jueves, 29 de noviembre de 2012

LOS ESCRACHADOS DE SIEMPRE

A punto para "el escrache"



Pago una TV cable  de tipo “básico”. Me convencí de que por más que pagara lo único que iba a lograr era “más de lo mismo”. En esta época del año, las promociones para adherir a incautos en las “estupendas” ofertas de diferentes cables son “belicosas”: por mail, por teléfono, por la puerta. Hay que hacer un enormísimo esfuerzo de voluntad para evadirse de los “call centers” y sus “fantásticas” ofertas. Si es por teléfono, lo primero que observo es la hora, porque mis  familiares y amistades  se abstienen de llamarme  medio temprano ya que saben que constituye un violento  atentado a mis neuronas. Los llamados agresivos empiezan alrededor de las nueve de la mañana. Entonces me preparo. Levanto el tubo y recibo la primera perorata:
-“Buenos días, me llamo Fabiana, o Viviana o Julieta- o alguno de los              otros nombres usuales en gente menor de treinta- ¿usted es la “señora de la casa”? Acto seguido, esta  “señora de la casa” –que ya está preparada-contesta que sí, que es eso, pero que no le interesa ningún “producto” que le puedan ofrecer de ningún modo y a ningún precio. En la casa, ya hay y es más que  suficiente para lo que se usa. No se necesita ninguna “expansión del “producto”. La niña insiste, porque se ha preparado para  pesetear- que como indica el diccionario  del español del Uruguay, en cierta forma es “prepotear”: -“¿No le interesa conocer nuestra oferta?” ¡NO! ¡NO ME INTERESA! ¡GRACIAS!  (Las mayúsculas en este caso, tratan de trasmitir la firmeza de  mi  contestación.) Este episodio no es único,  ya que recibo  muchos día y noche, con “ofertas”,  “pedidos” o “mangas” de todo tipo, y, sobre todo,  después de las 20 horas, -supuestamente- una hora propicia  para molestar más y mejor a la pobre “señora de la casa” que llega  con la “guardia baja”, fundida del laburo. ¡No hay que “bajar la guardia” nunca!
Al fin y al cabo, como  he podido comprobar que  no es mucho lo que me atrae de la programación y  me gusta  mucho cocinar, miro asiduamente los programas culinarios. Si es algo que nunca vi preparar lo sigo con interés, porque siempre se aprende algo, aunque las más de las veces termino riéndome a mandíbula batiente porque lo que me muestran es lo que hacían mi nona, mi vieja  o  mi tití Estela,  todas expertas en aprovechar   lo que había quedado en la heladera o en el canasto de la verdura. Se convirtió en una  “astucia culinaria” de los famosos, usar todo lo que quedó. Así veo a Narda, a Máximo, a Ariel-por nombrar a tres conocidos de la pantalla chica-,  por esas cocinas de Dios, conociendo y aprovechando los requeches  a los que les suman ingredientes exóticos del lugar.
Una de estas noches, seguí con interés a Francis Mallmann. Es ameno, y con frecuencia hace alusión a sus incursiones en París. En Argentina, en cambio, lo veo cocinar en hermosos lugares desolados. Me han comentado-los que han ido con gran novelería a degustar sus platos- que lo que sí se trajo de París-sin lugar a dudas- son los altísimos precios.  Esta vez no estaba en Pueblo Garzón, en Uruguay,  sino en Bahía Bustamante, un pueblo alguero de-  la Patagonia. Suele utilizar como toque personal, antiguos utensilios que yo conocí acá en el campo de Treinta y Tres-los pagos de mi viejo-: cocina económica, fuego a leña, ollas y sartenes de hierro ennegrecidas por el uso  y productos lugareños. ¿Qué hacía de rico esta vez, en ese lugar helado? Algo muy sencillo y que en mi casa se hacía de noche con lo que quedaba en la heladera y en el canasto verdulero-como ya comenté- unos “huevos escrachados”. No un revuelto de huevos, -porque en ese caso los huevos se rompen y a veces se baten para amalgamarlos con los otros ingredientes, sino “escrachados”. ¿Qué significa esto? En el diccionario del español del Uruguay, encontré esta definición para “escrachar/se” (del italiano scaracchiare gargajear,tr. esp.”hacerse bolsa”) 2) golpear con violencia//3) Fotografiar a una persona.
También hallé “escrache” -con la definición de “Manifestación pública y airada de denuncia”-, y “escracho”,- con el significado de “Persona muy fea”-(muy usual para referirse a mujeres feas como rodada en bajada.)
En el diccionario  del lenguaje rioplatense de Juan Carlos Guarnieri las acepciones son similares aunque la palabra que citan como de origen italiano es: schiacciare  en español: romper, aplastar, destrozar, chocar con gran violencia y estrépito. (Una acepción muy usada para referirse a persona y/ o auto que sufrió daños en un accidente.)
En cuanto a la acepción de “fotografiar a una persona”  yo habría agregado  que es una expresión habitual en los prontuarios policiales. El “escrachado” es el delincuente de la foto. No es una expresión que –salvo con intención jocosa- se emplee para una pareja de novios que contrae enlace, porque no sería adecuada o apropiada para la ocasión.  Salvo, vuelvo a repetir, que hubiera una  intención bromista se podría poner a pie de foto: Miguel y Lucía,  “escrachados” el día de su boda por Estudio La Foto Sincera.
Algo  de “golpear o reventar o hacer bolsa” tiene  la sencilla comida que hizo Mallmann en su  ennegrecida plancha de hierro. Los ingredientes que utilizó fueron: manteca, panceta, zucchini, arvejas, huevos y, en la ensalada,-  el touch oriundo del lugar- una especie de “pasto salado” que se llama “salicornia”. En su comida, los huevitos permanecen enteros, hasta que cuajan, haciéndose en la gordura que se le puso  a la plancha o sartén-en su caso unos socotrocos-pedazos grandes, dice el mencionado diccionario-  de panceta ahumada y manteca-. Al final, se “escrachan” los huevos, es decir se “golpean” o “se rompen”  o “se hacen bolsa”-para que se extiendan  sobre los otros ingredientes-.

