jueves, 9 de febrero de 2017

LA MÁS CHICA

La Más Chica, La Menor, y La Mayor

Un día La Menor, apareció en la puerta de mi dormitorio, con una noticia bomba. Había descubierto a uno de sus compañeros de juegos haciendo pichí.
-¡Hermanita!- gritó regocijada con el descubrimiento- ¡Albertito tiene una cotorrita larga!
-No se la vayas a tocar- la increpé con firmeza.
-¿Por qué? - preguntó con mucha curiosidad.
-Porque  es pecado. Vas a ir al Infierno, y de ahí no se sale nunca más-le contesté con total seguridad.
Pero ella no me hizo caso y se fue a seguir disfrutando de su “descubrimiento”. Yo volví a mis  deberes. Matemáticas me costaba una barbaridad.  Al poco rato regresó y me confesó:
-Se la toqué, pero con un papelito, así no voy al  Infierno. ¿Ta?
-Ta- le contesté no muy convencida del todo, atenta a las cuentas que siempre me daban resultados diferentes y que nunca coincidían con los que pedía el profesor  y que aparecían, como por arte de magia,  en los cuadernos de los inteligentes.
Cuando concluí trabajosamente la tarea  me quedé pensando: ¿será pecado o no será pecado lo que hizo La Menor? Por las dudas me callé la boca. También estaba  aprendiendo a moverme  sigilosamente en el  bamboleante mundo de los grandes.
Por suerte a La Menor, la fascinación por la novedad le duró pocos días.
***
Otro acontecimiento ocupó de lleno toda nuestra atención.
Un mediodía, oímos  que  La Mangacha andaba a las risas en la cocina, cosa que ya no me alarmaba, dada su natural forma de ser, pero como a las risas de ella se unían las de otras personas. La Menor dejó al gato Pancho-al que estaba vistiendo- para ir a ver de qué se trataba. En la cocina, estaban algunas vecinas del pueblo, de esas a las que yo les huía como a la peste, pero la curiosidad pudo más que la bronca que les tenía y me acerqué.
-Bueno, señoritas, -empezó a decir La Mangacha cuando nos vio.
-"Parece que hay romance, aunque sin confirmar" cantaba mi padre.
 Al final nos enteramos de que tantas risas y tanta algarabía se debían al próximo arribo del "hermanito varón".  Como yo era más grande, me di cuenta de qué se trataba, pero La Menor quedó pasmada.
-¿Viene grande como La Nena- preguntó señalándome a mí- o es más chiquito que yo?
-Viene chiquitito, bien chiquititito- le contestó Papá. Y ahí sí, la pobre quedó totalmente descorazonada. Me la llevé a mi dormitorio, y traté de convencerla de las enormes ventajas de tener un hermanito varón.


-Podremos darle mamadera, cambiarle los pañales, observarlo, tocarlo, sin necesidad de exponernos a las penurias del Infierno, donde hace un calor brutal porque los pecadores que van ahí están rodeados de fuego y más fuego-le dije todavía influenciada por las Hermanitas Vicentinas-. Quedó convencida a medias. El famoso "hermanito varón"  a quien esperamos con tanto afán, para  poder tocarle las diferencias sin pecar,  es decir, sin necesidad de ir de cabeza al Infierno, resultó otra chancleta  rosada, suave y dulce: La Más Chica.

