miércoles, 27 de mayo de 2015

"EL EXÓTICO HOTEL MARIGOLD PARA PERSONAS MAYORES Y ENCANTADORAS-DOS- "

Lillete Dubey como la Sra. Kapur y Richard Gere como Guy Chambers

Otro filme para regocijo de veteranos

“Es la clase de película que te da la respuesta perfecta para cuando tu madre o tu abuela te llaman y te preguntan ¿Qué podría ir a ver con las chicas después de nuestra partida semanal de canasta?”  Chris Nashawaty  Entertainment Weekly.


El 6 de diciembre de 2012 comenté la película “El exótico hotel Marigold”-  que había alquilado en el finado “Blockbuster”-. Fui  a ver la segunda, esta vez en el cine.  Fiel a mi consigna de siempre, no leí ninguna crítica. Simplemente confié-como hago habitualmente- en mi propio gusto. Si la primera había sido entretenida,-como ya comenté - suponía que la segunda no tendría motivo para no serlo. Por supuesto que no esperaba una película del estilo de Bergman- ni  la buscaba tampoco- En  esta etapa de la vida prefiero cine liviano; tanto como un amigovio libre,-condición indispensable- con todas las cualidades que ya enumeré en mi artículo anterior.  También, si es posible con la apariencia de Keanu Reeves, o,  puede ser ¿Por qué no? la de Richard Gere. Y si no es así: “A otra cosa, mariposa.”   La verdad, es que para sufrir, basta  la propia vida y  sus circunstancias. En lo posible, procuro   la felicidad, no las torturas psicológicas- que por otra parte acuden solas, sin que las convoque para nada-.
Fui al cine en una hora temprana que es más cómoda porque es menos concurrida. Cuando me habitué a la penumbra vi que  la mayoría éramos mujeres de edad provecta, algunas solas,  otras con amigas. Incluso, ya empezados los comerciales, “cayeron” unas cuantas más con bastones y mucha torpeza para ubicarse. Por supuesto que no me extrañó porque las de la tercera o cuarta edad, también tenemos derecho a que haya películas para disfrutar como gorrinos en un charco (la expresión la leí en algún artículo de Pérez-Reverte y me encantó-aclaro que los gorrinos son cerditos-). En esta nueva versión tenemos a  Sonny (Dev Patel)  llevando a cabo su sueño de expandir su hotel para “personas mayores y encantadoras”. Entre esas “personas mayores y encantadoras” está  el elegante y buen mozo  Richard Gere, encarnando al inspector Guy Chambers y, comiéndose la película.
Sobre su soberbia apariencia, puse un comentario en facebook que suscitó urticaria.  No era para tanto el alboroto. No me vengan con que no actúa como en otras películas, con que lo pusieron  para que llevara público de nuestra edad y que tal y cual. La película con él no precisa nada más. Se deja  ver-completa-, mientras se come  un buen envase grande o mediano, -según con quién vayas-  de pochoclo, pororó palomitas o pop corn- que  sustituyó a la docena de bizcochos de la panadería de la esquina del cine de barrio-,  mientras una disfruta la vista con el panorama- de la India y sus alrededores-
¿John Madeen no es Ingmar Bergman? ¡No! ¡Claro que no! ¡No necesita serlo! Yo ya  no veo más películas, ni hago nada que me provoque sufrimiento. Las pelis, las elijo- si me resulta posible- livianas,  solo de vez en cuando, me animo con algún drama, siempre y cuando tenga ganas de verlo, pero, en general, en los últimos tiempos me inclino por lo intrascendente. Y si es de mi edad y para mi edad, ¡mejor! Las ácidas- aunque risueñas- palabras de Chris Nashawaty,  con las que di comienzo a esta entrega- indican una visión estrecha de una persona que piensa que la vejez no le va a llegar nunca, y que si llega hay que consultar con alguien más joven para pedir  consejo sobre algún filme adecuado para ver con las “chicas”-(todas ellas “mayores” porque son las madres o las abuelas)  como que no hubiera criterio formado, o  derecho a seleccionar por una misma, a pensar, a desear,  a  jugar. No estoy de acuerdo. Envejecer es un arte. Se puede envejecer convirtiéndose en  una ácida persona imbancable, cargada de arrugas y de mal humor, o se puede envejecer como Richard Gere-que mantiene su figura, su porte y su encanto, hasta en el tono de la voz-.
Es una elección personal, que debe comenzar en primer lugar,  tomando distancia de los que nos dañan, esos torpes seres cuyas ondas negativas perturban cualquier buen espíritu, y sobre todo, tratando de mantener el buen humor, un propósito de vida, rodeados  de seres positivos, luminosos, jóvenes, cuya energía se nos contagie. Lo demás vendrá por añadidura.
Y a la película “El exótico Hotel Marigold -Dos-“si pasaron la cincuentena, mantienen el buen humor y les gusta Richard Gere,  vayan a verla. Si son jóvenes, absténganse. Hay otras especiales, de “rompe y raja” en cartelera  para ustedes.
       





