miércoles, 7 de mayo de 2014

LITERATURA, CINE Y VIDA: Otro aspecto del desamor: el dilema del aborto. ¿Ha cambiado la condición femenina en este siglo XXI?

Diafragma anticonceptivo en envase "tipo polvera"- como el que se describe en "Crónica del desamor" -
En “Crónica del desamor” de Rosa Montero, hay muchos temas que se entrecruzan con diferentes hilos argumentales.
Uno de ellos se relaciona con la traumática experiencia del aborto. Como ya dije en otra oportunidad, el libro fue publicado en 1979, un tiempo  en el  cual España estaba emergiendo de una  época cautelosa, reglada por el catolicismo más conservador y riguroso. El  aborto estaba prohibidísimo y era considerado-además- un delito mayor.
En la novela aparecen –en una visita de consulta a un ginecólogo-  las horrorosas experiencias por las que pasan las mujeres para buscar y usar  técnicas anticonceptivas, porque todas, más o menos, fallan. Que conste que estas experiencias se relacionan fundamentalmente con las mujeres. El hombre poco y nada se ocupa de estos problemas. Así se ve en la novela, en el cine,  y yo también lo he apreciado en la vida. Es la mujer la que tiene que arreglarse para no tener ese niño, porque el hombre suele “borrarse”. Incluso hay un viejo chiste que dice: “El amor es mágico: a los nueve meses aparece un bebe y desparece el padre.”  Se argumenta  que si son (somos) tan libres como ellos, también debemos asumir las responsabilidades que  conllevan los actos sexuales. Pero no se mencionan jamás las causas por las cuales  los hombres no usan condón,  o no practican “coitus interruptus”.  Elena, una de las amigas, usa un antiguo método anticonceptivo que se llama “diafragma”. (Acá también se llama así).


 El motivo mayor para la consulta era obtener la opinión del especialista que, -supuestamente- tendría que ser un experto en la materia. La que quiere ver si lo puede usar es Candela-la hermana de Elena- que ya ha sufrido un aborto en Londres, después del fracaso de un DIU, y que-además- sufrió una operación que la dejó “con la tripa rajada” porque un  “especialista”, le puso inmediatamente otro estirelet que le produjo una peritonitis aguda por la infección que le provocó ese segundo aparato colocado inmediatamente después del aborto:

"-Y menos mal que aún estoy con vida.
Tuvo Candela mucho tiempo para reflexionar, allá en el hospital. Pensó en la liberación de la mujer, o mejor dicho, en esa supuesta liberación que a ojos de muchos hombres sólo se concretaba en lo sexual, en tener hembras dispuestas en olvidar el odiado condón, el coito interrumpido. Los hombres que inventaron la píldora la ofrecieron como clave mágica de la revolución de la mujer, como si eso fuera suficiente. Y así, también en España, en el prolífico franquismo, los médicos modernos recetaron píldoras con indiscriminado afán: es igual la marca, no importa el descanso o la frecuencia, porque la píldora es el invento liberador. Liberador de quién, piensa Candela. Después “se descubrió” el DIU, llegó la fiebre del cobre. Los ginecólogos lo alaban, es un método limpio, inodoro, insípido, tan ajeno al hombre como  la propia píldora. Y además, es tan cómodo, los mismos médicos que te lo recomiendan pueden insertarlo, son 10.000 pesetas la colocación (hay que reconocer que es un anticonceptivo que resulta muy rentable)."

Yo no sé si las jóvenes actuales saben lo que es un DIU- Significa “dispositivo intrauterino”-. Supongo que aún existe. Era un aparatejo que se colocaba en el útero femenino-observen que siempre es la mujer la que se somete a usar diferentes utensilios  para no quedar embarazada- y que producía muchos “efectos secundarios”. Entre ellos, que fallaba una vez sí y otra también, y que si no se conseguía “frenar” el “efecto” al poco tiempo daba pasitos.  Por otra parte, como  en  el caso de Candela, también se producían infecciones que en más de un caso conducían a la muerte, o al menos dejaban  a la mujer “con la tripa rajada”- que es el caso de Candela- por la operación que había que realizar para salvarle la vida-.


Cuando era muy joven usé un DIU. Al poco tiempo tuve que ir al hospital Pereira Rosell-donde lo colocaban- a sacármelo, porque me producía unas hemorragias brutales. El médico que me lo había colocado me decía que me iba a acostumbrar, pero no fue así. No sólo no me acostumbré sino que me agarré una anemia galopante que casi me conduce al hoyo. Era muy joven. Demasiado. Es cierto. Pero no quería quedar embarazada y cargar con un hijo no deseado, porque no tenía ninguna  ni siquiera remota certeza de querer casarme ni enfrentar una vida de obligaciones contraídas involuntariamente. Siempre tuve la convicción de que  un hijo debe ser una obligación  voluntaria, no un mero  fruto del azar.
El ginecólogo de la novela de Rosa,  resulta ser un macho troglodita, y en desacuerdo con algo que no conoce, -evidentemente nunca vio un diafragma anticonceptivo-  responde con ironía y sorna:

…¿Y cómo te lo pones? ¿Cortas al tipo y le dices que se espere?

