martes, 8 de octubre de 2019

LA AÑORGA

"La Añorga"- o sea "Totó Gurvich" 

Hace unos días encontré en una Librería del Montevideo Shopping este libro que me llamó poderosamente la atención.
Mi curiosidad se dirigió a la foto de portada, porque en ella reconocí a mi antigua profesora de Historia Universal  de mi época secundaria,  del Liceo de las Piedras Manuel Rosé. Ya he comentado en otras oportunidades la importancia de los docentes en nuestra vida estudiantil. Hoy, me voy a dedicar a rescatar a Julia Añorga.
Nunca fui excelente en las ciencias, pero en las letras desde la escuela, me encantó escribir, y, tuve docentes que supieron  incentivar mi gusto. Eso me salvó la vida, porque a partir de ese “descubrimiento” de que me gustaba escribir, más de uno me pedía que lo hiciera para celebrar algún acto escolar o liceal. Me daban material para lectura, y yo estudiaba con una convicción única. Feliz, porque me gustaba, feliz porque descubría mundos nuevos, feliz, porque podía hacer lo que me deleitaba.
Julia Añorga fue una de esas docentes que se dio cuenta y, todos los años, cuando se conmemoraba la Batalla de las Piedras, me prestaba libros, folletos, cuadernillos y todo lo imaginable para que pudiera  escribir-con conocimiento de causa-,  un texto alusivo a los hechos.
Por el libro, supe que dejó de dar clases para dedicarse a su casa, a su hijo y a la obra de su esposo. Tareas muy  loables y enaltecedoras. Revisando los años, cuando ella dejó de dar clases yo ya estaba viviendo en la casa de mis tíos-padrinos; y allí viví hasta que me casé. Con mi esposo, retomamos los estudios en el año más difícil para el país: 1973, pero empecinados, íbamos de noche a los famosos Preparatorios (no los habíamos terminado en Las Piedras) y, concluimos la Secundaria completa en Montevideo, en el Liceo Nocturno Nº 26.
Pero la continuación de mi carrera se dio  por el incentivo que me dieron profesores como Añorga que no nos dejaban bajar los brazos, sino que nos  impulsaban  para seguir adelante.
Y así fue, contra viento y marea. Gracias, Julia Añorga, me hubiera encantado decírtelo (o decírselo, porque no nos tuteábamos en esos tiempos) personalmente, y mostrarte (mostrarle) todos los títulos universitarios que fui cosechando después. Con seguridad que su cara se hubiera iluminado con una de sus encantadoras sonrisas, y sus ojos verdes, brillarían como nunca. Hasta fui profesora - intenté seguir lo mejor que pude el ejemplo señero de personalidades como la suya-.
 Porque usted, tampoco bajó los brazos, y la obra de su marido vive por su esfuerzo y el de su hijo. De nuevo, gracias por su convicción.




lunes, 23 de septiembre de 2019

REDES NET

El peligro acecha. ¿Se perderá para siempre el trato persona a persona?(Imagen tomada de Internet)

Recibo asiduamente ofertas de ventas de todo tipo y por todas las vías habidas y por haber.  Hace unos días encontré una que parecía  conveniente: un pantalón deportivo que vendía una  empresa instalada hace poco en el país y que tiene sede en el Punta Carretas Shopping. Después de la práctica de Taichí, decidí cruzar para probármelo, porque nunca me convencen las compras sin examinar la prenda.
El negocio estaba vacío. Pocas empleadas deambulaban como sonámbulas. Me dirigí a una de ellas para ver la prenda en cuestión y en forma muy distraída me indicó que me dirigiera al primer piso. Busqué la escalera mecánica correspondiente. Di vueltas en el primer piso hasta que ubiqué el pantalón. Me dirigí a otra vendedora tan distraída como la primera para ir al probador a verificar medidas, y, sobre todo el largo. Fui al probador.  Comprobé que me servía y volví al punto de partida en el primer piso, donde otra persona me dijo que para pagar debía ir a la planta baja. Vuelta otra vez, al comienzo del periplo. En la caja, se acercó una con paso de diva de cine, comprobó la compra y me quiso cobrar más de lo que estaba en oferta. Se lo dije y llamó a un encargado- muy tatuado él- que acudió pero no solucionó nada. Al contrario. Me informó que debía hacer la compra por internet e ir a retirarlo después.
Como comprenderán: no lo compré. Tampoco le auguro mucha permanencia a la tienda que no tiene ni  vendedores ni encargados que sepan qué hacer en cada circunstancia.
Pero este episodio tan nimio, me hizo pensar en otras situaciones del mismo o similar tenor.
Las molestias que se ocasionan en esta época de carnaval electoral son múltiples. Hay ofertas de todo tipo. En general, me despiertan temprano para ofrecerme-por teléfono, la red más antigua-  la lista de Talvi, o la de Manini Ríos, o la de Lacalle Pou o la de XX. No importa quién sea. El FA hace otro tipo de propuestas trabando el tránsito para los banderolazos. Las manifestaciones también causan fastidio, porque desvían el tránsito para que pasen los adeptos. Y ni que hablar de los clubes políticos. En la esquina, hay uno de Lacalle Pou que logró mortificarme por completo con una canción que repiten a toda voz hasta el hartazgo: “Yo me voy con Aparicio”.
Además del carnaval electoral, que no se justifica de ninguna manera, porque es larguísimo, están las ofertas que se reciben por mail y por el celular. No sé cómo consiguen los números. Yo, hasta saqué de la guía telefónica los míos,  porque es apabullante la cantidad de mensajes que recibo con las más inverosímiles ofertas. Hay de todo, como en botica: ventas de empresas fúnebres, ventas  de parcelas en el  Parque del Recuerdo, ventas de seguros de vida, ventas de sociedades médicas, ventas de seguros,  ventas de sociedades de compañía- que harán más llevadera mi existencia y, que impedirán que me caiga y fracture en mi propio hogar-. La mayor parte de las veces tengo que cortar abruptamente porque las han preparado para joder a más no poder. Y no me queda otra alternativa que decir con aire empecinado: ¡No quiero ningún servicio! (No puedo decir que ya tengo porque de inmediato quieren saber a quién tengo contratado).
Hoy terminé de ver una serie policial  que de una manera oblicua se relaciona con este tema: Se trataba de un violador serial con mucha práctica que nunca transgredía en el mismo estado sino que se iba moviendo de un lugar a otro. Sus víctimas eran mujeres de distintas razas, pesos y edades.  Además de violarlas repetidas veces, con las manos atadas, las humillaba con aberrantes procedimientos y les sacaba fotos. La primera víctima, no fue creída por la policía porque tenía  un historial  de hogares de acogida en los que  no se adaptó, y, por eso, la policía  consideró que había inventado la  violación y la demandaron  por mentir. Cuando dos detectives mujeres, atando  cabos sueltos en todos los estados,  llegaron a descubrirlo, ella, le dijo  a uno de los policías que no le creyó y la acusó: “Me dieron dinero, me resarcieron por mis zozobras, pero hay algo que  nadie me brindó: disculpas”.
En ese momento, el policía le pide las disculpas del caso, y le dice que lo siente mucho, mucho, mucho. Solo en ese momento.
Pues bien.
A mí me gustaría que la empresa Renner me pidiera disculpas por no tener sus precios actualizados en Facebook y en las tiendas,-el mismo en ambos medios-  que corrigiera  la malísima atención de sus funcionarios y que los enseñara a tratar al  público, solucionándole los problemas y no complicándole la vida; que los clubes políticos entendieran  que en este barrio- y en todos- vive gente que trabaja y no puede estar oyendo a voz en cuello, desde temprano, y hasta que las velas ardan,  las horrorosas canciones de sus propagandas; querría también que  se prohibiera terminantemente invadir hogares por teléfono con propuestas de ventas de servicios, y que cesara toda la propaganda -que ya vemos en televisión durante más de veinte minutos en cada corte de lo que se está viendo-.
 Creo que me lo merezco. Yo, y todas las víctimas como yo.



