viernes, 20 de junio de 2014

EL HIJO PERDIDO DE PHILOMENA

Martin Sixsmith y la verdadera Philomena Lee 
Actriz Judi Bench y actor Steve Coogan
de la película "Philomena"













La película Philomena está basada en una historia real, una verdadera “historia de vida”.
Philomena, en sus primeros años adolescentes quedó embarazada y fue internada en Sean Ross Abbey-un convento de Roscrea-Irlanda-  allí iban a parar las “descarriadas”, también llamadas “mujeres caídas”. Estas jóvenes llegaban en estado interesante, eran atendidas por las monjas, sufrían el penoso  y vergonzoso embarazo y  todos los dolores de parto- nada de calmantes de ningún tipo para las “pecadoras”- vivían y trabajaban como verdaderas esclavas y únicamente se les permitía ver y estar con sus hijos una hora al día-.

Niños nacidos de madres solteras  en el comedor del convento de Roscrea ( eran vendidos en adopción) 

 Ya saben todos que mi madre me mandó a un  colegio de monjas vicentinas. Se llamaba Niño Jesús de Praga. Así que supe a temprana edad, sobre  las fuertes exigencias de lo que se llamaba “el temor de Dios” que impartían- o trataban de impartir-  las severas monjas que exageraban absurdamente los deberes religiosos prescindiendo  de los humanos-que son los que más se necesitan-. Seguí la película con suma atención, pensando para mis adentros: “No le van a decir al zorro lo que son sogas”.

El hábito que usaban las severas  monjas vicentinas de mi infancia era como el de Santa Catalina Labouré 

 La historia de Philomena fue sacada a luz en el libro del periodista Martin Sixsmith, que al quedar sin trabajo, se dedicó a ayudarla a encontrar al hijo perdido (puesto que las tiernas monjitas los vendían en adopción –a él- que se llamaba Anthony- y a todos los niños paridos por las reclusas en cautiverio. (Eso eran, en realidad, digámoslo sin tapujos.)


Yo no leí el libro que se llama “The lost child of Philomena Lee”- vi la película dirigida por Stephen Frears, con la actriz Judi Dench en el papel de   Philomena, y el actor Steve Coogan, en el del periodista Martin Sixsmith.

Director de la película "¨Philomena" Stephen Frears 

















La película me conmovió, removió mis recuerdos y me llevó a afirmar aún más sólidamente mis convicciones sobre la crueldad  de personas que supuestamente han elegido  su  vocación para el servicio de la humanidad.

Philomena Lee en su juventud 

En Uruguay estaba el asilo de “El buen Pastor” que en un principio se decía que tenía la intención de favorecer a “las almas más ignorantes que culpables” que luego más bien fue un encierro-cárcel para las “mujeres desviadas”. Paulatinamente fueron ingresando criaturas huérfanas o abandonadas. El asilo recibía alrededor de 600 menores de edad y las formaban en “las tareas del hogar”: cocina, limpieza, lavado, planchado, costura y,-horror de los horrores para mí que nunca pude salir del punto cruz- bordado y tejido. El estado de Uruguay tuvo una relación de intercambio con esta institución a través de lo que se llamaba el “Consejo del Niño”. La cárcel de mujeres estuvo a cargo de esta congregación desde 1898 hasta 1980.*
En la calle Cerro Largo a la altura de Fernández Crespo-antes Sierra- funcionaba una de las casas del “Consejo del Niño”. Yo vivía en Cerro Largo enfrente al actual Palacio Peñarol Gastón Güelfi- recuerdo que  alguna de las  malvadas niñeras que tuve me dijo que  por una especie de “buzón”- un torno en realidad-  se tiraban a  los niños malcriados. Evidentemente, yo lo era. La finalidad de esos cuentos  era asustarme para que me portara bien. No faltó tampoco la amenaza de  “depositarme” gentilmente por ese “deslizador”. Nunca más lo vi, pero sí lo volví a encontrar en alguna crónica de costumbres de Julio César Puppo, “El Hachero”.
Del Buen Pastor, o del Consejo del Niño, vino  a dar a mi casa, una de las niñeras que más quise.
Se llamaba Mireya y vino con su bebé Coquito. Yo era muy chica, no recuerdo el nombre del niño porque siempre lo llamábamos así: Coquito. Hasta hace un tiempo anduvo en alguno de mis archivos una foto de él. Mireya era muy joven. Me encantaba cómo cocinaba, cómo cantaba, cómo bailaba y cómo jugaba. Era mucho más divertida que cualquiera de mis amigas. Su bebé era un angelote rubicundo que no lloraba jamás y se deleitaba con todas las soberanas payasadas que le hacíamos. Al tiempo se fue y mi madre me explicó que se había casado con el padre de su bebé. La extrañé muchísimo. A ella y a Coquito. Al ver la película, inmediatamente me acordé de ellos.

