miércoles, 8 de enero de 2014

DE LA CONTAMINACIÓN ACÚSTICA

El camastro salvador


Este tema no es ninguna novedad, ni en mi blog ni en la sociedad. Hace  tiempo que los montevideanos venimos sufriendo por culpa de este mal que se llama “contaminación acústica”, que viene de la mano de  otros  males mayores: la burocracia y la pérdida de referentes.
¿Alguno de ustedes ha sufrido  la  horrenda transformación de un barrio que era residencial y que de golpe y porrazo- con regulaciones  que son harto permisivas- de pronto, lo convierten,  en absolutamente comercial y turístico?
 Eso es lo que ha pasado-y sigue pasando- en el barrio Punta Carretas.
Yo vivo en el barrio desde 1995 y soy una  involuntaria testigo estupefacta de su transformación negativa para los residentes-es decir para los que no venimos a hacer compras o a  pasear, sino que vivimos-o malvivimos- acá-.
La instauración de locales comerciales y hoteles, -en lugar de las derrumbadas  casas de clase media-,  ha traído –como consecuencia- más ruido.
Como se han perdido los referentes de los valores de la convivencia y a nadie le importa nada del mal que le pueda ocasionar a otro, y como las autoridades se pasan la pelota unos a otros en una burocracia inútil y sin consecuencias, los vecinos vivimos en un espantoso clima que daña más y  más nuestra calidad de vida. Los comercios, para “atraer” al público, ponen parlantes en la calle, con algo que para ellos es música. A ese ruido musical no deseado, tenemos que agregarle el de las alarmas –sin respuesta- que en medio de la noche, “se disparan” sin nadie ni nada que las detenga porque en este mes de enero, muchos locales han “cerrado por licencia”. Se van, dejando una alarma que ni siquiera tiene en la puerta algún cartel que indique quién la colocó, y quién se hace responsable de su programación o de su cuidado.
Por esa razón, en estos días, me armé un camastro en la cocina- único lugar “protegido” de mi apartamento porque el resto da para la calle-. El camastro entra apenitas-como lo pueden ver-. De día, lo levanto-como si fuera un camping- y de noche, cuando tengo toda la tarea terminada, lo vuelvo a “armar”. La cocina tiene una puerta de vidrio esmerilado grueso- resistente al ruido-(hecha ex profeso); además cierro-también- las puertas de las otras habitaciones. De esa manera, me acondicioné un “refugio” donde conciliar el sueño sin que me despierten las intromisiones de las alarmas destempladas, o los ruidosos camiones que levantan los contenedores, con un barullo indescriptible, o los remiseros, taxistas, y omnibuseros que paran en el hotel-que, para  completar mi desgracia, construyeron pegado a mi edificio-,  y que hacen-por supuesto y cómo no- todo el ruido que se les ocurre. Ya se sabe que desde hace años, acá se habla a los gritos- como Tinelli, o como Petinatti- y todo el que se precie grita igual  o más, aunque sean las tres de la madrugada.
La puerta de vidrio hermética 

Hay  una alarma que se “dispara” constantemente desde que el local cerró por licencia. Es el de Caro Criado. Empecé una peregrinación para ver por dónde podía localizar a la dueña- en el local no hay ningún cartel que indique quién es responsable por esa alarma-. Hoy le mandé un “twit”. No sé qué éxito tendré. Con las “autoridades” no tuve ninguna suerte. Ni con la Policía, ni con Bomberos, y mucho menos con el Centro Comunal Zonal Nº 5 donde fui personalmente, el martes 7 de enero de 2014, día hábil-los otros días estaba cerrado-. Me atendió una joven, pero a su vez, otro empleado que estaba en el escritorio de atrás, se encargó de decirme que “no era el lugar para hacer la denuncia”; que tenía que ir al piso 9no. de la Intendencia Municipal de Montevideo. Yo insistí, porque sé que hice anteriormente  otra denuncia y la hice ahí,  en  ese mismo centro comunal. Sin embargo, se puso de manifiesto que no estaban dispuestos a que llenara el formulario correspondiente. Para esos efectos, trataron de disuadirme diciéndome que “iba a demorar mucho más”. La joven me extendió este papelito que fotografié como “prueba” de que fui, de que estuve, de que traté de ser atendida como una ciudadana que paga todos sus impuestos. Pero no hubo caso.  Después del papelito, me tuve que ir. Nadie me dio más pelota. Cada uno siguió con lo suyo-que no sé lo que es- aunque  la verdad es que nunca lo supe.
Única respuesta-inútil- del Centro Comunal Zonal Nº 5 de Punta Carretas 

¿Se pueden solucionar los problemas? Sí. Siempre y cuando se pueda saber quién es, o  será el organismo encargado de solucionarlos. En  países civilizados, hay entidades que se hacen responsables para que unos ciudadanos no abusen de otros; las autoridades toman medidas y hacen cumplir las reglamentaciones,  se elaboran mapas de ruido, se obliga a colocar barreras acústicas a las fuentes que lo producen, se hacen controles periódicos-bien hechos-, se toman medidas en el entorno para que desde determinada hora, no se produzcan excesos que impidan la conciliación del sueño. En algunos casos hasta se eliminan las fuentes molestas. Pero acá no; nadie se hace responsable porque la burocracia es tan brutal que no hay responsables en esa maraña donde nadie sabe qué hace ni para quién.
Cuando sonó la alarma hace un rato,-porque de a ratos sigue sonando-  llamé al teléfono que dice “de día”. ¿Ustedes me contestaron?  El teléfono tampoco. ¿Soy la única perjudicada? No. Consulté con el  propietario del Quiosco Ellauri, que también es despertado a media noche, cuando la alarma se “dispara”-  suena un rato y se apaga y así sucesivamente-.  Por supuesto, que la oye y se despierta, pero considera “que no se puede hacer nada”. Si no es esa alarma, es otra. La población está como resignada a ser vapuleada sin derecho al pataleo. La burocracia es absolutamente siniestra. Estamos perdidos en un mar de empleados públicos cuyos sueldos pagamos todos los otros ciudadanos, pero sin ningún efecto positivo.
Hay una ley, la 17.852 del año 2004. Parece que le pasaron la pelota al Ministerio de Vivienda. ¿Pero, a quién dirigirse? No se sabe.
Nadie sabe. Montevideo se ha convertido- lamentablemente- en una ciudad  kafkiana.








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