Envejecer así es un arte 

      




domingo, 24 de mayo de 2015

LA COCINA


Mi delantal divertido 
En  los tiempos que corren, las mujeres se niegan cada vez más a las tareas culinarias. Aducen falta de tiempo o, el que tienen, lo dedican  a otras actividades.  Además, los hombres, quizás llevados por este nuevo tipo de mujer,  han pasado a participar  en las tareas del hogar que antes eran de exclusivo dominio de las mujeres. Y conste de que esto no me parece mal, simplemente que acuso el cambio. Por supuesto el hombre que cocina, le pone ganas y lo hace bien. Conozco algunos que son magníficos porque además de saber preparar delicias, dejan la cocina estupendamente limpia y ordenada. Las que han logrado tener hombres así a su lado,  se congratulan, por supuesto. Es realmente una bendición, sobre todo,  para las  que no pisan demasiado la cocina. Tanto es así, que ha sido tema de murga- y si la murga lo canta por algo será-.
Pongo un ejemplo:
En el año 2008, la murga uruguaya “La Margarita”, con un insuperable Diego Bello encarnando al personaje de Superman,-graciosamente agobiado por los quehaceres hogareños-  se refería a “su mujer” -Luisa Lane- de la siguiente manera:

-      “Esta es la mujer del siglo XXI, que conoce la cocina si le queda de paso pa’l baño”.

Efectivamente,  ya no es común que se considere como condición fundamental que una mujer sepa cocinar.
 Yo vengo de una familia-mejor expresado de varias familias,  porque están las biológicas y las adoptivas- donde las mujeres-todas- cocinaban y era una actividad que encaraban con alegría, porque  saber cocinar era muy bien visto. Para mi nona era una virtud insuperable. Cuando quería desprestigiar a alguna jovencita-candidata, decía poniendo cara de asco: “Es una desgraciada. No sabe hacer ni un huevo frito”. Y eso era de lo más denigrante. Podía ser una belleza, un genio en los estudios, o en el trabajo, pero si no cocinaba, la nona no la aceptaba por nada del mundo.
Esa nona es la misma que me enseñó el camino  para conquistar a un hombre: sexo, estómago, corazón. Y señalaba a las risas, las partes correspondientes. Según ella, no se llegaba al corazón, es decir no se llegaba a ser querida,- que es al fin y al cabo lo que toda mujer que se precie, desea,-  si no se cuidaba muy bien de desarrollar los dos primeros puntos. Yo me esmeré todo lo que pude. Hasta ahora. Pero, por lógica, ahora,  estoy más aplicada a  la cocina, un ámbito que se me dio siempre como natural  y exitoso, donde me siento contenta,  tanto como cuando escribo, que es-dicho sea de paso- también, otro de mis dichosos  ámbitos naturales.

Una delicia: Manjar del cielo con crema chantilly
 Mi cocina está equipada /preparada  para pasar muchas horas, ya sea escuchando música y  cocinando, comiendo, leyendo, o escribiendo. Me gusta que se sienta que  todo lo que dispuse, lo hice para agasajar. Ni más ni menos. Me moriría de tristeza con una pareja que fuera  una persona indiferente,  que no apreciara mis habilidades culinarias, que no le encantara bailar, que no le gustara la música o que no leyera. Cuando me preguntan cómo es mi  “hombre ideal” –además de contestar que ya lo tuve por muchísimos años- puedo enumerar medio entreveradas, las  cualidades que considero  imprescindibles: tierno, alegre, de buen carácter, o sea nada gruñón- con sentido del humor, buen bailarín, buen gourmet, buen espectador y viajero, buen lector, buen amante. Y si se parece a Keanu Reeves, ¡mejor! (¡Ah, sí!  Soy muy  exigente. No me conformaría con menos. Afuera se dice que “a la vaca vieja le gusta el pasto tierno”.)

