miércoles, 2 de marzo de 2016

DOMINGO

Calle céntrica  en día domingo

La semana pasada volví a escuchar un antiguo casete grabado casero, de  Jorge “Cuque” Sclavo leyendo una estupenda página- de esas que leía en la Radio Sarandí-: “Un día de libertad” de Julio Rossiello -“Panglós”- es de un  libro que se llama “Con los lentes rotos”. Doy todos los datos, porque no se encuentra casi nada de este estupendo cronista de costumbres. Si “googlean” puede aparecer el hijo: Leonardo Rossiello Ramírez, con datos de sus quehaceres literarios, entrevistas y demás, pero de Julio, que fue su padre, no. Como siempre pasa con nuestros mejores cronistas, “desaparecen” de la escena porque nadie se ocupa de ellos. El Cuque se ocupaba, y gracias a él, conocí a más de uno tan memorable como “Panglós”.
“Un día de libertad” es una  crónica  sutil sobre los planes que hacemos  para el día domingo.  Ese día de la semana que para el trabajador muchas veces significa su único día libre después de una agotadora semana de trabajo.
Yo siempre pensé que el domingo era el día más triste de la semana. El final del viernes es mágico, y el sábado tiene una onda magnífica, pero el domingo viene cargado de lo que nos trae el lunes, que es el comienzo del agobio. Yo creo que por esa razón hubo una revista de humor que se llamaba: “Lunes”.
La fuente de la Plaza Matriz también solitaria en domingo 


Habitualmente, “me preparo” para combatir la sensación de “domingo”. Voy al  cine o al teatro, planifico algún paseo, cocino, o-como hoy- escribo sobre la “sensación de domingo” y –también- contesto los mensajes que postergué durante la semana. Incluso ahora, tengo un nuevo amigo  con el que nos comunicamos en inglés. Es absolutamente deleitable para mí que un americanito   se digne-y le guste- tener una especie de correspondencia a la antigua, pero por email. Recién nos estamos conociendo, y con él voy recobrando el placer  por expresar mis gustos y mis sentimientos en inglés. Toda una novedad para mí. Si le buscamos la vuelta, entonces, el domingo puede tener aspectos positivos. Hay que encontrarlos. Menciono algunos: en mi barrio, es el único día en que una se puede levantar tarde sin el  angustiante agobio  de los ruidos de las construcciones cercanas-porque los domingos no se trabaja- (el barullo que el hotel vecino me hace desde las seis de la mañana, lo combato con Mozart- que siempre está disponible-). Otro placer dominical es poder andar en pijama y descalza hasta el mediodía- o más si no espero a nadie- sin necesidad de emperifollarme para nada. Es el mejor día también para prescindir de los horarios. Puedo levantarme tarde, desayunar al mediodía, y hacer a media tarde una especie de almuerzo/merienda/cena sin preocupación por el cumplimiento de un horario estricto.
Ahora que me asocié a Netflix y que un esguince del tobillo derecho me tuvo en “reposo relativo”,  descubrí  un nuevo placer: puedo ver series nuevas que revisten cierto interés, sobre todo para mí que no encuentro en la TV local nada que sea potable.
Una de ellas es “Chelsea does”. La batuta la lleva una periodista/comediante y artista cuarentona, llamada Chelsea Handler. Hija de padre judío y madre mormona. Una mezcla fatal que dio un ser sumamente  “descontracturado” que se mete en todos lados para averiguar la verdad y sacarla a luz-a su manera, claro- A veces puede hacer sonreír, porque tiene un desparpajo asombroso. Tanto que incluso sorprende a sus entrevistados o a las personas que la rodean. Ha sido capaz- por ejemplo- de salir con las tetas al aire por la calle. Y tan campante como si saliera vestida de gala.
Otra serie, con otra temática diferente pero también urticante es Grace and Frankie. Protagonizada por Jane Fonda y Lily Tomlin. Dos mujeres que en una edad bastante madura, se enfrentan a una verdad irremediable: sus correspondientes esposos son gays y se han convertido en amantes, por ese motivo, las dejan para casarse y vivir juntos. Hay situaciones hilarantes porque las dos actrices se complementan muy bien y en una forma tal que sus personajes “saltan” de la pantalla.
Como ven, si le buscamos la vuelta, el domingo puede depararnos más de  un entretenimiento placentero. Y ahora, me voy a luchar con el  inglés para escribirle a mi amiguito nuevo. Tengo que contarle todo esto de la mejor manera posible.
 God bye dear friends!




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