La llegada de La Más Chica me cambió la vida. Mi madrastra ya era mayor cuando la tuvo, y cuidar a una beba cansa muchísimo, así que me dieron esa tarea y yo la tomé con mucha alegría. La bañaba, le preparaba los biberones, la cambiaba y la mecía para que se durmiera. También le lavaba la ropa y  los pañales, que no eran -de ninguna manera- descartables.  La beba me recompensó con un afecto singular que mostraba alborozada-para gran rabieta de La Menor que no tenía ningún éxito con ella-. El "pegote" era conmigo. Yo llegaba del liceo y me encargaba enseguida de ella. Dormía la siesta únicamente si yo la mecía y le cantaba. La Menor lloraba de rabia, pero el afecto, que La Más Chica,  demostraba con una gran adhesión, era mío. Cuando empezó a crecer, también la llevaba al tablado-que quedaba a dos cuadras de casa. Todas las noches, salía  con ella en brazos y con La Menor arrastrando un banquito de cocina que era multiuso: por un lado, servía para ponerla "alta" , y por otro, me servía para sentarme mientras esperábamos la llegada de los conjuntos. Las Murgas se anunciaban con la clásica "marcha-camión"- que llamaba a los rezagados y  alborotaba divinamente a todo el barrio.
Yo empecé temprano a tener "dragones" -como se llamaba a los pretendientes, que "rondaban" las casas para poder ver a las chicas de sus desvelos-. Creo que, -felizmente- "desvelé" a más de uno. Lógicamente, al Viejo le costó "ayeitarse" a la idea de que La Mayor tuviera algún novio, pero al final, tuvo que ceder. Los primeros escarceos fueron en el tablado. Algún "motorista" rondaba por ahí. Y veníamos conversando hasta la esquina de casa. La Menor era un absoluto estomágo resfriado. La Más chica no. Cuando la Mangacha interrogaba a La Menor, de inmediato denunciaba:
-"Sí. La hermanita estuvo con un muchacho con moto. Nos acompañó hasta la esquina.
En cambio, a la Más Chica le podían preguntar de todos modos, porque nunca "largaba" prenda. Una demostración más de su gran afecto por La Mayor. Lógicamente, cuando la presionaban mucho decía: -No. La hermanita NO SE VIO CON NINGÚN MUCHACHO CON MOTO.
( Y, de esa inocente manera, me dejaba escrachada igual.)
Como decía El Sabalero en "Chiquillada":

 "Lindo  haberlo vivido para poderlo cantar".

















viernes, 27 de enero de 2017

CRONOPIO Y REGALO

Un cronopio según Cortázar. (Tomado de Internet)


