domingo, 31 de agosto de 2014

APROXIMACIÓN DESCONTRACTURADA AL MANUAL DEL MACHO ALFA

El Macho Alfa con su harén
El título “Manual del Macho Alfa” se refiere   al documental del joven cineasta uruguayo Guillermo Kloetzer, que se estrenó hace pocos días en Montevideo.
Aunque el “macho Alfa” se llama igual que yo, no tiene nada que ver conmigo. Me parece.
 Cuando era niña, tenía un vecino en el barrio Cordón-donde vivía con mi madre divorciada- que me saludaba  con un -“¡Cómo te va ALFA ROMEO!” Yo  lo corregía una y otra vez  pero nunca lograba convencerlo de que mi nombre no era  “Alfa Romeo”, sino Alfa Segovia. Él se reía a carcajadas. Ya hace muchísimos años que entendí la broma. De todas maneras, a veces me pregunto: ¿No habría sido mejor que fuera una “Alfa Romeo” de gran fortaleza, de potente rugido, con buena carrocería, innumerables luces y diversas prestaciones?
Fui a ver el documental en la Cinemateca 18. Subí las incómodas escaleras. La boletería es una mesita en el medio del local. El interior  estaba helado. Tiene unos aparatos de aire acondicionado en los pasillos pero no estaban prendidos. Me quedé con el gabán y la bufanda puestos como si estuviera a la intemperie. No había mucha gente. Es probable que las películas documentales no sean atractivas. A mí me interesó. No es  un documental de  la National Geographic porque está pensado y elaborado de manera mucho más descontracturada. Lo de “Manual” se debe a que paso a paso, con sus correspondientes páginas con dibujos, - tal cual si fuera un manual de aprendizaje-,  se sigue la vida de unos animales marinos, mientras la voz en “off” de César Troncoso va dándonos  con gracia- cuando se le entiende, claro- la información pertinente.
A los dos lobitos marinos que la cámara va a seguir desde el nacimiento –junto a los espectadores- les ponen nombres griegos: Adonis- en clara alusión al dios de la belleza y Hefesto, -el dios griego artesano y contrahecho-. (Los griegos amaban la perfección y la mesura, por eso, nunca exhibieron penes enormes ni senos como los de Moria Casán.) En el documental no se le ven los penes ni a los lobos ni a los elefantes marinos, aunque sí se  muestran los testículos, y  hay escenas de violencia como cuando un elefante pasa por las armas a una loba- más pequeña- que no resiste con vida el ataque sexual. Se lo presenta como un violador.
Los elefantes marinos son más grandes que los lobos marinos -y se nota- 

 Pero también se documenta la presencia de una hembra que es  mezcla de ambas especies. Fértil, porque tuvo un cachorro. Será investigada y –probablemente- forme parte de los híbridos raros que hay en el mundo. Un hallazgo “la pelirroja” de Guillermo K.  (Esa denominación de “la pelirroja” forma parte del monólogo descontracturado a cargo de  Troncoso.)
Los lobos marinos no “nacen” machos Alfa.  Desde temprano aprenden que “la lucha es cruel y es mucha”-como dice el tango de Discépolo-.  A medida que van creciendo tienen que ir afirmando sus condiciones para llegar a ser  un “Alfa” en una lucha tenaz por ser los mejores. ¿El premio? Tener un harén.  
Se trató de  comparar  la situación de los animales con la de los seres humanos. Hay escenas en la playa donde especímenes masculinos se exhiben con intenciones de seducir. Y se ve ese juego de que sí pero que ahora no, y que quizás y que tal vez  y que puede ser, pero esperá. En realidad, a mí me parece que  frecuentemente, son ellas, es decir, nosotras, las que “seleccionamos” al objeto de nuestros desvelos. Incluso en la literatura, o en el cine-estoy recordando Ana Karenina- que es un ejemplo de novela y de película- aunque “aparentemente” es Wronsky el que lleva la delantera lo hace con estas palabras que no dejan ningún lugar a dudas de que ella lo corresponde:

“- Usted quiere saber por qué estoy aquí ¿verdad?-dijo Wronsky  mirándola fijamente-. Pues bien, eso lo sabe usted tan bien como yo: estoy aquí porque está usted. No he tenido más remedio que venir.”


