. Lo siento”.

 Y al hombre casado o comprometido hay que rematarlo con: 

“No insistas (o no jodas)  más. Vos  no estás disponible para nada". 









domingo, 6 de julio de 2014

LA SOLEDAD DEL EXTRAÑO ANIMAL

El Tema de la soledad en el cine y en la literatura tiene exponentes de prestigio. Muchas veces las solitarias son las mujeres, porque terminada la etapa de la crianza de los hijos se produce- a veces de golpe- esa sensación de “nido vacío” y no encuentran nada que les brinde alegría porque al encontrarse sin nadie de quien ocuparse, no saben qué hacer de sí mismas. Con ese tema, Gabriel García Márquez escribió un artículo genial- con uno de esos estupendos títulos que a él le gustaba poner-: “Las esposas felices se suicidan a las seis.” Está en Internet. Si les interesa búsquenlo para leerlo. Pero en este caso, no me quiero referir ni a las esposas, ni a las amantes frustradas, ni a las mujeres en general, sino a la letra de una canción que es realmente impactante. No la escribió una mujer sino un hombre, un artista sensible que ha sabido captar los matices del alma: Jaime Roos. Mis gustos musicales son-como siempre- variopintos. Escucho música clásica desde que el hotel de al lado “larga” con sus molestos ruidos a las siete menos cuarto de la mañana. Cuando empiezan los zumbidos y me despierto, pongo mediante el control digital los nocturnos de Chopin y me quedo otro rato remoloneando. Después, voy saliendo de la cama en cuotas.
 Para el desayuno me acompaño con otra música: puede ser Gal Costa, Caetano, Sabina, Serrat, Vicentico, Willy Nelson, Joni Mitchell, Joan Baez. Nada estruendoso. Pero cuando quiero escuchar música uruguaya, para mí uno de los infaltables es Jaime Roos a quien escucho desde siempre. Me gustan sus canciones, y también me gustan las explicaciones que ha dado cuando le han preguntado por los títulos de sus discos, o de sus letras. “Algunos hacen terapia- ha dicho- yo escribo canciones”. Por lo tanto, componer es una de las mejores maneras que encontró para enfrentar al mundo. Si no compone o no escribe, hace adaptaciones, escribe y versiona para otros. Como es muy exigente también lo hace impecablemente. Así podemos escuchar “La hermana de la Coneja”- extraordinaria historia escrita por Raúl Castro, “Tintabrava”, a la que contribuyó e hizo “vivir” poniéndole la música. Y también podemos escuchar sus propias canciones, versionadas por sus amigos. Hay dos que me gustan mucho: “Laberinto”- cantada por Christian Cari y “Esquela” cantada por Martín Buscaglia. Pero de todas las que he escuchado hay una que se destaca de las otras, y a ella me quiere referir principalmente. Se llama “Tema del hombre solo” que está en su disco “Fuera de ambiente”. Cuando escuché por primera vez el nombre del disco “Fuera de ambiente”, tuve que pensar el significado de la expresión. Él declaró en una entrevista: “me pongo fuera de ambiente cuando hago música”. Y yo entendí que la música, hacer música, lo transportaba a otra dimensión, menos prosaica.” Hacer música” como dice él- lo “sacaba” de la burda realidad. En “Tema del hombre solo” aparece una expresión parecida: “habilítame un poco más, para sacarme de ambiente”. Sin embargo, aquí, se entiende otra cosa: algo así como:-dame más vida, pero-al mismo tiempo- dame el don de no pensar que soy un pobre ser destinado a la muerte, y que haga lo que haga nada ni nadie me va a salvar de la parca.