En primer lugar: ¿Recuerda usted lo que es un “cronopio”? Por las dudas se lo recuerdo. Son unos seres “verdes y húmedos” que inventó Cortázar hace muchos años y quedaron plasmados en su libro “Historias de cronopios y de famas”. Son especiales. Están siempre en el lugar donde NO deben estar, dicen lo que NO deben decir, pierden los números ganadores de la lotería, cuando viajan los hoteles están llenos, y los medios de transporte sufren demoras insólitas. Siempre. ¿Le suena?  Además cuando a dos amigas españolas se les ocurre enviar  por correo un “regalo sorpresa” se forman unos sorprendentes nudos aduaneros para “liberarlos” de las nuevas trabas que se les han puesto. ¿No lo sabía? Las amigas tampoco. Pobres criaturitas inocentes. Dulces españolitas esperanzadas en que llegara el calendario de Madrid y este cronopio saltara de deliciosa felicidad. Pero no. En cambio, recibió una desagradable:
“NOTIFICACIÓN DE ENVÍO SOMETIDO A RETENCIÓN ADUANERA”
Así nomás.
Hasta el vocabulario es  jodido y nos hace acordar a viejas épocas militares.  “Sometido”- es  una antipática palabreja y “retención” ni te digo.
Entonces, al cronopio, pobrecito,  no le quedó otro remedio que empezar a hacer los trámites correspondientes. Entró a la web del correo, sobre la mano izquierda vio todos los preciosos apartados, seleccionó el que le pareció apropiado y empezó laboriosamente dele que te dele,  a llenar datos. Pero, entre los datos, debe declarar el monto del obsequio. ¡Oh! ¡Caramba!- se dijo a sí mismo, pero en realidad no dijo eso, y todos los que conocen cronopios saben que no es ese el vocabulario que usan- De todas maneras,  no le quedó más alternativa que llamar a sus amiguitas y pedirles la factura. Pero, como es un cronopio nada le resultó fácil. Las chicas NO tenían factura  porque compraron el obsequio en un “mercadillo solidario” – que debe ser un puestito como los de la Feria de Tristán Narvaja ¿vio?- En la notificación, sobre la mano derecha había un numerito de teléfono; hizo la consulta pertinente. Le sugirieron que pusiera un importe estimativo. Y esperaban que no fueran más de 50 dólares. Al cronopio, esperanzado-como todo cronopio que se precie-, que ya ha obtenido todos los datos posibles de sus sorprendidas amigas, se le ocurrió entrar a la web de “Bomberos ayudan”- porque  lo que le enviaban como “regalo sorpresa” era el calendario solidario 2017- y ahí vio que el precio era de 10 euros. Como el formulario pedía el precio en dólares, diligentemente, maquinita en mano lo convirtió. ¡Bien! ¡Logrado! Al rato, recibió un correo electrónico con este texto: “Usted ha seleccionado un local de Correo para realizar el pago”. ¡Recórcholis!  ¡Hay que pagar! ¡Upss! No se sabe porqué pero hay que pagar “gestión administrativa”. En realidad el cronopio queda con un enormísimo  signo de interrogación en su bocho porque la “gestión administrativa” la está haciendo  -en vivo y en directo- , ayudada por un asesor, desde ayer. Oh! Sin embargo, hay  que pagarle a la Dirección Nacional de Aduanas, pero, en una agencia del Correo. 5 dólares.  Otro gran signo de interrogación en la cabezota del cronopio. Bien. No termina ahí la cosa. Sigue. También recibe otro correo con la inscripción de NOTIFICACIÓN DE ENVÍO SOMETIDO A PAGO DE CORREO URUGUAYO.
Ta. Ahí dice que el envío ha sido “liberado”-fíjese que delicadeza, otra expresión de corte más bien policial o militar- no se crean, es cronopio, y como todo cronopio quiere su regalo,  pero como   la chota está mirando “El marginal” está modernísima en vocabulario de ese estilo y más - y que una vez que pague los “servicios” de Correo será encaminado a destino. O sea a la  casa. Espero.
A fin de año, con todo el rrioba revolucionado, no era tiempo propicio para emprender la excursión hasta el correo. Claro. Es una excursión porque el “barrio de alta gama” –que es Punta Carretas, para el que no lo sabe- NO tiene ninguna agencia de correos. El lunes, 2 de enero, con los vapores del alcohol de fin de año, convenientemente disueltos, se fue hasta el correo de Benito Blanco, barrio Pocitos,  y pagó los 5 dólares-en pesos uruguayos, porque dólares no tenía- Ta. Llegó otra notificación por correo electrónico que afirma que “el pago de XXXX se ha realizado con éxito el día “N/A”. No sabe lo que quiere decir “N/A” pero le gusta, y  está dispuesta a volver a usar la expresión así como ya usa otra que no dice mucho pero que queda fenómena “a los efectos pertinentes”.


¡Y llegó, el calendario llegó! ¡ Albricias! ¡Y el cronopio estaba en la casa para recibirlo y estampó su primera firma electrónica que no ni no! Y ya está convenientemente dispuesto en el lugar de siempre. Cronopio y regalo. Un tema como pocos, gracias, millones de gracias a las valientes amigas españolas que sortearon todas las dificultades. Angelitos de Dios. Son dos primores. De verdad.

       