Otra variedad a punto del escrache

Mencioné que esta comida se hacía en mi casa sin tanta alharaca-y sin cobrar los fabulosos precios de Mallmann- con los “requeches”, es decir con las sobras. Mi familia tenía quintas, por eso no faltaba nunca alguna cebollita gustosa, ají morrón, papas, boniatos, arvejas, berenjenas, brócoli-si intervenía la nona, con seguridad que le ponía  ajo, y  unos buenos socotrocos de tocino, en lugar de panceta. Los huevos eran caseros ¡faltaba más! Y la nona, le  ponía uno o dos a cada comensal. Mallmann  puso 7 para él solito,-yo no vi a nadie más salvo una perra muy obediente que tiene cama propia y responde al nombre de “Luna”-. Para mí y para todas las mujeres que me enseñaron a cocinar 7 huevos para una sola persona es un verdadero disparate. Con 2, alcanza perfectamente bien. Lo cierto es que con estos ricos platos muchos cocineros profesionales “curran” de lo lindo, escriben libros, -otro “curro” más -y han amasado grandes fortunas. ¡Nona, viviste en el siglo equivocado! ¡Si cocinaras en este siglo XXI habrías adquirido fama y fortuna!  ¡Recuerdo con verdadero deleite tus comidas caseras!  ¡Sabrosísimos los escrachados de siempre!

