jueves, 4 de agosto de 2016

SIN LUZ

¡Un símbolo de la luz! ( Imagen tomada de Internet)


Alguna otra vez escribí sobre el tema porque cuando fui a guardar este archivo la computadora portátil me indicó: “Ya hay un archivo con este nombre. ¿Lo quiere reemplazar?”.
También lo hice sobre algún que otro recurso que las veteranas como yo podemos desplegar en una emergencia. Siempre y cuando nos acordemos de  lo que hacíamos cuando no teníamos ninguno de los elementos modernosos de la actualidad y que dependen de la energía eléctrica. Pongo algunos ejemplos, aunque no son todos: ascensores   cocina- con encendedor automático eléctrico por supuesto- tostadoras, batidoras, procesadoras, “varita mágica”, licuadoras, planchas, computadoras de escritorio, televisores, radios. Afuera del edificio: cajeros automáticos, pago de cuentas en Abitab, o Red Pagos, o Bancos o cualquier institución, porque actualmente está todo digitalizado, y para que funcione adecuadamente se necesita la electricidad.
Tanto es así que creo que los jóvenes no saben qué hacer si no se pueden conectar a algo y con algo. Pues bien. Me di cuenta de inmediato que me había quedado “sin luz”- como decíamos antes- porque el equipo electrógeno del hotel de al lado, largó con todo su ruido característico.
Me dije a mí misma. Tranqui. Serenidad, dale suave. Preparate el desayuno. La leche está en la heladera. Está apagada, pero la leche está en buen estado. Prendamos la cocina. ¡Oh! ¡No prende! ¿Por qué no prende? ¡Porque el encendedor es eléctrico papafrita! Pero la veterana debe tener fósforos en algún lado. Sí. Tiene. Problema solucionado. Vamos a hacer unas tostadas. ¡Oh pero la tostadora también es eléctrica! ¡Que no cunda el pánico! Hay sartenes a patadas. Todas con teflón. Dorate unas rodajitas de pan común de ayer a la sartén. Y ya está. Desayuno solucionado.
Tener una vela puede ser útil también (Imagen tomada de Internet)

¿Qué tenías planificado terminar de cocinar? ¡Ah, sí! Un pesto de brócoli. Ya hiciste la preparación previa. ¡Qué bueno!  ¡Tenés el brócoli saltado en la heladera! Anoche, previsora, antes de acostarte, pelaste los cinco dientes de ajos y los dejaste en el mismo bol del brócoli saltado. ¡Qué bien! ¿Qué más precisas para eso? Queso rallado. Bueno. La procesadora no funciona, pero el viejo rallador herrumbrado que anda por algún  estante sí. ¿Dónde mierda se habrá metido? No te preocupes. Te sobra el tiempo. Hoy no esperás a nadie a almorzar. Te viene bien para ordenar ese relajo que tenés en el aparador. Sacá todo, y ya va a aparecer. ¡Sí! ¡Apareció! Ahora, a rallar el queso. Los dedos no. El queso. Bien. Ahora vamos a procesar el brócoli. ¿Procesar? ¿Con qué? ¡No tenés energía eléctrica! ¿Con qué vas a procesar, vieja pelotuda? ¿Ehh?  ¡A buscar la picadora manual! Debe estar en el otro aparador, sucuchada en algún rincón. ¿Te acordás que  más de una  se mató de la risa cuando la vio con su simpática “manijita” de hierro y con sorna te dijeron:-¿ para qué mierda guardás esa “antigualla”? ¡Para esto la guardabas! ¡Para estas emergencias!
Después de dos o tres horas tenés el pesto de brócoli pronto. Ahora podés hervir la pasta. ¡Perfecto!
¿Y qué más se puede hacer?
Poné la radio portátil. ¿Qué programa vas a escuchar en radio? No sabes. Podés hacer lo mismo que haces con la tv: “zapping o zapeo- Se aplica sólo para la televisión- pero vos lo vas a inaugurar también para la radio: o sea cambiar el dial hasta que encuentres algo potable. ¿Potable? ¡Oh santos del cielo! ¡“De dónde yerba si es puro palo”!
Mi radio portátil. ¡Hay que tenerla siempre con pilas nuevas! 

 Terminás escuchando “la Clarín” folklore y tango”. Por lo menos agarraste  una sesión de Francisco Canaro y de Aníbal Troilo.  Vos seguí dándole con fe. ¡Y no vayas a tirar ni a regalar ninguna de las antiguallas!



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