jueves, 5 de enero de 2017

SALUTACIONES

Mesa, decoración de cine, copas y mi carterita de fiesta

Indudablemente los tiempos vienen cambiando. Antiguamente los saludos se daban personalmente, casa por casa, a partir de las doce de la noche. En mi pueblo era usual que se visitaran las casas del vecindario  y que las personas salieran cada vez más “escoradas” a medida que se  les iban sumando los copetines. Tengo grabados  en la memoria los abrazos con aliento alcohólico de los alegres amigos que ya habían perdido  toda la compostura y apretaban cada vez más y mejor.  
Hoy en día, el cambio que se produjo es notable: las salutaciones se hacen por Internet. No hay tantos besos sonoros, ni tampoco abrazos crujientes, de esos que le producen temblores al más aguerrido. En cambio,  se reciben –sí- por supuesto, una cantidad enormísima de saludos por mail, en mi caso por el blog, por facebook, por twitter, por whatsapp  y por todos los medios habidos y por haber. Pero faltan los “persona a persona”. Van y vienen dibujitos, videítos alusivos, bromas, chistes-algunos subiditos de tono- y más, pero nada que se acerque al contacto físico de otros tiempos.
Y se extraña. Sigo insistiendo en que no hay nada que suplante a un buen abrazo, y a la alegría de la bebida- y comida- compartida con otros. Se puede obviar, pero no sustituir.
Este año, gracias a la genial idea de Pao, decidimos cambiar la pisada. Nos fuimos a liquidar el 2016, al Hotel Sheraton. Me habían dicho que “estaba venido a menos”, pero como buen cronopio, quise probar. Y probé.
Las instalaciones del hotel son confortables, pero, los servicios están descoordinados. Habíamos pagado un paquete llamado “Armonía” para el SPA-con masajes - Sin embargo, al  llegar al piso 26, no estaban enterados-.
Mientras se resolvía el problema,  me quedé merodeando por la piscina- como ya saben, mi intolerancia al cloro me impide ese placer que no dudo que debe ser estupendo-. Una empleada del SPA se comunicaba con recepción y preguntaba: “¿Qué le vendieron a esta loca?”. Tengo disminuidas algunas condiciones físicas pero mis oídos recepcionan bien. Llegué antes de la hora.  Minga  de masajista porque el servicio no estaba pedido. Pero no me puedo quejar porque lo solucionaron. La masajista  nos dio unos sensacionales masajes y nos hizo una limpieza de cutis que nos dejó luminosas.
Pao se quedó disfrutando de la piscina y del jacuzzi, yo me volví a la habitación. Noté que estaba muy cálida y reclamé. Problemas con el aire acondicionado. Prendí la televisión. Estaba desprogramada. Llamé otra vez a recepción, me atendió la misma que me explicó los “inconvenientes” con el aire acondicionado. Me dijo que me iba a mandar un técnico. A los pocos minutos, lo tuve en la puerta y solucionó el problema programando nuevamente el aparato. Me sorprendió gratamente Lorena, cuando me llamó para verificar si había recibido la visita del técnico.
A la noche, en el salón de la “cena-show” hacía un calor insoportable. Mi cara brillaba y no era por la limpieza de cutis. Las mesas estaban preparadas para 10 personas, con los correspondientes números y nombres. Nos tocó una mesa de simpáticos brasileños que al poco rato, se abanicaban con las cartas del menú. Temprano, a las 20.30 habían dado bocadillos. Pero nosotras, fuimos directamente a la cena que estaba marcada para las 21 horas. Nos costó conseguir un par de tragos, que reclamé reiteradas veces. Finalmente, nos trajeron un par de caipiriñas. Instantáneamente se plegaron varios de la mesa que venían bebiendo champagne y cerveza que era lo que más circulaba. Los hicimos durar, simplemente por prudencia, porque con el calor que hacía el alcohol nos podía poner bobetas del todo. Más tarde conseguimos unos hielitos para el agua que trajeron caliente. Bueno. A temperatura natural, pero, con el calor estaba tibia.
Paisaje desde la  habitación 1006

Después de estas consideraciones vuelvo al tema “salutaciones”.
Cuando terminamos la cena, - sin el postre que promocionaba la carta- fuimos al piso 25- Recordé enseguida, que ese fue el piso donde hicimos la Graduación UAS 2000,  con el hotel nuevecito, brillante y con todas las instalaciones funcionando a la perfección-. Allí estaba el champagne para brindar, las ventanas para ver los fuegos, y  dulces de postre-pero no el del  menú que faltó totalmente-. El primer abrazo del año, bien crujiente y fuerte, fue el de Paola. Aventamos, bien lejos al 2016.  Después, hubo abrazos,  besos y expresiones de buenos deseos,  con todos los brasileños de la mesa- que resultaron simpatiquísimos y afables- y volví, de alguna manera, a recuperar la ternura del abrazo humano, que es insustituible. No hay saludo virtual que pueda dar la misma sensación que da un ser humano deseando “salud”- o lo que es lo mismo “saúde” – en portugués- trenzado en un abrazo sincero y espontáneo.
Y también “feliz ano”- que a nosotros nos suena a otra cosa, pero ta, es en portugués. Ustedes me entienden.
Votemos por la vuelta de esa vieja costumbre: el contacto “persona a persona". No hay nada igual en el mundo de Internet. 

