jueves, 18 de febrero de 2016

LOS ROLLING


Después de pagar entradas carísimas: todos de pie 



PERIPECIAS
Desde que supe que los abuelos del rock iban a venir a Uruguay, estuve ahorrando para pagar un buen lugar. Pensé que no tendría ninguna otra oportunidad. Ahora o nunca. Así que me arremangué y me saqué la que yo suponía que era una buena ubicación.
No fue así. Me vendieron una entrada cara- dos en este caso porque fui con una amiga- pero era un lugar para permanecer de pie durante todo el show. Es probable que así sea en los festivales de rock, pero en este caso, no se tuvo en cuenta si todos los usuarios estaban en condiciones de permanecer de pie durante tanto tiempo aunque el espectáculo fuera una maravilla. Hubo discusiones- en el mismo predio- con otras personas: algunas decían que sí sabían que “era de parado”, otras no. Yo no. Por supuesto que no. Para eso habría pagado una de la tribuna olímpica que más o menos estaban en el mismo precio y permitía sentarse en las correspondientes gradas. No era-por supuesto- necesario sentarse durante todo el show, pero con un esguince sin curar me podría haber evitado la brutal hinchazón-.


La foto me quedó oscura, pero,  igual  se puede apreciar  que hubo personas sentadas.
El que se ve sobre mano derecha, es uno de los controladores- sentadito cómodamente él-

Para colmo de males, la organización previó bien la entrada de inadaptados: desde mi puesto, contra la valla de división de categoría, vi sacar entre tres o cuatro guardias a unos cuantos ladrones pescado “in fraganti”, más otros desmayados, desvanecidos o con malestares diversos; pero no  previó de ninguna manera las suficientes entradas para personas mayores o  con problemas físicos. Como suele ocurrir en este país, los lisiados se las tienen que arreglar por ellos mismos. Había un pequeño rincón con unos cuantos sentados; pero según el controlador que nos sacó con cajas destempladas cuando le fuimos a pedir una silla, “habían pedido las sillas antes de las cinco de la tarde”. 
Valla divisoria. Yo estaba en la primera división  sobre la mano izquierda
La foto me quedó oscura pero es posible apreciar a los controladores, y a todo el público de pie


 Además, para  llegar hasta la puerta 5- que era la de la platea Premium Platinum no sé cuánto pagada a precio de oro- hubo que dar la vuelta al mundo porque cerraron tantas calles que los ómnibus que no podían entrar ni hacer su recorrido habitual, nos dejaban en Avenida Italia. Tuvimos que atravesar todo el parque y caminar bastante para llegar hasta la puerta 5. Allí el control fue mediocre. A mí me revisaron la bandolera que llevaba pero en cambio  a Lydia ni la tocaron. Tampoco revisaron bien las entradas-por lo cual yo podía haber entrado con otra más barata y haber pasado igual sin ningún tipo de problemas-. No hubo tampoco ninguna previsión de medios de transporte a la salida del recital. Los taxis brillaban por su ausencia. Cuando llegamos a Ramón Anador y Rosell y Rius, llamé a todos los servicios que tengo anotados en el celular; ninguno tenía disponible ningún móvil. No se imaginan las ganas que tengo de que le den los permisos correspondientes a Uber  o a cualquier otra compañía de competencia,  para que estos señores no puedan nunca más en sus vidas ejercer el monopolio absoluto que tienen ahora.
A la salida, cansadas de esperar en vano un taxi o algo similar, nos sentamos en una parada de ómnibus donde no pasaban ni bicicletas. Hubo un intento de tomar un taxi que le fue “birlado”  a Lydia por un par de jovenzuelos. Como se sabe es imposible ganarles  cuando eso ocurre. Pero eso sí: se llevaron mis maldiciones completas, y espero que se les cumplan. En la esquina había una parrilla: “La barra de Gerardo”, donde no pudimos entrar hasta la madrugada. Después-bien tarde en la noche- comimos un churrasquito cada una-una de pollo, otra de carne- con un litro de coca-cola- No les había quedado ni una cerveza para muestra. Algo que también suele ocurrir en casos como estos: nunca se prevé que va a haber una “venta masiva” de productos y se desabastecen en unas pocas horas. Pero ya serenas, y reconfortadas, Lydia logró parar- y esta vez, retener- un taxi que nos trajo hasta casa.

Finalmente sentadas:  en la Parrilla "La Barra de Gerardo"


EL SHOW
Todos dicen que fue brillante y es probable que lo haya sido, pero yo-sinceramente-  no  lo pude apreciar en su total magnitud. Dolorida, con el tobillo cada vez más hinchado, pasé buena parte del tiempo tratando de evitar que me pisaran. Los balbuceos de Jagger en un español chapurreadísimo causaban mucha gracia, pero si lo quería ver tenía que recurrir a alguna de las pantallas porque personalmente, desde el lugar donde me pude colocar lo  veía pequeñito. Por lo cual el precio de la entrada  resultó totalmente desproporcionado.
Jagger cambió varias veces de atuendo. Así se veía en las pantallas con toda la gente de pie


 Tocaron  y cantaron todas las canciones que les dieron fama, la gente saltó y bailó-y  creo que era  eso lo que querían- ¿No? Yo no. Yo quería disfrutar del show.
Apoyada en la valla de separación. Atrás también se ve gente parada Los del costado, son los que
lograron una silla porque fueron temprano o las pidieron temprano-al menos eso fue lo que nos dijeron unos
controladores con muy pocas pulgas-. 

Mick Jagger-durante la actuación-  se manifestó campechano y contó que había estado en la casa del “Lobo” Nuñez y que había escuchado “candombé”-pronunciado así- . Hay fotos de él con Ruben y Julieta Rada, y el último día fue a visitar a Fernando Parrado. Muy simpático por cierto.
Supongo que fue la primera y última vez que los Rolling Stones actuaron en Montevideo. Para mí, eso sí estoy segura, fue la última porque aunque volvieran no me  agarrarían otra vez. Por televisión se puede estimar  lo mismo- o mejor- que lo que pude apreciar yo, incómoda y dolorida.
“Sus Majestades Satánicas”:
“I Can’t Get No Satisfaction”     Believe me!

El saludo final de  los cuatro. Después vino I can'get No Satisfaction ( yo tampoco) y se fueron



2 comentarios:

  1. Ayyyyyyyyyyyyyyy Alfa ! Leía y sufría, a mi también me ha pasado alguna vez algo similar. Comprar las entradas, que no eran, no conseguir ni por casualidad taxi a la salida, y lo peor de todo es que ya no estamos para esos trotes. Que bronca, que no lo hayas podido disfrutar como lo previste.
    Un beso, y esperemos no repetir tanta peripecia.

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    1. La verdad es que sufrí una gran decepción. Los psicólogos dicen que tengo "bajo nivel de tolerancia al fracaso". Es cierto. Me prepararon para lograr hacer las cosas bien, y cuando no me salen bien, me frustro. Para esto me preparé durante meses, pero no supe discernir cuáles entradas eran de pie y cuales para sentarse. Producto de la inexperiencia. Fue el primer ( y creo que último) festival de rock que fui En fin. Ya está. Para la próxima ya me aseguré de que dice: "asiento tanto y cuanto". La palabra "asiento" es la más certera. Tomaré previsiones para el regreso. A golpes también se aprende. Otro beso.

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