Ya escrachados y listos para servir y degustar

domingo, 11 de noviembre de 2012

LA MUY HUMANA BRUNA HUSKY



Mis novelas de Rosa Montero


Hace varias noches que vengo soñando con mutantes, replicantes y bichos.
La culpa  es de Rosa Montero que escribe novelas delirantes y a mí se me da por leerlas en horas de la noche.
Ya con “La loca de la casa” me volvió medio desequilibrada y  me tuvo meses buscando los libros comentados. Los que pude encontrar y leer se relacionan con  la ficción autobiográfica o la autobiografía novelada, la memoria con su opuesto  el olvido, el amor y el desamor, la vida y la muerte. Dualidades que  están  siempre presentes en sus obras.
La chifladura con “La loca” me vino en parte porque está escrita en plan: “yo te cuento de mi vida, tú sígueme por favor”, y ahí voy yo como buena pánfila que soy, creyéndome todo lo que voy leyendo. Pero de pronto pienso: “esto ya lo leí. Y sí. Lo leí; pero es otra versión diferente de lo que leí”. ¡Albricias! ¡No hay límites precisos entre realidad y ficción! ¡Hasta me creí lo de la hermana! Es cierto que la culpa es mía, porque le pasé por arriba a la dedicatoria: “Para Martina, que es y no es. Y que no siendo me ha enseñado mucho.” Lean “La loca de la casa”  y después me cuentan.
Si  “La loca de la casa” me dejó turulata,  “Lágrimas en la lluvia” me desequilibró del todo. Ya no estoy “casi” loca-que eso significa el adverbio “medio”- sino completamente loca. Cuando era joven  veía  películas de ciencia ficción y los escritores  Julio Verne, Isaac Asimov-a quien releo con gusto después de cincuenta años-  y  Ray Bradbury fueron los amores de mi adolescencia.  Y en cine Steve Spielberg supo preocuparme bastante. Pero… ¡Rosa Montero creó un muy personal mundo alucinante  con "humanos", “replicantes”,  “mutantes” “  y “bichos”!
Si “La loca” me conminó a buscar y leer libros a más no poder, esta otra me llevó-de nuevo- a ver  la peli “Blade Runner” porque de ese filme surgió el título:”Lágrimas en la lluvia”. La peli es del año 82, es decir que ya  tiene la friolera de 30 años;  al volverla a ver se  puede  llegar a experimentar algo así como una  especie de ternura por los avances tecnológicos que ya fueron totalmente superados, como cuando se ven  en los remates las antiguas máquinas de escribir que actualmente son unos armatostes descomunales pero que en su momento fueron grandes adelantos. De todos modos, en la peli, aún se percibe  un trasfondo existencial que no pasó de moda. El título del libro se inspiró en  las palabras que un  replicante dice antes de morir:
“Todos los momentos se perderán como lágrimas en la lluvia”
En el sentido de esta frase encontramos  un pensamiento clave en la literatura de Rosa Montero: la desesperanza ante la idea de “desaparecer absolutamente” de “dejar de ser”, de “dejar de existir” al cual  se le une otro “incruste” temático dual  reiterado  y combinado: la memoria, el olvido,  el amor, el desamor, la vida y la muerte.
Pongamos texto para  sostener afirmaciones:
“De hecho, me parece que los narradores somos personas más obsesionadas por la muerte que la mayoría; creo que percibimos el paso del tiempo con especial sensibilidad o virulencia, como si los segundos nos tictaquearan de manera ensordecedora en las orejas.” (La loca de la casa” pag. 13)
“Los novelistas, escribanos incontinentes, disparamos y disparamos palabras sin cesar contra la muerte, como arqueros subidos a las almenas de un castillo en ruinas.” (Ídem pág.31)
“Lágrimas en la lluvia” comienza con estas palabras:
“Bruna despertó sobresaltada y recordó que iba a morir.
Pero no ahora.”
Primera connotación del personaje: la conciencia de la muerte “a término” y el pánico que esa idea le provoca.
Ya desde las primeras páginas podemos saber que Bruna pertenece a la especie de los replicantes o “reps”. Ha tenido un período de gestación determinado.“Nació” adulta (con 25 años) y tiene un máximo de vida de 10 años de los cuales trabaja 2.
 Tiene  una “memoria implantada”, es decir una  sucesión de recuerdos elaborados que-supuestamente- le permitirían relacionarse mejor. Físicamente es  una rep de combate: alta, atlética, de pupilas felinas, rapada y tatuada.  Mientras iba captando su descripción física empecé-mentalmente- a crear la imagen de una “mujer maravilla” pero no con la estupenda melena de la actriz Linda Carter, sino con la cabeza de la cantante –joven- Sinead O’Connor.  Bruna es una detective y vive de su trabajo, si no  anda a salto de mata.
Yo me imaginé una Bruna Husky con un físico como este

