domingo, 21 de junio de 2015

COMEDIAS: OCHO APELLIDOS VASCOS





Los protagonistas estelares: "el andaluz y la vasca"(Imagen tomada de Internet) 

( Si quiere ver el trailer haga "clic" en la imagen)


Una “comedia” es una obra liviana  con  una tendencia a la comicidad y sobre todo con un final feliz. Fueron comunes y frecuentes las llamadas “de enredos” y casi todos hemos visto alguna de las clásicas que, según el autor y quienes  la representen pueden aún hacernos sonreír.

Esta película española tiene un poco de todos  esos aliños: manifiesta sobre todo las diferencias entre vascos y andaluces, pero en una forma que resulta bastante trivial: personalidades, idiosincrasias,  pronunciación, nombres y –por supuesto- “apellidos”- puesto que lleva por título:

“Ocho apellidos vascos”.

 Hay situaciones inverosímiles: como que una pareja de jóvenes duerma él al lado de  ella  plácidamente durante toda una noche; o, que de nuevo con -nueva oportunidad-, él-desnudo- duerma en el piso, aunque lo pueda hacer en la misma cama. Sobre todo, tratándose de un andaluz (ya sé que es un estereotipo, pero también hay muchos presentes y explotados.) Al final, aparecen los del Río, cantando: "Sevilla tiene un color especial". Yo agregaría que los andaluces también tienen "un color especial". (Sí, sí, ya sé; otro estereotipo.) 

Resultado:
Comedia, sí, reidera, sí, entretenida, sí. Pero no esperen nada del otro mundo. No sé cómo se la habrán tomado los vascos. ( Y no pongo nada de ellos porque no conozco tanto de vascos como de andaluces.)

 Ustedes véanla, y después me cuentan  sus opiniones como siempre hacen por facebook.


sábado, 13 de junio de 2015

DEDICATORIAS

Dedicatoria de Rosa Montero en el libro "La ridícula idea de no volver a verte"



Tuve la idea de darle un toque de modernidad al dilatado universo de mis libros,  y en una liquidación del Shopping, me compré un Kindle Paper White. Para los que no comprendan o no sepan qué es, aclaro que  también se llama e-reader   o e-book- expresiones en inglés que en español se traducirían o adaptarían a algo así como un “libro-lector”. Por ahora, gracias al auxilio de un profesor que da clases domiciliarias, a “personas mayores, inteligentes y encantadoras”, -como las que alojaba  el dueño del Hotel Marigold en las películas del mismo nombre- pude guardar unos cuantos que ya tenía archivados.
 Miro mi antigua biblioteca de papel con nostalgia porque ya no tengo más espacio en mi pequeño apartamento para albergar más ejemplares. Por eso, con bastante pena, empecé a hacer paulatinamente una “purga” de libros para donar. Al fin y al cabo, lo primero que sale cuando una se muere –no me cabe duda- son los libros, que a nadie interesan demasiado. La mayoría se venderán como papel y nadie reparará demasiado en las  notas que haya en ellos. Lo lamento mucho porque nada es comparable al olor del papel, a pasar las páginas, a hacerles alguna muesca o anotación cuando lo que se lee lo merece. Pero más que nada la melancolía me la causó empezar la limpieza y encontrarme con libros  con dedicatorias. No sé cuántos tengo dedicados por autores reconocidos y premiados, pero los que tengo son para mí, preciados valores porque tímida como he sido siempre, me ha costado bastante  pedir la firma.
La firma de Rosa Montero la obtuve en la Feria del Libro de Buenos Aires 2013, donde viajé con una compañera del Club de Lectura- nos conocimos para viajar en esa ocasión, y ya lo relaté-.


La  preciada dedicatoria de Eduardo Galeano 

 La firma de Galeano la obtuve  en un homenaje que le hicieron en la Biblioteca Nacional donde me pude sentar en las primeras filas y extenderle mi libro para que me lo firmara. Me quedó su letra manuscrita, -atesoro ese libro con profunda gratitud- recuerdo con cariño  su simpatía, al atender la demanda de tantas manos extendidas con ejemplares, y muchos de sus libros con tantas enseñanzas.


