viernes, 9 de enero de 2015

MI PRIMER CRUCERO, UNA EXPERIENCIA VARIOPINTA: EL CAMAROTE

Mi camarote o cabina número 2367 en el piso o "adaggio "  2 del barco musical 
De acuerdo a lo que conversé con un matrimonio de  mendocinos que viajaban como sardinas en lata- un matrimonio con dos hijos a los que les dieron un camarote interior con  cuatro cuchetas donde no podían ni moverse-, sin lugar a dudas, el mío fue una “fortaleza”. Cuando señé el crucero en mayo no quedaba ningún camarote “interior”, por lo cual compré uno “exterior”- no con suite con balcón-que era carísimo- , pero si con ventana al mar- y,  por supuesto,  también me  lo cobraron bien de bien. Pero  era espacioso, confortable, con todo lo que se podía necesitar.
Indicaciones para no perderse (Bah, es un decir...)

Al llegar, lo revisé. Lo primero fue ver el baño, por supuesto que sin bidé- ya saben que ese adminículo parecer ser un invento rioplatense porque se encuentra en muy pocos lugares- pero sí una ducha-teléfono y como tengo una nueva en casa, me sentí reconfortada. (Suponía que era algo que sabría usar.) Estuve un rato observándola como un bicho raro. ¿Por dónde se abría el agua? No tenía la misma “estructura” que la mía. Pero toca que te toca, en una vuelta, encontré una ruedita, la moví  y me bañó un potentísimo chorro de agua tibia. Bien. Por ese lado quedé tranquila. Mojada de pies a cabeza, pero tranquila.
La enigmática ducha-teléfono La ruedita se mueve y¡ zás, te baña!

¡Miren que ingenioso sistema para esconder el secador de pelo!
 No encontré secador de pelo. Revisé todo el baño. Nada. Revisé el placar,  nada. Por esa razón, los primeros días usé mis rulitos naturales. La camarera era muy simpática y de buena disposición-como todo el personal- pero no  la veía a menudo para preguntarle.
Una noche, a la hora de la cena, los compañeros de mesa me informaron que sí había secador. Estaba en una especie de cómoda que había al lado del placar. ¡Hasta con un dibujito del secador y todo!  ¡El Costa Pacífica me resultó un “barco cronopio”!  ¿A quién se le habría  ocurrido la genial  idea de poner un secador de pelo-conectado permanentemente- en el cajón de  una cómoda?

Lo cierto es que el camarote era cómodo. Después del primer día ya me había habituado a él,  pero honestamente, prefería estar afuera, en el Spa, en las cubiertas- bien temprano para  encontrar alguna tumbona disponible- o, en la biblioteca, que abría  una hora de mañana y otra hora de tarde para préstamos. Como me arreglé bastante bien con el inglés me leí-no en el camarote- sino en la cubierta o en la sala de meditación del spa-,  una novela del español José Ovejero: NUNCA PASA NADA.

Otra perspectiva del camarote con sillón y todo 

También tenía caja de seguridad con combinación 

Pero yo prefería ir al  SPA 
o  madrugar y  "chapar" una tumbona bien temprano

2 comentarios:

  1. De las mujeres que viajaban con otros objetivos y de tus expectativas no pones nada. Tengo curiosidad.

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  2. Hola Oliva: las mujeres que viajaban solas tenían otros objetivos. Una me dijo que viajaba para "huir de la parentela"; otra que viajaba porque había quedado viuda y sola. Algún objetivo mío irá o se podrá deducir de las próximas entregas-probablemente al final, cuando redondee el tema un poco más-. Te lo prometo. ( Así alimentas la curiosidad.) Besos y gracias

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