Keira Knightley  y Aaron Taylor Johnson en una escena conmovedora  de la película
Me encantó la fotografía del seductor bombón de chocolate blanco. 

 Cuando yo era joven, no era común que una mujer “encarara” a un hombre. Se usaba más bien comerlo con los ojos, hasta que el susodicho se daba por aludido. Actualmente, si hay atracción, ambos sexos van al ataque- aunque no se genere ningún compromiso de índole afectiva- en un alegre “touch and go”* sin compromiso. El humor PUEDE  constituirse en  una excelente táctica de seducción. 
 El sexo-para los seres humanos- no es únicamente buscado para reproducirse, sino que constituye –por sí solo- una grata fuente de placer.


Los animales, -en este caso, los lobos marinos- se guían por el instinto: las madres tienen un único cachorro al  que alimentan hasta que puede valerse por sí mismo, y después lo dejan para atender a otro recién nacido. No dejan mamar a otro que no sea suyo, al contrario, lo corren. Madre e hijo se reconocen por el  sentido del olfato, y se llaman mutuamente distinguiéndose de todos los otros. Son madres  exclusivas,-durante el tiempo absolutamente necesario- y se niegan a ser “madres de leche” porque la  lucha por la sobrevivencia es  muy difícil. No pueden alimentar a todos, a ellas mismas les cuesta conseguir la alimentación necesaria para sí mismas. El cachorro tiene que tener fortaleza para sobrevivir, y va a triunfar si logra alimentarse en forma eficaz. Incluso, a veces,  tiene que transformarse en un astuto ladrón de leche, cuando su madre no está. Únicamente si desarrolla estupendas condiciones se convertirá en un “macho Alfa”. Si tiene mala suerte y queda huérfano, sucumbe. Si la madre lo alimenta el tiempo suficiente, después del destete, tendrá que ser muy hábil para obtener la alimentación necesaria para ser poderoso e imponerse a otros machos en la pelea,-donde la supremacía se resuelve a tarascones- y también tendrá que ser muy despabilado para conquistar hembras. Las lobitas tienen que estar en celo, de lo contrario  no se dejan hacer nada de nada. Además, va a tener que pelear con otros  prestigiosos lobos, para lograr favores.

Una tierna escena entre madre e hijo-pero no será para siempre- pronto el lobito tendrá que valerse por sí mismo.

Parte del documental-aclaro que no todo- se filmó  en el escenario de la Isla de Lobos, frente a Punta del Este, pero los lobos y elefantes marinos, no van a divertirse  al Casino, ni a los fiestas ni a los centros nocturnos. En lo que son más parecidos los  hombres es en la aspiración  a tener  su propio harén.  Desde ese punto de vista, conozco a más de uno al que le gustaría ser considerado “un macho alfa”. Sin embargo, por estos lares,  la mayoría tiene que conformarse con una única hembra gastadora y rompehuevos, no siempre dispuesta a satisfacer sus apetitos sexuales. Muchas sufren de dolor de cabeza crónico-una de las mejores excusas que se conocen  para decir que no-
Si quiere saber si los solteros tienen su playa exclusiva, si las lobitas dicen que no, y cómo vaya y vea el documental. Es entretenido. A Troncoso se le entiende a veces sí y a veces no, usted haga el esfuerzo y si no lo entiende, deduzca.




domingo, 24 de agosto de 2014

NOSTALGIANDO DE LA DOCENCIA: PAOLO Y FRANCESCA

Paolo y Francesca  de Louis Rubio

Para comenzar esta crónica repito el comienzo de una de mis crónicas anteriores:
La etimología de la palabra nostalgia tiene implícita la idea de sufrimiento, porque significa “deseo doloroso de regresar”. La RAE  menciona como  primera definición: “pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos”, y en segunda acepción: “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”.

En este famoso fin de semana largo donde se celebra “La Noche de la Nostalgia” pensé que podía ser una buena idea  recordar-  que en su sentido etimológico significa “volver a pasar por el corazón”, porque de eso también  se trata la nostalgia- mis  primeros tiempos  de docente en ciernes,  cuando aún no había obtenido el título  y procuraba vencer mi timidez para dar clases.
La  llamada “Divina Comedia” de Dante Alighieri, fue uno de los primeros textos que tuve que abordar en una práctica docente de Literatura. Inolvidable el texto y las circunstancias. A raíz de mi timidez, solía preparar las clases con absoluto esmero, buscando en bibliotecas- obviamente  Internet no existía- todo el material posible para sentirme segura. Con mucho sacrificio logré comprarme la Divina Comedia bilingüe, para comentar en clase algún terceto en su idioma original.

El episodio de Paolo y Francesca del canto V lo había preparado con total dedicación. Primero porque me gustaba mucho y por eso, quería trasmitir mi sentir a los estudiantes y segundo porque iba a recibir la  visita de mi profesor de Didáctica. El grupo de práctica que me tocó ese año, no era de “Letras” sino un “Científico” pero los chicos me habían tomado tanto cariño que vinieron a la clase que yo tenía que dar con el texto leído y con preguntas para hacerme. No me puedo acordar cómo empecé, porque los nervios me hacían temblar como una vara verde, más que Paolo y Francesca azotados por el viento huracanado. Poco a poco me fui serenando y logré captar la  atención estudiantil con el aspecto sentimental del episodio. Como todos sabían ya, por la información previa,  Paolo y Francesca, su cuñada, estaban condenados por adúlteros.   El texto los presenta leyendo un libro-se muestra muy claramente cómo  la literatura puede ser una fuente de inspiración porque lo que se lee puede hacerse carne- donde un amante besa a su amada. Sin embargo, me esmeré para  que pudieran sentir que pese a lo terrible del pecado, estaban condenados juntos y que la que respondía a las interrogantes de Dante era Francesca.  (Paolo simplemente lloraba).
Cuando Dante pregunta: “¿Cómo y por qué os permitió el amor  que conocieseis los turbios deseos?” También procuré que entendieran  que ese calificativo de  “turbios” era un  sinónimo de “pecado mortal”. La “marca” del  amor adúltero.
Y ya que hablamos de nostalgia,  también se puede apreciar cómo  Francesca la manifiesta al recordar el momento en que su marido los encuentra in fraganti con Paolo. El recuerdo de “la felicidad en tiempo de miseria” se refiere al momento del beso. Este es uno de los  momentos culminantes de la escena, cuando Francesca  le dice a Dante:

“Nessum maggior dolore che ricordarsi del tempo felice ne la miseria” (…)
No hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria”.

Mi  clase iba marchando  sobre ruedas, los chicos estaban interesadísimos, preguntaban y hacían buenas intervenciones. Ya habíamos visto las imágenes de las aves, los estorninos, las grullas y las palomas, la forma en que son presentadas, la gentileza de Francesca al contestar y todas las sutilezas que pude extraer en esa clase tan temblorosa como la pasión de los amantes.
Paolo y Francesca acuden al llamado de Dante "cual palomas llamadas por el deseo" 


Todo lo que dice Francesca es destacable, pero hay un  comienzo  esencial.
En el último verso-hay un sutil detalle que enfaticé con mayúsculas porque una magnífica  profesora que tuve en el liceo Manuel Rosé de las Piedras-Isobel Rubbo-me lo había hecho apreciar: Si bien la gentileza está presente en esta dama, el castigo, el vendaval, el huracán, o como se lo quiera llamar, se detiene para ellos – no para todos los pecadores-  debemos recordar que hay un profundo concepto didáctico en todo el texto, y que Dante-guiado por Virgilio- también es un aprendiz, así como también lo somos nosotros, sus lectores:

Di quel che udire e che parlar vi piace,
           Di lo que quieres oír y hablar
 noi udiremo e parleremo a voi,  
                 Te oiremos y hablaremos a ti
 mentre che 'l vento, come fa, ci tace.   
Mientras que el viento, como ahora se NOS calla.                       