 La expresión no tiene ribetes gratos para mí. Con ella me encontré en el Hospital Británico, cuando mi esposo se enfermó, lo sometieron a un estudio de diagnóstico. El especialista que se lo iba a hacer, me dijo:- primero, lo vamos a “sacar de ambiente”. Ahí entendí que le iban a dar algo que le produjera un efecto anestesiante para que no sufriera mientras le introducían por la boca una especie de tubo para inspeccionarle el hígado y sacarle un trocito para analizar. Y efectivamente, así fue. Lo acompañé hasta donde pude-no me dejaron entrar- y después de unos minutos lo dejaron en una salita donde se recobró. No sintió dolor, pero sí oyó las conversaciones que tenían entre sí las enfermeras. Y no eran nada agradables porque mientras le hacían el estudio, se referían a casos de personas que habían fallecido. Cuando supimos de manera brutal que la úlcera no era úlcera sino un cáncer avanzado, “lo sacaron de ambiente” varias veces, para hacerle ese y otros estudios y tratamientos que no fueron exitosos. Al final, y a los pocos meses, la muerte me lo sacó de ambiente para siempre, porque la muerte, la definitiva, la gran niveladora, es la más terrible de las “sacadoras” de ambiente. A mí también me dejó durante un tiempo, “fuera de ambiente”, en otro sentido: lo buscaba y no lo encontraba para comentarle mis cosas, quería hablarle y ya no estaba para escucharme. Es decir, me dejó sin mi interlocutor más afectuoso y más fiel.

 Entonces, como pueden comprobar, “sacar de ambiente”, “estar fuera de ambiente”, puede significar diferentes cosas. Es una expresión polisémica. En la letra de “Tema del hombre solo”, es –también- una expresión polisémica. El “hombre solo”, que se siente, se percibe, como un “extraño animal” al enfrentarse a sí mismo en la visión de un espejo, pasa por varias etapas: “el primer combatiente de la primera trinchera” –es decir el más expuesto al riesgo de morir-; “el que soñó ser eterno” – pero que se siente vulnerablemente mortal- es el mismo que pide “un poco más”. -En forma positiva-: “un poco más”, “para seguirla, para vivirla, habilítame un poco más”. Lo que no sabemos es a quién le dirige ese “habilítame”-. No sé si será a Dios. Digo que es en forma positiva, porque quiere –como Delmira Agustini en su famoso poema”Explosión”-,” más vida para amar”. Y aquí sí, “sacar de ambiente” tiene-verdaderamente- connotaciones positivas, como la música. Pero, en las últimas estrofas, la actitud se hace negativa, las imágenes de desolación se suceden como una catarata expresiva: “el sentimental”-expresión que lo connota como un ser vulnerable, se siente- lamentablemente- como: / “ruleta rusa andante/gatillando el celular”/ De la actitud positiva de pedir “un poco más” va a esta otra de desolación porque la vida es imprevisible, porque nada de lo que hagamos por permanecer jóvenes, bellos, y sanos será para siempre. Y ese adminículo que nos hemos inventando para –supuestamente- comunicarnos con los demás, es un arma mortal que se disparará cuando menos lo pensemos. Otras imágenes con similar carga expresiva se suceden en forma vertiginosa: como un disco rayado/ “como un árbol moribundo tema del hombre solo cargando el mundo a cambio de qué a cambio de qué quisiera un poco más sin recordar sin castigarme, sin culpar no quiero avergonzarme más solo quisiera un poco más para sacarme de ambiente”. En estas últimas estrofas, podemos inferir que “sacar de ambiente”, significa salir de la vida consciente, dejar de sufrir, recordar que el celular no nos salva de la muerte ni nos conecta con la vida, que es apenas un desgraciado y pobre sucedáneo de un intento fallido de comunicación que no se da, porque no existe, porque “nacemos y morimos solos”- como se dice al principio de la canción-, y de esa soledad no nos salva nadie. No hay fe, no hay ningún sentimiento de ternura o de disparador de afectos que nos unan y nos devuelvan las ilusiones juveniles, esa sensación de eternidad. Por eso, la canción se llama “tema del hombre solo”. Todos estamos solos. Nadie está acompañado. Hay que tener esa conciencia de principio a fin. Ese es el desolador mensaje que deja la canción de Jaime. Y aunque al final se repita el estribillo clamando a alguien-no sabemos a quién- por “un poco más/para seguirla/ un poco más/ habilítame un poco más/ para sacarme de ambiente”/ intuimos que ese interlocutor-llámese Dios, o Existencia o lo que sea- es ciego, sordo y mudo. No nos oye, no nos ve, no nos habla y el desesperado pedido del “extraño animal” que no se reconoce en el espejo, queda-sin esperanzas- en el más enorme boquete de vacío.

