lunes, 28 de noviembre de 2011

¿SOMOS TRANSGRESORES LOS URUGUAYOS?


Grupos en bici sobre las veredas de la rambla

Cartelito inútil en el Shopping Punta Carretas
Esta es una pregunta como para plantear en el programa “Esta boca es mía”- ya lo sé- De todos modos,  los invito a reflexionar conmigo sobre este tema.
Ya nos hemos dado cuenta de que la falta de respeto campea en todos los ámbitos sociales porque  no se respeta a  nadie,  ni en ninguna circunstancia; no importa que usted tenga ciento veinte años, y trate-penosamente- de subirse a un ómnibus montevideano; tampoco importa que usted esgrima un bastón u otro aparato con el que en forma lamentable se arrastra hasta llegar a la escalerilla del susodicho. No. No importa. El conductor apretará el acelerador con ímpetu y usted deberá aferrarse con uñas y dientes de los pasamanos o de otros pasajeros, mientras una manada de inadaptados le pasará por encima, logrará sacar el boleto de la jodida maquinita, llegará a un asiento vacío y posará sus asentaderas, mucho antes que usted logre con la inseguridad de sus movimientos reumáticos, poner un piecito en el último escalón.  Después de lograr la hazaña de hacer todos esos movimientos que para los jóvenes es algo simple, mirará desolado para ver si alguien le cede un asiento que su edad y condición demandan. Verá que todos miran distraída y empecinadamente por la ventanilla y no habrá ninguna circunstancia que los saque del embelesamiento que les produce el hermoso paisaje ciudadano. Quizás algún guarda-mujer u hombre que los hay ahora de ambos sexos- se apiade y le indique en forma perentoria a alguno de estos distraídos que libere los  sitios que se destinan a los discapacitados o a las mujeres embarazadas. Quizás. Ojalá que tenga suerte. Usted ya  sabe que cada vez que sale a la calle-generalmente para ir al médico o para hacerse análisis- tendrá que enfrentar todos los peligros de la jungla mancomunados en las actitudes de nuestros conciudadanos- conste de que empleo el masculino en forma genérica-, tal cual se aconseja  hasta el hartazgo en las gramáticas actualizadas- que no le darán tregua y contra los cuales se tendrá que medir en las diarias refriegas del “sálvese quien pueda”.
No se descorazone, no está todo perdido. En cualquier momento, la IMM-que no importa qué partido la haya ganado, porque todos proceden de la misma manera –le inventará unas propagandas muy hermosas-,  y, sin duda,  sacará alguna campaña para ayudarlo a que usted pueda usar con eficacia  el transporte capitalino. Reforzará el uso de los bonitos ómnibus con escalerillas hasta el cordón de la vereda-yo solo vi uno en televisión- para que no tenga que hacer acrobacias elevando su pierna como si fuera Julio Bocca.  Hasta es posible, ¿por qué no? que usted  pueda aparecer en el aviso correspondiente, con su mejor sonrisa-Corega, con el bastón en alto, como bandera de su triunfo sobre la edad y sobre la maldad humana. No me va a negar que la propaganda con esa imagen podría ser eficaz. Soy una publicitaria frustrada por eso no le cobro la idea. Úsela, llévela a la IMM a Cutsa a Copsa y a las otras cooperativas. Todo puede suceder.