Es como si en el Infierno se hubiera creado una “burbuja” de  quietud momentánea para que Dante, acompañado por Virgilio, pudiera enterarse de los pormenores de ese pecado capital cometido por Paolo y Francesca.
Por supuesto que yo,  preparada como una dama antigua para ser pintada,  me  había llevado unos tercetos en italiano para  que apreciaran  con el sabor del idioma original la idea del “temblor amoroso”-que me sigue pareciendo estupendamente expresado- , y la delicadísima reticencia final:
Quando leggemmo il disïato riso
esser basciato da cotanto amante,
questi, che mai da me non fia diviso,
la bocca mi basciò tutto tremante.
Galeotto fu ’l libro e chi lo scrisse:
quel giorno più non vi leggemmo avante».
En español sería algo así:
“Cuando leímos que la deseada risa fue besada por el amante/ éste que de mí no se separará jamás/ la boca me besó tembloroso (o temblando). El libro era de Galeotto y fue quien lo escribió/ Y después de aquel día ya no leímos más”.
Cuando ya estaba casi culminando la hora de clase, cuando a mí me parecía que todo había sido explicado y disfrutado,  cuando ya se había entendido que la reticencia:  “desde aquel día ya no leímos más”, se podía interpretar como que el amor había sido interrumpido por la muerte,  cuando habían captado que  Paolo Malatesta y Francesca da Polenta (da Rimini) - los “de verdad”  “los de la crónica policial” habían trascendido por obra y gracia de la poesía, una jovencita me dijo que me quería hacer una pregunta sobre “algo que no había entendido del canto III”. Y yo, que siempre fui pánfila por naturaleza le dije que la hiciera.

Recuerden que eran mis primeros balbuceos docentes. Tengan  en cuenta-además- que siempre fui muy tímida y por eso, tenía que hacer unos tremendos esfuerzos para dar clases. No  tenía aún-ni remotamente-  el “fogueo” que dan los años de trayectoria.

Dante y Virgilio frente a la inscripción de  la puerta del Infierno. William Blake 


En el canto III aparece, -sin que se diga si es un personaje-, unos tercetos escritos en primera persona-como si fuera la puerta la que hablara- que anuncia a los condenados el  irremediable castigo eterno:


(…) “per me si va nella cittá dolente,     (…) por mi se va a la ciudad doliente
Per me si va nell’ eterno dolore,           Por mí se va al eterno dolor
Per me si va tra la persuta gente”        Por mí se va a  la perdida gente
                                     
    
Giustizia, mosse il mio alto Fattore:         La Justicia movió a mi alto Hacedor
Feceme la divina potestate,                    Me hizo la divina potestad
La somma sapieza e’ il primo amore”       La suma sabiduría y el primer amor

Dinanzi a me non fuor cose create           Antes que yo nada fue creado
Se non etterno, el io etterna duro.           Si no lo eterno y yo eterna permanezco
.Lasciate ogni speranza, voi ch’ entrare”   Dejad toda esperanza, vosotros los que
                                                         entráis.

¿Cuál era la duda de la jovencita?

Yo estaba más o menos preparada  para contestar alguna pregunta como esta:

¿Cómo se llama  el recurso de la repetición en el primer terceto?

También podía volver a explicar los conceptos de “ciudad doliente”, “eterno dolor”  “perdida gente”, “alto Hacedor” “suma sabiduría” y “primer amor”, pero lo que no supe  responder,- yo que había andado de la mano de Virgilio y Dante por el Infierno-,  fue una pregunta de índole “realista” que me aturulló por completo:


¿Cómo hacían los pecadores que no sabían italiano  para saber lo que “decía” la puerta del Infierno?

No. No se rían. No supe contestar. Me olvidé por completo del  concepto de “alegoría”-ni siquiera me acordé de los “carros alegóricos”- que tanto me gustaban en carnaval- y  tampoco me salió ni siquiera la palabra “ficción”.

Del bochorno con la estudiante me salvó el timbre. Pero mi profesora guía, y mi profesor de Didáctica, no podían creer que no hubiera sabido contestar una pregunta tan “simple”. 

lunes, 18 de agosto de 2014

DOMINGO DE SOL CON FELISBERTO

Felisberto Hernández en una de sus clásicas  fotos 
Fue un domingo para disfrutar desde temprano. Me preparé el desayuno  y me lo llevé a la cama en mi bandeja portátil, disfruté del esplendor de la luz  mientras hacía crujir las tostadas con mermelada. La fecha coincidió con “el día del niño” y aunque todo el mundo dice que no lo festeja, en el muro de mi facebook, aparecieron muchos saludos alusivos. La mayoría se refería  al “niño que llevamos en nuestro interior”- lógicamente- porque a estas alturas del partido,  no nos queda nada más que eso: el niño interior. Ese pequeño pícaro que  anda por ahí.
Decidida a aprovechar el buen tiempo al aire libre, me preparé y me fui caminando hasta el Parque Rodó. Desde mi casa no son muchas cuadras y estaba hermoso para caminar. ¿A ver qué? Una vuelta por el Museo de Arte Contemporáneo donde montaron “La máquina Felisberto”, quizás más tarde un almuerzo en el Rodelú. En fin, tarde de paseo al aire libre.

