domingo, 6 de julio de 2014

LA SOLEDAD DEL EXTRAÑO ANIMAL

El Tema de la soledad en el cine y en la literatura tiene exponentes de prestigio. Muchas veces las solitarias son las mujeres, porque terminada la etapa de la crianza de los hijos se produce- a veces de golpe- esa sensación de “nido vacío” y no encuentran nada que les brinde alegría porque al encontrarse sin nadie de quien ocuparse, no saben qué hacer de sí mismas. Con ese tema, Gabriel García Márquez escribió un artículo genial- con uno de esos estupendos títulos que a él le gustaba poner-: “Las esposas felices se suicidan a las seis.” Está en Internet. Si les interesa búsquenlo para leerlo. Pero en este caso, no me quiero referir ni a las esposas, ni a las amantes frustradas, ni a las mujeres en general, sino a la letra de una canción que es realmente impactante. No la escribió una mujer sino un hombre, un artista sensible que ha sabido captar los matices del alma: Jaime Roos. Mis gustos musicales son-como siempre- variopintos. Escucho música clásica desde que el hotel de al lado “larga” con sus molestos ruidos a las siete menos cuarto de la mañana. Cuando empiezan los zumbidos y me despierto, pongo mediante el control digital los nocturnos de Chopin y me quedo otro rato remoloneando. Después, voy saliendo de la cama en cuotas.
 Para el desayuno me acompaño con otra música: puede ser Gal Costa, Caetano, Sabina, Serrat, Vicentico, Willy Nelson, Joni Mitchell, Joan Baez. Nada estruendoso. Pero cuando quiero escuchar música uruguaya, para mí uno de los infaltables es Jaime Roos a quien escucho desde siempre. Me gustan sus canciones, y también me gustan las explicaciones que ha dado cuando le han preguntado por los títulos de sus discos, o de sus letras. “Algunos hacen terapia- ha dicho- yo escribo canciones”. Por lo tanto, componer es una de las mejores maneras que encontró para enfrentar al mundo. Si no compone o no escribe, hace adaptaciones, escribe y versiona para otros. Como es muy exigente también lo hace impecablemente. Así podemos escuchar “La hermana de la Coneja”- extraordinaria historia escrita por Raúl Castro, “Tintabrava”, a la que contribuyó e hizo “vivir” poniéndole la música. Y también podemos escuchar sus propias canciones, versionadas por sus amigos. Hay dos que me gustan mucho: “Laberinto”- cantada por Christian Cari y “Esquela” cantada por Martín Buscaglia. Pero de todas las que he escuchado hay una que se destaca de las otras, y a ella me quiere referir principalmente. Se llama “Tema del hombre solo” que está en su disco “Fuera de ambiente”. Cuando escuché por primera vez el nombre del disco “Fuera de ambiente”, tuve que pensar el significado de la expresión. Él declaró en una entrevista: “me pongo fuera de ambiente cuando hago música”. Y yo entendí que la música, hacer música, lo transportaba a otra dimensión, menos prosaica.” Hacer música” como dice él- lo “sacaba” de la burda realidad. En “Tema del hombre solo” aparece una expresión parecida: “habilítame un poco más, para sacarme de ambiente”. Sin embargo, aquí, se entiende otra cosa: algo así como:-dame más vida, pero-al mismo tiempo- dame el don de no pensar que soy un pobre ser destinado a la muerte, y que haga lo que haga nada ni nadie me va a salvar de la parca.

