lunes, 27 de agosto de 2012

ALTURAS DE MACHU PICCHU VIAJE DE DOS AMIGAS AL PERÚ

(…)
A través de la tierra juntad todos
los silenciosos labios derramados
y desde el fondo habladme toda esta larga noche
como si yo estuviera con vosotros anclado,
contadme todo, cadena a cadena,
eslabón a eslabón, y paso a paso,
afilad los cuchillos que guardasteis,
ponedlos en mi pecho y en mi mano,
como un río de rayos amarillos,
como un río de tigres enterrados,
y dejadme llorar, horas, días, años,
edades ciegas, siglos estelares.
Dadme el silencio, el agua, la esperanza.
Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.
Apegadme los cuerpos como imanes.
Acudid a mis venas y a mi boca.
Hablad por mis palabras y mi sangre.
Pablo Neruda
  
Paisaje de Machu Picchu tomado por mi amiga
  

Empecé esta crónica con el final del poema que Pablo Neruda tituló “Alturas de Machu Picchu”, porque se puede apreciar muy claramente un llamado a los enigmáticos seres que habitaron este espacio para que  conviertan al poeta en su confidente para poder unirse a ellos a través de llanto, las palabras y la sangre.
Mi amiga y yo también queríamos llegar a Machu Picchu. Quizás no teníamos  tanto fervor como Neruda, pero sí nos alentaba el deseo de observar las huellas que quedaban de esta civilización que fue tan magnífica y soberana.
 En una primera instancia  pensamos en uno de esos célebres “viajes acompañados” que promocionan algunas agencias turísticas, entre ellas  Cisplatina- la agencia del conocido conductor de “Los viajes del 12”: Julio Alonso-. Evidentemente, pensamos que sería mucho mejor ir acompañadas porque sabíamos que eran parajes altos y posiblemente inhóspitos para nuestras edades que  no eran precisamente las ideales para tamaña aventura. Lamentablemente no pudo ser porque no  hubo suficientes personas para armar un grupo. En cambio, la agencia nos ofreció un paquete más sencillo que el que originalmente promocionaban y nos aseguraron que tendríamos el respaldo y los servicios necesarios para movilizarnos. La compañía Pacífico Viajes, se encargaría de irnos a buscar a los aeropuertos, nos llevarían a los hoteles asignados y, además, nos transportarían a los paseos pautados en un itinerario.
La compañía de aviación no sería Lan Chile-como se promocionaba en el “viaje acompañado”- sino TACA. Nos volvimos a consultar mutua y modernamente por skype y decidimos tirarnos al agua. Valientemente y sin dilaciones.
Al llegar a Lima la incógnita se despejó: nos estaban esperando con un cartel con nuestro nombre y nos llevaron al hotel asignado. Nos sorprendió que no hubiera toallas de mano,  cuando las reclamamos nos ofrecieron otra toalla grande. Parece ser que están en plan de cuidado ambiental y “ahorran” de esa manera. Cada loco con su tema. Fue el único hotel que tuvimos con esa modalidad.
Después de descansar un rato vinieron a buscarnos para el paseo por Lima. Al tratar de mandar mensajes a familiares y amigos, comprobé que pese a la hora de espera y consulta  que pasé en Antel Punta Carretas,  y de las promesas efectuadas, el celular no funcionó de ninguna manera.

Estatua "El Beso" en Lima

 Lima nos pareció una ciudad hermosa y sorprendente. El hotel “sin toallas de mano” estaba muy bien ubicado, lo que nos permitió ir caminando al mercado Inca, que resultó ser una serie de negocios, uno al lado del otro donde venden de todo.  Almorzamos frente al mar  en Mango’s un precioso restaurante recomendado por la guía que nos paseó. Está en un Shopping frente al mar. Después de las dos de la tarde nos vinieron a buscar para llevarnos al aeropuerto con rumbo a Cusco. El hotel de Cusco también estaba bien ubicado, descansamos un par de horas para aclimatarnos y salimos a recorrer los alrededores por nuestra cuenta. Enfrente teníamos un hermosísimo mercado artesanal donde pasamos alrededor de 3 horas. Después de las dos de la tarde nos vinieron a buscar para pasearnos por Cusco. También fue una ciudad que nos sorprendió gratamente. El mercado de San Pedro nos pareció impresionante, abastece a toda la ciudad y hay de todo. Frutas deliciosas, panes espectaculares, y, por supuesto, muchas clases de papas.
Al día siguiente fuimos desde  Cusco a Machu Picchu en el tren Vista Dome. Es un tren panorámico con servicio a bordo. El trayecto dura alrededor de tres horas y el paisaje es realmente espectacular.
Rafael, "el guía bueno" dándonos explicaciones

EN MACHU PICCHU
Machu Picchu tiene  una magia especial, pero esa magia se me perdió  con el horror del “turismo estándar”. Lamentablemente, el guía que nos tocó no tuvo ni paciencia ni tolerancia. Si le preguntábamos algo  para corroborar información, nos contestaba algo así como: “como ya les dije anteriormente…..”(Lo cual en criollo significa: “ya te lo dije, no me molestes más”.) Se paraba en alguno de los lugares, daba una breve explicación y corría hacia otro lo más  rápidamente posible. Quería “cumplir” pero no sentía ningún placer ni estaba orgulloso  de hacerlo. A mí me costó muchísimo seguirlo porque obviamente Machu Picchu es “en subida”, con unos escalones muy altos y empinados. Hubo algunos momentos en los cuales subí gateando, aterrorizada porque sentía que me separaba del grupo y me  podía perder. El lugar es muy vasto y estaba colmado de  grupos y más grupos con diferentes guías. Incluso pensé en desistir porque tuve taquicardia y experimenté un  cansancio atroz. Felizmente, un joven tejano que apareció como un angel guardían, se dio cuenta de mi  zozobra, me ofreció ayuda en inglés. La acepté, porque aunque trataba de ascender por mis propios medios, no me daba el resuello. En cambio, con el remolque del fornido chiquilín, todo fue mucho más fácil. El guía seguía corriendo por allá arriba, y mi amiga, más ágil que yo aunque también con la lengua de afuera había logrado subir y estaba tomando fotos. En un recodo del camino, le grité al guía que fuera más despacio. Ni siquiera me contestó. Una lástima porque era el lugar que más me interesaba. Después me enteré de que en la entrada a Machu Picchu vendían bastones para aquellas personas que los necesitaran para subir con más facilidad. Él no nos informó de nada. Esa información me la dio una señora mayor de otra excursión. Siempre afirmo- y ahora más que nunca- que en  este  masivo turismo estándar dependemos absolutamente  de la buena voluntad de los que nos llevan.
Allá abajo: Cusco

  El único almuerzo bufé que llevábamos en el itinerario, en Machu Picchu, no  fue para nada placentero. Estábamos excesivamente  cansadas y preocupadas ya  que el guía-que estaba ansioso por volver a Cusco con el resto del grupo- nos dejó solas con unas pocas explicaciones dadas de cualquier modo y con un mapita para ubicar el hotel en Aguas Calientes. Estaba tan exhausta y me llegaba tan poco oxígeno, que quedé más bobeta de lo que soy habitualmente,-lo cual ya es decir- por lo cual, dejé  en una silla del restaurante Tinkuy  la cámara de fotos Canon Power Shot A 480 -último regalo de mi esposo- con todas las fotos que había tomado. Realmente: no le  recomiendo a nadie ni que  almuerce en las  pésimas condiciones físicas y anímicas que yo tenía en ese momento, ni que lo haga después del ascenso y el descenso. No es de ninguna manera recomendable para personas de nuestra edad.
El guía, sin ninguna contemplación y muy suelto de cuerpo, me dijo que si no estaba conforme que me quejara en el formulario de evaluación. Yo ya sé que no  sirve de nada quejarse de la prestación de un servicio que no se cumplió según lo pautado y que nos quitó el placer de disfrutar del lugar que más nos interesaba conocer. Lo mal hecho, mal hecho queda.  Para colmo de males, para volver de Machu Picchu a Aguas Calientes, totalmente exhaustas, tuvimos que hacer cola y discutir para subir a uno de los ómnibus. Los turistas que estaban amparados por sus guías, subían “en grupo” antes que nosotras que estábamos solas. Discutí con más de un guía para que respetara nuestro derecho en la fila. Al final, a grito pelado,  lo logré. Fue en el ómnibus que me di cuenta de que me faltaba la cámara, que debía estar –y no estaba-colgada de mi cuello junto con el morral y los lentes. Cuando llegamos a Aguas Calientes, no sabíamos dónde quedaba el hotel Taypicala. Preguntamos a una vendedora  y nos dijo que lo encontraríamos al final de la cuesta. La remontamos penosamente dobladas por el cansancio haciendo constantes paradas para respirar hondo. Finalmente, llegamos.
  Allí llamé de inmediato a la compañía Pacífico Viajes. Me atendió con cordialidad un señor llamado Dante que me dijo que iría personalmente hasta el restaurante. Obviamente la camarita no apareció. Dejé mis ruegos a los dioses  para que maldigan al que la encontró y no la devolvió. ¿Cumplirán? ¡Veremos! La vida da muchísimas vueltas y nunca se sabe con certeza por dónde nos llevan los laberintos de sus caminos.
En Aguas Calientes, había muchos restaurantes, pero estábamos “harto cansadas” como decía una simpática viajera chilena y nos quedamos a cenar en el hotel. Pese a que en la puerta tenían el anuncio de VISA no me aceptaron la tarjeta de crédito. Yo no tenía suficientes soles y le di dólares. El joven-gentilmente- fue al cambio y me trajo 250 soles por 100 dólares. Le di 140 soles para saldar la cena, con la correspondiente propina. Es más que probable que en algún restaurante hubiera podido pagar bastante menos, pero el cansancio pudo más que la cordura.
El hotel Taypicala  de Aguas Calientes es agradable pero le falta mantenimiento. El agua de la bañera no desagotaba, las paredes mostraban indicios de humedad-probablemente por problemas con los caños- Sin embargo, el personal fue  amable y eso nos reconfortó.
Frente al hotel  Taypicala