Al llegar al Parque aún estaban los puestos de la feria dominical, y como me ocurre muchas veces con la lateralidad, (¿derecha, izquierda  arriba, abajo?)  me perdí. Sé dónde está el museo, pero los puestos ambulantes me despistaron. Veía el edificio, y no encontraba la entrada principal. Estaba cerrada. Había  que entrar por uno de los costados. No entré en pánico, simplemente di la vuelta. Subí a la sala donde se exhibía “La máquina  Felisberto”. Como suele suceder,  siempre hay más cuidadores que visitantes. Fui rezongada un par de veces porque mi máquina disparaba el “flash” aunque había sido cancelado por el vigilante. No tengo  muchas fotos. Me hubiera gustado sacarle-con flash- a un piano viejo, más que viejo, vetusto, destrozado, que exhibía un cartelito que decía “el piano de Felisberto”. Es una de esas obras de arte que nos dejan pensando, más bien nos exprimen los sesos,  y no comentamos, ni hablamos de nada, ni nada de nada,  para no pasar por pelotudos.
Había una máquina de coser, que –evidentemente- aludía a una de las esposas de Felisberto Hernández María Luisa de las Heras. Al lado, había tarjetas “María Luisa de las Heras. Modista”. Un detalle. También podía haber dicho: “María Luisa de las Heras. Espía”. Pero no, se prefirió el oficio de modista. Es decir: “el otro”. El de espía dio mucho que hablar, pero Felisberto no lo supo.
La máquina de coser
La tarjeta-había varias al lado de la máquina de coser- 

También vi alguna de las citas clásicas de Felisberto. Esta es una de las que más me gusta:


 Y esta otra también:

CASUALES CASUALIDADES
Lo que sigue, -con otra introducción- lo publiqué en el blog que me quedó trancado y que nunca más pude volver a usar: “Memorios y memorias de casos y cosas”. Es sobre Felisberto Hernández y algunos avatares de mi existencia.