viernes, 30 de diciembre de 2016

"ENFUNDÁ LA MANDOLINA"

"LA DUQUESA FEA" de Quentín Massys- imagen tomada de Internet-



Yaesbocé algún comentario en otra oportunidad. En primera instancia, me referí brevemente al libro que me compré de Simone de Beauvoir en Buenos Aires, en el 2014. Lo he ido leyendo de a ratos. Es bastante realista y por lo tanto, deprimente. Nada de lo que comenta me es ajeno, de una u otra manera lo he ido viviendo, con mis familiares, con mis amistades, y también conmigo misma. No hay duda de que a medida que cargamos más
 años, se nos van cayendo las expectativas y las ganas de ir para adelante. Sin embargo, todos aseguran que lo que hay que hacer es: ponerle el pecho a las balas. Y bueno, una trata.
Lamentablemente, he comprobado que algunas amistades que gozaban de buen humor cuando eran jóvenes, con los años, se han ido agriando en una forma tan siniestra que se han convertido  en seres absolutamente irreconocibles. La acidez, les ha llegado para convertirlos en indeseables. Nadie quiere invitarlos a las reuniones, tampoco se acepta que vengan a una casa donde se celebra alegremente algún acontecimiento. No son bienvenidos porque  amargan hasta a la más agradable de las personas. Es decir, se volvieron insoportables. Además de todos los malestares físicos y psíquicos de la vejez, como la artrosis, -en mi caso, la rodilla que me tiene a mal traer-  las arrugas y el pelo ralo-tanto en hombres como en mujeres- también les quedó “ralo” el cerebro que se les pudrió, junto con “el pelo que fugó del mate”-como canta el tango. En muchos casos, la vejez viene acompañada de fealdad, porque no hay piel que se resista a las arrugas. Hay muchos ejemplos de actrices que se han hecho cirugías estéticas que no solo no les ha devuelto la belleza perdida sino que las ha dejado convertidas en mascaritas- como “La Duquesa Fea” de Quentin Massys-
Lo mejor es ir   buscando  modalidades de adaptación, aunque sean dolorosas. Por ejemplo, ya hay –en otros países- un sistema de alojamiento que se llama “co-housing”. Lo utilizan las personas mayores que, por diferentes circunstancias, quedan solas, y también viajeros, porque el sistema es mucho más económico que alojarse en un hotel-. Son modalidades que han ido apareciendo por los cambios que se han ido produciendo en la vida. Ya no hay más familias grandes, de aquellas que en una gran casa alojaban a las tías solteronas, a las abuelas, a los abuelos y a todos los parientes que iban declinando. Más los  jóvenes que también se iban acomodando con sus nuevas familias.
Lo cierto es que los viejos se van (o nos vamos)  quedando solos. Con solvencia económica, hay posibilidad de  pagar asistentes. Con suerte, se pueden conseguir buenos. Pero, en la gran mayoría de los casos que conozco, muchos han optado por irse a vivir a un “residencial”, pomposa palabreja para designar al “moridero”- que eso es lo que es- Si el cerebro les funciona bien, es decir, si están lúcidos, se  mueren de tristeza, porque la Parca visita la casa bastante a menudo. Además, esa lucidez, es la que les hace ver más  claramente la decadencia de los otros-que es, a su vez, espejo de la propia-. Los especialistas, indican siempre que lo mejor para la edad provecta- para toda edad, pero más para la avanzada- es rodearse de seres con buena onda, y con energía positiva. Pero de dónde yerba si es puro palo. Lamentablemente, -como ya señalé-, muchos vejetes se amargan y además, se ponen sumamente negativos y porfiados. Lo único que aceptan es su punto de vista. El de los demás, no existe o no importa.
Con una tozudez que no tiene asidero, quieren tener siempre la razón. Le cueste a quien le cueste. No importa  lo que se les diga,  porque son terriblemente insistentes y porfiados. No quieren-de ninguna manera- apartarse de su punto de vista.  Por ejemplo, si se les dice que  sería agradable despedir el año en el Shopping, donde hay lugares estupendos para conversar, como  Carrera, o  Mc Café o,  en alguno de los hoteles que tienen cafeterías estupendas,  no lo aceptan. (Quieren venir a mi casa, y yo no tengo ganas de recibir). Lo he comentado con íntimos amigos y ellos lo saben muy bien. Si no tengo ganas, se trata de eso,-simple, lisa y llanamente- no tengo ganas.  A esta altura del partido, poquísimas veces invito a comer. Me agota mucho la preparación de  un menú que antes hacía en un santiamén. Es -también- excepcional que yo acepte visitas. Únicamente vienen los parientes o amigos de toda la vida,-que además ya son muy pocos, porque se me murieron muchos-  a los cuales puedo recibir en chancletas y batón de entrecasa, alejada de todo protocolo,   sin cambiar para nada mi entorno. Y bueno, si es así, ¿por qué insistir hasta el cansancio con una idea que no es ni será aceptada? ¿Alguna vez propuse yo, ser recibida en una casa, sin haber sido invitada?  No. No lo creo. Al menos no es mi estilo. Y como no es mi estilo no lo acepto. Yo también me convertí en  una vieja terca. Qué embromar.
Hay otro tipo de vejestorios que también son insufribles: los que alguna vez fueron buenos mozos y, sin aceptar el paso del tiempo, todavía gastan ínfulas de galanes, aunque ya no tengan con qué afrontar o “bailar” a una “pebeta”. Esos, son aún más cargosos, porque no admiten que ya está, que ya fue, que nada es ya lo que fue, ni lo volverá a ser, por obvias razones.
Para esos  carcamales repelentes, que no pueden-o no quieren- ver la realidad e insisten con propuestas inverosímiles, totalmente alejadas de sus posibilidades, se escribió en las primeras décadas del siglo XX, un tango que se convirtió en un emblema: “Enfundá la mandolina”- toda una poesía lunfarda de cruel veracidad.  Y mucho  más cuando lo  cantaba/interpretaba Julio Sosa.