Tapa de revista tomada de Internet. Todas las jóvenes
 se querrían casar con él

Al fin de cuentas,  me hace feliz cocinar. En esta edad avanzada donde Keanu Reeves (sí; además,  soy de ideas fijas)  no puede ser más que un  imposible objeto de  deseo, cocinar es una de las actividades alternativas que encuentro más placenteras y dentro de   la búsqueda de la felicidad, que es la única tendencia humana que nos ayuda a mantenernos vitales solo  si la sondeamos incansablemente. Por eso asistí  a un taller de cocina en Philomene Cafe. La Chef Mery Bernardi, es una chica  joven,  muy agradable y con mucha “cancha” para dirigirlo. Nos entregó a cada una de las participantes,- éramos ocho, un número ideal -  una carpeta con explicaciones, consejos, recetas, sugerencias y hasta un vocabulario básico. Me gustó mucho  que  pusiera el vocabulario porque no todas las personas saben exactamente que es un “apanado a la inglesa” o que es “desglasar” o que es un “roux”.
  Los  sencillos “finger food” – tampoco todo el mundo sabe qué son, por eso lo aclaro-: son los bocadillos para agarrar con los dedos- nos quedaron exquisitos.
En el taller de cocina. Foto tomada del facebook de la Chef Mery Bernardi
- que es la tercera desde la izquierda- 
Preparamos:
·         Snacks de pollo con cereales y romero, con crema de muzarella y lima
·         Brusquetas con crema de palta, queso Philadelfia y salmón crudo.
·         Camarones apanados con panko y salsa de soja subida de tono.
·         Frutillas con ganache de chocolate, almendras y amapola.
Brusquetas con queso Philadelfia, crema de palta y salmón
Foto tomada del facebook de Mery Bernardi 


Por supuesto que, al final,  degustamos todo con un buen vino Emilia.


La  esperanza es lo último que se pierde, y es otro fanal a seguir.  Quizás algún día, pueda sorprender a Keanu Reeves con alguna de mis delicias culinarias. Y bueno. ¡Algo es algo!















sábado, 9 de mayo de 2015

ELECCIONES

Acá voté las tres veces

Muchas cosas en la vida están basadas en las elecciones. Se elige una prenda de ropa,  un perfume, un apartamento, un auto, un amigovio, o un amante. Depende de las circunstancias. Lo malo es que no siempre lo que se elige da las satisfacciones esperadas.
La prenda de ropa, después de puesta sobre nuestro cuerpo, no luce como en el maniquí que vimos en la vidriera-evidentemente el maniquí era esbelto-.
El perfume que nos encantó cuando la vendedora nos puso una gota en la mano, después de pagado a precio de oro, diluye su aroma en un abrir y cerrar de ojos.
 El apartamento tiene humedades por todos  lados-nadie de la inmobiliaria  nos lo advirtió- el auto, no rinde el kilometraje esperado, el amigovio, exhibe excesivo interés por el fútbol y por su amado celular, y el amante es casado. No se puede quedar a dormir con una. Con lo lindo que sería poder  arrimarle los pies helados ahora que ya empezó el frío. Una verdadera pena. La política también. En Uruguay nos hemos pasado más de un año con elecciones. Las ofertas fueron de todos los colores y de todos los partidos. Nos avasallaron con la propaganda-usualmente denigrándose los unos a los otros-. Los predictores le erraron como a las peras, mal de los oídos, y también mal del olfato. No olieron nada de verdad. Ahora, nos tocó la última-creo- Después de mucha propaganda por unos y por otros: las elecciones para  las Intendencias departamentales. Más o menos todos prometen de lo  lindo-como usualmente lo hacen- pero luego de llegar al poder,  “a otra cosa, mariposa”. Si te he visto no me acuerdo.
En las elecciones presidenciales anduve a la caza fotográfica por las cercanías. Es una manera divertida de “tomarle el pulso a la república”-viejo dicho que se usaba hace años-.
Lo más llamativo que encontré, fue un cartel en una casa de abajo. Evidentemente se trataba de una propiedad horizontal, con distintos dueños o inquilinos. La de arriba lucía el cartel de la 71. La de abajo, un cartel de un “No a la baja”-impreso- con una leyenda  a mano que decía “Acá no votamos a la 71”. Y ya estaba todo dicho.
Acá NO votamos a la 71 

Arriba sí  votamos a la 71 

























Uno de los grandes problemas es la inseguridad. Pese a lo que dicen los políticos que detentan el poder, es muy difícil caminar por la calle, sin que un delincuente no te tire al piso con violencia  para robarte. Lo mismo si andás en el auto. Unos  niños que no levantan ni un metro del piso, mientras parás en el semáforo,  te rompen el vidrio del acompañante  para hurgar debajo del asiento-lugar privilegiado donde las mujeres meten las carteras- Una  de las pruebas de que la inseguridad  no es moco de pavo y va en aumento cada vez más, es la cantidad de rejas que hay colocadas por todos lados. Aquí tienen el quiosquito de Ellauri, y nada más y nada menos que la Iglesia de Punta Carretas, también enrejada. En el portal de la casa de Dios, se venían a dormir muchos “sin techo”,   y el  cura será muy piadoso pero puso coto.