 Yo me quedé  en el duro “insilio” .Estudiar durante la época de la dictadura uruguaya no me resultó nada fácil. Además del terror de andar de noche por las calles, estaba el drama de “rendir” los  extenuantes exámenes. En el año 1979, me faltaban pocas materias. De las académicas una era Literatura Uruguaya, con un programón  capaz de desalentar al más entusiasta. La Licenciatura no concluía con ella pero al menos me podía sacar esa obligatoria, para luego pasar a las prácticas docentes y preparar algunas  pedagógicas que también tenía pendientes. Una carrera de cuatro o cinco años, me llevó algunos más, porque-siempre obligada por las circunstancias económicas- tuve que trabajar en una actividad que no tenía nada que ver con las letras.
Literatura Uruguaya era una materia reglamentada, podía preparar y rendir un examen, pero lamentablemente, mi profesor-cosa muy común en la época- había sido destituido del último lugar de trabajo que le quedaba. Se llamaba Juan Freifogl  y era un gordito bueno. Probablemente se había opuesto al régimen imperante y lo borraron, primero de los puestos oficiales, y luego de los privados. No lo volví a ver nunca más. Siempre me quedó ese sentimiento desgraciado de no haberle podido decir, sinceramente,  que había sido muy bueno, que nos había dado montones de ideas para seguir adelante, y que sus alumnos de esa difícil época, lo habíamos querido mucho. Ese año, no di el examen reglamentado.
Justamente, -casual, casualidad- el Instituto de Filosofía, Ciencias y Letras- el viejo IFICLE, lugar donde estudiaba-hizo  un seminario sobre Felisberto Hernández, y de esa manera, me acerqué a un autor uruguayo que en ese momento -1979- era casi prácticamente desconocido.
 Por un libro que escribió Nora Giraldi,  supe que  Felisberto Hernández había vivido en la misma calle que yo: Petain;  y que una simpática vecina conocida en el barrio por “Doña Ronga” era su hermana.  Le pedí al arquitecto Óscar Barrios,  que me la presentara.  Barrios era el constructor y propietario del  apartamentito que alquilábamos de recién casados, pero más que un propietario era un amigo singular. Su familia también era amiguera. Cuando ahora, viviendo en la pituca y ruidosa Punta Carretas, veo a los vecinos de enfrente sacar orgullosamente sus “cuatro por cuatro” sin  siquiera mirarme ni saludarme, me acuerdo melancólicamente de mis idolatrados Barrios.
Por medio de mi querido Don Oscar, conocí a  Deolinda Hernández y a su casita “Laboremus”. Deolinda me prestó todos sus libros, por lo tanto, leí a Felisberto de punta a punta. Además, tuve una información testimonial de primera mano. Aclaro, por las dudas, que  no existía ni Internet, ni Google, ni nada por el estilo.
Pero yo había quedado “huérfana de profesor de Literatura Uruguaya”, por eso, le pedí ayuda a mi profesor de Didáctica, Roger Mirza, puesto que, obligada por los cambios  en el Instituto,  la opción que me quedó para aprobar la materia académica pendiente,  fue la de preparar  un trabajo monográfico.
Lo presenté el 29 de diciembre de 1980. Me tocó una mesa examinadora, donde-lamentablemente para mí-   Mirza no fue convocado  como miembro integrante. Los tiempos eran caóticos también en el Instituto y mi apreciado gordito Juan había sido sustituido por una víbora maldita que no sabía ni dónde estaba parada, pero que- por supuesto- disfrutaba mucho de su nueva condición de “profesora universitaria”. Los otros dos miembros del tribunal, eran también recién llegados. Obviamente, no habían visto mis borradores, ni conocían nada de las peripecias del proyecto. Aplacé de cabeza. Para mí fue una experiencia muy negativa. Pocas veces había sido reprobada en mi vida de estudiante, y  cuando lo fui, esas circunstancias me dejaron recuerdos imborrables. En este caso, particularmente, lo consideré una reverenda injusticia, ya que la tesina había sido controlada por un profesor competente. Yo había leído todo lo que había publicado Felisberto Hernández, gracias a los préstamos de Deolinda Hernández, y a partir de esa lectura,  me pareció que por su condición de concertista y de escritor el “objeto piano” debía tener su propia relevancia. Por eso, me dediqué a ver  cómo  se transformaba en la obra, en virtud de los avatares del protagonista. Logré-con una alegría difícil de describir- darme cuenta de las transformaciones que se operaban en el piano felisbertiano de acuerdo a las peripecias del protagonista,  y escribí con entusiasmo sobre esas comprobaciones, pero  mi trabajo no fue entendido. Es más que seguro que los integrantes de la mesa no habían leído todo lo que había leído yo, y por lo tanto, les faltaba información. Recuerdo que la gorda infame me dijo al final:

-“Mirá, lo  mejor que podés hacer es analizarte un cuentito y escribir el comentario como para que te lo  entienda el lechero”.

Quedé muy triste pero trabajé de nuevo con la ayuda de Mirza -todo el verano- y en el siguiente período de febrero lo  aprobé  con calificación 4/6.
 Los estudiantes que habían seguido el consejo de comentar  “un cuentito y escribirlo como para que lo entendiera el lechero”, aprobaron 6/6.
Otra arista felisbertiana: nunca logré-en ningún lado- publicar la tesina. Pasaron treinta y cinco años. La modifiqué un montón de veces de acuerdo a otros tantos parámetros exigidos,  según los críticos de turno, pero no hubo caso. Prácticamente esa circunstancia me hizo sentir en carne propia la angustia de Felis, recorriendo los pueblos del interior, parándose en los mostradores de los clubes, preguntando por alguien que tuviera interés en financiar sus conciertos, y yo a su lado, buscando denodadamente quien  quisiera darme una mano para la publicación de mi trabajo sobre él.

Desde ese momento, me prometí tres cosas: que divulgaría a Felisberto, que  sería Licenciada en Letras- contra viento y marea- , y  que enseñaría Literatura, evitando concienzudamente  ser una  hija de puta como la sátrapa que me bochó.