y una cara así,  como la de Sinead O'Connor
Si bien el aspecto físico de Bruna es llamativo y sorprendente, lo que más me atrapó de ella fue su psiquis. Es un personaje replicante, o tecnohumano, o androide, pero resulta sumamente “humana” en todas sus actitudes. A los pocos pasos de ir leyendo su historia nos enteramos de  que ha perdido a  su amor –Merlín-, porque  lo recuerda constantemente—por eso mencioné antes la presencia constante del tema  de la memoria- pero los   recuerdos que tiene de Merlín no son de los “implantados” porque esa intensa relación amorosa pertenece a la “vida breve” que se le ha otorgado. Merlín-otro rep- murió víctima  de la atroz enfermedad que los mata cuando les llega el plazo, denominado TTT: Tumor Total Tecno. Un detalle a tener en cuenta: en la peli, el replicante muere sin sufrimiento. En cambio,  los “reps” de Rosa Montero mueren sufriendo esa enfermedad que -por la descripción- es un horrendo e irremediable cáncer.  Bruna, -en pleno duelo- no lo puede recordar sano y feliz, sino acuciado por la dolencia que lo deformó  y lo devoró.
“A Merlín le encantaban los bocadillos de algas con piñones. El rostro del rep, un rostro deformado por la enfermedad, flotó por un instante en su memoria y Bruna sintió que el estómago se le retorcía. Respiró hondo, intentando deshacer el nudo de sus tripas y empujar de nuevo el recuerdo de Merlín a los abismos. Si por lo menos pudiera rememorarlo sano y feliz, y no siempre atrapado por el dolor. Dio un mordisco furioso al emparedado y regresó a sus problemas de trabajo.” ) ( Página 42)
También nos enteramos de que en ese mundo o entorno del año 2109, donde se mueve Bruna- la atlética y fuerte Bruna- la mayoría de los reps, se someten a cirugías estéticas-no siempre acertadas- y buscan afanosamente postergar o aplazar la muerte por medio de “curas milagrosas”. ¿No les parece-también- una actitud absolutamente humana? Todos los que hemos tenido a un ser querido que fue devastado por una cruel enfermedad hemos movido cielo y tierra buscándole una  cura, un aplazamiento de lo inevitable,  rezando a cuanto santo se nos dijo que era “milagroso” para comprobar con abatimiento que nada posterga la llegada de “la huesuda”, la “gran igualadora” que tanto se lleva a buenos como a malos, a reyes y esclavos, -sin distinción- cuando quiere y como quiere.
Otra característica que “humaniza” muchísimo a Bruna, -además de la conciencia de la muerte a término cuya cuenta lleva rigurosamente-, es precisamente esa memoria. Si bien sabe que es “implantada” y llega a enterarse de que consta de un número de escenas, tiene la “conciencia absoluta” de que la capacidad de recordar es la que nos da  identidad y nos hace ser lo que somos. Dejar de recordar significa la destrucción. El dolor que experimenta es muy profundo: no puede tener hijos, sus padres no son sus padres, ni sus amigos son sus amigos. Está sola. Todos los reps están solos. Así se comprueba en los casos que tiene que investigar como detective. Con esa atroz conciencia de la “vida breve” y la memoria como identidad, Bruna agrega a su personalidad otro rasgo humano: cuando no puede más con el dolor,  se embriaga, se droga y practica sexo desaforadamente-aunque sea con un “mendigo sideral” transparente, con órganos visibles a simple vista, y que –camaleónicamente- cambia de color según lo que siente. Al comienzo, Bruna aparece agobiada por una terrible resaca- y la vamos a “sentir”  más de una vez en esas condiciones deplorables, porque “la vida duele” y a ella más que a nadie. Más  allá de su concepción como una replicante, una tecnohumana o una androide-como se la quiera llamar-,  su compleja psiquis, sus rarezas, su gusto por lo artístico, su sexualidad a flor de piel y sus sentimientos la han convertido en la más humana  de las criaturas.
De novela o de película. Sin lugar a dudas.




