sábado, 26 de julio de 2014

UN LUGAR CON ENCANTO Y BUEN HUMOR

Restauración  del antiguo hotel Cervantes, hoy día LA CASA DEL HUMOR Y LA COMEDIA



A Petrone le gustó el hotel Cervantes por razones que hubieran desagradado a otros. Era un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto. Un conocido del momento se lo recomendó cuando cruzaba el río en el vapor de la carrera, diciéndole que estaba en la zona céntrica de Montevideo. Petrone aceptó una habitación con baño en el segundo piso, que daba directamente a la sala de recepción. Por el tablero de llaves en la portería supo que había poca gente en el hotel; las llaves estaban unidas a unos pesados discos de bronce con el número de habitación, inocente recurso de la gerencia para impedir que los clientes se las echaran al bolsillo”. (La puerta condenada Julio Cortázar.)


Anoche fui con un par de amigos, por primera vez a “LA CASA DEL HUMOR Y LA COMEDIA”.
A pocas cuadras de la plaza Independencia -a partir del año 2010-,  empezó a denominarse: “nuevo Barrio de las Artes”.
 Allí, en la calle Soriano 868, se encuentra LA CASA DEL HUMOR Y LA COMEDIA- (tan “novedosa” que cuando fui a comprar las entradas a ABITAB, la empleada me hizo repetir el nombre varias veces, y, de paso, se equivocó y en lugar de darme entradas para la primera función me dio para la segunda-).
 Antiguamente allí se ubicaba el mítico HOTEL CERVANTES, el mismo donde Cortázar desarrolló su inquietante historia de “LA PUERTA CONDENADA”. Sin embargo, después de una cuidadosa restauración, la  sala no tiene el aspecto sombrío y tétrico que se pone de manifiesto en la narración de Cortázar, sino una iluminación acorde, que  exhibe una rehabilitación muy digna del  techo, lámparas, paredes y entorno general que hace muy agradable el lugar. Yo saqué algunas fotos pero mi máquina no es profesional por lo cual no se nota el trabajo de la recreación de las escenas del Quijote de Cervantes.
La sala tiene una atención humana espectacular. Desde la puerta hasta el último momento del espectáculo, un personal bien dispuesto, guía, aconseja, acomoda, soluciona inconvenientes, ubica. En nuestro caso, que teníamos entradas para la segunda función, pero habíamos ido con la idea de asistir a la primera, fuimos invitados gentilmente a quedarnos a verla en otra mesa y, nos quedamos también a la segunda, en la mesa que nos correspondía. La solución se nos dio de inmediato, sin generar conflicto alguno. El servicio gastronómico también fue impecable.
Las dos obras son reideras, pero en la segunda, “Swingers”,  nos faltó poco para que la risa nos tirara al piso. Como dice el propio programa: “La realidad supera todas sus fantasías.” Y así fue.

No se pierdan este lugar memorable y estas obras sensacionales. Lo recomiendo efusivamente. 

Otro ángulo del lugar 

domingo, 20 de julio de 2014

MÁS NEGATIVAS: "EL NO VA MÁS"

Gioconda Belli en todo su esplendor 
Sigo con el tema, pero voy a tomar otro ángulo: El abandono. Es decir, el momento en que se le dice “no va más” a una relación.  Cada cual  “carga” con algún “no”-alguien alguna vez nos dejó  y fue para nosotros una de las experiencias más negativas, porque generalmente es inesperada-. Veamos cómo recibió un “no va más”, Gioconda Belli. Esa bellísima mujer con apariencia de Sofía Loren-como  decía el poeta Efraín Huerta- también fue dejada por “Marcos” - en la realidad el comandante Eduardo Contreras abatido en noviembre de 1976-. Pero cuando la abandona, está-aún- pletórico de vida, tanto, que  hasta tiene otra relación. Cuando Gioconda le  manda una carta reclamándole que  no lo ve casi nunca, que no sabe cuándo va a llegar, que  no soporta su ausencia, que  intuye que  algo anda mal, él le da como noticia ese “no va más”:

Llegó a los pocos días. Me sentó sobre sus piernas. Tomó una larga bocanada de aire y me confesó que había otra persona en su vida, una mujer muy buena que lo quería mucho y que recién se había reunido con él en México. Su tono parecía sugerirme que su dedicación a ella, su decisión de dejarme por ella, era casi un acto compasivo de su parte, como si de las dos yo fuera la más capaz de vivir sin él. “Vos sabés que siempre te voy a querer” me dijo con una sonrisa apesadumbrada, pidiéndome con la mirada que lo comprendiera, que siguiera siendo su amiga- la camaradería sobre todas las cosas.- “vos sos fuerte”, me dijo, “Vos podés superarlo”. Le seguí el hilo. Lo abracé, puse mi cabeza en su pecho y le agradecí su confianza. Sí que podría vivir con eso, le dije. Prefería que me dijera la verdad, a continuar conjeturando y esperándolo en vano. Y claro que sería su amiga, siempre sería su amiga.” (Página 162)

Sufre por el alejamiento, pero lo acepta con dignidad, sin rebajarse, sin insistirle, con toda la calidad humana de la que es capaz. No  muestra su  sufrimiento lo oculta, lo disimula, lo envuelve y no hay-en ningún momento- ningún reproche al-sin lugar a dudas- mujeriego  y enigmático camarada.
El último de pie, a mano derecha , es "Marcos" - Eduardo Contreras-


“La confesión de Marcos me sumió en una profunda tristeza. La obsesión de ese amor me duró largo tiempo. Todavía hoy, evocar su figura trae lágrimas a mis ojos. El aura dorada e ideal de los héroes lo envuelve en mi memoria y tiende a soterrar su lado más humano y falible. Creo que nunca pude alcanzar a saber quién era realmente. Se quedó siempre en su cenote, en las profundidades de un mundo submarino que sólo él habitaba. Su amor por la revolución lo absorbía todo. Apenas podía uno meterse por algún resquicio, ocuparle la atención más allá  de un instante. Creo que eso nos sucedió a todas las mujeres que lo amamos. Fuimos varias, como lo descubrí más tarde.” (Página 163/ 164)

La tristeza no fue el único sentimiento que le provocó el alejamiento de Marcos, porque supo  sacar fuerzas de flaquezas y afrontar, con enorme dignidad, el episodio negativo para seguir adelante, para manejar de manera eficiente su poder de seducción,  y para volver a enamorarse muchas veces más:

“Por esa época, probando antiguas estrategias de seducción, intenté recuperar la noción de mi misma, de mi poder de mujer conmocionado por el abandono de Marcos.
Se despertó en mí un instinto casi masculino de conquista. Los hombres dejaron de sorprenderme. Comprobé que bastaban ciertos gestos, cierta tibieza de ojos abiertos, liberar la sensualidad con la adecuada dosis de atrevimiento o delicadeza para que me siguieran tal como si fuera el flautista de Hamelin. Aprendí qué costuras sutiles penetrar para que se tornaran dúctiles y dóciles. Decidí descifrar las mitologías que atribuían a mi género el caos, el fin de la racionalidad, la capacidad de provocar guerras y cataclismos universales con el mordisco a una manzana o el desatar de una sandalia.”

Con buen ánimo y  nuevos bríos Gioconda volvió   a vivir otra(s) historia(s) con más de uno bien dispuesto-incluso los tuvo de a dos-algo bastante  difícil de confesar por  ser una mujer-.
Comandante Henry Ruiz, "Modesto"
 Uno de los que supo tener de a dos y que le  exigió que se decidiera entre uno u otro


 Los otros supieron apreciar sus múltiples recovecos femeninos. No sólo los físicos- que aparecen en su poesía-,  sino los espirituales. Porque una mujer que se precie es un ser redondo, complejo, completo, dispuesto para el sexo, pero también para la ternura, para  el compañerismo, para "compartir las rarezas"- como dice Rosa Montero-  para el juego, para  el buen humor.
 A  Gioconda Belli  un brujo  de su Nicaragua natal le dijo: “Mal de varón, sólo con varón se quita.”

El libro autobiográfico de Gioconda Belli: amor y guerra.