De la IMM recuerdo una de esas bonitas convocatorias que pagamos todos los montevideanos. Todavía queda algún cartelito sobre el enjardinado del Shopping Punta Carretas- perdone que siempre lo nombre, pero es el de mi barrio- El cartelito dice lo siguiente y tal cual lo transcribo: “SI TU PERRO TAMBIÉN ES DE HISTORIETA, ZAFASTE, SINO (SIC) LIMPIÁ”  ¡Qué poesía!
Yo no sé si los ciudadanos encuentran que el mensaje es muy críptico, porque hay que ir mirando siempre para abajo para no pisar lo que ya se sabe de los perros, y,  en mi caso,- que les tengo terror-  tengo que cruzar de una vereda a la otra porque circulan sueltos unos enormes mastodontes por los lugares que son para caminar: por ejemplo, la vereda del Club de Golf o la rambla, y por todos los otros lugares de la ciudad que NO SON PARA CIRCULAR CON ANIMALES SUELTOS. Hay una disposición –también municipal- que “exige”- es un decir- que los dueños lleven a sus perros con cadena y bozal. Ayer, en mi diaria caminata a pedido médico, crucé varias veces la vereda evitando unos enormes perros-policía que andaban sin ningún tipo de seguridad y  que se acercaban peligrosamente a los caminantes. Cuando quedé-de golpe- parada frente a uno de estos enormísimos animales con cara de pocos amigos, un señor muy paquete, que venía corriendo con suma elegancia me comentó: “No se preocupe, no hace nada”. Yo, quedé tan paralizada,  que ni siquiera pude sacar  mi ímpetu habitual  para contestarle. Eso sí, hice ejercicio. Cruzar veredas de un lado a otro también es hacer ejercicio.
Otro ejercicio es, -dentro de lo que vengo comentando-, esquivar las bicicletas. Increíblemente, ¿Increíblemente? también les ha dado a ciertos ciudadanos montevideanos por andar en sofisticadas máquinas, a  velocidades increíbles- con equipos también especiales, incluidos cascos, rodilleras, coderas y toda la parafernalia moderna- SOBRE LAS VEREDAS. ¡FALTABA MÁS!  Y no es un ciclista. Son grupos. TODOS SOBRE LAS VEREDAS.  Así que si usted siente un vientito que le sopla mientras camina y no proviene del mar- ¡No ose “salirse” de su línea por nada del mundo! ¡Por  favor! Haga como el personaje  Melvin Udall (Jack Nicholson) de “Mejor… imposible”  y desarrolle su pequeño trastorno compulsivo obsesivo propio: camine pisando las baldosas sin salirse de las líneas porque  “la embestida baguala” de una  o varias de estas bicis puede resultar fatal. A usted. A ellos no. Ellos andan protegidos. Muy protegidos.  Si quiere verlos, tanto a los mastodontes perros, como a sus desaprensivos dueños e inconscientes ciclistas. Dese una vuelta por mi barrio.
Para terminar: ¿SOMOS TRANSGRESORES LOS URUGUAYOS?  Si quiere, contésteme,  y si no,(separados los dos términos porque no estoy usando la conjunción adversativa "sino" jejejejeje)  por lo  menos, piénselo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

