lunes, 14 de diciembre de 2015

APAGÓN

La pequeña radio portátil salvadora del apagón 
Hoy tuve que cambiar abruptamente los planes del día. Me había levantado voluntariosa, con ánimo para ir a clase de yoga, me preparé el desayuno y estaba plácidamente disfrutándolo, mirando un programa de “Amor al Arte”- que me interesó porque el arquitecto Samuel Flores Flores hablaba de su concepción sobre la conservación de la arquitectura como un bien preciado- acá se tira todo, en breve no sabremos ni quiénes fuimos-  cuando de golpe ¡zas!  Se apagó la luz. A partir de ahí mi mañana se transformó. Es increíble el poder de la tecnología en nuestro diario vivir. Lo primero fue pensar que  no podía- mejor expresado- no debía salir. Una escalera de seis pisos en plena oscuridad sin pasamanos no es recomendable para mi artrosis de rodillas. Además, por motivos de seguridad, hace muy poco,  se colocó un cierre eléctrico en  la puerta de calle. Y la pregunta ante este nuevo dispositivo fue: ¿abriría? Si después de enfrentar el desafío de bajar por la lóbrega escalera, la puerta no me abría significaba desandar el camino- esta vez hacia arriba- Después empecé a modificar mi itinerario matutino. Al no salir, podía lavar ropa,  cocinar. Con lo que tuviera en la heladera, naturalmente. Y constaté lo que había: dos tomates perita, un envase de crema de leche, un cuartito de pechuga ya horneada y media cebolla. En mi terraza coseché para gusto: orégano, ciboulette y romero.

La salsa  y los rigatoni prontos


 Y luego lavar el piso de la cocina. Bien. Hasta ahí bien. ¿Lavar ropa? Sí. Lo indispensable a mano. Entre otros menesteres tuve también que pensar cómo mitigaba el ruido proveniente del aparato generador del hotel de al lado que es atronador. Lo logré generando mi propia música con  una radio portátil. Después fui solucionando los otros inconvenientes. La música que encontré en la radio portátil no era totalmente de mi elección- los programas que encontré eran más bien “plomo”-, pero al menos con unas cumbias disimulé el ruido, y logré cocinar unos rigatoni al dente y una salsa. ¡Almuerzo solucionado! ¡Bien! Acto seguido acudí al celular y me conecté con todas los whatsapp habidos y por haber para saber cómo era la situación en otros lugares. Constaté que estábamos en las mismas condiciones muchos  montevideanos  de distintos barrios y también en la Ciudad de la Costa: ya sé que “mal de muchos, consuelo de tontos” pero hace bien no sentirse tan sola en estos avatares. Estuve sin luz más de dos horas. Y constaté que la tecnología es un privilegio, pero, puede fallar, y si falla, lo mejor es tener elementos  de sobrevivencia. Esto me hizo acordar a un ejercicio que algunas veces proponía a mis estudiantes extranjeros: “si usted tuviera que irse a una isla desierta mencione cinco elementos indispensables que se llevaría para sobrevivir”. Para mí, serían indispensables una loción antimosquitos-(soy alérgica y difícilmente sobreviviría en una isla desierta)  una cantimplora, una olla, los fósforos.
 Y un gato. Tierno, mullido, afectuoso. Sí.  Alguno de esos que están pensando. Aquí pongo dos ejemplos contundentes. ¿ O no? 

Imagen tomada de Internet: Richard Gere 


Imagen tomada de Internet: Keanu Reeves 
            

1 comentario:

  1. Un apagón de noche es más tétrico. Cierto. Pero con un gatito mimoso que no se asuste, puede ser interesante. Gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar