viernes, 27 de diciembre de 2013

DE LA DEPRESIÓN NAVIDEÑA

Jóvenes y felices, en Río de Janeiro,  - 1996-
Existir, existe. Y por eso, los suicidios se  dan con mayor asiduidad. Explotan los dolores, el no saber qué hacer con la soledad, la tristeza, el cansancio.
Son épocas- también- de pegarle un tiro al perro del vecino –ese que ladra escandalosamente durante todo el año- o agarrar del cogote al mismo vecino. La verdad es que hace años que le tenemos ganas. Este es un buen día para ahorcarlo. De la misma manera que en las crónicas policiales aparece algún comentario en que se comunica que “por cuestiones del momento” en tal o cual hogar, un cuñado le pegó un tiro al otro o mató a su mejor amigo y cosas así de edificantes. Los conflictos estallan ahora. Esos que se llevan soterrados durante años y años y que “afloran” en Navidad o –a más tardar- a fin de año. No se sabe el motivo. Pero hay que estar preparados para estas eventualidades de la vida.
En mi caso, he pasado por todos los matices: desde el familión  de grandes mesas tendidas presididas por las dos abus adoptivas- la del Norte de Italia- del Trieste, Teresa,- circunspecta con su pañuelo negro anudado en la nuca, y su eterno pollerón gris-, y la nona Lucía, la del Sur, alegre y vivaracha, la  que me enseñó cómo y qué tenía que saber y hacer para conquistar a un hombre. ¿Se acuerdan, no? Por las dudas lo reitero. Primero había que conquistar acá-señalaba el bajo vientre- después  acá- señalaba el estómago y después llegás acá- señalaba el corazón-. Yo, por eso, aprendí a cocinar. Lo único que se le escapó a la nona,  es cómo había que hacer para llegar al corazón de un tipo que come por inercia, y al cual ningún manjar le llama la atención. Que también los hay. Eso no me lo enseñó.  La nona Lucía sabía mucho pero no todo. Teresa asistía a las reuniones en forma callada y después de las doce se retiraba dando un beso a cada uno. La otra no se retiraba nada y bailaba hasta el amanecer con sus hijos, con sus yernos, con nosotros,  o sola, si no encontraba a nadie que le llevara el apunte. En las navidades de mi niñez estaban todos sanos y vivos, las  madres eran jóvenes, también había padres, - y si no estaban los padres estaban las parejas de las madres  que “oficiaban” también como padres-; había tíos, primos, vecinos. Nadie cerraba la puerta de calle con llave, y el que quería “pasaba” a saludar y a comer un pedazo de lechón o cordero y a  tomarse alguna que otra virundela más de las que ya llevaba alegremente encima.
Después vino la etapa del “reparto”.
Ya casada, teníamos que “repartirnos” entre la parentela. Cada una reclamaba al suyo, por un lado, los míos. Había que ir una de las fiestas a pasar con ellos, sí o sí. Y la Navidad sí o sí era para pasar con mis suegros. La Navidad es tradicionalmente considerada “El día de la familia” y por eso, hay que repartirse entre las familias que nos han querido como si fuéramos propios. Mis suegros me adoraban. No creo que haya habido otra nuera más querida que yo. Pero además, el cumpleaños de mi esposo era en Navidad. Motivo más que sobrado para que pasáramos con sus padres. Mis suegros eran un par de santos, nunca nos reclamaban nada, pero nosotros sabíamos que les gustaba tener al hijo en ese día para agasajarlo y darle su regalo de cumpleaños navideño. Mi suegra contaba por quincuagésima vez que había tenido que salir de apuro para el sanatorio de Las Piedras,   porque al niño se le había ocurrido llegar –nada más y nada menos- que  en ese día festivo y miraba amorosamente al hijo que agachaba la cabeza como avergonzado por haberle causado ese contratiempo-justamente a ellos dos  que eran religiosos  evangelistas-. Para salir del paso, Carlos-hijo- decía que nunca le dieron   DOS regalos: uno por la Navidad y otro por el cumpleaños-.
Esa etapa se canceló cuando se nos fueron los viejos. Los míos y los de él. Entonces iniciamos la etapa de “pasar con amigos”. Durante unos cuantos años también nos repartimos porque lógicamente teníamos distintas amistades.
Pero empezaron a irse los amigos. Algunos a vivir a otros países, otros dejaron este mundo. Hace poco más de dos años, mi esposo se enfermó y en unos pocos meses también se me fue.
El tema de hoy  era “la depresión navideña” –pues bien- creo que tengo motivos de sobra para estar triste y melancólica, pero  me  aferro con uñas y dientes a todas las técnicas que me han enseñado para no caer en la depresión. Por esa razón me quedo en casa y paso sola. Cocino-como siempre lo hice- y ceno sin demasiado trámite. Felizmente, siempre hay alguien que me manda mensajes estimulantes. Así recibí el de “mi angelito” del cursillo de “El arte de vivir” que hice-con muy poca convicción- al poco tiempo de fallecer mi esposo. Se llama Loreley. No nos vemos desde la época del cursillo, pero seguimos vinculadas amistosamente. Vaya una a saber porqué nos resultamos “queribles” la una a la otra. Y como Loreley “sabe” me acercó su abrazo virtual. No me dijo “Feliz Navidad”  sino “me acuerdo siempre de ti”. Y me hizo mucho bien.
Cada tanto, aparece algún texto que me reafirma en mis convicciones. Esta vez fue uno de Caetano Veloso. Y es este. Lo copié de su facebook:
"Passei o dia e a noite pensando em minha mãe. O dia de Natal passou a ser também o dia em que ela morreu. Nunca imaginei que fosse achar tão difícil aceitar que ela tenha morrido. Era uma grande alegria tê-la viva. Claro que alegra também saber que ela viveu bonito por tanto tempo e morreu bonito num 25 de dezembro. Mas o mundo tem me parecido, desde então, muito pior. Infelizmente não sei rezar como ela chegou a saber. Talvez tenha aprendido (principalmente com ela) que reconhecer a beleza da vida é uma maneira de rezar. Hoje, no dia de Natal, sinto como é difícil reencontrar a beleza. Não temos, no entanto - e muito menos eu que sou filho dela - o direito de abandonar a festa. A festa de tudo o que há, que é o ue significa o jeito como ela habitou este mundo. Ela pôde dizer que a ideia de um Natal feliz resiste a toda tristeza. O mais justo com sua memória é acertar a ser feliz", Caetano Veloso.
En sus palabras se percibe el intenso dolor provocado por la muerte de su madre en la pasada Navidad, el asombro de no tenerla más entre los vivos,-eso tan terrible de la ausencia, de saber que no estará nunca más- y al mismo tiempo saber que “vivió bonito” y que “murió bonito” también ese 25 de diciembre. Lo más emotivo es el  reconocimiento de la belleza de la vida que, para ella, era, una manera de rezar. Él como su digno hijo- no tiene derecho a “abandonar la fiesta”. 
A los muertos queridos los honramos siguiendo del lado de acá como a ellos les hubiera gustado que lo hiciéramos. Yo también trato de creer lo mismo. Quizás sea cierto eso de que “una Navidad feliz, resiste a toda tristeza”. Por eso, él procura- en su honor,  en su memoria, como homenaje- seguir siendo feliz.
A mí me sostiene  el recuerdo de navidades felices- no el de la creencia religiosa porque no la tengo- pero sí tengo el convencimiento cada vez más acendrado de que únicamente contamos con el presente. Hay que aprovecharlo. No está mal  tener en cuenta el “carpe diem”. Por eso, para no hundirnos, sigamos celebrando la fiesta de la vida. Que es al fin y  al cabo, nada más que un ratito.