  Ella lo tuvo en cuenta con creces, hasta que encontró a su último marido: Carlos, "el puerto de sus tempestades".  Y  si no me creen, lean el libro. Después me cuentan. 








jueves, 10 de julio de 2014

NEGATIVAS FEMENINAS

Peinado "con nido" al estilo de la década del 60 
Como tengo que estar a quietud por unos cuantos días con las piernas en alto,  y una colega está preparando una unidad sobre “la mujer” me dediqué a buscarle material adecuado en mi biblioteca. El tema de las “negativas femeninas” me pareció de interés y empecé a rastrearlo.  
Cuándo una mujer dice que no ¿es “no” o es “puede ser”? ¿Cómo se da cuenta un tipo de que el “no” es un “no” rotundo y no tiene que insistir más?
Hay variedades de respuestas.
Voy a contar  una experiencia de mi vida personal- allá lejos y hace tiempo- nunca la escribí y creo que ya es hora de que lo haga- y transcribiré otras de autobiografías de escritoras. Una,  de la uruguaya  Idea Vilariño del: “Diario de juventud”-según dicen las editoras/recopiladoras/anotadoras Ana Inés Larre Borge y Alicia Torres, contaron con la autorización expresa de su autora, para su publicación-.
La otra anécdota    es de la nicaragüense Gioconda Belli narrada en su libro: “El país bajo mi piel. Memorias de amor y guerra.”
En realidad, muchos recuerdos femeninos pueden ser considerados  “memorias de amor y de guerra”. Sobre todo de guerra.
Aquí va mi episodio.
En  mi adolescencia, cursé en el liceo de Las Piedras Manuel Rosé, el primer año de lo  que en ese entonces se llamaba “Preparatorios”. Allá por la década del sesenta del siglo pasado se habían inaugurado los cursos nocturnos que me vinieron muy bien para poder trabajar durante el día y continuar con los cursos en la noche. A veces, usaba como transporte el tren, pero a la salida, para ahorrar tiempo, me tomaba un ómnibus. El trayecto de Las Piedras a La Paz,  es corto. En unos pocos minutos llegaba a mi casa. La noche en que me ocurrió lo que voy a contar, no recuerdo si iba a ir al cine,  o al teatro o a bailar, pero sí tengo muy presente que fui a clases, totalmente emperifollada. No se concebía que las jóvenes saliéramos de pantalones y mucho menos de vaqueros. Esa noche, estrenaba una preciosa    blusa blanca de organdí, una pollera justa negra, un blazer también negro, y zapatos de tacones altos. Sobre mi cabeza, un “nido” muy enhiesto por el “laquené” – fijador que dejaba el pelo “quieto” y durísimo-me hacía sentir que estaba al último grito de la moda.  (Hay que tener en cuenta que la modelo número uno de mi generación  era la francesa Brigitte Bardot.) Estaba en la parada del ómnibus cuando pasó en su auto un amigo de mi padre. Como podrán suponer se trataba de un “señor mayor”- considerablemente “mayor” para mis pocos años- o sea que rondaba  la cincuentena.  
– ¿Vas para casa, colchonerita?  Sí querés te llevo, justamente voy para tus pagos -me dijo amablemente-. Y me subí.
Cuando quise acordar vi que había tomado un camino vecinal que no  estaba asfaltado y era mucho más oscuro que  la carretera.
Este es el  “Camino de las Tropas”-le dije- ¿Por qué agarró por acá? 
-Es más cómodo y más cerca, hay menos tránsito.
A los pocos minutos, en medio de una oscuridad absoluta,  paró el auto y entró a manotearme desaforadamente. Me defendí con uñas y dientes, pero el hijo de puta que  era un gordo con fuerza y empecinamiento, al poco tiempo logró destrozarme la blusa nueva, me deshizo el nido del pelo, mientras me pellizcaba los senos con una mano e intentaba meterme la otra en la vagina. Además me decía un montón de disparates juntos. –Dale puta -me decía- si se la chupás a tu novio ¿por qué no me vas a  chupar la mía, eh ?-Dame la concha, dame el culote ese que tenés,  putona de mierda.  No sé cómo, pero en uno de los forcejeos le di con todas mis fuerzas, un  puñetazo en los genitales y mientras se retorcía de dolor me tiré del auto.  Furioso, lo prendió y me dejó en el medio de la oscuridad. Me levanté como pude dolorida y temblando,  empecé a caminar, pero como tenía miedo de que volviera me metí por el costado del camino en medio de las quintas y las bodegas. Me saqué los tacones y caminé descalza. No tengo noción del tiempo que me llevó llegar a la zona poblada. Cuando divisé la estación de ferrocarril de La Paz, supe que me había salvado, pero todavía tenía que llegar y dar una explicación plausible. Llevaba las llaves de mi  casa en uno de los bolsillos de mi blazer. Milagrosamente aún estaban allí. Y llegué. Me metí por la puerta del garaje para pasar desapercibida, pero “de dónde yerba si es puro palo”. Ahí estaba mi padre con su severa mirada – ¿Estas son horas de llegar? –me increpó.
-Se me hizo tarde contesté. Además me caí del ómnibus, por eso estoy  así. Era una mentira absolutamente increíble porque  mi aspecto delataba por lo menos, haber pasado por  un terremoto, no por  una caída.
-Esta no va a parar hasta que le llenen el buche- acotó mi madrastra que me odiaba-
No les  contesté  más nada, porque sabía que dijera lo que dijera no me iban a creer. Así que  me fui a mi  dormitorio, me saqué toda la ropa, tiritando de dolor- con  moretones que se iban poniendo violáceos,  rasguños por todos lados y una sensación de espantoso bochorno-,  me cambié, me armé como pude el destrozado  nido, y me compuse también  como pude.   No terminaron ahí mis peripecias. Pero por ahora dejémoslas aquí. El gordo hijo de mil puta-  no quiso de ninguna manera  entender mi negativa. Obviamente,  no le pude decir  la verdad a mi padre y mucho menos a su mujer, porque siempre pensaba mal de mí, y –seguramente-sostendría que “yo lo había provocado” y por eso me había llevado la carga con tanta ferocidad. De esto hace más de cincuenta años, y aún hoy, con la edad que tengo, no me entra en la cabeza el ensañamiento  que desplegó un tipo que aparentaba ser un tranquilo padre de familia. Ahí empecé a aprender, a los golpes,  a decir que no, a sostener lo que se quiere y lo que no se quiere. Cuesta muchísimo. Esa vez me sentí más sola que nunca- no tenía madre hacía años y aunque me había enseñado mucho no estaba ahí para abrirme más los ojos para evitar los ataques de los buitres que sin duda me seguirían cayendo-. No hablé nunca de la fiereza del ataque, no se lo conté a nadie, ni siquiera  a mis mejores amigas. Lo más insufrible no fueron las heridas físicas, sino el bochorno del alma que no estaba preparada ni remotamente para tanta brutalidad.
Lo que me pasó  a mí. ¿Es un hecho aislado? No. No lo es.
Algo por el estilo cuenta Idea Vilariño en su diario de juventud. En Florida,  Tito Farolini, “un enamorado de la estancia vecina”, trató de violarla.  Vamos a leer el episodio narrado delicadamente  por ella misma en su diario, el día 4 o 5 de diciembre de 1937- a sus dieciséis años-
En el centro Idea y Tito Farolini- el del ataque- ( página 103 de Diario de juventud)



“Cuando todos duermen la siesta, salgo a caminar- Cuidado con las víboras! (Sic) Me dicen. Cuando voy a cruzar el monte de las cotorras veo que Tito se apea del otro lado del alambrado. Parece que estuvo escudriñando. Desde muy lejos se ve cualquier punto que se mueva. Está enardecido. Me quiere, no puede vivir sin mí. De pronto me abraza. Lo rechazo. Se pone enloquecido y quiere forzarme. Dice cosas horribles. Me vuelca, nos revolcamos, le pego con las manos, con los pies, lo araño. Es terrible. Increíblemente consigo deshacerme de él sin que consiga más que humillarme y babearme. Quedamos respirando como perros exhaustos, al pie de un arbolito. Tengo miedo de irme porque debo atravesar el montecito de talas que nos separa de las casas. No me animo a meterme en el monte. No sé cómo empezamos a hablar. En algún momento le pregunto si acaso es tan maravilloso como para que haya sido tan bestia conmigo. – Dice que sí. Pide disculpas y aduce que yo le había contado que, antes de venirme, mi madre me había encontrado mi diario íntimo donde yo hablaba abiertamente de citas que ella desaprobaba y desconocía. No sé que entendió. Era una historia vieja, de la calle Inca. Eran mis citas inocentes con Ruben, pero él creyó que yo…. Me pide en todos los tonos que no lo sepan Esther y Pedro, se disculpa abochornado. Es un hombre de unos veinticinco años, fuerte, acostumbrado a los trabajos del campo y yo una flaquita de nada. Quedo convencida, y lo repetiré siempre, de que, si uno no quiere, nadie puede violarlo.” ( (Idea Vilariño  Diario de Juventud página 102 Editorial Cal y Canto)