lunes, 26 de agosto de 2019

ÉRASE UNA VEZ.....TARANTINO

Brad Pitt, Leonardo DiCaprio, Quentin Tarantino. ( Foto tomada de internet) 



Esta tarde, fui a ver su última película: Érase una vez en Hollywood. Viene precedida por críticas negativas y también positivas. En mi caso, opino como aficionada al cine, y el de acción si es bueno, me gusta mucho. Quiero que conste, que las películas de Quentin Tarantino, me han resultado por sobre todas las cosas de buen ver.
Esta también. Así que negativos: abstenerse. Si no les gusta el cine de Tarantino, no vayan a verla. Es una opción.
En los comentarios hay de todo, pero creo que lo que se les ha escapado a las críticos-positivos y negativos- es el verdadero tema de la historia, que no es ni la recreación de personajes famosos que fueron asesinados,- yo no vi por ningún lado, alusión a los asesinatos reales- ni la de la vida hippie de los años 60/70 porque si bien esos temas están, el principal no es ninguno de esos.
En primer lugar, está la amistad de esos dos seres que van llegando a la veteranía. Uno de ellos, el actor Rick Dalton, encarnado magistralmente por Leonardo Di Caprio, que percibe que su alcoholismo le está haciendo perder el control de las líneas que deben tener sus palabras, y por eso, se torna violento y da contra las paredes todo lo que encuentra a su paso. El otro personaje, Brad Pitt como Cliff Booth, su doble, es también como todo buen amigo, su cable a tierra, su conductor, su sanitario, su asistente, su mayordomo, y cumple, tareas que para otro podrían ser humillantes.
Ya quisiera yo encontrar un mayordomo como ese: eficiente, buen luchador, que mantiene la sobriedad mientras trabaja, y que secunda y cuida a su jefe como a un verdadero hermano.
Hay también muchas sutilezas, como la escena en la que aparece el personaje de Al Pacino (Marvin SHWARZ- lo pongo en mayúsculas a propósito), y, se crea una distorsión con la pronunciación del apellido. Indudablemente, está puesta a propósito. Cuando vayan a ver la película verán porqué.
Para mí, el tema principal, es la decadencia de un mundo y de una época de ficción- que fue real- que va desapareciendo junto con sus integrantes, cuyas interpretaciones ya no gustan como antes, y a los que, paulatinamente, les va llegando la vejez, y por eso, van dejando de ser quienes fueron. En el caso del actor- Rick Dalton- ya son pocos los que reconocen sus valores. La idea de que ya pasó de moda, de que es un inútil, lo amarga duramente y circunvala todo el filme. Vanos son sus esfuerzos por volver a ser el que fue. Ya no va más. Ni su estilo, ni sus bravuconadas, ni sus diálogos. Todo cambió.
En el caso, de su doble, las jóvenes, lo tildan de “viejo”- tiene edad para ser el padre de más de una de ellas, en especial, de la hippie cuyas tentativas para subir al auto, se ven coronadas con el éxito.
Es interesante apreciar cómo rechaza la oferta erótica, aduciendo que la edad de la susodicha no es la adecuada para brindar servicios sexuales. Eso es más que un mero detalle. Cualquiera que haya leído o visto historias actuales, sabrá que no es común que los hombres cuestionen la edad y que no aprovechen una oportunidad como esa.
En el caso de la actriz Margot Robbie, que encarna a Sharon Tate, hay sí, una onda retro, intensificada por la vestimenta, los gestos, los contoneos en los bailes, pero también de una manera muy sutil intensifica lo que ya no existe más: ni las pequeñísimas minifaldas, ni las botas a media pierna, ni las camisolas floreadas: símbolos de una época que se perdió en el tiempo.
Lo que no se pierde en el tiempo es el cine de Quentin Tarantino. Así como presentó esta película con firmes valores en el pasado efímero, pueden seguir produciendo más filmes con su peculiar estilo.
Y yo lo celebro.