martes, 24 de diciembre de 2013

DEL SÚPER Y OTRAS YERBAS SIMILARES

Mi despensita salvadora 
Ahora que se aprobó el uso de la marihuana  en mi país, el título me quedó precioso. Algo es algo.
Me imagino que no es ninguna novedad comentar que  en estos días el alza de los precios en todo lo que se refiere a comestibles y bebestibles arranca alaridos insoportables y  dolorosos tirones de pelo.
Mi tarjeta de crédito tiembla cada vez que va al súper y mi monedero solloza de pavor cada vez que va a la feria. No importa que una lleve adecuadamente una lista de lo que precisa para la semana y que haga un enorme esfuerzo por hacer quincenalmente un “surtidito” de lo no perecedero para que cuando llegan esas fechas límites (límite del cierre de la tarjeta, límite de los pesos, límite de las ganas, en fin límite de todo tipo) haya en la despensita algunas vituallas que sirvan para aguantar hasta  fin de mes y sobrepasar los “días tristes, derrotados, sin fe”. No. Nada frena la inflación que se genera con las tradicionales.
Como buena boluda dejé el súper y la feria para hoy. Sé que no debí hacerlo porque el 24 de diciembre se genera una especie de hecatombe provocada por la idea de que como ”todo se cierra en Navidad”, se va a acabar el mundo si nos llega a faltar una media docenita de huevos o una latita de atún. Nadie atina a pensar que si no hay seis huevos, quizás hayan quedado dos y con eso más un poco de leche, “se estira” la preparación que sea, y si no hay una  latita de atún, quizás quede una de paté que a los efectos de rellenar tomates más o menos lo mismo da. No señor. Vamos al súper y nos desplazamos con el consabido carrito  esquivando ruedazos y a los reponedores de productos que se ponen bien  en el medio de los pasillos ayudando a la obstaculización correspondiente y mirándonos como si fuéramos marcianos cuando luchamos para poder pasar. La actitud que llevamos es de alerta-para que no nos pasen por arriba- y al mismo tiempo, aire sonámbulo, mientras por el celular consultamos con parientes y amigos para ver cuántos vienen, y que no importa, dale,  que venga el Fulanito nomás que no lo tragamos mucho, pero que igual, por hoy,- que venga-  y si pasan con nosotros o “con los otros” que van a hacer algo similar pero NUNCA como lo que nosotros preparamos con tantísimo esmero.
Lo primero es el carrito. La lucha por el carrito. Yo llegué primero y le metí mano, acto seguido otra vieja, manoteó el mismo carrito. Pero no se lo dejé, lo defendí a capa y espada, como la mejor mosquetera uruguaya.
En el súper no faltaba nadie. Desde la vieja histérica que avanzaba enérgicamente golpeando con el carrito a cuanta canilla se le ponía a tiro, hasta la señora con  carrito y DOS mellizos que TAMBIÉN quería pasar por el mismo pasillo que la vieja histérica. El duelo fue singular. La vieja avanzó y quedó varada por la inhóspita mirada de la madre ofendida que metió primero el carro con sus dos bebotes y después atacó con el de la compra. La vieja se fue al mazo. No tuvo más remedio que retroceder, pero lo hizo mientras me golpeaba a mí con todas las fuerzas de su puta humanidad. Yo me defendí con hidalguía para no ser avasallada del todo y la frené con  un espectacular carrazo. No me sirvió de nada. Por atrás recibí el ataque de un nono  baboso que me empujaba el queteconté con una pícara sonrisa de galán retirado. Zigzagueando, llegué hasta la góndola de ferretería-donde me dijeron que estaban las bolsas plásticas para guardar la ropa de invierno después de lavada y acondicionada-. Las encontré. No muy caras del todo y me traje dos para las frazadas que se están secando después de un buen lavado. Hecha la compra después era “coser y cantar”-como decía mi nona Lucía, aunque a mí lo único que me resultaba fácil era “cantar” porque lo de “coser” nunca me salió bien-. Pero en fin. Supuestamente ese dicho de alguna manera significa que lo que sigue es de trámite sencillo. No señor. Nada de eso. Las colas en las “cajas rápidas” daban la vuelta al súper y toda la gente las hacía con cara de orto-que ya se sabe cómo es ¿no?: gesto adusto como de estar oliendo mierda, la mirada fría clavada en algo que no se sabe lo que es pero está adelante, brazos totalmente apoyados en la manija del carro, con gestos de impaciencia como abrir los brazos, patear en el suelo y bufar. Si es posible, simultáneamente. Y de vez en cuando un buen improperio.
No me quedaron ganas de ir a la feria. Gasté toda mi energía en el súper. 
Ingredientes obtenidos para el puré rústico después de la cruel lucha por el poder 

¿Verdulería? La del Disco nomás. Un calabacín y unas berenjenas para hacer un “puré rústico” (tenés cada ocurrencia, Alfa, que para qué te cuento…)
Llegar a la caja, pagar, y salir es otra historia. Por ahora, quédense con esta. Felices fiestas, querubines. Que Dios los proteja del consumismo y de los esperpentos armados con carritos.





