sábado, 12 de noviembre de 2011

" LAS TRADICIONALES"


El árbol de "El Jardín encantado"
2011

Los "sobri" en la Nevada del Shoppping 1995

Duende 2011: ¿podrás frenar el consumismo?


Hace mucho tiempo que siento que las fiestas tradicionales se han convertido en  una manifestación más del vacío existencial. Es probable que este año, debido a mis circunstancias personales este sentimiento esté más acentuado. Lo más grave que me ocurre es que no sé dónde meterme, dónde ir, porque lo he intentado todo. Desde quedarme en el loquero de la ciudad, hasta irme  de viaje. No siempre fui así- lógicamente- pero a medida que van transcurriendo los años y voy perdiendo a los seres que quiero, amigos y familiares que supieron mantener ese espíritu navideño vivo en la familia, el sentimiento de desconsuelo es infinito. Sé que no soy la única que lo experimento porque varias personas me han dicho que no les gustan las fiestas tradicionales y que están deseando que se terminen lo más rápidamente posible.
En mi(s) familia(s), los que sabían  mantener el espíritu de unión  por sobre todas las diferencias, lograban trasmitirlo a toda la parentela. Las celebraciones eran interminables. Siempre en torno a la mesa bien servida, presidida por las nonas en primer término. Una de las nonas, bailaba y batía palmas como la mejor, la otra sonreía cándidamente, sentada, con las manos en el regazo, siempre coronada con su pañuelito en la cabeza. Todavía las veo a las dos. Se comía, se bebía, se hacía música, se bailaba. La algarabía era general y la preparación para las celebraciones llevaba varios días de trabajo. Pero al irse yendo los seres “unificadores”, los que quedamos, empezamos a vivir en células más pequeñas y menos propensas a las celebraciones.
En las  festicholas de antaño,  es cierto, no todo era “dulzura”,  a veces, aparecía la risa “untada” con humor negro.
Me viene a la memoria un episodio puntual. Uno de mis tíos, cuando  habían pasado las doce, y ya había escanciado unas cuanta copejas,  solía acordarse de manera peculiar de un cuñado suyo-fallecido- que  le había arruinado en vida la posibilidad de tener la casa propia. La casa era de la nona, y el tío con su esposa- que era una de las hijas de la nona-,  la acompañaban y la cuidaban; pero los hermanos eran muchos. Cuando la nona falleció, la casa se vendió al mejor postor al  que pudo pagarles “la parte” a los otros. Y eso lo determinó el cuñado recordado en las navidades. El relato,- repetido hasta el hartazgo, siempre igual en el rencoroso recuerdo-  comenzaba así: “-Porque el finado Jorge- la puta que lo parió, que en paz descanse”-…… y después de esa especial “rociada” continuaba quejándose porque no pudo tener –en esa oportunidad- la casa propia pese a todos sus esfuerzos.
 Cuando me mudé a Punta Carretas, en 1995, la modalidad de  célula liliputiense ya estaba en pleno auge. Cada pequeña “casilla”, -llámese grupito de parientes o amigos íntimos- celebraba en su minúscula cápsula de la mejor manera posible. Pero siempre había un dejo de desolación  al sonar las doce, ya que  indefectiblemente, alguien se acordaba de un ser querido ausente  y rompía a sollozar, acongojando a los otros que se quedaban sin saber qué hacer.
 La cárcel, transformada en moderno Shopping,  se encargó desde sus inicios  de “comandar” el comienzo de un  bullicio extraordinario que se empieza a gestar apenas “se abre” la exhibición correspondiente en el centro del piso inferior. En esa  celebración de 1995,-recién mudada al barrio- el “motivo” había sido una “Navidad nevada” y cada una hora caían unos supuestos copos algodonosos que simulaban una nieve que nunca vimos por acá. Las caras de mis sobrinos –que eran chicos en esa época- documentan fielmente la  diversión.
Este año 2011,  a principios de noviembre, el escenario ya estaba pronto. Se llama “El jardín encantado”.  Lograron, con muñecos móviles, unos simpáticos duendes o gnomos, hadas encantadoras alrededor del árbol y casitas luminosas, que  todos-grandes y chicos- miran embelesados. Está todo el día repleto de personas que vienen a verlo especialmente. Muchos son turistas. Los villancicos, siempre me hicieron llorar, y este año-más que nunca- me causan una enorme pesadumbre. No es  un sentimiento religioso. Quizás se  une a esa sensación de que no siento alegría sincera-ni en mí ni en los otros-.  El jolgorio dura hasta fin de año y va “in crescendo”. La gente viene a no sé qué, y compra no sé qué, para llevarle a no sé quién. Por eso, hablé del “vacío”. Los regalos tienen la dificilísima misión de cubrir la falta de  afecto sincero. Antes dábamos compañía, abrazos, besos, salíamos a las doce a saludar a los vecinos  ahora, se dan regalitos para paliar las ausencias de visitas frecuentes. Se hacen listas: “esto es para fulanita, esto para sultanita”… Consumismo, mucho consumismo, más consumismo, dinero de plástico, ¡Vamos que hay un  25% más de descuento con X tarjeta!
”Hay que comprarle algo a tu madre”- decía hoy una señora con cara resignada  en la caja del Disco-“no sé qué se le puede llevar”, seguía con la misma cara- “No sé”, contestaba el distraído interpelado,- mirándole los senos a la cajera que tenía un pronunciadísimo escote - “Después vemos”. –Nunca sé qué comprarle a tu madre ¡Siempre es tan complicada! ¡Le compres lo que le compres, nunca queda contenta! -Argumentaba la mujer con la cara cada vez más agria.
Escucho a diario, conversaciones de este tipo. Muchas se realizan modernamente por celular,-lo cual me obliga a imaginarme las respuestas- con unos seres que transitan con paso rápido de un lado a otro, infatigablemente, en Mc Donald’s o en los pasillos del Disco, o  en dónde sea,-porque no conciben hablar por celular sin caminar- llevándose por delante a todo el mundo, absortos, hablando de los regalos que hay que llevar aquí o allá :reuniones de celebración en el trabajo, el amigo invisible, la suegra invisible, todo en el mismo saco sin un mínimo sentimiento afectuoso compartido. Únicamente el maldito compromiso.
Honestamente: ¡Me quedo con los muñecos del jardín encantado! ¡Por lo menos sonríen como ángeles,  y mientras se mueven armoniosamente, tienen una expresión tan beatífica!