Es evidente que la negativa y la resistencia de “esa flaquita de nada” pararon los embates de Tito, y que, aclarada la situación se arrepintió y disculpó. Sin embargo, parece ser que esa “confidencia” de que la madre le había encontrado el diario íntimo donde ella narraba sus “inocentes” citas,  fue el detonante para “soltar a la bestia”. Tito pensó lo mismo que el amigo de mi padre, es decir que la idea que subyace es la misma: si lo hacía con otro, ¿por qué no lo va a hacer conmigo? Hay coincidencia-también- en que le dice “cosas horribles”. Yo escribí algunas. La época actual me permite hacerlo. Idea es más delicada en la expresión. Pero coincidimos en la defensa con uñas y dientes y en la valoración de la situación: “(….) le pego con las manos, con los pies, lo araño. Es terrible”.
La hermosa nicaragüense Gioconda Belli 


También Gioconda Belli cuenta episodios similares. Elegí el  del General Omar Torrijos,  que gobernó  a Panamá y murió en un accidente de aviación. Recordemos que Gioconda, la hermosa y enamoradiza  escritora nicaragüense que escribe novelas y  fogosos poemas feministas,  tiene un pasado de dama de la clase alta, pero también de  guerrillera de armas tomar en un mundo sumamente machista. Este episodio ocurrió en Farallones- según cuenta en su libro-  en una de las residencias del general. Transcribo una parte sustancial del episodio entre ella y Torrijos:

“- Me gustaría tener un hijo contigo- me dijo mirándome desde la hamaca.
Me reí. No pude evitarlo. Por qué me reía, preguntó serio. Un hijo de ambos sería hermoso. Aguerrido, pero sensible.
-Tú no sabes lo que es la soledad del poder- me dijo- Uno no sabe nunca a qué atenerse con las personas que lo rodean. Tú eres diferente- y se quedó pensativo.
-Pero yo no estoy disponible- le dije- Lo siento.
De ese momento en adelante todo intento por disfrazar sus intenciones de seducirme se evaporó. Me lanzó una avalancha verbal de promesas y cumplidos. Que si él me haría feliz, que si me llevaría con él a todas partes, me mostraría los secretos de Panamá, las islas San Blas, Coclecito.
Yo con los pelos de punta. No tenía ni idea de lo que Torrijos era capaz. Para todo propósito práctico era su prisionera. Podía violarme y nadie me defendería. Él era allí el soberano absoluto.
Me levanté y me dirigí al interior de la casa. Buscaba la solidaridad de las otras mujeres pero me evitaron. Me miraban con recelo, como a una rival. Le pregunté a la que constantemente consolaba al general en el avión. El general ofreció mandarme de regreso a Ciudad de Panamá esta misma noche, dije.
-El avión regresa mañana- respondió sin expresión.
Al fin, Torrijos se levantó de la hamaca ayudado por una de las jovencitas. Se metió adentro de la casa. Me quedé sola en la terraza consumida por la rabia. Odié al general y a todas sus huestes, a las mujeres aquellas empequeñecidas por la servidumbre torva hacia aquel hombre tosco, primitivo, poderoso. Desde la terraza divisaba un muro alto y un guarda. ¿Me dejaría salir? Quizás había un pueblo cerca de allí, un lugar donde pudiera llamar por teléfono.
En eso estaba urdiendo tramas de escape cuando apareció de nuevo la muchacha.
-Ven- me dijo- . Te llama el general.
Era una orden. La seguí. Pensé que Torrijos habría reflexionado. Me llamaría a su oficina. Subimos unos escalones.
Abrió una puerta y casi que me empujó hacia el interior. No lo olvidaré nunca. De sopetón, me encontré en el dormitorio de Torrijos. Vestido con un pijama naranja oscuro, estaba de pie al lado de la cama. Me señaló un colorido negligé extendido sobre las sábanas.
-Puedes dormir aquí al lado mío. Si tú no quieres, no te tocaré. Te lo juro. Puedes creer en mi palabra.
-      No gracias, general- dijo totalmente desconcertada mirando la escena con horror como un venado enfocado de pronto por los faros de los cazadores. Salí de la habitación, corriendo, dando un portazo. Bajé a toda prisa las escaleras, jadeando.
Al llegar abajo, furiosa, sin poder contenerme más, le dije a la muchacha:
-No voy a dormir con el general. ¿Está claro? Hágame el favor de indicarme algún lugar donde pueda pasar la noche. Tiene que haber alguna habitación desocupada por aquí.
Encogió los hombros. Sacó unas llaves del escritorio y me dijo que la siguiera.
Me llevó a una casa contigua. Abrió una habitación que olía a moho y polvo.
Cerré la puerta con llave. Arrastré una mesa y la puse contra la puerta para asegurar que despertaría si alguien intentaba forzar la entrada. La rabia no me dejó dormir. Me pasé la noche en vela pensando en lo estúpida que había sido. En algún momento me pregunté si acostarse con el general no sería el tipo de sacrificio que otra en mi lugar haría por la patria. Pero yo ni por la patria me acostaría con él, pensé. La sola idea me producía asco.
(…)
Aquel fue mi primer roce con esa mezcla explosiva de poder y sexo que se les sube a los hombres a la cabeza. El poder les da la seguridad que quizás no tendrían. Se entregan a esa embriagadora sensación, y con el pecho erguido, sobre el árbol más alto, jefes de la manada, descienden sobre la tribu y sus hembras. Se vengan así de cualquier triste recuerdo de infancia o adolescencia; de las niñas modosas en los patios escolares que se atrevieron a rechazarlos, del temor que alguna vez les inspiraron sus madres.” (Páginas 246/249 “El País bajo mi piel” Gioconda Belli – Seix Barral-)