La casa de Dios, también enrejada 


Quioskito Ellauri enrejado 

El reclamo de la población es general. Todos prometen que van a combatir la inseguridad. Lo cierto es que vamos de mal en peor.
La propaganda ha sido –y es- variopinta. Pero también es engañosa. En un “edificio de alta gama”-como se suelen apodar ahora- apenas había un solitario y triste cartel de la 15.

En un barrio de "alta gama" cartelito de la 15-uno solito nomás- 

Por la misma zona pude observar una placita-que estuvo abandonada durante mucho tiempo- que estaba siendo refaccionada. Es como una manera de decir: “¿Ven como la Intendencia colabora con los vecinos? ¡Miren qué linda que la estamos dejando!” 

En época de elecciones la IMM arregla la placita ¿Ven cómo trabajan para dejar divina la ciudad? 

Un lindo detalle fue el carnaval que se armó en la Rambla de Pocitos. Distintos partidos, distintas consignas, distintos colores, en la lucha por ganar el primer puesto. ¿Por qué no? Al principio parecía un sueño imposible. Ya no.

Carnaval de colores y de propuestas 

Dejé para lo último un toque de humor-no todo puede ser tan negativo-En una vidriera: se venden “salceras” y “Salcera”- El que escribió estos cartelitos, no se enteró de que la “salsa” además de ser un baile y una preparación gastronómica, va con “s” y-como rasgo de familia- el resto de las palabras que la aluden, también.

Se vende "salcera" ¿qué será? 

¡Hay de todo en la viña del Señor!
Y que nos siga asistiendo para seguir viviendo en esta ciudad, sean quienes sean los gobernantes de turno elegidos.





miércoles, 29 de abril de 2015

TAI CHI CHUAN UNA PRÁCTICA DIFERENTE

Figura de "Latigazo simple" practicada con mi instructor Andrés
Cuando enviudé, decidí que tenía que hacer algún ejercicio adecuado a mi edad. Nunca fui una gran deportista, por lo cual no podía aspirar a realizar lo que hacen otras que sí lo fueron o lo son- o luchan por seguirlo siendo-. Nada más alejado de mis propósitos hacer ejercicios violentos o de alto impacto para destrozarme la columna vertebral o el resto de los huesos de mi humanidad-.
Empecé a concurrir a un SPA- como modernamente se llaman los centros donde se imparten diferentes disciplinas y que-además- cuentan con un piso dedicado  a la posibilidad de “embellecerse” o darse un descanso con un buen masaje-.
Dentro de las disciplinas que se ofrecen, las que más me interesaron fueron las orientales porque  son las que se dedican no únicamente al aspecto físico, sino que también  abarcan a  lo que se puede denominar “espiritualidad”. Allí  se imparten dos: TAI CHI CHUAN y YOGA
Fui alguna vez a YOGA, pero me di cuenta casi enseguida que no era para mí. Nunca tuve contacto con esa disciplina. No pude hacer ni siquiera la llamada “postura de la vela”- mucho menos  “el saludo al sol”- ni aunque me lo hubiera pedido Keanu Reeves- aunque por él lo hubiera intentado por lo menos-. Decididamente me borré.

Sarva anga asana o postura de la vela. (Imagen tomada de Internet)
Imposible para mí, ni siquiera por Keanu Reeves la lograría hacer bien

Al principio, fui a alguna de las clases de “danza”, pero también eran demasiado “pesadas” para mi edad y físico. Supuestamente son “para toda edad”, pero no es así. Este año,  empezó un instructor con bastante buena onda, con el que hacíamos al final de la clase, una coreografía, y, -más o menos- algo  nos salía. Pero no vino más. Después mandaron  a una  joven suplente dinámica y aeróbica que vino a “movernos”, hasta que finalmente  llegó un bailarín de “bayé”- delgado y flexible como un junco, con un bombachudo de colores, el pelo ídem, rapado a los costados- y con una dinámica que  únicamente las más ágiles y jóvenes pueden seguir a la perfección. Yo no.
Decididamente empecé y  seguí con  TAI CHI. Las clases son más temprano, pero no me importa madrugar un poco para llegar a tiempo. Concurro tres veces por semana.