En la película, Philomena aparece con otra hija a la que le confiesa su secreto mostrándole una foto del hijo perdido- lo único que le quedó de Anthony-. La vinculación del periodista a la tarea de búsqueda es a través de esta  hija. Philomena busca a su hijo desde hace 50 años. El periodista la acompaña en todas las vueltas. En el convento no tienen ningún éxito;  les dicen que los archivos se quemaron. Lo cual es cierto, pero no “se” quemaron, sino que “los” quemaron adrede. Finalmente, el periodista descubre a Anthony- cuyo nombre de adopción es Michael- y,  al mismo tiempo, también descubre una verdad dolorosa- ha muerto de SIDA- De todas maneras, la búsqueda tenaz de la madre no queda ahí. Ella quiere hablar con el que fue pareja de su hijo. Quiere saber si alguna vez se acordó de ella, si alguna vez mencionó Irlanda. El periodista da con el hombre que  lamentablemente se niega a recibirlos. Al final, la tenacidad de Philomena tuvo su recompensa. Al fin y al cabo, ella sólo quería hablar sobre el hijo, quería saber cómo fue, cómo actuó en su vida, qué recuerdos quedaron en su mente criado y educado por  una  familia adoptiva en otro país. Finalmente, vemos a los que encarnan a los personajes de Philomena, Martin y Steve- la pareja-   mirando  un vídeo donde se reconstruye la memoria de Anthony-Michael A. Hess- desde que baja del avión con su hermana/amiga/ -adoptada también por la misma familia-, hasta que fue enterrado en Roscrea- la abadía donde nació y a la cual había acudido buscando datos de su madre biológica-. La historia, por lo tanto, es circular. Lamentablemente circular.
El verdadero Anthony-Michael con la monja Hildergarde en la puerta del convento donde nació. Fue a buscar datos sobre su madre biológica con la finalidad de conocerla. Esos datos les fueron negados a ambos: madre e hijo. (1993)



 Durante todos esos 50 años, madre e hijo no se pudieron reencontrar porque  las  monjitas les negaron la información que pidieron, sobre todo la que era Madre Superiora, la hermana Hildergarde que aún vivía, quien sistemáticamente se negó a concederles la gracia de verse aunque fuera por  única vez- hay que recordar que Anthony- Michael acudió a la abadía ya enfermo de SIDA-
 ¿Por qué esa crueldad tan terrible? Porque  la idea  que impera en estas mentalidades es que el pecado de concupiscencia debe pagarse con sufrimiento de por vida. No hay redención para la mujer pecadora, para la que se ha entregado a la locura del sexo y  se ha olvidado de los imperativos morales en momentos de lujuria y placer.
En conversación con Martin,  Philomena-en la ficción de la película- le cuenta el  placer que le produjo el sexo- incluso manifiesta la idea de que puede ser tan sublime que puede llevar al éxtasis- lo cual yo suscribo, ( y si no me creen prueben a practicar sexo tántrico). El periodista también cuestiona que Dios nos haya otorgado el placer para castigarnos. Yo me pregunto-nos preguntamos-:
¿Es considerado pecado porque nos causa dicha?
 ¿No será una  invención impuesta por la insensible moral enemiga del goce?
Si pueden, vean la película y después me cuentan.