 Trailer de la película " Érase una vez en Hollywood" ( Tomado de internet).






lunes, 22 de julio de 2019

"VOLARE" ¡AY, AY, AY!

La verdad, prefiero uno así y no el de verdad


Uno de los mayores dilemas  que experimentamos los- que ahora somos llamados-  adultos mayores para viajar, son los servicios en los aviones de algunas compañías.
Hace unos años, después de una  muy mala experiencia con una agencia de plaza que me prometió el oro y el moro y no cumplió, decidí que no iba a viajar más así. A mí no me interesa hacer veinte ciudades en diez días y ver lugares turísticos a vuelo de pájaro con guías que no me brindan atención personalizada y que me llevan corriendo de un lugar a otro con una apretadísima agenda que no le sirve a nadie.
Por eso, esta vez, me planifiqué para hacer lo que yo quería.
Una ciudad, para recorrer sus puntos principales con un guía personalizado. Un paquete VIP para un concierto, y, de acuerdo a lo que pude conseguir en ese paquete, una visita al estudio de grabación.
Así lo hice.
Pero, lamentablemente, le compré los pasajes a una agencia que me recomendó una amiga. Y esa agencia me compró unos pasajes por la línea Air Europa.
Yo no leí las evaluaciones ni nada. Confié en que la dueña de la agencia sabía lo que hacía y me conseguiría lo mejor. Pero no fue así. La aerolínea – de acuerdo a los comentarios que leí a la vuelta- no tenía  un buen comportamiento con sus pasajeros, porque  no les brindaba un buen servicio. Y lo pude comprobar en vivo y en directo.
Los pasajes los pagué contado en el mes de diciembre para viajar en julio. La combinación que me dieron fue: Montevideo- Madrid- Madrid- Bruselas- (Y de Bruselas a Maastricht en ómnibus o van o taxi). Yo sé que cuando se pide asistencia en los  aeropuertos, no se permite comprar los “asientos especiales”- es decir los que les dan a las madres con niños, que están al lado de la puerta de emergencia y tal. Por eso,  lo único que solicité fue que me dieran un asiento en el pasillo, porque en un vuelo de doce horas, necesito poder mover las piernas y también ir al baño. En un principio, la mujer me dijo que no, bastante perentoriamente- ya le había pagado-  que eso lo tenía que solicitar yo. Yo insistí porque al fin y al cabo era lo único que le pedía. Si bien viajo con asistencia, y sé que por ese motivo no puedo comprar asientos preferenciales, supuse que no habría inconveniente en obtener un asiento de pasillo. Al principio me dijo que no, y después, al final, lo consiguió, para la ida. El vuelo era extenso porque además, tenía que hacer traslado para volar a Bruselas. Así se hizo. En Bruselas, le pedí a la asistente que me dejara en una parada de taxis. Viajar de Bruselas a Maastricht  en taxi no es barato pero tampoco imposible de pagar, así que lo hice y llegué a la vivienda alquilada en perfectas condiciones. Cansada pero bien. Allí me encontré con la simpática anfitriona.
Todo lo demás, positivo,  lo narraré en otras oportunidades. Sigo con esta crónica sobre los vuelos.
A la vuelta, volví a contactar a la agencia de viajes que me había vendido los pasajes. También en forma poco amable,  me dijo que “los gestionara” yo por internet. Porque al haber pedido “asistencia en aeropuertos”, no cabía la posibilidad que yo requería. Es decir: me sacó al obol.
Estar en el extranjero, con un paquete Antel- Internet- Viaje y que no funcione es lo peor de lo peor. Fue catastrófico. Cuando conseguía comunicación,  un insistente disquito me repetía que “todos los operadores estaban ocupados”- total mentira porque insistí a horas absolutamente insólitas como las tres o cuatro de la mañana- Así fueron las cosas. No pude obtener comunicación. Tampoco me dio resultado pedirle a un empleado de la línea- en Madrid, a la vuelta de Bruselas- que me gestionara el asiento pasillo. Me contestó que lo hiciera por Internet- No hubo caso tampoco. Por lo tanto, hice lo que me indicaron que se hace en esos casos. Me fui al Aeropuerto, tres horas antes. Me hicieron hacer una cola general- más de una hora de pie- para llegar a alguno de los mostradores. Cuando lo logré, ¡oh, sorpresa! ¡No estaba en la lista para salir esa noche, sino en “stand by”. Esto significa que no me habían puesto para el vuelo de esa noche, y que, debía, quedarme otra noche más en Madrid. Chillé como un mono herido, durante más de media hora. Finalmente, me pusieron en un avión destartalado, que voló porque Dios es grande. En las turbulencias crujía como un desgraciado y me tuvo durante todo el vuelo, encomendándome a todos los santos. La comida fue una porquería de fideos recocidos en una pegajosa salsa de tomates, absolutamente incomible. Tampoco nos dieron desayuno. Vi que muchas personas se paraban, iban hasta las cabinas, y volvían con un jugo de naranja y un refuerzo. Eso fue el desayuno para los que se avivaron- quizás ya habían viajado en Air Europa antes-. Lo cierto es que el viaje de regreso fue de terror.
Durante las largas esperas pude conversar con otros pasajeros sumidos en el mismo mal trato. Algunos, inclusive, con pasajes de primera clase tuvieron que quedarse en tierra. También me comentaron que no era la primera vez que les pasaba.
Me prometí a mi misma no viajar más en esas pésimas condiciones. Ahorraré en millas o en dólares para conseguir pasaje de primera y - sobre todo- trataré de viajar en líneas de comportamiento normal.
Y acá les dejo posibles ideas para no viajar más como sardina en lata.