"FALSEDADES"

Pasta con una "falsa" salsa-una más entre tantas-putanesca
La TV cable que tengo es básica;  dos por tres me mandan “paquetes” para tratar de convencerme de que si pago más me van a dar programas de más calidad. Ya estoy muy vieja para creer en ese tipo de cuentos. Sé que me darán “más de lo mismo” y que en lugar de X número de canales voy a tener XX número de canales con   pavadas similares.  Por esa razón,  debido a la escasez de programas de TV más o menos potables, a veces,  me engancho con algún programa de preguntas y respuestas.
He visto alguno en el canal oficial 5 donde estudiantes liceales de distintos institutos exhiben su total ignorancia acerca de los temas que deberían ser  habituales  para sus edades. Me pregunto qué habrá pasado para que nuestra enseñanza que se vanaglorió de ser una de las mejores de la zona, esté tan hundida. La mayoría de las preguntas son básicas y absolutamente escolares. Me da tanta pena que usualmente no lo termino de ver.
Otro programa de preguntas y respuestas o propuestas o como quiera llamársele,  es el que conduce  la argentina Susana Giménez: “Salven el millón”.
 En este caso, acudo a la certera reflexión de Woody Allen en su película “Match Point”-que en algunos países apareció con el título de “El punto decisivo”:
 Aquel que dijo “más vale tener suerte que talento” conocía la  esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control.
En un partido hay momentos en que la pelota golpea con el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir hacia delante o hacia detrás. Con un poco de suerte sigue hacia delante y ganas o no lo hace y pierdes.”
Así es este juego de “Salven el millón”, donde se presentan “dos títulos motivadores” en cada una de las propuestas  y los participantes tienen que elegir y acertar. Lo apasionante del juego-como buen retozo del azar- es que no tiene lógica. La propuesta puede “disparar” para cualquier lado y los participantes también. La emoción crece  a medida que las consignas reducen su número hasta que queda la última que es “cara o cruz”. Susana dice que cuando quedan menos posibilidades es más fácil, pero-realmente- no es así, quedan menos, sí, pero… ¡hay que acertar  la correcta!  
En un  libro de cartas de mi queridísimo Julio Cortázar,  editado por Aurora Bernárdez- su primera esposa- y Carles Álvarez Garriga con el título de “Cartas a los Jonquieres”, encontré a ese Cortázar esquivo, que muchos de los que lo han tratado no  pudieron apreciar porque se envolvía en su timidez y en la salvaguarda a ultranza  de su vida privada-algo que siempre me pareció muy acertado-. De todos modos, la taimada que habita en mí,  lee con enormísimo placer estas cartas privadas que lo aproximan en una verdadera dimensión humana que siempre supe que tenía. Allí está el verdadero Julito pobre ,  reclamando pagos que demoran en llegar, paseando con Aurora- “Glop”- por París o por Italia, viviendo precariamente en piezas alquiladas, lavándose con esponja, comiendo “salteado” en modestísimas cantinas, deplorando ser traductor y no poder vivir –totalmente- de sus ingresos como escritor. Cuando estaba leyendo entusiasmadísima, esas jugosas cartas, de pronto di un respingo porque encontré en una, fechada en París el 8 de septiembre de 1954,  una idea que ya me han manifestado varios amigos porteños- grandes socarrones- y que, a juzgar por las posesiones que tienen ellos del lado de acá, y que  ya hay  uruguayos allá participando en programas como  el muy vilipendiado “Gran Hermano”,  se podría concretar en cualquier momento- Cortázar le pregunta  a su amigo,  en la carta que comento- quejándose de las vueltas que hay que dar para viajar de una orilla a la otra-:
“¿Por qué la Argentina no anexa de una vez por todas al Uruguay y se acaban todos los problemas?” 
 De inmediato me pregunté: ¿Seremos ciudadanos de un “falso” país? Los mordaces amigos de la vecina orilla  me aseguran que en cualquier momento somos una provincia  argentina más, nos "anexan"-como dice Julito- y yo recuerdo muy bien las clases de Historia Nacional y Americana que nos daba Vivían Trías en el legendario liceo Manuel Rosé de las Piedras. ¡Dios Santo!  ¿Se saldrán con la suya los argentinos?
 Algo bueno sería que  Susana Giménez nos convocara para participar. ¡No estaría mal! ¿No? Entre tantas faltas “pistas”, quizás podamos conquistar el ansiado y verdadero milloncito de pesitos argentinos.
La cierto es que en estos juegos, en los cuales como  en la vida, las propuestas inducen a falsas encrucijadas -se cree que es una cosa, pero es otra-,  cuenta indudablemente  en forma preponderante, la suerte de los participantes para elegir la respuesta correcta y llevarse el millón o parte de él. Y más en  la última que es el “match point”: o sea  “cara o cruz”.
Ocurre con frecuencia que la vida nos ponga en situaciones similares. Dramáticas y no tanto. O sí. Quién sabe. Por ejemplo, en la cocina. Es un giro chiflado, ya sé, pero yo ya les  advertí en mi perfil  que en este blog escribo divagues y reflexiones. ¿De acuerdo?
Actualmente, hay mujeres que “sólo entran a la cocina si les queda de paso para el baño”- decía un personaje de una muy popular murga uruguaya, en uno de sus monólogos- Es cierto, porque  cocinar lleva tiempo y trabajo y cada receta es una creación. El mundo actual ofrece muchas soluciones de “delivery” y propuestas gastronómicas económicas para no esclavizarse. Pero cuando se anduvo “entreverada” en la cocina desde pequeña, con toda la familia legítima y postiza cocinando, incluso papá,  el negro Pinela,  que era tradicional y conservador,  pero cocinaba como los dioses, es muy difícil que una no termine -sumisa- de delantalito, con el Manual Crandon de modelo.  A todos los integrantes familiares les daba de vez en cuando por preparar alguna receta que saliera de la rutina. Era  un ritual. Una pasta casera con salsa putanesca, por ejemplo. Me enseñaron  a sustituir ingredientes caros o difícilmente disponibles, falseando un poco la receta, pero sin perder el buen gusto. ¿Qué se hace en esos casos? ¡Se sustituye por alguno similar! ¿Cómo queda? ¡Parecido!  ¿Y cómo se le llama al nuevo engendro que “es pero no es”? – ¡”Falsa” salsa putanesca! Lleva cebolla,  ají colorado, pimentón picante, hojas de laurel, tomates licuados, sin semillas y sin piel, alcaparras, aceitunas, negras…. Pero… ¡No anchoas sino  atún!  Queda gustosa y menos tóxica. ¡Por suerte, -el otro factor que tiene siempre su importancia- los comensales   que tuve hoy, se chuparon los dedos!
"Falsas-engañosas- propuestas, falso país, falsas recetas”. Lo de “falso país” es preocupante. Ya nos han tildado de “paraíso fiscal”, lo cual tampoco es nada meritorio que digamos.
¿Se animan con el millón?  ¿Intentamos que Su nos “anexe”?














