jueves, 30 de julio de 2015

DE BOLEROS Y NOVELAS

Con título de bolero

La semana pasada un amigote me regaló una novela. Se trata del Premio Alfaguara de novela 2015, de la autora chilena Carla Guelfenbein. Se llama “Contigo en la distancia”- una  de las novelas con título de bolero-. Cuando me dio el libro me dijo: “como vos sos bastante romanticona a lo  mejor te gusta; a mí realmente me pudrió. Decime qué te parece”. No es la primera vez que alguien me da un libro para que brinde mi parecer,- pero esta vez me comprometió con eso de “romanticona”. Nunca leí nada de esta autora que ya escribió-según lo contratapa del libro cuatro libros anteriores- “El revés del alma”, “La mujer de mi vida”, “El resto es silencio” y “Nadar desnudas”. Me llamó la atención que sus estudios son de biología- estudió en la Universidad de Essex, en Inglaterra, y se especializó en genética de población-. También estudió Diseño, trabajó en una agencia de publicidad, y fue directora de arte y editora de la revista Elle. Y, por si fuera poco: escribe.  Una mezcolanza variopinta que me hizo pensar enseguida en una personalidad moderna, inteligente,  multifuncional y, además, flaca. De esas a las que les sale todo odiosamente bien.  Antes de empezar la lectura de la novela, busqué algo de información. En una entrevista comentó:

Yo soy acusada de escribir una literatura sentimental, así como me dicen que soy una escritora para mujeres. No pretendo defenderme, porque no soy la persona indicada para hacerlo. Mi convicción es que los sentimientos son parte intrínseca del ser humano, y que los grandes eventos de la historia, pero también los pequeños momentos de la vida, se mueven por una mezcla, no sé si equitativa, entre la mente y el corazón. Por lo tanto, los sentimientos no son un patrimonio de las mujeres.”

Con unos pocos datos más, por ejemplo, que es de familia judía,  me puse a leer la novela el fin de semana, con la idea de que me iba a encontrar con otra Corín Tellado- lo cual no me iba a disgustar; sobre todo desde que  supe que al gran  Julio Cortázar le gustaban las novelitas-rosa-, y además porque leí toneladas en mi  adolescencia. Sin embargo, a las pocas páginas me di cuenta de que esta novela era diferente. Tiene eso sí,  lugares comunes, por ejemplo: mujeres  delgadas-aunque sean viejas no han variado de peso- además, se mantienen ágiles, y dejan hasta a los más jóvenes por el camino- Usan el cabello largo con cola de caballo que anudan y desanudan con coquetería. Es evidente que el pelo largo-lacio-  forma parte de su atractivo erótico-(el que yo nunca pude ni  remotamente experimentar con mis crespos porque cuando usé el pelo largo, mi cola de caballo era más bien un plumero). El pelo largo que se suelta y se recoge,  no lo aprecié únicamente en esta novela, sino en otras -ya que la acusan de escribir “literatura para mujeres”,  aclaremos que también encontré esos chiches en novelas escritas por hombres-.) La novela está escrita con alguna complejidad que se va desentrañando a medida que se lee: separada en tiempo y espacio, por los mismos personajes que son a su vez los narradores.

Si no estuviera bien escrita, me habría aburrido, pero está armada con precisión y en  la evolución se nota que Carla Guelfenbein no es  una Corín Tellado cualquiera, porque en las novelitas-rosa de la susodicha, no recuerdo ninguna escena femenina masturbatoria  como la que se describe con pelos y señales  en esta.

No es –tampoco- la primera novela que recibe el nombre de un bolero famoso.  Yo ya leí “Arráncame la vida”, de Marcela Serrano. Y tengo pendientes  las de una escritora madrileña Silvia Grijalba, que, –inspirada en una abuela- escribió  “Tú me acostumbraste” y otra-también con título de bolero: “Contigo aprendí”.

“Contigo en la distancia” había nacido con otro título. Es probable que este otro del  conocidísimo bolero del cubano César Portillo de La Luz, sea más atractivo. El bolero aparece en la novela, como telón de fondo de Horacio Infante y Vera Sigall, -tan jóvenes y apasionados el uno por el otro, que  hasta lo bailan- pero en realidad, la trama nos lleva por otros vericuetos: Vera es  una misteriosa escritora ya “adulta mayor” que vive sola, se cae –o la caen- por las escaleras de su casa, Horacio es el escritor al cual estuvo unida apasionadamente en tiempos pretéritos, y las obras literarias de ambos  se “entrelazan” magistralmente.  Yo ya comenté en mi blog, en el texto que llamé “La escritora fantasma”- el caso-real- de una mujer, María de la O. Lejárraga, que escribió las obras de su marido Gregorio Martínez Sierra. Es decir, que era él el que figuraba como el escritor- pero,  la que escribía  era ella. 

Vera Sigall, no es exactamente una escritora fantasma, pero modificó  los poemas de Horacio Infante que logró triunfar a partir de esos poemas llamémosle: “intervenidos” o “entrelazados” con astucia por ella. Horacio no solo no le agradece lo que hace sino que se  enfurece y se separa de ella  para siempre. En la trama de la novela esa es la vuelta más sutil: ya que la  “intervención” de Vera cuya finalidad fue el juego y la mejora,  pudo desatar la ira y separar a dos seres que podrían haber compartido un rico tramo de sus existencias. (El marido de Vera muere, el hijo-que es un nexo entre los amantes- también- Quizás por esas muertes, podríamos pensar en Corín Tellado o en Abel Santa Cruz, ya que  la forma más efectiva de sacar  del medio a un personaje  es dejándolo inválido o mejor aún: matándolo. Este argumento  tiene más volteretas con más personajes, con hijos no biológicos y demás- que les dejo para cuando ustedes la lean, no esperen que les cuente más del argumento de ninguna manera-
En fin.  No me pareció  tan corintelladesca. Se deja leer. Al  fin  y al cabo, es cierto. Me gustan los boleros porque forman parte de los sueños inconfesados.

Fritz Perls- el creador de Gestalt- alguna vez aseguró que:

“Los sueños son cartas existenciales para abrir y aprender a leer”

Y yo creo que sí. Los míos podrían transformarse en una novela que podría llevar el título de otro bolero famoso- de los que más  me gustan- :“Voy a apagar la luz”. Les aseguro que ideas no me faltan. 

Les dejo la versión de "Voy a apagar la luz" de  Simone. 
Espero que les guste. A mí, mucho.













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