De la misma manera que para disfrutar de los viajes se necesita un buen guía que lleve la excursión por el mejor camino, se precisa para esta disciplina un competente preceptor que contemple las necesidades de todos, y, al mismo tiempo, que tenga en cuenta las individuales. Felizmente, Andrés, el  nuestro, tiene la enorme virtud,  de una  paciencia infinita para  poder contemplar a todos y a cada uno de los participantes de su clase. De otra manera, no se podría continuar aprendiendo todos los días un poquitito más. Con él sí se puede y por eso se le aprecia.
Pese a mi aspecto de  torcaza, esta figura se llama "La grulla blanca extiende sus alas" 

 Paulatinamente voy aprendiendo las figuras y logro completar la forma  dieciséis  que es la primera que aprendemos. Por supuesto que siempre se puede perfeccionar a medida que se practica, pero al menos ya la puedo  hacer sin mayores dificultades.
Felizmente, el TAI CHI  no se practica a lo bestia. Entre sus peculiaridades,  es bueno saber que no  hay que descalzarse, ni se aplaude al final. Tiene un saludo que nuestro instructor nos enseñó, pero es tan calmo y armonioso como la misma disciplina. Sus movimientos son pausados y rítmicos, precisamente para estimular y beneficiar la coordinación y el equilibrio mental y físico.  Es un  arte que no beneficia únicamente lo corporal, sino también lo emocional, y promueve la concentración- porque para lograr hacer los ejercicios repetitivos hay que concentrarse sí o sí-. Después de un tiempo prudencial de práctica, se nota que la mente, la imaginación, es decir “la loca de la casa” se aquieta. Se puede llegar  desde el exterior con todas las revoluciones a tope, pero al rato de estar haciendo los movimientos pautados se nota una “entrada o participación” en un entorno  más pacífico y más amable que el que nos rodeaba al llegar.
Es un arte marcial interno que no persigue el objetivo de agredir al contrario, sino que aprovecha  su fuerza sin atacarlo salvajemente. Los movimientos-como indiqué al principio- son suaves, pero no hay que  engañarse;  esa suavidad también puede producir en el otro una caída al piso. De todos modos, el principio fundamental está en moverse con suavidad, con armonía, sin tensión, en estado relajado y de manera pausada.
Lógicamente tiene efectos terapéuticos reconocidos ya que contribuye  al fortalecimiento de los huesos, la regulación del sistema circulatorio, nervioso e inmunológico y a la relajación muscular, pero también contribuye al bienestar espiritual.
Cada forma comporta una serie de movimientos encadenados que deben realizarse en un determinado orden. Es particularmente sugestiva y poética la denominación que reciben, a veces, aludiendo a distintos animales: “la grulla blanca extiende sus alas”, “acariciar las crines del caballo salvaje”, “rechazar al mono”,  “domar al tigre”.
Para contribuir a la relajación necesaria, las piernas se deben doblar o encoger  como si fuéramos a atravesar un túnel que es más bajo que nuestra altura y tuviéramos que pasar por él, inclinándonos para no golpearnos la cabeza. Al principio, cuesta. No es la forma en la que caminamos habitualmente, pero después de un tiempo de hacerlo, notamos que nuestra postura normal mejora notablemente, y, al hacerlo en forma regular y sin tensiones, lo dotamos de  naturalidad.
Como todo en la vida, el TAI CHI no resulta atractivo para todas las personas.  Las que son muy dinámicas prefieren los ejercicios aeróbicos con los cuales quedan jadeantes, con la lengua de afuera, y  al borde de la extenuación. Para mí, en cambio,  es uno de los adiestramientos que  puedo realizar, y  siento que día a día lo voy “puliendo”- con la ayuda invalorable de Andrés-, a medida que  yo también me perfecciono,  porque  me hace mucho bien, incluso para la autoestima.  Por eso, lo recomiendo efusivamente.