sábado, 12 de noviembre de 2011

" LAS TRADICIONALES"


El árbol de "El Jardín encantado"
2011

Los "sobri" en la Nevada del Shoppping 1995

Duende 2011: ¿podrás frenar el consumismo?


Hace mucho tiempo que siento que las fiestas tradicionales se han convertido en  una manifestación más del vacío existencial. Es probable que este año, debido a mis circunstancias personales este sentimiento esté más acentuado. Lo más grave que me ocurre es que no sé dónde meterme, dónde ir, porque lo he intentado todo. Desde quedarme en el loquero de la ciudad, hasta irme  de viaje. No siempre fui así- lógicamente- pero a medida que van transcurriendo los años y voy perdiendo a los seres que quiero, amigos y familiares que supieron mantener ese espíritu navideño vivo en la familia, el sentimiento de desconsuelo es infinito. Sé que no soy la única que lo experimento porque varias personas me han dicho que no les gustan las fiestas tradicionales y que están deseando que se terminen lo más rápidamente posible.
En mi(s) familia(s), los que sabían  mantener el espíritu de unión  por sobre todas las diferencias, lograban trasmitirlo a toda la parentela. Las celebraciones eran interminables. Siempre en torno a la mesa bien servida, presidida por las nonas en primer término. Una de las nonas, bailaba y batía palmas como la mejor, la otra sonreía cándidamente, sentada, con las manos en el regazo, siempre coronada con su pañuelito en la cabeza. Todavía las veo a las dos. Se comía, se bebía, se hacía música, se bailaba. La algarabía era general y la preparación para las celebraciones llevaba varios días de trabajo. Pero al irse yendo los seres “unificadores”, los que quedamos, empezamos a vivir en células más pequeñas y menos propensas a las celebraciones.
En las  festicholas de antaño,  es cierto, no todo era “dulzura”,  a veces, aparecía la risa “untada” con humor negro.
Me viene a la memoria un episodio puntual. Uno de mis tíos, cuando  habían pasado las doce, y ya había escanciado unas cuanta copejas,  solía acordarse de manera peculiar de un cuñado suyo-fallecido- que  le había arruinado en vida la posibilidad de tener la casa propia. La casa era de la nona, y el tío con su esposa- que era una de las hijas de la nona-,  la acompañaban y la cuidaban; pero los hermanos eran muchos. Cuando la nona falleció, la casa se vendió al mejor postor al  que pudo pagarles “la parte” a los otros. Y eso lo determinó el cuñado recordado en las navidades. El relato,- repetido hasta el hartazgo, siempre igual en el rencoroso recuerdo-  comenzaba así: “-Porque el finado Jorge- la puta que lo parió, que en paz descanse”-…… y después de esa especial “rociada” continuaba quejándose porque no pudo tener –en esa oportunidad- la casa propia pese a todos sus esfuerzos.
 Cuando me mudé a Punta Carretas, en 1995, la modalidad de  célula liliputiense ya estaba en pleno auge. Cada pequeña “casilla”, -llámese grupito de parientes o amigos íntimos- celebraba en su minúscula cápsula de la mejor manera posible. Pero siempre había un dejo de desolación  al sonar las doce, ya que  indefectiblemente, alguien se acordaba de un ser querido ausente  y rompía a sollozar, acongojando a los otros que se quedaban sin saber qué hacer.
 La cárcel, transformada en moderno Shopping,  se encargó desde sus inicios  de “comandar” el comienzo de un  bullicio extraordinario que se empieza a gestar apenas “se abre” la exhibición correspondiente en el centro del piso inferior. En esa  celebración de 1995,-recién mudada al barrio- el “motivo” había sido una “Navidad nevada” y cada una hora caían unos supuestos copos algodonosos que simulaban una nieve que nunca vimos por acá. Las caras de mis sobrinos –que eran chicos en esa época- documentan fielmente la  diversión.
Este año 2011,  a principios de noviembre, el escenario ya estaba pronto. Se llama “El jardín encantado”.  Lograron, con muñecos móviles, unos simpáticos duendes o gnomos, hadas encantadoras alrededor del árbol y casitas luminosas, que  todos-grandes y chicos- miran embelesados. Está todo el día repleto de personas que vienen a verlo especialmente. Muchos son turistas. Los villancicos, siempre me hicieron llorar, y este año-más que nunca- me causan una enorme pesadumbre. No es  un sentimiento religioso. Quizás se  une a esa sensación de que no siento alegría sincera-ni en mí ni en los otros-.  El jolgorio dura hasta fin de año y va “in crescendo”. La gente viene a no sé qué, y compra no sé qué, para llevarle a no sé quién. Por eso, hablé del “vacío”. Los regalos tienen la dificilísima misión de cubrir la falta de  afecto sincero. Antes dábamos compañía, abrazos, besos, salíamos a las doce a saludar a los vecinos  ahora, se dan regalitos para paliar las ausencias de visitas frecuentes. Se hacen listas: “esto es para fulanita, esto para sultanita”… Consumismo, mucho consumismo, más consumismo, dinero de plástico, ¡Vamos que hay un  25% más de descuento con X tarjeta!
”Hay que comprarle algo a tu madre”- decía hoy una señora con cara resignada  en la caja del Disco-“no sé qué se le puede llevar”, seguía con la misma cara- “No sé”, contestaba el distraído interpelado,- mirándole los senos a la cajera que tenía un pronunciadísimo escote - “Después vemos”. –Nunca sé qué comprarle a tu madre ¡Siempre es tan complicada! ¡Le compres lo que le compres, nunca queda contenta! -Argumentaba la mujer con la cara cada vez más agria.
Escucho a diario, conversaciones de este tipo. Muchas se realizan modernamente por celular,-lo cual me obliga a imaginarme las respuestas- con unos seres que transitan con paso rápido de un lado a otro, infatigablemente, en Mc Donald’s o en los pasillos del Disco, o  en dónde sea,-porque no conciben hablar por celular sin caminar- llevándose por delante a todo el mundo, absortos, hablando de los regalos que hay que llevar aquí o allá :reuniones de celebración en el trabajo, el amigo invisible, la suegra invisible, todo en el mismo saco sin un mínimo sentimiento afectuoso compartido. Únicamente el maldito compromiso.
Honestamente: ¡Me quedo con los muñecos del jardín encantado! ¡Por lo menos sonríen como ángeles,  y mientras se mueven armoniosamente, tienen una expresión tan beatífica!