domingo, 22 de diciembre de 2013

EN CAFÉ TRIBUNALES

El trío dinámico 
En estos días que corren nos reunimos con las amistades. No es fácil organizarnos para vernos todas; por eso esta vez en el grupo falta una. De todas maneras charlamos más de dos horas con las mismas ganas del primer reencuentro después de tanto tiempo transcurrido.
Han proliferado los boliches por el Centro-lugar al cual no voy muy seguido-. Vi que se promocionaba nuevamente el antiguo café “ANDORRA”  que para hacer honor a su origen y nombre ofrece tapas.
Nosotras elegimos  el Café Tribunales, emplazado en el antiguo edificio de La Onda.- Kilómetro Cero de Montevideo- Por si no lo saben: “La Onda” era una compañía de transporte que durante muchos años recorrió el país. Sus ómnibus tenían la característica de exhibir en sus costados la figura de un galgo. Recuerdo melancólicamente mis viajes a Treinta y Tres-los pagos de mi padre- cuando él me “embarcaba” y me “despachaba” durante las vacaciones  para que me recibieran allá los familiares.
ómnibus de "La ONDA" 

Pero volviendo al tema, el Café Tribunales es hermoso. Tiene un “aire” parisino.  Las amigas tomaron unos jugos, yo me pedí un mojito que tenía un exquisito gusto mentolado. Los sándwiches también estaban ricos. Lo único lamentable fue que una de nosotras tenía que irse y no logramos que vinieran a cobrarnos.
Una visión del Café Tribunales


Pero ya se sabe, cuesta cambiar el ritmo. La joven que nos atendió se fue. Había un solo empleado atendiendo mesas con muchas personas. Todas demandantes. Finalmente, la que tenía que irse fue a la caja y solucionó el inconveniente.
Ya tenemos otro lugar elegido para la próxima. ¿Verdad que sí? ¿La seguimos?


viernes, 13 de diciembre de 2013

LAS INTENSAS REFLEXIONES DE TESSA GARCÍA

Una excelente  y cuidada recopilación 
SALIERON  en su segundo libro “Cómo conseguir un novio en un súper paso por paso y otras reflexiones intensas de un ama de casa.”
Título “garciamarquezco” a tono con Colombia.
La presentación fue el jueves 12 de diciembre de 2013, en un lugar más  cozy  que el Lawn Tennis Club. La presentadora fue Adela Dubra,  que lo hizo en su clásico  e impecable estilo, -tan impecable como ella que estaba vestida como para un coctel-. (Tessa: ¿Le preguntaste como hace para estar tan pero tan flaca? Ya sé que lo genético ayuda, pero ALGO más debe hacer.) El tono fue descontracturado acorde  con el lugar que fue el Bar Lola, en Maldonado y Blanes-.

Adela Dubra en la estupenda presentación del libro 

Este segundo libro es una  selección de artículos del blog (les llaman post pero esta pendevieja prefiere usar términos modernos “salpicados” nomás.) Es una muy buena selección de los más hilarantes y urticantes artículos escritos por Tessa. Las  instrucciones para “pescar” novio en el súper- eso sí, no vayan a cualquier súper, porque se desarrolla todo en el chic  Tienda Inglesa de Carrasco, como no podía ser de otra manera- son muy risueñas.  Tessa no se ha dado aún  una vuelta   por el Disco de Punta Carretas, donde campean los turistas de ojotas y camisetas sudadas  que miran con ojos de huevo duro los altos precios de los productos.
Todos los artículos son descacharrantes. Recomiendo tres: “Como hacer feliz a tu marido”-con  el apunte de un sabio consejo de Moria Casán- “Guía para llevarse bien con los uruguayos” y “Apuntes sobre la vulva”. Después me cuentan.
En la presentación, insistí en mi canariez y efectivamente fui la primera en llegar. Aún estaban preparando los petates. Aunque alguien se afanaba en persuadirme para que trepara a las alturas por una sinuosa escalerita, me senté en la primera fila. Le había prometido a Tessa que  esta segunda vez, NO iría de vaqueros,  y que llevaría acompañante para compartir champagne y bocadillos, pero a último momento, después de probar y probar pantalones que me disimularan las excesivas redondeces,  insistí con el vaquero  flexible y adaptado, solo que lo maticé con un blazer negro  para disimular mi terrajez. Tampoco  llevé acompañante y en cuanto aparecieron las copas y las exquisiteces huí cual gacela temerosa- también estoy a dieta, muriéndome de hambre para ver si bajo algún kilo, Tessa-.

Y aquí tenemos a Tessa con toda su simpatía desbordante

Tessa: estabas estupenda, con tu pelo curly  toda tú,  natural, joven,  dinámica y desbordante. Te diría que te parecías  a Constanza Moreira, con el pelo rizado, alborotado -pero limpio, sin crecimiento y sin el vestido arrugado- Logré preguntarte cómo habías logrado estar en línea y me contestaste algo así como que no habías comido en una semana. ¡Te felicito, darling!
Vuelvo a desearte un éxito rotundo- esta vez con ventas suficientes como para que te dé para el viaje a París-.

Tenés-vuelvo a afirmarlo sin lugar a dudas- un excelente futuro en tu carrera literaria.

