sábado, 24 de junio de 2017

Un voto por las grandotas 
MÁS SOBRE LOS  “ XL” O “TALLES ESPECIALES”

Ya escribí sobre este tema, pero como es un problema que no se ha solucionado vuelvo nuevamente a insistir. Desde hace tiempo, se había anunciado  que las casas de venta de ropa de mujeres tendrían- nunca fue tan condicional este tiempo-  todos los talles. Como resultado, se puede apreciar que en algunas- no en todas- se encuentran algunos talles  que más o menos se pueden considerar que son para mujeres que comen. Pero en otros casos los llenan de X,  pero el tamaño no se corresponde. Es decir, aparentemente son talles grandes, pero en la realidad no. Últimamente he salido munida de mi viejo metro de modistita  para verificar las medidas porque con bastante frecuencia, los talles XXXX son chicos. Probablemente para chinas- que son mujeres más pequeñas que nosotras-. Yo soy consciente de que soy “tamaño baño” y voy a las casas  que tienen “talles especiales”- así le llaman a los que pasan del 48, señalándonos con una marcadísima discriminación.
En el Shopping Punta Carretas, hay una casa donde he  comprado habitualmente: MARÍA DONATA. Tienen ropa  adecuada a mi tamaño. Hace unos días compré un chaleco, y, la vendedora me ofreció además, una remera. El tamaño era X. Dudé un poco, porque habitualmente uso un talle más y, a veces, dos más. La joven me aseguró que no habría problema, que la llevara porque si  no me quedaba bien, la podría cambiar en cualquier momento. No me la probé porque no tenía tiempo, y, efectivamente, no me quedó bien. Sin sacarle las etiquetas, fui a cambiarla enseguida. Pero, no tenían el talle siguiente, llamaron por teléfono a otra de las casas y me aseguraron que al día siguiente tendría el talle requerido. Al día siguiente, no estaba la vendedora que me había convencido para la compra. Me atendió otra. Yo llevé, por supuesto, la remera con sus etiquetas, y además, la correspondiente boleta de compra. Al pasarla por la máquina registradora, me dijo que debía abonar “el plus por el talle más grande”. Le dije ya casi furiosa, que cuando hice la compra, no se me había informado que el talle siguiente tenía “otro precio”. No recuerdo exactamente que otra estupidez me dijo, sé que intenté devolver la prenda porque el descuento famoso que me hicieron el  día de la compra,  se me había ido al carajo con el “plus”. No me aceptó la devolución. Me quiso dar un vale.
No tuve más remedio que pagar. No sé si se habrán dado cuenta, pero perdieron a una clienta. Es la última vez que les compro algo. Hay otras casas donde me puedo vestir sin tanto problema y sin perder los descuentos. En otros países,  los precios se prorratean entre todos los talles y se pone un precio único. De ninguna manera cobran por un par de centímetros más de tela. Pero acá, al menos en esta casa,  existe esta modalidad.
Es un acto más de discriminación. Ya había escrito un borrador, y cuando vi este titular en el diario, decidí publicarlo. Otra cosa mala de  estas casas, es que la mayoría elige nombres que son discriminatorios. En este caso, “Carlota” alude a una uruguaya del siglo anterior, gordota, mofletuda, y pechugona que tuvo a mal traer a toda la sociedad uruguaya,- que es lo más pacata que existe en el planeta-. Entre sus adoradores contó con Juan Manuel Blanes, y con Nicanor, el hijo, con quien –inclusive- se casó.  Es probable que sea predicar en el desierto, pero sé, estoy segura, de que algún día se les va a terminar el asunto de “los talles grandes”- siempre y cuando los correspondientes se pongan las pilas y hagan cumplir la reglamentación-. Que existe, aunque nadie le dé pelota. Ojalá que sí. Y que se les terminen las pavadas discriminatorias. Las grandotas tenemos derecho a existir, y a vestirnos como Dios- o el diablo- quieran mandar. Qué joder.


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