El imperioso Omar Torrijos 


Es evidente que en el caso del episodio que cuenta Gioconda, primó en el general el sentido del poder que detentaba. Las mujeres no se le resistían ¿por qué se le iba a resistir Gioconda si a él se le había ocurrido la genial idea de tener un hijo con ella? Solo la determinación de Gioconda- que no paró ahí, porque el acoso continuó hasta que pudo volver a la ciudad- frenó sus impulsos.

En definitiva, negarse a lo que quiere empecinadamente un hombre, demanda un esfuerzo brutal. Como se pudo observar en los tres casos, hay una seguridad absoluta de reclamo que debe cumplirse, como si fuera obligatorio aceptar lo que no se quiere, sea como sea. En mi caso, el tipo no concebía que yo me negara y cada golpe que le daba lo enardecía aún más, hasta hoy no sé  cómo logré el coraje necesario para atravesar quintas y bodegas-alejada del camino- sin morirme de  miedo- y-además- cómo pude después componerme pese a los magullones, el dolor y la desazón que me produjo el ataque feroz para seguir adelante con mi vida pese a las consecuencias.
En el caso de Idea, siguió su amistad con Tito Farolini,  es decir que le perdonó el ataque, la humillación y  la ferocidad que  no tuvo mayores consecuencias, al punto que pudo permanecer convencida de que  si uno no quiere no puede ser violada nunca.
En el caso de Gioconda, el imperioso Omar Torrijos también pensó que ella se rendiría a su poder, como lo hacían todas las mujercitas que lo rodeaban con devoción. Pero tropezó con una hermosa mujer que tenía sus convicciones y que no sucumbió  a sus supuestos encantos. Logró salir indemne de la situación, volver a su vida de guerrillera, hablar con su amor de entonces,-otro guerrillero- hasta que el General Torrijos le pidió disculpas. Entendámonos: A él, no a ella. 
Lo cierto es que estas experiencias son tan traumáticas que toda mujer que las haya pasado las guarda indeleblemente en el recuerdo con diferentes sentires: con asco, con pesar, con bochorno, con humillación, con vergüenza, con profundo dolor.
Vuelvo al principio:
¿Qué hacer para que un tipo se dé cuenta de que no debe seguir insistiendo cuando un “no” es un “no” y no es- para nada - un “puede ser”?

Hay una única posibilidad: mantenerse firme. Y si hay violencia, hay que luchar para no sucumbir. Hay  “insistentes”-y son los más- casados o comprometidos. Muy  machitos para insistir con mujeres en posición de desventaja-en  mi caso, por ejemplo, perdida en la oscuridad de un campo-  sin embargo, no  se mantienen tan  prepotentes si  esos feroces ataques  llegan a oídos de sus propias mujeres. En esas circunstancias, los  sanguinarios gladiadores se convierten en tímidos conejitos acorralados. Habitualmente son machos dominados absolutamente por sus mujeres.  Su manera de vengarse  es tratar de doblegar a otras hembras. Hay que saberlo y tenerlo en cuenta para la defensa. Y sobre todo, hay que tener las suficientes agallas como para mantener el “no” en un “no” rotundo cueste lo que cueste.
Hay que saber decirles lo mismo que Gioconda:

 - “Yo no estoy disponible. Lo siento”.