1)   Consiga pasaje y asiento con anterioridad. Si le dicen que “tal vez, o que no se puede”: desista. Búsquese quien le diga que sí. No sea papafrita como yo; el que busca, encuentra.
2)    
3)   Alquile por Airbnb  o similar. Mire bien lo que va a alquilar. Yo alquilé un apartamento pequeño, lindo acogedor, bien atendido. Pero tenía escalera, y a mí me cuesta mucho subir y bajar. Me dijeron que en Holanda las casas son así: angostas y de tres pisos, por escalera. Busque. “When there is a will, there is a way”.

4)   Contrate un “guía personalizado”. En algunos lugares los llaman “walking tour”. No se deje engañar. Yo me lo contraté y lo pasé bomba. Con Johanssen nos entendimos en inglés. Amorosiento.  Si lo quiere para usted solita, páguele lo que corresponda y tómeselo para usted. En grupos de veinte personas la arrastrarán de un lado para otro como si fuera ganado.


5)   Hágase una lista de los lugares que quiere visitar/conocer. No hay otra manera de hacer lo que una quiere. No a todo el mundo le interesa lo mismo. Insista en que sus gustos son personales y que hace unos años que viaja sola por todo el mundo, haciendo lo que quiere y cuando quiere. Se sorprenderán, indudablemente, pero harán lo que usted sugiere.

6)   Asegúrese su cuota de “güifi”. Si sale del país, será necesario que tenga acceso a internet. Hay que estar comunicado con la familia, con las amistades. En Europa no hay güifi en todos lados y muchas veces quedamos incomunicados por falta de experiencia.

Por último, tómese una buena dosis de Avivol, y otra buena de Optimistic. Dosis absolutamente imprescindibles. Los imponderables, existen en todos los viajes. ¡Ay, ay, ay!





lunes, 1 de julio de 2019

DE PERFUMES

Marcó época en el siglo pasado


A mí me  gustaron siempre.
 Uno de los predilectos de mi madre era el Chanel Nº 5. Probablemente porque según tengo entendido, la diva de los 50,  Marilyn Monroe, había dicho que dormía desnuda, “solo con unas gotas de ese perfume”,  y con esa declaración había dejado boqueando a más de uno.
Fue un perfume que marcó toda una época. El que tengo es antiguo, y ya no tiene el mismo aroma, pero cuando recién lo compré me traía a mi madre, vestida con elegancia, de trajecito, tacos altos, cartera— haciendo juego con los zapatos y los correspondientes guantes—. Siempre la recuerdo bien vestida, incluso  con su ropa de fajina: túnica almidonada, gorro y  zapatos de taco. Todo blanco.
La ropa quedaba, almidonada y planchada   en una percha y, a la mañana, muy temprano, se duchaba, vestía y perfumaba. Dejaba una clara estela de su presencia cuando se iba.
Cuando se preparaba para salir de paseo, hacía un show que  me encantaba. Se maquillaba con mucho  esmero y naturalidad: labios bien rojos y uñas al tono. Se sacaba el exceso de rouge con una servilleta de papel que dejaba impresa con sus labios, y se observaba, muy coqueta, en el espejo. Invariablemente al final, iban las gotas de perfume atrás del lóbulo de las orejas, y en las muñecas.
Otro, que usaba con frecuencia, se llamaba “Maderas de Oriente”. Traía en su interior, un pedacito de madera, que, supongo, representaba el nombre del mismo. Efectivamente era una fragancia “amaderada”, que mi madre sabía llevar con su elegancia habitual.
En mi adolescencia y juventud, tuve varios favoritos, según las circunstancias.
De mis años mozos, recuerdo el perfume  Ô (de Lancome). Embriagador y persistente.
Hubo dos más  que marcaron mi juventud y  estilo: Arpège y Lou Lou,  con características similares.  Sin embargo, el que más me gustó y usé por bastante tiempo, mientras fui novia de uno que trabajaba en el aeropuerto, —él,  se lo compraba a  las azafatas viajeras y tenía el prestigio de venir de París, con su aroma francés—, se llama (o llamaba porque no lo usé más), Ma Griffe. Me lo regalaba con los cartones de   cigarrillos mentolados Salem que yo fumaba sin ningún remordimiento.

  ¿Dónde quedaron esos perfumes de antaño—como el Ma Griffe— que recuerdo con tanta precisión como las primeras medias negras cancán que tuve en mi vida?

Irresistibles


Después, paulatinamente,  me fui mudando   a otros perfumes, —siempre buscando que fueran persistentes—.
Últimamente me he quedado con tres: Extravagance, Giorgio y Charly. Cuando se tiene una cita, no hay nada más aconsejable que usar uno de ellos: si el tipo llega a tener algún compromiso, deberá bañarse antes de irse— porque son sumamente perceptibles para todas las mujeres—conejo—. Por lo tanto,  no se pueden escapar de ninguna manera. Por otra parte, si lo que se quiso es “marcar presencia”, si no se logra con alguno de ellos, se pueden ir olvidando del susodicho. No lo atraerán nunca más con ningún otro aroma. Demostraron ser inamovibles. Pero si la atracción se produce, es decir, si se relaciona el aroma con la mujer que lo lleva, aún mareados hasta el vértigo, no se irán más. Eso, denlo por seguro. Totalmente.

Pero eso sí: hay que lograrlo. Inténtelo con Giorgio. Después me cuentan. 


lunes, 17 de junio de 2019

CÓMO SER EL MEJOR ABOMINABLE DE LAS REDES SOCIALES

Carátula del libro cuqueano de los abominables 

El Cuque Sclavo escribió unas crónicas estupendas que llamó  “LOS ABOMINABLES CUQUES”.
 En los últimos tiempos, encontré más de un abominable diferente.  Necesitaría otro Cuque para que le hiciera uno de sus clásicos “retratos al bleque”— por lo  menos—, pero como esto no es posible, acá voy yo con un abominable propio: el de las redes.

