domingo, 11 de agosto de 2013

NUEVA MODALIDAD: AMISTADES VIRTUALES

En este mes de la nostalgia en  Uruguay empecé a pensar sobre cuántos aspectos se puede sentir ese sentimiento tan especial y encontré éste sobre el cual hace tiempo que quiero escribir: la amistad.
Vengo de  una época en la cual todas las amistades se construían “persona a persona”, y los  vínculos se establecían según los lugares que frecuentábamos. De niños, la vereda era un lugar especial para hacer amiguitos. Digo amiguitos porque –al menos a mí- me gustaba mucho jugar con varones. Felizmente, los primeros años de niñez los pasé con mi madre que me permitía las amistades del sexo que quisiera. Lo único que no quería era que me trepara a los árboles-jugando a Tarzán o “los cowboys” que decíamos “cobois”- pero no por considerarme una “machona”-como se les decía a las niñas que renunciaban a la cocinita y a  los juegos de té para jugar a los vaqueros con unos pistolones que merced a unos papelitos con pólvora hacían “pum”-, sino porque temía que me rompiera la crisma en una caída. Mi mejor amigo de la  infancia se llamaba Jorgito. Y digo “se llamaba” porque nunca más lo vi.  Vivía en la misma cuadra de la calle Cerro Largo entre Magallanes y Minas.  Usaba pantalones cortos, camisa, buzo, zapatos-no se estilaban aún los championes- y la mamá lo peinaba “a la gomina” con un jopo que le quedaba muy bien. Era un niño  buenísimo que me prestaba con naturalidad un hermoso revólver que le habían dejado los Reyes Magos. Éramos novios y todo, lo cual consistía en sentarnos en el escalón, después de jugar en la vereda, y agarrarnos de las manos.
Otro lugar de vinculación era la escuela, mientras vivió mi madre, me mandó  a una escuela de monjas donde sólo íbamos niñas. Ahí tuve varias amigas que tampoco volví a ver  más cuando me llevaron para la Paz. La más bonita de todas se llamaba Guillermina. Tenía un año más que yo, y la mamá la dejaba usar medias de nylon- a mí no, porque las habría hecho trizas jugando a “los cobois”.
En la Escuela Pública hice muchas amistades. Algunas las he recuperado por Facebook.  Recuerdo especialmente a  un compañero de 6to. año con el cual nos dábamos unos besos cinematográficos a la hora del recreo, mientras otros dos  vigilaban que no apareciera ni la Directora ni la maestra.  Se llamaba Héctor. No  era “aplicado”- para los besos sí, pero no para estudiar-. Como ven, las relaciones eran absolutamente “persona a persona”.
Sin embargo, en la actualidad, con el avance tecnológico, las amistades se cultivan de otra manera. Tanto es así, que  cuando las uruguayas que integramos el Club de Libros de Rosa Montero, decidimos ir a la Feria del Libro de Buenos Aires, a conocerla,  tuvimos que reunirnos en un bar para vernos por primera vez, y con la argentina, nos encontramos y nos reconocimos en la misma Feria.
El grupo del Club de libros de Rosa Montero y el grupo Magenta, lo integramos personas de distintos lugares con intereses afines: la literatura de Rosa y la literatura en general.  Somos “amigos” por facebook, nos damos abrazos y besos virtuales y nos queremos montones-también virtualmente-
Sin embargo,  la afinidad se ha dado de tal manera que estamos experimentando lo hermoso  que va a ser poder reunirnos, conocernos, “en vivo y en directo”, y charlar sin parar durante horas y horas. Los españoles ya lo han hecho y están planificando otro espectacular encuentro.  Del lado de acá, va una de nosotras. Indudablemente, llegará el día en que nos podamos encontrar todos.  ¿Por qué no?
Yo no niego que la virtualidad sea una ventaja. Al contrario. Nos permite comunicarnos, intercambiar opiniones, fotos, canciones y sentimientos. Ya no necesitamos mandar cartas o telegramas, podemos chatear, mandarnos mensajitos y hasta hablarnos y vernos por Skype. Pero… ¿Qué quieren que les diga?
Cuando Rosa Montero nos reconoció en la Feria del Libro de Buenos Aires,  y dijo: “¡Mis chicas!”,  y  se abalanzó a abrazarnos y besarnos, mientras  nosotras nos derretíamos de emoción, todas entendimos de una vez  y para siempre que nada sustituye el mirarse a los ojos, sonreírse, besarse y abrazarse efusivamente “de verdad”.

1 comentario:

  1. Alfa !!!!! Este escrito tuyo es pura poesía, y de la antigua, bella, con toque romántico, a la Guido Gozzano, diría , un antiguo`poeta italiano dulzón del 800, que me emocionaba de muchacho y me llevó a escribir mis primeras poesías de amor...
    Si. Alfa, tu escrito es belísimo. Es el mejor cumplido a la Noche de la Nostalgia ( esa linda costumbre Uruguaya que no existe, creo, en mi Italia ya tan lejana).Himno a la Noche de la Nostalgia..
    Porque si, es verdad, nada ni nadie puede sostituir la emoción de tocar la piel de una persona querida, amigo o amante que sea.Nada puede sostituir la ternura de un beso, sentir los labios, del amigo, o de la amiga o del enamorado. El toque físico es de la naturaleza. El toque físico es también el olerse. ¿No te emocionas ahora cuando, en los raros encuentros que a nuestra edad tenemos, nos encontramos en el medio de niños jugando? El olor ese tierno del niñito cuando grita y salta, ese olor a pollito, decía una antigua amiga mía de Caracas, y se enternecía. El olor de las sábanas que pierden su buqué si te despiertas solo.
    Bueno, Alfa, estas escribiendo siempre mejor...Máxime con el corazón, cuando miras en el profundo de tu alma.
    ¿Sabes lo único que le tengo miedo a las amistades virtuales ? ( que al fin y al cabo son casi las ultimas amistades que me quedan)
    Que un día cualquiera se conozca físicamente a la persona conocida virtualmente,y quedarse de alguna manera decepcionados del encuentro.
    Jaffrè Rudel con Melisenda. Lo virtual es también una manera de escaparse de la realidad y a veces defensa contra las decepciones en los últimos momentos de la vida. Todavía, en el fondo, creemos en la princesa o en el príncipe azul. Es nuestra ilusión. Y es una ilusión bella. Pero débil como un cristal.Y si a contacto con la realidad se rompe? Tu eres mucho mas joven que yo, Alfa querida y no puede no tener un ángulo visual algo diferente.
    Besos.
    Aldo

    ResponderEliminar