Creo que cumplí las tres consignas. Cuando se empezaron a reeditar los libros de Felisberto, los compraba para regalar. Incluso hubo una de mis colegas que se enamoró completamente de Felisberto- siempre fue muy seductor- y escribió su tesis doctoral sobre su obra. Y seguí-y sigo- regalándolo cuando alguien me dice que no lo ha leído. Y también lo di en talleres de Literatura.
Los títulos- el de Licenciada y otras yerbas que fui agregando a medida que me fui especializando- cuelgan ya muy vetustos en el lambriz de madera en mi escritorio.
Enseñé Literatura durante más de treinta años. Nunca dejé de ayudar a un estudiante con dificultades, jamás “boché” sin ton ni son, y luché-toda la vida- por lograr que los textos literarios “llegaran” en lo posible al alma. Porque si llegan al alma ese estudiante seguirá leyendo toda su vida. Y eso es lo único  que hay que lograr: que siga leyendo y disfrutando.

Todo esto me vino a la memoria al ir a ver “La máquina Felisberto”.
Hace cincuenta años que no tenemos su presencia física, pero él, anda por ahí. Como Julio Cortázar- otro de sus admiradores- como Jorge “Cuque” Sclavo, que me lo leyó en una tarde de la Revista Sarandí, hace muchos años, y me dijo que había sido su compañero de trabajo en la Imprenta Nacional. Y como tantos otros que vamos leyendo, descubriendo y transformando en amigos entrañables.

¿Cómo terminó este singular domingo de sol?
No pude almorzar  en el Rodelú. Antes de que pudiera asentar mis posaderas en una silla,  un vociferante mozo me espetó:

- “¡Hay más de una hora de demora, DOÑA!”

Me quedé con el traste a medio camino de la silla, pero el  odiado “DOÑA me lo enderezó más rápido que ligero.

 Me fui caminando por la vereda del sol hasta la churrería "La Manola"  donde, alentada por el gentil recuerdo de Felisberto,  después de una cola de 30 minutos, contemplando cómo se divertían los grandes en "El gusano loco" -porque los chicos no le daban mucha bola-,    logré comprar media docena de tortas fritas. Y regresé mordisqueando una. Estaba deliciosa. 
Y Felisberto risueñamente  me acompañó hasta casa, tocando- para mí sola-   " Un poco a  lo Mozart". 

La Churrería y "El Gusano Loco"-donde se divertían más los grandes que los chicos- 


miércoles, 13 de agosto de 2014

BUEN CINE URUGUAYO MR. KAPLAN

Realizador Álvaro Brechner,  Héctor Noguera como Kaplan  y Néstor Guzzini como Wilson



El martes, l2 de agosto de 2014, me dediqué a dar unas cuantas vueltas. Fui al centro a buscar un  libro, de pasada me traje  un regalo que me había mandado   una amiga de  Alemania,  y cuando volvía se me dio por ver los horarios para ver en el Shopping Punta Carretas, la película de Álvaro Brechner: Mr. Kaplan.
Se le hizo  bastante publicidad y también está recibiendo muchos comentarios positivos. Yo no me guío nunca por los comentarios, y tampoco acostumbro a ver  el “tráiler” o- sea  lo que antiguamente se llamaba la “sinopsis”- porque antes prefiero  ver y decidir si me interesa o no. Y me interesó. Y me entretuvo. Y me gustó.
Después vi el tráiler y escuché un  comentario de una radio que encontré en Internet. Me resultó bastante soso  porque se basó  más que nada en si el actor –que es chileno- tenía o no tenía acento uruguayo. Evidentemente Mr. Kaplan representa a un hijo de extranjeros que puede tener acento(o no), como lo han tenido (o no)  los  que han sido nuestros antepasados, porque como oí decir muchas veces, “nosotros descendemos de los barcos”. También me molestó que los comentaristas no supieran los nombres de los actores y se refirieran a Nidia Telles como “la actriz veterana que hace de mujer de este viejo que no sabe qué hacer con su vida”. No se puede ni se debe desconocer la trayectoria de una excelente – y hermosa- actriz uruguaya.  Por lo menos se podían haber tomado la molestia de leer alguna información. ¿No? Tampoco me pareció acertado que dijeran que puede ser una película adecuada para “ personas mayores”-porque se refiere a la vida de un viejo que  empieza a buscarle  un sentido a su vida y eso lo lleva a la  aventura de perseguir a un supuesto nazi para secuestrarlo y llevarlo a juzgar para que pague sus crímenes.  A ellos, que actualmente son jóvenes también les va a pasar la aplanadora del tiempo y –estoy segura-  cuando eso les ocurra, ya no se van a burlar más.
Vi también alguna  que otra entrevista televisiva al Director Álvaro Brechner, pero en un caso,  la mujer que preguntaba hablaba demasiado, tanto, que no dejaba que él- que es muy inteligente, calmo y coherente- dijera lo que quería decir. Lo interrumpía una vez sí, y otra también. En otra ocasión, la conductora se le postulaba para actuar en sus  próximas películas, porque no había sido aceptada para esta. Una desubicación completa. Una lástima.

