lunes, 8 de junio de 2015

THE WATER DIVINER: EL RABDOMANTE

Russell Crowe: el festejo del agua -vida encontrada ( Imagen tomada de Internet)
( Si quiere ver el trailer haga clic en la imagen) 
Es increíble la cantidad de confusiones que se pueden crear al tratar de dar un nombre “comercial” a una película. No es la primera vez que esto ocurre, pero, en este caso, como se trata del estreno como director de Russell Crowe voy a quebrar una lanza para defender el título original del filme: The Water Diviner- en inglés-.
 Para traducir correctamente este título, hay posibilidades. Una es “zahorí”- que es más o menos sinónimo de “adivino”, pero la más apropiada posiblemente sea: “rabdomante”. Lógicamente, no sería un título atractivo, por el desconocimiento del significado de la palabra, -aunque podría haberse explicado-. El título de “Camino a Estambul”, le dio más posibilidades taquilleras por la fama que tiene la telenovela turca “Las mil y una noches” por  estas latitudes. (Dicho sea de paso, “Las mil y una noches” es el libro que les leía a sus hijos-)  Pero, realmente, la película gira en torno a la habilidad del protagonista para encontrar agua en las profundidades de la tierra,  merced a un conocimiento especial, que no poseen todas las personas. Los rabdomantes son los que dominan ese arte, tan antiguo como el mundo. Y lo llamo arte porque en zonas áridas, la vida depende de lograr que de esa tierra aparentemente sin nada de vegetación, surja un hilo de agua que dé la posibilidad de sobrevivencia. Algunos descreídos, señalan que los rabdomantes son unos cuenteros. Yo creo en ellos, porque conocí uno en Treinta y Tres. La apariencia era la de un gaucho más, delgado, de alpargatas, apareció un día por la chacra de  la tía Elena, con sus varitas. Era un verano de una sequía inusual y el pozo habitual estaba casi seco. La tía lo mandó llamar para encontrar otro lugar para cavar y hacer un pozo nuevo.  El agua, es primordial para la vida. Sin ella, no sobrevive nada ni nadie. El hombre llegó, y se puso a la tarea,  y, con sus milagrosas varillas, la encontró. Por eso, hay que creer o reventar.
Desde el principio, en el filme, se ve al protagonista en su búsqueda, con unos palitos en sus manos, hasta que una inclinación que percibe, le anuncia que ahí es el lugar correcto para cavar.  También va a buscar a los hijos que le llevó la guerra. Ahí sí, va a Estambul, porque los hijos se perdieron en la batalla de Gallipoli, Turquía en 1915. Esa es la situación espacio-temporal-, pero “el hombre del agua”, o “el hijo del agua”, -así también se les llama a los rabdomantes- el que fabrica molinos,  inicia su peregrinaje,  cuatro años después. La idea de la búsqueda de la vida, recorre toda la película. Véanla bajo esta óptica que les comento. Después me dicen.


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