martes, 10 de diciembre de 2013

ADULTA MAYOR RECIBIDA

¡Gracias, Fernando Botero!
A raíz del comentario que hizo mi amiga Mabel en Facebook  vuelvo a escribir otra vez sobre la  “adulta mayor” o de  la “tercera edad”. Mabel se dio cuenta de esto en un avión cuando un “azafato” le cambió el refrigerio por otro más “blando”- Evidentemente, no sabía si ella y el esposo, tenían los dientes necesarios como para comer “cosas duras”. –Ella que tiene un excelente sentido del humor se divirtió con la ocurrencia, mientras el azorado “azafato” cambiaba de colores por la vergüenza.
A mí me “cayó la ficha”-ya lo saben- cuando fui a renovar la cédula  porque  cuando me la entregaron me di cuenta de que al ser mayor de sesenta años, aparecía el rótulo de “sin vencimiento”. Es decir, que ya se suponía  -como decía el Cuque Sclavo-que  “me quedaban pocos cortes de pelo”. ..
Me di cuenta de que mi  antiguo esbelto cuerpo había cambiado  -y también lo conté- cuando vi en una TV de control del Shopping a “una gorda que tenía un buzo igual al mío”. Demás está decir –para mi gran consternación-que “la gorda con el buzo igual a mío” era yo misma.
En la cotidianidad se van sucediendo hechos que nos distinguen como “adultos mayores”: ya no nos tutean como antes en los comercios, o, en su defecto, el tratamiento oscila entre el voseo y el “ustedeo”. La semana pasada me sucedió otro episodio del “azoramiento del cisne entre los charcos”-dijera Rubén Darío- : una joven se levantó de su asiento en el ómnibus y me lo ofreció. ¡No se asusten! ¡No era una uruguaya sino una extranjera! Me lo ofreció con un gesto, yo le di las gracias- un poco desolada no lo niego- Después la oí hablando con otro pasajero en un idioma desconocido. No me volvió el alma al cuerpo pero me “situó”.
Cuando salgo con el auto, usualmente me caen varias fichas juntas.
Algún apurado me “pide paso” a bocinazos  o me larga algún  “¡vieja de mierda”!  En general no respondo nada, verifico por el retrovisor y sin decirle ningún improperio, le dejo paso al maleducado. Pienso siempre que por más  prisa que tenga en ese momento,  nada ni nadie lo va a salvar de la muerte- “la  gran igualadora” de multitudes-. Hace unos días, mientras “peludeaba” para  estacionar mi auto, en un espacio pequeño cerca del Shopping, una tipa- que iba de acompañante- me gritó: - “Che, pelotuda: ¿por qué no te tomás un taxi?” Ese día me agarró revirada y le grité: “-¿Por qué no me prestás a tu gordi para que me lo estacione?” Al  hombre le divirtió mi exclamación, se bajó de su auto, se aproximó  con una gran sonrisa amistosa, me preguntó si realmente quería ayuda, le dije que sí,  y me lo estacionó en un periquete mientras la mujer seguía vociferando. Terminada la exitosa maniobra, lo agarré de un brazo, y le di un beso. Me dijo emocionado: “¡Bueno, no es para tanto!” Le contesté también a las risas: -“¡Sacale un poco  las ínfulas a la enana que llevás al lado!”- Se fue riéndose a carcajadas. Ignoro si le dijo a la malhumorada o “mal ya se sabe qué”, lo que le comenté a lo último.
Estas anécdotas nos sitúan en una triste realidad. A nadie le gusta encanecer, envejecer, engordar, echar panza, tener varículas y arrugarse. Pero indefectiblemente, son hechos que nos van ocurriendo a medida que pasan los años. En esta sociedad que ha hecho que la delgadez y la juventud sean considerados valores prioritarios tenemos una gran cantidad de personas-tanto hombres como mujeres- que se someten a  consultas con especialistas que los torturan con unas crueles dietas de hambre  a los efectos de mantenerse dentro de  un ideal de belleza que dista una enormidad del que  nuestros tipos genéticos nos deparan.

¿Por qué no? 

Fui joven y despreocupada, tuve mis medidas acordes a mi juventud y he ido envejeciendo casi sin darme cuenta. Sin embargo, con estos 68 que se me tiraron encima,  me vino una especie de desazón que antes no había sentido. Pueden influir varios factores: la balanza se va inclinando hacia los 70; no tengo más a mi tierno esposo que me quiso siempre como era o como iba siendo; e-indudablemente-  la vida se pianta y se siente que queda menos hilo en el carretel. Todos esos factores pueden estar influyendo. De todos modos,  tengo claras algunas cosas: no me voy a dejar ningunear. La verdad es que nunca me dejé ningunear. Cuando entré a trabajar al UAS más de un alma podrida me anunció que no podría permanecer trabajando allí más que como suplente, porque mi inglés “no era perfecto”. El inglés lo mejoré con cursos pero más que nada en la práctica con mis colegas americanos que no hablaban español. Cuando  la Directora se fue a Europa a perfeccionar sus estudios me dejó   de Subdirectora de Secundaria. Terminé como Profesora-Coordinadora del Departamento de Español  y me retiré después de trabajar-con bastante éxito-  veinte años en la institución.  Por eso lo que afirmo, lo afirmo con conocimiento de causa. Es necesario alejarse de las personas con mala vibra  que no nos dan apoyo o que no confían en nuestras capacidades. Debemos afirmar criterios propios sobre gustos, vestimentas, cortes de pelo, kilos acumulados y demás. Los intentos de manipulación pondrán a prueba nuestra capacidad de resiliencia. Si así lo queremos, defendamos nuestro derecho a “tener panza”. Ya lo dije, pero parece que no se entendió: forma parte de nuestro sello genético; si un buen día después de recibir una crítica cruel,  nos la miramos al espejo y nos ponemos a llorar,  es el momento más adecuado para colocarnos  un lindo “piercing”  de plata en el ombligo y empezar a  mostrarla. Con orgullo.
Si otros quieren mantenerse delgaditos y esbeltos  pensando que así tendrán más aceptación o que le van a ganar a la huesuda, allá ellos. Yo estoy luchando para recibirme de “adulta mayor”. Si es posible, “con diploma de honor”. Me lo merezco.
Suculento plato casero: pesceto mechado ¿Nos negamos este placer? ¿ Por qué? 

 Recordemos que debemos ser apreciados, valorados o queridos-en lo posible queridos-  por lo que somos -intrínsecamente-  y  no por las medidas tales o cuales del cuerpo. La sesentena es la edad ideal para permitir que todos los colores de la vida nos invadan aceptándolos y aceptándonos. Cada gordi tendrá su Botero. Mi padre tenía un dicho que me viene al pelo para terminar estas reflexiones: “Siempre se encuentra un roto para un descosido”.






lunes, 2 de diciembre de 2013

¡"CÓMO SE PIANTA LA VIDA"!