Este nuevo abominable, — está inspirado en uno de mis ex, que se convirtió en un porfiado de primera. Es — ya se lo dije— un repesado que discute como un energúmeno para imponer su punto de vista, —que, en su caso,  siempre se relaciona con una red social—
Actualmente, se perdió mucho del  trato persona a persona: se forman grupos de whatsapp; se anotan los cumpleaños, Facebook te recuerda que en el día tal cumplen fulanito y menganito. Preparas un saludito, lo envías y ya está. Cumpliste con tu deber.
No hay necesidad de más nada.
¿Querés convertirte en un abominable de las redes, como este energúmeno coterráneo?


Primera página de Los abominables del Cuque 

 Acá van algunos consejos:
1)   Enviá  a tus  grupos cuanta información al pedo ande circulando por Internet, a cualquier hora y en cualquier momento. No importa si el celular le suena a las tres de la mañana o si la información es anodina, de lugares remotos o falsa. La cuestión es enviarla y que se propague lo más posible.

2)   Cultivá la mayor cantidad de grupos. No importa que sean de cosas que no entiendas. Todo sirve para propagar la información —sea de lo que sea—.


3)   Si aparece una felicitación de cumpleaños, tenés que  reaccionar de inmediato con un saludo—si es a las dos o  tres de la mañana, mejor—. No te olvides de poner íconos de tortas, copas de vino y de champán, macaquitos con gorrito de cumpleaños y pito, con corazones o estrellas  en lugar de ojos,   instrumentos de música, sombrillas, palmeras, corazones,  mujeres y hombres bailando, —todos separados, uno por uno, así le suena el celular a cada mensaje— y todo lo que se te ocurra que pueda servir para acentuar el clima de felicidad.

4)   Si alguien de tus múltiples grupos, se va de viaje recordá la regla esencial: tú ya fuiste y conocés, —aunque tu viaje haya sido hace veinte años— te corresponde anularle la novedad: dale ideas de cómo emplear mejor su tiempo de paseo. Recomendale  alguna farmacia vieja, algún parque, algún lugar de comidas, y ponele fotos de tus mejores momentos en el lugar.


5)   Poné chistes— no importa que sean viejos — para animar algún grupo que no puso nada por más de dos horas. Los grupos deben mantenerse bien activos con todas las pavadas que anden circulando.

6)   En la mañana, “tempranito, cuando canta el gallo”,  buscá todas las malas noticias que estén circulando: robos, muertes, choques,  inundaciones, impactos climáticos y demás.  Elegí las más impactantes y agregales algo más, de tu cosecha, (podría relacionarse con los cortes de energía de Argentina y Uruguay)  para  que tu informe sea bien personalizado. No hay cosa más placentera que despertarse con noticias siniestras. Sobre todo, al salir recién  de una noche apacible.

7)    Si hubo un incendio en tu barrio, detallalo todo con pelos y señales,  no olvidés poner algún vídeo, con mujeres desesperadas con ánimo  de tirarse al vacío. (Y si es alguna conocida, mejor.)

8)   Enviá todas las cadenas habidas y por haber. Si son religiosas, y con el sentido de que si no las cumplen se morirá el ser más querido o nunca más tendrá dinero suficiente, es esencial. Por supuesto que habrá gente que no practique ninguna religión y que odie las cadenas, pero eso, a vos, no te tiene que preocupar en lo más mínimo,  porque lo hacés con la mejor de las intenciones. Es tu camino al cielo.

9)   En Instagram subí fotos de tus mascotas; compartilas con famosos, contestá mensajes interesantes en inglés, y seleccioná algún posible candidato para chatear por videoconferencia. Puede ser divertido. Sobre todo si es de la otra parte del mundo, y lo despertás a las tres de la mañana.

10)               No dejes de lado a Twitter, poné alguna pavada breve.  Si el mensaje es misterioso, hermético, indescifrable o con más de un significado, mejor.
 Siempre que tengas oportunidad, peleate, con todo el mundo. Es una sensación estupenda que no olvidarás jamás. 


El  mundo virtual ha llegado para quedarse, y, por supuesto, llega con sus correspondientes abominables.



miércoles, 22 de mayo de 2019

MOTIVACIÓN


Hace muchísimos años, cuando yo era chica,  una maestra de canto trataba de enseñarnos a cantar  una canción de Aníbal Sampallo: “Río de los pájaros pintados”. No se usaba entregar la letra escrita, sino que se aprendía de memoria, estrofa por estrofa. Yo cantaba lo que oía. En primer lugar cantaba “TOR” (que no tenía ni idea de lo que significaba) y después “casita”-es decir una casa chiquita-. Así fue ese primer año. Más adelante, cuando tuve el debido conocimiento supe que lo que yo cantaba era un verdadero disparate. En los pagos de mi padre, que era de Treinta y Tres, conocí a una “torcaza”- y lógicamente lo que decía la canción era eso: “torcacita” pero una niña de ciudad que jamás en su vida había visto una, no tenía ninguna manera de saberlo.

 Ya mayor, tomé unos cursos para” mejorar la conversación” en inglés. En la prueba final pusieron una canción del “reno de nariz roja”. No entendí un pepino. Quedé muy angustiada. Al llegar al colegio le comenté a un amigo norteamericano de mis zozobras en la prueba. Y sin dudar me cantó la cancioncita sin ningún empacho. Claro. Pertenecía a su cultura. No a la mía. Yo jamás había visto a un reno “de verdad”-y menos de nariz roja-. (Debo confesar que  ahora tampoco).
En base a varias de esas circunstancias,  me di cuenta de que la “comprensión lectora” depende de muchas “variedades”  y no únicamente del significado de palabras- que pueden ser múltiples y de muchos colores-. Aprendí técnicas para enseñar  “comprensión” en mis clases. Hice de todo. Presentaba canciones, para “rellenar” con palabras clave, para ver si habían captado además del significado “literal” el (o los) metafóricos. Con suerte distinta según los casos. Hace poco, después de muchos años, un ex alumno me contactó para decirme que se acordaba de una práctica que le sirvió para la vida. Me hizo muy feliz. Por cierto.

