jueves, 22 de mayo de 2014

EL GIGOLÓ DE WOODY

La imponencia de la Dra. Parker subida a sus enormísimos tacones frente al gigoló Fioravante 


Los que me leen ya saben que soy una fan incondicional de Woody Allen. Haga lo que haga, y sea como sea, apenas se estrena alguna peli, salgo más rápido que ligero a verla. En este caso, no se trata de un filme dirigido por él- lo aclaro- sino actuado. El director esta vez  es John Turturro, que  actúa también y encarna al  personaje del “casi gigoló” o “aprendiz de gigoló”- me gusta más este segundo título- y lo hace fantásticamente bien. Sin embargo, lo hace “al modo” de Woody Allen, por eso titulé esta nota: “el gigoló de Woody” porque eso es lo que es. Woody actúa  con total eficacia en el papel de proxeneta y sus diálogos son –como siempre- absurdamente graciosos.  El argumento es sencillo, Murray (Woody Allen)  va a una dermatóloga que le ha preguntado si conoce a alguien con quien hacer un “mènage à trois”, y a él no se le ocurre nada mejor que proponérselo a su amigo. Lógicamente, será por dinero, porque si bien “Fioravante”- nombre de fantasía que esgrimirá el aprendiz de gigoló- no tiene tantos problemas económicos como Murray tampoco nada en la abundancia. Es o  parece ser un “Siete oficios”-como se denominaba a las personas con habilidades para desempeñarse en varias tareas- al parecer plomero y electricista,  pero se destaca en los arreglos de plantas y flores  que dispone hábilmente en forma artística. Ese arte lo usará para satisfacer los caprichos de las mujeres.  La Dra. Parker, la dermatóloga de Murray, es la actriz Sharon Stone, y su amiga Selima,- con la que conformará el trío sexual -es  Sofía Vergara. Dos despampanantes y ricas mujeres maduras, muy bien dispuestas  a tener nuevas experiencias en el plano sexual. Al principio la Dra. Parker tiene un encuentro a solas con Fioravante y es evidente que se desempeña muy bien,  tan bien que recibe una propina de 500 dólares, por lo cual se nota que  cumplió  con creces con las exigencias de su clienta.

Murray-"Dan Bongo" y  "Fioravante, Virgil Howard" cambiando ideas sobre el "negocio"

Otra clienta especial será la  viuda de un rabino, Avigal, (Vanessa Paradís)   una judía  ortodoxa con seis hijos.
También se   nota el “contagio” del estilo de Woody cuando aparece el entorno en donde se llevan a cabo los encuentros: un barrio judío de Brooklyn, Nueva York que hasta tiene protección privada. Obviamente, los judíos se ven por todos lados, en la calle, en los comercios, con sus rulos y sus kipás –el gorrito con el que se cubren parte del cráneo-. La viuda, lleva-a la usanza tradicional- el cabello cubierto con  una  peluca, cuando sale a la calle, o por un turbante cuando está en la casa. También-y de acuerdo con la tradición- no da la mano ni acepta ningún contacto físico con extraños. Sus hijos acostumbrados a dedicarse a los estudios, no juegan al béisbol, (hasta que Murray-también apodado “Dan Bongo” para su papel de proxeneta- los saca un día a practicar con los de su mujer- que para agregar más pimienta  son de raza negra-como lo es ella misma). La diversión, en esta comunidad judía de ficción, aparece excluida, distorsionada o evitada; y el sexo- el más divertido y entretenido de los juegos- también.
Se nota que todas las mujeres que requieren “los servicios” de Fioravante son de  una u otra manera, mujeres solitarias, las ricas que quieren el trío, tienen dinero, pero no entretenimiento. La judía viuda es la que está más sola. Fioravante-“Virgil Horward”- prepara para ella un “consultorio” con una camilla de masajes y por ahí comenzará la relación de tacto. Ella se acuesta de espaldas-se queda con una bata abotonada por atrás, él se la desprende y con delicadeza le hace masajes en la espalda. Tan inconmensurable es la soledad de esta mujer, que las caricias le provocarán llanto,  y Fioravante- el mago de las solitarias-, le acercará-con inusitada suavidad comprensiva, un vaso de agua. La relación que establecen es tiernamente delicada, hay miradas, gestos de complicidad, sonrisas-que nunca se habían visto antes en ella-. (Así lo dice el “tercero” en discordia, personaje que hace el actor Liev Schreiber, enamorado de la viuda desde siempre, que la sigue a todos  lados para ver qué es lo que hace y con quién está.)
John Turturro no es George Clooney, pero tiene lo suyo  ¿No? 

Avigal, después de su “aventura” con Fioravante, volverá a su cárcel de barrotes dorados. No se animará a dar el salto para liberarse ni de las tradiciones, ni de las obligaciones impuestas por una  religión notoriamente machista. ¿Y qué hará Fioravante, enamorado de la viuda? ¡Vayan y vean la película! Así, comprobarán que no es cualquier gigoló: es el gigoló de Woody.
Con todos estos componentes, a los que también podemos agregar el estilo de la música seleccionada, la  película tiene rasgos muy parecidos a los del mejor  Allen. Sin embargo, me parece que John Turturro no es un torpe imitador. Imita sí, eso es cierto, pero estoy segura de que  en cualquier momento se va a “despegar” y nos dará películas absolutamente  memorables. Hay que tener en cuenta el tercer consejo  del Decálogo del Perfecto Cuentista de Horacio Quiroga que dice así:

“Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa,  el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.”

John Turturro tiene talento; “la larga paciencia”, sin lugar a dudas, le aportará  notorios  y merecidos éxitos.





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