Un detalle importante:
La salida del hotel Taypicala de Aguas Calientes, estaba pautada para las 9 de la mañana, demasiado temprano- porque la vuelta en el tren panorámico era a las 14.50-. Pregunté si podía pagar un adicional para quedarnos hasta las 12 y me contestaron que sí. Me cobraron 30 dólares.
Es importante que  la agencia de viajes tenga en cuenta la posibilidad de un late check in  como se hace en otras partes del mundo. El viajero que no lo quiera o no lo necesite, santo y muy bueno, pero el que sí lo requiera que lo tenga a su disposición. Sobre todo porque  para las  personas mayores es muy difícil quedarse sin habitación desde tan temprano. Al menos ese fue mi caso. Asegurado el adicional, compré otra cámara, paseamos por el pueblo, saqué varias fotos y después de remontar nuevamente la cuesta, dejamos el hotel  para ir a la  estación de trenes, cruzando de nuevo el tentador mercado artesanal.

DE NUEVO EN CUSCO
El hotel Eco In de Cusco es muy bonito  y está bien mantenido.  Desde  allí hicimos otro paseo al Parque Arqueológico. Visitamos Sacsayhuaman, el adoratorio incaico de Quenco, la atalaya de Puca Pucará y Tambomachay.
El guía que nos acompañó esta vez en Cusco, Rafael, me resultó tan simpático como Claudio, el guía colla del Norte Argentino. Nos explicó todo con infinita paciencia. Nos habló del sincretismo, reconociéndose a sí mismo como un representante del pueblo quechua. Las costumbres que nos comentó son similares a las de los collas. Los quechuas también veneran a la Pacha Mama. La reconocen como la madre que da origen a la vida y “la convidan” con comida y bebida-al igual que los collas y otros pueblos originarios-. El sincretismo también se aprecia en las imágenes religiosas cuyos detalles muestran la cultura andina. Los quechuas se las ingeniaron para seguir con sus creencias y tradiciones a pesar de la represión que impusieron los españoles que trataron a toda costa de “borrar” sus creencias ancestrales. Rafael fue el mejor guía, estaba muy convencido de lo que informaba, fue por lejos el  más paciente, el que no se alteraba jamás por ninguna pregunta. Con su amabilidad natural contestó las mismas preguntas a las mismas dudas sin perder jamás su natural  y blanca sonrisa y la luminosidad de la mirada.
 ¡Gracias Rafael de “Viajes Pacífico”!
Almorzamos, por consejo de Rafael en el restaurante “La Valentina”. En la tarde libre, descansamos porque la altura de Cusco no es moco de pavo y la estábamos sintiendo.
Un detalle encantador: la campana en la estación de tren


Vista del aeropuerto ya con ansias de regreso
 El regreso
El día de la partida, nos levantamos bien temprano, nos bañamos, desayunamos, y dormimos otro rato más. Nos quedamos –esta vez- en la habitación hasta las 10.30 sin pagar ningún suplemento. Así había quedado estipulado con   el que nos dejó el mensaje el día anterior, pese a que la recepcionista también pretendía sacarnos de la habitación a las 9. Vinieron a buscarnos a las 12.50 para llevarnos al aeropuerto a las 13.15. Pude  cambiar asientos dentro de lo posible en el aeropuerto de Cusco. Los mejores nos los dieron para el viaje corto. Son los considerados asientos “privilegiados”: inmediatamente después de la primera clase; 4b y 4c.  Despegamos  a las 15.15. El capitán Jordi Paulet dijo que el vuelo llevaría una hora. El bolso de mano viajó en primera (por algo se empieza...) A las 16.30 ya estábamos “desembarcadas”, a las 17 ya habíamos encontrado un lindo lugar en el bar Del aeropuerto de Lima, con una buena vista a la entrada. Allí esperamos leyendo y tomando cafecito nuestro ya ansiadísimo regreso a Montevideo.