Por cierto que cuando Elena  saca “el diafragma”  de su cartera- para que lo vea, se nota a la legua que no tiene ni idea de lo que es.


La píldora, el DIU, son problemas de mujer. Es ella quien las toma, quien lo sufre. El diafragma, sin embargo, es algo más cercano a la pareja: ¿ha de interrumpir el varón sus acaloramientos previos para que ella pueda colocarse el disco de caucho¿ Que (sic) horror. Son tan cómodas las píldoras o el DIU, esos métodos que el hombre no padece…

También está detallada la experiencia de Teresa Zarza, la hermana de Juan, (el  padre del Curro), que  abortó por medio de una caña de bambú- método primitivo y peligrosísimo-. Efectivamente, aborta, pero la visión del feto “esa masa sangrienta y sin formas” en el retrete, es  espantosamente inolvidable. Además, Ana tuvo que acompañarla al hospital porque a la noche le vinieron unos  dolores insoportables.  Allí  deben enfrentar-ambas- las humillaciones de un médico que no las denuncia, pero que les advierte severamente que para una próxima vez las mandará a la cárcel.
Es indudable que Rosa Montero, supo de casos así, y que se documentó para – a través de la ficción- llevarlos a su novela y provocar en el lector una corriente de doloroso rechazo.
A mí me pasó con la novela, con la vida real, -que no tiene nada que envidiarle a la ficción-  y con una película rumana que vi hace poco: “4 meses, 3 semanas, 2 días”.
 Es del año 2007 y ganó la Palma de Oro. El argumento- ambientado en los ochenta del siglo pasado-,  presenta a dos jóvenes estudiantes que comparten el dormitorio. Una de ellas, Gabita, que está embarazada, quiere  abortar lo antes posible porque ya está de “cuatro meses, tres semanas y dos días”- como el título de la película-. No sabemos nada del que la dejó en ese estado. Como espectadores sólo observamos la angustia de la joven ante una situación que tiene que resolver sí o sí. Por un lado, hay que conseguir el dinero; por otro,  hay que contactar a alguien que lo lleve a cabo. Su compañera de cuarto, Otilia, será la que lleve adelante la mayor parte de toda la situación de clandestinidad. La película es lenta, exige una observación atenta, porque el ambiente se gesta en los detalles: allá sale Otilia a la “caza” de unos cigarros en el mercado negro. El ambiente de la Residencia estudiantil es hostil, opresivo, tenebroso, así como lo es  también la ciudad. A través de una amiga, Gabita ha contactado a un tal Sr. Bebe- que supongo que en rumano tiene el mismo sentido que en español,  por lo cual este apelativo sería connotativo de la situación-. Ese tal “Bebe” es el abortero. ¿Pero ha tratado Gabita con él personalmente? No. Únicamente lo hizo por teléfono y quedó de reunirse con él en un determinado hotel. Es Otilia la que va a hacer la reserva de habitación en ese hotel, donde-lamentablemente- no hay ninguna disponible. Así es que los espectadores ven otra vez a Otilia tratando de conseguir habitación en otro hotel, y se tiene que encargar-además- de hablar con “Bebe”, porque Gabita no se atreve. Nuevas y reiteradas humillaciones. Él había quedado de ver a Gabita, no a una emisaria. Finalmente, las escenas más escabrosas, se dan en el hotel-que no es el que él quería sino otro- Vemos como ambas jóvenes son chantajeadas, por el tal Bebe-que de bebe no tiene nada- quien para practicarle un aborto tan avanzado pone sus exigencias: ambas tienen que someterse a él sexualmente. Las escenas de gran violencia verbal y visual ponen de manifiesto el horror de caer en esas circunstancias y no tener apoyo de ningún tipo. Ambas, la que está embarazada y la que no, tienen que complacerlo. Si  ellas son “buenas” con él, él también será “bueno”. De lo contrario,  se irá. Es patética la escena en la cual Gabita le ruega que no se vaya y que haga lo que tenga que hacer, impresiona también cuando Otilia toma la iniciativa y se empieza a desvestir.
Después le coloca la sonda a la embarazada y le da instrucciones. Le advierte sobre todo lo que NO puede hacer. Gabita NO se puede mover hasta abortar, NO puede salir de la habitación y después cuando la sonda haga lo suyo,  NO puede tirar al feto por el desagüe porque lo tapará y los del hotel le harán un escándalo. Nos podemos preguntar: ¿Por qué es Otilia tan solidaria con su compañera de cuarto que hasta se deja coger por este energúmeno? Promediado el filme, vemos a Otilia con su novio. Un joven al cual  Otilia también satisface desde el punto de vista  sexual y que exhibe constantemente un afán de toquetearla y besuquearla. Se da cuenta de que su novia está molesta  y que  no le corresponde a sus arrebatos por eso   le pregunta qué le pasa, pero no parece importarle demasiado. Así nos damos cuenta de que la solidaridad de Otilia tiene raíces en sus propios temores. Este joven no se “ha cuidado” para nada, y ella, también podría “caer” en el mismo pozo negro de  Gabita y ser- también- una víctima más.
Mientras se consuma el trabajo de la sonda en el útero de Gabita, Otilia hace su  primera visita a la casa del novio,  a la que ha ido por el cumpleaños de la madre, pero  durante todo el festejo está pensando en Gabita. Intenta llamarla más de una vez sin éxito, el teléfono suena pero Gabita no contesta. Entonces decide regresar al hotel-que también es siniestro-. Nuevamente volvemos al panorama de la tenebrosa ciudad. Cuando regresa a la habitación, el aborto ya se produjo. Es Otilia la que sale otra vez por la lúgubre ciudad a deshacerse del feto sanguinolento. Impresiona la visión, pero más que nada la cara de ella cuando envuelve los restos, los mete en el bolso y sale. Se deshace de ellos en un conducto de basura de un edificio devastado en una ciudad oscura y opresiva. Al regreso, en el restaurante del hotel,  Gabita le pregunta qué era  y si lo enterró. Otilia le contesta que es algo de lo que no  tienen que hablar nunca más y con una  mirada a la cámara cierra la película.
He visto más de un caso así en la vida real. En la ciudad de Progreso-departamento de Canelones, Uruguay-  había un médico abortero que era famoso porque era un gran hijo de puta. No sólo cobraba una barbaridad- sobre todo a las que sabía que eran menores de edad- sino que hacía lo mismo que el Bebe. Las sometía sexualmente antes de hacerlas abortar. Es decir que cobraba por partida doble. En dinero y en “especias”. Y no era el único.
Lo cierto es que-y aquí concluyo mis reflexiones- en pleno siglo XXI este problema y otros siguen existiendo  y son  enormes motivos de consternación.  Basta mirar las últimas noticias donde vemos niñas de ocho años que mueren desangradas por la brutalidad del sometimiento sexual a un hombre mayor en su noche de bodas, o los raptos de las niñas de los colegios-para evitar que se eduquen-. No estamos en la Edad Media. Estamos en el Siglo XXI. O creemos estar en el siglo XXI, pero aún subsisten culturas que están en otra época, que mutilan sexualmente a las mujeres,  y que no tienen ningún tipo de consideración por la condición femenina. De eso, no quedan dudas. Las mujeres se dan, se venden, se matan, se mutilan,  y no importan para nada.   Yo no creí nunca que ninguna  mujer  quisiera abortar porque sí. A ninguna le divierte la idea de deshacerse de un hijo, aunque sea producto de una violación. Todo aborto es una decisión dolorosísima a la cual se llega únicamente por necesidad. Sea o no sea legal la práctica, el aborto se sigue practicando a diestra y siniestra,  y en muchos casos en condiciones deplorables. El pensamiento se cierra ante la brutalidad,  lo que sí sé es que el tema no se agotó, que la mujer sigue padeciendo todo tipo de abusos   y no parece tampoco  divisarse ninguna  solución humanamente efectiva que ponga a las mujeres-todas, de todas las razas, de todos los credos-, en un merecido y digno lugar.



