miércoles, 23 de diciembre de 2015

DÍAS PREVIOS

Carro rebosante

La algarabía ya tiene más de un par de meses, pero la intensidad va subiendo de tono a medida que se acercan las fiestas tradicionales. Vivo en un barrio que-lamentablemente y ya lo he dicho- se ha convertido en una mini-ciudad comercial. Contribuyó a ello, de manera muy especial el Shopping Punta Carretas. A su alrededor, se siguen demoliendo casas y más casas para hacer galpones comerciales para alquilar. Y desde ahí se montan los más  inverosímiles negocios, desde una tienda de  maternales hasta una boutique erótica. Ya comenté cuando me quedé atónita en una de las vidrieras mirando fascinada una especie de pequeños sapitos de colores, cuyo uso no supe dilucidar.
Hoy, después del desayuno, me “armonicé” con varios “omm, omm omm” para lograr energía positiva e ir a hacer mandados. En el Disco, el gentío y el estruendo que producía tanto público era descomunal. No utilicé ningún carrito, porque cuando llegué a unos de los chicos, me atropelló con toda la saña posible una vaquillona, que me lo arrebató. Como estaba armonizada, se le dejé. No sin antes largarle una buena puteada mental. (Estaba armonizada, lo juro, pero no es para tanto.)
Logré llegar hasta la góndola de las pastas y sacar un par de cajas de capellettis (y lo escribo así porque así está escrito en las cajas- pero yo sé que el plural en italiano es sólo con la “i”-¿vieron como todavía me acuerdo?) Como no había logrado agenciarme ningún  carrito, no llevé más nada.

Mucha gente comprando de todo 

El asunto fue después llegar hasta una caja y pagar. La cola de las llamadas “cajas rápidas”  era una misión imposible, me dirigí entonces a las cajas de “diez unidades”- donde también había gente a patadas, pero me quedé-armonizada, vuelvo a repetir- mirando el bullicio, los juguetes, los padres desesperados, y las menudencias que ponen especialmente abajo,  para que todos los enanos manoteen y berreen a más o poder para que les compren. Mientras observaba con la distracción mas ingenua- de esas que me atacan más de una vez-  unas preciosas cajitas rosadas sobre la mano derecha, vi por el rabillo del ojo, que una señora que estaba en la otra fila me torcía los ojos desesperadamente, entonces, me calcé los lentes y miré. Miré las preciosas cajitas rosadas y me di cuenta. Eran preservativos.  Con gusto a frutilla-por eso rosadas- y para “practicar sexo oral”. Así nomás. ¡Por eso la doña me revoleaba los ojos como dos huevos duros! ¡Y yo, inocente de mí, en plena Babia! Le hice una especie de guiñada y los dos huevos duros se aquietaron. Cuando llegamos -las dos al mismo tiempo- a las cajas,  me espetó: -¿Te das cuenta? ¡En mis tiempos no se exhibían “esas cosas”! Simplemente me sonreí. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué yo había visitado un museo erótico inca y que había visto cosas peores? ¡No! ¡De ninguna manera! Me salí por la tangente con una sonrisa comprensiva.
Y al pagar, tomé estas fotos para ilustrar la nota.

Hay que sacar muy bien las  cuentas 

 En los  días previos a las festicholas parece que se acaba el mundo. Pero no es así. Por eso, armonícense  con quien puedan, y diviértanse lo más que puedan también. (Y si les gusta “el sabor frutilla”, ¡ya saben!)



sábado, 19 de diciembre de 2015

SEGÚN PASAN LOS AÑOS

El fabuloso postre de frutos rojos con helado del Club Hípico- toda una delicia-

Es el título de una canción de la  famosa película  CASABLANCA. En inglés “As time goes by”. La película la vi muchísimas veces, pero no me voy  a referir a su argumento-porque es una historia de amor y desamor-  sino a esa sensación extraña que nos embarga cuando nos encontramos con personas que hace muchísimo tiempo que no veíamos. Esta vez, se trató de un reencuentro de esos  y nos emocionamos hasta las lágrimas. Nos sentimos alegres, sin importarnos la edad ni las vicisitudes de la vida. Todos hemos pasado por distintas circunstancias y los recuerdos se tiñen de nostalgia cada vez que los sacamos a luz.
En realidad, fuimos compañeros de trabajo, pero lo fuimos durante tantísimos años, y ahora, nos encontramos por medio de las redes sociales, pero “persona a persona” se volvió a dar hoy. Y fue muy emotivo.