Retomo lo principal de lo que quiero comentar. La película me interesó,  me entretuvo y me gustó.

En primer lugar, Jacobo Kaplan, está concebido como un veterano  que empieza a perder los rasgos  de independencia a los cuales estaba acostumbrado. En él  ya se manifiestan las dificultades para oír y  ver que se  suman a la impericia    para manejar el auto, lo que lo lleva a la imposibilidad de renovar la licencia de conducir. En ese hecho aparentemente trivial-que no lo es- germina   la idea de hacer algo fuera de lo común, porque  de una manera sutil se le va creando una confabulación familiar para que no maneje, y  para que no haga nada que resulte inadecuado. Así, su familia compuesta por su mujer, Rebeca,  dos hijos varones,-muy destacado “Isaquito”-  nueras y nieta, se encargan de crearle a su alrededor todos los algodones posibles para envolverlo con suavidad. Pero Jacobo no quiere eso. Se resiste. Mientras su familia se empeña en tratarlo como a un lelo,  él-en cambio-  quiere encontrar respuesta a cuestionamientos filosóficos  como estos:

-¿Qué hice de memorable?
-¿Es el mundo mejor gracias a mí?
-¿Cuán útil fue mi existencia?

 No todo ser humano se  hace estas preguntas. Pero Jacobo sí. Y para encontrar las respuestas se embarca en una aventura quijotesca con un “socio”- en realidad, un conductor que le asigna la familia para que le maneje el auto cuando quiera salir a algún lado-
Y Jacobo Kaplan (encarnado maravillosamente bien por Héctor Noguera)  y Wilson Contreras, un ex policía, (estupendo el actor Néstor Guzzini en ese papel)  se “embarcan” en una aventura fenomenalmente tragicómica. Sé que  los actores y actrices que participaron fueron elegidos cuidadosamente, -no los nombro a todos para no aburrir-, pero realmente, todos, absolutamente todos se destacaron en la obra. 
Kaplan y Wilson, tienen vidas anodinas, comunes, sin destaque.  Necesitan un acicate que los saque de la rutina y lo encuentran en la aventura a llevar a cabo.
Mr. Kaplan y Wilson en pos de la aventura -no se pueden dejar de ver-tampoco- los "detalles" de la vestimenta

El joven realizador uruguayo  nacido en 1976, es Álvaro Brechner. Supo  crear una buena historia-aunque haya tenido antecedentes previos-  porque  encontró  una adecuada manera de contarla y re-significarla.
Hay muchos aspectos a los cuales hay que ponerles atención. Muchos.Destaco otros:
La ternura: Visible por ejemplo, en los apelativos afectuosos que se dan Jacobo y Rebeca para nombrarse a sí mismos. Cuando se transcurren juntos tantos años- más de cincuenta- se han enraizado algunas costumbres que vistas por “extraños”- los espectadores lo somos- pueden resultar fuera de lugar. Como decirle “bebe” al veterano, o “pichona” a ella- (vayan a ver la película y descúbranlos, y-de paso- averigüen qué quieren decir porque no son apelativos en español-)

La música: elegida y realizada especialmente para la película. Me hizo acordar  a la música de otros realizadores. (También vayan a verla y descúbranla.)
Les aseguro que van  a ver una historia no únicamente bien contada, sino bien “armada”, bien fotografiada, bien actuada, bien musicalizada, bien filmada, con un destaque especial para algunos lugares nuestros que parecen adornarse para mostrarse con sus mejores galas. Los vemos y pensamos ¿Es así tal o cual lugar? ¿Pocitos luce tan bien como en la película? ¿Realmente?  A mí me pareció que estaba viendo ese barrio por primera vez en mi vida, y, sin embargo, vivo desde hace muchísimos años, a pocas cuadras de él. Casi podría decir que mostrado  en la película, lo vi con otros ojos. 
Vean el filme  y después cuenten lo que les pareció. Y sobre todo, disfrútenlo. Bien vale la pena.