lunes, 26 de septiembre de 2011

Recobrando a los nuestros: Apuntes sobre Los Altos muros de Jesús Guiral


Foto autografiada  de Jesús Guiral en el mencionado
capítulo Oriental Nº 38

En la nota anterior, les conté cómo conocí al escritor Jesús C. Guiral y a  su novela Los altos muros.
 Hoy en día, “googleando”, se encuentra muchísimo material sobre los escritores del 60,   pero  cuando yo era estudiante no circulaba   ni se encontraba nada  en ningún lado  porque estaba prohibido.  Por ejemplo, si buscan el capítulo Oriental Nº 38 que fue mi tabla de salvación para preparar la bolilla informativa,  ahora, ¡está disponible en Internet!  Yo tengo el “antigüito” impreso, con la firma del Dr. Guiral en su foto. Recuerdo que cuando se lo llevé al colegio para que me lo firmara, se divirtió mucho cuando le conté  mis zozobras en el examen oral.
 Hoy, voy a introducirme en el texto de la novela. No creo que se pueda encontrar nueva, porque no he visto reediciones, pero quizás se pueda conseguir usada. Yo la conservo, y la volví a releer con gusto para escribir estos apuntes. Como podrán apreciar, en la foto hay una imagen de una cárcel. Me parece que es la de mi barrio, Punta Carretas. La que las  paradojas del destino transformaron en uno de los Shoppings más visitados de Montevideo.

La novela está narrada por una primera persona que alterna su  presente con su pasado, y está dividida en dos partes. Las dos, tienen significativos epígrafes.
El  que encabeza la primera parte es   del poeta Juan Ramón Jiménez, “Segundo Amor”:
“Detrás la casa está vacía.
Delante carreteras
que  llevan a otras partes, solas
yertas.
Y la lluvia que llora ojos y ojos,
cual si la hora eterna se quedase ciega.
Aunque la casa esté muda y cerrada,
yo, aunque no estoy en ella, estoy en ella. “

Los invito a reflexionar: ¿Cuál será esa “casa vacía” que se sitúa “detrás”?  ¿”Detrás” de qué? ¿Cómo es posible que en esa casa “muda y cerrada” se pueda no estar y estar?