 Y al hombre casado o comprometido hay que rematarlo con: 

“No insistas (o no jodas)  más. Vos  no estás disponible para nada". 









domingo, 6 de julio de 2014

LA SOLEDAD DEL EXTRAÑO ANIMAL

El Tema de la soledad en el cine y en la literatura tiene exponentes de prestigio. Muchas veces las solitarias son las mujeres, porque terminada la etapa de la crianza de los hijos se produce- a veces de golpe- esa sensación de “nido vacío” y no encuentran nada que les brinde alegría porque al encontrarse sin nadie de quien ocuparse, no saben qué hacer de sí mismas. Con ese tema, Gabriel García Márquez escribió un artículo genial- con uno de esos estupendos títulos que a él le gustaba poner-: “Las esposas felices se suicidan a las seis.” Está en Internet. Si les interesa búsquenlo para leerlo. Pero en este caso, no me quiero referir ni a las esposas, ni a las amantes frustradas, ni a las mujeres en general, sino a la letra de una canción que es realmente impactante. No la escribió una mujer sino un hombre, un artista sensible que ha sabido captar los matices del alma: Jaime Roos. Mis gustos musicales son-como siempre- variopintos. Escucho música clásica desde que el hotel de al lado “larga” con sus molestos ruidos a las siete menos cuarto de la mañana. Cuando empiezan los zumbidos y me despierto, pongo mediante el control digital los nocturnos de Chopin y me quedo otro rato remoloneando. Después, voy saliendo de la cama en cuotas.
 Para el desayuno me acompaño con otra música: puede ser Gal Costa, Caetano, Sabina, Serrat, Vicentico, Willy Nelson, Joni Mitchell, Joan Baez. Nada estruendoso. Pero cuando quiero escuchar música uruguaya, para mí uno de los infaltables es Jaime Roos a quien escucho desde siempre. Me gustan sus canciones, y también me gustan las explicaciones que ha dado cuando le han preguntado por los títulos de sus discos, o de sus letras. “Algunos hacen terapia- ha dicho- yo escribo canciones”. Por lo tanto, componer es una de las mejores maneras que encontró para enfrentar al mundo. Si no compone o no escribe, hace adaptaciones, escribe y versiona para otros. Como es muy exigente también lo hace impecablemente. Así podemos escuchar “La hermana de la Coneja”- extraordinaria historia escrita por Raúl Castro, “Tintabrava”, a la que contribuyó e hizo “vivir” poniéndole la música. Y también podemos escuchar sus propias canciones, versionadas por sus amigos. Hay dos que me gustan mucho: “Laberinto”- cantada por Christian Cari y “Esquela” cantada por Martín Buscaglia. Pero de todas las que he escuchado hay una que se destaca de las otras, y a ella me quiere referir principalmente. Se llama “Tema del hombre solo” que está en su disco “Fuera de ambiente”. Cuando escuché por primera vez el nombre del disco “Fuera de ambiente”, tuve que pensar el significado de la expresión. Él declaró en una entrevista: “me pongo fuera de ambiente cuando hago música”. Y yo entendí que la música, hacer música, lo transportaba a otra dimensión, menos prosaica.” Hacer música” como dice él- lo “sacaba” de la burda realidad. En “Tema del hombre solo” aparece una expresión parecida: “habilítame un poco más, para sacarme de ambiente”. Sin embargo, aquí, se entiende otra cosa: algo así como:-dame más vida, pero-al mismo tiempo- dame el don de no pensar que soy un pobre ser destinado a la muerte, y que haga lo que haga nada ni nadie me va a salvar de la parca.