5 comentarios:

  1. Alfa querida amiga, tú siempre me conmueves cuando te leo...porque recuerdas cosas que también yo recuerdo y añoro. Y además tú y yo sabemos que nuestra diferencia de edad es de varios decenios; tú eres una quinceañera comparada conmigo...Con mayor razón, por lo tanto, para mí, el añorar antiguas tradiciones que nos llevan a la adolescencia. Pero no debo darte las gracias solamente por esos momentos de ternura que me brindas, sino que además me incitas, me empujas a escribir...Sí, voy a escribir y no sé si debería escribirte solamente a ti en un email, o por acá mismo en comentarios, o si en mi blog....Pero me diste curiosidad de buscar en mi memoria lo que más o menos recuerdo sobre la navidad. Y como se está acercando la Navidad, si, querida, voy a escribir algo sobre cómo se originó la Navidad del 25 de Diciembre, del monjito que propuso esa fecha( no recuerdo ahora el nombre del monje pero le preguntaré a uno de estos jóvenes de hoy en día que saben todo), de donde era el famoso Santa o Santa Klaus, cual era su nombre ,escribiré de un viaje por mar en un velero sin tripulación, de coníferas que se remontan a los Celtas. Y ya que estoy en argumento, escribiré sobre aquel italiano con nombre afrancesado que inventó el pesebre... y quien sabe que otra cosa se me ocurrirá.
    Porque, ves Alfa, yo soy profundamente agnóstico. Si no fuera repetición de algo dicho ya por otro, diría: “SOY ATEO, GRACIAS A DIOS". Pero,pero,pero, querida Aida, así como entrando en Mezquitas me que quitado los zapatos, así no podría entrar en una Iglesia cristiana con sombrero o fumando un cigarrillo come he visto hacer a jovencitos cretinóides. Y por el mismo motivo, me conmueven las campanas de medianoche en Navidad, la nieve, el pesebre. Es la tradición, como bien escribes tu en tu blog. Y de que estamos hechos, si el futuro no existe?

    ResponderEliminar
  2. Por esta razón no les voy a decir a mis hijos quién es Santa Claus. Ya sé que es una decisión polémica, pero no me importa. Para mí es más importante que mis hijos reconozcan que en la Navidad celebramos el nacimiento de nuestro Salvador, Dios hecho hombre, quien sufrió todo lo que nosotros sufrimos, incluso la pérdida de seres amados. Wish I could give you a big hug today!

    ResponderEliminar
  3. Querido Aldo:
    Me encanta saber que escribirás en tu blog sobre las tradiciones de la Navidad y Santa Claus. Eres un agnóstico muy respetuoso. ¿Qué más se puede pedir? Eres una especie de “Miguel de Unamuno siglo XXI”, el que escribió el famosísimo soneto “La oración del ateo”. ¿ Lo recuerdas?
    Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
    y en tu nada recoge estas mis quejas,
    Tú que a los pobres hombres nunca dejas
    sin consuelo de engaño. No resistes

    a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
    Cuando Tú de mi mente más te alejas,
    más recuerdo las plácidas consejas
    con que mi ama endulzóme noches tristes.

    ¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
    que no eres sino Idea; es muy angosta
    la realidad por mucho que se expande

    para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
    Dios no existente, pues si Tú existieras
    existiría yo también de veras.
    Sin embargo, Aldo, no creo que hayas sido ateo toda la vida. ¿Me equivoco? Espero tus próximos “posts”-como se le llama modernamente a las notas que publicamos en los blogs-, porque sé que de tu pluma(es un arcaísmo pero queda lindo) siempre vendrá algo interesante.
    Muchos cariños.

    ResponderEliminar
  4. que lindo Alfa querida!
    es tal cual tu lo expresas..
    De niños viviamos las fiestas con la ingenuidad de sentir que todo continuaria asi de alegre por siempre, pero la vida no es asi...

    ResponderEliminar