La genial Maitena tiene muy claro los objetivos de la gimnasia 


miércoles, 15 de abril de 2015

DESCUBRIENDO A MATISSE

Con recortes:  dos de las famosas "mujeres azules"(Imagen tomada de Internet)  
Henri Matisse con sus recortes- Una de sus obras de arte- (Imágenes tomadas de Internet)
Hoy de mañana ya estaba pronta para ir al SPA cuando alguien me contactó por Internet y chateamos un rato. El otro lo precisaba y yo no suelo dejar a los que quiero en el suelo, debatiéndose inútilmente por alguna pena. Así que el diálogo duró lo suficiente como para perder la clase de gimnasia y después –al salir de la rutina- dedicarme a otros menesteres propios del hogar, como hacer mandados y cocinar.
Mientras hacía lo posible por hacer los mandados con calma,- sin llevarme, ni dejarme llevar por los carritos de cuanta enajenada circula haciendo las compras matutinas-, el pensamiento inconsciente- ese que Cortázar ponderaba tanto- me regresó a la tarde anterior. Una amiga había ganado en una trivia un par de entradas para ir a ver Matisse  y me localizó para invitarme. Como todos saben, el celular lo uso mudo. Es una manera muy práctica y efectiva de combatir la adicción al aparatejo.   Pero, en lugar de eso, lo que sí hago un par de veces al día, es revisar los mensajes  escritos, o de facebook. Allí estaba esta amiga-desde temprano-comentándome alegremente su triunfo para compartirlo conmigo. Y acepté. Sin muchas expectativas porque de Henri Matisse no sabía mucho. Más bien casi nada. Recordaba sí, algún cuadro famoso por sus colores, pero no mucho más. La película forma parte de un ciclo que se llama “Del Museo a la Pantalla” y consiste en un recorrido por exposiciones de los grandes museos llevadas al cine. Pero no es únicamente un frío recorrido, sino que reúne elementos para  acceder a  la vida y a la obra del artista en forma amena, con un equipo de técnicos que van desde los curadores y expertos que ilustran sobre las técnicas empleadas, informan sobre qué influencias ha tenido el artista para llevar a cabo su obra y, brindan testimonios de los que aún quedan con vida y pueden aportar sus opiniones.

Henri Matisse haciéndole mimos a su gato (Imagen tomada de Internet)


 Realmente me llevé una enormísima e inesperada sorpresa. Esos cuadros famosos de su última etapa de vida, ya anciano, con más de ochenta años, cuando ya estaba  postrado y muy enfermo, los hizo con pedazos de papel pintados, no directamente en la tela, sino que son recortes  que iba haciendo y que sus asistentes iban colocando a medida que recibían sus indicaciones. Es una obra prodigiosa. Nadie podría pensar que estando tan enfermo, podía hacer una obra tan luminosa y llena de vida. Pero la hizo. Lo que prueba una vez más que el arte, resplandece aún en las más perversas circunstancias y que es  un motivo para aferrarse con pasión a la vida.

Obra de Matisse (Imagen tomada de Internet)


 Salimos fascinadas. Y fue ese embeleso el que me llevó a escribir esta nota que cierro con un pensamiento de Matisse que me gustó mucho:


“Sueño con un arte de equilibrio, de tranquilidad, sin tema que inquiete o preocupe, algo así como un lenitivo, un calmante cerebral parecido a un buen sillón.”




                                              

domingo, 5 de abril de 2015

F I E S T A S

La primera vivienda propia. (A mano izquierda.)Luce la chapa que le pusieron a mi marido nuestros queridos vecinos de abajo. Los de la fiesta inolvidable.

“Para mí la fiesta es ante todo una ardiente apoteosis del presente, frente a la inquietud del porvenir; un tranquilo desarrollo de los días felices no suscita la fiesta: pero si en el seno de la desgracia renace la esperanza, si uno vuelve a encontrar el enganche con el mundo, y con el tiempo, entonces el instante se pone a arder, uno puede encerrarse y consumirse con él: es fiesta. El horizonte, a lo lejos, sigue siempre nublado, las amenazas se mezclan a las promesas y por eso toda fiesta es patética: afronta esa ambigüedad y no la esquiva. Fiestas nocturnas de los amores nacientes, fiestas en masa de los días de victoria: hay siempre un gusto mortal en el fondo de las embriagueces vivas, pero la muerte, durante un rato fulgurante, queda reducida a nada.”    Simone de Beauvoir   “La Plenitud de la Vida”


Simone de Beauvoir estuvo muy acertada cuando definió la fiesta como “una ardiente apoteosis del presente, frente a la inquietud de porvenir”.  En todas las comarcas hay fiestas de diferentes clases y motivos, pero todas gozan de esa calidad de lo “efímero”- porque se nos escapa el presente,-que es lo único que tenemos-  como agüita entre los dedos y hay que disfrutarlo. Ya fue definido hace siglos como “carpe diem”- “disfrutar o agarrar el día”- porque el mañana es ambiguo. Siempre sentí, desde muy pequeña esa calidad de “pasajera” que tiene toda festividad, por lo cual si bien disfrutaba de la que fuera, al mismo tiempo, experimentaba- y aún me pasa- una especie de melancolía por lo que el tiempo irreparable se lleva, por eso, también sentí-como Simone de Beauvoir- que toda fiesta es patética.

