domingo, 14 de agosto de 2011

Jorge "Cuque" Sclavo el escritor incasillable

¡Igualito a Robert Redford!
¡La misma mandíbula!
¡La misma mirada sexy!








Esta nota ya la publiqué en otro blog donde colaboraba en forma colectiva, pero me da la impresión de que no tuvo la necesaria difusión, así que aquí va de vuelta.
Se trata del singular escritor Jorge “Cuque” Sclavo, a quien oía en el programa que tenía la Radio Sarandí, de tarde, en la década del ochenta. Sería muy bueno incentivar la curiosidad de potenciales lectores para que vayan a buscar, -si es posible corriendo-, algunos de sus libros. Encasillado,- como él mismo lo señala siempre-, en el rubro “humorista” sus otras aristas artísticas no han sido apreciadas en forma suficiente. Lo mismo que pasó y pasa con uno de sus maestros inolvidables: Julio César Puppo, El Hachero, a quien voy a recobrar en alguna otra oportunidad.
Jorge Cuque Sclavo, apodado por su familia, “El loquito”, publicó el año pasado, en mayo de 2010, primera edición- otro de sus libros memorables: “Desde el paraíso”. Lo leí y lo releí varias veces. Recomiendo efusivamente su lectura.
Con su característico estilo, nos conduce por todas las peripecias de su vida, sus afanes, sus luchas, sus múltiples empleos, sus aspiraciones, amores y desamores. Con su personal maestría y agudeza no exentas de cierto humor ácido,-también su “sello de fábrica”- rescata a través del relato, su propia vida y la de los seres que lo rodearon, amigos y… de los otros... Indudablemente, recupera con especial sensibilidad a los que quiere, pero en cuanto a sus enemigos, o al menos a los que no lo favorecieron, los condena con una especial motosierra que emplea tan diestramente que los susodichos no pueden escapar de ninguna manera. Les da como en bolsa a vivos y muertos. Dante Alighieri, que metió en el infierno a todos los desgraciados que no tenían sus mismas ideas, quedó chiquitito al lado de este Cuque que sabe cercenar al más pintado, con humor, claro, con su ácido, corrosivo humor.
Es memorable lo que cuenta de la revista “Misia Dura” de la cual fue fundador y director, en donde con ingenio escribía todo lo que no se podía escribir en la época de la dictadura en el país.
Va un ejemplo de muestra:

“Por ese entonces Pacheco (se refiere al Presidente del Uruguay en la época que rememora) comenzó su estilo de gobernar con las célebres “medidas prontas de seguridad” que eran multiuso. No había muro de Montevideo que se preciara de tal, que no tuviese su respectiva denuncia de: “abajo las medidas”.
El titular del número 5 fue “Abajo las medias” y debajo, en letra chica, lo acompañaba un dibujo de Alberto donde un modisto francés le declaraba la guerra a las medias para la temporada de ese año.
Pero leído el título de apuro, y, sobre todo, desde arriba del ómnibus, uno se lo comía. No olviden que debíamos llevar cada número a Jefatura porque ya había censura previa. “

Cuando rememora su primer trabajo en La Madrileña S.A. su estilo humorístico va “in crescendo” hasta concluir con su descripción de “falto de casilla” con una gracia inigualable:
“Yo entré de cadete, primero en el quinto piso, donde tuve de jefe a Emilio, un cajero pelado, ronco y pusilánime ante su mujer, que estaba muy buena, y sus dos gerentes: García que engañaba a su mujer con la jefa de contaduría, más fea que pisar un sorete descalzo, y otro más viejo; Baccino, que firmaba los cheques con tres puntitos en su rúbrica. Decían, por eso mismo, que era masón. Por lo que le adosé esos puntitos que conservo aún a la mía para parecerlo, ya que dicen que a todos sus afiliados les va muy bien, porque se protegen entre ellos. Algunos han llegado a ser presidentes de la República. Hasta si son de izquierda.
Desde el quinto piso, mientras hacía mis preparatorios del liceo nocturno, ascendí al décimo, donde tuve como jefe a un levantador de pesas del Club Neptuno, cuadrado como un raviol y poderoso como un gladiador, que me cobijó bajo su ala sin importarle que yo fuese un intelectual, pese a todos los resentimientos que abrigaba contra la gente de mi condición. Le resultaba cómico. Cosa que me defendió durante toda mi vida. Y también ser un tipo sin una estantería en la cual colocarme. Para los escritores era un humorista, para los humoristas un tipo del teatro, para los del teatro un coso de café concert que laburaba con Manolo Guardia, quien a su vez no era un músico clásico sino un humorista, y para los humoristas, un músico ocurrente y así siga el corso, como si fuese todo un juego de cajitas chinas, o esas muñequitas rusas.”

Además de su estilo inconfundible, Jorge “Cuque” Sclavo tiene la misma apostura que Robert Redford cuando era joven .Vean los parecidos en las fotos: ¡La misma mirada seductora! ¡El mismo cabello rubio y rebelde! ¡La misma mandíbula prominente! ¿Qué más se le puede pedir? ¡Vayan enseguida a comprar-por lo menos- este último libro! En Internet no hay mucho, pero si se esmeran a lo mejor encuentran alguna de sus páginas, o quizás alguno de sus notables “retratos al bleque”.


1 comentario:

  1. soy Ernesto Sclavo, hijo de Cuque. Vivo en España, en Mallorca. Tengo 44 años, soy diseñador grafico/ilustrador/periodista cultural.

    Leer tus palabras son el mejor homenaje. El otro, el que los cagatintas y vendebanderas nunca le hicieron, no vale ni papel picado.
    EL tuyo, es el tesoro que se merece ese hombre del renacimiento que fue el cuque.

    Te dejo mi email y telefono. A las ordenes.

    Ernesto Sclavo
    ernestosclavo@gmail.com
    0034672674026

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