4 comentarios:

  1. Que actual este comentario Alfa, con todas las noticias que nos llegan de ablaciones, raptos de niñas en Nigeria, hasta esclavitud en la África subsahariana, que está totalmente invisibilizada.
    Respecto al aborto, que puedo decir desde un país donde el aborto está penado, amo a mi país, pero esta situación realmente me averguenza. Conozco gente que en pleno Siglo XXI, ha tenido que pasar por las mismas situaciones que relata Rosa en su libro, o de la pelicula que narras. Por lo tanto es poco lo que puede agregarse, uno creía que con el correr de los tiempos, la condición de la mujer mejoraría, pero vemos que aún falta tanto, tanto. Mi idea es que como género hacemos muy poco por nosotras mismas. Un beso Alfa !

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  2. Muy certeras tus palabras, Laura. Así es. Lamentablemente. Y hoy día sigue habiendo abusos, y de los abusos vienen las humillaciones y las muertes. Las mujeres no hacemos lo suficiente para defender nuestros derechos y seguimos siendo humilladas, vapuleadas y mancilladas en la ficción de todo tipo, y sobre todo, en la vida real-que es la que supera toda ficción- Gracias por tu comentario y otro beso para ti.

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  3. Queridas mujeres me uno a las palabras de Laura, estamos muuuyyyy lejos de la igualdad y no defendemos correctamente nuestros derechos tal vez algun dia seamos fuertes inteligentes e intransigentes en estos aspectos y ya otro será el cantar, no creo que nosotras logremos vivir en esa era nueva, abrazos Ma.Alejandra

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  4. En España curiosamente ha estado prohibido el aborto, aun es un tema polémico, pero también estaba "prohibido" tener un hijo sin padre, después "la liberación de la mujer", propuso que la mujer tenia que tener relaciones sexuales, porque eso era imprescindible. Con el paso del tiempo me pregunto ¿ No puede ser que cada persona decida que hace con su cuerpo y con su vida? La información me parece necesaria, pero en la españa que yo he vivido y que aun vivo, hay que estar muy atentos y ser muy valientes para dar espacio a como cada uno tiene que vivir, de manera que a veces hay que parecer para poder ser.

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