viernes, 20 de junio de 2014

EL HIJO PERDIDO DE PHILOMENA

Martin Sixsmith y la verdadera Philomena Lee 
Actriz Judi Bench y actor Steve Coogan
de la película "Philomena"













La película Philomena está basada en una historia real, una verdadera “historia de vida”.
Philomena, en sus primeros años adolescentes quedó embarazada y fue internada en Sean Ross Abbey-un convento de Roscrea-Irlanda-  allí iban a parar las “descarriadas”, también llamadas “mujeres caídas”. Estas jóvenes llegaban en estado interesante, eran atendidas por las monjas, sufrían el penoso  y vergonzoso embarazo y  todos los dolores de parto- nada de calmantes de ningún tipo para las “pecadoras”- vivían y trabajaban como verdaderas esclavas y únicamente se les permitía ver y estar con sus hijos una hora al día-.

Niños nacidos de madres solteras  en el comedor del convento de Roscrea ( eran vendidos en adopción) 

 Ya saben todos que mi madre me mandó a un  colegio de monjas vicentinas. Se llamaba Niño Jesús de Praga. Así que supe a temprana edad, sobre  las fuertes exigencias de lo que se llamaba “el temor de Dios” que impartían- o trataban de impartir-  las severas monjas que exageraban absurdamente los deberes religiosos prescindiendo  de los humanos-que son los que más se necesitan-. Seguí la película con suma atención, pensando para mis adentros: “No le van a decir al zorro lo que son sogas”.

El hábito que usaban las severas  monjas vicentinas de mi infancia era como el de Santa Catalina Labouré 

 La historia de Philomena fue sacada a luz en el libro del periodista Martin Sixsmith, que al quedar sin trabajo, se dedicó a ayudarla a encontrar al hijo perdido (puesto que las tiernas monjitas los vendían en adopción –a él- que se llamaba Anthony- y a todos los niños paridos por las reclusas en cautiverio. (Eso eran, en realidad, digámoslo sin tapujos.)


Yo no leí el libro que se llama “The lost child of Philomena Lee”- vi la película dirigida por Stephen Frears, con la actriz Judi Dench en el papel de   Philomena, y el actor Steve Coogan, en el del periodista Martin Sixsmith.

Director de la película "¨Philomena" Stephen Frears 

















La película me conmovió, removió mis recuerdos y me llevó a afirmar aún más sólidamente mis convicciones sobre la crueldad  de personas que supuestamente han elegido  su  vocación para el servicio de la humanidad.

Philomena Lee en su juventud 

En Uruguay estaba el asilo de “El buen Pastor” que en un principio se decía que tenía la intención de favorecer a “las almas más ignorantes que culpables” que luego más bien fue un encierro-cárcel para las “mujeres desviadas”. Paulatinamente fueron ingresando criaturas huérfanas o abandonadas. El asilo recibía alrededor de 600 menores de edad y las formaban en “las tareas del hogar”: cocina, limpieza, lavado, planchado, costura y,-horror de los horrores para mí que nunca pude salir del punto cruz- bordado y tejido. El estado de Uruguay tuvo una relación de intercambio con esta institución a través de lo que se llamaba el “Consejo del Niño”. La cárcel de mujeres estuvo a cargo de esta congregación desde 1898 hasta 1980.*
En la calle Cerro Largo a la altura de Fernández Crespo-antes Sierra- funcionaba una de las casas del “Consejo del Niño”. Yo vivía en Cerro Largo enfrente al actual Palacio Peñarol Gastón Güelfi- recuerdo que  alguna de las  malvadas niñeras que tuve me dijo que  por una especie de “buzón”- un torno en realidad-  se tiraban a  los niños malcriados. Evidentemente, yo lo era. La finalidad de esos cuentos  era asustarme para que me portara bien. No faltó tampoco la amenaza de  “depositarme” gentilmente por ese “deslizador”. Nunca más lo vi, pero sí lo volví a encontrar en alguna crónica de costumbres de Julio César Puppo, “El Hachero”.
Del Buen Pastor, o del Consejo del Niño, vino  a dar a mi casa, una de las niñeras que más quise.
Se llamaba Mireya y vino con su bebé Coquito. Yo era muy chica, no recuerdo el nombre del niño porque siempre lo llamábamos así: Coquito. Hasta hace un tiempo anduvo en alguno de mis archivos una foto de él. Mireya era muy joven. Me encantaba cómo cocinaba, cómo cantaba, cómo bailaba y cómo jugaba. Era mucho más divertida que cualquiera de mis amigas. Su bebé era un angelote rubicundo que no lloraba jamás y se deleitaba con todas las soberanas payasadas que le hacíamos. Al tiempo se fue y mi madre me explicó que se había casado con el padre de su bebé. La extrañé muchísimo. A ella y a Coquito. Al ver la película, inmediatamente me acordé de ellos.