jueves, 3 de noviembre de 2011

"EL ESTONE"

Il sorpasso y sus dos bellos intérpretes
Hace unos días mi sobrinito me comentó el asombro que le causó, por su tamaño,  un cine de Buenos Aires. Eso trajo a mi memoria los enormes y lujosos cines que supimos también  tener  de este lado del río. Además de tener una capacidad estupenda, los asientos eran mullidos-“pullman, se les decía-, y contaban con una estupenda iluminación  que se iba apagando paulatinamente cuando iba a empezar “la cinta” (vieja denominación para película). En realidad, también la palabra “cine” sufrió un acortamiento, pues en sus comienzos fue “el cinematógrafo”. Como las palabras extensas no prosperan por mucho tiempo, ésta también se acortó y quedó “cine”, así como película quedó- en forma coloquial en -“la peli”.

Volviendo a los cines, los de las ciudades del interior donde pasé parte de mi infancia y adolescencia no eran tan magníficos pero sí espaciosos. En La Paz, había dos: el Victory y el Lux. En Las Piedras, creo que llegamos a tener cuatro. Los que más recuerdo son el  "Avenida" y el    “18 de mayo” en clara alusión a la Batalla de Las Piedras que tan orgullosamente celebrábamos.  Yo vivía en La Paz, por lo tanto, era asidua  concurrente a los cines de mi ciudad, pero cuando empecé cuarto año de liceo, también ahorraba parte de mi mesada para ir a las matinés-más prestigiosas- de los cines de Las Piedras. Eran interminables. Se comenzaba a primera hora de la tarde y se terminaba al anochecer después de haber visto cuatro o cinco pelis. Dos personajes típicos de  esa época eran “el acomodador” que con su linterna nos acompañaba cuando la sala ya había apagado sus luces y el “caramelero”.  Este último entraba al cine portando una gran bandeja con chocolatines, pororó, pop,  caramelos, bombones, pastillas y-de acuerdo a lo que hubiera en nuestros bolsillos- era la compra que hacíamos para pasar la dulcísima tarde de cine. Ambos personajes vestían  de riguroso uniforme. Nada de chancletas ni gorritos ni bermudas.
Como el dinero no abundaba, la mayoría de nosotros llevaba una buena bolsa de bizcochos de las panaderías locales- que eran todas excelentes-. Un recuerdo agradecido a las mantequillas  que desbordaban de crema o dulce de leche y eran de una ternura inigualable. Nada de bizcochos congelados. Se hacían a diario, como el pan. Nuestras ciudades, en las horas tempranas de la mañana olían a pan caliente y a bizcochos recién horneados. El aroma era inconfundible. Íbamos guiados por él.
Había otro cine al que curiosamente, le quisieron poner “Cine Las Piedras”, pero, como ya empezaba el prestigio del idioma inglés,  a los patrocinadores se les ocurrió ponerle: “Stone City”, con lo cual cometieron una barbaridad, porque lo que quiere decir “Stone City” es “Ciudad de Piedra”. En realidad,  los nombres no necesariamente  deberían traducirse, sino adaptarse.  Así tenemos “Nueva York” por “New York” –fácil fórmula para que el nombre no se modifique demasiado-. Pero las modas, muchas veces, ejercen un extraño poder. Hace poco, anduvo diciendo todo el mundo que se preciara;” Beijin” en lugar de “Pekín” que era la fórmula ya adaptada al español.
Los que aprendíamos inglés éramos pocos. En el liceo, el idioma de prestigio era el francés, que estudiábamos durante cuatro años. Los  profesores que teníamos no eran nativos  por lo cual nuestra pronunciación estaba “teñida” por esa carencia. Ingenuamente, pensábamos que hablábamos inglés o francés. Nada más alejado de la realidad. Cuando entré a trabajar al UAS tuve que tomar cursos acelerados en la Alianza Uruguay Estados Unidos, porque no entendía nada de lo que hablaban los profesores americanos entre ellos, y tampoco entendía un pepino  en las reuniones que siempre se hacían en inglés. Fueron muchos años de estudiar inglés en libros, cuando en realidad, los idiomas  se aprenden en la práctica  diaria, primordialmente escuchando y hablando.
 En esos cines de La Paz y Las Piedras, a los catorce o quince años empecé a ver “películas prohibidas para menores de dieciocho”. Mi tamaño baño siempre me sirvió para pasar por “más  edad” cosa que en esa época me fascinaba y ahora ya no. A veces mi altura tenía sus ventajas, a veces no. Si salía con algún muchacho un poco mayor, al poco rato, mi bobalicona guaranguez adolescente quedaba a la vista sin ningún problema y el supuesto conquistador se daba cuenta de que era una nenota envasada en un tamaño baño. Nada más.  A esa edad ya medía el metro setenta que dominó mi juventud, flaca y todo como era igual pasaba bien por dieciocho-siempre que no abriera demasiado la boca, claro-. Eso me permitió ver esas tan promocionadas "películas prohibidas" que en la época actual son tan inocentes como  Caperucita Roja.
 Habían venido a nuestras carteleras una serie de películas  que hicieron época, una fue la Dolce Vita, con Marcello Mastroianni y otra, - inolvidable  para mí: “Il sorpasso”, con dos grandes actores Vittorio Gassman y Jean Louis Trintignant. A veces, distraída,  me encuentro tarareando una de las canciones más famosas del filme, el twist: “Guarda come dondolo”.  
Finalmente, en cuanto al nombre del cine: el pomposo “Stone City” al poco  tiempo, por esa capacidad que tenemos de abreviar y adaptar quedó convertido en “El Estone”.
¡De qué otra manera le íbamos a decir!
¿A qué cine vas el próximo domingo?
¡Al “Estone”!
¿Nos vemos?
¡Nos vemos!
Les dejo el enlace para que disfruten un poco de "Guarda come dondolo"
¡Les aseguro que supe zangolotearme lindo con este twist!