*Información obtenida en Internet, extraída del libro “Adolescentes infractoras. Discursos y prácticas del sistema penal juvenil uruguayo”, de Raquel Galeotti. Psicolibros. Waslala, Montevideo, setiembre de 2013.






sábado, 14 de junio de 2014

FIEBRE CELESTE

La bandera uruguaya con una pelota-sol 

En el artículo anterior tuve varios comentarios, tanto en el blog como en facebook. Los agradezco mucho, pero les recuerdo que el blog está programado para que los comentarios me lleguen por mail y luego que los autorizo se publican. Antes, me gusta leerlos, los que  me conocen bien  saben que aunque sean contrarios a lo que declaro, los publico de todos modos porque creo que es cierto que: “cada cual va  con su cadacuala”.
Con respecto al tema de la “memoria”, es de público conocimiento que lo que se recuerda-cuando se recuerda- pasa por nuestros tamices subjetivos más recónditos, y son diferentes de persona a persona. Me he encontrado con antiguas compañeras de escuela y de liceo, y cada vez que recordamos alguna travesura o algún hecho que fue común para todas, las versiones difieren siempre y, en algunos casos, totalmente. ¿Qué pasó con nuestra memoria? Pasó por esos “tamices” de los cuales hablo. Otra manera de enfocar la cosa es pensar en “cómo nos fue en la feria”. Si vendimos bien o si nos quedaron enormes “clavos” sin salida. Yo, puedo decir que “tengo todo el pescado vendido”. Me costó pero lo vendí. Otros no, porque quedaron  con mercadería sin vender-es decir que no les fue bien en la venta de feria-. “Vender todo el pescado”- para mí- significó trabajar y estudiar, para trabajar-ya recibida- en una posición mejor. No lo hice sola, tuve a mi lado a un compañero inigualable, que trabajó y estudió a la par y  que me apuntaló cada vez que parecía que me iba al diablo. Tengo todavía guardados como reliquias unos dibujos –muy artesanales porque el dibujo no era lo suyo- con los que  me alentaba a seguir adelante cuando me sentía caer. Cada vez que escucho la canción de Jaime Roos “Esquelas”, me acuerdo de las que tengo guardadas como imborrables recuerdos.

Pongo otro ejemplo: tengo amigos argentinos que fueron partidarios del peronismo. Otros no. Los que sí lo fueron, son los que recuerdan que  a su abuelita, Eva Perón le regaló una máquina de coser con la que sacó adelante a un familión. Los otros-en cambio- recuerdan  que  su abuelita fue despojada de  joyas familiares que sirvieron para sustentar a los “descamisados”- así llamados porque no tenían nada-. Entonces, es lógico, que los que fueron favorecidos sean eternos agradecidos y los otros no.
En nuestro caso, jamás dependimos de ninguna ayuda política, ni de derecha ni de izquierda. Mi esposo, bancario,  fue gremialista. Yo no. No soy apolítica, pero nunca milité en ningún partido, aunque eso no significa que no haya seguido con total interés los avatares del país. Temblando de miedo, en la época de la dictadura, donde me allanaban a cada rato buscando a mi compañero, y con la vuelta a la democracia siguiendo con atención el acontecer. Como estudié bastante- y lo sigo haciendo- soy escéptica en cuanto al ejercicio del poder. Es dulce, engolosina, nadie lo ejerce totalmente bien y nadie lo quiere perder. Ya tenemos a  Lacalle Pou con su vicepresidente: Larrañaga- que parecía que se iba pero no- No necesité ser el politólogo Daniel Chasquetti para saber que  en  unos pocos días se iba a dar ese acuerdo. Aún faltan otros pero van a llegar en breve. Ahora desplazamos el interés por la política porque  tenemos la atención fija en el Mundial.
Uno de los tantos ejemplos de publicidad mundialista 