Antes de "soplar" la velita 
No sé  si es un número apropiado para la quiniela. Para el Cinco de Oro, no lo es, ya que el máximo que lleva es el 44. Lo que sí sé es que el número de años que cumplí  indica  una considerable edad. A medida que transcurren los años, la balanza se va inclinando  hacia  el uso de la palabrota que se endilga en las crónicas policiales cuando una ancianita es  asaltada en la calle por algún delincuente:
“Septuagenaria  resultó con múltiples heridas cuando….”
También “sexagenaria” es otra palabrota, pero  permite juguetear  con el significado por ese comienzo que tiene de “sexa”. (Piensen lo que quieran nomás.) Incluso se ha retozado  convirtiéndola en “sexalente” -bautizando así a las personas que, atravesando los sesenta  no abandonan la cancha, ni el ruedo y siguen haciendo de todo, y con un poco de maña,  hasta son capaces de conseguirse un “peor-es-nada”- (Fíjense ustedes qué  “detalle” tan sutil.)
Yo fui vadeando las décadas imperceptiblemente, aceptando años, kilos  y demás implementos adyacentes.  Hasta la mitad de la sesentena-palabra que la RAE no registra aunque sí tiene “sesentón” y “sesentona”-   tuve a mi compañero de ruta siempre amorosamente atento a mi lado. Ahora ya no. Cada década me fue trayendo nuevos desafíos, nuevas vallas que saltar, nuevos horizontes para descubrir. Esta me deparó la mayor de las congojas y  un agudo sinsabor inesperado. Un puñal en pleno pecho. Igual me  esfuerzo por seguir en la cancha. Algunos días con más presencia de ánimo que otros. Hay parientes y  amistades más o menos colindantes que apuntalan cuando algo se va a caer.
Con las más cercanas nos conocemos desde la  juventud aunque a veces  sus  conductas me parezcan un tanto desconcertantes. Por ejemplo, pirulos más pirulos menos, rondábamos una edad similar, pero algunas, -no todas, vale aclararlo- parapetadas con  una buena situación económica, decidieron  “parar” el transcurso del tiempo. Lo primero que hicieron fue mentir sobre el año de nacimiento. En facebook, si bien el día  y el mes coinciden, el año se ha corrido absolutamente “para adelante”. Ninguna ni remotamente dice haber nacido en las décadas del 40 o 50 del siglo pasado, y, por ese “detalle”, ahora, resultan mucho más “jóvenes” que yo.  A eso se suma que  dos por tres se  someten a exhaustivos tratamientos  y están más horas en la clínica de rejuvenecimiento, que en la casa.  Usan los cabellos largos –a la moda de hace treinta años atrás, como el  personaje de Antonio Gasalla: Soledad Dolores Solari-; se han “planchado” las arrugas faciales; se “achinaron” los ojos con los estiramientos y las bocas, - antes pequeñas- han tomado un relieve descomunal. Y, por supuesto, se  han hecho lipos, se han operado las várices o se han quemado las varículas, se han quitado costillas para reducir el abdomen y se han  colocado prótesis mamarias. Las excusas son de todo tipo: “Eran muy chicas, eran muy grandes, estaban muy caídas”. “Ernesto ya  ni me toca, es más joven que yo, tengo que estar impecable”.  Las explicaciones son dignas de  mutantes   de ciencia ficción. A  ninguna se le ocurrió pensar que si el marido, el amigovio, o el amante joven de turno “no las toca más”, es porque ellas dejaron de usar el antiquísimo arte de la seducción y sus  múltiples facetas. De nada sirven  las tetas de silicona si no se mima con verdadera unción,  al bombón de sus desvelos al que hay que hacerlo sentir sí o sí como un príncipe o como un jeque árabe.  Tampoco se les ha ocurrido emplear la “seducción estomacal” -que propiciaba mi nona Lucía-, porque decididamente, no saben cocinar y de esa manera ignoran un arte que puede ser tan fascinante como el tantra.
No pongo en duda de que hay  “caballeros que las prefieren flacas”. Pero también están-por suerte- los que  las prefieren “a la antigua usanza”-como sostiene Arturo Pérez Reverte en uno de sus artículos: “Mujeres como las de antes”. Ahí está el susodicho, con su amigo Javier Marías, que “mira con su radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip- bip”. Primero contemplan a una   “torda espectacular” pero “ordinaria” –aunque no lo sepa- como dice uno de ellos,  y luego a una “marmota dominguera” que  tiene buen porte pero no colma las expectativas de ambos mirones. ¿Cuál es el defecto de la joven? Carece de elegancia. No sabe andar sobre tacones. ¿Qué tipo de mujer  prefieren estos “chavales a la antigua”? Las del tipo de  Sophia Loren- que tenía lo suyo bien  redondito  por todos lados- impecablemente vestidas, con sus tacos aguja, y “medias con costura” dice Javier Marías, -y yo lo adivino cayéndosele la baba- (¿Ven por qué digo que a estas amigas que se hicieron de todo para retener a sus galanes se olvidaron-nada  más y nada menos- que  de usar el antiquísimo arte de la seducción? ¡Medias  de nylon “con raya atrás”!- recuerdo que  mi madre las usaba porque decía que “afinaban las piernas”.) Yo les cuento aquí-confidencialmente-  que a mí me parece que a Ernestito-el joven  amigovio de mi flaquísima  y siliconada amiga-,  le gustan más bien las rellenas,  a juzgar por  el brillo de los ojitos cuando le  mira el redondo trasero  a la entrenadora de hidrogimnasia  enfundado en una calza justísima y translúcida que deja adivinar TODO.
Indudablemente soy partidaria de recuperar “lo salvaje” o “lo primitivo” y aceptarnos tal como vamos siendo- posible influencia de un libro que estoy leyendo-. Se llama “Mujeres que corren con los lobos” de la doctora Clarissa Pinkola Estés, psicoanalista de la línea jungiana, guardiana y trasmisora de antiguos relatos de la tradición latinoamericana. Esta especialista sostiene-como muchos  de su mismo criterio- que no hay por qué avergonzarse de los cambios que se van dando naturalmente en nuestro cuerpo, porque son “la marca de fábrica” de nuestros antepasados. Genéticamente estamos conformadas de tal o cual manera con tales o cuales formas, por eso, sea como sea, -o vaya siendo- lo más aconsejable es  disfrutar al  máximo de lo que nos proporciona este “envase” multisensorial que nos contiene y nos comunica con el interior y  el exterior. Así lo manifiesta  con poéticas expresiones:
“El cuerpo es un ser multilingüe. Habla a través de su color y temperatura, el ardor del reconocimiento, el resplandor del amor, la ceniza del dolor, el calor de la excitación, la frialdad de la desconfianza. Habla a través de su diminuta y constante danza, a veces balanceándose, otras moviéndose con nerviosismo y otras con temblores. Habla a través de los vuelcos del corazón, el desánimo, el abismo central y el renacimiento de la esperanza.
El cuerpo recuerda, los huesos recuerdan, las articulaciones recuerdan y hasta el dedo meñique recuerda. El recuerdo se aloja en las imágenes y en las sensaciones de las células. Como ocurre con una esponja empapada en agua, donde quiera que la carne se comprima, se estruje e incluso se roce ligeramente, el recuerdo puede surgir como un manantial.
Reducir la belleza y el valor del cuerpo a cualquier cosa que sea inferior a esta magnificencia es obligar al cuerpo a vivir sin el espíritu, la forma y la exultación que le corresponden. Ser considerado feo o inaceptable por el hecho de que la propia belleza esté al margen de la moda hiere profundamente el júbilo natural que es propio de la naturaleza salvaje.”
(…) “En los cuerpos no hay ningún “tiene que ser”. Lo importante no es el tamaño, la forma o los años y ni siquiera el hecho de tener un par de cada cosa, pues algunos no lo tienen. Lo importante desde el punto de vista salvaje es si el cuerpo siente, si tiene buena conexión con el placer, con el corazón, con el alma, con lo salvaje. ¿Es feliz y está alegre? ¿Puede moverse a su manera, bailar, menearse, oscilar, empujar? Es lo único que importa. “*


Un libro con sabios consejos para tener en cuenta a toda edad 

 Por lo tanto, además de  tener en cuenta que la  seducción es un arte que-sin importar la edad o las medidas del cuerpo- hay que aprender  a  ejercer y desarrollar durante toda la vida, también debemos  aprender a aceptar los cambios que se van gestando con la edad.

