viernes, 27 de diciembre de 2013

DE LA DEPRESIÓN NAVIDEÑA

Jóvenes y felices, en Río de Janeiro,  - 1996-
Existir, existe. Y por eso, los suicidios se  dan con mayor asiduidad. Explotan los dolores, el no saber qué hacer con la soledad, la tristeza, el cansancio.
Son épocas- también- de pegarle un tiro al perro del vecino –ese que ladra escandalosamente durante todo el año- o agarrar del cogote al mismo vecino. La verdad es que hace años que le tenemos ganas. Este es un buen día para ahorcarlo. De la misma manera que en las crónicas policiales aparece algún comentario en que se comunica que “por cuestiones del momento” en tal o cual hogar, un cuñado le pegó un tiro al otro o mató a su mejor amigo y cosas así de edificantes. Los conflictos estallan ahora. Esos que se llevan soterrados durante años y años y que “afloran” en Navidad o –a más tardar- a fin de año. No se sabe el motivo. Pero hay que estar preparados para estas eventualidades de la vida.
En mi caso, he pasado por todos los matices: desde el familión  de grandes mesas tendidas presididas por las dos abus adoptivas- la del Norte de Italia- del Trieste, Teresa,- circunspecta con su pañuelo negro anudado en la nuca, y su eterno pollerón gris-, y la nona Lucía, la del Sur, alegre y vivaracha, la  que me enseñó cómo y qué tenía que saber y hacer para conquistar a un hombre. ¿Se acuerdan, no? Por las dudas lo reitero. Primero había que conquistar acá-señalaba el bajo vientre- después  acá- señalaba el estómago y después llegás acá- señalaba el corazón-. Yo, por eso, aprendí a cocinar. Lo único que se le escapó a la nona,  es cómo había que hacer para llegar al corazón de un tipo que come por inercia, y al cual ningún manjar le llama la atención. Que también los hay. Eso no me lo enseñó.  La nona Lucía sabía mucho pero no todo. Teresa asistía a las reuniones en forma callada y después de las doce se retiraba dando un beso a cada uno. La otra no se retiraba nada y bailaba hasta el amanecer con sus hijos, con sus yernos, con nosotros,  o sola, si no encontraba a nadie que le llevara el apunte. En las navidades de mi niñez estaban todos sanos y vivos, las  madres eran jóvenes, también había padres, - y si no estaban los padres estaban las parejas de las madres  que “oficiaban” también como padres-; había tíos, primos, vecinos. Nadie cerraba la puerta de calle con llave, y el que quería “pasaba” a saludar y a comer un pedazo de lechón o cordero y a  tomarse alguna que otra virundela más de las que ya llevaba alegremente encima.
Después vino la etapa del “reparto”.
Ya casada, teníamos que “repartirnos” entre la parentela. Cada una reclamaba al suyo, por un lado, los míos. Había que ir una de las fiestas a pasar con ellos, sí o sí. Y la Navidad sí o sí era para pasar con mis suegros. La Navidad es tradicionalmente considerada “El día de la familia” y por eso, hay que repartirse entre las familias que nos han querido como si fuéramos propios. Mis suegros me adoraban. No creo que haya habido otra nuera más querida que yo. Pero además, el cumpleaños de mi esposo era en Navidad. Motivo más que sobrado para que pasáramos con sus padres. Mis suegros eran un par de santos, nunca nos reclamaban nada, pero nosotros sabíamos que les gustaba tener al hijo en ese día para agasajarlo y darle su regalo de cumpleaños navideño. Mi suegra contaba por quincuagésima vez que había tenido que salir de apuro para el sanatorio de Las Piedras,   porque al niño se le había ocurrido llegar –nada más y nada menos- que  en ese día festivo y miraba amorosamente al hijo que agachaba la cabeza como avergonzado por haberle causado ese contratiempo-justamente a ellos dos  que eran religiosos  evangelistas-. Para salir del paso, Carlos-hijo- decía que nunca le dieron   DOS regalos: uno por la Navidad y otro por el cumpleaños-.
Esa etapa se canceló cuando se nos fueron los viejos. Los míos y los de él. Entonces iniciamos la etapa de “pasar con amigos”. Durante unos cuantos años también nos repartimos porque lógicamente teníamos distintas amistades.
Pero empezaron a irse los amigos. Algunos a vivir a otros países, otros dejaron este mundo. Hace poco más de dos años, mi esposo se enfermó y en unos pocos meses también se me fue.
El tema de hoy  era “la depresión navideña” –pues bien- creo que tengo motivos de sobra para estar triste y melancólica, pero  me  aferro con uñas y dientes a todas las técnicas que me han enseñado para no caer en la depresión. Por esa razón me quedo en casa y paso sola. Cocino-como siempre lo hice- y ceno sin demasiado trámite. Felizmente, siempre hay alguien que me manda mensajes estimulantes. Así recibí el de “mi angelito” del cursillo de “El arte de vivir” que hice-con muy poca convicción- al poco tiempo de fallecer mi esposo. Se llama Loreley. No nos vemos desde la época del cursillo, pero seguimos vinculadas amistosamente. Vaya una a saber porqué nos resultamos “queribles” la una a la otra. Y como Loreley “sabe” me acercó su abrazo virtual. No me dijo “Feliz Navidad”  sino “me acuerdo siempre de ti”. Y me hizo mucho bien.
Cada tanto, aparece algún texto que me reafirma en mis convicciones. Esta vez fue uno de Caetano Veloso. Y es este. Lo copié de su facebook:
"Passei o dia e a noite pensando em minha mãe. O dia de Natal passou a ser também o dia em que ela morreu. Nunca imaginei que fosse achar tão difícil aceitar que ela tenha morrido. Era uma grande alegria tê-la viva. Claro que alegra também saber que ela viveu bonito por tanto tempo e morreu bonito num 25 de dezembro. Mas o mundo tem me parecido, desde então, muito pior. Infelizmente não sei rezar como ela chegou a saber. Talvez tenha aprendido (principalmente com ela) que reconhecer a beleza da vida é uma maneira de rezar. Hoje, no dia de Natal, sinto como é difícil reencontrar a beleza. Não temos, no entanto - e muito menos eu que sou filho dela - o direito de abandonar a festa. A festa de tudo o que há, que é o ue significa o jeito como ela habitou este mundo. Ela pôde dizer que a ideia de um Natal feliz resiste a toda tristeza. O mais justo com sua memória é acertar a ser feliz", Caetano Veloso.
En sus palabras se percibe el intenso dolor provocado por la muerte de su madre en la pasada Navidad, el asombro de no tenerla más entre los vivos,-eso tan terrible de la ausencia, de saber que no estará nunca más- y al mismo tiempo saber que “vivió bonito” y que “murió bonito” también ese 25 de diciembre. Lo más emotivo es el  reconocimiento de la belleza de la vida que, para ella, era, una manera de rezar. Él como su digno hijo- no tiene derecho a “abandonar la fiesta”. 
A los muertos queridos los honramos siguiendo del lado de acá como a ellos les hubiera gustado que lo hiciéramos. Yo también trato de creer lo mismo. Quizás sea cierto eso de que “una Navidad feliz, resiste a toda tristeza”. Por eso, él procura- en su honor,  en su memoria, como homenaje- seguir siendo feliz.
A mí me sostiene  el recuerdo de navidades felices- no el de la creencia religiosa porque no la tengo- pero sí tengo el convencimiento cada vez más acendrado de que únicamente contamos con el presente. Hay que aprovecharlo. No está mal  tener en cuenta el “carpe diem”. Por eso, para no hundirnos, sigamos celebrando la fiesta de la vida. Que es al fin y  al cabo, nada más que un ratito.