Líneas Aéreas TACA
 TACA, la compañía de aviación, merece un apartado especial. Los aviones en los cuales viajamos son los “ómnibus del aire”. Tienen personal muy amable y un excelente servicio de a bordo. Nos dieron un “snack” en el vuelo corto y comida en el más largo. Todo de muy buena calidad y gusto. En realidad me sorprendió el buen servicio porque yo había consultado en Internet y los comentarios que leí no eran halagüeños. En el último vuelo de Lima a Montevideo,  nos dieron a elegir entre pollo guisado y pasta con salsa huancaína. Elegimos la pasta por la curiosidad de saborear una salsa que no conocíamos. En broma, Josefina le dijo al aeromozo que después de tan rica cena, nos vendría de perlas una copa de champagne. Él le contestó muy serio que vería si la podía complacer. Al rato apareció con las dos copas de champagne. Se las agradecimos efusivamente. Después de tan fina atención, ¡hasta pudimos dormir un par de horas!
AGENCIA DE VIAJES CISPLATINA
Otro apartado especial lo merece la agencia de viajes Cisplatina que fue la que organizó todo el periplo. César de Castro estuvo atento a mis pedidos y los trató de complacer en la medida de sus posibilidades. Actuó con mucha dedicación por lo cual se puede recomendar para otros paseos. Simplemente, habrá que ajustar detalles que podrán salir mejor si se tienen en cuenta las necesidades de los viajeros.
Hasta la próxima.



martes, 21 de agosto de 2012

Otro bastión que se fue: la Conaprole de Pocitos

El último bastión cerrado : La Conaprole de Pocitos, pintarrajeada-como corresponde- por vándalos
Estuve afuera unos cuantos días, “perdí” –por decirlo de alguna manera-  mi querida camarita de fotos Canon Power Shot A 480- último regalo de mi esposo-  en un restaurante de las alturas-Invoqué a las deidades incas para que castiguen al que no la devolvió- quiérase o no, es un robo también quedarse con algo ajeno, sobre todo si está lleno de recuerdos- pero aquí estoy tecleando y preparando esta entrega para el blog con las fotos que me quedaron en el archivo.
El tema de hoy es tan melancólico como el día: el cierre de otro estupendo bastión. Ahora que estamos cerca de la tan promocionada “Noche de la nostalgia” o “Noche de los recuerdos” o como se la quiera llamar,  ¿quién no recuerda haber pasado algún buen momento en la hoy ya cerrada “Conaprole de Pocitos”? ¿Quién no festejó algún cumple o acontecimiento especial,  tomando uno de sus deliciosos tragos acompañado de una cantidad inconmensurable de platitos repletos de delicias, frías primero y calientes después? ¿Quién no almorzó o cenó o tomó el té en sus estupendas instalaciones atendido por unos mozos “a la antigua” en cuanto a buen servicio y cordialidad? ¿Quién no disfrutó de un buen “gateau”  de chocolate o de durazno o frutillas con chantilly mientras miraba la playa de Pocitos? Yo creo que cada uno de nosotros guarda algún recuerdo de este emblemático lugar. Yo no sé el motivo por el cual cerró. Tampoco hago un “juicio” sobre el particular, pero sí lamento muchísimo que estos bastiones netamente uruguayos desaparezcan en aras de otros que no son nuestros como los tantos “comipasos” de hamburguesas y coca cola que nos han inundado absolutamente. En Montevideo ya no queda ningún refugio como la Conaprole. Todo lo que existe en la actualidad son bares, restaurantes  o negocios “funcionales” donde se puede comer o beber pero sin la atención de calidad que se brindaba allí.
Interior desolado de la Conaprole de Pocitos
Recuerdo otros lugares similares también desaparecidos: “Payaso”- en la Galería Yaguarón- ;“Sokos”- en 18 y Yi,- en el mismo lugar donde era la Conaprole “original”- y ahora desapareció el último: La Conaprole de Pocitos. No queda-lo vuelvo a repetir- ningún  lugar que brinde la dedicada y cordial atención sumada a la excelencia de la mercadería siempre fresca, siempre suculenta, siempre perfectamente presentada. ¿Un Montevideo gastronómico  que se va? ¿Era únicamente “gastronómico”? ¿No formaba  parte de nosotros, los uruguayos?
Imágenes de un pasado que se fue
¡Dios mío! ¿Qué “otro” Montevideo lo sustituirá?