La vida  se “pianta”-como dice el tango-. Y no hay forma de volver atrás. Tomemos-sí, por supuesto-  buenos recaudos sin caer en la ridiculez.
La genial Maitena nos regocija con su  humor sarcástico 

 Mentir sobre la edad  es inútil.
Nadie te plancha las arrugas del alma, que es la que te va haciendo los pliegues que lucís cuando vas envejeciendo.  Marcan las  tristezas, pero  también al sonreír, destacan los momentos felices. Mientras no sean espantosamente “para abajo”-como las que hay en las caras de las amargadas- dejalas que se queden contigo. Animate a convertirlas  en tu sello de distinción.
Usar el pelo a la moda “retro”-(Soledad Dolores Solari)  o sea largo, entero, teñido de un horroroso color  negro-asesino, o rojo-fuego o rubio- furioso, -como lo llevan muchos vejestorios pensando que así lucen más juveniles-, tampoco me parece adecuado. Es mejor recurrir a un  corte de pelo moderno, con unas mechas que “superen” tus naturales tonos grises. Sin duda se   notará.  Eso sí: tendrás que  tener coraje para bancar las malas vibras.

¡Así no! ¡Por favor, "chiquilinas"! 


Las siliconas no me gustan. Ahí andan las baratas reventándose en el cuerpo  de las desgraciadas que se las ponen.
No está  tampoco en mi “repertorio” el uso de ropa inadecuada con tacones siderales. Soy naturalmente alta y, por ahora, me contoneo sin dificultades con las chatitas de paseo. No quiero parecer “una marmota dominguera” (les dejo el enlace con el artículo de Pérez Reverte para que lo lean.)
La vida se “pianta”  y los años “rezongan”, con siliconas o sin ellas. Lo encantador es vivir cada etapa  en su justa proporción y seguir aprendiendo nuevas técnicas de seducción-las hay, les aseguro que las hay; múltiples y divertidísimas-  aún con muchísimos años y arrugas a cuestas.
¿No les parece?  


Enlace para que lean el artículo de Pérez Reverte:”Mujeres como  las de antes:


*“Mujeres que corren con los lobos”. Pinkola Estés, Clarissa. Ediciones B, S.A. 2009 para el sello B de Bolsillo páginas 280/281/298

lunes, 18 de noviembre de 2013

PACO DE LUCÍA EN EL SODRE

El programa del concierto de Paco de Lucía 
Fui a ver a Paco de Lucía, “el mejor guitarrista flamenco del mundo”-como dice el programa. Por cierto que lo es. La actuación con su septeto fue impecable.
Llegué bien temprano, mucho antes de que empezara el espectáculo. El Cuque decía que viajaba en ómnibus para sacar tema para sus crónicas, ya que ese medio de transporte le permitía observar más y mejor, y yo,  que soy una copiona, cuando llego temprano a los espectáculos también me dedico a lechucear el entorno.  Así que aquí plasmaré algo de lo que observé.
Me llamaron mucho la atención las vestimentas dispares.  Vi mujeres con tacos altos, peinadas y maquilladas, con vestimenta como para una fiesta, y otras a las que se le notaba a la legua que ni siquiera se habían dado una duchita reparadora- era un domingo caluroso- y cargaban la famosa “mochila- camello” a la espalda. De cerca despedían un tufillo sospechoso mezcla de pelo sucio, sudor y menstruación. El mismo contraste en los atavíos masculinos. Los había de traje y corbata, algunos de camisa negra-por afuera del pantalón-  y otros  de vaqueros rasgados, de coleta, moño o rastas, barba, bigote y championes. Hasta vi uno con un gorrito playero que se dejó puesto durante todo el espectáculo.


Bob Marley y el León de Judá-  ¿Las rastas que vi anoche, serán por motivos religiosos o dictados de la moda?

Cero perfume. Ni siquiera el de un jaboncito Dove o Astral  que les hubiera venido muy bien. El olor similar al de las mujeres, (sin el de la menstruación, pero lo compensaban con el de vinacho). - Hay mucha “onda Frente Amplio” -dijo una muy paqueta señora que conversaba con otra en el hall del  SODRE-.
Cuando los empleados comunicaron  que se podía pasar se  dividieron las aguas: la paquetería fue para las plateas, el resto nos encaramamos en  las alturas. Los astronómicos precios de las entradas  no me permitieron pagarme una  platea, así que lamenté no haber ido con los vaqueros gastados.  De  un lado se me sentó uno de  moño con vaqueros rotos, y del otro un vejestorio de calzas y pelo largo abundante y sin rebajar. Lo único que faltó fue la matera, porque la mochila concurrió y fue al piso.
Antes de empezar el espectáculo hubo un vídeo del Contador Enrique Iglesias, agradeciendo a la concurrencia por haber colaborado con la “puesta a punto” del Espacio Lorca, ya que lo recaudado tendrá esa finalidad. El Contador Iglesias, fue lo único que vi grande. A Paco de Lucía, y su septeto, aún con los lentes puestos, los vi en miniatura. Nunca había estado “tan arriba”. Eso sí;  los pude escuchar que era lo más importante, pero no puedo negar que   me hubiera gustado tener una posición mejor para apreciar al bailaor  que  aunque lo vi diminuto fue espectacular.
De todas maneras, aún desde las alturas,  pude apreciar las virtudes de Paco de Lucía y de sus músicos- entre los cuales hay un uruguayo- todos destacadísimos en sus  interpretaciones.
No dejan tomar fotos, así que la que acompaña esta nota es la del programa. Una lástima.



domingo, 10 de noviembre de 2013

MI ABUELA POSTIZA: LA NONA LUCÍA

Matambre a la sidra 
Yo no conocí a mi abuela materna,  según me contaron, falleció cuando mi madre tenía apenas tres meses. Recuerdo que mi madre solía mostrarme una única foto que tenía de ella y me decía que yo era muy parecida. A mí me gustaba mirar a esa joven de pelo y ojos claros, vestida a la usanza campesina europea, que sonreía vagamente. Con los años y las mudanzas la foto se me perdió. En cambio   tuve  una abuelita postiza,  que era la madre de mi madrina, de quien tampoco tengo fotos, pero sí muchos recuerdos gratos.
 