En la película, Philomena aparece con otra hija a la que le confiesa su secreto mostrándole una foto del hijo perdido- lo único que le quedó de Anthony-. La vinculación del periodista a la tarea de búsqueda es a través de esta  hija. Philomena busca a su hijo desde hace 50 años. El periodista la acompaña en todas las vueltas. En el convento no tienen ningún éxito;  les dicen que los archivos se quemaron. Lo cual es cierto, pero no “se” quemaron, sino que “los” quemaron adrede. Finalmente, el periodista descubre a Anthony- cuyo nombre de adopción es Michael- y,  al mismo tiempo, también descubre una verdad dolorosa- ha muerto de SIDA- De todas maneras, la búsqueda tenaz de la madre no queda ahí. Ella quiere hablar con el que fue pareja de su hijo. Quiere saber si alguna vez se acordó de ella, si alguna vez mencionó Irlanda. El periodista da con el hombre que  lamentablemente se niega a recibirlos. Al final, la tenacidad de Philomena tuvo su recompensa. Al fin y al cabo, ella sólo quería hablar sobre el hijo, quería saber cómo fue, cómo actuó en su vida, qué recuerdos quedaron en su mente criado y educado por  una  familia adoptiva en otro país. Finalmente, vemos a los que encarnan a los personajes de Philomena, Martin y Steve- la pareja-   mirando  un vídeo donde se reconstruye la memoria de Anthony-Michael A. Hess- desde que baja del avión con su hermana/amiga/ -adoptada también por la misma familia-, hasta que fue enterrado en Roscrea- la abadía donde nació y a la cual había acudido buscando datos de su madre biológica-. La historia, por lo tanto, es circular. Lamentablemente circular.
El verdadero Anthony-Michael con la monja Hildergarde en la puerta del convento donde nació. Fue a buscar datos sobre su madre biológica con la finalidad de conocerla. Esos datos les fueron negados a ambos: madre e hijo. (1993)



 Durante todos esos 50 años, madre e hijo no se pudieron reencontrar porque  las  monjitas les negaron la información que pidieron, sobre todo la que era Madre Superiora, la hermana Hildergarde que aún vivía, quien sistemáticamente se negó a concederles la gracia de verse aunque fuera por  única vez- hay que recordar que Anthony- Michael acudió a la abadía ya enfermo de SIDA-
 ¿Por qué esa crueldad tan terrible? Porque  la idea  que impera en estas mentalidades es que el pecado de concupiscencia debe pagarse con sufrimiento de por vida. No hay redención para la mujer pecadora, para la que se ha entregado a la locura del sexo y  se ha olvidado de los imperativos morales en momentos de lujuria y placer.
En conversación con Martin,  Philomena-en la ficción de la película- le cuenta el  placer que le produjo el sexo- incluso manifiesta la idea de que puede ser tan sublime que puede llevar al éxtasis- lo cual yo suscribo, ( y si no me creen prueben a practicar sexo tántrico). El periodista también cuestiona que Dios nos haya otorgado el placer para castigarnos. Yo me pregunto-nos preguntamos-:
¿Es considerado pecado porque nos causa dicha?
 ¿No será una  invención impuesta por la insensible moral enemiga del goce?
Si pueden, vean la película y después me cuentan.