5 comentarios:

  1. Alfa:realista y profundo...Quien no paso por esas experiencias?Me gusta mucho tu conclusion!!!!!Como estas amiga uruguaya?Te mando un beso y feliz año nuevo!!!!!

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  2. La fiesta de la vida dura un ratito pero hay personas que saben sacarle mucho partido. No te veo a ti matando al perro del vecino. Tienes recursos de sobra para luchar contra la llamada "depresión navideña" y amigos que se acuerdan siempre de ti. Magnífico texto.

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  3. Mabel y Miguel: ¡Muchas gracias por los comentarios! Sé que comprendieron mis sentimientos a través de mis palabras. Son- los dos- un par de "amigazos" virtuales. Algún día me daré el gusto de abrazarlos-uno por uno- hasta hacerlos "crac, crac, crac".

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  4. Hola Alfa !!!!!!!!!! Las fiestas son esos momentos del año que hay que pasar rápido sin darles mucha bolilla, al menos así lo vivo yo. Me encantó esta entrada, ese vuelo por lo que fueron tus Navidades y un poco las de todos. Que bueno a sido ese mensajito de Loreley, para traerte un soplo de alegría. Siempre recuerda como ya te lo he dicho, que tienes un plato de este lado de nuestro charco para compartir. No festejos, solo un rato de charla amena. Adelante, amiga valiente. Chin chin, por la vida.

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  5. Laura Arena: Muchas gracias por tus palabras y tu ofrecimiento. Ciertamente, algún día iré y podré conocer tu localidad. Aprecio tu comprensión y solidaridad. Chin chin, por la vida- indudablemente- y por la gente como vos.

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