Risas y sonrisas 

De Estados Unidos vino la familia Becerra, que hacía nueve años que no estaban en el país. Ese fue el motivo de la reunión en el Club Hípico, al cual accedimos gracias a una de ellas. El almuerzo fue sensacional, y –como siempre pasa en esos casos- nos sacábamos la palabra los unos a los otros- 

Otra muestra de la algarabía con los postres ya en la mesa


Asistieron  personas que yo aprecio mucho, en especial dos de ellas, que, cuando yo había ingresado “novel”  en el UAS,-treinta años atrás- me ayudaron a  expresarme en inglés, dándome conversación en ese idioma.
Pero también debo algo a cada una de ellas, una, por ejemplo, me prestó su saloncito cuando yo había perdido- por malas artes- el mío.  Hoy  comenté cosas así,  porque formaron parte de mi existencia durante muchos años. Trabajé más de veinte en la misma institución y  aunque no nos viéramos todos los días, ni estuviéramos asignadas a las mismas tareas o niveles el afecto-felizmente-  se mantuvo para nuestro total regocijo.  


¡Pica ahí familia Becerra! 

Sin embargo, en ningún momento  he considerado un lugar de trabajo como “mi casa”.  Nunca dije. “mi” colegio, sino “el” colegio.  El “lugar” fue siempre eso: el “sitio” donde ejercí, lo mejor que pude- no siempre con éxito, porque no todas las veces se puede considerar exitosa una labor tan ardua-. Pero sí pude apreciar a través de los años compartidos,  a cada una de las  personas que traté en particular, en la coincidencia o en la divergencia- porque no siempre estuvimos de acuerdo-  y saber, que pese a la distancia, al tiempo que voló,-por eso titulé esta entrega: “según pasan los años” (en alguna parte de la canción, dice algo así como: “Las cosas esenciales tienen su valor según pasan los años”.) Indudablemente cierto. Así se aparece en nuestros sueños un antiguo amor, y queramos o no queramos- podemos sentir  el olor de su querida piel, sus besos y su calor.
En este caso, pese   a los avatares de la existencia, a que la vida nos ha dado y nos ha quitado, en el reencuentro se dio la risa y la algarabía porque nos gustó mucho volvernos a ver. Más veteranas, más gordas, más flacas, más canosas, pero con una buena onda increíble.
Millones de gracias  a todas las personas que fueron. Lo pasamos bomba, y, sin lugar a dudas, tienen  un lugarcito cada vez más grande en mi corazón.


¿Serán los bomberos que vinieron a saludarnos?




lunes, 14 de diciembre de 2015

APAGÓN

La pequeña radio portátil salvadora del apagón 
Hoy tuve que cambiar abruptamente los planes del día. Me había levantado voluntariosa, con ánimo para ir a clase de yoga, me preparé el desayuno y estaba plácidamente disfrutándolo, mirando un programa de “Amor al Arte”- que me interesó porque el arquitecto Samuel Flores Flores hablaba de su concepción sobre la conservación de la arquitectura como un bien preciado- acá se tira todo, en breve no sabremos ni quiénes fuimos-  cuando de golpe ¡zas!  Se apagó la luz. A partir de ahí mi mañana se transformó. Es increíble el poder de la tecnología en nuestro diario vivir. Lo primero fue pensar que  no podía- mejor expresado- no debía salir. Una escalera de seis pisos en plena oscuridad sin pasamanos no es recomendable para mi artrosis de rodillas. Además, por motivos de seguridad, hace muy poco,  se colocó un cierre eléctrico en  la puerta de calle. Y la pregunta ante este nuevo dispositivo fue: ¿abriría? Si después de enfrentar el desafío de bajar por la lóbrega escalera, la puerta no me abría significaba desandar el camino- esta vez hacia arriba- Después empecé a modificar mi itinerario matutino. Al no salir, podía lavar ropa,  cocinar. Con lo que tuviera en la heladera, naturalmente. Y constaté lo que había: dos tomates perita, un envase de crema de leche, un cuartito de pechuga ya horneada y media cebolla. En mi terraza coseché para gusto: orégano, ciboulette y romero.