*Información obtenida en Internet, extraída del libro “Adolescentes infractoras. Discursos y prácticas del sistema penal juvenil uruguayo”, de Raquel Galeotti. Psicolibros. Waslala, Montevideo, setiembre de 2013.






sábado, 14 de junio de 2014

FIEBRE CELESTE

La bandera uruguaya con una pelota-sol 

En el artículo anterior tuve varios comentarios, tanto en el blog como en facebook. Los agradezco mucho, pero les recuerdo que el blog está programado para que los comentarios me lleguen por mail y luego que los autorizo se publican. Antes, me gusta leerlos, los que  me conocen bien  saben que aunque sean contrarios a lo que declaro, los publico de todos modos porque creo que es cierto que: “cada cual va  con su cadacuala”.
Con respecto al tema de la “memoria”, es de público conocimiento que lo que se recuerda-cuando se recuerda- pasa por nuestros tamices subjetivos más recónditos, y son diferentes de persona a persona. Me he encontrado con antiguas compañeras de escuela y de liceo, y cada vez que recordamos alguna travesura o algún hecho que fue común para todas, las versiones difieren siempre y, en algunos casos, totalmente. ¿Qué pasó con nuestra memoria? Pasó por esos “tamices” de los cuales hablo. Otra manera de enfocar la cosa es pensar en “cómo nos fue en la feria”. Si vendimos bien o si nos quedaron enormes “clavos” sin salida. Yo, puedo decir que “tengo todo el pescado vendido”. Me costó pero lo vendí. Otros no, porque quedaron  con mercadería sin vender-es decir que no les fue bien en la venta de feria-. “Vender todo el pescado”- para mí- significó trabajar y estudiar, para trabajar-ya recibida- en una posición mejor. No lo hice sola, tuve a mi lado a un compañero inigualable, que trabajó y estudió a la par y  que me apuntaló cada vez que parecía que me iba al diablo. Tengo todavía guardados como reliquias unos dibujos –muy artesanales porque el dibujo no era lo suyo- con los que  me alentaba a seguir adelante cuando me sentía caer. Cada vez que escucho la canción de Jaime Roos “Esquelas”, me acuerdo de las que tengo guardadas como imborrables recuerdos.

Pongo otro ejemplo: tengo amigos argentinos que fueron partidarios del peronismo. Otros no. Los que sí lo fueron, son los que recuerdan que  a su abuelita, Eva Perón le regaló una máquina de coser con la que sacó adelante a un familión. Los otros-en cambio- recuerdan  que  su abuelita fue despojada de  joyas familiares que sirvieron para sustentar a los “descamisados”- así llamados porque no tenían nada-. Entonces, es lógico, que los que fueron favorecidos sean eternos agradecidos y los otros no.
En nuestro caso, jamás dependimos de ninguna ayuda política, ni de derecha ni de izquierda. Mi esposo, bancario,  fue gremialista. Yo no. No soy apolítica, pero nunca milité en ningún partido, aunque eso no significa que no haya seguido con total interés los avatares del país. Temblando de miedo, en la época de la dictadura, donde me allanaban a cada rato buscando a mi compañero, y con la vuelta a la democracia siguiendo con atención el acontecer. Como estudié bastante- y lo sigo haciendo- soy escéptica en cuanto al ejercicio del poder. Es dulce, engolosina, nadie lo ejerce totalmente bien y nadie lo quiere perder. Ya tenemos a  Lacalle Pou con su vicepresidente: Larrañaga- que parecía que se iba pero no- No necesité ser el politólogo Daniel Chasquetti para saber que  en  unos pocos días se iba a dar ese acuerdo. Aún faltan otros pero van a llegar en breve. Ahora desplazamos el interés por la política porque  tenemos la atención fija en el Mundial.
Uno de los tantos ejemplos de publicidad mundialista 