 El malambo del Mundial empezó con todo. El país entero se detuvo para ver la ceremonia inaugural y, y por supuesto el primer partido de Uruguay.
Todo está celeste, ya lo dije en la crónica anterior, pero ahora, además de estar TODO celeste, hasta postres de color celeste- hasta los ómnibus, taxis y autos con  banderas de Uruguay por todos lados -, hay  una publicidad  muy agresiva. Nadie quiere quedarse sin hacer su agosto- o su junio que es lo mismo- por esa razón llaman por teléfono, invitan por el celular, entregan vales para participar en la rifa de una camioneta y…. se van sumando las enormísimas demandas de datos que se desparraman por todos lados para lograr ventas. No es ninguna mentira. Si usted se salvó de ser llamado a las nueve de la mañana con una promoción celeste, considérese afortunado. A mí me tocan las ofertas más increíbles: televisión “cable celeste”- para ver todos los partidos pagando una bicoca-según los ofertantes- Nadie se ha preguntado ni remotamente si mi interés número uno es el fútbol y nada más que el fútbol y por ese razón  voy a detener  todas mis actividades durante este mes para ver todos los partidos. Obviamente no. Mi interés fundamental NO está en el Mundial. Desde el punto de vista patriótico me gustaría ver otras manifestaciones. Por ejemplo, sería interesante que los más jóvenes supieran qué se conmemora el 18 de mayo, el 19 de junio y  el 25 de agosto-por poner tres ejemplos importantes-. Observo con atención la “fiebre celeste” que se ha desatado con tanto frenesí. Comentamos los partidos, cómo son los jugadores de tal o cual país, cómo son sus banderas, sus uniformes, los árbitros, las canchas. En cada uno de nosotros- que seguimos siendo algo más de 3 millones de habitantes-, hay un técnico de fútbol –y por supuesto un político-con muchas ganas de mostrarle a todo el mundo el montón de conocimientos que tiene. Mientras estamos en eso, no nos preocupamos por otros problemas que están esperando soluciones.
 En el  Mundial del 50, apenas tenía cuatro años. Sé que fue de  un regocijo incontenible, y  tengo la idea de haber sido “trasladada” a 18 de Julio con una banderita-en ese entonces eran de papel- de Uruguay, sobre los hombros de Fredy-la pareja de mi madre- convertido en  un energúmeno que me decía: “-¡Gritá Uruguay, Viejucín, gritá Uruguay! “ Y yo gritaba y agitaba la banderita sin entender mucho lo que pasaba. Lo supe muchos años después.
Si quiere seducir use -también- ropa interior sexy y celeste

Ahora, en este Mundial 2014, con sesenta y ocho años de edad,  tengo a Forlán en un estante de mi biblioteca- en la figura de un muñequito-- y miro el partido-mudo- mientras tecleo estas reflexiones. Disfrute su fiebre celeste como más le guste, con su bandera, su  camiseta o su peluca. Pero, por favor, no deje de pensar.

 
Fiebre mundialista de banderas 

viernes, 6 de junio de 2014

¿ SOY CELESTE?