La salsa  y los rigatoni prontos


 Y luego lavar el piso de la cocina. Bien. Hasta ahí bien. ¿Lavar ropa? Sí. Lo indispensable a mano. Entre otros menesteres tuve también que pensar cómo mitigaba el ruido proveniente del aparato generador del hotel de al lado que es atronador. Lo logré generando mi propia música con  una radio portátil. Después fui solucionando los otros inconvenientes. La música que encontré en la radio portátil no era totalmente de mi elección- los programas que encontré eran más bien “plomo”-, pero al menos con unas cumbias disimulé el ruido, y logré cocinar unos rigatoni al dente y una salsa. ¡Almuerzo solucionado! ¡Bien! Acto seguido acudí al celular y me conecté con todas los whatsapp habidos y por haber para saber cómo era la situación en otros lugares. Constaté que estábamos en las mismas condiciones muchos  montevideanos  de distintos barrios y también en la Ciudad de la Costa: ya sé que “mal de muchos, consuelo de tontos” pero hace bien no sentirse tan sola en estos avatares. Estuve sin luz más de dos horas. Y constaté que la tecnología es un privilegio, pero, puede fallar, y si falla, lo mejor es tener elementos  de sobrevivencia. Esto me hizo acordar a un ejercicio que algunas veces proponía a mis estudiantes extranjeros: “si usted tuviera que irse a una isla desierta mencione cinco elementos indispensables que se llevaría para sobrevivir”. Para mí, serían indispensables una loción antimosquitos-(soy alérgica y difícilmente sobreviviría en una isla desierta)  una cantimplora, una olla, los fósforos.
 Y un gato. Tierno, mullido, afectuoso. Sí.  Alguno de esos que están pensando. Aquí pongo dos ejemplos contundentes. ¿ O no? 

Imagen tomada de Internet: Richard Gere 


Imagen tomada de Internet: Keanu Reeves 
            

jueves, 10 de diciembre de 2015

Tango para tararear o-directamente- para aprender a cantar.



Este es el tango que fui tarareando esta mañana mientras buscaba la sucursal de correo. 

PERIPECIAS

Sucursal de correo uruguayo de 26 de Marzo 3391 casi Julio César- Pocitos Nuevo 
El 19 de octubre de este año, con el título “Esquemas” me referí a las múltiples dificultades que encuentra un usuario común para hacer algunos trámites sencillos, como desayunar en un Mc Donald-después de las 11 de la mañana-  comprar un medicamento, enviar por el correo uruguayo un libro a la vecina orilla.
No voy a abundar sobre el particular. Hoy voy a otro. De mañana, me levanté temprano, desayuné en mi casa- y, ya curada de espanto,  me dirigí al Montevideo Shopping. Mi idea era bien sencilla: mandar una tarjeta postal –clásica, y “a la antigua” a una de las amigas que tengo en España. Ya también “curada en salud” con el mal trato que recibí en la otra agencia, decidí que podía ir a la del Montevideo Shopping, donde si todos los astros estaban alineados a mi favor, podría recibir una atención  más esmerada. Craso error. No existe más la sucursal de correo uruguayo en el centro comercial. Se mudó a 26 de marzo 3391 casi Julio César. ¿Motivo? Según lo que me explicaron, a los centros comerciales no les interesa tener locales ocupados por instituciones públicas, prefieren alquilarlos- a buen precio-, y dejar a los pobres usuarios en pampa y la vía. Así que junté coraje, le pregunté a uno de los guardias más o menos cuántas cuadras tenía que caminar y emprendí la marcha. No son muchas cuadras, quizás cuatro, quizás cinco, pero, en esa zona, 26 de marzo es “en subida” y no tiene ni un mínimo arbolito para guarecerse del sol. Para colmo de males, la artrosis de rodillas me tiene a mal traer por lo cual caminar se ha convertido en una experiencia bastante dolorosa. Pero no me quedaba otro remedio, así que lentamente, tarareando “Nuestro balance” de Chico Novarro, emprendí –lentamente- la caminata.
Felizmente, llegué y  fui bien atendida por  una joven, que hasta me elogió la letra manuscrita- destacando mi “letra de maestra”- condición adquirida después de  muchos, pero muchos años de planas caligráficas- . En amena charla le hablé de mi blog, y de las veces que escribo sobre estos problemas barriales.
 Yo tenía una preciosa sucursal del correo uruguayo en el Punta Carretas Shopping- ya todos saben que vivo a media cuadra- y podía enviar todo lo que se me antojara con un mínimo esfuerzo. Ya no. No tengo ninguna sucursal a mano. Fui muy bien atendida, pero no me queda cerca. Tengo que ir en ómnibus o en el auto- si encuentro dónde estacionarlo- problema que se ha agudizado también en los últimos años, porque no hay suficientes espacios para dejarlos seguros. En la Sucursal de Pocitos Nuevo también me encontré con la empleada que me atendía en la sucursal Punta Carretas. Y le manifesté la verdad: que la extraño enormísimamente,- a ella y a su amabilidad siempre lista para aconsejarme la mejor manera de realizar un envío-. Les dije a todos  que iba a  escribir en mi blog. Prometí enterar al Consejal del Municipio CH, el señor Andrés Abt- que según tengo entendido se ha ocupado y se ocupa mucho de lo barrial- para ver si de alguna manera, puede realizar alguna gestión positiva para que Punta Carretas vuelva a tener su sucursal de correo. Ojalá que sí. Los vecinos nos la merecemos. No les quepa la menor duda.