 La expresión no tiene ribetes gratos para mí. Con ella me encontré en el Hospital Británico, cuando mi esposo se enfermó, lo sometieron a un estudio de diagnóstico. El especialista que se lo iba a hacer, me dijo:- primero, lo vamos a “sacar de ambiente”. Ahí entendí que le iban a dar algo que le produjera un efecto anestesiante para que no sufriera mientras le introducían por la boca una especie de tubo para inspeccionarle el hígado y sacarle un trocito para analizar. Y efectivamente, así fue. Lo acompañé hasta donde pude-no me dejaron entrar- y después de unos minutos lo dejaron en una salita donde se recobró. No sintió dolor, pero sí oyó las conversaciones que tenían entre sí las enfermeras. Y no eran nada agradables porque mientras le hacían el estudio, se referían a casos de personas que habían fallecido. Cuando supimos de manera brutal que la úlcera no era úlcera sino un cáncer avanzado, “lo sacaron de ambiente” varias veces, para hacerle ese y otros estudios y tratamientos que no fueron exitosos. Al final, y a los pocos meses, la muerte me lo sacó de ambiente para siempre, porque la muerte, la definitiva, la gran niveladora, es la más terrible de las “sacadoras” de ambiente. A mí también me dejó durante un tiempo, “fuera de ambiente”, en otro sentido: lo buscaba y no lo encontraba para comentarle mis cosas, quería hablarle y ya no estaba para escucharme. Es decir, me dejó sin mi interlocutor más afectuoso y más fiel.

 Entonces, como pueden comprobar, “sacar de ambiente”, “estar fuera de ambiente”, puede significar diferentes cosas. Es una expresión polisémica. En la letra de “Tema del hombre solo”, es –también- una expresión polisémica. El “hombre solo”, que se siente, se percibe, como un “extraño animal” al enfrentarse a sí mismo en la visión de un espejo, pasa por varias etapas: “el primer combatiente de la primera trinchera” –es decir el más expuesto al riesgo de morir-; “el que soñó ser eterno” – pero que se siente vulnerablemente mortal- es el mismo que pide “un poco más”. -En forma positiva-: “un poco más”, “para seguirla, para vivirla, habilítame un poco más”. Lo que no sabemos es a quién le dirige ese “habilítame”-. No sé si será a Dios. Digo que es en forma positiva, porque quiere –como Delmira Agustini en su famoso poema”Explosión”-,” más vida para amar”. Y aquí sí, “sacar de ambiente” tiene-verdaderamente- connotaciones positivas, como la música. Pero, en las últimas estrofas, la actitud se hace negativa, las imágenes de desolación se suceden como una catarata expresiva: “el sentimental”-expresión que lo connota como un ser vulnerable, se siente- lamentablemente- como: / “ruleta rusa andante/gatillando el celular”/ De la actitud positiva de pedir “un poco más” va a esta otra de desolación porque la vida es imprevisible, porque nada de lo que hagamos por permanecer jóvenes, bellos, y sanos será para siempre. Y ese adminículo que nos hemos inventando para –supuestamente- comunicarnos con los demás, es un arma mortal que se disparará cuando menos lo pensemos. Otras imágenes con similar carga expresiva se suceden en forma vertiginosa: como un disco rayado/ “como un árbol moribundo tema del hombre solo cargando el mundo a cambio de qué a cambio de qué quisiera un poco más sin recordar sin castigarme, sin culpar no quiero avergonzarme más solo quisiera un poco más para sacarme de ambiente”. En estas últimas estrofas, podemos inferir que “sacar de ambiente”, significa salir de la vida consciente, dejar de sufrir, recordar que el celular no nos salva de la muerte ni nos conecta con la vida, que es apenas un desgraciado y pobre sucedáneo de un intento fallido de comunicación que no se da, porque no existe, porque “nacemos y morimos solos”- como se dice al principio de la canción-, y de esa soledad no nos salva nadie. No hay fe, no hay ningún sentimiento de ternura o de disparador de afectos que nos unan y nos devuelvan las ilusiones juveniles, esa sensación de eternidad. Por eso, la canción se llama “tema del hombre solo”. Todos estamos solos. Nadie está acompañado. Hay que tener esa conciencia de principio a fin. Ese es el desolador mensaje que deja la canción de Jaime. Y aunque al final se repita el estribillo clamando a alguien-no sabemos a quién- por “un poco más/para seguirla/ un poco más/ habilítame un poco más/ para sacarme de ambiente”/ intuimos que ese interlocutor-llámese Dios, o Existencia o lo que sea- es ciego, sordo y mudo. No nos oye, no nos ve, no nos habla y el desesperado pedido del “extraño animal” que no se reconoce en el espejo, queda-sin esperanzas- en el más enorme boquete de vacío.