El narrador, se presenta con su primer apellido: Almagro. Lo llama el Director “Papamoscas” de la cárcel. Le anuncia que lo va a visitar su hermano mayor: Danny “el triunfador”. A la tercera página ya sabemos que Almagro es un “preso político”, y la ubicación espacio-temporal nos sitúa en la época de la Guerra Civil española. En la alternancia surge lo que le han contado  del registro civil de su nacimiento: padre Juan Almagro, natural de Jaén, madre Sheila O’Mara natural de Dublín, Irlanda- ambos avecindados en Madrid-. Su nombre completo Juan –Sean- Almagro O’Mara, nacido el 12 de agosto de 1928. Datos precisos para el personaje narrador.
En los recuerdos de Sean aparece el  verano de 1936-recordemos que la guerra civil es desde 1936 a 1939-Los han enviado a él y a su hermano mayor Danny,  con su abuela  Eileen a pasar las vacaciones en Irlanda. Juan Sean Almagro comienza un nuevo curso en Irlanda y no vuelve a España, Danny el mayor, va a la Universidad de Dublín- “desaparece”, “se pierde”- la familia no sabe nada de él durante un tiempo.
De vuelta a la vida en la cárcel. Se interrumpen los recuerdos  con la introducción de  un personaje granadino que, utilizando el habla coloquial de su zona, informa al lector de algunos entretelones de las circunstancias. Por ejemplo, así el lector se entera de que Almagro está cerca de su salida de la cárcel y de que lo apodan “el inglés” aunque en realidad es mitad español- por su padre, y mitad irlandés, por su madre- :
“-Ecucha, Inglé: ¿pa’ que te llamaron aye? ¿Pah loh papele?”
Un aspecto muy manifiesto en esta novela es la práctica religiosa  como obligación, no como un acto de fe. Los presos asisten a misa con  muy poco interés,   y no pueden evadirse más que con el pensamiento. Mentalmente sí, son libres, porque el pensamiento no se puede encadenar.  Un ejercicio espiritual marcado por uno de los curas los hace pensar en “el proceso de los pecados” para traerlos a la memoria: La casa donde nacieron, el lugar de origen, la infancia. Naturalmente, Almagro se evade hacia  Cádiz, “la ciudad pequeña de los amigos grandes” cuando él tenía doce años: “Ante Cádiz puede hablarse del alma de una ciudad. No hace falta buscarla. Está ahí. A flor de piel. Un alma limpia, lúcida. Cuajada en cal y cristal sobre azul. La imagen-color de mi estadía gaditana es blanca, de un blanco centelleo al sol.”
Los recuerdos afloran y se van entrelazando rápidamente: su amigo más maduro,  Jorge Manfredi- que lo “instruye” sobre Cádiz,  la vida, la guerra-;en esos recuerdos que fluyen están la bomba que destruye la casa y mata a su madre,  el dolor del padre, la rápida madurez de la pequeña hermana Sheila,  con profundas  reflexiones sobre la poca atención que se le presta a la familia, mientras se la disfruta inconscientemente: “Como una fórmula matemática entendida al fin,  la madeja  externa e interna del hogar se desenvuelve ante mis ojos. Y duele saber que hasta hace un tiempo, unos días tan sólo, yo era un mecanismo inconsciente, dormido,  que presenciaba el milagro diario de mi familia, sin darle importancia.”
Vuelta al  “presente” de la misa en la capilla:Almagro se coloca en la fila para salir.
La visita de Danny “el triunfador” le acerca  la vida del exterior. El matrimonio de Danny y el del Sheila, por ejemplo. Porque Almagro, no ha tenido noticias de su familia,  la pérdida de contacto con el “afuera” significó el aislamiento más ruin; hace diez años que está preso sin noticias  porque no le permitieron recibir visitas. El padre murió. Con su hermano Danny, reconstruye-dolorosamente en la conversación, pues Danny está “del otro lado”- el enfrentamiento con los falangistas, el horror de la cárcel, purgando una  pena por un asesinato que no cometió y la incertidumbre de lo que le depara el futuro a la salida.


La segunda parte, corresponde a la etapa de la salida y a los intentos  de adaptación a la “otra realidad” que dejó de vivir en la prisión.

 Un nuevo epígrafe  de la tragedia de John  Milton “Sansón agonista”- éste en idioma inglés-   nos sitúa en otro contexto diferente y  perturbador:

“Inferior to the vilest now become
Of man or worm; the vilest here excel me,
They creep, yet seem I dark in light exposed.
To daily fraud, contempt, abuse and wrong,
Within doors, or without, still as a fool,
In power of others, never in my own;
Scarce half I seem to live, dead more than half.”

¿Qué le pudo ocurrir a la salida de la cárcel,  a Sean Almagro para que este  amargo epígrafe encabece esta segunda parte de la novela? ¿Habrá podido reinsertarse socialmente en la España dominada por los franquistas? Es cierto que contará con el apoyo de su hermano mayor Daniel, pero va a ser útil que pensemos en una prisión de diez años aislados-  y todo lo que hemos sabido por las narraciones  y videos documentales de la historia reciente-.
Los invito a que dejen sus comentarios al respecto. Gracias por leer lo que escribo. Veo que ya son unos cuantos. Hasta la próxima nota.



¿Estos Altos muros serán los de
la antigua cárcel de Punta
Carretas?

2 comentarios:

  1. Que interesante su resumen ... me gustaría mucho leer esta obra alguna vez (aunque dudo poder encontrarla acá en Indiana). De todas maneras, me impactó mucho esta frase: "Y duele saber que hasta hace un tiempo, unos días tan sólo, yo era un mecanismo inconsciente, dormido, que presenciaba el milagro diario de mi familia, sin darle importancia." Me parece ser una epifanía universal y de mucha importancia. Gracias por abrir nuestros ojos a una obra "olvidada" ... por un profesor inolvidable.

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  2. ¡Qué hermosas tus observaciones,Suzy! Ciertamente la novela está muy bien escrita. Incluso se podría decir que tuvo algo de "premonitoria" para el Uruguay, por la pérdida de las garantías de los derechos humanos en la época de la dictadura militar. Filosóficamente, el texto es un canto a la libertad.

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