sábado, 24 de diciembre de 2016

EL PESEBRE

Un pesebre sencillo, la Virgen María, el Niño Jesús, San José, los Tres Reyes Magos  y dos ovejitas.
(Imagen tomada de Internet) 
Mi madre trabajaba mucho y nunca tenía tiempo para armar el  arbolito y  el pesebre. Pero en la casa de mi familia de crianza sí. Eran empresas familiares.  No sé si sagradas porque no recuerdo que se rezara, pero se armaban todos los años con dedicación y la participación de todos.
Mi tía solía guardar el papel imitación piedra de año en año, pero como cada vez ampliaba más las instalaciones del pesebre, su  armado requería todos los años, más papel, más animales, espejos más grandes y pompones de algodón que simulaban la nieve. Creo recordar que hasta se había logrado una especie de corriente de agua simulada que bajaba entre las rocas-todo en base a ingenio y espejos que se pegaban al papel-.
Mi primo y yo participábamos activamente. Ruben, era un genio para distribuir todo en el  espacio, y además, juntaba pastito y arena- lo último que se agregaba estratégicamente. Empezábamos por el armado de la gruta que todos los años tenía tamaño y forma diferente. San José, la Virgen María y el Niño, también fueron variando con los años. De los  pequeños, pasamos a unos muñecotes de porcelana que teníamos que colocar con mucho cuidado porque se quebraban de nada. Lo bueno era que tenían articulaciones. A la Virgen la poníamos -siempre-  en actitud reverente, contemplando al Niño. San José también tenía que estar cerca, al lado de ella, y con la misma actitud devota. Los Reyes Magos, que se agregaron con los años, también llevaban alforjas con regalos. Los poníamos hincados porque nos parecía que era una adecuada actitud para recibir a Jesús. Los pastores no eran articulados y los poníamos lo mejor que podíamos, cerca de los animales: el buey y el burro sobre todo. Más adelante vinieron ovejitas, cabritas, y vacas. Todas sentadas. Iban arriba del pastito. La tarea era minuciosa y nos divertía.
Cuando concluíamos, apagábamos las luces, y dejábamos prendidas únicamente las del arbolito-que iluminaban lo suficiente como para que pudiéramos apreciar la belleza del pesebre armado con afecto-.
Papá Noel y Halloween no tuvieron nunca jamás- para mí-  la magia encantadora de mi pesebre infantil.  
Realmente, hasta el aire quedaba en suspenso contemplando nuestra obra de arte.