Viví muchas y diferentes fiestas. Unas más agradables que otras; siempre con ese “sentir” de  pasajera. En mi niñez, me gustaban las de cumpleaños- porque me daban coca-cola-  no era común que hubiera todos los días- y porque había cosas ricas para comer que no eran las habituales. Tenía una prima a la que le “preparaban” vestidos para las botellitas- eran pequeñas- y decoraban la mesa hasta que una banda de niños la asaltaba. Las tortas que preparaban para el evento de ese pergenio que cumplía seis o siete años también eran fabulosas. Las que me hacían a mí eran más modestas, pero nunca faltaban   los sándwiches y  alfajores caseros, un postre Chajá que traía un pariente, y una torta de cumpleaños de varios pisos, obra maestra de mi tía y madrina.

El exquisito  y clásico: "Postre Chajá" (Imagen tomada de Internet)

 Otras festividades- que no me interesaban tanto- se relacionaban con los festejos tradicionales. Lo que se comía en esas fechas-  verano  en Uruguay-, correspondía más bien a los países europeos: turrón, fruta abrillantada, pan dulce, budín inglés-y-como comida principal, asado de vaca, de cordero, o lechón-bien adobado y hecho en el horno de la panadería- Todo de gran cantidad de calorías- y nada que me llamara poderosamente la atención.
Una parrillada típica -imagen tomada de Internet -

En las casas donde viví se celebraban las fiestas comiendo, bebiendo, y bailando. En la casa de mis tíos, donde frecuentemente se hacían distintas fiestas, la música la producía  un aparato “modernísimo”- para la época- que se llamaba “combinado”. Era un enorme mamotreto, al que se le podían poner hasta doce discos “long play”- y era todo lo automático que se podía pedir: se terminaba un disco y caía el siguiente. Constituía la envidia del vecindario. No todos podían tener uno igual.
El famoso "combinado" de los tíos era algo así. También tenía radio, por supuesto. Toda una modernidad.
          (Foto tomada de Internet)


 Se preparaban las delicias más inusitadas. Y se disfrutaba compartiendo lo que se hacía. Cada uno traía lo suyo y competía con lo que había traído otro pariente. Y había que comer sí o sí  un pedacito de cada cosa para que todo el mundo quedara contento.

Los deliciosos alfajores de maicena- rellenos de dulce de leche y "embadurnados" con coco rallado 

Recuerdo que mi tía nos decía: “¡Pero no me comieron nada!” – y prácticamente no podíamos ni movernos por todo lo que habíamos ingerido.
Desfilaron otras: de bodas, de carnaval,  de bailes, de bautizos, de inicio de vacaciones, de final de exámenes. Las mejores fueron improvisadas. Hubo  una en particular, que  quedó profundamente grabada en mi alma: cuando mi marido salvó su último examen y se  convirtió en “Doctor en Derecho y Ciencias Sociales”- título por el cual luchó con denuedo-.
En la década del ochenta del siglo pasado, no teníamos teléfono fijo;  existía el drama de que en la zona donde vivíamos no había “bornes”- nunca supe exactamente qué eran-, pero constituía un inconveniente que  nos impedía tener teléfono propio. Tampoco existían los celulares. Él iba a pasar por la Facultad antes de entrar a trabajar, y yo lo tenía que llamar para saber el resultado. Vivíamos en El  Prado, en  uno de los apartamentos de  una propiedad horizontal de tres unidades. En la casa de abajo, residía una familia que nos quería mucho y seguía día a día nuestros avatares estudiantiles. Allí fui a llamar,  después de mediodía, antes de la siesta- tratando de molestar lo menos posible-. En la casa, estaban la señora- mi queridísima Beba- y la suegra, Doña Paulina. Absolutamente pendientes de mi llamada. Cuando les comuniqué  que había salvado el último examen, las dos mujeres bailaban, saltaban, lloraban, me abrazaban y “decretaron” que esa noche tendríamos una fiesta para celebrarlo. Fue la mejor que tuve en mi vida. Teníamos una botella de whisky, ellos trajeron otra, había coca-cola- de las grandes- y Carlos trajo sándwiches, y  masitas.
Recuerdo que Doña Paulina, que tenía más de ochenta años, subió la escalera  de mi apartamento, con una agilidad inusitada. Fue una velada extraordinaria. Conversamos hasta por los codos. En el ambiente se sentían las chispas de la felicidad. Se había alcanzado una meta que- pobres como éramos- nos había parecido un sueño imposible. Esa noche, lo sentíamos hecho realidad. La alegría se expandió con todos sus colores.  Efímera, por supuesto, como es siempre la alegría,  pero absolutamente insuperable.