 El malambo del Mundial empezó con todo. El país entero se detuvo para ver la ceremonia inaugural y, y por supuesto el primer partido de Uruguay.
Todo está celeste, ya lo dije en la crónica anterior, pero ahora, además de estar TODO celeste, hasta postres de color celeste- hasta los ómnibus, taxis y autos con  banderas de Uruguay por todos lados -, hay  una publicidad  muy agresiva. Nadie quiere quedarse sin hacer su agosto- o su junio que es lo mismo- por esa razón llaman por teléfono, invitan por el celular, entregan vales para participar en la rifa de una camioneta y…. se van sumando las enormísimas demandas de datos que se desparraman por todos lados para lograr ventas. No es ninguna mentira. Si usted se salvó de ser llamado a las nueve de la mañana con una promoción celeste, considérese afortunado. A mí me tocan las ofertas más increíbles: televisión “cable celeste”- para ver todos los partidos pagando una bicoca-según los ofertantes- Nadie se ha preguntado ni remotamente si mi interés número uno es el fútbol y nada más que el fútbol y por ese razón  voy a detener  todas mis actividades durante este mes para ver todos los partidos. Obviamente no. Mi interés fundamental NO está en el Mundial. Desde el punto de vista patriótico me gustaría ver otras manifestaciones. Por ejemplo, sería interesante que los más jóvenes supieran qué se conmemora el 18 de mayo, el 19 de junio y  el 25 de agosto-por poner tres ejemplos importantes-. Observo con atención la “fiebre celeste” que se ha desatado con tanto frenesí. Comentamos los partidos, cómo son los jugadores de tal o cual país, cómo son sus banderas, sus uniformes, los árbitros, las canchas. En cada uno de nosotros- que seguimos siendo algo más de 3 millones de habitantes-, hay un técnico de fútbol –y por supuesto un político-con muchas ganas de mostrarle a todo el mundo el montón de conocimientos que tiene. Mientras estamos en eso, no nos preocupamos por otros problemas que están esperando soluciones.
 En el  Mundial del 50, apenas tenía cuatro años. Sé que fue de  un regocijo incontenible, y  tengo la idea de haber sido “trasladada” a 18 de Julio con una banderita-en ese entonces eran de papel- de Uruguay, sobre los hombros de Fredy-la pareja de mi madre- convertido en  un energúmeno que me decía: “-¡Gritá Uruguay, Viejucín, gritá Uruguay! “ Y yo gritaba y agitaba la banderita sin entender mucho lo que pasaba. Lo supe muchos años después.
Si quiere seducir use -también- ropa interior sexy y celeste

Ahora, en este Mundial 2014, con sesenta y ocho años de edad,  tengo a Forlán en un estante de mi biblioteca- en la figura de un muñequito-- y miro el partido-mudo- mientras tecleo estas reflexiones. Disfrute su fiebre celeste como más le guste, con su bandera, su  camiseta o su peluca. Pero, por favor, no deje de pensar.

 
Fiebre mundialista de banderas 

viernes, 6 de junio de 2014

¿ SOY CELESTE?

