domingo, 19 de julio de 2015

A M I S T A D E S

Mis tiernos Tatitos

En este mundo moderno se han inventado días para todo: día del amigo, día del abuelo, día del padre, día de la madre, día de la secretaria. En fin. Un día para cada cosa y para cada persona. Por supuesto que tienen fines absolutamente comerciales: así lo indican las propagandas de todo tipo que circulan alrededor de cada fecha.

Mañana  -20 de julio- es EL DÍA DEL AMIGO.

 Mi  facebook ya comenzó a inundarse con distintos mensajes. Los hay de todo tipo. Desde los más cursis hasta los más graciosos. Yo agradezco los saludos,   aunque me gustaría que esas demostraciones de afecto fueran personalizadas. Es decir, que los abrazos y besos virtuales fueran de carne y hueso. Con crujidos incluidos- por la edad o por la efusividad- todo vale.
Mis amistades no son muchas. A través de los años, se ha hecho- sin que yo lo haya  planificado-, una criba natural. Me van quedando los buenos de verdad. Esos que ya fueron probados en las buenas y en las malas- sobre todo en estas últimas- Lamentablemente, a medida que van pasando los años, se me van yendo cada vez más rápidamente de este mundo. Otro motivo por el cual me van quedando cada vez menos.
Hace unos días una amiga- de esas incorruptibles- me preguntaba si alguna vez alguien me había hecho tanto daño como para dejarlo de tratar para siempre. Y sí.  Recordé –generalmente tengo buena memoria- tres casos de hace muchísimos años: dos mujeres, y un hombre.
Con las mujeres: hubo  desacuerdos serios en las maneras de pensar y tomar decisiones, además de  manifiestos celos profesionales. En vista de esos desacuerdos-insalvables- ellas dejaron de hablarme y armaron una campaña de maledicencia contra mi persona que me llevó a tener discrepancias con otros.  Las dos se arrepintieron. Acepté las disculpas, las veo de vez en cuando, nos saludamos, charlamos, pero no volvieron a ser aquellas “amigas del alma” que alguna vez creí que eran. En la amistad, se quebró una delicadísima y frágil pieza que no se puede reponer jamás: la confianza. En el caso del hombre,-que fue bastante más que un amigo-  fue allá lejos y hace tiempo: en los albores de mi adolescencia. Creí ser querida, apreciada, valorada, pero no fue así. De la misma manera, después de más de cincuenta años, en las vueltas de la vida, las redes sociales nos pusieron nuevamente en contacto. Él me buscó y se encontró con mi blog. Ahí quedaron sus comentarios. Volví a hablar con él, sé de sus andanzas, de su vida, de sus avatares, pero no accedí a verlo, ni tengo interés tampoco. No le guardo rencor a nadie, pero no puedo volver  restablecer un lazo que se cortó abrupta y violentamente. A mi edad, acepto las amistades que me valoran en mi  justa medida.  Salgo únicamente  con seres libres- y que sepan comprender mis rarezas-. Lo dice Rosa Montero y yo lo apruebo: “tener una pareja significa tener a alguien con quien compartir tus rarezas.”

Por eso, a las amistades que me quedan les digo- junto con Fito Paez-:

"Ya ves el tiempo pasó, la vida se nos vino encima. Tratame bien."

Me lo merezco. Y vos sabés que sí. Gracias.

Pinchá  si querés escuchar el tema. 




Fito Paez -imagen tomada de Internet- 






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