Durante muchísimos años una de las mayores preocupaciones de mi preparación para las clases estuvo relacionada con la motivación. Trabajé en algunos liceos de Montevideo durante mis primeros años, pero después, por circunstancias de la vida, terminé enseñando en un liceo norteamericano.
Ahí me bajé del caballo. No conocía el sistema, y tuve que adaptarme, haciendo cursos que me habilitaran al nivel exigido, que, muy distinto al uruguayo,  era  demandante y complejo. Ya desde el primer día me lo señaló el Director: “La entrada es a las ocho”.  Y agregó: “American time, not Uruguayan time”. Con eso estuvo casi todo dicho. Enseñé  más de veinte años en la institución y después- a la mínima edad exigida (60)-me jubilé.
Hace poco, en una de esas limpiezas “tipo Marie Kondo”, tiré todas las carpetas con ejercicios, canciones, poemas, y estrategias obsoletas en la actualidad. Pensé: “Ya no debe haber ninguna docente que utilice canciones para “rellenar blancos” y “fijar vocabulario”, como yo lo hacía”. Pero apareció  este antiguo alumno que me contactó para decirme que sí  se acordaba de una canción que yo había llevado a clase para “llenar blancos” y “desentrañar” significados. En ese caso, llevé –incluso- el título en blanco. Era “Canción para….”  Y, después de considerar el vocabulario y “rellenar” debían poner canción “para quién”. Ahora, después de tantísimos años, me confesó que, a partir de la letra de la canción, empezó a prestar atención a los “significados” de letras y poemas, porque logró entender que las palabras se llenan de significado cuando se comprenden a conciencia.
Felizmente, la canción aún aparece en youtube. Fue emblemática de una generación, y después se siguió- y  sigue- cantando en la “noche de la nostalgia”. Esa fiesta uruguaya que tanto nos caracteriza.


domingo, 21 de abril de 2019

LA CHISMOSA

La chismosa antigua 

Hace años que de a poco he ido organizando/regalando/ archivando objetos obsoletos, pero de algunos no he querido desprenderme. Fui criada en hogares donde se guardaba todo. Y de una manera u otra se reciclaba y utilizaba. Recuerdo al Negro Pinela, mi padre, en su galpón, con su mameluco de trabajo, dedicado con una paciencia infinita a enderezar y engrasar clavos viejos. Después los seleccionaba y guardaba en pequeñas cajitas según su especie y tamaño. Además, estaban etiquetados para encontrarlos con facilidad.  Cuando me trajeron a vivir de nuevo a Montevideo, mi tía me daba un atado de medias para zurcir y yo — que siempre fui un tronco completo para las manualidades—, les hacía unos horrorosos retobos que mi tío miraba con desconfianza antes de ponérselas otra vez, pero, como me quería mucho, las volvía usar sin chistar. Fui  aprendiendo a no desprenderme de todo, porque de una u otra manera, se le podía dar utilidad.  Este otro objeto, tiene infinidad de años conmigo. Debe su nombre a que cuando se usa, como es agujereada, es imposible ocultar lo que se lleva.  Recuerdo que hice muchos mandados en distintas ferias, almacenes, y mercados.
Esta palabra rescata a esta bolsa-antigua- que según he leído  “usaban nuestras abuelas”. Con toda seguridad, la persona que escribió sobre este artículo tiene menos de cuarenta años, porque las de mi generación saben sin lugar a dudas de qué se trata.

Yo tengo otra-moderna y colorida-  que está siempre lista en la maleta de viaje, porque ahora, según dicen “para cuidar el medio-ambiente”  cobran las bolsitas de nylon,  y se gasta una cantidad considerable de dinero por ese motivo.

Pero, aunque seguí – y aún sigo- los consejos de Marie Kondo, para deshacerme de objetos obsoletos, de todos modos, guardo algunos, por si las moscas.
Por lo tanto, de empecinada manera  me dediqué estos días de actividad casi nula,  a buscar a mi antigua chismosa verde—color que no se desvaneció con los años—. Revisé primeramente los placares de la cocina, porque  lo más probable era que estuviera colgada en alguno de ellos. Efectivamente, así fue.   Realmente, es una incunable, porque  es tan vieja que ni siquiera me acuerdo cómo llegó a mi casa. ¿La compré? ¿Me la regaló mi tía con  otros enseres que llegaron de su propia casa? ¿Me la regalaron mis suegros, que siempre me buscaban  y regalaban “cosas útiles para el hogar”? No me acuerdo. Pero sí recuerdo que ha sido una compañera fiel. Aquí está aún, dispuesta a seguir brindando sus servicios.
En el súper, las bolsitas de nylon- que no siquiera son biodegradables ni nada que se le parezca- las cobran cuatro pesitos cada una. Si se traen unos cuantos productos, pueden usarse cuatro o  cinco bolsitas. En una época de carestía, como la de hoy, veinte pesos hacen una diferencia si se juntan con los precios extremos de la compra. Así que la vieja y querida chismosa resucitará. Seguirá brindando ayuda.
 
La chismosa moderna
 Así que si quieren, háganle caso a Marie Kondo, pero no del todo. Si la tienen,  no se desprendan así nomás de la chismosa. Volverá—por las circunstancias— a ponerse de moda. Dentro de poco, saldrá en las manos de las modelos de piernas abiertas, que exhiben prendas de última generación.  Y ella, muy oronda, volverá a engalanar  las revistas.