lunes, 23 de marzo de 2015

" GOLF"

Uno de los nuevos edificios con el consabido aditamento: "GOLF" 
Hoy  voy a dedicar esta  crónica a mi barrio, Punta Carretas. Ya puedo emplear el posesivo después de veinte años de residir en él.  Casi siempre lo hago para  comentar algo sobre su transformación. Esta vez también. Lamento ser reiterativa, pero no puedo dejar de escribir sobre lo que siento. Claro que se está transformando. Para bien o para mal.
Caleta del ¡GOLF! ¡Por supuesto! ¡A no reventarse mucho el bocho! 



 Cada vez caen más casas y aparecen- como  hongos- los nuevos galpones comerciales-enormes, con techos de zinc- o los edificios de apartamentos. No importa dónde estén situados. Puede ser enfrente al “Golf” o  a unas cuadras, pero la creatividad de los que ponen los nombres no se ha extremado para nada.

Todavía no está terminado, pero ya luce su "GOLF" y la palabra Boulevard"- Se puede escribir "Bulevar", pero -o no saben que se puede escribir así o no les pareció suficientemente "fino" -

  A cualquier nombre se le agrega ”golf”-como un epíteto o algo similar- Y si la palabra “golf” no va adosada de una u otra manera- su nombre- igual, de todas maneras, alude al “golf”. Por ejemplo “Hoyo 19”-así se llama un edificio- los que juegan al golf sabrán porqué- yo no-

A ver golfistas: ¿ Por qué "Hoyo 19"? ¿Es el de la suerte? 

Otro edificio semi-terminado en Solano García y Bulevar Artígas se llamará “Tee Tower”. Busqué el significado de “tee- porque no lo sabía-, y  está también relacionado con el golf: es el soporte donde se apoya la pelota de golf.

"Tee Tower"- ya saben porqué- pero siempre en relación al  "GOLF"

La única que creo que  no lleva ninguna alusión al golf es la boutique erótica que pusieron en Solano García, casi Bulevar.
¡Ya saben!  Si se animan,  el barrio "GOLF"-Porque en cualquier momento cambia de nombre-  -"de alta gama"-
¡ Tiene de todo! 


 Es curioso. Cuando yo era joven, no  había ninguna tendencia a disfrazarse de enfermera, o de maestra o de caperucita roja, o de cenicienta para ser sexy.  Usábamos  la ropa interior en tonos pasteles: celeste, rosado, amarillito…. Las muy osadas se atrevían con algo negro o rojo. Tampoco dejaba de ser siniestramente provocativa la ropa interior blanca con terminaciones de puntillas, crochet o festones. Los últimos, estratégicamente colocados, eran infartantes. Usé ligas y portaligas- pero porque eran comunes ya que las medias cancán  vinieron después-.  Hoy me paré a mirar la vidriera de la boutique. Hay una cantidad de juguetes cuya finalidad adivino pero no conozco, porque  el único juguete sexual –para mí-  fue siempre un hombre que me gustara, y, por supuesto, que “supiera abrir la puerta para ir a jugar”. O sea, un buen amante-con tiempo para dedicarse y dedicarme-. Querendón, afectuoso, tierno. Y más nada. La pura verdad.
No pude quedarme mucho rato  curioseando la vidriera porque se me paró al lado un veterano con cara de picarón. Pero le saqué fotos desde la vereda de enfrente.
Así que ya saben. Si quieren venirse a vivir a este barrio “de alta gama”-como rezan los comerciales de promoción- sepan que vendrán a un barrio que pasó  de  residencial, a  “de servicios”. Tendrán de todo-menos tranquilidad y silencio- : hoteles- a propósito el de al lado se llama- ¡por supuesto! “Regency GOLF”- restaurantes, cafeterías, comercios de todo tipo, peluquerías, salones de té. Y bueno. También tienen la boutique erótica. Si se animan, se pueden venir a comprar algún chichito. Después me cuentan.

No me creían que el hotel de al lado- el que me tiene loca con los ruidos en la azotea- también se llama "GOLF"
¡Aquí lo tienen!