domingo, 18 de diciembre de 2016

HOMENAJE A JULIO CÉSAR PUPPO " EL HACHERO"

Nelson "Laco" Domínguez- Imagen tomada de Internet- porque fui tan pero tan torpe
y estaba tan pero tan entusiasmada, que no le saqué ni una foto durante la disertación-. 

La invitación fue de  Ramiro Carámbula, y esta vez, vencí mi natural aversión a los homenajes porque valía la pena  escuchar la disertación de  una de las glorias nacionales del periodismo costumbrista: Nelson “Laco” Domínguez.  Con una sabiduría tanguera, carnavalera, graciosa, risueña y plena de anécdotas, le dio a la concurrencia una estupenda referencia de lo que fue “El Bajo” montevideano, antes de la construcción de la Rambla Sur, y una  semblanza-fiel, porque además lo conoció personalmente-  de uno de los mejores cronistas que tuvo Montevideo: Julio César Puppo, “El Hachero”. El homenaje tenía un motivo: este año se cumplieron los cincuenta años del fallecimiento de “El Hachero”. Yo escribí sobre él algún artículo, pero le estoy debiendo- como le debo a Jorge “Cuque” Sclavo-uno de sus admiradores más acérrimos y gran divulgador y de sus crónicas, así como también otro notable  costumbrista de fuste-, un trabajo más enjundioso. Pero, tengo una enorme carencia, si bien soy una  apasionada lectora de crónicas, y yo misma las escribo,   no soy un ratón de biblioteca. Tendría que tener  colaboradores que se pusieran a revisar uno por uno los periódicos y las revistas donde publicaron ambos, para rescatar verdaderas joyas que están durmiendo en sus páginas. Pero, no los tengo, y es una verdadera lástima, porque me encantaría rescatarlos como realmente se merecen.
La “ilustración” fue un precioso vídeo de Luciano Álvarez, una obra maestra de la reconstrucción cinéfila y fotos que aún se conservan de lugares ya desaparecidos.
Laco contó varias anécdotas que lo pintaron de cuerpo entero a “El Hachero”. Era un tipo culto, pero al mismo tiempo podía sin lugar a dudas, manejar el  lenguaje popular, no lunfardo, sino popular, el lenguaje de la calle- con una maestría singular.
Yo recopilé por algún lado, algunas de las imágenes de sus crónicas pero no sé dónde las guardé. Los años no vienen solos. Traen achaques, cuando logre encontrarlas, las voy a retomar para comentar.
Agradezco enormemente a Nelson “Laco” Domínguez, el paseo que nos dio por “El Bajo”, por sus personajes, por sus mujeres de “vida airada”- eufemismo que disimula no del todo a qué se dedicaban- y, por sobre todas las cosas, por esa sabiduría que sabe  desparramar a manos llenas.




martes, 13 de diciembre de 2016

L A S C O S A S

La Frigidaire, lista para irse 
En otra oportunidad escribí sobre los autos que fuimos teniendo y que de una u otra manera nos fueron acompañando. Por supuesto que son cosas, pero tan, tan,  deseadas que al final, terminamos como algunos  estadounidenses - que le dicen “she” al auto y no “it”- porque no lo consideran una mera cosa sin significado.
Algo similar me ha pasado con las heladeras. Cuando recién me casé tuve una “Ferrosmalt”- común, no había con freezer- que siguió funcionando en la casa vieja cuando nos mudamos para Punta Carretas.  