jueves, 28 de marzo de 2019

RECETARIO

Mi primer recetario con mi pomposa firma de recién casada 



En una época en que los asuntos de la “paridad” de géneros es una moda indiscutible, yo, bastante anterior a estas modas, exhibo  mi primer recetario de recién casada.
Como se puede apreciar en las fotos, se trataba de un recetario Royal- polvo de hornear que aún sigue campeando en las cocinas montevideanas-. Me lo regaló un cartero que distribuía la correspondencia en la Curtiembre Branáa. Yo trabajaba en las oficinas; me había casado a principios de 1967, y estaba muy contenta por haberme “inaugurado” como incipiente “ama de casa”. No sé cómo mostrar ese orgullo que tenía por haberme incorporado a una categoría que –para mí- era de lo más llamativa. Sobre todo, porque mi familia no se destacaba por ser realmente, de lo más afín con ese rubro. Sin embargo, yo ingresé a él con la mayor de las inocencias y plena de felicidad. Económicamente éramos muy pobres. Nos sustentaban dos sueldillos miserables que unidos, no alcanzaban más que para llegar a mitad de mes. El resto lo pasábamos como podíamos. Generalmente pidiendo “adelantos” para campear la miseria hasta el siguiente mes. Recuerdo, que en crudos inviernos- que para mí, siempre fueron siempre aterradores, porque el frío me afectó siempre muchísimo- no tenía dinero para comprarme medias ni ninguna otra  prenda de abrigo. Iba a trabajar con unas miserables mediecitas tres cuartos que me dejaban la mayor parte de las piernas al aire (no era común usar pantalones). Es muy probable que mi aspecto pareciera ridículo, pero, la  alegría del nuevo estado era tanta que me daba para paliar la falta económica y de abrigos más considerables que los que tenía. En la Curtiembre, me regalaron unos “cortes” de cuero, y, uno de los gentiles fabricantes   me hizo un abrigo considerable de descarne, forrado en cuero lanar. Pesaba un montón de kilos pero me salvó del frío de varios inviernos crueles. De noche, lo colocaba en la cama, y seguía sirviéndonos  para darnos el suficiente necesario calor. El resto, lo ponía nuestra juventud.
En  un minúsculo apartamentito alquilado ensayaba las recetas. Todas ellas deliciosas. Tanto las saladas como las dulces. Cuando llegó mi primera “cocina eléctrica” con horno ídem, pude “ensayar” más y mejor. De paso, la “eléctrica” caldeaba todo el minúsculo ambiente, así que mientras cocinaba  podíamos disfrutar de una agradable temperatura. No pude disfrutar todo lo que hubiera querido porque el precio del experimento trepó a las nubes siderales y tuve que cortar la delicia del calor para no morir en la demanda. Aprendí- hasta ahora- que la energía eléctrica, o cualquier otro tipo de energía- no es, de ninguna manera,  gratis, y se debe cuidar muchísimo el consumo porque el exceso puede resultar muy nocivo para la salud económica.
Con este recetario aprendí a ahorrar, a no ser excesiva, y, a hacer las comidas de manera que fueran “rendidoras” y que no se desperdiciara nada. No eran tiempos de “freezer” ni nada por el estilo, así que había que aprovechar más y mejor todo lo que se elaboraba.
Por ejemplo: la deliciosa pascualina, tenía como suprema finalidad, durar un par de días. Se complementaba con arroz, con ensaladas o  con papas. Y así, su rendimiento mejoraba notablemente.
No soy la única que guarda el clásico “Recetario Royal”, el mío está manchado por la vida, viejito, descolado, pero siempre útil. Por suerte.

 
Descolado, pero aún útil 


jueves, 28 de febrero de 2019

EN EL PEDREGULLO

Con Nacho Cardozo, en el Pedregullo

En el teatro de verano Ramón Collazo, hay una zona que se denomina: “El pedregullo”. Hay algo de pedregullo por supuesto, pero también está la plaza de comidas desde donde parten los olores más apetitosos que colaboran eficazmente como parte del ambiente. Las ofertas son tentadoras y caras. Desde una coca cola a $ 100 (que se adquiere en los mercados de plaza a $ 40 más o menos) o una muzzarella a $ 120. Las murgas bromean con esos precios que no son aptos para llevar a una familia, todos los días.
En ese ambiente, generalmente distendido, se hacen los reportajes y se sacan fotos con los artistas del momento. Todos lo saben y se prestan de buena gana, con cuanto celular ande en la vuelta.

A la prueba me remito. Ilustro mi nota con una foto con Nacho Cardozo, enormísimo coreógrafo, bailarín, y actor a quien abordé- por supuesto- en el Pedregullo, y que  supo acceder, siempre amable y  sonriente.
Lo mismo me pasó con R. (Lo nombro por inicial, pero todos los podrán reconocer como el magnífico actor que es) a quien tuve el gusto de conocer cuando era un niño, porque el padre era cobrador del Sanatorio Evangélico, y yo, en mis años mozos, era socia de la institución. El padre, iba a cobrarme la cuota, y siempre lo acompañaba uno de los hijos, que eran cinco.  ¿Cómo reconocí a R? ¡Porque es igual al padre! Pensé que con seguridad era uno de los niños “R, los del arroyo”. -Así los denominábamos, porque vivían en la costanera- Es decir: no eran unos “R” cualquiera, sino “los del arroyo”, que acompañaban al padre en sus cobranzas.
Reencuentro con  R, uno de los "del arroyo" después de muchísimos años 