El último libro de Arturo-Pérez Reverte: “Hombres buenos”,  me lo regalaron unos queridos amigos con una simpática dedicatoria-con previa consulta por si lo  tenía o no, ya que una vez me regalaron un manual de cocina y ya lo tenía por partida doble: uno más antiguo, manchado, roto, descosido, y otro más nuevo y menos cascoteado. (Como consecuencia tengo ahora tres manuales iguales, pero de diferentes épocas). Dicho sea de paso, este libro último de Pérez-Reverte me está costando bastante leerlo. Al hombre se le ocurrió, ir “novelando”- es decir contar la historia, al mismo tiempo que alternadamente, narra sus peripecias-en primera persona- para hacerse de los materiales para documentar fehacientemente su argumento. Al principio, me resultó novedoso, pero ahora, que voy por más de la mitad de libro me tiene medio podrida. No me interesa saber si él en su biblioteca particular tiene tal o cual texto del siglo de María Castaña, y-además- consiguió otro de la Edad de Piedra, escrito en jeroglíficos. La verdad.

La dedicatoria de los amigos que me regalaron "Hombres buenos" 

Hay personas que sueñan con colores, yo sueño con olores queridos, y a veces,  puede percibir  hasta el tacto de la piel. Pero al despertar compruebo con dolor y horror el espejismo: el olor era parte de ese sueño, y la persona que lo poseía también. Ya no está más. Ya no es más de carne y hueso, o si aún lo es, está lejos o es ajena. No me pertenece. No la puedo tener en estas frías noches de invierno, ni en verano, cuando su piel debe tener aún más exquisitas  emanaciones  para gozar. La sensación al despertar es pavorosa. Ese territorio desconocido me deja siempre alelada. La misma sensación de extrañamiento me ha provocado encontrarme con olvidadas dedicatorias de seres que ya no viven más. Reconozco  la letra inconfundible y la contemplo con estupor. Por ejemplo, este pequeño libro de Julio César Puppo, El Hachero, que tanto busqué por librerías de viejo, fue encontrado por mi esposo, y me lo regaló con una convocante dedicatoria  para que siguiera con un proyecto que cumplí escasamente: escribí apenas  un artículo que fue publicado, pero no el ensayo más enjundioso sobre la literatura costumbrista que proyectaba en aquellas  ya lejanas épocas.

La convocante dedicatoria de mi esposo Carlos Stanley traspasando la barrera del tiempo de la vida

Es  una de las dedicatorias que más me impactó en el día de hoy porque no la recordaba, además, encontrar la letra de mi esposo, me emocionó- y me emociona siempre-.  La dedicatoria está fechada en 1984, pasaron más de treinta años y mucha agua bajo el puente. Tengo que ponerme las pilas y volver al proyecto de:

 RECOBRANDO A LOS NUESTROS.

La dedicatoria -ahora desde el más allá-,  me llama a persistir;  no me deja más rezago posible. 


lunes, 8 de junio de 2015

THE WATER DIVINER: EL RABDOMANTE

Russell Crowe: el festejo del agua -vida encontrada ( Imagen tomada de Internet)
( Si quiere ver el trailer haga clic en la imagen) 
Es increíble la cantidad de confusiones que se pueden crear al tratar de dar un nombre “comercial” a una película. No es la primera vez que esto ocurre, pero, en este caso, como se trata del estreno como director de Russell Crowe voy a quebrar una lanza para defender el título original del filme: The Water Diviner- en inglés-.
 Para traducir correctamente este título, hay posibilidades. Una es “zahorí”- que es más o menos sinónimo de “adivino”, pero la más apropiada posiblemente sea: “rabdomante”. Lógicamente, no sería un título atractivo, por el desconocimiento del significado de la palabra, -aunque podría haberse explicado-. El título de “Camino a Estambul”, le dio más posibilidades taquilleras por la fama que tiene la telenovela turca “Las mil y una noches” por  estas latitudes. (Dicho sea de paso, “Las mil y una noches” es el libro que les leía a sus hijos-)  Pero, realmente, la película gira en torno a la habilidad del protagonista para encontrar agua en las profundidades de la tierra,  merced a un conocimiento especial, que no poseen todas las personas. Los rabdomantes son los que dominan ese arte, tan antiguo como el mundo. Y lo llamo arte porque en zonas áridas, la vida depende de lograr que de esa tierra aparentemente sin nada de vegetación, surja un hilo de agua que dé la posibilidad de sobrevivencia. Algunos descreídos, señalan que los rabdomantes son unos cuenteros. Yo creo en ellos, porque conocí uno en Treinta y Tres. La apariencia era la de un gaucho más, delgado, de alpargatas, apareció un día por la chacra de  la tía Elena, con sus varitas. Era un verano de una sequía inusual y el pozo habitual estaba casi seco. La tía lo mandó llamar para encontrar otro lugar para cavar y hacer un pozo nuevo.  El agua, es primordial para la vida. Sin ella, no sobrevive nada ni nadie. El hombre llegó, y se puso a la tarea,  y, con sus milagrosas varillas, la encontró. Por eso, hay que creer o reventar.
Desde el principio, en el filme, se ve al protagonista en su búsqueda, con unos palitos en sus manos, hasta que una inclinación que percibe, le anuncia que ahí es el lugar correcto para cavar.  También va a buscar a los hijos que le llevó la guerra. Ahí sí, va a Estambul, porque los hijos se perdieron en la batalla de Gallipoli, Turquía en 1915. Esa es la situación espacio-temporal-, pero “el hombre del agua”, o “el hijo del agua”, -así también se les llama a los rabdomantes- el que fabrica molinos,  inicia su peregrinaje,  cuatro años después. La idea de la búsqueda de la vida, recorre toda la película. Véanla bajo esta óptica que les comento. Después me dicen.


