lunes, 22 de diciembre de 2014

MÁS DEL CRONOPIO CORTÁZAR: EPISTOLARIOS

Epistolario del Gran Cronopio: "Cartas a los Jonquières" 
En estos tiempos que corren de villancicos paspantes por todos lados y de “feliz Navidad” y “Feliz año nuevo”, no tenía muchas ganas de volver a escribir porque  siempre me pongo melancólica-que  para mí es  un estado propio de estas fechas-, pero ocurre que la última crónica que escribí suscitó diferentes reacciones. Las hay adversas porque  cada uno lee  lo que quiere leer y no acepta otra visión-aunque reconozca a regañadientes un poquito de razón en los argumentos-Menos mal, porque al fin y al cabo,  escribo para ser leída, y la prueba de que me leen está en esos comentarios  recibidos aunque no coincida con ellos-. No iba a aclarar nada, porque  “el que aclara, oscurece”. Sin embargo  anoche, desvelada, me puse a hurgar en mis apuntes para contestar a los que me escribieron en el blog, por mail, o en mi facebook. Elegí sólo los  aspectos que me parecieron relevantes y aquí van.
Algunos  famas “esos que van a ver si todas las etiquetas están en su sitio”- al decir de Cortázar-  me señalaron que nunca  dijo o, que nunca escribió que quería que se anexara Uruguay a la Argentina, o que  tampoco afirmó que Montevideo era una ciudad aburrida”. Y yo digo que sí y lo voy a comprobar con pequeños fragmentos de sus cartas-que son- a nadie le quepan dudas- también literarias, porque él no se despojaba de su personalidad de escritor para escribirles a sus amigos, aunque  -lógicamente-, era más íntimo, o más transparente quizás, -y observen que escribo “quizás” y no “seguramente” - que cuando escribía ficción.
No soy la única que piensa de esta manera; Cristina Peri Rossi en su libro: Julio Cortázar y Cris afirma lo siguiente:

“Dos meses después de haber intercambiado las primeras cartas (ambos amábamos el género epistolar. Que hubiera sido de nosotros, los exiliados, qué hubiera sido de los emigrantes sin la correspondencia. Vos escribías tus cartas como tus cuentos, como tus novelas, era imposible distinguir un género de otro, porque el estilo es el hombre. Tus cartas formaban parte de tu obra completa, es decir de tu vida entera.” (…) (Página 32)

 Y aquí daría para discutir-muchísimo- qué es ficción y qué es realidad porque de alguna manera una se mezcla con otra y no hay manera de destrabarlas  a medida que se van adivinando/ conociendo las tramas.
La primera esposa de Cortázar, Aurora Bernárdez, recientemente fallecida,  fue su albacea literaria- y como ya dije antes- decidió publicar sus epistolarios. Así lo decidió ella con Carles Álvarez Garriga. Uno de los  epistolarios más “jugosos” desde el punto de vista de la visión que aporta lo titularon:
“Julio Cortázar- Cartas a los Jonquières”
Aunque otros “famas” (los críticos literarios, tan afectos  todos ellos  a “etiquetar”)  han señalado que no todas las cartas tienen la misma importancia-  yo “me ne frego” lindamente,  como seguramente lo haría el propio Cortázar-porque creo que este epistolario tiene una inmensa virtud: nos da la pauta de que el humor lúdico y el optimismo formaban parte de su personalidad, y eran también  unas estupendas peculiaridades para  exorcizar  la realidad cuando se torcía de manera patética.
Sobre todo el humor,  cuando jugaba no únicamente con las formas sino con los sentidos de las palabras, resignificándolas  permítanme el neologismo- magistralmente.
Y ahora detengo la cháchara para documentar. En la carta que le escribió a su amigo Eduardo Jonquières, fechada en París el 8 de septiembre/54 (página 252-para más datos) encontramos lo siguiente:

“Quinto: agradezco doloridamente los tristes informes de Baudi. Paciencia, ya me lo veía venir. Bajaré en Montevideo, y al final de la Conferencia iré a B.A. ¿Por qué no cruzan todos ustedes a Montevideo y me acompañan durante toda la Conferencia? ¿Por qué la Argentina no anexa de una vez por todas al Uruguay y se acaban los problemas?