"Niños envueltos" con arroz 
La nona Lucía era italiana y había venido al país con su esposo, con quien vivió en Uruguay trabajando día y noche, como solían hacerlo los emigrantes, pero un día, lamentablemente, él se enfermó y murió y  Lucía quedó sola con una numerosa prole para criar. Los hijos varones más grandes salieron a muy temprana edad a trabajar de canillitas-vendedores de diarios- y ella quedó a cargo de un hotel de emigrantes o sea lo que se llamaba en la época, una pensión,  con los más chicos y las niñas. En total  creo que eran nueve o quizás habían sido más, porque tengo entendido que alguno había muerto en la primera infancia. Algunos hijos fueron músicos. A las hijas las fue casando una a una, en lo posible con otros tanos o hijos de tanos. Su política con las hijas mujeres era muy clara; cuando algún “gavilán” se acercaba a alguna de las jóvenes  dando vueltas en una ronda que se llamaba “dragoneo” la que salía a la puerta era la abuela Lucía que entablaba  un diálogo más o menos  así,- según lo que ella misma me contaba-:
-¿Osté de dónde e’?
Ahí el pescado “in fraganti” declaraba, de tal o cual lugar. Si era italiano, mejor.
¿Y qué hace todo’lo día  por acá?
 Otra vez, el pobre contestaba, que le gustaba tal o cual de las muchachas etc. Apenas tenía el nombre de la cortejada la llamaba a la puerta y les decía a los dos:
-Buono- ahora osté’ viene  lo’ día’, marte’, jueve’ e sábado; de 9 a 10; por un tiempo…… Depué’ la bambina se prepara pa’ casarse. Nada de calentá siya por mucho tiempo… ¿Capishe?
Así me relataba cómo había hecho para casar a “las muchachas”. Obviamente,  para que ninguna de ellas apareciera con ninguna “sorpresa” antes del casorio, la nona realizaba una cobertura de vigilancia que ya la quisiera  tener actualmente el Ministro del Interior.
Sus consejos eran también sumamente prácticos, y no tenía ningún reparo en dármelos.
-¿Vo tené algún dragón? Me preguntaba cuando yo andaba por los trece o catorce años.
-Va bene. Vo, de acá pa’ rriba decá que toque nomá –señalaba la zona del pecho…..- pero de acá pa’bajo ¡nada! Decía enérgicamente señalando las adyacencias del vientre, mientras yo me ponía de todos colores.
- Depué’ que se case. ¿Oíte?  Depué’  que se case,-figlia mia- enfatizaba-  que toque todo lo que quiera ante’ ¡No! y largaba una carcajada sonora.
-“Niente, niente, niente” ante’ de casarse ¡no! Era la consigna.
Otro consejo- que tenía un tono  similar – a su peculiar modo, claro, se refería a la conquista del hombre. Más bien al “hacerse querer” que es al fin y al cabo, lo que   más se  aprecia en la vida. (Al menos, yo, lo que siempre busqué fue  eso: “hacerme querer”.)
Al hombre- decía socarronamente- cuando te casá’ hay que conquistarlo por acá- señalaba el bajo vientre,- depué’ acá,- y señalaba el estómago e’ dopo llegás acá y señalaba el corazón.
Ese era el camino ideal: sexo,  estómago,  corazón.
 
Postre "Manjar del cielo" ¡También aprendí a  hacer postres! 
Donde quiera que estés nona Lucía, ¡gracias!…….Hace muchísimos, muchísimos años que… ¡aprendí a cocinar!







domingo, 3 de noviembre de 2013

LA PELÍCULA SOBRE HANNAH ARENDT

Barbara Sukowa la actriz que encarna a Hannah Arendt en la película

Las personas que leen mi blog saben de mi gusto por los trabajos biográficos  hechos  con seriedad y dedicación, por eso entenderán que  fui a ver la película “Hannah Arendt” apenas se estrenó. Está basada en  un período  de la vida de la teórica y política alemana de origen judío que pudo huir a los Estados Unidos, donde logró vivir - “apátrida” desde 1937-  hasta que consiguió  la ciudadanía estadounidense en 1951. Sobre este hecho-doloroso para todos los judíos que quedaron en esa condición- ella dirá: “Las personas eran ingresadas por sus amigos en campos de internación, y por sus enemigos en campos de concentración.” Su caso no fue único y aislado. Yo tengo muy presente el caso de la escritora Irene Nemirovsky  que murió lamentablemente en un campo de concentración, en Auschwitz, lo mismo que su esposo. Sus hijas se salvaron por la intervención de amigos de sus padres e incluso una maestra que las escondieron hasta lograr asilarlas en los Estados Unidos. Con ellas se llevaron  una maleta con las obras de su madre. Las que lograron la fama después de muchos años. Me acordé de Irene porque ella también fue tildada de “antisemita”-por la descripción excesivamente “realista” que hace de los judíos en sus novelas. Hannah Arendt también fue considerada “antisemita”.  ¿Por qué?
Hannah Arendt consiguió ser enviada a Israel  como reportera de la Revista The New Yorker, para presenciar el juicio que se le hizo a Adolph Eichmann –capturado y detenido en Argentina por el servicio secreto israelí “El Mossad” en 1960 -y a raíz de este hecho escribió un libro que resultó muy polémico, muy discutido y probablemente NO entendido en forma cabal que se llamó: “Eichman en Jerusalén” – “Un informe sobre la banalidad del mal”.
Yo leí fragmentos de este libro y no me quedó la impresión de  que Hannah Arendt hiciera una “defensa” de Eichmann  ni que su postura filosófica que llamó “la banalidad del mal” haya sido “antisemita”. Lo que ella afirmó fue que Eichmann no le pareció “un monstruo” sino un  tipo  corriente, y mediocre que creyó- y fue lo que sostuvo hasta que lo condenaron a la horca- que “cumplió las órdenes de sus superiores”. No se le pasó ni remotamente por la cabeza desobedecerles. Hizo lo que le mandaron; tampoco  reflexionó sobre las órdenes que le dieron.  Las cumplió lisa y llanamente sin ningún tipo de cuestionamiento, ni reflexión crítica, ni remordimientos.