Euforia celeste en todos lados 
Terminó el carnaval de las elecciones internas, que nos dejó   para  elegir y votar a uno de  tres candidatos católicos. Así que si usted había pensado disfrutar de algún porrito de marihuana apúrese y fúmeselo -ya- ahora- porque cualquiera de los susodichos va a sacar urgentemente la ley que permitió el tal atropello (no le quepa duda de que  ese  será el calificativo.) También volará al diablo- por decirlo en culto- la tan llevada y traída  ley del aborto. Las mujeres volverán -gane quien gane-  a abortar con agujas de tejer o similares y seguirán muriendo las pobres- no las ricas, porque esas abortan en buenas clínicas con profesionales acordes a los honorarios que cobran-.)  Terminada entonces, esta primera parranda,  que generó grandes expectativas, opino sinceramente que miro y miro y no sé para qué lado agarrar. ¿Derecha, izquierda, centro- arriba, abajo- quizás? A esta altura del partido yo pienso que da lo mismo puesto que son tan similares los tres. Lo más probable es que los ciudadanos comunes tengamos que seguir mostrando que no, que no los queremos más, que se queden en la casa tomando mate, o en la estancia cabalgando raudos al viento y que dejen la política para políticos más jóvenes y diferentes, con otra cabeza, si es posible algún ateo o de otra creencia que respete a todas las otras-para variar ¿vio?- Y con alguna idea mejor que cagarnos a impuestazos  para sacar adelante a este bendito país. En las internas, hubo una cantidad importante de votos en blanco, no hace falta ser  un politólogo de esos que se equivocan una vez sí y otra también, para darse cuenta de que si alguien que no tenía obligación fue a votar en blanco- no a uno de los candidatos blancos, sino EN blanco, significa claramente que ninguno de los que había para votar estaba en la lista de sus preferencias.  Así nomás. No hay vuelta. Lo que sí parece es que va a haber vueltas en cuanto  a la publicidad y a cómo se las ingenian para sacarle el que “te conté” a la jeringa, esto es contestar con tino a las preguntas de nuestros avispadísimos entrevistadores. Y va a haber vueltas y más vueltas para elegir a los vices: ¿Irá Jorge Larrañaga- humillado y vencido- de segundo de Lacalle Pou? ¡Todo puede suceder en la dimensión desconocida!
Así que tenemos carnaval electoral para rato. Yo, de vez en cuando veo algún programa. A veces veo  Código País. Es un programa que está tardísimo pero luché por mantener los ojos abiertos porque iba a hablar Luis Alberto Aparicio Alejandro  Lacalle Pou. No es  broma. El hombre se llama así. Sus padres le pusieron cuatro nombres-quizás inspirados en García Márquez que usaba nombres por el estilo-, en Colombia se usan nombres inverosímiles-. Por las dudas lo pongo con todos los nombres porque quién sabe. A lo mejor lo preguntan en “Salven el millón”. Luis Alberto es fácil. Así se llaman sus antepasados. Aparicio- el tercero- también- es en honor al caudillo máximo del Partido Nacional. Alejandro no sé. Si alguien sabe que me informe. A mí me encanta saber. Luis Alberto Aparicio Alejandro, tiene  una fachada  simpática, campechana, dicharachera, bromea con su corta estatura, y con los entrevistadores. Y yo me contagio y escribo: “entre bueyes no hay cornada”. (Todos de derecha, él y los entrevistadores, no me cupo ninguna duda.) Supe que le dicen “Luisito” tanto sus amigos como sus detractores. Yo le escuché tanto ese apelativo a mi madre, y después a mi padre, cuando se referían a Luis Batlle que me parece que no lo voy a llamar así, primero porque aunque es pequeñito, no se vería nada bien que yo, que no  lo conozco personalmente, le llamara con un diminutivo. Además, el  “Luisito” con el que  mis padres  se referían a Luis Batlle era tan afectuoso que yo siento que sería más que un atrevimiento usarlo con otra persona del partido opositor, (aunque en los tiempos que corren los “opositores” ya no lo son tanto). Mejor llamarlo con sus dos apellidos: Lacalle Pou. Quedan bien aristocráticos. Como corresponde.
Del partido colorado tenemos como candidato a Juan Pedro Bordaberry Herrán. Grandote,-no creo que le digan Pedrito-  jugaba al rugby.  Todavía no lo he visto en ningún programa, pero no faltará oportunidad.
Por el Frente Amplio, el candidato es Tabaré Ramón Vázquez Rosas. Ya fue presidente desde 2005 a 2010. Es al que tengo más conocido. Incluso estudié alguno de sus discursos para ver qué decía y cómo lo decía. Creo que sigue en la misma línea. Últimamente lo vi vestido de amarillito. La Universidad de Salamanca le dio un  Doctorado Honoris Causa. Un comentario que hice en facebook llamó la atención y me pusieron: “ Mirá que el amarillo es el color de la Facultad de Medicina”. Sí. Claro. También es amarillo y negro el color de mi cuadro de fútbol: Peñarol, y el del Vaticano ¿no? -Me acuerdo muy bien de la banda amarilla que me gané alguna vez en Religión en la escuela de monjas-.
Los dos primeros se educaron en el British. El candidato del Frente Amplio, viene de familia obrera, como yo. Fue a la escuela pública. Tiene las mismas creencias religiosas que los otros dos. No vayan a pensar que a mí me molesta que tengan creencias religiosas. De ningún modo. Lo que sí me molesta es que traten de imponérselas a los otros, en un país que dice ser laico.
Dr. Tabaré Vázquez Dr. Honoris Causa de la Universidad de Salamanca. El color amarillo no es por  Peñarol ni por el Vaticano, sino por la Facultad de Medicina. 