sábado, 3 de noviembre de 2012

LUCES Y SOMBRAS DE AMOS OZ

Minuciosa reconstrucción de los claroscuros de la vida
Hace poco que empecé a leer a este escritor israelí.  Comencé con “El mismo mar”  en ediciones de bolsillo. Como me gustó, busqué y leí otros libros. Finalmente, después de mucho buscar en librerías y en internet llegué a su libro  autobiográfico. Cuando una nueva personalidad me llega, leo todo lo que puedo y busco –si tiene- autobiografía. Es una forma acertada  de ir conociéndolo y reconociéndolo:-Hola Amos ¿cómo estás? ¿Por dónde me llevas a pasear “niño de palabras”’?- No me cabe duda de que sigues siendo “un niño de palabras” como tú mismo te defines- tanto como  yo sigo siendo también una niña, lectora curiosísima, que te sigue sumisa por la selva de significados castizamente trasvasados de tu hebreo- y, al mismo tiempo que te sigo, voy tratando  de  “mirar” con mis ojos lo que tú viste  con los tuyos, o-mejor expresado- lo que tú quieres que yo vea. Un juego arduamente complejo y excitante para una niña que nunca fue a Israel, que tampoco jamás de los jamases vivió en un kibbutz y que no tiene ese historial familiar que tan magistralmente has armado con tanto  recato, cautela y un admirable sentido del humor.  ”Una historia de amor y oscuridad” es un libro  singular, mejor expresado: fascinante. Ya sabemos todo lo engañoso que puede ser el término “autobiográfico”, porque por un lado, pasa por el tamiz de la subjetividad del que relata, ese pequeño dios –dueño absoluto  de la primera persona- que dice lo que quiere y como quiere, que muestra-también- lo que quiere o como quiere, y que las más de las veces nos deja con la miel en los labios y por otro lado, no nos podemos desprender de la  “veracidad” que se va creando con la palabra. Siempre encontramos frases que nos conmueven más que otras. Yo he llegado a pensar y decirme a mí misma: “¡Esto es lo que yo hubiera querido escribir desde siempre! ¿Cómo se atreve este pícaro a decir o a describir o a relatar  con estas mismas palabras que yo he pensado, estas ideas que son-a quien le cabe duda- absolutamente “mías”?