 La expresión no tiene ribetes gratos para mí. Con ella me encontré en el Hospital Británico, cuando mi esposo se enfermó, lo sometieron a un estudio de diagnóstico. El especialista que se lo iba a hacer, me dijo:- primero, lo vamos a “sacar de ambiente”. Ahí entendí que le iban a dar algo que le produjera un efecto anestesiante para que no sufriera mientras le introducían por la boca una especie de tubo para inspeccionarle el hígado y sacarle un trocito para analizar. Y efectivamente, así fue. Lo acompañé hasta donde pude-no me dejaron entrar- y después de unos minutos lo dejaron en una salita donde se recobró. No sintió dolor, pero sí oyó las conversaciones que tenían entre sí las enfermeras. Y no eran nada agradables porque mientras le hacían el estudio, se referían a casos de personas que habían fallecido. Cuando supimos de manera brutal que la úlcera no era úlcera sino un cáncer avanzado, “lo sacaron de ambiente” varias veces, para hacerle ese y otros estudios y tratamientos que no fueron exitosos. Al final, y a los pocos meses, la muerte me lo sacó de ambiente para siempre, porque la muerte, la definitiva, la gran niveladora, es la más terrible de las “sacadoras” de ambiente. A mí también me dejó durante un tiempo, “fuera de ambiente”, en otro sentido: lo buscaba y no lo encontraba para comentarle mis cosas, quería hablarle y ya no estaba para escucharme. Es decir, me dejó sin mi interlocutor más afectuoso y más fiel.

 Entonces, como pueden comprobar, “sacar de ambiente”, “estar fuera de ambiente”, puede significar diferentes cosas. Es una expresión polisémica. En la letra de “Tema del hombre solo”, es –también- una expresión polisémica. El “hombre solo”, que se siente, se percibe, como un “extraño animal” al enfrentarse a sí mismo en la visión de un espejo, pasa por varias etapas: “el primer combatiente de la primera trinchera” –es decir el más expuesto al riesgo de morir-; “el que soñó ser eterno” – pero que se siente vulnerablemente mortal- es el mismo que pide “un poco más”. -En forma positiva-: “un poco más”, “para seguirla, para vivirla, habilítame un poco más”. Lo que no sabemos es a quién le dirige ese “habilítame”-. No sé si será a Dios. Digo que es en forma positiva, porque quiere –como Delmira Agustini en su famoso poema”Explosión”-,” más vida para amar”. Y aquí sí, “sacar de ambiente” tiene-verdaderamente- connotaciones positivas, como la música. Pero, en las últimas estrofas, la actitud se hace negativa, las imágenes de desolación se suceden como una catarata expresiva: “el sentimental”-expresión que lo connota como un ser vulnerable, se siente- lamentablemente- como: / “ruleta rusa andante/gatillando el celular”/ De la actitud positiva de pedir “un poco más” va a esta otra de desolación porque la vida es imprevisible, porque nada de lo que hagamos por permanecer jóvenes, bellos, y sanos será para siempre. Y ese adminículo que nos hemos inventando para –supuestamente- comunicarnos con los demás, es un arma mortal que se disparará cuando menos lo pensemos. Otras imágenes con similar carga expresiva se suceden en forma vertiginosa: como un disco rayado/ “como un árbol moribundo tema del hombre solo cargando el mundo a cambio de qué a cambio de qué quisiera un poco más sin recordar sin castigarme, sin culpar no quiero avergonzarme más solo quisiera un poco más para sacarme de ambiente”. En estas últimas estrofas, podemos inferir que “sacar de ambiente”, significa salir de la vida consciente, dejar de sufrir, recordar que el celular no nos salva de la muerte ni nos conecta con la vida, que es apenas un desgraciado y pobre sucedáneo de un intento fallido de comunicación que no se da, porque no existe, porque “nacemos y morimos solos”- como se dice al principio de la canción-, y de esa soledad no nos salva nadie. No hay fe, no hay ningún sentimiento de ternura o de disparador de afectos que nos unan y nos devuelvan las ilusiones juveniles, esa sensación de eternidad. Por eso, la canción se llama “tema del hombre solo”. Todos estamos solos. Nadie está acompañado. Hay que tener esa conciencia de principio a fin. Ese es el desolador mensaje que deja la canción de Jaime. Y aunque al final se repita el estribillo clamando a alguien-no sabemos a quién- por “un poco más/para seguirla/ un poco más/ habilítame un poco más/ para sacarme de ambiente”/ intuimos que ese interlocutor-llámese Dios, o Existencia o lo que sea- es ciego, sordo y mudo. No nos oye, no nos ve, no nos habla y el desesperado pedido del “extraño animal” que no se reconoce en el espejo, queda-sin esperanzas- en el más enorme boquete de vacío.

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