Euforia celeste en todos lados 
Terminó el carnaval de las elecciones internas, que nos dejó   para  elegir y votar a uno de  tres candidatos católicos. Así que si usted había pensado disfrutar de algún porrito de marihuana apúrese y fúmeselo -ya- ahora- porque cualquiera de los susodichos va a sacar urgentemente la ley que permitió el tal atropello (no le quepa duda de que  ese  será el calificativo.) También volará al diablo- por decirlo en culto- la tan llevada y traída  ley del aborto. Las mujeres volverán -gane quien gane-  a abortar con agujas de tejer o similares y seguirán muriendo las pobres- no las ricas, porque esas abortan en buenas clínicas con profesionales acordes a los honorarios que cobran-.)  Terminada entonces, esta primera parranda,  que generó grandes expectativas, opino sinceramente que miro y miro y no sé para qué lado agarrar. ¿Derecha, izquierda, centro- arriba, abajo- quizás? A esta altura del partido yo pienso que da lo mismo puesto que son tan similares los tres. Lo más probable es que los ciudadanos comunes tengamos que seguir mostrando que no, que no los queremos más, que se queden en la casa tomando mate, o en la estancia cabalgando raudos al viento y que dejen la política para políticos más jóvenes y diferentes, con otra cabeza, si es posible algún ateo o de otra creencia que respete a todas las otras-para variar ¿vio?- Y con alguna idea mejor que cagarnos a impuestazos  para sacar adelante a este bendito país. En las internas, hubo una cantidad importante de votos en blanco, no hace falta ser  un politólogo de esos que se equivocan una vez sí y otra también, para darse cuenta de que si alguien que no tenía obligación fue a votar en blanco- no a uno de los candidatos blancos, sino EN blanco, significa claramente que ninguno de los que había para votar estaba en la lista de sus preferencias.  Así nomás. No hay vuelta. Lo que sí parece es que va a haber vueltas en cuanto  a la publicidad y a cómo se las ingenian para sacarle el que “te conté” a la jeringa, esto es contestar con tino a las preguntas de nuestros avispadísimos entrevistadores. Y va a haber vueltas y más vueltas para elegir a los vices: ¿Irá Jorge Larrañaga- humillado y vencido- de segundo de Lacalle Pou? ¡Todo puede suceder en la dimensión desconocida!
Así que tenemos carnaval electoral para rato. Yo, de vez en cuando veo algún programa. A veces veo  Código País. Es un programa que está tardísimo pero luché por mantener los ojos abiertos porque iba a hablar Luis Alberto Aparicio Alejandro  Lacalle Pou. No es  broma. El hombre se llama así. Sus padres le pusieron cuatro nombres-quizás inspirados en García Márquez que usaba nombres por el estilo-, en Colombia se usan nombres inverosímiles-. Por las dudas lo pongo con todos los nombres porque quién sabe. A lo mejor lo preguntan en “Salven el millón”. Luis Alberto es fácil. Así se llaman sus antepasados. Aparicio- el tercero- también- es en honor al caudillo máximo del Partido Nacional. Alejandro no sé. Si alguien sabe que me informe. A mí me encanta saber. Luis Alberto Aparicio Alejandro, tiene  una fachada  simpática, campechana, dicharachera, bromea con su corta estatura, y con los entrevistadores. Y yo me contagio y escribo: “entre bueyes no hay cornada”. (Todos de derecha, él y los entrevistadores, no me cupo ninguna duda.) Supe que le dicen “Luisito” tanto sus amigos como sus detractores. Yo le escuché tanto ese apelativo a mi madre, y después a mi padre, cuando se referían a Luis Batlle que me parece que no lo voy a llamar así, primero porque aunque es pequeñito, no se vería nada bien que yo, que no  lo conozco personalmente, le llamara con un diminutivo. Además, el  “Luisito” con el que  mis padres  se referían a Luis Batlle era tan afectuoso que yo siento que sería más que un atrevimiento usarlo con otra persona del partido opositor, (aunque en los tiempos que corren los “opositores” ya no lo son tanto). Mejor llamarlo con sus dos apellidos: Lacalle Pou. Quedan bien aristocráticos. Como corresponde.
Del partido colorado tenemos como candidato a Juan Pedro Bordaberry Herrán. Grandote,-no creo que le digan Pedrito-  jugaba al rugby.  Todavía no lo he visto en ningún programa, pero no faltará oportunidad.
Por el Frente Amplio, el candidato es Tabaré Ramón Vázquez Rosas. Ya fue presidente desde 2005 a 2010. Es al que tengo más conocido. Incluso estudié alguno de sus discursos para ver qué decía y cómo lo decía. Creo que sigue en la misma línea. Últimamente lo vi vestido de amarillito. La Universidad de Salamanca le dio un  Doctorado Honoris Causa. Un comentario que hice en facebook llamó la atención y me pusieron: “ Mirá que el amarillo es el color de la Facultad de Medicina”. Sí. Claro. También es amarillo y negro el color de mi cuadro de fútbol: Peñarol, y el del Vaticano ¿no? -Me acuerdo muy bien de la banda amarilla que me gané alguna vez en Religión en la escuela de monjas-.
Los dos primeros se educaron en el British. El candidato del Frente Amplio, viene de familia obrera, como yo. Fue a la escuela pública. Tiene las mismas creencias religiosas que los otros dos. No vayan a pensar que a mí me molesta que tengan creencias religiosas. De ningún modo. Lo que sí me molesta es que traten de imponérselas a los otros, en un país que dice ser laico.
Dr. Tabaré Vázquez Dr. Honoris Causa de la Universidad de Salamanca. El color amarillo no es por  Peñarol ni por el Vaticano, sino por la Facultad de Medicina. 


 A las que fuimos y sufrimos colegio de monjas severísimas, donde teníamos que ir a misa sí o sí, y llevar una libretita firmada por el señor cura para marcar la asistencia. Sí señor, yo tenía que tener esa libretita al día firmada rigurosamente todos los domingos, y tenía que ir a misa con un misal, un rosario y un tul para cubrirme la cabeza. Nada de “sin mangas”, ni polleras cortas. Las niñas íbamos disfrazadas todas iguales. La mayoría con el serio uniforme escolar de pollera azul tableada “debajo de la rodilla” -aunque estuviéramos en jardinera-, blusa blanca, corbata azul y chaquetón  y boina azul.  Se preguntarán el motivo por el cual me mandaron a la escuela de monjas. La culpable fue mi madre.  La  causa  que esgrimía la tenía muy clara: se decía que “educaban mejor” y mi madre-oxímoron con piernas, divorciada de mi padre apenas nací- me mandaba a colegio de monjas para que  yo saliera lo mejor posible. Se había tomado muy  a pecho aquella frase de Artigas: “Sean los orientales tan ilustrados como valientes”. Por supuesto que esa educación privilegiada me duró hasta que se murió porque cuando mi padre me llevó a vivir con él y su nueva familia cantó otro gallo diferente. Nada de escuela de monjas, ni ballet ni piano sino a la  escuela pública, con varones por primera vez en mi vida- lo cual me encantó desde el principio-, guardapolvo blanco con moña azul. Terminé sexto año con el mismo chaquetón azul de la escuela de monjas, ya chico, ya corto, porque mi padre no iba a gastar ni un peso más en nada “superfluo”. Y para él había muchas cosas que eran superfluas. Pero no me quiero ir por las ramas.
Estaba con los tres candidatos que quedaron para elegir al futuro presidente del Uruguay. Qué quieren que les diga. No sé si quedarme con el hambre o con las ganas de comer. Honestamente, no sé para qué lado disparar. Lo más probable es que, como  no tengo “disciplina partidaria”-porque no soy de ningún partido-, vote  en blanco. Al menos, si somos muchos, se notará que no los queremos más. A ninguno. A uno por ser  archiconocido, y a los otros por ser el mismo perro con diferente collar.
Además de la zamba que nos dejaron para bailar con las elecciones presidenciales, se viene otro malambo. Bien zapateado. Y sí. Bien zapateado. Se llama Mundial de Fútbol y se hace en Brasil en pocos días. Todo el Uruguay se vistió de celeste. Ya entramos  en plena efervescencia. No hay comercio, ni supermercado, ni nada que escape a la música y al color celeste. Divino vistió con camisetas celestes a su personal.  Hasta el SPA donde voy a mover mi gordo esqueleto se vistió de celeste. Nada escapa a esta euforia.  Cansan a cualquiera, los políticos y los comentaristas de fútbol. Por igual.
Uno de los tantos chistes que circula por Internet sobre el Mundial 


El Mundial dura un mes, pero el  carnaval electoral seguirá. Todos prometen debates- aunque yo no sé sobre qué van a debatir si todos están “en la misma”-. Tendrán que elegir a  los vicepresidentes, pero no hay mucha expectativa al respecto ya que con unas pocas neuronas en funcionamiento que hagan sinapsis se puede “intuir” quiénes van a ser.  Ninguno solucionará  los problemas de la ciudadanía común  ni jugará como es debido . Entonces cabe preguntarse lo del título: ¿Soy celeste?