jueves, 4 de junio de 2015

ANTEL LA EMPRESA DE LOS URUGUAYOS

El Samsung Galaxy ace 4 de mis desvelos- imagen tomada de Internet- 
¿Usted tiene celular? ¿Es de Antel? ¿Cómo le fue con el contrato?
Por el contrato del año pasado, accedí a un celular SAMSUNG con un teclado minúsculo que me costó mucho digitar. Yo no nací con esta tecnología, trato de adaptarme de puro guapa que soy nomás. Pero me cuesta. El celular se me “trancaba” una vez sí y otra también. No lo podía atender, así que opté por usarlo mudo. No atendía llamadas, porque se trancaba- y tampoco mensajes de voz- por la misma razón- Muchas veces,-aunque lo expliqué hasta el cansancio- tuve que reiterar que recepciono: mensajes escritos y whatsapp. Más de una vez, alguna boluda  me preguntó: ¿Y se puede saber para que usás el celular?- con tono de para qué mierda lo tenés- y tuve que contestarle airadamente, porque a las buenas no entendía.
Ayer, me cambiaron el celular. Vino un mensajero que no sabía de la misa la mitad. Con el casco puesto, me dijo que entrara a la página de ANTEL y leyera las instrucciones. ¿Alguna vez entraron a la página de ANTEL? Es más caótica que la de la Intendencia. Y con eso está todo dicho. Cuando fui a accionar mi viejo celular, me lo habían cancelado. Pero ¡oh sorpresa! El nuevo no tenía servicio. Esta mañana empecé la peregrinación. Primero al Shopping Punta Carretas: al TELE SHOP de ANTEL- no pudieron bajar los datos. Más tarde opté por ir a la Sucursal de ANTEL Punta Carretas. Allí-después de la consiguiente espera- me atendió una especie de técnico de hablar vertiginoso. Se dice que los muy inteligentes hablan así. Yo me pregunto: ¿por qué no les dan mejores destinos que la atención de público? Yo no le entendí casi nada. En su barboteo pude vislumbrar que no me podía ni siquiera “tocar” los datos. Estaba prohibido. Lo tenía que hacer yo. ¿Cómo? Entrando a la web de SAMSUNG y aprendiendo a hacerlo. Bien. Evidentemente, en lugar de mejorar el servicio malo que me habían dado lo re-cagué (vamos a emplear el re- que es tan juvenil-) aún más.
Volví a mi casa, seguí pensando y me acordé que en el paseo al cliente hay un “POWER SHOP”- ahora es todo así-. Fui. Me atendió uno que hablaba con coherencia. Cuatrocientos pesos por la farra.  No me dio boleta. Embolsó nomás los 400. Con la emoción no le reclamé nada. Volví  a mi casa con el celular semiandando, porque no tiene ni facebook, ni mail, ni un carajo. De a poco, le fui bajando alguna aplicación.
Hágame caso. Si usted no es técnico. NO cambie de celular. Y si es posible, no lo cambie por uno de ANTEL salvo, que le aseguren que le hacen TODO. Usted contrata un SERVICIO; NO UNA COMPLICACIÓN. ¿TA?

¡BUENA SUERTE!