 Es cierto que las circunstancias son patéticas, en una época de enorme papeleo para pasar de una Banda a la otra, sumadas a las dificultades para hacer efectivo los cheques de pago y demás. Pero que lo escribió, lo escribió. Así que no me jodan más. Ahí está escrito como prueba irrefutable.

En cuanto al “aburrimiento” de o en Montevideo, hay muchas referencias. Transcribo una de ellas. La carta está fechada el 12 de noviembre del 54- página 275- ):

En efecto, no tengo barco hasta el 29 de diciembre. La barbe, quoi. (En nota a pie de página: “Una lata”.) Gastar pilas de pesos y aburrirme en este Montevideo archiprovinciano.

 Como siempre fui una incondicional cortazariana, nunca me importó que escribiera lo que escribió sobre Montevideo, nosotras, las orientales, o el mismo Uruguay. El amor todo lo perdona., mi cielo, qué duda cabe.

De su sentido del humor, hay muchísimos ejemplos, porque el humor es sin lugar a dudas  “de lo más serio que hay”- según él mismo-.  Yo los remito a leer el libro  de cartas completo, porque –como señaló Paco Porrúa- “se lee como si fuera una novela”. También lo afirmó Aurora Bernández:

 “Es una curiosa experiencia leer la propia vida contada por otro. Porque las cartas de Julio son su mejor biografía, pero también la mía. Yo sabía que no había estado nada mal, pero no recordaba los detalles (algunos de ellos fantasiosos, como la reiterada y amable referencia a mis tortillas, que todavía hoy no he aprendido a hacer). Pero lo que descubro ahora es que el relato de mi vida se ha convertido en mi vida. Todo depende, claro está, del narrador”.

Les dejo este ejemplo de humor negro de la carta fechada: “Cerca de Dakar, 22/10/54”

“Mi querido Eduardo:
Allah es grande pero la mierda puede más. Perdóname este comienzo sin elegancia. No estoy bajo la influencia de Antonin Artaud, ni soy discípulo de Henry Miller. Simplemente navego en un barco de la C.G.T.M. es decir Compagnie Générale des Transports Maritimes, aunque estoy convencido de que la sigla quiere decir:
“Como Güele  Tanta Mierda”.
 Ya puedes creerme que como oler, huele. Aurora y yo estamos admirablemente situados para juzgar la cosa, puesto que la famosa “cabina de dos camas” que nos dieron (como gran prerrogativa) es absolutamente idéntica a una pissotière (nota a pie de página: “Un meadero”) de París. (Página 268)

También es posible observar su sentido del humor en los apodos.  En  la correspondencia y en libros, como Los autonautas de la Cosmopista- observé su uso para –por lo menos- tres de sus amores: Aurora era “Glop”, Cristina Peri Rossi “Bichito”, y  su segunda esposa Carol Dunlop era “La Osita”. A  sí mismo se denominó: “El lobo”. Pueden haber más, porque también apareció una tal Edith Aron, ya octogenaria, que dice ser “La Maga” y ¡Oh sorpresa!  ¡También tiene cartas escritas por Cortázar! Indudablemente, fue un gran escribidor de cartas. (¡A mí nunca me escribiste ninguna! ¡Qué tristeza! ¡Qué lindo que hubiera sido recibir una carta tuya! ¡Qué estupendo si hubiera sido una de amor, tipo Corín Tellado! ¡O un poema! ¿Por qué nunca me escribiste uno como los que le escribiste a Cris?) 

Otro de los poemas para Cris (  yo hubiera querido uno así.....la verdad... )

¿Qué apodo me hubieras puesto? Pero nunca te escribí; me enteré muy tarde de que contestabas todas las cartas, si lo hubiera sabido antes te habría escrito alguna.)  No sé si Edith Aron las publicará o no. Cristina Peri Rossi dijo una vez que no.  Según cuenta en su libro ya la visitó un crítico que le cayó espeso y no se las dio. Pero-como  dice ella que decía su abuela-: “la vida da muchas vueltas”.

En una de esas Gran Cronopio, encontramos más y más de tus intimidades. Seguís vivo. Qué duda cabe, cariño.




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