La Ferrosmalt era como esta. La imagen la tomé de Internet-

Acá,  tuve hasta hace pocos días una Frigidaire- norteamericana-  Esa sí con freezer  y descongelado automático. El primer freezer de mi vida. Tan especial como un amor inolvidable, de esos que dejan marcas para siempre.
A la vieja Ferrosmalt había que descongelarla cada quince días. Ese era el tiempo ideal. Si no se hacía en esa fecha, iba acumulado una gran capa de hielo alrededor de la superficie del congelador y hacía unos extraños ruidos de motor atracado. Se dejaba de noche, sin alimentos, abierta, con el recipiente de la verdura cerca del congelador para que cayera el agua y los pedazos de hielo que se iban desprendiendo. Durante toda la noche teníamos un helado concierto ruidoso. La caída de los cascotes nos despertaba en el medio de la noche. Al día siguiente, había que secarla toda, lavarle todos los recipientes y enchufarla nuevamente. Mientras “largaba” la marcha también hacía unos cuantos ruidos. Pero andaba. Nunca se quedó.
La Frigidaire, era una belleza petiza. Una alta, no hubiera entrado en la cocina porque el placar superior toma mucho espacio. Descongelaba automáticamente.  Apenas se necesitaba limpiarle el recipiente trasero de vez en cuando. También ruidosa, pero noble. Hasta que hace unos días empezó a perder agua. Y lamentablemente, saqué la cuenta de que tiene tantos años como yo viviendo acá. Vino como una de las novedades para habitar en el nuevo-viejo apartamento. Los años también pasaron por ella. Y ahora, hace agua.  Quise conseguir un técnico que  viera si la podía reparar para seguir tirando otro tiempo, pero ya no hay. Tampoco hay más repuestos, porque el modelo pasó de época. Entonces,  con todo el dolor del alma, empecé a buscar otra petiza para cambiarla. La Frigidaire marcó toda una etapa de mi vida que fue más bien fructífera. Mi esposo estaba sano,  me había consolidado en el trabajo, todos los años tenía clases, ganaba bien, y, era joven. Qué joder. Tenía energía como para darle para adelante con ganas y sin zozobras. Nos fuimos envejeciendo las dos. Ella hace agua.  Y yo también. Hay que seguir para adelante, pero tampoco sé hasta cuándo. Nunca se sabe hasta cuándo. Se sigue igual, pero un día la Parca te dice “no va más” y te liquida con un golpe certero. Que al fin y al cabo, sería lo mejor porque quedar para sufrir y para molestar no me hace ninguna ilusión.
Como el espacio que tengo para la heladera no es muy grande, tuve que buscar y encontrar  otra cortita. La encontré marca Enxuta. No sé ni remotamente cómo será. Me dijeron que también descongela automáticamente. Pero vino con el inconveniente de que no tiene puertas intercambiables. Me queda recontra-mal para abrir y cerrar en mi pequeña cocina. Como decía mi padre: “joderse y tomar quina, la mejor medicina”. 

La Enxuta recién llegada 


Ahí quedó, en el lugar de la simpática Frigidaire, que se fue.  Se la llevó Aportes Emaús. Ojalá que la puedan reparar y que siga sirviendo en algún otro lugar. Quizás la gorda se siga acordando de mí,  que supe hacer y guardar en ella,  muchas comidas ricas.


Me acordé de este poema de Jorge Luis Borges, que se llama-precisamente- “Las Cosas”:






El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,
un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde
una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

Jorge Luis Borges