(…) “Cuando era pequeño quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro: a las personas se las puede matar como a hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reykjavik, Valladolid o Vancouver.” (Pág.36-37)
¡Yo también quería ser libro, Amos! ¡Absolutamente! ¡Cuánto soñé con transformarme en uno de esos libros con tapas duras de cartón que olían a nuevo! Para mí los libros eran objetos de culto, casi comestibles. Lo siguen siendo. Nunca  logré convertirme en uno, pero aún no he perdido  la esperanza.
Es también indudable que para leerte tengo que valerme de  esta muy castellanísima versión de Raquel García Lozano- porque por desconocimiento del hebreo  no puedo leerte en tu idioma original-, pero aún así, “trasvasado”  siento que la mayor parte de las ideas que manifiestas yo también las tuve y las sigo teniendo, y-además, te confieso que  las habría podido escribir en un español muchísimo más general-. (Por ejemplo, no hubiera utilizado jamás la palabra “follar”, te pido mil perdones, pero… ¡es horrorosísima!).
En este mismo libro aclarás muy bien tu concepto sobre “lo autobiográfico” (– ¡por supuesto  que es el mío también! ¿Cómo lo supiste? ):
“Todo es autobiográfico: si alguna vez escribiera  una historia entre la Madre Teresa y Aba Eban, por supuesto sería autobiográfica, aunque no una confesión. Todas las historias que he escrito son autobiográficas, ninguna es una confesión. El mal lector siempre quiere saber, saber al instante “qué pasó realmente”. Cuál es la historia que está detrás del relato, qué pasa, quién está en contra de quien, quién folló con quién realmente. “Profesor Nabokob” preguntó una vez una entrevistadora en directo en la televisión americana: díganos por favor, are you really so hooked on little girls?” (La expresión de lo que la entrevistadora le preguntó a Nabokob está en inglés, en español sería algo así: “¿Está usted realmente “enganchado”/enviciado con las niñas?”.) (pág.49)
 Cada vez que se le pregunta a un autor  sobre un personaje, se busca que ese personaje, sus palabras y su proceder “calcen” de alguna manera en la vida del que lo creó.  ¿Tomó como modelo a su esposa? ¿Tiene algún pariente con ese problema? ¿Quizás alguna de las hijas?  ¿Su personaje es sucio porque usted está reñido con el agua y el jabón?
Aunque Amos se refiere siempre al “mal lector”; reconozco que  hay  una tendencia mayoritaria al chusmerío: la vida de los demás ofrece filones inesperados. La nuestra es aburrida, monótona hasta la exasperación, en cambio la de los otros, está repleta de jugos de insuperable sabor. Pero  ¡cuidado! Nos- dice Amos- en esta afirmación:
“Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca: conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino entre lo que está escrito y el lector.” (La negrita y el subrayado son míos.)
¡Yo defendí esta premisa siempre, Amos! No es tan importante saber si es verdad o mentira  lo que  se cuenta, sino cómo incide lo narrado en mi psiquis;( en la psiquis de cada uno de los lectores…) ¿por qué me impacta tal o cual personaje? ¿Qué es lo que me causa esta desazón?  ¿Acaso me remueve  antiguos dolores? ¿Esa madre suicida que inmortalizaste en el texto  con tanta delicadeza,  me recuerda a algún ser querido que ya no está más conmigo? ¿Por qué me atormenta  tanto ese episodio después de la muerte  de tu madre, cuando ni tú ni tu padre limpiaban, ordenaban, ni hacían ninguna labor doméstica y terminaste diciendo que se comportaban así  para que “ella lo supiera”?  ¿Tal o cual personaje se parece a mi madre, quizás, o mi tía Stella- la más querida, la que me “reconstruyó” mientras viví en su casa, todos los cuentos de “las oscuridades” familiares  que nadie quería que se divulgaran? Tu abuela Slomith, la fanática de la limpieza, vestía a  tu padre de niña. ¡No te asustes!   ¡Mi madre intentó oscurecerme el pelo a toda costa!  “De donde yerba si es puro palo”  ¿Una niña rubia, de ojos celestes con un padre negro? ¡Dónde se vio! ¿Sentís las fibras  que tocás de mi corazón? ¿Te das cuenta porqué me perturba tanto? ¿Por qué me duele que te hayas quedado tantísimos años en silencio, si eras “un niño de palabras”? ¿Qué zonas oscuras hundiste en el silencio? ¡El cambio de apellido también es negar y callar! ¡También silenciaste tus sentimientos por lamaestraZeldadesegundo!  ¡Supiste que murió en 1984 “en medio de terribles dolores” y tú- a quien ella llamaba “niño rebosante de luz”- no le alcanzaste ni una migaja de esa fosforescencia!  ¡No fue ella la que te hundió en la oscuridad!
De todas maneras, creo que quebraste tu terco silencio-“frenético niño de palabras”   con este poema que escribiste sobre ella en “El mismo mar”:
Lo que quería y lo que sé
Aún recuerdo su habitación
calle Sofonías. Entrada por el patio.
Prosa y poesía delicadísimas
Siete * años y cuarto, frenético
niño de palabras. Pretendiente                                     
“Mi habitación no pregunta”-escribía ella
“por ortos ni ocasos. Le basta
con que el sol traiga una bandeja de oro
y la luna una bandeja de plata.” Lo recuerdo.
Uvas y una manzana me dio
en las vacaciones de verano, año 46.
Me tendí en la esterilla,
niño de mentiras. Enamorado.
De papel le hacía
flores y hojas. Una falda
llevaba ella, marrón, parecida a ella,
campana y olor a jazmín.
Mujer silenciosa. Y toqué
el borde de su vestido. De casualidad.
Lo que quería no lo sabía
y lo que sé abrasa.

¿Qué tienen de común conmigo las creaciones de este israelí, que  ni siquiera debe hablar español para que a mí-que no hablo hebreo ni por señas, y que tampoco tengo-creo- ni una gota de sangre judía, me conmuevan tanto sus dolores y me produzcan una compasión y una empatía sin igual?  Algo pasa a través de sus textos a mi alma, algo tienen que remueven en lo más profundo, vaya a saber qué   sentimientos subyacentes. También hay luces para el que las quiera ver.  El  hiperbólico y triunfante amor correspondido que  irradia destellos centelleantes es uno de los mejores ejemplos:
(…) “Ese día en Hulda las vacas pusieron huevos, de las ubres de las ovejas salió vino y de los eucaliptos fluyeron leche y miel. “(…) Y yo fui al pabellón vacío de los chicos, cerré bien la puerta, me puse frente al espejo y pregunté en voz alta: “Espejito, espejito, dime, ¿cómo ha ocurrido esto? ¿Cómo he sido merecedor de esto?”
Una última y efusiva recomendación:
 ¡Hay que leerlo!