Me di a conocer, lo mismo que a mi esposo, lógicamente, los recuerdos afloraron en unas rápidas pinceladas del barrio: los vecinos, la zona, y, el club de fútbol, que aglutinaba a todos los chicos y grandes del lugar. Los chicos, iban a jugar, y los grandes a departir después de las jornadas laborales, a conversar de bueyes perdidos, (pocos, porque era la época de la dictadura)  a jugar a las cartas o al billar, y a “bajarse alguna  virundela” para distenderse después de trabajar. Era un barrio de gente trabajadora, casi todos dependían de algún sueldo para vivir y los entretenimientos eran acordes con esa época sin internet, sin  redes sociales virtuales, y con pocos aparatos de televisión. (No todos lo tenían, por ejemplo: nosotros.)
Mi esposo trabajó mucho honorariamente- como era su costumbre- para el club de fútbol Los Ángeles. Entre unos cuantos parroquianos  que se juntaron y  dedicaron, lograron, por ejemplo,  las luces para la cancha,  alquilaron una casa para la sede, y mantuvieron durante años una institución que  sirvió de “centro barrial”. Mi esposo, hizo un grupo de “amigos del club”. Después nos dedicamos a estudiar y nos mudamos de barrio, pero sé que el club quedó en la memoria del barrio como una institución digna de recordar.
Me dio mucho gusto poder saludar a R. Es un claro símbolo de una época donde todos los del barrio nos conocíamos y nos saludábamos. Nada que ver con la actualidad. Vivo en Punta Carretas hace más de veinte años, pero no se constituyó en un barrio como el del Prado. Apenas saludo a algunos vecinos del edificio y quizás a alguna más de enfrente, pero no se dio el caso del feliz  aglutinamiento que hubo en el otro barrio.
¿Cambió la época? ¿Cambió la gente? ¿Cambiamos todos, sin darnos mucha cuenta? Quizás.
Por eso, me armé de valor y me acerqué a saludar a R. Y creo que fue un momento de reconocimiento y de gratos recuerdos.


jueves, 24 de enero de 2019

Marie Kondo y su magia del orden

Ordenando la casa y la vida con Marie Kondo 



Como se puso tan de moda el método de ordenamiento de Marie Kondo, me compré uno de  sus libros en Buenos Aires. Si bien hay muchos videos en youtube, pensé que sería mejor leerlo para ver cuál era la filosofía de guardar/ descartar.
Pero la moda “Marie Kondo” continuó, al punto de que Netflix subió una serie en la cual Marie Kondo, respaldada por una traductora, visita las casas de diversos  estadounidenses hambrientos de organización. Los hay muy variados. Desde parejas, hasta viudas que acongojadas,  no pueden resolver de qué  y cómo deshacerse  de los enseres de sus maridos fallecidos. Ese capítulo fue para mí uno de los más conmovedores. Yo también tuve que luchar (y aún lucho) con las pertenencias de mi esposo fallecido. No me fue fácil deshacerme de  algunas cosas de valor sentimental. Y lo hice-y lo sigo haciendo-  en etapas. Primero la ropa- que se llevó el hermano, sin importar si le servía o no- luego los libros- que se llevaron sus colegas  abogados- y por último lo de valor sentimental. (Aún  tengo objetos de los cuales no me desprendí: sus títulos universitarios; sus cartas, sus dibujos alusivos a diferentes circunstancias de la vida.) Sé que algún día tendré que deshacerme de TODO- o lo tirarán todo a la basura, mis deudos-  pero ¡luchó tanto por esos títulos! ¡Fue tan amoroso como esposo! Los objetos sentimentales no tienen ningún valor económico; es muy probable que sea lo primero que tiren los deudos cuando me muera, y, sin embargo, yo los mantengo en una caja que compré con ese propósito. En fin. Ya veremos Marie Kondo si te hago caso  o  no.

En las redes sociales he leído de todo: desde entusiastas expresiones de agradecimiento, hasta las más mordaces (y procaces) expresiones de denostación. En realidad, en las redes, está el método “KonMari” explicado por las personas más heterogéneas. Más o menos todos hemos captado el asunto de guardar la ropa en “rollitos”- resulta práctico hasta para armar una valija-.También es práctico deshacerse de las cosas que no usamos y que pueden servir a otras personas. La  japonesa hace una especie de oración para “saludar a la casa” y también despide a las cosas “con alegría”- quedándose únicamente con las que despiertan “felicidad”. Lo difícil del procedimiento es darse cuenta de cuáles son los   sentimientos que provocan los objetos. Yo lo he resuelto como he podido y lo sigo resolviendo de la misma manera. Me despierta alegría lo que me sirve, y me disgusta lo que me queda chico porque me recuerda que tuve tiempos mejores. Así de sencillo. No guardo nada que me quede chico. No creo que tenga voluntad para bajar treinta kilos que me hagan volver al peso de mi juventud. Lo único que lavé y guardé, es una blusa que supo ser blanca-talle 46-  y que la usé  cuando me casé. En la actualidad parece la blusa de una niña, pero la llevé cuando tenía veintiún años y pesaba sesenta kilos. Más bien me produce  “nostalgia de los tiempos que han pasado”,-como dice el tango SUR-  pero no me dio el coraje para descartarla. En realidad, no me despierta alegría sino azoramiento (¿cómo pude caber en esto tan chiquito?), y me retrotrae a remotas épocas- de cuando era feliz a más no poder y no me daba cuenta.
No me pude desprender de ella. Ahí está viendo pasar el tiempo

Según Kondo, hay que elegir meticulosamente lo que se desecha y lo que queda. Así ha sido siempre. A la japonesa hay que felicitarla, porque puso en marcha una industria: va a las casas, las saluda,  fabrica cajitas para archivar, señala como descartar, como doblar, como ordenar y se va siempre con una sonrisa. Al fin y al cabo, todos tenemos que hacer lo que podamos  con los cachivaches. ¿Se puede lograr un ordenamiento mejor? Sí, se puede. Además,  se puede prescindir de más de un objeto obsoleto perdido entre los placares. Es un esfuerzo que vale la pena.
Orden  estilo Marie Kondo- la verdad es que se ocupa mucho menos espacio-


Las críticas mordaces se detienen en la meticulosidad del excesivo descarte. Por ejemplo, yo,  por ahora, no puedo quedarme con nada más que  treinta libros. El año pasado descarté todos los de docencia, pero aún así tengo más de dos mil ejemplares. Muchos tienen conmigo un profundo arraigo sentimental. Me los buscaron y regalaron personas queridas.  Están dedicados, señalados, escritos, y  llevan parte de mi alma. Así que ahí se quedan, como mudos compañeros de vida.
  –Como señalaba Cortázar:
 “Los libros van siendo el único  lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”.   







LA AÑORGA

"La Añorga"- o sea "Totó Gurvich"  H ace unos días encontré en una Librería del Montevideo Shopping este libro qu...