 A las que fuimos y sufrimos colegio de monjas severísimas, donde teníamos que ir a misa sí o sí, y llevar una libretita firmada por el señor cura para marcar la asistencia. Sí señor, yo tenía que tener esa libretita al día firmada rigurosamente todos los domingos, y tenía que ir a misa con un misal, un rosario y un tul para cubrirme la cabeza. Nada de “sin mangas”, ni polleras cortas. Las niñas íbamos disfrazadas todas iguales. La mayoría con el serio uniforme escolar de pollera azul tableada “debajo de la rodilla” -aunque estuviéramos en jardinera-, blusa blanca, corbata azul y chaquetón  y boina azul.  Se preguntarán el motivo por el cual me mandaron a la escuela de monjas. La culpable fue mi madre.  La  causa  que esgrimía la tenía muy clara: se decía que “educaban mejor” y mi madre-oxímoron con piernas, divorciada de mi padre apenas nací- me mandaba a colegio de monjas para que  yo saliera lo mejor posible. Se había tomado muy  a pecho aquella frase de Artigas: “Sean los orientales tan ilustrados como valientes”. Por supuesto que esa educación privilegiada me duró hasta que se murió porque cuando mi padre me llevó a vivir con él y su nueva familia cantó otro gallo diferente. Nada de escuela de monjas, ni ballet ni piano sino a la  escuela pública, con varones por primera vez en mi vida- lo cual me encantó desde el principio-, guardapolvo blanco con moña azul. Terminé sexto año con el mismo chaquetón azul de la escuela de monjas, ya chico, ya corto, porque mi padre no iba a gastar ni un peso más en nada “superfluo”. Y para él había muchas cosas que eran superfluas. Pero no me quiero ir por las ramas.
Estaba con los tres candidatos que quedaron para elegir al futuro presidente del Uruguay. Qué quieren que les diga. No sé si quedarme con el hambre o con las ganas de comer. Honestamente, no sé para qué lado disparar. Lo más probable es que, como  no tengo “disciplina partidaria”-porque no soy de ningún partido-, vote  en blanco. Al menos, si somos muchos, se notará que no los queremos más. A ninguno. A uno por ser  archiconocido, y a los otros por ser el mismo perro con diferente collar.
Además de la zamba que nos dejaron para bailar con las elecciones presidenciales, se viene otro malambo. Bien zapateado. Y sí. Bien zapateado. Se llama Mundial de Fútbol y se hace en Brasil en pocos días. Todo el Uruguay se vistió de celeste. Ya entramos  en plena efervescencia. No hay comercio, ni supermercado, ni nada que escape a la música y al color celeste. Divino vistió con camisetas celestes a su personal.  Hasta el SPA donde voy a mover mi gordo esqueleto se vistió de celeste. Nada escapa a esta euforia.  Cansan a cualquiera, los políticos y los comentaristas de fútbol. Por igual.
Uno de los tantos chistes que circula por Internet sobre el Mundial 


El Mundial dura un mes, pero el  carnaval electoral seguirá. Todos prometen debates- aunque yo no sé sobre qué van a debatir si todos están “en la misma”-. Tendrán que elegir a  los vicepresidentes, pero no hay mucha expectativa al respecto ya que con unas pocas neuronas en funcionamiento que hagan sinapsis se puede “intuir” quiénes van a ser.  Ninguno solucionará  los problemas de la ciudadanía común  ni jugará como es debido . Entonces cabe preguntarse lo del título: ¿Soy celeste?