Adolph Eichmann en el juicio  

Arendt  también fue muy criticada por mencionar a algunos judíos que- en el campo de concentración- asumieron el papel de “líderes” y también “cumplieron” órdenes, sin pensarlas ni cuestionarlas- obedeciéndolas- lo mismo que hizo Eichmann-  a quien Arendt consideró un hombre común, probablemente con afán de trepar socialmente siendo un “instrumento”  eficaz y llevando a cabo “la técnica de gestión” que le pedían sus superiores. En resumen: Arendt lo que sostiene es que Eichmann no estaba loco, ni era un psicópata, era un tipo del montón que SIN PENSAR, NI CUESTIONARSE, es decir sin motivación maligna, cumplió escrupulosamente  con lo que le encomendaron.
 ¿Acaso no hicieron lo mismo los militares que torturaron, vejaron, robaron niños, enajenaron identidades, humillaron a más no poder a los que no pensaban como ellos? Lo que sostiene Arendt es que son culpables, -no los exime de la culpa-; merecen el debido castigo,  pero han  sido: “operarios”, “obreros” obedientes dentro de un sistema que no cuestionaron con determinados valores inculcados pero NO pensados.  Tampoco se preocuparon por las consecuencias de sus actos. Se cumplían “por mandato de superiores”. (La tan famosa y también debatida y llevada y traída en nuestro país “obediencia debida”.)
De la misma manera- siguiendo el razonamiento de Arendt- el gobierno francés le negó la ciudadanía a ella y a otros que no la tenían, como  fue el caso de la misma Nemirovsky que había recibido educación superior en la Sorbona, hablaba, escribía y leía en francés como si fuera su lengua materna porque la había aprendido desde temprana edad con su institutriz francesa- la madre rehusó ocuparse de ella y también se negó a albergar a las nietas cuando sus padres fueron asesinados-.
Es decir, Arendt aunque fue acusada por muchos judíos-incluso por  sus amigos más íntimos  de “antisemita” , en realidad, no defendió a Eichmann que indudablemente merecía la muerte por ser culpable de “no haberse cuestionado ni pensado” que lo que hacía estaba mal.
De la vida personal se destaca su relación amorosa con el filósofo Heidegger de indudable influencia en su pensar  y la cálida relación afectiva  con su  segundo esposo Heinrich Blücher.
En la película, el papel de Hannah Arendt-una mujer de gran fuerza espiritual y de gran tozudez- lo encarna impecablemente  la actriz Barbara Sukowa.
No les comento  más nada. ¡Vayan a verla y después me cuentan ustedes!





domingo, 27 de octubre de 2013

PUBLICIDAD INVASIVA

¡Ay, ay, ay, ya empezamos con los aprontes! 
-Buenos días, ¿habla Fulana de tal?
- Sí, soy Fulana de tal.
-Me llamo María Inés, y le quiero acercar un material informativo sobre un seguro así y asá.
-Gracias pero ya tengo todo lo que necesito.
- Sra. No tiene ningún compromiso, es simplemente un material informativo por si a Ud. le interesa….
-No. No me interesa. Con lo que el Estado me saca con los impuestos no me queda disponibilidad  para pagar más nada.
-¿Está segura, señora? Mire que quizás…
-No quizás nada. No me interesa nada. Le dije ya varias veces que no. ¡No me llame más!
-¡Sra.! ¡Es mi trabajo!
-¿Su trabajo es molestarme en las horas en las que estoy atareada  en mi casa?
-¡No Sra.! ¡Yo la llamo para ofrecerle…!
- Srta. ¿Ud. entiende español o no?
-Sí entiendo pero….
-Muy bien. Le dije que no, que no tengo interés en recibir ninguna información. No quiero comprar nada. Y si quisiera, buscaría la información necesaria. Adiós.
¡Plunk! (ruido del teléfono cortado con rabia)
***
El diálogo que acabo de transcribir-palabras más, palabras menos- lo sostuve más de una vez con una pesada que llama dos por tres con idéntica persistencia.
 Sí. Soy dura para contestar. Tuve  una nefasta experiencia con un seguro que me encajaron por teléfono cuando con  mi esposo -gravísimo- cometí el espantoso error de decir que sí para sacármelos de encima.  Esa vez me enteré del seguro que “había contratado por teléfono”-en una “invasión” tan persistente como esta otra- porque después de fallecido mi esposo, quise poner “la casa en orden”, familiarizándome, por ejemplo, con las cuentas que nunca antes había llevado. Una de las primeras medidas que tomé fue cancelar tarjetas de crédito/débito que no necesitaba o que no quería usar más. Así, al querer cerrar una, “tropecé” con ese “seguro”. Y tuve que pagar un año entero de servicios, porque tenían mi voz grabada con mi aprobación. ¿Cuándo dije que sí? ¿Por qué dije que sí?  Honestamente, no me acuerdo. Estaba  absolutamente dedicada  a tratar de  darle a mi esposo el mayor confort posible en su dura despedida de la vida. No sé ni lo que contesté ni cuándo. Por esa razón, ahora soy drástica y  bruta. No hay otra manera de sacarse de encima  a estas cretinas preparadas para joder. ¿Tienen ese trabajo porque no hay otro? Lo lamento. Pero yo no tengo ningún motivo para aceptar  sus ofertas, no las pedí, no las necesito, no las quiero. Y lo recalco. Por las dudas. En eso, estoy de acuerdo con Mujica: hay  que ser sobrio, austero en las compras y – muy cuidadoso- sobre todo con las tarjetas de crédito que ofrecen a troche y moche “sin cargo por dos años” para engancharte más y mejor.
Si estoy trabajando cuando llaman, no atiendo el teléfono. Amigos y familiares saben que pueden dejarme el mensaje, yo los llamo apenas puedo. Además con el invento de las redes sociales, nos comunicamos con bastante frecuencia por esos medios.
¡Otra perspectiva de los preparativos ! 

Pero la insistencia telefónica no es la única. También vienen al edificio, tocan el timbre en todos los apartamentos con las ofertas más inverosímiles que se puedan esperar.
Además de eso están la TV y la radio, que no solo tienen unas tandas extensas sino que-además- los propios conductores cortan la más interesante de las entrevistas con este tipo de interrupción:
-¿Problemas de visión?
-¡Sí, tuve! Pero los solucioné con Óptica El Vidriecito donde encontré los mejores lentes a un precio absolutamente imbatible. Vaya a Óptica El Vidriecito etc.
 Lógicamente después no tienen ni la más pálida idea del tema que estaban desarrollando con el entrevistado y tampoco cómo retomarlo.
En esta época ya empezó la publicidad “campaña de fin de año” destinada-toda ella- a desplumar a cuanto ser vivo pulule por los Shoppings y aledaños.
¡Sí Señora! ¡Ya empezó. Eche un vistazo y observe  cómo se está preparando el tablado de exhibición del árbol navideño- o lo que sea- que colocarán-como todos los años-  en el centro del Punta Carretas.
 
¡Sí, señora, ya empezó "la movida" ¿Por qué no me cree? 
En cualquier momento largarán las campanas al vuelo y moriremos absolutamente aplastados por avisos de todo tipo. ¡Sálvese quien pueda!  ¡Y todavía no finalizó octubre!